Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

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26 oct 2011

Una Cuestión de Fe.


Estoy en mi última semana en la Academia de Manejo.
Finalmente junté coraje - y un par de pesos - y me mandé.
... Academia... Bueh, escuelita diría yo, pero, si ellos quieren decirle Academia de Manejo, quien soy yo para pincharles la burbuja, al cabo que todos necesitamos nuestra dosis de autoestima.
Decía entonces, después de cuatro semanas de manejar - y sí, no lo publiqué en este blog hasta no estar segura que iba a lograrlo - ya me siento capacitada como para ir a dar el examen de manejo.

Si, sí.

Hinchada como galleta en el agua, está ella.

Superé la primer semana de frenar y arrancar el auto - el auto se me paró dos veces en toda la semana, y en mi defensa, fue cuando el profe me llevó a andar por primera vez entre la gente... Hay muchísima gente hostil en las zonas supuestamente menos concurridas de Neuquén...

Sobreviví la segunda semana de pasear por zonas mas concurridas - la gente está loca y a mí ya no se me paró el auto porque aprendí a ignorar lo que puedan pensar TODOS LOS DEMÁS. Sí, se me paró el auto, ¡¿y qué?! ¡Bajá y decímelo en la cara, la PMQTP!

Sobreviví a la tercer semana de jueguitos con los pedales, para arrancar el auto en las subidas y o bajadas sin que se me fuera el auto para atrás - o para delante, según sea el caso - y sin que se parase el motor. Esto último me resultó un tanto mas complicado que en el llano - de acá a comprarme un auto automático -, pero ya aprendí... y que susto se llevó, señor del auto rojo que estaba atrás mío esperando el semáforo, ¿eh?... Culpa suya por ponerse atrás de un auto con carteles de Auto Escuela por todos lados. Soy inimputable, soy.

Sobreviví a andar en la autopista. Subir y bajar sin cruzarme. Anduvé a 60 kilómetros por hora - velocidad máxima en zona urbana, antes que nadie diga nada, cualquiera de ustedes que esté pensando que era muy despacio debería examinar lo bien que respeta las leyes antes de andar tirando piedras - y debería haberme sacado una foto, mi cara de velocidad al límite.

Sobreviví a subirme a la vereda - sí, lo hice, lo admito. Giré muy cerrado en la avenida, y vigilando a un auto que venía a los pedos, me olvidé de enderezar el volante y ups, ahí subió la rueda a la vereda, y ups, ahí subió la rueda de atrás. Un montón de pibes que tonteaban en la plaza se hicieron la tarde a los gritos, yo enderecé el volante, nos bajamos de la vereda, papam papam, sin daños que lamentar, y el profesor, muy flemático él, continuó con lo que me estaba contando sobre su hija sin perder el hilo.

Esta semana estoy aprendiendo a estacionar. La física del asunto todavía me complica. Es como cuando uno quiere peinarse de espaldas en el espejo. Debería ser simple, todo está ahí, pero alguna razón, todo parece estar torcido. Pero lo voy a lograr. Al menos tengo que aprender a hacerlo bien una vez. En dos movimientos. Una vez tenga el registro, estacionaré en esquinas y lugares con mucho espacio.

El sábado tengo el curso teoríco. Toda la mañana.
Que embole.

El miércoles tengo turno con el oculista.
Es hora de sacar un juego nuevo de anteojos... Los míos los dejé de usar en el 92 y creo que ya debería chequear como va mi miopía, no sea cosa que no me quieran dar el papelito porque no veo las letras de las filas de mas abajo... Cómo si las letras en las señales de tránsito fueran chiquititas...

Y después de eso, ya está.
Me voy a levantar bien temprano, hacer la fila kilométrica y a sacar el registro.
Y una vez que lo tenga, no me jodan, no pienso manejar a menos que sea absolutamente necesario.

22 jul 2011

El Problema con la Fruta Fina


Cuando estuve en Buenos Aires fuimos a desayunar afuera.
Es algo que hacemos seguido - a decir de Obelix, los romanos y los desayunos siempre saben mejor fuera de casa - y ya que estábamos en otra ciudad, ¿por qué no visitar lugares nuevos y probar otros roma-, digo, desayunos, mh?

Eventualmente, después de pasear un rato y comprar algunas cosas, terminamos en un Freddo - sí, digo el nombre, porque voy a hablar mal y quiero que todos lo sepan, fueron ellos - y ubicándonos en una mesa pequeñita, le hicimos un gesto a la moza - que tenía un acento indefinible de algún lugar cerca del mar caribe - y le pedimos amablemente que nos trajera cosas ricas.
Zeke pidió - le encargué - un muffin de chocolate, H se pidió un capuccino, yo me pedí un chocolate caliente - Hot Chocolate, como decía el menú - y después de mirar un rato la vitrina con las tortas, nos pedimos dos pedazos de cheesecake, que se la veía muy bonita y pintoresca, en su tartera de porcelana blanca, con su bol de salsa de frutos rojos a un costado haciendo juego.
Trajeron el muffin, el capuccino, el Hot Chocolate - un submarino cualquiera, ni siquiera con dos barritas como te lo dan en Bonafide, que a menos se viene todo - y dos pedazos de cheesecake, de muy buen ver.

Pero de la salsa que la acompañaba en la vidriera, ni rastros.

El hombre de mi casa y yo esperamos un minuto y finalmente le hice otro gesto - Bebilacqua, no sea grosero - a la chica del acento, que se acercó veloz.
- Te faltó la salsa, - le comenté con mi mejor sonrisa, un poco tirante en las comisuras, porque estaba empezando a tener una sensación de...
- No, lo que pasa es que la salsa se cobra aparte.
Y ahí estaba.

