Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

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18 ago 2012

Un Centímetro

No sé si las brujas existen, pero que vuelan de noche, vuelan de noche, decía mi abuela...

Considerando el cuento que escuché, a veces uno haría bien en escuchar a mi abuelita.

La historia, que dicho así parece que no fuera cierta pero lo es, me la contó una de las chicas del laburo, y no, no le pasó a un amigo de un amigo de un amigo, le pasó a la señora que cuida a su hija, por lo que si bien al llegar hasta mí ya es sólo una historia, por lo menos puedo decir que las personas involucradas tienen nombre y apellido, que es más de lo que se puede decir cuando uno habla del amigo de un amigo de un amigo.
Esta señora, que tiene nombre y apellido pero no lo voy a decir, tiene una hija de veintipocos años. Esta hija de veintipocos años tiene un hijo y un novio cama afuera. Esta hija de veintipocos empezó un día con calambres en el estómago. CALAMBRES en el estómago. Así, con todas las letras. Pasó un par de días, pasó varios remedios y eventualmente fue a la guardia, a ver si era apendicitis o alguna de las otras itis que siempre pueden saltar cuando uno menos lo espera.
En la guardia le hicieron estudios, no encontraron nada. La mandaron a su casa con drogas recetadas, que suelen estar un escalafón mas arriba que las que uno toma por su cuenta, y quedó así.

Pasó el día, pasó la noche.
La chica se doblaba de dolor.

A la mañana siguiente la volvieron a llevar a la guardia. Mas estudios, mas cosas, se rascaron las cabezas en conjunto, no encontraron nada.
El novio cama afuera, que había estado con ella el día anterior, pero hoy se había ido a trabajar, llegó corriendo cuando lo llamaron porque la cosa empeoraba. Traía en su celular varios mensajes de texto que había recibido esa mañana, desde un número desconocido donde decían que iban a matar a su novia - lo decían de manera más grosera y con mas signos de exclamación, pero yo voy a dejarlo así.

¿Cómo termina la historia?

El padre de la chica encuentra un sobre lleno de gusanos en el buzón de la casa. Una de las enfermeras de la guardia les dice que por qué no van a ver a un curandero muy conocido que hay en Plottier. Cargan a la chica en el auto y corren hasta allá. Entran al lugar, plena sala de espera, llena de gente, sale el curandero como si los estuviera esperando, les dice que pasen rápido, que la chica está en las últimas. Entran, con el sobre lleno de gusanos en la mano y lo dejan sobre una mesa. El curandero hace algo - no sé qué hace, lo lamento, los detalles de la señora son medio vagos en este punto - y enseguida la chica está mejor.
Según palabras del curandero de Plottier, si hubieran tardado mas, la hija de veintipocos se moría.
Para rematar el asunto con música de fondo, la señora dice que cuando el curandero terminó con todo, el sobre con gusanos estaba vacío, todos habían desaparecido... aún cuando para mí la señora ya estaba mirando lo que quería mirar porque seguro todos los gusanitos se habían caído al piso... no, si alguna gente...

Nunca supieron que tuvo la hija de veintipocos.
Le hicieron algunos estudios mas, pero no saltó nada.
Ninguna enfermedad, ninguna intoxicación, ningún veneno.
Y qué se yo.

No deja de ser curioso todo el asunto, mas allá de que uno crea en esas cosas o no; le crea a las señoras con nombre y apellido que ven gusanitos evaporarse o no; se crea que alguien se tomó una licencia literaria para emprolijar y abrillantar los detalles o no - ella, eh, a mí no me miren, el cuento es así como me lo contaron a mí.


¿Cómo dice? ¿Que por qué le estoy contando todo esto a uste´que es una persona de ciencia y no cree en los gualichos ni en nada que se le parezca?

Bueno, mi niño el menor, hace una semana que está jodido de la barriga. Va y viene la cosa, y se va por el caño en líquido. Vino la doctora, nos dio una dieta y la cosa no mejoró en demasía. La doctora me dijo entonces que le fuera a curar el empacho.
La señora Emilia, de acá a tres cuadras, amablemente se ocupó del tema.
Mi niño y su barriga son felices de vuelta, gracias a una señora y su cinta de medir.

No sé qué decirles.
Las brujas no existen, pero que vuelan de noche, vuelan.

22 jun 2012

A quién Vas a Llamar...


Abriendo otro capítulo de "Cosas Extrañas que suceden en Esta Biblioteca Donde Yo Trabajo", voy a hablar del libro "Graduate Studies 1974-1975", de tapa dura, 24 centímetros de alto y 1354 páginas de ancho. El libro "Graduate Studies 1974-1975" está en el estante de mas abajo de la estantería justo justo enfrente de mi escritorio y no es un libro que uno consideraría literatura ligera, no. De hecho, no es un libro que uno consideraría literatura en absoluto...
Cuando yo me fui a casa el viernes a la noche, el libro estaba muy cómodo y calentito, perfectamente ubicado entre "Which University 1974" y "Directory of Further Education 1975-76". Libros útiles y actuales como cualquiera puede notar - no, Bebilacqua, no se los puede llevar para usar como pesas... No todavía.
Cuando volví el lunes, el libro estaba a medio camino de caerse de la estantería, como si alguien lo hubiera sacado y lo hubiera vuelto a meter a los apurones.
No, no hubo nadie en la biblioteca - en todo el edificio - en el fin de semana.
No, nadie lo estuvo hojeando antes de que yo me fuera - nadie en su sano juicio hojea un libro como ese.
Sí, hay una explicación lógica.
No, no sé cual es.
Pero quería compartirlo con el público en general porque estuve un buen rato mirando el libro suicida, tratando de entender que lo había motivado a asomarse al vacío.
No es lo que uno llamaría un libro ágil, que podría haberse resbalado solo - sí, bueno, estoy tratando, ayúdenme o callensé - así que no sé qué habrá pasado.
Lo volví a empujar para adentro y los días continuaron.

Manteniendo la línea, continuando por la misma senda, contando cuentos de terror los jueves a la noche, el martes pasado llegué al laburo a las 15 30, como hago todos los martes y me puse a conversar con Moni, la chica que limpia por las tardes.
Moni está sola en la casona desde las doce que nos vamos todos hasta las tres y media que llego yo.
Moni a eso de las dos estaba limpiando el pasillo grande del ala oeste, cuando escuchó el click de un interruptor, y cuando fue a mirar, se encontró con que la luz del pasillo del ala este - que lindo decir alas, suena como si fuera una mansión victoriana... de acá a escribir novelas góticas un paso - estaba prendida.
Cuando ella había pasado el trapo de piso, un ratito antes, la luz estaba apagada.
Moni dudó si quedarse y seguir limpiando o ir a sentarse a los escalones de afuera hasta que yo llegara.
Eventualmente apagó la luz - que no se volvió a prender, gracias por preguntar Bebilacqua - y se fue a seguir con el ala oeste... de donde no se movió hasta que yo llegué.

No, sí, ya sé, como dije antes, hay una explicación lógica, los interruptores no se clickan solos - aún cuando todavía estoy tratando de explicar quien prendió la luz del baño aquella mañana el año pasado en que yo llegué y me encontré con todo iluminado cuando la noche anterior yo me había ido y había dejado todo apagado - así que ... bueno, eso, así que.

En un pie de página que converge dos historias recurrentes en este blog, una de las chicas del laburo asegura conocer a Pelu de otro lado y dice que es un excelente chico de sistemas y un tipo honesto. Y que Pelu fue a comentarle un par de veces que está preocupado, porque todos le echan la culpa de los programas que se borran de las computadoras de la sala de computación, cuando él no borra nada.
Considerando que yo le he echado la culpa mas de una vez por programas desaparecidos en acción, no sé cómo tomar esto.
Ël dice que no es. Yo sé que no soy. Nadie mas puede borrar cosas en las máquinas porque sólo él y yo tenemos la clave de programador.
Seguro que Pelu está mintiendo, ¿no?

