Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

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16 ago 2012

Cinco Semanas en Globo

Y estamos de vuelta al aire.
Después de dos semanas de vacaciones de invierno, una semana sin pc - Pelu cumplió su amenaza de llevársela -, y dos semanas de estudios médicos por una probable - por el momento, faltan un par de estudios más - gastritis, y una laringitis, una vez mas prendemos la lucecita verde que dice On Air y subimos a la internet.
Mi hermana, but of course, ya me levantó en peso por mi largo silencio así que acá estoy, dando señales de vida.

No voy a pasar a relato todo lo que pasó en estas semanas - mi vida no es un carrousel de emociones, pero cinco semanas son cinco semanas y si a usted no les pasa nada en cinco semanas voy a sugerirle que preste atención a lo que está haciendo y haga otra cosa... no Bebilacqua, eso no fue una invitación a que me relate lo que hizo este fin de semana, paso, no quiero saberlo, probablemente fue ilegal y después viene la policía a hablar con el director y con qué cara le digo que yo no sé nada sobre las mellizas, la botella de vodka, el burro y el sombre- Ve? Ya me está complicando la vida.
Decía entonces, cinco semanas.
Qué es lo mas importante para contar.
A ver...

Habemus canis.
Yep.
Después de tres perros en dos años y el gato que cerró el desfile, nos hemos arriesgado una vez mas y hemos traído a casa a una muchachita pequeñita, blanca y con manchas vacunas, a la que le faltan cinco pesos para ser fox terrier. Un señor muy amable de la ciudad vecina nos la regaló y una señora muy amable nos la alcanzó hasta acá. Es decir que nos conocimos por foto y dimos un salto de fé.
De eso ya pasan tres semanas y andamos todos mas que contentos. Excepto el hombre de mi casa, que si bien le tiene muchísimo cariño, no supera todavía el hecho de que al ser tan chiquita de edad, eso del control de esfínteres no se le da. Viera usted las puteadas que se escuchan en mi casa cada vez que se encuentra un regalito... Por suerte para todos, los encuentro yo primero, reto al perro, limpio y eso fue todo. Si los encuentra él primero, hay que oírlo...
Pero bueno, paciencia. Al perro y al hombre. Los dos eventualmente van a aprender.
La Rorro la bautizó Fiona, en una veloz decisión - "¿Cómo se llama?" nos preguntó el veterinario, llenando la ficha para su vacuna y desparasitaje... La Ro y yo nos miramos. La foto, la decisión, y la llegada de la perra nos había tomado a todos por sorpresa, en menos de dos horas habíamos pasado de nada a perro, o sea que nombre no teníamos, y el bichito ese en brazos de la Rorro, asustado y minúsculo, no tenía cara de nada. ¿Qué hacemos? Ro encogió un hombro, "¿Fiona te gusta?" Perfecto, Fiona será... aún cuando no tenía cara de Fiona, aquí entre nos. Y ahora, dos kilos mas tarde, graduada de raton de laboratorio a rata de sótano, Fiona corre por la casa, feliz de la vida, persiguiéndo a la gata - que le saca fácil tres kilos - como si tuviera el tamaño de por lo menos un cocker. Caracter le sobra por todos lados, y no se rinde, aún cuando Sasha la cachetee sistemáticamente. Ella sabe que eventualmente la gata se va a rendir. Está segura. No importa que Sasha se suba arriba de la mesita y cada vez que Fiona se estire para jugar la otra la baje de un empujón y un bufido. ELLA TIENE FE.
Zeke la levanta en brazos, me mira lleno de amor, y me dice, con vocecita de cuatro años "Es bonita Fiona."
Y sí, es bonita Fiona.

