Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

17 mar 2010

Hobbies


Rorro el año pasado fue a cerámica. Mas para sacarla de casa un par de tardes a la semana que porque realmente creyéramos que ese fuera su talento natural. Lo importante del asunto es que la pasaba bomba, siendo como era la única nena en una clase compuesta mayormenta por mujeres que la mimaban a lo bobo.

De todas manera, tengo que aclarar, que según la profe un cierto talento natural tenía, - "maneja los colores como si tuviera más de tres años" - pero no me voy a explayar mas sobre el tema porque queda feo - y molesto - cuando una madre empieza a detallar sobre lo fabulosa que es su criaturita. Mi hija es fabulosa, listo, ya todos lo saben, envidienmennn, continuemos con la historia.

Decía entonces, la Ro iba a cerámica. De esto se desprende que todos los viernes, que era el día en que las cosas del lunes ya habían sido horneadas, la Ro llegara con uno o con dos regalos para mí/la abuela/el padre/el abuelo/quien le hubiera caído en gracia en esa fecha. Juntando cinco viernes, llegaba con una caja de zapatos llena de flores, pedazos de cerámica pintados y esmaltados que según ella eran animales, ceniceros, pedacitos de cerámica que dependiendo el momento en que le preguntaras eran una u otra cosa, planchas esmaltadas con dibujos, animalitos - reconocibles y todo -, varias familias de caracoles, etc.

Hasta que un día me cayó con el memento.

El chisme tiene el tamaño de una torre de cds no muy alta. Es una base, un tanto circular, y sobre ella, en un costado hay un arco y frente al arco, sentada, hay una figurita humana, sentada de espaldas al arco, con las piernas estiradas y la cabeza gacha. Todo prolijamente esmaltado y pintado de marrones y verdes, que es mas o menos la paleta con la que le gustaba manejarse en ese entonces - independientemente de lo que dijera la profe respecto a su manejo del color.

"¡Que bonito! ¿Qué es?" porque yo siempre pregunto, no sea cosa que tratando de adivinar uno diga cosas imperdonables. Aun cuando tengo que decir que nunca hubiera adivinado lo que era.
"Es un recuerdo para cuando yo me muera" lo levantó "Ves, esta soy yo" y señaló a la personita.
"... ¿perdón?"
"Sí. Cuando yo me muera, ustedes lo van a mirar y se van a acordar de mí."

Me quedé muda por espacio de un momento o dos.

Ahora, ¿soy yo o hay algo intrínsecamente feo en una cosa así? Sin querér hablar mal de su escultura, - que esta muy bien hecha y objetivamente es muy bonita, de una manera un tanto abstracta -, no, no, tan sólo de la idea detrás del regalo.
¿Quién quiere un memento mori de un hijo?
Aun cuando sé que ella me lo da con el mejor de los deseos, vamos, como si yo alguna vez fuera a olvidarla. Voy a ser un montoncito de polvo y todavía me voy a acordar de ella, que lo parió...
En fin.
Le agradecí, porque ¿qué otra cosa podía hacer? Rorro se fue a hacer sus cosas, feliz de que yo lo tuviera, y en cuanto ella se distrajo, lo metí en la caja con el resto - todo el resto, que es realmente mucho - de sus producciones y lo metí en las profundidades de algún placard.

Eso fue a mediados del año pasado. Vinieron los últimos días del año, las vacaciones, la vida en general y yo me olvidé del bendito coso.
El otro día, Ro estaba buscando algo en su placar - sabe Dios qué -, sacó la caja y se puso a admirar sus obras. Treinta segundos después de empezar llegó corriendo hasta donde yo estaba leyendo, con el memento en la mano.
"¡Mamá, tomá! ¿Te acordás? Lo hice para que te acordaras de mí cuando yo me muera."
La primera vez que vi el coso, la idea me había resultado muy molesta. En el momento en que la Ro me lo dio por segunda vez, acababa de ver yo hacía muy poco una película en la que asesinaban a una chica, que por alguna razón me había llegado mucho, y la sola idea del cosito me puso la piel de gallina.

"Sí, me acuerdo."

Rorro lo puso en uno de los estantes del living, y ahí está, tan tranquilo, mirándome, con su arco y su nena sentada, y yo, en cuanto la Rorro no mire, estoy considerando seriamente la idea de tirarlo a la mierda y culpar al perro...

15 mar 2010

Lunes Por Fin...