Este lugar a veces me preocupa un poco.
Pero sólo un poco.
Hasta que no vea algo moviéndose frente a mí, vamos a estar bien...
Por cierto, si hay algo leyendo por sobre mi hombro, esto no es un desafío.

20 sept 2011

La Llave Inquieta


A estas alturas, cualquiera que siga esta blog está mas que familiarizado con las extrañezas que suceden en mi rinconcito del mundo laboral.
Hoy lunes, y porque a quien no le gusta empezar los lunes con historias de fantasmas - o al menos con historias de cosas que seguramente alguien puede explicar de manera lógica, pero esa persona no está en este momento en la habitación por lo que sólo quedo yo para contarles el cuento - voy a ponerlos al día con el último suceso en la ya larga y curiosa lista de sucesos.

En mi biblioteca hay una salida de emergencia que da al jardín de atrás. Pintada del mismo color que la pared, es una linda puerta de seguridad, con un cartelito arriba que avisa que si hay un incendio, ese es el camino a la salvación y un ganchito en la pared a su lado, de donde cuelga la llave que franquea la salvación prometida. La distancia entre mi escritorio y la puerta en cuestión será de nueve metros - a ojo de buen cubero - y yo, por regla general, le doy la espalda.
La semana pasada, María, la chica que limpia, salió por esa puerta a regar.
Al volver, la cerró y me advirtió que iba a volver mas tarde a mover el sapito de lugar, para que no se inundara y nadie nos dijera nada - mi jefa tiene una fea tendencia a decir cosas.

"Dejo la llave en la cerradura para acordarme," me avisó cuando se iba de la biblioteca.

Yo miré ante su aviso - la llave efectivamente en la cerradura - y María se fue.
Continué haciendo lo mío en la computadora, de espaldas a la biblioteca, ya que los jueves a la mañana no hay clases en el instituto, lo que suele significar que no hay nadie para romperme la paz y yo puedo tomarme la vida con mas calma.
Cuarenta minutos mas tarde, María volvió como había prometido. Paré lo que estaba haciendo y la seguí con los ojos hasta la puerta, la miré descolgar la llave del ganchito que hay junto al marco y salir al jardín.
Y ahí fue cuando mi tren de pensamientos descarriló un poco.

¿Por qué la descolgó del ganchito que hay junto al marco si al irse un ratito antes la había dejado en la cerradura?

María volvió a entrar.
"¿No la habías dejado en la cerradura vos a la llave?"
" Sí."
La miré un segundo.
"¿Por qué entonces la descolgaste del ganchito recién cuando llegaste?"
Ella miró la llave, miró el ganchito, me miró a mí y las dos sonreímos nerviosas.

Analizamos el asunto un par de minutos mas, pensamos en si ella había venido antes y la había movido y yo no le había prestado atención, o un elefante rosa pigmeo se había arrastrado por debajo de las mesas y lo había hecho a mis espaldas, pero honestamente, no tenemos ni idea cómo fue que la llave se teletransportó de la cerradura al ganchito.

Sí, yo también estoy esperando a la persona lógica que salió de la habitación para que vuelva y me lo explique, pero se está tomando su tiempo la muy guacha.

11 ago 2011

La Luz al Fondo del Pasillo


Como sé que a todo el mundo le gustan las historias de fantasmas - no, Bebilacqua, no tiene zombies esta historia, fantasmas dije - voy a pasar a relatar los últimos sucesos sucedidos - ¿acontecimientos acontecidos? - en mi lugar de trabajo, que cualquiera que siga este blog con una cierta continuidad, sabe a estas alturas, es un lugar donde cosas raras parecen suceder con mas frecuencia que en otros lugares.

Caso en punta uno, el lunes a la noche yo fui la última en irme del sector nuevo. Es decir, cerré la biblioteca, fui al piso de arriba, chequee las aulas, apagué las luces, bajé, apagué las luces del pasillo y de las aulas en mi camino, las del baño de señoritas y marché para secretaría.
Sí, nada agradable ir dejando un tendal de oscuridad y silencio detrás mío, pero bueno, alguien tiene que hacerlo.
Dos pasos mas adelante iba una de las teachers, que había sido la última en terminar de dar clases y a la que yo había tenido que esperar antes de cerrar todo por esa noche. Es decir que tengo testigos, no estoy acá pretendiendo que crean solamente en mi palabra.
Las dos apuramos el tranco, ya que como dije antes, da una cierta inquietud el darle la espalda a toda esa noche concentrada, y nos apuramos a juntarnos con el resto de la muchachada.
Taza, taza, terminamos de ensillar, salimos todos, la última cerró con llave, puso la alarma con sensor de movimiento y cada uno a su casa.
A la mañana siguiente, llegué, saludé y fui la primera en ir para el lado de la biblioteca. Nadie estuvo en el edificio en toda la noche. Y la luz del baño de señoritas estaba prendida.
Tan tranquila ella, prendida en todo su esplendor, iluminando todo el pasillo gris mañanita.
Volví a la secretaría, hice una encuesta, a ver si quizas alguien había ido antes de que yo llegara o después de que yo apagara todo la noche antes, pero nop. Yo había sido la última en irme y la primera en llegar.
Por lo que no puedo evitar preguntarme...
¿Quién carajo prendió esa luz?
Y no tiene un interruptor flojo, que podría haber saltado solo, no. Es un interruptor a presión. Y estaba presionado en encendido.
No fue algo... feliz de encontrar.
Me tuvo inquieta toda la condenada mañana.
Porque uno puede explicar una silla fuera de lugar - no la ordené antes de irme -, una birome donde no tiene que estar - idem -, las cajas que María dijo que dejó abajo de mi escritorio y amanecieron debajo de la ventana - no, no sé cómo explicar eso, pero seguro que si me un par de meses mas lo explico -, pero ¿la luz prendida sola? No, la verdad que todavía no le encuentro la explicación lógica.
Y no me gusta nada.

Caso en punta dos. Este no me pasó a mí de manera tan marcada como la puñetera luz del baño, pero sí le sucede a alguien a quién tengo en alta estima - ella y sus facultades mentales - así que voy a creerle... además, a estas alturas, ¿quién soy yo para descreer algo en este bendito lugar?
La coordinadora, mas de una vez, ha dejado la carpeta de asistencias cerrada sobre su escritorio, en su oficina cerrada, para volver y encontrarla abierta. La primera vez pensó que había sido ella - sí, a mí también me ha pasado - pero para las dos o tres veces que pasó después, ya no lo cree mas.

Así que ya ven, el fantasma de este lugar está haciendo contacto.
En lo personal, preferiría que dejara de hacerlo.

17 jun 2011

La Ventana en mi Cocina



Llevé a Zeke a dormir anoche.

Como siempre me acosté con él hasta que se durmiera.
Mientras dormitaba, la casa a oscuras, todos los demás habitantes durmiendo, mi imaginación, de la que ya he hablado en este blog, se puso a pelotudear y me trajo a la memoria un capítulo de la Dimensión Desconocida - o podría haber sido de Outer Limits, o cualquiera de esas series unitarias que jodían con lo extraño, no voy a ponerme en exquisita, fue hace años.
En este episodio contactaban al protagonista - que no me acuerdo quien era ni qué hacía ni por qué era que lo contactaban a él en particular - para que fuera a chequear un fenómeno, en donde el ejército había encontrado una ventana a otra dimensión - de eso sí me acuerdo bien.

Sip. Así nomas. Eso es lo que me gustaba de estas series. Nadie te explicaba nada. Las cosas eran, las tomabas o las dejabas.