La otra cosa entretenida que hay para contar, el sábado me hacen una endoscopía.
No sé qué tiene esto de entretenido en realidad, es tan sólo algo para contar, porque nunca antes me hicieron nada similar y la novedad hay que contarla. Me van a poner anestesia. Nunca me anestesiaron para nada. El dentista no cuenta. Me pregunto si será anestesia total o local. Mi vieja dice que es total. Yo leí que era local. Ahora tengo que pasar por el lugar, para que la chica me de las instrucciones y no sé qué cosa y me va a sacar la duda. Supongo que es total para que uno no se mueva... Considerando que yo nunca me muevo - la vez que me sacaron las muelas fui un modelo de paciente... practicamente me quedé dormida, lo poco que me molesta ir al médico en general - tal vez la pueda convencer que sea local. Me da como miedito la total. Es esto de la falta de conocimiento. Tengo una amiga que la han operado un par de veces y ya va como si nada. Supongo que todos tenemos que probar todo alguna vez. Aunque mas no sea para poder ser de esos superados - como mi amiga - que dicen "no pasa nada, vos tranquila..."
Si hay que elegir, siempre es mejor ser de los superados que de los asustados.

Dejen ver si hay algo mas para contar de estos días pasados...

Fuimos a ver Valiente. Muy linda. Los rulos rojos de esa chica, poesía en movimiento. Algunos dibujos animados son obras de arte, no hay vuelta que darle.
Fuimos al zoo. No nevó, gracias por preguntar. La pasamos maravillosamente bien, as usual, y llevamos a mi sobrino, que vino de visita y nunca había ido. Una mañana larga excelentemente aprovechada.

Y eso es todo lo que hay para contar en estos días.
Cinco semanas es mucho tiempo, lo sé, lo admito, no me reten mas, no lo voy a volver a hacer - sí, sí, te estoy hablando, no me mires con ese tono de voz. Y sí, el título se lo robé a Julio Verne, lo confieso, no hubo ningún tipo de globo en estas semanas, ni siquiera uno de cumpleaños... pero no me pude resistir.

18 may 2011

Memorable



En una de las plazas a las que la lleva su abuela, Rorro solía cruzarse bastante seguido con una de sus compañeras de jardín. Ella jugaban juntas mientras mi suegra conversaba con la señora que cuidaba a la cría. La señora tendría cincuenta y pocos.
Una vez, caminando con la Rorro por la calle, pasamos por enfrente de una casa, y en la puerta estaba esta señora, que saludó a la Ro y se presentó, contándome de donde conocía a mi hija.
"¿Esta es tu mamá, Ro? No la conocía, que linda mamá que tenés."
Sonrisa, saludo, seguimos caminando.

Tiempo después, paseando a Magenta con Rorro por la plaza, nos cruzamos con esta señora otra vez, que estaba paseando a su perrito blanco y negro.
"Que lindo perro," nos dijo, saludó a Ro, agregó un par de comentarios mas sobre animales, el suyo, el nuestro y "¿Ella es tu hija? Ay, nunca lo hubiera creído, parecen hermanas."
Sonrisa un tanto confusa de mi parte - ¿no nos habíamos visto ya antes y comentado algo parecido? - un saludo y seguimos camino.

Un tiempo mas tarde, pasó ella por enfrente de casa, perrito blanco y negro a correa. Magenta les ladró al pasar, ella hizo un comentario divertido sobre los perros grandes que asustan a los chiquitos, yo la saludé, ella me hizo un gesto distraído y siguió su camino.

Otro tiempo pasó, nosotros ya paseando a Blue, cruzamos por enfrente de la misma casa de la primera vez, y ahí estaba ella, con su perrito blanco y negro, sentada en el escalón de la puerta. Ro paró a saludarla y a mostrarle a Blue. La señora la saludó, le alabó el perro, hizo un par de comentarios sobre quién era ella y
"¿Esta es tu mamá, Rorro? En serio, no sabía, que linda mamá que tenés."
Y mi sonrisa trató de no dejar pasar el "la mina está gagá" que se iluminó como neón dentro de mi cerebro.