El viernes a la nuit salí a comer con las chicas. Típica reunión de amigas sin hijos ni hombres en las que nos la pasamos hablando de hijos y hombres, pero botella de por medio, lo cual lo hace mucho mas llevadero.
Comí bien, me divertí mucho y volvía a casa con ese agradable buzzz que da el haber tomado un poco en buena compañía, cuando me sonó la campana de SMS del cell en el auto y lo abrí para encontrarme la fantástica noticia de que mientras yo andaba de joda mi niña se había vomitado encima y el padre había tenido que limpiar todo y que donde miércoles andaba yo.

Mas molesta que preocupada... no, bueno, a partes iguales... no, bueno, preocupada pero aún así molesta, me bajé del auto, saludé a mi amiga/chofer y entré a la casa con las armas en la mano, a ver con qué me encontraba.
La Ro estaba acurrucada en mi cama como un pichoncito mojado y marido, que se vé que había comido lo mismo que había afectado a niña, no andaba en mejor estado. Zeke, muchachito robusto si los hay, dormía como un bendito. Dejé a padre e hija en su letargo y fui a hacerme cargo del desastre del cuarto principesco.

H había sacado las sábanas, la colcha y el protector del colchón y los había puesto en el baño de los chicos, en distintos estados de remojo, lo cual, tengo que admitir, fue algo muy curioso de ver. Una parte de una sábana estaba adentro del lavatorio, mientras que el resto colgaba en suaves pliegues rosas hasta el suelo, la colcha estaba medio metida a presión dentro del bidet - escondido dentro encontré el camisón - los bordes tapando el piso de baldosa que no cubría la sábana y el colchonero trataba patético de arrastrarse fuera de un balde, colocado dentro de la ducha, pero no terminaba de lograrlo.
Hay que apreciar el esfuerzo, vamos...

Ordené todo, puse sábanas limpias, llevé niña a su cama, entre "te extrañe, mamá, quedate conmigo" y demases, destinados a impedir que vuelva yo a salir nunca mas con mis amigos y sin ella hasta que cumpla los 21, puse olla al lado de la cama para cualquier transacción noctura que llegara a surgir y cuando se quedó dormida, escapé a mi cuarto, donde mi legítimo dormía el sueño inquieto de los indigestos.

Para el sábado ya andaban mejor, pero por si las moscas, hubo sopas y arroces para toda la compañía. Y aún si hubiéramos estado en condición de salir, el sábado por la mañana se levantó una tormenta de viento - que duró hasta el domingo - que impidió siquiera pudiéramos ir a sentarnos al patio. Se pueden hacer larguísimos dos días encerrados con el rugir del viento afuera y gente que no se siente del todo bien adentro.
Y, para rematar, porque vamos, eso no era suficiente, le rompí una ventana de lo de mis suegros - sentada en un sillón, quise golpear con los nudillos la parte de madera, para llamarle la atención a Zeke, que estaba prendido del timbre, y le pegué de lleno al panel de vidrio a través de la cortina. Susan estaba paradita justo ahí, al lado mío. Cuando lo sentí crujir, mi mente se fugó, que-no-esté-roto-que-no-este-roto-que-no-esté-roto, pero saqué la mano y vieran ustedes que musical que pueden sonar un montón de vidriecitos cuando caen al suelo...

Esa pobre mujer debe pensar que tengo algo contra ella.
Tengo que decir, sinceramente, que he tenido mejores fines de semana.
Varios.
Muchísimos.
Pocas veces en mi vida he estado tan aliviada de que llegara el lunes.

13 mar 2010

Residuo...


Detesto los maestros de ceremonias.

No los de los circos, o los de los teatros, no no. Ellos todo bien, que hagan su trabajo, al cabo que yo estoy entre el público, él está allá arriba, no tenemos porque cruzar nuestros caminos. Su trabajo, mi trabajo. Perfecto. Como tiene que ser.
Pero odio cuando uno va a una fiesta - de cumpleaños, de trabajo, de lo que sea - y la persona a cargo contrató a un chabón para que la organize. Y este buen hombre, en el mas amplio sentido de la palabra "bueno" y de la palabra "hombre", no sólo se ocupa de contar chistes, o hacer discursos, o decir cuando bailamos, cuando comemos, cuando saltamos todos en una pata, si no que también cree haber sido investido con el poder para hacernos pasar al frente de la clase a hacer monerías.

Una amiga cumplió años una vez - bueno, no, cumplió varios, pero vamos a hablar de este cumpleaños en particular - y organizó una fiesta. De disfraces. Como si esto no fuera suficiente, también contrató a un hombre para que animara la reunión... cómo si tuviéramos siete años y necesitáramos a las pichipinas...
El flaco - un tipo mas bien menudito, de aspecto delicado, con cara de rasgos afilados y un vago aire de resentimiento por estar acá y no en su propio programa de televisión - hizo su show de chistes, bailamos un rato, hizo su show de malabares, comimos, hizo su show de acrobacias, y mientras pasábamos a la torta, se le ocurrió la peregrina idea de que quería que desfiláramos.