Decía entonces, una ventana a otra realidad, siguiente escena, llevan en un jeepito al flaco a donde esto sucede. El lugar es en medio de un campo, donde está instalado un campamento, rodeando lo que parece ser un pantalla de cine colgada en el aire, pero que en realidad es la anteriormente mentada ventana al otro lado. Del otro lado puede verse un paisaje idílico, sacado directamente de la Familia Ingalls. Todo verde y floreado, una casa a lo lejos, un árbol cerca de la "ventana", y una mujer bonita con un vestido blanco hamacando a un nene, mientras un perro juega con ellos. En cualquier momento uno juraría que va a aparecer Michael Landon.

El generalisimo - o capitanísimo o lo que sea - le explica a nuestro superfluo protagonista que la gente de ese lado no puede ver a la gente que los observa de este lado, y que han descubierto que si bien hay una membrana entre los dos mundos, con una especie de cañón que armaron - siempre con las armas esta gente - han estado tirando cubitos de hielo contra la cosa y han podido descubrir que de tanto en tanto, lo que sea que separa los dos mundos fluctua, y un cubito logra pasar para el otro lado.
Mientras explica todo esto, un soldadito, que hace rato que está fascinado mirando a la chica del vestido vaporoso, toma una decisión, y antes de que nadie pueda gritar nada, Kowalsky - o como sea que se llame - , corre contra la "ventana" y salta al otro lado, aprovechando el viaje del cubo.

Todos, de los dos lados, nos quedamos duros. La chica baja al chico de la hamaca y los dos lo miran. El perro empieza a ladrar pero ella lo calla.
El ejercito contienen el aliento. ¡Han hecho contacto con otra dimensión!
Oh.
La chica le sonríe al soldadito y se le acerca. Este está fascinado.
Y mientras todos miramos espantados, la flaca pela una dentadura digna de Aliens y antes de que el soldadito pueda rajar, ella y el nene se le tiran arriba y se lo comen.

Sí. Un encanto de imagen para recordar a la una de la mañana.

El ejército se horroriza. El nene termina de manducarse al soldado, se acerca despacio a la pila de cubitos de hielo que se derriten al sol y mira para este lado, tratando de ver algo. Estira la mano, y la ventana al otro mundo parpadea y se cierra.

Los soldados - y el protagonista, que sigo sin saber quien era, y se ve que no era un chabón muy importante porque en mi recuerdo no hacía nada - juntan todo, acá no pasó nada, alguien que llame a la mamá de Kowalsky y le diga que su hijo no va a volver a cenar, y se van a la mierda.
Cuando el ejercito termina de armar todo y raja, te muestran el universo del otro lado, y se puede ver que ahora hay de ese lado una ventana colgada de nuestro mundo, donde se puede ver al ejército marcharse, y junto a la ventana está el nene, con un enorme hueso en la mano, golpeando rítmicamente contra la ventana, esperando para poder cruzar.

Sí, re creepy. Las cosas que yo pienso en la trasnoche...

Y mientras estaba ahí acostada, la casa a oscuras, pensando en ese nene, con todos esos dientes, del otro lado de la realidad, mirando invisible para este lado, tratando de cruzar, los pelos de punta, sintiéndome observada desde todos los puntos oscuros del cuarto de Zeke, escucho un ruido en la cocina.
Todos mis pelos, ya de punta, trataron directamente de escapar.
Me enderezo en la cama y miro por la puerta en dirección a la cocina.
Zeke, medio dormido, me pregunta que pasa.
Shhhh, esperá un minuto.
El ruido en la cocina se intensifica, mas que ruido ya es movimiento.
El gato no es porque está acurrucado a mis pies, y...
- H, ¿sos vos?
Silencio absoluto.
En cualquier momento salta la cosa esa y me come.
Ya estoy por ponerme de pie e ir a enfrentarme con los malos del mundo armada con un patito de madera para arrastrar - bien revoleados pueden ser un arma formidable -, cuando mi marido asoma la cabeza por la puerta,
- ¿Me hablaste?

No le revolée el pato de puro susto porque tengo buenos reflejos, que si no...
¿A quién se le ocurre pasear por la casa a oscuras sin hacer algún sonido de advertencia?
No, si a veces parece que algunos vivieran solos, miraloquetedigo...

22 dic 2010

Explicaciones Lógicas


En una nueva entrega de los misterios de la biblioteca - Bebilacqua, si me va a tomar el pelo se retira de inmediato de la institución - voy a pasar a contarles los últimos dos casos extraños que han sucedido en este benemérito lugar.

Ayer lunes, llegué por la mañana a mi lugar de trabajo, y Vale me puso al tanto de como, estando ella un rato antes conversando con una de las teachers en uno de los pasillos, pudo escuchar pasos acercándose a ellas desde el ala vacía del edificio.
Primero se hizo la pava. Al cabo que si no hay nadie, es poco probable que suenen pasos, ¿no es verdad, damas y caballeros? Pero los pasos continuaron y dice que se le debe haber notado en la cara la impresión que el ruido le estaba causando, porque la teacher con la que estaba hablando le dijo un tanto preocupada, "Yo también los escucho", y acto seguido abandonaron - veloces veloces - el pasillo por áreas mas habitadas del lugar.
Cuando le contaron esto a otra de las teacher, que llegó un poco después, esta, como para agregar verdura al caldero, alegó "bueno, en el estacionamiento atrás hay olor a muerto, así que..."
Después me aclaró a mí que se refería a algo podrido, no tenía por que ser algo muerto per se, pero igual empezar así la semana no fue la mejor de las ideas.

Por cierto, escribir esto en la biblioteca vacía no me está ayudando en nada.

Continuo con el siguiente caso.

La semana pasada, me llamaron desde la secretaría. Dejé mis cosas como estaban, me puse de pie, salí por la puerta y cerré con llave antes de irme... Como cualquiera.
Al volver, encontré sobre mi silla la pinza que uso para desatascar la trituradora. Sobre el asiento de mi silla. Es decir, no estaba ahí cuando me fui. Estoy bastante segura de que me hubiera dado cuenta si esa pinza hubiese estado debajo de mi traste antes de irme - Bebilacqua, otro comentario respecto al tamaño de mi derriere y vamos a tener un problema.
Fue... curioso.

Galileo decía "Todas las verdades son evidentes una vez que han sido descubiertas. Lo difícil es descubrirlas." y estoy completamente de acuerdo con el caballero. Obviamente mis dos casos tienen una explicación lógica y perfectamente razonable. El problema viene a ser que yo no sé cual es esa explicación.

Y para terminar, como un bonus, porque a estas alturas la paranoia me tiene mirando a mi alrededor cada treinta segundos, hará un par de semanas, mientras estaba en la computadora, hubiera jurado - y no, la botella de whisky estaba cerrada - que vi el reflejo de alguien parado atrás mío.
Considerando que una vez una alumna trató de asustarme cuando estaba trabajando y la pesqué porque vi su reflejo en el monitor - a esto estuvo del cachetazo la mocosa - tengo experiencia en ver gente en mi pantalla. Y si bien salté con la misma premura que en aquella memorable ocasión, esta vez no había nadie.

Tengo que decir que me gusta este lugar, pero a veces se pone un tanto peculiar...

11 ago 2010

Tres de Tres



El sábado hice lemon pie.
La idea original eran brownies, pero a hubbie le gusta el limón, yo estaba de buen humor y decidí que lo importante era que hubiera algo dulce y lo divertido era cocinar.

Ja.

Como no quería hacer lemon pie de cajita y como nunca antes hice lemon pie casero hice lo que hago siempre frente a este tipo de situaciones. Me senté frente a la compu y le pedí ayuda a San Google. Este, por supuesto, cumplió, y así fue como, asimilando dos recetas, conseguí algo que se ajustaba a mis planes y mis propósitos.

