El día de la endoscopía llegó y pasó, como es costumbre de los días.
Yo tenía turno a las nueve de la mañana, por lo que me apersoné, un tanto nerviosa, a las ocho y cuarenta y cinco al lugar, acompañada de mi suegro, ya que mi marido no había podido acompañarme por culpa de una emergencia laboral. No, no, nada grave, gracias por preguntar, la secretaria había faltado por no sé qué cosa y él había tenido que ir sí o sí, por eso de que si no laburamos, no comemos. Y mi suegro me acompañó finalmente, porque es un hombre muy amable y porque alguien tenía que venir, ya que la recepcionista - Soledad, para mas detalles - me había insistido hasta el hartazgo que yo tenía que ir acompañada por eso de la bendita anestesia total.
"¿No puede ser anestesia local?" le pregunté el día que saqué el turno.
" Mirá, hay doctores que trabajan con anestesia local, y hay doctores que trabajan con anestesia general. Este trabaja así." y se notaba en toda la cara de Soledad, que ASI SON LAS COSAS, que venís a joder con las cosas, vos.
Bueno, ocho y cuarenta y cinco, decía entonces, me apersoné al lugar y volví a intentar un diálogo constructivo respecto a la anestesia local. Nop, nosotros somos así y punto, me dijo Soledad, bajándome de un hondazo, y me pasó una serie de papeles que llenar con mis datos y un último donde me hacían firmar un papel en el que yo autorizaba que me pusieran anestesia general.
No, ¿ven? En serio. Si me hacen firmar un papel para que otra persona pueda levantar las manos y decir, llegado el caso "ella me dio permiso, yo no sé de donde salió ese paracaídas" ya me empiezo a poner de malas.
"Este si querés lo podés firmar después de que hables con el anestesista, así te sacás las dudas, ¿sí?" claro, Soledad, total ya me habías mirado con cara de bruja, bien podías ahora tirarme un hueso.
Esperamos con mi suegro a que saltara mi número. Llenamos el tiempo con el cuento de su colonoscopía... sí, es un hombre muy amable, pero sus temas de conversación a veces dejan algo que desear.
A eso de las nueve y diez, vi venir caminando por el pasillo a un señor de unos cincuenta y pico, vestido de jeans y camisa a cuadros, sosteniendo a una señora rubia de apróximadamente la misma edad, que venía caminando medio grogi, agarrada del señor como si fuera un ancla. El señor, despacito los dos, la acompañó hasta una salita cruzando el pasillo justo enfrente mío, donde la acomodó en una silla de aspecto mullido, tiró la palanca para atrás y la dejó sola.
La recepcionista Soledad lo atajó al salir de la salita - no le cerraron la puerta, pobre señora, desparramada en la silla donde cualquiera que pasaba la podía ver - y lo mandó para mi lado.
"Este es el anestesista." me dijo a mí. "Ella le quiere hacer unas preguntas." le dijo a él.
El me sonrió una sonrisa muy agradable - todos los anestesistas que he conocido tienen sonrisas agradables, se ve que andar por la vida poniendo a la gente a dormir los hace sentir bien consigo mismos - y me dijo,
"Vení por acá y me decís."
Mi suegro quedó atrás, seguí al anestesista por las entrañas del lugar - mucho más grande por dentro de lo que la fachada infiere, parece cosa´e mandinga -, me hizo pasar a un consultorio donde saludó a otro flaco, vestido de verde enfermero, que me indicó donde dejar mis cosas y finalmente me dijo,
"Decime, qué es lo que te preocupa." con tono paternal.
Finalmente. Alguien que escucha.
"No quiero anestesia total. ¿Puede ser local?"
Me miró sorprendido. Sí, ya lo sé, lo mío es masoquista, pero en serio, posta, no me gusta perder el control de mi cabeza, me da más miedo eso que cualquier otra cosa, ¿por qué es tan difícil de entender?
"Este... Sí, ¿pero estás segura?"
"¿Cuánto tarda?"
"Cuatro minutos."
"Estoy segura."
El anestesista de la sonrisa agradable se dio vuelta y habló con otro flaco - estoy grande, el doctor que me atendió no parecía tener mas de veinte - que venía vestido de azul médico con una bata encima y le explicó que yo era una loca que quería estar despierta... pero con mejores palabras, y el doctor me miró con cara de estás loca... pero con mejores palabras, y entre los dos me dijeron,
"Si a vos te parece."
Sí, a mi me parece... Pero igual el anestesista se quedó cerca, porque si bien a mí me parece, ellos no parecían confíar mucho en mi voluntad y ya veían que iban a tener que saltarme encima y doparme de prepo.
Me explicaron donde tenía que ponerme, cómo tenía que ponerme, me echaron una anestesia con gusto a ácido en la garganta, y trajeron el tubo.
ES UNA MANGUERA DE JARDIN, señoras y señores. Una condenada manguera de jardín con una lucecita de Navidad en el extremo.
Hacen cámaras que entran en mini microchips para espiar a los paises vecinos y todavía usan una manguera de jardín para mirar adentro del estómago de las personas. A veces pienso que este mundo no evoluciona correctamente.
Pongamos un manto de piedad sobre los siguientes cuatro minutos. Uno creería que se me hubieran hecho eternos, con lo desagradable de todo asunto, entre fluidos y movimientos involuntarios, pero nop, pasaron volando. Me concentré en respirar, adentro y afuera, alrededor del tubo, y en no golpear al doctor cada vez que movía la manguera de arriba hacia abajo - en un momento el anestesista me agarró la mano, quiero creer que fue por apoyo moral, porque se la sostuve fuerte, pero me parece que fue para evitar que yo le sacudiera un bollo al buen hombre que sostenía la cámara...
Cuatro minutos después me sacaron el tubo de la garganta, me senté, me adecenté un poco, sonreí porque ya había pasado lo peor, me dijeron que lo había hecho muy bien - y ni siquiera un chupetín, cuando yo era chica los médicos eran mejores -, les agradecí - no los iba a putear, fue mi decisión el no estar dormida para todo el circo -, el médico me dijo que en cinco me alcanzaban los resultados y me fui. El anestesista de la sonrisa amable trató de agarrarme del brazo y ayudarme a caminar, acostumbrado a gente en peor estado, pero no, gracias, estoy bien.
Sin dolor, sin mareos, sin ningún tipo de trauma psicológico, con la garganta dormida y una sensación de aire en el estómago que hubiera tenido tanto con anestesia general como sin anestesia general, me fui hasta donde mi suegro y me senté a esperar.
La señora rubia seguía estúpida en su silla y todavía nadie le había cerrado la puerta.
La recepcionista Soledad vino a alcanzarme el formulario a firmar, sobre la anestesia que me iban a poner y le dije que no, que ya estaba.
Me miró sorprendida,
"¿Ya terminaste?"
"Sí."
"¿Te pusieron anestesia local?"
"Sí." tomá, já, señorita Así Hacemos Las Cosas Nosotros.
"Oh, bueno... entonces nada." y se fue con sus papeles sin firmary un vago aire de desaprobación.
Cinco minutos tardó el doctor en traerme mis fotos - son ángulos míos que nunca había visto, definitivamente no es mi mejor perfil, no las voy a andar poniéndo en curriculums. Me dijo que todo estaba casi como tenía que estar. Una gastritis simple, una hernia de hiato - que parece ser que es terriblemente común, pese a su nombre feíto - y paremos de contar.
"Muchas gracias." etc etc, y nos fuimos.
Todo el asunto no duró más de quince minutos.
Y la señora rubia seguía despatarrada en su silla.
Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación
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23 ago 2012
11 feb 2012
Esa Bendita Manía de Leer...