Yo hasta el desfile al pibe lo bancaba. En serio. Soy un alma caritativa. Los chistes no eran TAN malos y como malabarista era decente. Pero con el tema desfile realmente arruinó toda mi buena voluntad.

Hizo pasar a una pareja al centro del salón y les indicó, como si de un director de cine se tratase, que actuaran su disfraz, indicación que la pareja, disfrazada de torero y mujer maravilla respectivamente, intentó valientemente.
La lotería continuó, dolorosa, mientras yo podía sentir mi incomodidad crecer ante todo el asunto, hasta que finalmente la bolita cayó y nos tocó el turno a nosotros. Me señaló a mí y yo negué con la cabeza y mi mejor sonrisa. Él insistió. Yo dije que no, gracias, porque a mí mi mamá sí me educó. El insistió, buscando al apoyo de los demás, que como cualquier masa traidora, una vez que se ve libre no puede esperar a ver caer a otro bajo la picota. Yo me mantuve en mis trece. El continuó insistiendo, probando que nunca entendió veramente aquello de que cuando una mujer dice no es no.

Finalmente, perdiendo por cansancio y ante la cara de mi amiga que veía como yo ponía un bache en el devenir de su fiesta, me puse de pie, agarré a mi legítimo y nos dejamos arrastrar al centro del salón, ya deseando que mi disfraz de pirata hubiera venido con el combo de sable y pistola antigua, para ver si así lograba hacerle entender al mequetrefe que This Was Not Cool. Pero bueno, después de hacer el ganso por treinta segundos y tener que sufrir que el susodicho mequetrefe además tuviera el tupé de decir que no poníamos onda, volvimos a sentarnos y la fiesta continuó. Necesité un par de daiquiris para superar mi instinto de ir y explicarle al nabo de manera violenta lo poco que a mí me gusta ser el centro de atención.

Mi plan cuando venía para acá era escribir un posto respecto de otra cosa, no voy a comentar qué porque ya lo voy a subir otro día, pero cruzando la avenida, pasé junto a un malabarista de semáforo y me pareció reconocer al mequetrefe aquél - el mismo tipo flaquito, mas bien menudito, de pelo corto y cara afilada - y por un segundo la tentación de empujarlo fue terrible. De pasar caminando, y así , como quien no quiere la cosa, ups, dejarlo desparramado en mitad de la calle. Soy una chica bien parada, él no - ni es una chica ni estaba bien parado -, de un sólo empujón estoy segura que lo hubiera volcado como a una botella...

Pero no lo hice.
Porque una es una dama... y no un mequetrefe resentido.

12 mar 2010

Y Van...


Agregando leña al fuego, y porque no me gusta sentirme confundida sola, voy a continuar con los cuentos de curiosidades que suceden en este lugar:

Antes de las vacaciones me dieron una pila alta así de certificados para sellar.
Saqué mi caja de zapatos reciclada con los implementos pertinentes al caso - lease dos sellos, una almohadilla y una botellita de tinta negra, nadie vaya a pensar en términos muy grandilocuentes - y me preparé para empezar. Pero la botellita de tinta negra no estaba. Sin pensar mucho en el tema me fui a preguntar quien de las chicas de secretaría se había llevado mi botellita. Nadie tenía ni idea. Siendo como soy una mina distraída - aun cuando la botellita siempre la pongo en la caja porque si no mi vida puede llegar a teñirse de negro en segundos - lo achaqué a mi natural despiste, revisé todo mi escritorio y eventualmente conseguí una botellita nueva.
Una vez terminado el sellado de los certificados, guardé la botellita, el sello y la almohadilla de vuelta en su caja, y todo los chismes volvieron al fondo de mi escritorio.
Esto fue en diciembre.
La Cultu cerró en enero y en febrero me encargaron sellar otra parva mas de certificados.
Saqué nuevamente mi caja de zapatos con los implementos del fondo del escritorio y cual sería mi sorpresa al encontrar, junto a la nueva botellita de tinta negra, a la vieja botellita de tinta negra, desaparecida en acción el pasado diciembre.
... Yo soy desbolada, pero estoy segura de que hubiera notado que la botellita estaba si hubiera guardado la nueva junto a ella. Y nadie admite haber entrado a la biblioteca en todo el verano.

