
Las fiestas.
Otra vez.
Suelen suceder por estas fechas. Es una de esas cosas invitables. 365 días después, pumba, acá están otra vez.
No que me vaya yo a quejar, no, a mí me gustan las fiestas. Me gustan las luces, y la expectativa, y las cartas a papanuel, y esperar a que lleguen las doce, y planear la comida, y comprar los regalos, y saludar a la gente, y los días feriados, y armar el arbolito, y luchar con Ro para que no cambie de lugar todas las figuritas del pesebre todos los días, y tratar de explicar qué se supone que es el cumpleaños del niño Jesús, y las cenas en familia, y que no, no hay nieve porque vivimos en otro país, y escuchar una y mil veces todo lo que Zeke quiere que le traigan, y ver el arbolito brillar en la oscuridad, y recordar navidades pasadas, y comer turrón de jijona, y pensar en la gente que ya no está, y que sé yo. Yo sé que hay gente cínica por ahí que habla de consumismo y de hipocresía y bla bla bla, y sí, yo entiendo que a no todo el mundo le gusten las fiestas. Pero a mí me gustan y así como yo me banco a los cínicos, que los cínicos me banquen a mí. Hay lugar para todos. He dicho.
Pero esta Navidad me preocupa un poco.
Bah, me preocupa es un decir, no voy a perder el sueño por esto, mas se perdió en la guerra y todo eso que les gusta decir a los viejos, pero este año vamos a pasarla con mi cuñado.
No, no es eso lo que me preocupa, cómo se le ocurre, no. Lo que me preocupa son los hijos de mi cuñado. Que no, no es pasarla con ellos el problema tampoco, usted realmente quiere hablar mal de la familia de mi marido, que cosa, eh. Seguro que usted es de los cínicos de los que hablaba antes.
No, el tema es el siguiente. Los hijos de mi cuñado no creen en Papa Noel. Y los míos sí.
No veo cómo esa mezcla puede terminar bien.
Para los míos, digo, porque los suyos van a salir igual que como entraron, son los míos los que probablemente vayan a salir de estas fiestas desasnados. Y en lo que a mí respecta, preferiría que siguieran creyendo un poco mas, si a nadie le molesta, gracias.
Así que ahí estamos. No hay mucho que nadie pueda hacer. En algún momento, el mas chico de los primos - el mayor tiene catorce, dudo honestamente que le interese desmistificar al viejito pascuero, él lo único que debe querer es el regalo que pidió a la eminencia gris detrás del mito - que tiene cinco años y medio y un espíritu beligerante de un kilómetro de largo, va a lanzar su bomba de "Papanuel no´siste" y se va a armar el tole tole.
"Sí existe, ¿no es cierto, mamá?" puedo imaginar a la Ro preguntándomelo como si ya hubiera sucedido, mireloqueledigo. ¿Y qué hago yo ahí? Porque una cosa es seguir una idea preconcebida y ambigua, al cabo que decir "Papa Noel te va a traer los juguetes", siempre puede ser un código. ¿Pero mentir de manera descarada a una pregunta directa? A mí me cuesta. Ya veo que esto salta en los años de terapia por venir y mi hija se muda a otra ciudad sólo porque "¡vos me mentiste!"
Los adolescentes pueden llegar a ser muy emocionales.
En fin, supongo que cruzaré el puente cuando llegue. Al cabo que anticiparme a las mentiras que puedo o no llegar a contar, sólo trae dolores de cabeza.
Yo no me acuerdo cuando dejé de creer. Primero creía, después no creía, y la vida continuó sin traumas ni bajas materiales que lamentar. Estoy bastante segura que llegado el caso, eso es lo que va a pasar en mi casa y eso será todo.
Pero tengo que admitir, aún cuando ya hayamos establecido que usted es un cínico y probablemente no me entienda, que me va a dar una cierta penita, si todo esto que me temo llega a suceder.