No, claro, si empiezo a leer un libro con esta tapa:

no puedo después quejarme cuando el libro empieza a ponerse cada vez mas creepy - y aparecen chicas muertas con el cuello roto paseando por las fiestas de Halloween del pueblito...
Es como leer un libro con este tapa:
y sorprenderse porque tiene sexo adentro... y porque es berreta...En un mismo orden de cosas - no libros de sexo berreta... o libros berretas de sexo - terminé de leer el cuarto de una saga de libros de ciencia ficción que me tenía enganchadísima. Lo terminé en el borde de mi asiento - bueno, en lo profundo de la hamaca paraguaya, pero es lo mismo, es la sensación la que cuenta - y los dejé a todos al borde inminente de la guerra intergaláctica con unos monstruos asquerosos, con todas las probabilidades en contra y a ella lista para hacer un último gran gesto que podría llegar a matarla pero mejoraría todo el panorama. Ja, ¿a que suena bien? O por lo menos épico.
Enseguida me conseguí el quinto, y leí la contratapa...
Parece ser que ella sobrevive a su gran gesto, pero todo sale mal y ahora ella está en juicio por deserción, asesinato en masa de 600 soldados y la destrucción total de todo el sistema de navegación...
Ahora, no quiero leer eso. Posta. Quizás lo lea, mas adelante, pero por el momento estoy mejor pensando que se autoinmoló para salvar al sistema interplanetario y que todo salió bien. ¿Cómo me van a decir todo eso en la contratapa? ¿Esa gente está loca? Así nomás, sin anestesia. Ya lloré con los otros libros, si me lo venden así no sé si quiero seguir llorando... El tipo que escribió eso no tiene ni idea de como hacer su trabajo. Los locutores de las radio novelas que decían "¿sobrevivirá Sirantha a su último salto en el Abismo? Lo sabremos la próxima semana en el próximo episodio de ... " tenía mas idea de como se hacía.
Por cierto, y ya que estamos en esto, esta es la tapa del último libro de la saga de Sirantha Jax:

Así que mi plan es terminar de leer The Replacement por entre las rendijas de los dedos - porque a mi las historias con chicas muertas caminando no me gustan, pero bueno, ya estoy acá - después leer algo agradablemente costumbrista, con un final feliz, - como esto, ponganlé,
y recién ahí, agarrar un paquete de carilinas, armarme de coraje, y averiguar que le pasó a Sirantha Jax y a toda su gente.
11 ene 2012
Absolutamente Dispersa

Yo lo intento, pero no puedo.
Metida en casa, con los críos saltando sobre mi cabeza y el hombre de mi casa con el mes libre, se me hace completamente imposible sentarme cinco minutos a hilar una idea - una sola, señores, no pido mucho - de corrido como para después poder subirla al blog.
Eso, amen de la cantidad de libros y series y películas y blogs ajenos que súbitamente tengo tiempo para curiosear ahora que ... bueno eso, TENGO TIEMPO.
Esto de las vacaciones va a malcriarme enseguida, ya me lo veo venir...

Nos vemos a la vuelta.
Que tengan ustedes un magnífico enero.
23 dic 2011
La Verdad Sobre el Viejo

Las fiestas.
Otra vez.
Suelen suceder por estas fechas. Es una de esas cosas invitables. 365 días después, pumba, acá están otra vez.
No que me vaya yo a quejar, no, a mí me gustan las fiestas. Me gustan las luces, y la expectativa, y las cartas a papanuel, y esperar a que lleguen las doce, y planear la comida, y comprar los regalos, y saludar a la gente, y los días feriados, y armar el arbolito, y luchar con Ro para que no cambie de lugar todas las figuritas del pesebre todos los días, y tratar de explicar qué se supone que es el cumpleaños del niño Jesús, y las cenas en familia, y que no, no hay nieve porque vivimos en otro país, y escuchar una y mil veces todo lo que Zeke quiere que le traigan, y ver el arbolito brillar en la oscuridad, y recordar navidades pasadas, y comer turrón de jijona, y pensar en la gente que ya no está, y que sé yo. Yo sé que hay gente cínica por ahí que habla de consumismo y de hipocresía y bla bla bla, y sí, yo entiendo que a no todo el mundo le gusten las fiestas. Pero a mí me gustan y así como yo me banco a los cínicos, que los cínicos me banquen a mí. Hay lugar para todos. He dicho.
Pero esta Navidad me preocupa un poco.
Bah, me preocupa es un decir, no voy a perder el sueño por esto, mas se perdió en la guerra y todo eso que les gusta decir a los viejos, pero este año vamos a pasarla con mi cuñado.
No, no es eso lo que me preocupa, cómo se le ocurre, no. Lo que me preocupa son los hijos de mi cuñado. Que no, no es pasarla con ellos el problema tampoco, usted realmente quiere hablar mal de la familia de mi marido, que cosa, eh. Seguro que usted es de los cínicos de los que hablaba antes.
No, el tema es el siguiente. Los hijos de mi cuñado no creen en Papa Noel. Y los míos sí.
No veo cómo esa mezcla puede terminar bien.
Para los míos, digo, porque los suyos van a salir igual que como entraron, son los míos los que probablemente vayan a salir de estas fiestas desasnados. Y en lo que a mí respecta, preferiría que siguieran creyendo un poco mas, si a nadie le molesta, gracias.
Así que ahí estamos. No hay mucho que nadie pueda hacer. En algún momento, el mas chico de los primos - el mayor tiene catorce, dudo honestamente que le interese desmistificar al viejito pascuero, él lo único que debe querer es el regalo que pidió a la eminencia gris detrás del mito - que tiene cinco años y medio y un espíritu beligerante de un kilómetro de largo, va a lanzar su bomba de "Papanuel no´siste" y se va a armar el tole tole.
"Sí existe, ¿no es cierto, mamá?" puedo imaginar a la Ro preguntándomelo como si ya hubiera sucedido, mireloqueledigo. ¿Y qué hago yo ahí? Porque una cosa es seguir una idea preconcebida y ambigua, al cabo que decir "Papa Noel te va a traer los juguetes", siempre puede ser un código. ¿Pero mentir de manera descarada a una pregunta directa? A mí me cuesta. Ya veo que esto salta en los años de terapia por venir y mi hija se muda a otra ciudad sólo porque "¡vos me mentiste!"
Los adolescentes pueden llegar a ser muy emocionales.
En fin, supongo que cruzaré el puente cuando llegue. Al cabo que anticiparme a las mentiras que puedo o no llegar a contar, sólo trae dolores de cabeza.
Yo no me acuerdo cuando dejé de creer. Primero creía, después no creía, y la vida continuó sin traumas ni bajas materiales que lamentar. Estoy bastante segura que llegado el caso, eso es lo que va a pasar en mi casa y eso será todo.
Pero tengo que admitir, aún cuando ya hayamos establecido que usted es un cínico y probablemente no me entienda, que me va a dar una cierta penita, si todo esto que me temo llega a suceder.
20 dic 2011
Una Vueltita Mas