Un martes a la mañana, entré a la biblio y junto a mi escritorio, debajo de los ventanales, me encontré una caja llena de papeles para romper. La caja no había estado ahí cuando me fui al noche anterior.
Fui a preguntarle a las chicas si alguna me había dejado algo y las dos lo negaron.
La chica de la limpieza, cuando le pregunté si sabía algo, miró la caja y me contestó,
"¿Esa no es la que te traje yo ayer?"
"No sé, ¿es?" porque yo no había visto ninguna caja el día anterior.
María la miró de cerca,
"Sí, es esa. Pero... " giró y me señaló el hueco debajo de mi escritorio "Yo te la dejé ahí" lo cual explicaba porque yo no la había visto al salir la noche anterior y cerrar todo, pero no explica como fue que emigró desde debajo de mi escritorio hasta debajo de los ventanales en el espacio de 12 horas en una habitación vacía.

Y la semana pasada entré y el lugar apestaba a Raid.
Que en sí no quiere decir nada, pero mi viejo me dijo que en vez de preocuparme por los movimiento inexplicables empezara a preocuparme si había olores inexplicables. Yo asumí que hablaba de olor a flores y cosas así, como suelen contar en las novelas, pero supongo que olor a veneno también debe contar.

Ahora bien, marido, esceptico por naturaleza, dice que todo debe tener una explicación. Obviamente yo concuerdo con él, el problema de todo esto es que yo no tengo ni idea cual es esa explicación. Y seguimos sumando.

9 mar 2010

La Teoría del Caos


El domingo a la noche, aparte de ser la noche de los Oscar - no la ví, hace tiempo que perdì el control de mi televisor, chusmeé los vestidos y los resultados en la internet, que lindo el vestido de Amanda Seyfried, Mariah Carey parecìa un matambre, alguien que le diga a esa mujer que se relaje y se vista acorde a su peso, si sigue aguantando la respiraciòn de esa manera le va a dar algo - decía, aparte de ser la noche de los Oscar, hice hamburguesas.
Ninguna de las dos cosas están relacionadas. No que yo sepa al menos. Por mucho que yo aprecie la teoría del caos, dudo que cada vez que yo flipo una hamburguesa a una actriz se le rompa un taco.

En fín, que hice hamburguesas. A la plancha. Abrí todas las ventanas para que no se llenara mi casa de humo y una vez que terminé, puse la plancha a enfríar en el alfeizar.
Yo siempre pongo la plancha a enfríar en el alfeizar, como para que el humo residual salga para afuera. Es una costumbre que tengo que nunca me trajo mayores problemas. El domingo a la noche, en cambio, - después de todo la teoría del caos quizás sí esté relacionada -, me moví de cierta manera, los astros se confabularon, Zeke me tiró del brazo en el momento equivocado, y la plancha de hierro salió volando por la ventana, atravesando gracil el tiempo y el espacio, en un arco triunfal hacia la noche. Horrorizada, los ojos como platos, la escuché rebotar contra la media sombra que cubre el patio, sisear al derretir el plástico y golpear de manera violenta el suelo de baldosa.

Ooops.

"Qué fue eso?" preguntó la Ro, desde el living, la curiosidad hecha carne.
"Se me cayó algo" contesté, asomándome por la ventana a ver si se veía algo.
"Qué cosa?"
"Nada. Algo." y sin mas, salí corriendo a recuperar mi plancha, agradeciendo que H estuviera en el cuarto, porque si no nunca hubiera escuchado el final del asunto.

Yo vivo arriba de mis parientes políticos. Es decir, es una casa dividida, dos departamentos completos, uno arriba y uno abajo, y el de ellos tiene el patio. Es practiquísimo para cosas como tener siempre alguien para que mire a los chicos. Pero en este momento yo le acababa de agujerear la media sombra a mi suegro.
Q`lo parió.

Bajé las escaleras al grito de "¡ahora vengo!", usé mi llave para entrar, corrí al patio a oscuras, miré hacia arriba y ahí estaba, El Agujero, dejando entrar el resplandor rosa del cielo nublado. No tan redondo como hubiera creído, pero no por ser una raja menos acusador. Tantée el suelo con cuidado en busca de la plancha caliente - en la oscuridad ya veía que la agarraba de lleno y le agregaba daño al insulto - y una vez con ella en la mano, volví a entrar.
"Guadita, ¿sos vos?" preguntó mi suegra desde el cuarto de la televisión.
Busted.
"Sí..."
"¿Trajiste a la perra?" porque si bien Magenta se pasa los días arriba, a la nuit duerme en su casilla en el patio.
"No, todavía no."
"¿Necesitabas algo?" y se asomó.

