Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

5 abr 2010

Nada Personal


El sábado fui al bautismo de uno de los mejores amigos de Henry, L, que después de 34 años de sano ateismo, decidió dejar la vida freelance y firmar contrato con una de las grandes compañías.
Siendo que Henry era el padrino, allá partí yo también, dejando a los niños con la abuela, porque ya me habían advertido que iba a haber misa, no sólo bautismo, y yo con los críos 40 minutos de misa no me banco...

Todos aquellos que tienen mas fresco que yo los rituales eclesiásticos y ven para donde va esto, sepan que en este momento... no los estimo en absoluto.

Me arreglé entonces, me abrigué - porque en esta ciudad está haciendo un fresquete de aquellos - y allá partimos, a una capilla de barrio en un barrio de esos que uno ni sabe que existe - ni la capilla ni el barrio.
La misa se suponía empezaba a las 22 horas, así que llegamos a las 21 30. Eramos el amigo de hubbie a bautizar, su novia - se casan en quince días, pero no es esta la razón por la que se bautiza... no enteramente -, su madre y el otro padrino.
We few, we happy few.

La capilla, bonita, tipo galpón lleno de sillas, pero mejor decorado - los arreglos de flores estaban realmente muy bonitos - empezó a llenarse de a poco. Se acercó el sacristán a saludarnos, a chequear que L y sus padrinos supieran de qué iba la cosa y a darnos unas velitas, porque íbamos a tener que salir, ya que la misa empezaba afuera, y después teníamos que entrar en procesión con la velita prendida.
Ese fue mi primer indicio que no estábamos ante una misa común y corriente de cuarenta y tantos minutos - el Padre Cordeyro en la Iglesia de las Esclavas te sacaba la misa en 35 minutos, y en eso te incluía el sermón y la eucaristía - si no que estábamos antes una misa Especial.

Misa de Vigilia.

¿Saben ustedes que la Misa de Vigilia incluye todas las lecturas del Génesis? ¿Sí? Bueno, yo no. ¿Dónde quedaron todos esos años de catequesis?... Está bien, no todas todas, pero desde donde yo estaba sentada en la segunda fila me parecieron una buena cantidad.
A esto tenemos que agregar que lo cantaron todo. Las respuestas a los salmos, las bienaventuranzas, cada historia - en serio, hubo toda una narración sobre un ejercito a ritmo folklórico de algún tipo, - además de los obligados himnos intermitentes.
La lista de Santos a los que les cantamos que rogaran por nosotros era interminable. Santos exóticos, santos tras santo tras santo...
Espero sinceramente que alguno haya estado escuchando.

Y a la misa extraordinaria que ya era por mérito propio, no hay que olvidar que era una misa extra extraordinaria, merced al bautismo de mi amigo - que a estas alturas yo, que ya pertenecía al club, estaba pensando seriamente en entregar mi membresía, que él siguiera ahí me parecía admirable - lo cual le agregó a la historia otra media hora mas.

¿Qué te puedo cobrar? ¿Dos horas treinta y cinco minutos? ¿Dos horas cuarenta? Titanic fue mas corta que esa misa. Di Caprio ya hubiera muerto para cuando el cura se decidió a dejarnos ir en paz. Para ese bendito momento - las doce y media muy pasadas de la noche - yo ya estaba famélica, y empezando a pensar que Jesus y el cuento de Pedro y la piedra bien podían haberlo dado como una conversación entre dos amigos en pedo y acá no pasó nada. Porque si uno va a la misa de Vigilia por gusto, muy bien, cada cual tiene derecho a rezar como se le antoje y uno se merece las dos horas cuarenta por las que pagó, pero si uno va engañado, pensando que en cuarenta minutos y un par de fotos está afuera, otro es el cantar - y no me hagan empezar de vuelta con la señora que cantaba y no, señora, no llega a la nota, ¡por favor, desista!