Unos días después, me la crucé yo sola - paso seguido por la casa esa, que nos explicó ella mas de una vez, es de sus padres - y le hice un gesto de reconocimiento, ese ligero asentir de la cabeza que si la otra persona no contesta siempre podés hacer pasar por otra cosa. Ella no lo contestó, me miró con cara en blanco, y yo pensé "cucú, cucú, cucú"

Y otra vez mas volvimos a cruzarnos, Rorro, Zeke, la señora, su perrito blanco y negro y yo. Los críos, ya sans perro, frenaron a acariciar al animalito, la señora saludó a Rorro, intercambiamos un par de comentarios y
"¿Esta es tu mamá, Ro? Que linda mamá que tenés."

No sé si tomármelo como algo personal.
Obviamente la mina a mí no me registra.
Estoy pensando seriamente el cruzar la calle la próxima vez que la vea venir.

3 feb 2011

El Año de Las Batallas


Habiendo vuelto de mis vacaciones - y ay, como me duele decir eso - paso a relatar lo que yo he quedado en llamar la Guerra del Perro, cuyas últimas instancias sucedieron en los últimos días de las anteriormente mentadas - y lamentadas - vacaciones.

La Guerra del Perro comenzó hará cosa de un año y medio... bueno, no, en realidad comenzó varios años e implicó una sala de parto, un par de enfermeras, un médico, un marido nervioso y por supuesto una loca gritando.
Sí, sí, una escena dantesca.
El punto es que cuando me dieron finalmente a Rorro, uno de los tantos pensamientos perdidos que pasó por mi cabeza fue la firme convicción de que yo quería que mis hijos crecieran con un perro.

Adelantamos la cinta un poco y nos encontramos finalmente a mediados del 2009 y en el comienzo de la Primer Batalla. Yo tiré la idea de conseguir un perro, el hombre de mi casa dijo que no. Yo insistí, él no quiso ceder. Yo saqué las armas mas pesadas, él ajustó su posición. Yo lancé las armas de destrucción masiva - puse a Rorro en el caso - y él finalmente se rindió y presentó sus condiciones.
En estas indicaba que él elegía el perro -"no quiero un perro puto" "mamá, ¿qué es un perro puto?" - y pagaba las cuentas, pero no pensaba limpiar nada que dejara el perro detrás.
Acepté las condiciones, Hubbie eligió un weinmaraner y así fue como Magenta llegó a nuestras vidas en enero del 2010.

Magenta, para el que no sigue este blog desde sus comienzos, era una perra preciosa. Gris paloma, de líneas elegantes, ojos celestes, alegre, juguetona e hiperactiva. El problema, porque desde el vamos todos sabíamos que iba a haber un problema, era que era demasiado grande para mi casa, que está del lado mediano chico del espectro. Demasiado grande para mis niños, que están del lado chico mediano del espectro. Demasiado grande en general, vamos.
Eso sumado al hecho de que nunca se quedaba quieta, cada vez que jugaba con los críos me los abollaba, se comía los muebles y destrozaba el jardín, hizo que, después de mucho cavilar, tomáramos la decisión de conseguirle un mejor hogar.
Eventualmente y sin mucho ruido, se fue a vivir a Allen, con un caballero que tiene una chacra y una fábrica de comida para perros. Cada tanto mandan saludos. Tienen un romance que va viento en popa y me alegro mucho por ella, porque era un excelente animal.
El hombre de mi casa, que había protestado a través de todos los destrozos, haciendose cargo marginalmente del hecho de que él había elegido el bendito animal, respiró aliviado ante el traslado y creyó que con eso el asunto había terminado.

Esto nos lleva entonces a la Segunda Batalla.
Yo volví al ruedo con la idea primigenia de un perro para los niños. Hubbie, ya escarmentado de la primera vuelta, mantuvo una resistencia mas bien simbólica y finalmente claudicó. Todos ignoramos sus protestas frente a la propuesta de comprar un perro chico - parte de la idea primigenia - y conseguimos a Blue, un caniche toy color arena despeinado que parecía haber salido de un dibujo de Sarah Kay.
Ese fue amor a primera vista entre niños y perro y ya nadie los pudo separar. El tamaño era perfecto y críos y cachorro corrían de acá para allá como si fueran... bueno, niños y cachorro.
Marido aceptó al animal - incluso le tomó algo de cariño, dificil no hacerlo, bicho simpático con ojitos de botones a través del flequillo desordenado - pero me hizo firmar una clausula que este era el último perro que teníamos. No viendo por qué no, acepté el trato y me desentendí del tema.