Ahí cometí el segundo error de la noche - el primero había sido decirle a la Ro que algo se me había caído - y le mostré la plancha, explicándole lo sucedido.
No se enojó, no realmente, pero me miró con esa expresión con que tus mayores te miran cuando están decepcionados contigo - estoy practicando para usarla con Ro - y que te hace sentir mucho mas molesto que si te gritaran como marranos.
"Ay, nena" dijo al final, mientras yo trataba de no mirarme los pies como si tuviera siete años, "Es todo un trabajo cambiar una media sombra"
"Si, bueno... " qué le podía decir, ya había ofrecido pagarla, emparcharla o lo que fuera que pudiera hacer, así que me disculpé una vez mas por el accidente, al cabo que soy una mujer grande y no una nena, y arruiné todo el efecto al girar para irme y voltear una de sus mesitas con la bendita plancha.

Una vez arriba la Ro se me tiró encima a ver qué demonios se me había caído, yo logré esquivarla - algo no muy fácil de hacer con una plancha de hierro caliente en la mano - y me refugié en la cocina una vez mas.
Mientras dejaba el condenado chisme sobre la hornalla pensé que lo que tendría que haber hecho yo - la retrospectiva es algo fabuloso - era haberme hecho la re pelotuda. Al cabo que nadie iba a salir al patio a esas horas. Yo tendría que haber dejado a la plancha enfríarse tan tranquila en el suelo y un par de horas después, cuando bajara al perro y mis suegros estuvieran durmiendo, haberla subido. Porque, bien mirado, El Agujero después de todo no era taaaan grande, cuestión de que al día siguiente, si alguien lo notaba haber puesto mi mejor cara de "mirá vos, que gordo que está el gato del vecino" y haberme ofrecido a pagar el arreglo, al cabo que todos usamos el patio, bla bla bla, y haberme ahorrado la comedia de enredos.

Decir la verdad definitivamente es un hábito terrible.

Tengo que darle crédito a mi suegra, por cierto, porque llegado el lunes, ni suegro ni marido me comentaron nada, así que hay que agradecer que la buena mujer no me mandara al muere y el hecho de que parece ser que nadie mira para arriba en el patio.

6 mar 2010

El Baile de los Remolinos


Bueno, anoté a la Ro en danza clásica.

Hace rato ya que está jodiendo con que quiere bailar, y si bien su especialidad, en mi opinión, es la danza moderna - se manda unos bailes interpretativos en los que es terriblemente difícil mantener la cara seria - ella decidió que quiere hacer ballet.
Considerando que cuando encontramos a alguna compañía en la TV ella me pide que lo deje, y los mira por un buen rato, supongo que es una buena inversión - al menos de momento - el darle el gusto.
A la corta, la saca de casa dos tardes a la semana, cosa que a su abuela le viene de perlas, y a la larga, quien dice, tal vez ahí es donde esté su futuro.

¡Mi nena va a ser ESTRESHA, va a ser!

Tengo en la cartera la listita de las cosas que tengo que comprar para que lleve el lunes - una malla, unas calzas, un no sé qué mas y un no sé qué menos - y tengo también un papelito que aclara, y lo pienso laminar, que todos los actos de fin de curso son opcionales. No quiero después que me quieran cobrar un riñon y la mitad del otro por algo que no sé si la Ro va a querer hacer o no. Tenemos todo un año para ver ese detalle.

Lo que a mí me preocupa de este nuevo orden de cosas es el tema del pelo. Porque uno a las bailarinas de ballet siempre las ve muy peinadas. Y la Ro y el Estar muy Peinada... no son de estar juntos en la misma habitación. No no. De hecho cuando uno entra el otro sale, hace tiempo que no se hablan. Yo me esfuerzo por remendar la brecha, por recuperar esa amistad de años atrás, pero es una tarea titánica.

Empezando por el hecho de que Rorro tiene en la cabeza dos remolinos a falta de uno - cualquier raya que uno haga parece un ataque directo a la rectas del mundo - y terminando con su síndrome de la cabeza inquieta, sin olvidar, por supuesto, su fobia al cepillo.

En el momento en que acerco el cepillo a la cabeza castaña de mi hija mayor pega un chillido de chancho herido que da miedo,
"¡¿Que pasó?!"
"¡Me hiciste doler!"
"¡Pero si no te toqué!"
"¡Sí! ¡Y me dolió mucho!" esto último ya con lágrimas en los ojos.
Y así a través de toda la tortura de cepillarle ese pelo finito, que ya le está llegando a los hombros y tiene la mala costumbre de enredarse si alguien lo mira mal.
Para cuando finalmente logré terminar, tengo los nervios pelados de tanto grito y tanta sacudida y lo único a lo que atino es a dos colitas o trenzas, que solo van a durar hasta el mediodía y para la hora del té van a ser un vago recuerdo de tiempos mejores.