Empecé por la masa. Una masa bastante simple. Mezclé la harina, el azúcar, la manteca y los huevos. Amasé, estiré, enmantequé y enhariné - no, mentira, rocié con spray Mazzola - y obedeciendo las instrucciones, la coloqué muy bonita en el fondo de una tartera.
Aquí fue donde sucedió el primero de los imprevistos.
Quince minutos después la masa estaba doradita, preciosa, fragante... E hinchada por sobre el borde de la tartera, lo que la convertía mas bien en una torta chatita, una enorme galleta, un delgado bizcocho, y para nada en una base para tarta...
No dejé que esto me alterara mas allá del primer "pero... y ahora?", porque yo soy una mujer práctica a la que los imprevistos no la asustan. Di vuelta un molde de torta sobre la tartera, recorté los sobrantes, la enderecé, la ajusté a su nuevo espacio y repartí los pedazos de torta extra fina por la casa como si fueran galletitas.
Realmente estaba muy rica.

Una vez solucionada esta crisis pasé al relleno. Esto me tenía un poco mas ansiosa, las masas, proporción mas, tartera menos, son todas iguales y he hecho bastantes. Sin amedrentarme entonces, las probabilidades de algo saliendo mal ya cubiertas, puse manos a a la obra. Yemas, jugo de limón, agua, azúcar y maicena. Todo al bol. Todo al baño maría - para quien no sepa de cocina, esto es, adentro de una olla con agua sobre el fuego.
Según los que saben de estas cosas, al menjunje le toma entre 7 y 10 minutos cuajar y convertirse en una crema espesa.
Aquí fue donde sucedió el segundo de los imprevistos.
Porque la crema no cuajó entre los 7 y los 10 minutos. Ni en los minutos que siguieron a estos.
Empecé revolviéndola, preocupándome de que el huevo se cocinara y todo se arruinara... Pero nop, nada sucedía, ya fuera que la revolviera o no, la cosa se mantenía obstinadamente líquida.
Eventualmente la dejé tranquila, me fui a hacer otras cosas, continué con mi vida, leí un libro, jugué con los chicos, y ella flotando tranquila en su baño maría, pensando sabe Dios en lo que sea que piensen las cremas de limón que no cuajan.
Le tomó hora y media cuajar.
Por reloj.
Mi madre se sorprendió muchísimo cuando se lo comenté.
Las leyes de la física parecen no funcionar en mi cocina.

A esas alturas ya era de noche y nosotros nos teníamos que ir a comer afuera, por lo que dejé que se enfriara un poco, la eché sobre la masa y metí todo en la heladera. El merengue iba a tener que esperar hasta el día siguiente.

El domingo a la tarde retomé el lemon pie - ya mirándolo con cierto recelo - como para tener algo rico para el té. Pese a los curiosos imprevistos, el asunto a medio terminar se veía bien, por lo que sólo me faltaba hacerle el merengue suizo y estábamos.
El merengue suizo, para el que no sabe, se hace batiendo las claras a baño maría, como para que se cocinen un poco, lo que las hace mas firmes.
Sé hacer merengue suizo.
He hecho merengue suizo anteriormente.
Me encanta como queda el merengue suizo.
Por lo que cuando sucedió el tercer imprevisto, realmente no lo vi venir.
Cuandoel chisme tenía que quedar cremoso me di cuenta de que no estaba sucediendo lo que tenía que suceder. El huevo se había inflado, el azúcar se había derretido, todo estaba como tenía que suceder... pero la consistencia no era la correcta. Después de un rato de batir me di cuenta finalmente de lo que había pasado. El estúpido huevo se había cocinado antes de tiempo, y lo que yo tenía era una enorme omelette blanca con azúcar.
Una porquería, vamos...

Tiré todo el asunto, respiré hondo, me rehusé a pensar en males de ojo ni en nada sobrenatural, busqué mas huevos y lo intenté de nuevo - entre las puteadas de los chicos que trataban de ver televisión mientras la maníaca de su madre le gritaba a la batidora.
Esta vez sí, el merengue aceptó su destino, brilló orondo en su olla, lo pasé sobre el resto de la tarta y el lemon pie, después de dos días, quedó hecho.

Henry dijo que estaba muy bueno, yo la verdad recién pude probarlo hoy, porque a esas alturas le tenía un veneno a la cosa esa que si la probaba me iba a caer mal...

4 ago 2010

Prejuicio


Hace un tiempo ya se hizo socio de la biblioteca un hombre joven, rubio, bastante pintón, con un acento al hablar que lo deschavaba como europeo del este a mas de 20 pasos.
Se llamaba de nombre Alexander y el apellido se los debo.
Era estudiante del curso de adultos de los martes y jueves, pasaba cada tanto, y una tarde se llevó una novela y no volvió mas.
Dejé pasar un tiempo y finalmente llamé al número de celular que tenía, para descubrir que estaba desconectado. Me resigné a la pérdida del libro - los bibliotecarios tenemos que aceptar que a veces hay que dejarlos ir - y la vida continuó.

El mundo giró, y volvió a girar, como decía Galadriel, y esta mañana entró a la biblioteca un hombre joven, rubio, bastante pintón, con un acento al hablar que lo deschavaba como europeo del este a mas de 20 pasos y yo pensé "¡Alexander de regreso!"

"Hola, como andás," feliz de la vida, lista para recuperar mi libro.
"Hola, " contestó él, medio envarado, su español correcto y a la vez fuera de foco, "¿Quería saber como hacer para hacerme socio?"
Parpadee, un tanto descolocada,
"¿Vos no eras socio ya?"
El me devolvió la mirada, un tanto descolocado también,
"No."
Pensé por un momento que se estaba haciendo el pelma para no tener que admitir que mi libro había cruzado la frontera y pedido asilo político a otro gobierno,
"Decime tu apellido," insistí, como si hubiese podido hacerse socio accidentalmente, sin su propio conocimiento.
"Alfaro," contestó, para darme el gusto, pensando probablemente y con toda razón, que, si yo soy ejemplo, el argentino promedio debe tener un problema mental importante.
Yo, sin querer dar el brazo a torcer, aún cuando Alfaro no me sonaba de nada, busqué entre las fichas, llegando finalmente a la conclusión de que el chico debía tener razón, no era Alexander disfrazado y su membresía accidental sólo estaba en mi cabeza.

"No, " dijo con mi mejor cara de oops. "Te debo haber confundido con alguien mas," y acto seguido, tratando de volver la cuestión a sus cauces normales, procedí a darle las instrucciones pertinentes para cualquiera que quiera pasar a formar parte de nuestra augusta institución.
Llenó la ficha - su nombre es Olviz -, me sonrió tentativo cuando me pasó la plata, confiando en que los nativos, pese a sus obvios problemas, fueran inofensivos, y se fue a chusmear entre las estanterías.

Yo revisé la ficha antes de guardarla y ahí fue cuando... bueno, me cayó la ficha.
En Lugar de Nacimiento había puesto San Petersburgo, Rusia.
Alexander Ausente también era ruso.
Es obvio.
No sé ustedes, pero para mí los rusos son todos iguales.

9 jul 2010

El Hombre que No Estaba Ahí


He recibido sugerencias de amistad de todo tipo de gente en el facebook. Supongo que a todos nos ha pasado.

Un negro enorme y con cara de libidinoso en busca de "citas" - que no me alcanzaron las manos para borrar.
Un pibe que trabajaba en reconstrucción de cementerios en busca de "contactos" - y este insistió un par de veces, no sé cara de qué me vio.
Una chica tratando de llegar a un ex novio a través mío.
Un par de turcos - de Turquía, no simplemente de apelativo, sus muros estaban escritos en turco - que no sé que estaban buscando porque... bueno... no sé si saben, pero yo turco no leo.
Y así. Podría seguir un rato enumerando, pero no viene al caso.