Y una vez más, el planeta y yo completamos otra vuelta alrededor del sol.
Señoras y señores, el domingo fue mi cumpleaños - no, Bebilacqua, no le voy a decir cuantos años cumplo, y no, no quiero escuchar el chiste de la vieja y la cadera de plástico, ¿dónde se piensa usted que está, eh?
Hubo cena el sábado con el hombre de mi casa, y aproveché la falta de prole alrededor para tomar algo de vino - sí, me puse alegre, y a mucha honra, no todos los días se cumplen años y mas aún, no todos los días salgo a comer sin mi séquito.
Hubo desayuno en la cama - me despertaron, como siempre, los gritos y reclamos de la muchachada, pero H se hizo cargo y aunó esfuerzos con los hunos y los otros y entre todos me hicieron el desayuno... Para qué vamos a hablar de la cocina que hubo que manguerear después, todos sabemos que a caballo regalado... ¡Miren! ¡Qué lindo! ¡Hay flores frescas en la bandeja!
Hubo almuerzo con mis suegros - mi suegro hizo una carne al horno que estaba de buena... No sé qué le puso, pero estaba para hacerle un monumento al hombre, a la carne, a las papas, a las batatas, a las manzanas y a la ensalada. Casi que no le pude hacer justicia, con el desayuno que me habían traído unas horas antes... Sí, sí, casi, tampoco íbamos a andar desperdiciando.
Hubo tarde con pelopincho y dibujitos, esperando a mis amigas para tomar el té con facturas.
Hubo té y facturas con amigas.
Hubo torta y velitas.
Hubo muchísimo cariño, regalos, muchos niños, algo de viento, muchas risas, agua, montón de juguetes, sonrisas, bastante calor, mucho sol, máscaras con brillantina, cantidad de abrazos y besos, mucha comida, historias divertidas, montón de fotos, varios llamados, muchísimos mensajes, y al final del día hubo sopa.
Fue un día excelente.
Con suerte, en un año tengo otro igual.
18 dic 2011
Un Clásico

Bueno, finalmente sucedió.
Es mi culpa, yo lo traje a colación.
Cualquiera que sabe como funciona esto del multiverso - porque yo me suscribo a la teoría cuántica de que este no es único universo probable - sabe que al hablar de Roma, el burro se asoma.
Es así, no sé por qué la gente no puede verlo.
Por otra parte, todo el asunto es un cliché, así que no debería sorprenderme que hubiese sucedido, al cabo que los clichés son clichés por una razón. Nadie llama cliché a algo que no sucede nunca. No es así como los clichés se ganan su reputación. Y sí bien es cierto que a estas alturas es más bien un cliché cómico, un comentario que ha hecho historia pero que no tiene mucha base, la cosa no quita que siga siendo un cliché.
Aún así, sabiendo todo esto y con todas las pistas sobre la mesa, voy a tener que admitirlo, me tomó por sorpresa. Realmente no me lo vi venir. Es decir, quizás hubiera podido advinarlo, al cabo que todas las piezas estaban ahí, sobre la mesa, pero ya he admitido antes que soy una persona más bien distraída, por lo que para que yo adivine algo las piezas no sólo tienen que estar sobre la mesa, si no que tienen que estar numeradas y en orden ascendente.
Estaba viendo yo el otro día una historia de misterio - no, no voy a decir cual para no arruinarle el final a nadie, Bebilacqua, no insista -, y finalmente, después de un juego de gemelas, un accidente con una sierra de mesa, una carta de despedida, un cambio de identidad, una hija estafadora, un marido sordo en silla de ruedas, un espejo escondiendo una ventana, un suicidio temprano, un asesinato tardío, un hombre rengueando de la pierna equivocada y un ascensor pequeñito, el asesino resultó ser, redoble de tambores por favor...
EL MAYORDOMO.
Sí, no pude evitarlo.
Tuve que reírme.
23 nov 2011
Etiqueta de Supermercado

Ayer estaba en la cola del super y vi a una persona conocida dos colas más allá.
Uy, como odio cuando esto pasa.
Lo de encontrarme con gente conocida en las colas del supermercado, no lo de estar en la cola del supermercado... Bueno, esto último también, algunas colas duran la vida, parecen el embotellamiento de Cortazar, pero es un mal necesario, por ende hay que hacerlo.
Mi odio principal en este caso son los conocidos en el supermercado. Los conocidos que no son amigos, vamos. Un amigo no me hace problema, venime a hacer compañía que esto es un embole, pero ¿un conocido?
Puff.
Detesto saludar conocidos.
¿A ver si uno los saluda, de cola a cola, y lo toman como algún tipo de señal y traen su changuito y sus cosas y se ponen en la cola con uno y, horror, quieren conversar?
Y no es porque me caigan mal, no. Son conocidos, por regla general no me caen nada. Es porque no tenemos temas de conversación. Somos, como dije antes, esencialmente conocidos, no amigos. Así es como viene a pasar que, si uno no tiene cuidado, una vez agotado el tema de los parientes, amigos, compañeros de trabajo en común, el clima y las fiestas, uno se encuentra en mitad de la cola del super, detrás de tres changuitos cargados hasta las manijas, parado junto a una persona a la que ya no tenés nada más que decirle.
Así que decido no saludarla nada.
Bajo la cabeza abrúptamente, pero que no se note que fue abrúpto, no sea cosa que me vea haciéndole un desaire, y me pongo a leer con suma atención los componentes químicos del envase de caldo de pollo Knorr. Las cosas de las que uno se entera cuando está esquivando gente en el super...
Pero los caldos Knorr no resisten mucho escrutinio tampoco, y a riesgo de parecer un tanto oligofrénico, llega un momento en que uno tiene que soltar la cajita y arriesgar una mirada en dirección opuesta, a ver si con suerte la cola de la persona conocida ya avanzó lo suficiente como para esconderla...
Pero no.
Paso entonces a las sopas, que no tienen mucha carga literaria tampoco, y mi mejor cara de mirá vos, que de cosas se pueden inventar con una sopa crema de choclo, sólo puede llevarme hasta ahí...
Pongo entonces cara de circunstancias, cara de aburrimiento, giro despacio en dirección opuesta a mi conocida, y me pongo a estudiar la fauna humana que me rodea en la parte inofensiva del supermercado. Nada que comentar en este frente, cualquiera que va al supermercado sabe que la gente en el super es la misma gente que hay en todos lados - excepto por la gente que va a Walmart en la madrugada... pero esa es otra especie de la que hablaremos en otro momento.
El carrito de adelante mío se mueve y todos avanzamos. Un carrito mas y voy a poder esconderme entre las mini góndolas de golosinas que franquean la caja. El refugio está cerca, después ya es sólo cuestión de ver para que lado sale y salir para el otro, ninguna ciencia se va en eso.
Miro a mi alrededor con cuidado, con un interés distraído, como quién quiere ver para la parte de los vinos, a ver si con mi vista de águila decido qué voy a llevar, ya confiada en que este mal momento va a pasar pronto... Y ´ta que lo parió, nuestras miradas se cruzan a través de las filas.
Nos miramos un segundo, dos, admitiendo la conexión que nos une... Yo hago un gesto mínimo con la cabeza, un gesto que no compromete a nada... Ella imita mi gesto, un esbozo de sonrisa educada, y sin prisa, gira la cabeza y mira para otro lado...
Bueh, que mina grosera, mirá que ignorarme de esa manera...
19 nov 2011
Una Rosa con Otro Nombre...