Estábamos de viaje a mediados de enero, cuando mi suegra me llama para decirme que Blue había tenido algo - un ataque al bobo, o sabe Dios - y estaba muerto.
Sí, una penita terrible.
Guardé la noticia, se las di a los niños al llegar a casa y después de llorar un poco Rorro preguntó cuando podíamos comprar otro animal... Porque mi niña no es nada si no es práctica, y a rey muerto rey puesto.
Hubbie sacó a relucir su clausula de No Mas Perros, pero yo contraataqué con que su cláusula sólo era válida si el perro hubiera estado con nosotros al menos tres o cuatro años. El animal no había vivido ni cinco meses en casa.
El hombre de mi casa se mantuvo en sus trece y así comenzo a cocinarse la Tercer Batalla, batalla que en sí duró poco y nada, ya que mi suegra, sintiéndose terriblemente culpable por que la muerte de Blue hubiese sucedido durante su guardia, averiguó y compró otro caniche en menos de lo que tarda uno en deshacer las valijas.

Eso nos lleva a Tomy, otro caniche toy color arena, y hasta ahí llegaban sus semejanzas con Blue. Este sí era lo que uno - si uno fuera políticamente incorrecto - quedaría en llamar, un perro puto.
La dueña lo tenía todo esponjado y esquilado, parecía salido de una caricatura de caniches y Rorro me preguntó si yo estaba segura que era un nene y no una nena.
Hubbie, que detestó al animal ni bien llegó - cosa mutua, el perrito se la pasaba gruñéndole - y además estaba molesto por haber sido superado en la votación una vez mas, mantuvo un silencio helado sobre el asunto, lo que denominaremos la Guerra Fría, y nos dejó hacer.
Tomy en seguida nos hizo notar que mi suegra había cometido un error. Haciéndole honor a su aspecto de perro de cartera, se pasaba los días mirando a los chicos jugar sin intervenir ni moverse. El perro mas aburrido del planeta. Y yo tomé la veloz decisión de que pasarnos una vida comparándolo con el otro y bancando el malhumor de H, no valía la pena, por lo que así como llegó lo pusimos en venta, y un par de días después, sin lamentos de ningún tipo, Tomy se fue de casa para no volver.

En el interín, en los últimos días de la paz armada y mientras yo no miraba, el hombre de mi casa aprovechó el caos y cambió a la Rorro de bando, prometiéndole en vez de un perro, un gato.
La Rorro, que bendita su alma lo único que quiere es una mascota, agarró viaje, y antes de que yo me embarcara una vez mas en la lucha, me subieron al auto, me llevaron a la veterinaria y volvimos con un animalito flaco, esmirriado y naranja que el primer día rasguño a todo el mundo y el segundo se ubicó a los pies de la cama de Zeke y decidió que ese era su lugar en el mundo. La bautizamos Sasha - que es un nombre ambiguo, ya que al ser todavía tan chico el veterinario, que se ha reído toneladas a través de todo el asunto, no puede asegurarnos 100% que sea gato o gata - y esta vez parece que el animal nos va a durar.

En mi casa, después de un año largo, hubo finalmente un total cese de hostilidades, todas las armas fueron depuestas, y no sé ustedes, pero yo no puedo evitar notar lo irónico que es que la Guerra del Perro haya sido finalmente ganada por un gato.

15 sept 2010

El Perro Verde


Magenta se ha mudado de barrio.

Sí.

Después de que tratara de morder a un chico que pasara en skate - el hecho de que yo a veces quiera hacer lo mismo no es excusa - y de que se comiera toda la pata de una de las sillas de Susana, y de que tantas otras cosas, tomamos - tomé, porque la última palabra es la mía, y a veces ser un adulto es una garcha - finalmente la decisión de que lo que Magenta estaba necesitando era un lugar con un enorme jardín y no una casa con un patio invadido por los obreros y le conseguimos un nuevo hogar con un amigo de Susana en Cervantes.