"Vos sabés que para ser bailarina te tenés que peinar, ¿no?" tantee un poco el camino hoy al mediodía.
"Sí " me confirmó ella.
"Y que yo te voy a peinar antes de irme a trabajar, porque la abuela no puede, ¿no?" pensando en las instrucciones del papelito que me habían mandado - el mismo que me desligaba de la obligación de la función de fin de año - que hablaba de horquillas y vinchas y todo un ensamble en el que ya me veo yo luchando.
"Sí, mamá" ignorándome por completo, ocupada con evitar que Magenta le mordiera el juguete que tenía en la mano.
"Y te vas a dejar peinar, ¿no, cierto?" porque estas cosas hay que saberlas de entrada.
"Sí, mamá " ya con ese tono de agobio que ponen los nenes de cuatro años y que tanto se parece al tono de agobio que ponen los adolescentes.
"Es un trato, ¿no?" mi tono de adulto insistente ya molesto hasta para mí, pero no viendo otra salida.
"Sí, mamá, es un trato", que es la forma en que ella promete las cosas.

Y yo la dejé ir con esa promesa, aun cuando, vamos a ser honestos, no le creo un carajo.

4 mar 2010

Hay que Ganar un Poco... Perder un Poco...




Cuando yo tenía 17 años - hará de esto un tiempo ya - pasamos un verano en Miramar... pasamos muchos veranos en Miramar, antes de que todo se complicara, pero este en particular resultó ser un buen verano. Uno de esos veranos con amigos, con fogatas, con largas charlas de café, con días de playa, noches en cualquier parte, amaneceres en las escolleras. Esos veranos que uno guarda en el cajón, en la parte de mas arriba, y que cada tanto desempolva y admira y recuerda y abraza y sonríe antes de volver a guardarlo, dejándolo a mano porque es una de esas cosas que vale la pena no perder.

Ese verano, curiosamente, pese a todo su encanto, fue el verano en que me atropelló un auto cuando andaba con mi bicicleta, sola, pelotudeando lejos de casa.
No me atropelló atropelló, no hubo sangre ni rechinar de neumáticos, ni ambulancias ni corridas al hospital, ni nada de esas cosas tan horribles que pueden pasar, tan sólo me topeteó la rueda - yo crucé sin mirar, mea culpa - y caí redonda, de traste al suelo.
Un segundo estaba arriba, el siguiente estaba en el suelo y nunca sabré que pasó entre ambos.

La señora que manejaba se bajó, muy preocupada, queriendo saber si estaba bien, si quería que me llevara al hospital, a mi casa, al aeropuerto, a la China o a donde yo quisiera, cosa que negué de manera vehemente. No estaba muy golpeada - no, en serio, gracias, estoy bien -, estaba muy sacudida, y lo único que quería era irme lejos de la señora, de su auto, de la calle y de cualquier persona que me hubiese visto alguna vez para poder ponerme a llorar. Agarré la bicicleta, que ni siquiera se había abollado, la traidora, y me alejé rápido, empujándola, sin juntar coraje para subirme otra vez.

La mujer me miró un segundo mas, ya sin insistir, y finalmente, dándose cuenta de que yo la estaba dejando escapar sin mas, se subió a su auto y se fue a la mierda.
Yo caminé las dos cuadras que me separaban de la casa del chico que me tenía loca en esa época - personaje habitual en mi cabeza durante los siguientes años y la razón por la cual había estado pelotudeando por la zona -, y pensé en contarle lo que había pasado, en pedirle que me llevara a casa, en jugar la carta de la víctima. Pero no supe cómo, nunca sé exactamente cómo, no me sale el contar ese tipo de cosas sin sentirme una tarada pescando compasión, y al final caminé las veinte cuadras que me separaban de la casa que alquilábamos, empujando mi bicicleta, donde tampoco conté nada a nadie y continué mi fantástico verano como si nada.

Esto último, desde el no decirle nada a Nacho hasta mi completa negación de lo sucedido, el tiempo me probó que había sido una reverenda estupidez. No sólo porque quizás hubiera logrado algo con Nacho - la carta de la víctima siempre funciona - si no porque al tiempo descubrí que después de ese terrible golpe, el dormir boca arriba - o estar apoyada en cualquier superfie recta - me ha quedado vedado, ya que enseguida empieza a dolerme la espalda de manera sorda. Tres minutos y mi omóplato empieza a arder, cinco y se irradia a toda la espalda, mas de quince y paso las siguientes horas puteando.

