
Rorro el año pasado fue a cerámica. Mas para sacarla de casa un par de tardes a la semana que porque realmente creyéramos que ese fuera su talento natural. Lo importante del asunto es que la pasaba bomba, siendo como era la única nena en una clase compuesta mayormenta por mujeres que la mimaban a lo bobo.
De todas manera, tengo que aclarar, que según la profe un cierto talento natural tenía, - "maneja los colores como si tuviera más de tres años" - pero no me voy a explayar mas sobre el tema porque queda feo - y molesto - cuando una madre empieza a detallar sobre lo fabulosa que es su criaturita. Mi hija es fabulosa, listo, ya todos lo saben, envidienmennn, continuemos con la historia.
Decía entonces, la Ro iba a cerámica. De esto se desprende que todos los viernes, que era el día en que las cosas del lunes ya habían sido horneadas, la Ro llegara con uno o con dos regalos para mí/la abuela/el padre/el abuelo/quien le hubiera caído en gracia en esa fecha. Juntando cinco viernes, llegaba con una caja de zapatos llena de flores, pedazos de cerámica pintados y esmaltados que según ella eran animales, ceniceros, pedacitos de cerámica que dependiendo el momento en que le preguntaras eran una u otra cosa, planchas esmaltadas con dibujos, animalitos - reconocibles y todo -, varias familias de caracoles, etc.
Hasta que un día me cayó con el memento.
El chisme tiene el tamaño de una torre de cds no muy alta. Es una base, un tanto circular, y sobre ella, en un costado hay un arco y frente al arco, sentada, hay una figurita humana, sentada de espaldas al arco, con las piernas estiradas y la cabeza gacha. Todo prolijamente esmaltado y pintado de marrones y verdes, que es mas o menos la paleta con la que le gustaba manejarse en ese entonces - independientemente de lo que dijera la profe respecto a su manejo del color.
"¡Que bonito! ¿Qué es?" porque yo siempre pregunto, no sea cosa que tratando de adivinar uno diga cosas imperdonables. Aun cuando tengo que decir que nunca hubiera adivinado lo que era.
"Es un recuerdo para cuando yo me muera" lo levantó "Ves, esta soy yo" y señaló a la personita.
"... ¿perdón?"
"Sí. Cuando yo me muera, ustedes lo van a mirar y se van a acordar de mí."
Me quedé muda por espacio de un momento o dos.
Ahora, ¿soy yo o hay algo intrínsecamente feo en una cosa así? Sin querér hablar mal de su escultura, - que esta muy bien hecha y objetivamente es muy bonita, de una manera un tanto abstracta -, no, no, tan sólo de la idea detrás del regalo.
¿Quién quiere un memento mori de un hijo?
Aun cuando sé que ella me lo da con el mejor de los deseos, vamos, como si yo alguna vez fuera a olvidarla. Voy a ser un montoncito de polvo y todavía me voy a acordar de ella, que lo parió...
En fin.
Le agradecí, porque ¿qué otra cosa podía hacer? Rorro se fue a hacer sus cosas, feliz de que yo lo tuviera, y en cuanto ella se distrajo, lo metí en la caja con el resto - todo el resto, que es realmente mucho - de sus producciones y lo metí en las profundidades de algún placard.
Eso fue a mediados del año pasado. Vinieron los últimos días del año, las vacaciones, la vida en general y yo me olvidé del bendito coso.
El otro día, Ro estaba buscando algo en su placar - sabe Dios qué -, sacó la caja y se puso a admirar sus obras. Treinta segundos después de empezar llegó corriendo hasta donde yo estaba leyendo, con el memento en la mano.
"¡Mamá, tomá! ¿Te acordás? Lo hice para que te acordaras de mí cuando yo me muera."
La primera vez que vi el coso, la idea me había resultado muy molesta. En el momento en que la Ro me lo dio por segunda vez, acababa de ver yo hacía muy poco una película en la que asesinaban a una chica, que por alguna razón me había llegado mucho, y la sola idea del cosito me puso la piel de gallina.
"Sí, me acuerdo."
Rorro lo puso en uno de los estantes del living, y ahí está, tan tranquilo, mirándome, con su arco y su nena sentada, y yo, en cuanto la Rorro no mire, estoy considerando seriamente la idea de tirarlo a la mierda y culpar al perro...