Yo sé que hay mucha gente por ahí que va a decir que lo que hice fue una maldad y que cuando uno tiene un perro lo tiene para toda la vida. Sé también que por ahí hay mucha gente mas papista que el papa. Pero la verdad de la historia es que el perro no era feliz con la familia y la familia no era feliz con el perro. ¿Y cual es el punto de tener una mascota si ninguna de las partes lo disfruta?
Rorro le daba pelota a veces sí, a veces no, y la mitad de las a veces sí eran una lucha porque Magenta tiene casi su mismo tamaño, por lo que en unas ocasiones las carcajadas volaban y en otras las lágrimas. Zeke los únicos momentos en que se le podía acercar era cuando estaba tranquila y se dejaba mimar. Magenta, por su parte, sólo era realmente feliz cuando estaba paseando, y yo sólo la podía sacar los fines de semana y el sistema de dejarla pasear sola se pudrió un poco cuando lo del skater. Y ni hablar del estado de la casa y de los nervios de Susan, que tenía que cuidarla la mayor parte del tiempo.

La semana pasada entonces, después de mucho debatirlo - porque también soy de los que tienden a pensar que un perro es para toda la vida - cambió su dirección, le dijimos a la Ro que se había perdido - el hecho de que llorara treinta segundos y después me dijera que si no volvía le comprara un perro negrito, me dió también la pauta de que la chica no había estado tan encariñada con el animal tampoco - y pasó a mejor vida... Literalmente, por que el caballero que se la llevó vive en una chacra enorme y por lo que cuenta, la perra, previo par de días apachuchada, ahora lo está pasando bomba.

¿Yo? Yo voy a extrañar sacarla a pasear. Daba gusto caminar con ella, verla correr, pero tengo que admitir que estoy aliviada. Es realmente hiperkinética, y no me daba el cuero - ni el ánimo - cuando llegaba de laburar a las 9 de la noche, para lidiar con dos niños pasados de rosca y un perro hiperkinético.
Pero que voy a sentirme culpable un tiempo, por mas fotos que manden de Cervantes probando que mi decisión fue la mas acertada, voy a sentirme culpable

Y el próximo perro - porque va a haber otro perro - definitivamente va a ser mas bajito... y mas tranquilo.

18 jul 2010

Fragmentos de las Vacaciones


Saqué a pasear a Magenta esta mañana.

Hacía un frío...

La saco sin correa y ya la perra cruza la calle y se maneja sin ningún problema. De hecho, yo voy caminando y si me sigue bien y si no mi suegra hará una fiesta. Como en todo este tipo de cosas, el hecho de que cualquiera de las dos situaciones sea aceptable - mas o menos - hace que la perra - que a veces parece tonta pero no lo es - siempre vuelva y jamás se quede atrás.

Así que ahí andaba yo, por los caminos de Dios, aprovechando el sol en la espalda mientras se me congelaban las manos, consolándome al pensar que las caminatas nunca vienen mal, mas en vacaciones que uno no hace nada, puteando bajito y quien me manda a mí tener un perro, pensando en mi casa calentita y en si pasar o no pasar por la panadería a comprar facturas, mientras Magenta corría en dementes círculos concéntricos a mi alrededor... Y ahí fue cuando la tarada no vio el charco congelado, le entró de lleno, resbaló sobre el hielo e hizo patito por toda la superficie, terminando sentada de culo en medio de la calle, donde trató de pararse para volver a caer de traste, hasta que finalmente su desesperación la sacó del problema...
Después de mi ataque de risa el paseó mejoró de manera considerable.