Los médicos no tienen ni idea qué es, porque en los lugares donde me duele no hay nada excepto músculo, y los músculos parecen estar bien, asi que asumen que es una contractura padre y me dan sesiones de kinesiología que se sienten maravillosamente pero no solucionan nada. Así que mi dolor de espaldas y yo nos hemos acostumbrado el uno al otro, porque ninguno parece tener intenciones de irse a ninguna parte, asi que, como malos vecinos, sólo nos queda soportarnos.

Toda esta larga reminiscencia venía a algo, no voy a andar descargando semejante historia sobre la gente desprevenida que se acerca sin saber de qué va la cosa, así porque sí. No. Esto venía a que hoy llevé a Zeke a dormir la siesta, como últimamente hago, y me acosté con él - porque si no lo hago se va de paseo. Nos pasamos diez minutos en que yo lo miraba, los ojos entrecerrados y él miraba el techo, pateaba la pared, se daba vuelta, se acurrucaba, levantaba el traste, bajaba el traste, me miraba, etc, hasta que finalmente, aburrido, se trepó encima mío, donde procedió a acomodarse sobre mi estómago - la cabeza contra mi esternón, las piernas cada vez mas largas una a cada lado de mi cintura - y se quedó dormido.
Y cómo será el amor que una tiene por los críos que una trae al mundo, que pese al dolor de espaldas anteriormente mencionado, que enseguida levantó la cabeza, me quedé abrazándolo, tibio y con perfume de toallita húmeda Pampers, por un largo rato...

Demás está decir, a estas alturas, que todo este posto, obviamente, es sólo para quejarme porque todavía me duele la espalda y el Actrón no hizo efecto.

3 mar 2010

Empieza la Función.


Para todos los que apoyaron ayer mi moción de ir a pincharle la pelota al dueño, tanto comentando acá como afuera, se agradece. Finalmente el dueño de la pelota cedió - un poco, tampoco es cuestion, al cabo que seldueñoelapelota - y la vida continúa por los carriles pactados... o al menos por los carriles, pactados habrá que ver.
En otro orden de cosas, porque lo anterior era mas bien un aviso parroquial - como me gustan los avisos parroquiales, por cierto, la frase Avisos Parroquiales ya me hace risa, como dice la Ro - empezaron las clases en la Cultural y se me llenó el boliche de gente.
Bueno, no el boliche propio propio, quien carajo viene a la biblio el primer día, pero sí el precinto que me rodea y vieran ustedes las hordas de pibitos que tuve que atravesar para llegar hasta mi lugar de trabajo. De hecho, cuando llegué las puertas dobles estaban abiertas, las coordinadoras estaban tratando de mantener a los muchachos afuera para poder organizarlos - tarea titánica si las hay - y las teachers esperaban todas juntas con cara de aprensión, listas para ser arrolladas por el malón. Yo me corrí a un costado, puse mas fuerte el MP3 y esperé. Para cuando Regina Spector había terminado de contarnos sobre como le cortara el pelo a Samson y diera paso a David Gray, rogando porque This Year´s Love durara, la marea se había convertido en un chorrito y yo pude finalmente transitar los pasillos.
Eso fue de 9 a 10.
Después de las 10 fue mi turno al bate cuando las teachers - a las que se las mantiene a oscuras sobre sus tareas hasta el último minuto, como para agregarle suspenso al asunto - vinieron a buscar los libros que iban a necesitar por el resto del año. Esto me llevó un buen rato porque cada una carga con una buena parva, sin olvidar que este año hubo recambio de material o sea que traen lo viejo y se llevan lo nuevo. Mi té se enfrió a través de todo. Los tés no tienen paciencia, una de las leyes de la vida, alguien debería hacer algo al respecto.
11 30, finalmente paz y silencio. Té frío con un buen libro, antes de ponerme a seguir cargando material a mi PC temperamental - la pobre no puede pensar y masticar chicle a la vez, no insistan.
Y ahora a las 12 me voy a mi casa para volver a las 15 30 a enfrentar el malón de la tarde, que es función continuada hasta las 20.
Ya me cansé de ver gente. Febrero me malcría.

2 mar 2010

Pinchémosle la Pelota


Que indignación. Que justa indignación.
Que cosa ... indignante - ya que estamos abusemos de la palabrita - es cuando uno habla con una persona, se pone de acuerdo, se preocupa por los cambios que la conversación va a traer, se ajusta, decide - con cierto resquemor - que quizás sean para mejor, se organiza para enfrentar la vida desde el nuevo ángulo, trabaja con esos cambios en mente, piensa en los malabarismos que va a tener que hacer, se vuelve a preocupar, lo conversa con todo el mundo para estar seguro de que la decisión tomada fue la correcta, se vuelve a tranquilizar, se ajusta otra vez, calcula que "y me llevo una...", apura los días para poder terminar, toma en cuenta a los demás con relación a los cambios propios, compra otro paquete de antiácidos, y, finalmente, agotado, decide que ya es hora de dejar que sea lo que Dios quiera, para que, cuando ya todo está en marcha, el dueño de la pelota decida que... quizás no.
Que... arhgg... indignación.