Al caso viene que es la primera vez que alguien me propone ser su amigo... y no existe.

Abro mi casilla de correos y me avisa que Fulano de Tal - mi abuela me enseñó que se dice el pecado pero no el pecador - quiere ser mi amigo.
Como yo a Fulano de Tal no lo conozco - pero considerando la cantidad de gente nueva que he conocido en estos últimos meses a través de nicks - abrí el mail para ver su foto, a ver si me daba alguna pista.
La foto es de un chico mirando a la cámara, en blanco y negro. Nada nuevo ahí tampoco, mucha gente con hijos pone a los críos en su foto de perfil.
¿Qué hago entonces? Lo que haría cualquiera. Voy al facebook, página de inicio, el apartado donde te tiran las sugerencias y demás huevadas, y una vez allí me encuentro con que nop, nadie ha requerido mi amistad en los últimos días.

Como la gente tiene derecho a cambiar de opinión y no necesariamente tiene que querer sí o sí pasar a formar parte del elenco estable, no me hizo mucha mella. Al cabo que estoy mas que conforme con el elenco y no estoy buscando reemplazos. Pero la curiosidad me pudo - a quién no - y puse su nombre y apellido en Buscar.
27 personas aparecieron, compartiendo el apellido o similar.
Ninguna de ellas era la que había aparecido en mi casilla.
Chequée a ver si lo había escrito bien, quité el nombre y puse sólo el apellido, ajusté mis parámetros e hice doble click.
Las 27 se decantaron en 25, cambiando una cara o dos, pero de ellas ninguna era la de mi Fulano de Tal.
¿Soy yo o es esto algo curioso? Porque era un nombre con apellido y foto. Hacer un perfil con nombre y apellido no toma mucho, pero ponerle una foto implica un cierto interés.

Quizás sea el mismo que mueve cajas en mi biblioteca cuando no hay nadie y guarda las guías adentro cuando la Cultu está vacía y la alarma está puesta que está tratando de hacer contacto.

5 may 2010

Muppets y Palitos


Hace unos años ya - muchos - cuando todavía viajar en tren no era una aventura de proporciones épicas en las cuales podías dejarte la vida, me acuerdo que viajamos en familia rumbo a Miramar.

Debía ser cerca de las 5 de la tarde, y yo, en los principios de mi adolescencia, recuerdo que mareada había bajado mi libro - yo me mareo muy muy fácil... no pude terminar nunca de ver The Blair Witch Project no por el miedo si no por la nausea que me dio tanto movimiento de cámara - y aburrida miraba mis alrededores en busca de distracción.
En el asiento delante nuestro, no dándonos el frente, si no la espalda, había dos señoras. Desde donde yo estaba medio acurrucada podía ver la parte de arriba de sus cabezas, una castaña, la otra blanca, y después de un rato de escucharlas conversar pude inferir que eran madre muy mayor, hija de mediana edad, y que estaban volviendo a casa después de haber pasado unos días en Buenos Aires con nietos/sobrinos.

Despacio me empecé a amodorrar - chucu chucu chucu chucu -, y entrecerrando los ojos dejé de prestar atención al mundo circundante, hasta que la conversación de adelante reclamó mi atención, cuando Cabeza Castaña dijo algo, Cabeza Blanca no contestó y CC empezó a insistir.
- Mamá.
La vieja ni pío.
- ¡Mamá!
Cero al As.
- ¡Mamá!
Y yo me desvelé.

Desde mi lugar pude ver la coronilla de la cabeza castaña inclinarse, levantarse y empezar a sacudir a la otra coronilla, manteniéndo una letanía de "mamás" en sostenido crecendo. Desde mi asiento la cabeza blanca se sacudía de lado a lado, haciéndome recordar por alguna razón a los Muppets, y pude sentir una risa un tanto histérica cosquillearme la garganta.

Listo, se pudrió todo, pensé. Se murió la vieja y hasta acá llegó el viaje.
-¡Mamá!- insistía la señora, casi a los gritos, llamando la atención de todo el vagón.

Mi mente se llenó de imágenes en las cuales paraban el tren, me llamaban de testigo, no llegábamos nunca a Miramar y mis vacaciones quedaban totalmente arruinadas por una señora que no había tenido la decencia de esperar a llegar a su casa para dar el último adiós.

Pero luego, oh milagro, la vieja tosió, se sacó de encima a Cabeza Castaña y la escuché renegar con algo tipo,
- Estaba durmiendo, Estela, ¿estás bien? ¿Por qué me despertás? ¿Ya llegamos?

Y su hija, Estela supongo, aunque podría haber sido otra persona, yo en la señora de la cabeza blanca no hubiera confiado mucho, en vez de putearla de arriba a abajo como yo hubiera hecho, contestó que no, que todavía faltaba, que todo estaba bien, y el viaje continuó sin mas contratiempos.

Cuando venía caminando para el laburo, a eso de las tres y media, crucé la plaza, y en uno de los bancos había un señor de mediana edad, cuarenta largos, quizás mas, medio sentado, medio caído, con un brazo cruzado sobre el respaldo, enganchado en uno de los travesaños de madera, como sostenido o colgado, y el otro apoyado sobre la falda. Tenía los ojos cerrados y la cabeza caída hacia adelante, en clara actitud de "o está muerto o está profundamente dormido".

En seguida pensé en la señora de la cabeza blanca y en su hija Estela.

Dudé un momento. Tal vez acercarme y ... no sé, llamarle la atención... pincharlo con un palito... algo...
Pero después cambié de opinión y continué mi camino sin mas, porque, pensé, ¿qué hago si se mueve y me mira? ¿Eh? ¿Qué le digo? ¿Perdone que lo esté pinchando con este palito pero no estaba segura de si respiraba?

O mucho peor aún.

¿Qué hago si no?

25 mar 2010

El Pan y la Leche


Al tiempo de empezar a trabajar en este lugar, empecé a desayunar también acá. Una taza de té bien dulce. Por ende empecé a traer galletitas y/o similar para hacerle compañía. Una vez que me organicé bien, decidí que las galletitas no me resultaban, así que empecé a migrar de panadería en panadería, buscando algo que combinara con mi tacita de té.

A mí el té desde siempre me gustó tomarlo con algo de pan o en la onda salada, por lo menos, so eventualmente mi búsqueda terminó cuando encontré que, en una panadería muy conocida, hacían unos pancitos caseritos que eran una gloria.
Tan buenos eran que mas de una vez tuve que hacer cola y para cuando llegaba hasta el mostrador ya se habían acabado - una vez, ah, furia de las furias, el hombre que estaba adelanto mío se llevó cinco pesos, y con esos cinco pesos limpió la bandeja.
Eran realmente muy ricos. Y como soy un animal de costumbres, una vez que encontré la veta, la mantuve... salvando las excepciones en que no había caseritos - muy frustrante hacer la cola para nada - y llevaba bizcochitos o cuernitos, que también estaban muy bien.

La tradición me duró un tiempo, hasta que una mañana llegué y Angela - la mujer del dueño - me confesó que iban a cerrar, porque el dueño del local iba a vender el terreno para construir un edificio - algo que está muy de moda en esta ciudad.
Me quedé helada. Y mis caseritos? Yo soy una gran amante de las rutinas, me gusta saber que las cosas van a ser como tienen que ser, qué íbamos a hacer?! Pero bueno, una se resigna a todo, cerró la panadería - Dolce Express se llamaba - y empecé una nueva búsqueda, tratando de encontrar el reemplazo perfecto.

Finalmente, recaí en otra panadería muy conocida de la zona - Tentaciones - , con muy buen chipah, bizcochitos hojaldrados decentes, un precio razonable y la señora del mostrador, a fuerza de verme todos los días, si los 100 gramos eran 140 quien estaba mirando.
Así que ahí estaba yo, lista para empezar una nueva tradición, cuando llegué esta mañana y me la encontré cerrada, con un precioso cartel naranja que indicaba que la DGI lo había clausurado. Y mis bizcochitos?!