He decidido entrar al anonimato.
No se lo digan a nadie.
Después de mucho deliberar con parientes, bloggeros y amigos imaginarios, todos juntos arribamos a la decisión de que mi nombre en la cara del disco no garpa y que si de pronto quiero ponerme a hablar mal de la tía Porota y mi prima la Coqui se entera y le pasa el dato, no tengo forma de esconderme... Porque la tía Porota es terrible... Y no me haga hablar de la Coqui... Esa sí que es una loca de aquellas. Imagínese que el otro día la vieron... Bueno, ¿vé lo que le digo? Con eso que todavía está mi nombre - o al menos la sugerencia de que hasta ayer yo me llamaba de otra manera - no le puedo contar las cosas que vieron haciendo a la Coqui el otro día con el hijo del carnicero de acá a media cuadra porque viene la Coqui y me despelleja...
Así que ya ve. Porque a mí me gusta hablar mal de la Coqui, pero me gusta tener el pellejo en su lugar, es que he decidido cambiar nombres para protejer inocentes... El mío, bah, la Coqui de inocente tiene poco y nada.
Así que eso, nada. Si ven mi avatar, pero ven otro nombre - a partir de ahora va a ser Damaduende... y no quiero comentarios, Bebilacqua, que le digo a la Coqui que fue uste´el que la buchoneó y quiero verlo hablar su camino fuera de esa - sigo siendo yo. Pero protegida por el anonimato... Mas o menos...
En unos días cambio las fotos de arriba, por supuesto, porque es muy difícil mantener un anonimato decente si la cara de uno sigue apareciendo en todos los carteles de Se Busca. Vamos a ver que tal me va con eso, soy malísima haciéndo banners... Pero bueno, hay cosas que uno tiene que hacer si quiere mantener a la familia unida... Y al pellejo también, que es tanto o mas importante...
17 nov 2011
Un Tema Cavernoso

El baño de mi casa está atascado.
El baño de los chicos, el mío no, gracias a Dios y al arquitecto que diseñó el lugar, tenemos dos.
Hace un tiempo ya... que está tapado el baño, digo, no que tenemos dos baños... los dos baños los tenemos desde el principio...
En fin.
El baño.
De los chicos.
Hace un tiempo está atascado, decía, y esto se traduce en que se tapa, lo destapamos, se vuelve a tapar y así, en un desagradable y escatológico círculo vicioso... Bebilacqua, cualquier chiste que esté usted pensando hacer, sírvase hacerlo afuera del aula.
Decía, entonces, que salta a la vista - o no, depende del ángulo desde donde se lo mire - que algo de caracter no transitorio está tapando el inodoro en algún vericueto al que no puedo llegar yo con mi alambrecito ni la sopapa negra de mango larguísimo - y aún así uno nunca es lo suficientemente larga - con todo su poder de succión. No se ustedes, pero yo voy a poner mis fichas sobre la casilla "Juguete/La Segunda Curva del Caño/Zeke", y ver si paga.
Y es obvio a estas alturas que para saber si paga o no paga, hay que llamar a un plomero.
Sí, sí.
Tengo que llamar a un señor ajeno a mi hogar, para que venga cual cliché con sus pantalones caídos sin cinturón y desarme todo el chisme, porque tener a dos críos, en la edad de los chistes de pedos - edad de la que algunos nunca salen, y sí, lo estoy mirando a usted, Bebilacqua -, corriendo de un baño al otro al grito de "¡voy a hacer caca a tu baño!", no es el mejor de los ambientes cuando uno está cansado.
Aun cuando no se puede decir que en mi casa mis hijos me guardan secretos. De la etapa de la modestia en mi casa ni la sombra todavía.
Lamentablemente para mi paz mental - y para el baño de los chicos - , no puedo yo llamar al plomero de los hipotéticos y clichescos pantalones caídos, porque para recibir a un plomero - "estén preparados, porque no saben ni el día ni la hora" - yo tengo que estar en mi casa. Y para poder estar yo en mi casa, yo tendría que tener otro trabajo que no tengo con unas horas que no son. O no tener un trabajo. Como básicamente me gusta el trabajo que tengo - las horas no, pero uno no puede tener todo en esta vida - voy a tener que apechugar con el tema de la falta de plomero, seguir sopapeando a través del tiempo, y esperar a las vacaciones para poder llamarlo por teléfono, prender una vela y hacerle la vigilia al buen hombre, a ver cuando él y sus pantalones se dignan a aparecer.
En una de esas vueltas de la vida, ayer se tapó el baño de mi trabajo. Lo destaparon a sopapa y esta mañana volvió a atascarse.
En este caso no sé quien habrá puesto el juguete, pero por suerte, no soy yo la que tiene que esperar al plomero...
Irónico sería.
28 oct 2011
Me Quieren Volver Loca

Me puse a hojear el cuaderno de clases de la Rorro.
Mi niña ha mejorado muchísimo.
Empezó con una letra que no era una letra si no un jeroglífico estampado en los muros del cuadernos y ahora podría decirse que tiene una letra con caracter propio.
Una maravisha el cuaderno de lengua, mirevea. Un orgusho pa´la madre de la criatura.
Pasé al cuaderno de matemáticas.
Familias de números, cuadrados completos, todo como tiene que estar.
Y llegué entonces al último ejercicio del cuaderno de matemáticas.
"Vamos a trabajar con Objetos Concretos."
Me parece bien que trabajen con objetos.
Es decir, es mucho mas fácil contar cosas materiales que contar abstractos, cualquiera puede darse cuenta.
Considerando que muchos adultos todavía cuentan con los dedos - no, lo estoy mirando a uste´, no sé por qué miró para otro lado, cola de paja - es perfectamente razonable que un nene de seis años necesite un ejemplo sólido para comprender la complejidad inherente en 2 + 2.
La primera suma decía:
15 corazones (imaginen ustedes que en vez de la palabra hay un dibujito de un corazón, no me hagan trabajar al cuete) + 8 flores (idem, pero dibujito de flor) + 6 caramelos (estoy segura que saben qué hacer) = ?
No no no no...
Eso no está bien.
Sí, soy una pesada, pero todo eso sumado es... es... igual a 15 corazones, 8 flores y 6 caramelos.
¡Vamos, son cosas distintas! ¡No podes sumar esas cosas! ¿Qué tipo de persona hace eso?
Es completamente tirado de los pelos. Si vamos a sumar Objetos Concretos ¿por que no sumamos objetos concretos que sean todos iguales?
¿Todas manzanas? ¿O todas naranjas? ¿O todos zombies - por qué abusar de la fruta?
Pero bueno.
Está bien. Es primer grado y yo estoy loca.
No metamos la realidad en esto. Digamos por el bien de la discusión que sumamos todo eso y tenemos como resultado un variopinto montón de 29 cosas distintas, compuesta en parte por corazones, flores y caramelos.
Está bien. Puede pasar. No soy un ser humano irracional.
Puedo dejar lugar para la flexibilidad.
Terminé con las sumas.
Pasé a las restas:
40 autitos (sí, sí, un dibujo de un autito) - 12 pelotas = ?
...
No, no, ¿ven?, ahí ya no puedo.
En serio.
Me hace mal.
Ni con la mejor buena voluntad podés sacar doce pelotas de cuarenta autitos.
No puedo. No se puede.
Necesitarías un contenedor para poder derretir los autitos, y un molde, y un calentador y... y...
AHAHHAHAHAHAHAHHAHAAAAAAAA.
La maestra de primer grado de Rorro es diabólica...
26 oct 2011
Una Cuestión de Fe.