14 jul 2010

Se Rompió el Triciclo


Me levanté.
La mañana estaba helada.
La perra se peleó con un perro negro.
El libro de calcomanías de Rorro vino fallado.
Las verduras que compré para la sopa estaban pasadas.
Los obreros hicieron ruido toda la tarde.
Zeke se durmió tarde.
Rorro hizo un berrinche en el Taller y hubo que traerla de vuelta a casa.
La perra rompió el colchón del futón.
Hubbie llegó tardísimo.
Zeke volcó la masa de los panqueques.
Los críos dos empaparon el baño.
Y todavía falta.
Todos tenemos días molestos.

Necesito una aspirineta...

29 jun 2010

Al Otro Lado de la Reja


Antes de tener a Magenta, tuvimos otro perro. Bah, Henry tuvo otro perro - aramos dijo el mosquito - que decidió que yo era aceptable y me adoptó una vez que me mudé a Neuquén.
Max, que así se llamaba el animal, era un perro mediano, con aspiraciones de cocker de pelo corto, amarillo, que alguna vez había parecido de raza pero que a la vejez el medio pelo se le empezaba a notar. Estaba ciego de un ojo, tenía un caracter muy mal parido, le gustaban los mimos en la panza y dormir abajo de la estufa.

Pero lo mas particular que Max tenía era que era un tipo independiente. Todas las mañanas, a primera hora, uno le abría la reja para que saliera a la calle y allá se iba él, a hacer su ronda por el vecindario. Acompañaba a la vecina de al lado en sus caminatas hasta la Plaza de las Banderas, le ladraba a través de la reja al perro enorme de a la vuelta, jugaba con la perra negra del otro lado de la calle y mil cosas mas que probablemente nunca sepamos.
Eventualmente, cuando se aburría de todo esto, volvía a la casa, lloraba junto a la reja hasta que alguien - "otra vez? uy, pero que perro pesado" - le abría y así se pasaba el día, pidiendo entrar y salir, sin necesitar nunca que nadie lo acompañara a ninguna parte.
Era un buen sistema. A veces tardaba en volver, mas de una noche la pasó afuera, y siempre estaba el riesgo de que no volviera - los accidentes pasan - pero él nunca falló.

Lo mataron un mediodía en que Susana había ido a buscar a Rorro a la guardería. Curiosamente, nada que ver con sus salidas individuales. Volvían los tres, Susan empujando el cochecito, Max como siempre deabulando a su alrededor, cuando se metió sabe Dios donde para salir lloriqueando, acostándose en la cuneta. Susana, con la bebé al rayo de sol, no se quedó a mirar y para cuando llegó a casa, sin el perro detrás, me pidió que fuera a chequear.
Lo encontré justo donde ella me dijera, muerto nomás, con un agujero en un costado, como de un punzón. Nunca supimos en donde había sido, si fue a propósito o un accidente. Me senté en la vereda un rato, acariciándolo, después lo saqué del camino y lo dejé en un baldío, para que se lo llevaran.

Y se me puso triste el posto cuando no había sido mi intención.
Sepan ustedes disculpar.

A lo que yo quería ir es que a Magenta, con el tema de que nadie puede sacarla a pasear en la semana por falta de tiempo y que el jardín es grande pero no le alcanza para correr, estamos, de a poco, dejándola salir sola a la vereda. Bien tempranito, o cuando ya pasan las once, cuando no hay casi autos, le abro la reja y la dejo salir para que corra.
Da gusto verla estirarse a todo lo que da, corriendo de punta a punta. Es un perro lindo de ver correr.
Anoche Zeke me acompañó y nos quedamos paraditos como dos vigias, viéndola desaparecer en la esquina, esperando que volviera, llamándola cada tanto - mi "Magenta!" tratando de sonar autoritario, su "`kenka!" todo cariño preocupado - hasta que se aburriera de tontear y desandara el camino, corriendo con el embiste de un trén, casi volteando al enano en su afán de volver a casa.

Es bueno tener perro otra vez.

9 jun 2010

Papel Picado


Cuando yo era chica, mis viejos alquilaban una quinta por la zona de los Nogales, cerca de Campo de Mayo, donde pasábamos la mayoría de los fines de semana, escapando del mundanal ruido.
Era un lindo lugar, con una jardín enorme - o al menos así lo recuerdo, las cosas tienen la mala costumbre de achicarse con los años -, una magnolia rosa que cuando florecía parecia hecha de algodón de azúcar, una pileta cercada, y una casa acogedora con una chimenea de piedra. Las chimeneas siempre son un plus.