Arrastrándo los pies fui hasta la nueva panadería, Tiempo de Dulzura, compré bizcochitos - nadie me regaló ningún bizcochito extra - y llegué al laburo, donde conté mi penar.
Vale se rió de mis pesares, me indicó sin preámbulos que soy yeta - cosa que yo ya había empezado a sospechar - y me prohibió directamente que volviera a Tiempo de Dulzura, que es donde compra ella, y no quiere que se la cierren, muchísimas gracias.

Y la búsqueda comienza una vez mas... Lo que sí, me da un poco de miedo cagarle el boliche a algún pobre panadero despistado, pero que va a hacer, una chica tiene que tener sus rutinas.

12 mar 2010

Y Van...


Agregando leña al fuego, y porque no me gusta sentirme confundida sola, voy a continuar con los cuentos de curiosidades que suceden en este lugar:

Antes de las vacaciones me dieron una pila alta así de certificados para sellar.
Saqué mi caja de zapatos reciclada con los implementos pertinentes al caso - lease dos sellos, una almohadilla y una botellita de tinta negra, nadie vaya a pensar en términos muy grandilocuentes - y me preparé para empezar. Pero la botellita de tinta negra no estaba. Sin pensar mucho en el tema me fui a preguntar quien de las chicas de secretaría se había llevado mi botellita. Nadie tenía ni idea. Siendo como soy una mina distraída - aun cuando la botellita siempre la pongo en la caja porque si no mi vida puede llegar a teñirse de negro en segundos - lo achaqué a mi natural despiste, revisé todo mi escritorio y eventualmente conseguí una botellita nueva.
Una vez terminado el sellado de los certificados, guardé la botellita, el sello y la almohadilla de vuelta en su caja, y todo los chismes volvieron al fondo de mi escritorio.
Esto fue en diciembre.
La Cultu cerró en enero y en febrero me encargaron sellar otra parva mas de certificados.
Saqué nuevamente mi caja de zapatos con los implementos del fondo del escritorio y cual sería mi sorpresa al encontrar, junto a la nueva botellita de tinta negra, a la vieja botellita de tinta negra, desaparecida en acción el pasado diciembre.
... Yo soy desbolada, pero estoy segura de que hubiera notado que la botellita estaba si hubiera guardado la nueva junto a ella. Y nadie admite haber entrado a la biblioteca en todo el verano.

Un martes a la mañana, entré a la biblio y junto a mi escritorio, debajo de los ventanales, me encontré una caja llena de papeles para romper. La caja no había estado ahí cuando me fui al noche anterior.
Fui a preguntarle a las chicas si alguna me había dejado algo y las dos lo negaron.
La chica de la limpieza, cuando le pregunté si sabía algo, miró la caja y me contestó,
"¿Esa no es la que te traje yo ayer?"
"No sé, ¿es?" porque yo no había visto ninguna caja el día anterior.
María la miró de cerca,
"Sí, es esa. Pero... " giró y me señaló el hueco debajo de mi escritorio "Yo te la dejé ahí" lo cual explicaba porque yo no la había visto al salir la noche anterior y cerrar todo, pero no explica como fue que emigró desde debajo de mi escritorio hasta debajo de los ventanales en el espacio de 12 horas en una habitación vacía.

Y la semana pasada entré y el lugar apestaba a Raid.
Que en sí no quiere decir nada, pero mi viejo me dijo que en vez de preocuparme por los movimiento inexplicables empezara a preocuparme si había olores inexplicables. Yo asumí que hablaba de olor a flores y cosas así, como suelen contar en las novelas, pero supongo que olor a veneno también debe contar.

Ahora bien, marido, esceptico por naturaleza, dice que todo debe tener una explicación. Obviamente yo concuerdo con él, el problema de todo esto es que yo no tengo ni idea cual es esa explicación. Y seguimos sumando.

8 feb 2010

A Veces Se Hace Largo...


Ayer a la tarde leí un cuento - leí varios, bah, un sólo cuento a mi no me llena, soy glotona - pero el que nos compete se llama The Corsage y no me acuerdo de quien es porque no lo tengo a mano como para aclararlo, pero doppo hago un adendum.
El cuento cuenta - mal cuento sería si no contara algo - la historia de una chica, enamorada de un chico - cómo la mayoría de las chicas - que se agencia un corsage al que le pusieron una maldición - el del título, por si no habían caido - que concede tres deseos a su porteador. Obviamente, siendo como es una maldición y no Robin Williams pintado de azul encerrado en una lámpara, las cosas no salen como uno quisiera y cuando ella desea que él la invite al baile, el flaco va y se mata al caerse de la torre de agua, donde estaba escribiéndole un graffiti. Hasta ahí triste, pero así es la vida. El cuento continúa, pasan un par de semanas y la noche del baile, Frankie - que así se llamaba la pava alrededor de la cual gira toda esta historia - llena de desconsuelo, desea, contra toda advertencia, que el pibe vuelva a la vida. Sentada en el suelo de su casa, sola y a oscuras - porque es un cuento de terror, obvio que va a estar sola y a oscuras - la chica escucha que algo llega hasta la casa medio cojeando, medio arrastrándose. Recién ahí cae en la cuenta de que el pibe se había hecho percha al caer de la torre de agua y no sólo eso, si no que ha estado enterrado mas de dos semanas y eso no puede ser bueno para una anatomía. El cuento termina con el chico tratando de entrar a la casa, disculpándose por haber tardado tanto, disculpándose por estar dejando todo hecho una pena, pero que algo no está del todo bien, y si no tendría un trapo, mientras Frankie desde adentro escucha aterrada como se mueve por el porche, haciendo toda una serie de sonidos húmedos y repulsivos, luchando por encontrar una manera de llegar hasta ella, todo el tiempo diciendo lo bien que la van a pasar en el baile ahora que él volvió. El último deseo de la mina es que él desaparezca.
El cuento en sí no me impresionó mucho - aun cuando está bien logrado el detalle de que la escritora nunca te muestra al chico hecho pelota, sólo las impresiones de él que tiene ella desde adentro - y continué con mi día y mi noche tan tranquila.
Por supuesto, porque cual sería el punto de esto ni no hubiera algo mas, para la trasnoche, por algunar razón, la imagen de la chica sola en su casa, con el pibe tratando de entrar, me empezó a llegar.
Serían las 5 cuando Zeke me despertó pasándose a mi cama - se viene con almohada y tigre y es difícil hacerle lugar a todo el séquito -, y las 6 cuando lo llevé - con almohada y tigre - a la suya. Estaba yo sentada haciéndolo dormir - porque mi alma se había desvelado, el muy turro, como si supiera que era lunes - cuando escuché alguien murmurando en el pasillo. Me quedé mirando hacia allá, esperando que apareciera la Rorro, puteando bajito porque ahora sí que yo no me iba a poder volver a dormir. Pero nadie apareció y yo seguí con el enano, que me miraba con los ojitos brillantes en la semipenumbra. Al rato - porque estuvimos un rato - escucho un lloriqueo en el pasillo y ya cansada levanté la voz y le dije a la Ro que estaba con Zeke, que viniera de una vez. Pero la Ro no apareció y dejándo al cachorro mirando el techo fui a buscarla, para encontrármela metida en su cama perfectamente dormida.
... No fue uno de mis mejores momentos, no.
Asumo que los ruidos los hizo la Rorro - que no sería la primera vez que habla dormida - y por milagro de la acústica sonaron en el pasillo justo junto a la puerta del cuarto de Zeke, pero aún así, después de Frankie y su corsage, las 6AM se me hicieron claustrofóbicas.
Me fijé que Zeke estuviera dormido y me metí en mi cama donde me tapé hasta arriba. Para cuando quince minutos después Zeke se apersonó otra vez en mi cuarto, abrazado a su almohada y a su tigre, les hice un lugar y a la merda.
Entre el crío, la almohada, el tigre, el susurro, el lloriqueo, Frankie y la madre que los re parió a todos se me hizo larguísimo hasta que sono el despertador.