Estoy en mi última semana en la Academia de Manejo.
Finalmente junté coraje - y un par de pesos - y me mandé.
... Academia... Bueh, escuelita diría yo, pero, si ellos quieren decirle Academia de Manejo, quien soy yo para pincharles la burbuja, al cabo que todos necesitamos nuestra dosis de autoestima.
Decía entonces, después de cuatro semanas de manejar - y sí, no lo publiqué en este blog hasta no estar segura que iba a lograrlo - ya me siento capacitada como para ir a dar el examen de manejo.
Si, sí.
Hinchada como galleta en el agua, está ella.
Superé la primer semana de frenar y arrancar el auto - el auto se me paró dos veces en toda la semana, y en mi defensa, fue cuando el profe me llevó a andar por primera vez entre la gente... Hay muchísima gente hostil en las zonas supuestamente menos concurridas de Neuquén...
Sobreviví la segunda semana de pasear por zonas mas concurridas - la gente está loca y a mí ya no se me paró el auto porque aprendí a ignorar lo que puedan pensar TODOS LOS DEMÁS. Sí, se me paró el auto, ¡¿y qué?! ¡Bajá y decímelo en la cara, la PMQTP!
Sobreviví a la tercer semana de jueguitos con los pedales, para arrancar el auto en las subidas y o bajadas sin que se me fuera el auto para atrás - o para delante, según sea el caso - y sin que se parase el motor. Esto último me resultó un tanto mas complicado que en el llano - de acá a comprarme un auto automático -, pero ya aprendí... y que susto se llevó, señor del auto rojo que estaba atrás mío esperando el semáforo, ¿eh?... Culpa suya por ponerse atrás de un auto con carteles de Auto Escuela por todos lados. Soy inimputable, soy.
Sobreviví a andar en la autopista. Subir y bajar sin cruzarme. Anduvé a 60 kilómetros por hora - velocidad máxima en zona urbana, antes que nadie diga nada, cualquiera de ustedes que esté pensando que era muy despacio debería examinar lo bien que respeta las leyes antes de andar tirando piedras - y debería haberme sacado una foto, mi cara de velocidad al límite.
Sobreviví a subirme a la vereda - sí, lo hice, lo admito. Giré muy cerrado en la avenida, y vigilando a un auto que venía a los pedos, me olvidé de enderezar el volante y ups, ahí subió la rueda a la vereda, y ups, ahí subió la rueda de atrás. Un montón de pibes que tonteaban en la plaza se hicieron la tarde a los gritos, yo enderecé el volante, nos bajamos de la vereda, papam papam, sin daños que lamentar, y el profesor, muy flemático él, continuó con lo que me estaba contando sobre su hija sin perder el hilo.
Esta semana estoy aprendiendo a estacionar. La física del asunto todavía me complica. Es como cuando uno quiere peinarse de espaldas en el espejo. Debería ser simple, todo está ahí, pero alguna razón, todo parece estar torcido. Pero lo voy a lograr. Al menos tengo que aprender a hacerlo bien una vez. En dos movimientos. Una vez tenga el registro, estacionaré en esquinas y lugares con mucho espacio.
El sábado tengo el curso teoríco. Toda la mañana.
Que embole.
El miércoles tengo turno con el oculista.
Es hora de sacar un juego nuevo de anteojos... Los míos los dejé de usar en el 92 y creo que ya debería chequear como va mi miopía, no sea cosa que no me quieran dar el papelito porque no veo las letras de las filas de mas abajo... Cómo si las letras en las señales de tránsito fueran chiquititas...
Y después de eso, ya está.
Me voy a levantar bien temprano, hacer la fila kilométrica y a sacar el registro.
Y una vez que lo tenga, no me jodan, no pienso manejar a menos que sea absolutamente necesario.
20 sept 2011
La Llave Inquieta

A estas alturas, cualquiera que siga esta blog está mas que familiarizado con las extrañezas que suceden en mi rinconcito del mundo laboral.
Hoy lunes, y porque a quien no le gusta empezar los lunes con historias de fantasmas - o al menos con historias de cosas que seguramente alguien puede explicar de manera lógica, pero esa persona no está en este momento en la habitación por lo que sólo quedo yo para contarles el cuento - voy a ponerlos al día con el último suceso en la ya larga y curiosa lista de sucesos.
En mi biblioteca hay una salida de emergencia que da al jardín de atrás. Pintada del mismo color que la pared, es una linda puerta de seguridad, con un cartelito arriba que avisa que si hay un incendio, ese es el camino a la salvación y un ganchito en la pared a su lado, de donde cuelga la llave que franquea la salvación prometida. La distancia entre mi escritorio y la puerta en cuestión será de nueve metros - a ojo de buen cubero - y yo, por regla general, le doy la espalda.
La semana pasada, María, la chica que limpia, salió por esa puerta a regar.
Al volver, la cerró y me advirtió que iba a volver mas tarde a mover el sapito de lugar, para que no se inundara y nadie nos dijera nada - mi jefa tiene una fea tendencia a decir cosas.
"Dejo la llave en la cerradura para acordarme," me avisó cuando se iba de la biblioteca.
Yo miré ante su aviso - la llave efectivamente en la cerradura - y María se fue.
Continué haciendo lo mío en la computadora, de espaldas a la biblioteca, ya que los jueves a la mañana no hay clases en el instituto, lo que suele significar que no hay nadie para romperme la paz y yo puedo tomarme la vida con mas calma.
Cuarenta minutos mas tarde, María volvió como había prometido. Paré lo que estaba haciendo y la seguí con los ojos hasta la puerta, la miré descolgar la llave del ganchito que hay junto al marco y salir al jardín.
Y ahí fue cuando mi tren de pensamientos descarriló un poco.
¿Por qué la descolgó del ganchito que hay junto al marco si al irse un ratito antes la había dejado en la cerradura?
María volvió a entrar.
"¿No la habías dejado en la cerradura vos a la llave?"
" Sí."
La miré un segundo.
"¿Por qué entonces la descolgaste del ganchito recién cuando llegaste?"
Ella miró la llave, miró el ganchito, me miró a mí y las dos sonreímos nerviosas.
Analizamos el asunto un par de minutos mas, pensamos en si ella había venido antes y la había movido y yo no le había prestado atención, o un elefante rosa pigmeo se había arrastrado por debajo de las mesas y lo había hecho a mis espaldas, pero honestamente, no tenemos ni idea cómo fue que la llave se teletransportó de la cerradura al ganchito.
Sí, yo también estoy esperando a la persona lógica que salió de la habitación para que vuelva y me lo explique, pero se está tomando su tiempo la muy guacha.
8 sept 2011
Nada por Aquí...