La despedida nos tomó otro rato - varias personas de la congregación se acercaron a saludar al nuevo miembro -, y ya en las afueras hubo un par de vagos intentos de "vamos a tomar algo" que yo corté de brusca raiz. El horno no estaba para bollos, el horno sólo se quería ir a casa.
"Pasamos por McDonalds?" pregunté ya en tránsito, porque no había nada en casa excepto niños dormidos. Y mientras mordía mi hamburguesa de pollo en el living en silencio de mi casa, una y veinte de la mañana, superado un poco ese embotamiento que en mi produce la sobredosis de religión organizada, no pude menos que comentar,
"Ahora, tengo que admitir, después de eso, me siento que me gané el derecho a mi Huevo de Pascua."
Henry, entre Cuarto de Libra y Cuarto de Libra, estuvo de acuerdo conmigo.
Igual, yo insisto, los arreglos florales estaban la mar de bonitos.

3 abr 2010

Poste


Yo a veces pienso que me lo hacen a propósito.
No soy muy religiosa. No lo soy. Creo, como dice Terry Pratchett, que si uno vive de manera apropiada, sin seguir del todo las indicaciones de nadie, de acuerdo a lo que uno considera mas o menos decente y honesto internamente, entonces, al final, todo, de alguna manera, va a salir bien.
Pero pese a eso, de tanto en tanto, me gusta seguir ciertos rituales. Después de todo, me afiliaron al club de chiquita, no debería resultarme tan difícil seguir alguna de las líneas de conducta... Al cabo que si bien puedo argüir que por el momento los grandes Eso No Se Hace, no los he hecho, el resto voy a tener que tildar la casilla NS/NC.

Dicho esto, decidí que hoy Viernes Santo no iba a comer carne. No somos muy carnívoros en casa, un día mas a quien le iba a joder. No es un espíritu muy sacrificado el mío, pero la intención tiene que contar para algo.
Con esa idea en mente, compré en la panadería empanadas de Vigilia. Empanadas que a la larga me las comí yo sola porque nadie le quiso hacer los honores al atún. Lo que tengo que admitir aquí entre nos fue una sabia movida porque no estaban muy buenas. La próxima Vigilia ya sé donde no comprar.
El resto de mi gente se decantó para los restos de la tarta de choclo de ayer y sopa, lo cual, si bien no era pescado, todavía mantenía el espíritu.

Para hacerla redonda decidí que tampoco iba a comer chocolate. Una vez mas me las tiré de piola, porque en mi casa no suele haber chocolate, y en vez de Nesquick me hago un té y santo remedio.
¿Qué hizo el hombre que comparte mi casa? Trajo una caja de Garotos. Han de saber ustedes que es muy dificil mantener una política de no-chocolate cuando hay tanto chocolate en la casa.
Pero resistí. El día pasó y la caja se mantuvo cerrada. Por supuesto tiembla ante el día de mañana, pero mañana será otro día.

Para la noche yo tenía planeada pastas. Las pastas son ricas. Las pastas no tienen carne. Las pastas iban a cerrar mi día de ayuno - a ver, el muchacho del fondo, si deja de reirse por favor, que esto es serio - y mi Viernes Santo iba a haber cumplido su tradición.
¿Qué sucedió con mis pastas?
Mi cuñado y su flía llegaron de visita por Pascuas y mi suegro organizó un asado.
Eso pasó con mis pastas.
Yo tímidamente comenté que iba a comer sólo ensalada y fui el centro de una serie de miradas que iban desde el horror mas absoluto hasta la sorna mas abyecta.

Así no se puede.
Una la intención la tiene, pero el mundo no ayuda... Porque yo alma de martir no tengo ni siquiera un poquito.

A este paso la noche parece que va a terminar con un choripan, un buen pedazo de vacío y un par de Garotos.

1 abr 2010

De Rubio a Oscuro


A mediados del 2008 decidí que ya era hora de de hacerle caso a mi vieja - "pero a vos te quedaría tan bonito el rubio. Porque vos cuando eras chica eras rubia ..." - y probar si es cierto aquello de que las rubias se divierten mas.