Marzo de Comienzos


Meno, la Ro empezó preescolar. Q`lo tiró de las patas. El año que viene primer grado, y ya con eso de que empiezan a leer y escribir se pudrió todo, se acabó el control de la información, el primer paso hacia la libertad.
Que cosa... Tan chiquitos que son...

Como sea, sacudiéndome de encima la súbita melancolía - porque no venía melancólica, mi posto no iba para allá, pero resbalé - hoy empezó las clases y yo me tomé un rato a la mañana, con aviso, para ir a la adaptación del primer día. Y eso que la nota que mandaron amenazaban que iban a hacer juegos con los "papis" y ese tipo de huevada, pero, y estoy orgullosa de mí misma, fui igual. Yay por mi.

Nos apersonamos en el lugar a la hora señalada - 8 45 , después ya empieza a ir a las 8 15 como siempre - donde nos cruzamos con la Madre de V, de previo paso por este blog. Puse mi mejor sonrisa polite, la saludé, intercambié comentarios breves y escapé en cuanto pude - tengo otro cuento de ella de este pasado verano, lo tengo en el tintero. Cruzamos con Rorro la puerta doble, ella saludó como Pedro por su casa, y nos instalamos en el patio a esperar a que empezara la función. Un par de padres que conocí en estos últimos años - no tantos como uno creería, tanta reunión de padre, tanta reunión de padre, se ve que yo de sociable poco y nada - me saludaron, la Ro se fue corriendo a los juegos y yo me quedé intercambiando comentarios sobre el clima.

Al rato - ya de las 8 45 no quedaba mas que el recuerdo - nos hicieron poner en ronda, éramos varios, y tuvimos que cantar y bailar. Por suerte la amenaza de los juegos no fue concretada, para juegos estoy yo los lunes a la mañana. Después del canto y el baile obligatados, una seño nueva peló lista y con voz de maestra de jardín indicó que los chicos de la salita verde se iban a subir a su avión en cuanto ella los nombrara.

La Rorro, alma de mi alma, se empezó a poner nerviosa - y llorosa - cuando el avión se empezó a llenar de sus amigos y a ella no la nombraban. Va a tener que aprenderse el abecedario nomás, porque es la única manera que va a entender que su apellido siempre llega a los pagos. Para cuando llegamos a la letra en cuestión y la dejaron subir al avión, estaba chocha. Y así, siguiendo al avión pasamos todos a la salita verde, donde la seño - Vero, se presentó - los hizo sentar en ronda, ante mi creciente horror, que veía que las horas se iban y yo tenía que ir a trabajar y por qué no terminamos de una vez.

Efectivamente, la cosa duró un buen rato, la seño haciendo hablar a cada nene uno por uno - esta vez empezando por la Ro, que como siempre había logrado asentar sus posaderas junto a la buena mujer - preguntando su nombre y que habían hecho en las vacaciones. 18 chicos de 5 años diciendo su edad, su nombre, su rango, su número de serie, el batallón al que pertenecen y que merda hicieron en las vacaciones puede llevar mas rato del que uno quisiera.
Fue simpatico, no digo que no, tuve una sonrisa de oreja a oreja, pero la sonrisa me quedó en la cara mientras los ojos miraban el reloj, que se arrastraba hacia las diez de manera inexorable.
Finalmente la tortura, alias la presentación - para total beneficio de la seño porque los nuevos se habían subido al segundo avión y habían volado sabe Dios a donde, estos eran los que cargan con la Ro desde hace ya rato -, terminó y nos dieron la señal de marcha.

Llamé a mi suegra, que estaba con la camioneta, que con la velocidad de un comando nos pasó a buscar y me depositó frente a la Cultu a las 10 15. Yo entré, saludé y sabiendo que la mejor defensa es el ataque lo primero que hice fue contar lo lindo que estuvo todo y que bueno que había ido yo con la Ro y que estas cosas las tienen que hacer los padres y etc, y sin dar mucho tiempo a comentarios, huí para la biblioteca, no fuera cosa que alguien notara que yo había dicho que iba a llegar 9 30.

... La Ro empezó preescolar...
Que bárbaro...