La Ro tiene un nuevo truco de magia.
Un truco de magia tan pero tan bueno que ni ella sabe como lo hace.
El lunes llegó del colegio, se puso el uniforme de gimnasia, nos sentamos a comer a la mesa.
"No te manches la remera."
"No, mamá."
Terminamos de comer, milanesas de pescado con arroz - junto a un pequeño lago de salsa golf - y soné el clarín que era hora de irnos. Una vez mas a la brecha, mis amigos...
Zeke no le dio ni pelota al clarín, al cabo que no suena por él, y siguió muy tranquilo con lo suyo - no suele terminar hasta por lo menos veinte minutos después que los demás hayamos limpiado el asunto así que ahí no iba a apurarse nadie.
Juntamos todo, pasó por el baño, dejamos al padre con el niño, "Vamos que estamos justo", bajamos la escalera y al llegar a la reja del jardín, descubro con horror una enorme mancha de salsa golf en la remera blanca.
Desde los botones hasta donde el estómago se empieza a curvar.
"Pero... pero... Rorro, estaba limpia, ¿cuándo te manchaste?"
Ella miró su remera y se encogió de hombros,
"No sé."
Suspiré, ya era tarde para ir a cambiarla, el abuelo estaba esperando en la camioneta.
"Bueno, nada,” saqué el buzo de la mochila “vas con el buzo puesto y no te lo saques,"
La Ro intentó protestar que no quería ponérselo, cosa que ignoré, y allá marchó, la mancha escondida bajo el buzo, en la tarde que al cabo que no estaba tampoco tan tibia.
El martes a la hora del almuerzo le puse un delantal de cocina - ya tenemos seis, los baberos son denigrantes - y comimos los mostacholes con salsa sin un solo traspiés,
"Mirá," orgullosa. La ayudé a sacarse el delantal. "No me manché nada."
"Muy bien," y al igual que el día anterior, juntamos todo, se lavó los dientes, dejamos a Zeke comiendo con el padre y marchamos a buscar su transporte.
Y al igual que el día anterior, al llegar abajo y mirarla para acomodarle el cuello de la remera, descubro con sorpresa, que el frente de su remera blanca tiene un largo churrete de salsa, justo en la curvatura de la barriga.
"¡Rorro!"
"¿Qué?"
"¿Cómo hiciste? ¡Estabas limpia!"
Se mira la remera, y me mira a mi con los ojos grandes y un tanto llorosos.
"¡Pero no me manché!"
Y ahí está el misterio, señoras y señores, porque puedo asegurar que de la mesa se levantó limpia.
Protesté escaleras arriba, buscando quorum, y desde arriba llegó la voz del hombre de mi casa, igual de sorprendida.
"De la mesa se levantó limpia."
"¡Argh, Rosarito!" le pasé el buzo por la cabeza, "Nada, irás con el buzo de vuelta." la subí a la camioneta, “Y no te lo saques.”
Hoy al mediodía comimos cerdo con puré. Solomillo para mas detalle. A un costado del cerdo en el plato de mi niña, un charquito de salsa golf. Arriba de la niña, un delantal. A los costados de la niña, los padres vigilando que no se manche.
Llegó la hora de partir, sacamos el delantal con cuidado - no fuera cosa que fuera el delantal el perpetrador, con alguna mancha escondida del lado de adentro... cosas mas raras han pasado... - no encontramos mancha alguna y aliviados nos dispusimos a partir.
"Hoy vas a poder ir sin el buzo," acoté bajando las escaleras. Al cabo que la tarde estaba tibia, no había manchas, y la Ro detesta abrigarse de manera innecesaria.
Ah, sí... Yo y mi gran bocota.
Ni bien llegamos a la puerta y se estira para agarrar su mochila, descubro a la mancha en la parte de abajo de su manga, justo encima del pulso.
"Me estás tomando el pelo."
"¡Yo no hice nada!"
No le dije nada. A estas alturas ya no sé que mas decir. Al cabo que yo la vi esforzarse en la mesa para no mancharse. No es su culpa que por alguna razón que no podemos entender las manchas parezcan aparecer después de que las fuentes de manchas se hayan alejado.
Moví su brazo y enfrenté la prueba. La mancha incluso estaba reseca, lo cual probaba que debía habérsela hecho hacía un buen rato... ¿En qué momento si nadie vio nada?
Man, que frustrante.
Le saqué el exceso, la rasqué hasta que salió la mayoría y sólo quedó la silueta en rosa.
"No me quiero poner el buzo," la Ro me miró suplicante.
Un segundo, dos segundos, tres segundos.
Al carajo.
Le di vuelta la manga y la mandé así nomás.
Mañana hay tarta. Sin salsas ni jugos.
Estoy re podrida de jugar a la mancha.
2 sept 2011
La Malvada Bruja del Sur
Ro me avisa, un rato antes de salir para el colegio, que ya puso todo adentro de su mochila.
Como normalmente me encargo yo de cambiar los cuadernos de la mañana por los de la tarde, me parece muy responsable que lo haya hecho, así que la felicito y quedamos así.
Media hora mas tarde, ya estamos por salir, y yo le abro la mochila para pispear si quedó dentro el bolsito de pileta - porque tuvo pileta, no porque yo esté loca - y confirmo así nomás, sin mirar con atención, que dentro de la mochila roja y negra de Pucca no hay ningún bolsito rosa de flores - resalta como sangre sobre la nieve el bolsito de flores dentro de la mochila roja y negra.
Agarro unas cosas de mi escritorio y desde ahí me llega la voz de la Ro gritando "¡¿Para qué abriste la mochila?!"
Vuelvo despacio hasta donde está ella. Cualquiera con mas de dos dedos de frente puede leer entre esas líneas a la defensiva.
"Para ver si habías sacado la bolsa de pileta, ¿por qué?"
"Por nada." levanta la mochila, algo completamente inusual en ella "Yo llevo la mochila."
Bueno, listo.
"¿Qué tenés en la mochila?"
"Nada, vamos." y avanza, la mochila a la rastra.
Sí, y yo caí con la última lluvia.
Con un rápido movimiento levanto la mochila - descubriendo en el proceso toda una cacofonía de clings, clangs, toc.
"¡No la abras!"
Música de suspenso...
Cual no sería mi sorpresa al encontrar dentro los ocho perfumes que le habían regalado en su cumple, amén de otros tres y un par de desodorantes.
"¿Qué hacés con todo eso?"
"Los quiero llevar."
"¿Para qué?"
"Porque quiero."
"No podés llevarlos al colegio."
Y se desató el llanto.
Man, como llora esa cría cuando quiere conseguir algo.
"No."
"¡Pero yo quiero llevaaaaaaaaaaarlos!"
"No."
Los saqué y los puse y arriba de la mesa y ella los abrazó entre lágrimas.
"¡¡¡Por favoooooooor!!!"
"Podés llevar uno, negra, pero no todos."
"¡¡Uno nooooooooo!!
"Elegí uno y vamos."
"Uno no, doooooos..."
"No podés llevarlos al colegio."
Y se desató el llanto.
Man, como llora esa cría cuando quiere conseguir algo.
"No."
"¡Pero yo quiero llevaaaaaaaaaaarlos!"
"No."
Los saqué y los puse y arriba de la mesa y ella los abrazó entre lágrimas.
"¡¡¡Por favoooooooor!!!"
"Podés llevar uno, negra, pero no todos."
"¡¡Uno nooooooooo!!
"Elegí uno y vamos."
"Uno no, doooooos..."
Acá es cuando entró el padre a la contienda y le dijo que si no se dejaba de joder iba a tirar todos los perfumes a la basura y a la mierda con todo.
Ella abrazó mas fuerte las botellitas y siguió gritando.
El padre trajo una bolsa y empezó a juntar.
"Nooooooo."
"Dale, Ro, elegí uno y vamos."
"¡Dooooosss!"
Y la primer botellita se balanceó sobre la bolsa negra.
"Bueno, dos." acepté yo rápido, que tampoco quería ver a los perfumes desaparecer en la basura, y al cabo que dos perfumes no son 11 + dos desodorantes, así que no era algo tan terrible...
La Ro eligió rápido, lágrimas gordas en los cachetes, murmurando en mi dirección,
"Sos mala... " con tono de enculamiento importante.
"Sí, soy malísima. Vamos."
Agarré la mochila - a la que tuvimos que agregarle la cartuchera velozmente, que la Ro en su apuro por esconder el contrabando había dejado afuera - y me dirigí a la puerta... donde noté que mi niña tenía en los dedos puestos dos anillos... uno de los cuales era mío.
Dudé.
Me avergüenza decir que dudé.
No tenía ganas de empezar de vuelta. En serio. Ya una vez bastaba por un rato... Pero bueno, si uno no lo hace quién lo va a hacer.
"Rorro, dame ese anillo."
"Nooooooooo..."
Dios, que agobio.
Otra vez el tira y afloja, y el quiero llevarlos y el sos mala y el prestámelo y la mar en coche, hasta que finalmente logré que lo soltara y pude llevarla hasta donde su abuela la esperaba.
"Rorro, dame ese anillo."
"Nooooooooo..."
Dios, que agobio.
Otra vez el tira y afloja, y el quiero llevarlos y el sos mala y el prestámelo y la mar en coche, hasta que finalmente logré que lo soltara y pude llevarla hasta donde su abuela la esperaba.
Estoy segura que me puteó bajito todo el camino hasta el auto.
"Igual te quiero mucho." me despedí de ella.
Me miró furiosa.
Sí, soy una bruja.
Totalmente.
29 ago 2011
En Continuado
Domingo, después de una larga semana de silencio en la que una encantadora laringo traquitis me tuvo afónica y metida en la cama.
Sí, ya sé que estar afónico no quiere decir que uno no puede escribir, ¿pero han tratado ustedes de escribir metidos en la cama? Yo no puedo. Lo intento, pero el ángulo es malísimo y las letras se me desparraman por todos lados. No da, la verdad que no da.
Pero ya he vuelto. O por lo menos ya estoy mejor y mañana voy a volver a trabajar, que después de tres días de reposo mi jefa y sus extrañas ideas sobre la camiseta de la empresa - "por que yo sé que a veces cuando el médico dice 48 horas de reposo, una con 24 está bien, y no es que quiera decir que tengan que venir a trabajar enfermos, es que a veces uno tiene que hacer un esfuerzo por la empresa..." cómo si la empresa hiciera algún esfuerzo por mí. Dios, que mina tarúpida - debe estar queriendo meterme en un barquito de papel y fletarme a otro lado que no es este.
Cómo sea, cinco días enferma, cuatro encerrada en casa, ya estoy aburrida y con dolores varios sólo de estar acá metida.
Lamentablemente los críos y el hombre de mi casa, con tantas fiebres rebotando - en realidad empezó Ro la otra semana con anginas, no vaya uste´a creer que moi trajo la peste al hogar - tampoco estan en la mejor de las condiciones, por lo que pese a estar aquí dentro, el descanso no es lo que solía ser y las noches son mas bien intermitentes.
El tema de las noches intermitentes es que uno sueña mucho.
Bah, yo sueño mucho en las noches intermitentes, ya que cada vez que me despiertan me calzan en medio de algún sueño en pleno REM por lo que voy recordando todas esas cosas que en una noche normal uno no recordaría... tal vez al resto de la gente no le pase, no voy a andar sacando una generalización de una particularidad.
Así es como, haciéndole el aguante a Zeke el viernes a la trasnoche, me encontré con este encanto de relato en mi memoria RAM.
En plena ciudad de Buenos Aires, acababa yo de llegar de visita, y había ido a visitar el departamento de mi marido - que siendo como son los sueños, no era el mismo marido que tengo ahora, si no otro, pero que en realidad tampoco viene al caso porque no aparece en todo el cuento, tan sólo en el vago conocimiento de que ese era su departamento y yo estaba yendo a visitarlo.
Sentada aburrida, entonces, y sin mucho que hacer - porque en los sueños se ve que yo no cargo libros ni reviso estanterías ajenas - , voy y abro la ventana, donde me asomo a mirar el mundo pasar. Y así estoy, medio cuerpo afuera, mirando al mencionado mundo pasar, cuando veo que en la cornisa del edificio, hay un nene parado. Un nene muy rubio, muy bonito, con un violín en la mano, caminando en mi dirección, con un encanto de postal que haría las delicias de las abuelas y los publicistas.
Como yo veo muchas películas de ciencia ficción y fantasía, en seguida puedo darme cuenta de que hay algo malo en esa imagen - cualquiera sabe que los querubines con encanto de publicidad fuera de lugar nunca están planeando nada bueno -, y velozmente, me meto adentro y cierro la ventana. No había empezado a bajar la persiana cuando el crío empieza a golpear el vidrio y empujar la persiana, gritando para que lo deje entrar, la voz desencajada y cada vez mas ronca, haciendo temblar todo. Yo sigo bajando la persiana, desesperada, y la cosa afuera de la ventana sigue tratando de entrar, gritando que lo deje entrar, ¡porque quiere comerme!
Cómo si eso fuera a convencerme.
Me desperté con las piernas temblando.
En serio.
No se ustedes - Bebilacqua, absténgase de todo comentario, se lo advierto desde ahora - pero a mí que un monstruo con aspecto de angelito, trate de comerme, me pone los pelos de punta.
La imagen de la ventana temblando y los gritos desaforados todavía me dejan ligeramente intranquila.
Y anoche - por que la ronda de noches intermitentes continuó por varios días... o noches, según quiera uno medirlo - acostada con Zeke a las cinco de la mattina - un pico de fiebre que no pasó a mayores - me quedé dormida y soñé que estaba dormitando en el cuarto de Zeke y alguien se reía en el cuarto de Rorro y yo quería levantarme para ir a mirar y no podía despertarme.
"Tengo que despertarme." y entreabría los ojos, y miraba el cuarto a mi alrededor - que una vez mas era el cuarto pero no lo era, y los sueños siempre tan sí pero no - sin poder levantarme, mientras la risita en el cuarto de al lado continuaba, cada vez mas desagradable y yo sin poder hacer nada.
¡Jue horrible!
¡Jue Horrible!
Eventualmente, al cuarto o quinto, "tengo que despertarme!" me desperté, para encontrarme en al cuarto de Zeke - que esta vez sí - y sin risitas desagradables en ninguna parte, pero un peso acá en el esternón que se los regalo...
Y con esa van dos noches seguidas de pesadillas.
No puedo esperar a ver que me tiene esta noche preparada, antes de volver a laburar.
16 ago 2011
El Hilito
Yo la peino a la chica todas las mañanas.
Cuesta un pedazo peinar a la chica todas las mañanas.
Las razones son simples:
A) ella detesta que la peine, grita y protesta la mitad del tiempo y la otra mitad trata de correr la cabeza y alejarla del peine, por lo que todo se convierte en un frustrante ejercicio que termina, casi de manera indefectible, en nosotras corriendo para no atrasarnos.
B) tiene el pelo finito finito - como el cordel que sostenía la luna, según Perciavalle - lo que hace que por las mañanas sea un nido de caranchos, lo que nos lleva al punto A de esta breve protesta.
C) tiene dos remolinos en la cabeza, a falta de uno, bien arriba, por lo que cuando finalmente logro desenredarlo todo, y hay que armarle un peinado, hay que laburar para que quede prolijo... Y yo no soy buena en esto. Una colita tiende a llenarse de globitos, dos colitas parece que tuviera un camino de hormigas donde hice la raya para separar el pelo, dos trenzas lo mismo - alguien debe pensar a estas alturas que tengo algún tipo de problema, alguna forma de Parkinson leve, con esas rayas mitad para un lado mitad para el otro que siempre lleva - y una trenza tiene el pelo muy corto, por lo que no duran lo que dura una misa.
D) no importa lo que haga, mi suegra siempre va a protestar que el flequillo se le cae en la cara - cosa que es cierto, pero que ni a Ro ni a mi nos molesta en lo mas mínimo, pero hay que bancarla a mi suegra y su "ay, esta nena, siempre tan despeinada..."
Ahora, si yo la peino a la chica todas las mañanas. Me tomo el trabajo de hacerlo, para que vaya prolija - o lo mas que yo pueda -, para que se sienta querida - pese a los gritos, sé que le importa que yo me preocupe -, para que cubra con los requerimientos del colegio, etc.
¿Por qué hoy, que se fue con dos trenzas, volvió con una sola colita mal armada?
"No sé..." no termina de cubrir la respuesta que una quisiera al
"¿Qué pasó con las demás gomitas?"
A veces...
6 jul 2011
Una Cuestión Geométrica