Aparte.

La miré por un largo segundo, y cuan notoria debe haber sido mi incredulidad que la chica se removió un tanto inquieta.
- ¿Cómo aparte?
Digo yo, cualquiera que sabe de cocina, sabe que una cheesecake es una cosa completa: Torta de Queso con salsa de... lo que usted guste mandar, ya sea arriba o a un costado, pero parte del conjunto llamado Cheesecake.
Es así, es lo que es, Cheesecake, así es por convención.
- Sí, va aparte...
- Pero la cheesecake va con la salsa incluida.
Dónde se ha visto. Es como vender un sandwich de jamón y queso y cobrar aparte el jamón.
Un absurdo.
La chica del acento tuvo el buen gusto de sentirse incómoda.
- Sí, ya lo sé... - casi creería que Venezuela, pero no -Pero acá la venden así. Tendría que habérselo dicho antes.
¿Te parece?
- ¿Les traigo la salsa?
- No, gracias. - ah, que indignación la mía, a mí no me iban a cobrar aparte una parte íntegra del asunto - Dejá.
El hombre de mi casa, que ya sabía de entrada que toda la joda le iba a salir cara, sin perder la calma le aceptó un pote y la chica se apuró a traerle uno lleno hasta arriba.

Sí, lo admito, una vez que lo trajo, me lo comí.
Estaba buenísimo.
Lleno de frutos rojos fuera de estación. Lo suficiente como para los dos pedazos de tarta y tostadas si hubiese tenido. Pero que estuviera bueno no es excusa, lo que hace esa gente está mal. Y si lo van a vender aparte, por lo menos tendrían que tener el buen gusto de no ponerlo todo junto en la vidriera, es publicidad engañosa.
Han perdido un cliente.
No creo que el señor Freddo llore por mi culpa, pero bueno... así se empieza.

8 may 2010

Planeando una Princesa Amarilla


Se acerca el cumpleaños de la petisa.
Con se acerca, quiero decir, es el mes que viene, y haciéndo los cáculos matemáticos correspondientes, considerando fechas y tangentes, falta como un mes y medio, pero aún así, una es una madre responsable que sabe que las cosas salen mejor cuando uno las planea con antelación. Cuando se trata de mis hijos. En lo que respecta a mí soy mas del tipo improvisada.
Vamos y vemos, que le dicen.

¡Pero jamás con mis hijos!, dice ella echándose la chalina sobre el hombro y poniéndo expresión de película antigua.

Decía entonces, volviendo del delirio de viernes en el que todos patinamos... los viernes... llega la preparación del cumpleaños de la Ro que, como en la mayoría de estos casos, empieza varios meses antes que el cumpleaños de la Ro.

Lo primero y principal fue reservar el lugar - porque yo vigilar a 30 pibitos subiéndose a las arañas en mi casa no voy a tener.
yo:"¿Y ustedes tienen animadoras suficientes, no?"
la coordinadora del lugar:"sí, no te preocupés."
yo, insistente:"animadoras suficientes como para que se los lleven a todos para adentro y yo no tenga que volver a verlos por un rato largo, quiero decir."
ella, un tanto descolocada:"... sí."
Con lo que cobran espero que a cada pibito le toque su propia araña, como mínimo.

Lo segundo entonces, es el tema de la torta, y acá es donde me aprieta el zapato y me pongo a escribir.
El primer cumpleaños que festejamos a lo grande - con inflables, animadoras y treinta pibitos - la torta se la encargamos a una señora en Plottier. Rorro pidió una torta de princesas - Rorro pide todo de princesas - y una torta de princesas tuvimos. La señora nos trajo una torta rosa, para mayor detalles.
El año pasado - sin inflables pero sí con animadoras y treinta pibitos - le encargamos la torta a la misma señora. Rorro pidio una torta de princesas - no sé por qué alguien se sorprende - y una torta de princesas tuvimos. Esta vez la señora, supongo que para no repetir, hizo una torta azul.
Este año, - inflables nuevamente, las animadoras y los treinta pibitos ya son parte del elenco estable - mi suegra quiere volver a encargarle la torta a la señora - supongo que esta vuelta la princesa toca amarilla - y sin embargo yo estoy pensando en hacerla en casa.

Al ver el del fondo, sí, ustéd, por favor no se ría que esto es serio.

Susan desmereció mi oferta - considerando que ella paga la torta yo no lo desmerecería tan rápido, pero whatever - con "no tenés un molde tan grande", "te va a llevar mucho tiempo" y distintas razones que me hacen pensar que si bien me tiene mucho cariño, lo que no me tiene es mucha fé. Cada día se parece mas a mi madre...

Pero la verdad verdadera, la cuestión de la cuestión, el punto de la i, es que tengo ganas de hacer esa torta. Se me ha metido entre ceja y ceja la idea y ahora no la puedo desalojar. Y si bien es cierto que no tengo un molde de torta tan grande - esa excusa se la doy por válida -, sí tengo una fuente redonda muy grande, y también tengo una amiga con una idea sobre como superponer porciones de arrollados de dulce de leche y demases por adentro hasta que al desmoldarlo todo quede como una enorme tortuga, forrada de espirales de dulce de leche y chocolate.

Porque, si yo a esa tortuga la tapo con cobertura rosa - o amarilla, que habíamos quedado en no repetir - ¿no quedaría como la falda de un vestido? Vamos, que de ahí a tener una princesa completa hay un sólo paso...