24 dic 2009

Pero Que Vuelan, Vuelan


Ayer entré a la Cultu y la ventana grande junto a la biblio estaba abierta. Considerando que yo la había cerrado la noche anterior antes de irme - siempre lo hago, ya una vez me retaron un olvido porque parece ser que una ventana abierta invita a que entren gatos/ratones/murcielagos/ninjas y cualquiera de estos (el ninja quizás no) haría sonar la alarma - asumí que María, la chica que limpia, había llegado antes que yo y la había abierto. Descarté la posibilidad de que se hubiera abierto sola porque la cosa tiene una traba bastante segura, y si en el momento la cerrás mal, se te cae en la nariz, asi que no hay forma de equivocarse.
Pero cuando pregunté María no había llegado todavía y ninguna de las chicas de secretaría tenían idea de quien había movido la ventana.
Esta historia, que en sí misma no lleva a nada mas que a un "debo haberla cerrado mal", si uno la suma a las demás cosas que de a poco se van juntando, es... bueno, incómoda.
Cosas como la noche en que cerrando la puerta de la biblio escuché como en una de las aulas se cerraba una de las ventanas - se juntaba la hoja y se corría el pasador, no solamente se golpeaba por culpa del viento - y el aula estaba vacía. Tengo testigos. Pato que estaba haciendo algo del otro lado también lo escuchó, porque una es imaginativa, pero mi imaginación todavía no se desborda sobre inconcientes ajenos.
O el cuento de las guías de teléfono, que cuando volvimos de las vacaciones estaban adentro de la Cultu - detrás de la puerta cerrada con llave - y apiladas una arriba de la otra en el suelo. Considerando que sólo hay dos personas que tienen llave y que las dos niegan de manera vehemente el haberlo hecho, es toda una proeza para las dos guías el haber cruzado la puerta sin activar la alarma - deben ser ninjas - y haberse apilado muy cómodas a esperar el comienzo del año lectivo. La lógica indica que una de las dos personas miente, pero viendo y considerando que no hay motivo para que mientan - cualquiera de las dos tiene razones válidas para haber estado en la Cultu en pleno enero - todo el asunto es curioso.
Y para terminar no hay que olvidar la vez que María abriendo la puerta de entrada una mañana le pareció ver a través del vidrio un reflejo blanco que se iba por el pasillo. La chica pobre prefirió quedarse afuera y esperar a que alguna de nosotras llegara para hacerle el aguante.
... No es que uno crea en fantasmas... Pero la ventana seguimos sin saber quien la abrió...
Por lo pronto, si en la Cultu hay espíritus y su único interés son las ventanas y las guías, supongo que estamos bien. Pero en el momento en que los libros empiecen a moverse sólos me fui a la mierda.

14 dic 2009

Pajaros Volados


Llegó hubbie el otro lunes, revirado porque su secretaria quería tomarse las vacaciones desde el 25 de enero hasta el 8 de febrero. El problema, por supuesto, no era ese, al cabo que para esos días él ya va a estar de vuelta y no sería la primera - ni la última vez - que tiene que quedarse a cargo de todo el bendito lugar. El problema, como todos los problemas en este ámbito, era que el escribano - viejo y peludo - no estaba de acuerdo.
"Escribano, Anto quiere tomarse las vacaciones desde el 25 de enero hasta el 8 de febrero."
"¿Cómo va a hacer eso? Si yo me quiero ir, qué... " y la mar en coche, y los precios del café en Estambul, y en mis tiempos, y la vida como la conocemos, y no tendrá un polvoron, " y si usted quiere quédese usted," después de lo cual dio media vuelta y se fue dejando a Henry sin haber entendido mucho y pensando que merda le iba a decir a Anto sobre todo el asunto.
Paseó por el living de casa de ida y de vuelta, esquivando a Zeke que jugaba a los autitos en la alfombra e ignorando los gritos de Ro que le tapaba la televisión.
"Porque Anto quiere irse con los amigos de vacaciones, que se van esos días. Cosa que me parece muy bien. Son sus vacaciones. Y si yo puedo darle los días esos, ¿por qué le voy a decir que se vaya en marzo?"
Mi alma poco caritatíva, recordando todas esas vacaciones perdidas por tener que trabajar, contestó mientras servía la mesa,
"Y si tiene que laburar que labure."
El mío marito, que en el fondo tiene un lado softie, continuó,
"Pero es que no es justo. Además no sé si el viejo me entendió. Para mí que no me escucha."
"Explicáselo entonces," mientras me sentaba a comer, llamaba a la troupe y esperaba que terminara con su paseo y se apropinguara a la mesa.
"Pero ¿y si se encula y decide que yo no me puedo ir?" cosa ante la que hice una mueca, después de todo el escriba escribanus es muy conocido por sus tendencias impredecibles y yo no me iba a quedar sin mis vacaciones sólo porque a Henry se le dio por andar de administrador andante.
"No se lo expliques entonces"
Admito que yo a veces no soy de mucha ayuda.
Con una mueca se sentó a la mesa, Rosarito seguía viendo los dibus pese a todas mis exhortaciones.
"Además," continuó, "no sé por qué carajo hace tanto escándalo. Si él quiere irse que se vaya, no es como que nunca me deja solo" y yo pensé en la cantidad de veces que el buen hombre se ha ido al joraca y lo ha dejado a cargo del circo por meses enteros. Venirse a quejar ahora, el caradurismo de algunos. Continué con las milanesas y volví a gritarle a la Ro para que viniera a la mesa, y dejara a la caja boba de una vez.
"Decile entonces a Anto que se vaya y listo, y arreglalo con el escribano despues"
"Sí, y así es como yo siempre me tengo que pelear con el viejo," atacó la milanesa con la botella de limón "Podría decirle a Anto que fuera directamente a hablar con él..." soñó por un momento, la botella en alto, pero lo cortó por lo sano. Hacer eso te pone al nivel de esos que patean cachorritos.
El tema continuó por un rato, a través de Rosarito y el exceso de ketchup, a través del zapping de las noticias, a través de levantar la mesa y limpiar la cocina, hasta finalmente terminar en un impasse.
"No sé. Voy a esperar un poco y cuando se calme, ver de sacar el tema otra vez." el asunto quedó ahí.
Me llama el jueves siguiente desde la escribanía,
"Hablé con el escribano por las vacaciones de Anto. Una vez que le expliqué, me dijo que no había problemas."
"Qué le dijiste al final?"
"Le dije que yo había hablado muy seriamente con Anto y que ella finalmente había estado de acuerdo con tomarse las vacaciones del 25 de enero al 8 de febrero."
Hubo un silencio de mi parte.
"Pero eso no era...?"
"Sí."
No, si el viejo está gagá.

30 nov 2009

Expediciones a los Hielos...