Detesto los cambios de planes.
Detesto los bruscos cambios de planes.
Detesto tener durante casi un mes una idea armada y organizada, estructurada mentalmente, haber superado y alisado las dudas, haberme entusiasmado con los subplanes, estar prácticamente lista... para que a una semana del bendito asunto venga alguien a decirme "¿Y si mejor...?" y me desbalancee todo el balance.
Mas porque es un "¿y si mejor...?" al que basicamente no puedo contestar "mejor no" sin traerme encima una mar de temas que mejor no.
No soy una obse, ni me acabo de caer del carro de zapallos, sé que las cosas cambian y que uno tiene que adaptarse. Sé que en un par de días voy a cambiar las estructuras mentales - que había tardado un rato mas de un par de días en armar, pero bueh... - y todo va a estar bien. Ya lo sé. El plan nuevo no es malo, sólo... distinto. Y hay que dejar ir unas cosas, aprovechar otras, rebalancear lo balanceado, reestructurar lo estructurado.
Ya lo sé.
Pero eso no quita que, de malas a primeras, yo deteste los cambios de planes.
En este caso al igual que en cualquier otro.
Me molestan y me dejan incómoda conmigo misma.
Ufa.
En fin.
Ya lo solucionaré.
Pero que quede en actas.
Detesto los bruscos cambios de planes.
20 abr 2011
Problemas Imaginarios