Uno de esos tantos fines de semana, mi amiga Mercedes, figurita repetida en el electo estable, se las ingenió para que un amable transeunte - ya que el portón de madera que daba a la calle, alto y verde, estaba cerrado con candado y no podíamos salir - nos pasara por encima de la reja un cachorrito que habíamos espiado las dos, muerto de frío al otro lado de la calle, con la excusa muy segura de que era nuestro y se nos había escapado para afuera.
El cachorrito resultó ser una cachorra, amarilla y tirando a esmirriada, que por una de esas cosas de la vida - les debe de haber dado pena - los míos aceptaron que se quedara, con la condición de que se quedara en la quinta, donde la iba a cuidar el jardinero. Un perro de fin de semana, bah. Pero para mí, el primer perro propio de mi historia, una maravilla.

La bautizamos Lana - rubia como era podría haber sido en homenaje a Lana Turner, pero yo a los 8 no hacía esas conexiones y lo mío fue un gusto del momento, una asociación con el perro del vecino llamado Trapo - y estuvo con nosotros cerca de un año, quizás mas, pero la memoria es traidora, de esto ya pasan 20 años, casi 25, y los tiempos se me confunden, hasta que finalmente llegamos un viernes a la noche y ella simplemente no estaba mas.

Pero la anécdota que quiero traer a colación es de un sábado, en el que yo estaba sentada en una silla plegable, leyendo en el jardín - Colmillo Blanco, de Jack London, la edición amarilla de tapa dura de la colección Robin Hood... la memoria es selectiva además de traidora - y abandoné el libro sobre la silla un momento para ir adentro a buscar algo.
Para cuando volví, habiéndome tardado mas de la cuenta, del libro sólo quedaba el recuerdo, desparramado por sobre el pasto en mil pedacitos, mientras la perra mordisqueaba los restos, feliz de la vida con el juguete que yo había dejado a su alcance...

Ah, que furia, que tristeza, que dolor...
Hubiera podido matarla... si se hubiera dejado alcanzar...
No me alcanzaban los ojos para llorar, la angustia en el pecho, yo que en esa época pensaba que los libros eran el principio y el fin de todas las cosas... ¡Además del hecho de que no iba a saber como coños terminaba la puta historia!
Mi viejo esa tarde tenía que ir hasta la Capital para hacer unos trámites, y cómo mi viejo es un grande, se tomó el trabajo de ir a una librería y conseguirme otra copia de Colmillo Blanco - exactamente la misma que Lana había convertido en confetti - además de traerme Belleza Negra, de Anna Sewell, como yapa por el mal rato.
Es un buen recuerdo. Uno de esos que quedan.

Por eso cuando hace unas horas mi suegra me llamó furiosa para decirme que Magenta se había subido a la mesa y se había comido el libro que estaba leyendo - mierrrrda lo hizo, no queda ni para repuesto de figurita - pude realmente conectarme con su dolor.
Pena que Susan no tiene un padre como el mío...
Así que, este es un pedido a la comunidad, si alguien sabe el final de Bahía Azul, de Nora Roberts, si puede ser tan amable de compartir la información - hasta que pueda yo conseguir otra copia - se lo voy a agradecer.

10 may 2010

La Fábula de la Perra Gris y la Perra Blanca


El sábado fuimos a la plaza, todos y Magenta.
Magenta no sale mucho durante la semana, quedándose en el jardín, porque yo no tengo tiempo de sobra - si lo tuviera habría muchos mas libros en mi vida - y el resto del plantel no lo hace. Cuando la perra sea mas grande - de edad, porque ya tiene el tamaño de un ternero gris - voy a tener que conseguirle un paseador. Un gasto mas en una interminable lista de gastos... y no voy a seguir por ese camino, por ese camino yace la locura, como dicen en los libros.