Hicimos el sábado asado en casa.
Aprovechamos que estaba lindo - aun cuando después se levantó viento y tuvimos que comer adentro - y Henry puso carne a la parrilla. Quedó realmente muy rica - pese a la falta de fé de la muchachada, poco acostumbrada a que mi hubbie cocine.
Pero el tema no es el asado ni la comida, ni que nos divertimos mucho - en un momento me fui a acostar a Rorro y cuando volví se habían sacado todos los zapatos y estaban comparando pies... si eso no es amistad, no sé... El tema es que sobró muchísima carne sin cocinar y a mí no me quedó otra que meterla en el freezer.
Ahora, el freezer. Yo tengo una relación curiosa con mi freezer. Como cualquier mujer moderna, sé que todo lo que uno no consume ahora lo manda al freezer para ser consumido mas adelante. Carne, al freezer. Pastas, al freezer. Pan, verduras, comida de ayer, pum, tupper, freezer. Todos concordamos en que el hielo es el mejor amigo de una mina que labura.
El tema conmigo es que congelo, pero, alas, nunca descongelo. Entrar a mi congelador es una sentencia a entrar a la historia. Estoy segura de que perdido en algún rincon debe haber un hombre de las cavernas, de esos que siempre están encontrando en los Himalayas. Tengo una Sibarita en el estante de arriba que estoy segura de que ya está por cumplir dos años, lo mismo una lasagna de Matarazzo, que si no tiene la misma edad, pega en el poste. Una espinaca que no sé si es de este año y montones indistintos de carne a la que tengo miedo de mirarles la fecha. Hace poco tiré un roast beef que había pasado su fecha de vencimiento congelado hacía por lo menos seis meses.
Pero lo que realmente me hizo darme que tengo un problema - bienvenida a Congeladores Anónimos, al fondo está el café, ¿querés un sanguchito? - fue el pernil que sobró del bautismo de la Ro. Que fue en el 2006. Y el pernil, amarillo, deshauciado, mal predispuesto, congelado, recién volvió a ver la luz del día - brevemente, en un glorioso arco hasta el tacho de la basura - a fines del 2008.
Es por eso que, cuando el domingo a la noche envolví toda esa carne rosa en papel film y la puse en el estante, entre la bolsa de espinaca y algo envuelto en amarillo, fue con una triste sensación de finalidad.
Sinceramente dudo que nadie vuelva a verla nunca.

28 oct 2009

Fuerzas de la Naturaleza


Rosarito tiene en la cabeza dos remolinos. Como si uno no fuera suficiente, mi niña siempre contrera, tiene que dar la nota y tener dos. Lo cual, por supuesto, hace que sea terriblemente difícil de peinar. Sobretodo en estos días, porque hasta ayer que tenía el pelo corto, yo lo cepillaba, la mandaba al colegio y si te he visto no me acuerdo. Ahora que lo tiene largo - porque ella quiere, está cruzada que lo quiere largo como su mamá - tengo que mandarla al colegio peinada como Dios - y las reglas normativas - mandan.
Eso lleva a que en los últimos minutos de la mañana, cuando ya finalmente tomó el Nesquick y se terminó de vestir - que lleva muchísimo tiempo - , la siente frente a mí y al ritmo de sus gritos y mis advertencias - "Quedate quieta, Ro" "Me duele" "Bueno, el sábado vamos a cortártelo" "No!" "Entonces no te muevas!" "Es que me duele muchísimo!" y así... - yo trate de hacerle un peinado decente.
El tema es, que no importa cuanto me esfuerce yo y cuanto la torture a ella, no importa que tan bonitas se vean las trenzas desde el frente o que tan resistente sean, si la mirás de atrás, merced al tema de los dos remolinos, la raya siempre es una S que agarra buena parte del pelo para la trenza derecha de la mitad izquiera y buena parte del pelo para la trenza izquierda de la mitad derecha.
Es una lucha perdida. La gente de ese colegio debe pensar que yo tengo algún tipo de problema psicológico. -

14 oct 2009

Martes como Lunes


El lunes que viajabamos de vuelta - feliz día de la Raza para todos aquellos que piensan que Colón hizo bien y también para todos aquellos que piensan que Colón tendría que haber dado la vuelta por otro lado y dejarnos sin descubrir, muchísimas gracias - fue el único día en que Zeke durmió hasta tarde. Tipo jodido. Considerando que nosotros somos de esos que cuando se levantan se van - para qué dilatar el momento, es mejor llegar temprano a casa y tener el resto del día para acomodarse - verlo estirarse hasta casi las 9 cuando los otros días a las 7 30 ya estaba reclamando su lugar en el mundo fue un poema de sentimientos encontrados.
Yo me desperté a las 8 20, merced a unos vecinos cargando su auto y haciendo ruido por los cuatro costados. Me pregunto si serían los mismo de la fiesta del sábado. Hay gente que, no hay vuelta que darle, nació para gratinar los nervios de los demás.
Pero bueno, finalmente todos nos levantamos, desayuno mediante, carga de bolsos y partimos. No puedo evitar comentar lo molesto que me resulta el hecho de que una vez que uno sale de San Martín el cielo se despeja - magia magia magia - y uno termina viajando con el sol en la frente todo el freaking camino. Es como si la ciudad tuviera una gloriosa nube propia, llena de nieve y agua, mientras que Neuquén, por el contrario, existiera en el ojo azul y constante de la tormenta, azotada por los vientos, pero nunca del todo visitada por el clima. Esta ciudad no tiene clima. Tiene settings. Sol/Viento - y uno por supuesto no excluye al otro. Si llueve es una falla en el sistema.
Llegamos a eso de las 3, dormimos todos siesta hasta las 6 y fue día de panqueques y panchos.
Y ahora martes, soleado y ventoso - me duelen los oídos, estúpido estúpido viento -, de vuelta al ruedo.
... Ya extraño la nieve.

19 sept 2009

Y ahí estaba...


Pusieron una oficina en uno de los edificios nuevos que hay entre mi casa y el laburo. Diciendo oficina estoy siendo un tanto generosa, el lugar es apenas una habitación alfombrada con una puerta y un ventanal que da a la calle, pero se lo vamos a dejar. Adentro puede verse por el ventanal un escritorio, ubicado contra la pared del fondo, una estantería en la pared opuesta a la puerta, frente al ventanal dos silloncitos y entre los dos silloncitos una mesa ratona. Hay un bol con caramelos sobre la mesita.
Nunca jamás, en los meses desde que abrió, vi a nadie dentro de esa oficina. Los caramelos en el bol, a simple vista, no parecen haber disminuido.
Yo paso cuatro veces frente a ese edificio, en horarios centrales, y una vez me crucé con dos personas que conversaban en la entrada, pero la oficina estaba cerrada y las luces apagadas, así que no pude precisar si habían estado dentro, si esperaban para entrar o si simplemente se habían ubicado en la vera del lugar porque estaban al reparo del viento.
En el vidrio del ventanal rezaba, con letras muy bonitas, en azul, con un vago aire militar: “XXX Obra Social de Pilotos”, todo ubicado alrededor de un escudo con toques dorados.
La falta de movimiento me llevó a la conclusión de que los pilotos son gente muy sana o son gente que cuando su salud se ve comprometida es algo terminal.
Hace unos días, caminando frente al ventanal, me di cuenta que la inscripción en la ventana había cambiado y ahora rezaba, con letras más bien grises, ligeramente inclinadas como dando la impresión de velocidad: “XXX Obra Social de los Ferroviarios”.
En el tiempo transcurrido desde el momento en que noté el cambio hasta hoy, sigo sin haber visto a nadie que entrara, prendiera una luz o siquiera moviera los caramelos… y eso que por alguna razón a mí los ferroviarios no me suenan tan resistentes como los pilotos - sí, es un prejuicio, ¿y qué?
En fin.
Todo el asunto me ha puesto en mente esas tiendas de los cuentos fantásticos, que aparecen sólo cuando el héroe necesita algo desesperadamente, y para cuando el héroe ha descubierto la trampa y quiere devolverlo, la tienda desapareció y sólo queda una pared vacía.
Antes vendían instrumentos de música que robaban almas, perfumes que capturaban voluntades, espejos que robaban imágenes… ahora parece ser que venden salud. Es razonable. Los tiempos cambian, la competencia crece y la magia negra no quiere quedarse atrás.