Odio las películas de terror.
Soy una persona con una imaginación galopante y sólo basta darle un grano de arena para que mi imaginación levante montañas con castillos en sus laderas.
Detesto las películas de zombies, de asesinos seriales, de monstruos, de fantasmas, de gente que descuartiza gente, de demonios, de muñecas poseídas, de animales que vuelven a la vida, de autos que cobran personalidades sanguinarias, de seres de ultratumba, de pactos infernales, de casa embrujadas y de payasos.
Acepto las que son de humor negro hasta ahí.
House - nada que ver con Hugh Laurie - me gustó... pero durante mucho tiempo me costo abrir el placard de mi cuarto después de la medianoche, pensando si hoy sería el día en que finalmente saltaría el monstruo sobre mí.
Jeepers Creepers me tuvo horas mirando el techo, tratando de discernir cual ruido era el coso ese acercándose por el living. Y eso que el monstruo parecía salido de un mal episodio de Buffy.
¡Buffy! Me encantaba esa serie. Y aún así el episodio de los caballeros, flotando por las calle, con sus sonrisas llenas de dientes, arrancando corazones y robando voces me hizo mirar por la ventana mas de una vez ante cada ruidito inusual en la vereda.
Hablo en serio. Mi imaginación se desborda.
El episodio del Dr Who, con las estatuas de los Angeles Llorones, que se mueven en el momento en que dejás de mirarlas hizo que me costara cerrar los ojos.
Supernatural y su episodio con los payasos que seguían a los chicos a casa... Ni se dan una idea.
Puedo dar cuenta de casos en los que sólo la propaganda de la película de terror le dio pie a mi imaginación para no dejarme dormir por un buen rato.
Ahora, imaginen estar sentados muy tranquilos en la casa en silencio, disfrutando del hecho de que todos duermen, la computadora una isla de luz en la oscuridad y la madrugada. Y algo se cae en la cocina, el ruido de una silla moverse. Pensar automáticamente, "es el gato", para dos segundos después descubrir que el gato está durmiendo muy tranquilo en el sillón de al lado.
Sí, imaginen.
Dicen por ahí que las personas valientes son las personas sin imaginación...
No estoy de acuerdo. Pese a mi imaginación, yo fui y miré...
14 abr 2011
Y Dices que el Amor...

Anoche tuve una epifanía - no, no me dolió, uste´siempre cayendo en el chiste fácil, Bebilacqua, no sé por qué me sorprendo.
Decía, entonces, anoche tuve una epifanía.
Estaba en la ducha, cantando a los gritos - como cualquier hijo de vecino - una canción de José Luis Perales - no, bueno, algunos hijos de vecinos cantan cosas mas actuales, pero yo estaba de ánimo nostálgico - y mientras disfrutaba de lo magnífica que suena mi voz amplificada por la cerámica, escuché, finalmente, después de mas de veinte años de cantarla, lo que decía realmente la canción.
´peresé, ´peresé, yo sé que uste´se muere por saber...
Se lo voy a decir, por si uste´no lo sabía...
¡No era sobre una mina sola, era sobre dos personas!
¡En serio!
La primera parte habla sobre la mina, la segunda habla sobre el pibe.
¡Y yo no lo sabía!
¡Toda la vida pensé que hablaba de ella sola!
Siempre me había parecido que sonaba para el traste, pero bueno, él es un compositor vendido en todo el mundo, que puedo saber yo.
Sí, lo sé, está tan anonadado como yo - no, no sobre Luis Perales como un autor de renombre, no, sobre la epifanía.
Las epifanías hacen eso.
Vamos, vamos, ¿me va a decir que nunca le pasó?
Años de repetir la letra de la canción como lorito - mas por fonética que por otra cosa - y un día, después de creer que ya se la sabe de taquito, darse cuenta de que, desde el principio había estado hablando de algo completamente distinto a lo que creía...
Sí, es algo sobrecogedor.
Sí, sí, ya sé, me retiro, se donde está la puerta, no es necesario que me acomp... Hey, oiga, ¡este es mi bulo, retírese uste´!
´brase visto, tratarme así en mi propia casa.
Bah, quédese si quiere, yo me voy - cierre cuando salga - tengo que repasar todas las canciones de mis últimos años, a ver si descubro que alguna en realidad hablaba de sexo y yo pensaba que hablaba de galletitas.
11 abr 2011
Música para Elevarse
Tengo celular nuevo.
El anterior, después de un par de años de maltrato, decidió que era hora de retirarse y pasó a mejor vida - lo convertimos en un reproductor de mp3 básico.
Ahora, tener celular nuevo implica tener alarma nueva - sí, sí, yo sé que hay gente que todavía usa relojes... no es mi caso.
Anoche lo agarré, lo toqueteé, encontré lo que tenía que configurar, puse la coordenadas correctas y elegí el sonido con el que quería entrar a la conciencia, cosa que no fue fácil.
Yo, desde hace dos años mas o menos, que me vengo despertando con una especie de rasguido de guitarras bastante suave, agradable, no muy invasivo. Lindo, dentro de todo, para el trabajo espantoso que tiene que hacer.
Recorrí la lista de sonidos disponibles en el teléfono - hay muchísimos - y no encontré nada parecido - al pedo la larga lista.
¿Qué hice entonces? Decidí elegir un tema de la lista de mp3 grabados.
Como no estaba del todo confiada en que tan bien funcionaba, elegí She´s So Lovely, de Scouting for Girls y puse el volumen en 8, que supuse estaría bien...
Sí...
Bueno, voy a tener que bajar el volumen, va a ser lo mejor...
Y en algún momento voy a tener que arreglar los arañazos del techo, de donde me agarré cuando pegué el salto...
Y ni hablar de conseguirle una funda al fonito, porque si lo sigo tratando así no va a durar ni siquiera dos años.
No sé que tal va a seguir el resto de la semana, pero el lunes empezó con una energía...
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