Decía yo entonces, plaza, niños, marido, perro... por este camino no yace la locura exactamente, pero admitamos que a veces se le asemeja un poco.

Magenta, con esto de que no sale mucho cuando sale hay que decir que se emociona muchísimo. Al punto de que trata de arrancarme el brazo de cuajo - se esfuerza con ganas la guacha - durante todo el camino, porque no la puedo soltar al principio de la salida ya que es tanta su emoción al verse fuera que cruza la calle - los patios ajenos, las veredas, las puerta, los negocios y a otra gente - sin prestar ningún tipo de atención, y si bien se solucionarían un par de problemas si la pisa un auto, no es esa la idea tampoco.

Llegamos finalmente a la plaza - mi muñeca a medio dislocar - y solté a la perra y a los niños para que jugaran.
Zeke hizo su habitual circuito de tobogán, tobogán, hamacas y "´quí, mamá" para que me sentara con él a jugar en las piedritas - no hay arena en las plazas de Neuquén, al tercer día de viento sólo te queda el pozo.
Rosario es un poco menos predecible y si bien lo suyo suele ser las hamacas y la trepadora, esta vez decidió que quería jugar a las escondidas y lo convenció al padre de que aportara. Henry se quedaba quieto y contaba y yo desde donde estaba sentada entre las piedras la miraba a la Ro correr hasta ubicarse detrás de este o aquel árbol con Magenta pegada a los talones.
Es muy difícil esconderse con un perro que siempre botonea tu posición, corriendo alrededor de tu escondite como un poseso... porque cabe aclarar que Magenta tarda muchísimo en calmarse... si es que alguna vez lo hace.

Mientras nosotros nos dedicábamos a esto, pasaron diferente personas con diferentes perros a los cuales Magenta saludaba, alrededor de los cuales corría un poco y luego volvía para saltarme encima, esperando mimos. Estábamos todos pasando un buen rato. Y ahí fue cuando una chica, vestida de negro elegante, entró a la plaza. A sus pies, sin correa y caminando veloz, una perra blanca tamaño bolsillo, a la que Magenta enseguida le saltó encima, igual a como le había hecho a todos los perros anteriores. El probema fue que a la perra blanca, a diferencia de todos los demás perros, no le hizo nada de gracia la avalancha y retrocedió, mas que sobresaltada.

Yo llamé a Magenta, que obviamente me ignoró olímpicamente, habiendo encontrado algo mucho mas divertido para hacer que escucharme a mí. La chica de negro llamó a su perra, su "¡Gigi!" angustiado resonando en la plaza, pero ya era tarde. La perra de bolsillo, asustada por nuestra bruta gris había echado a correr, y nuestra tarada, fascinada por la joda, le había salido corriendo detrás.
Yo no estaba preocupada, no por nuestro bicho, mal que mal Magenta siempre vuelve, pero se ve que la chica elegante no le tenía tanta fe a su perra, porque sus gritos levantaban un eco en los árboles, completamente ignorada tanto por la aterrorizada perra blanca como por la perra gris pasándoselo bomba, mientras todos los demás mirábamos a los animales correr cada vez mas rápido alrededor del lugar.
Eventualmente, dándole la razón a la falta de fe de su dueña, la perra blanca dejó de correr en círculos y enfiló a todo tren fuera de la plaza, sus patas un borrón sobre el suelo, seguramente en dirección a su casa, y atrás de ella salió corriendo la chica de negro ya no tan elegante.

Magenta las siguió la primera cuadra y después frenó, muerta de risa - porque juro por Dios que esa perra se estaba riendo - y volvió a donde estábamos nosotros parados. Henry, Rosarito y yo - Zeke ni bola - nos quedamos quietos, mirando a la chica de negro correr detrás de su perrita, cada vez mas lejos, hasta que desapareció en el horizonte.
Sin mucho mas que agregar le pusimos la correa a la perra risueña, agarramos a los chicos y nos fuimos a la mierda.

Moraleja, los perros blancos y pequeñitos son unos cagones.