Así fue que durante un año y monedas - de manera progresiva, empezando con mechitas, ya que los peluqueros tienden a dárselas de psicólogos y no siempre te quieren teñir el castaño oscuro a rubio claro de una sola vuelta, no sea cosa que... no sé, no sea cosa que los demandes después, supongo - me uní a la horda de las blondas.
Sin prisa y sin pausa, entonces, llevé mi castaño - en esos días yo andaba sportando algo en la gama de los castaños cobrizos... creo que no veo mi color de pelo original desde 1996 - hasta un rubio dorado que parecía salido de un cuento de hadas. No exagero. El último peluquero, perdón, estilista, porque últimamente somos todos snobs, había logrado finalmente una melena que hubiera hecho las delicias de Aurora, la Bella Durmiente de Disney.

Pena que tengo que decir que a mí no me quedaba bien. En absoluto.
Es decir, la melena, como unidad propia, estaba re bonita, larga y dorada. Un poema, mirevea. Ahora, como parte del contexto, no tanto.
Mi color de piel definitivamente no combinaba con tanta realeza y enseguida me cansé de que mis cejas deschabaran todo el asunto sin ningún tipo de pudor. Vamos, que si bien yo no estaba buscando engañar a nadie, tampoco era cuestión de andar publicitándolo de esa manera.

Así que finalmente, despues de un año mas o menos de andar por la vida como una princesa mal ensamblada, me paré en la góndola del super, frente a todas las cajitas de tinturas, elegí una - no recuerdo cual, pero era algo en la gama del castaño rojizo - y marché hacia mi casa con ella en la bolsa amarilla con el logo de Topsy. También había fideos, yogures, cebollas, leche y Nesquick en la bolsa, por cierto, pero no viene al caso.

Esa noche armé la pócima - puse la ampolla C dentro de la botellita A y lo combiné con el pomo B y sabe Dios que se está poniendo uno sobre la cabeza - y sin pensar mucho en el asunto, me la eché encima.
Estaba terminando el frasquito aplicador cuando me di cuenta de que algo estaba terriblemente mal. Entre el momento en que había decidido ser rubia y el día que nos compete, mi pelo, ya de por sí bastante largo, había crecido a lo Rapunzel y ahora con una botellita de tintura no me alcanzaba.
No es tu mejor momento, no no, viernes a la noche, con la cabeza llena de pastiche, el descubrir que la tintura rubia te llegó al cerebro y tus neuronas ya no son lo que eran.
Mas si considerábamos que al día siguiente, sábado, yo tenía un asado familiar de laburo al mediodía, donde iba a encontrarme con todo el mundo mas el agregado de todas sus familias... como su denominación de asado familiar lo indica.

Terminé con el pelo hasta donde me alcanzó el frasco - lo exprimí hasta que le saltaron los ojos -, lo enjuagué, y al secarlo pude ver que mi larga melena de princesa de cuentos de hadas era ahora una larga paleta veteada en colores que iban desde el rubio dorado hasta el castaño cobre, pasando por rayas y manchas de extraños colores que sólo se encuentran en el fondo de una botella de químicos.

Tuve un momento de pánico, pensé seriamente en no ir a ninguna parte - "no, Henry, yo con los pelos así no voy a ningún lado" -; en cortarlo todo y empezar de nuevo; en buscar un pañuelo, envolverme la cabeza y abrazar mi lado hippie; cualquier cosa, lo que fuera; hasta que finalmente me resigné a lo inevitable. Al cabo que una es una princesa por el lado de adentro, no importa el color del pelo de afuera...
Eso no quita que fuera con el pelo bien atado en un prolijo rodete, que impidiera cualquier esbozo siquiera de las benditas guedejas multicolores.

El asado familiar estuvo entretenido. Fue en un club junto al río. La comida y la compañía estuvieron bien y yo finalmente admití lo sucedido - yo soy la primera en contar mis metidas de pata, siempre es mejor ser el primero en reirse.
Alguien me sacó una foto para la posteridad.
Por supuesto, lo primero que hice ni bien llegué a casa fue ir hasta el super y comprar otra cajita de tintura del mismo color - que sigo sin recordar cual era - para emparejar todo el desastre antes de ir a trabajar el lunes.

Toda esta narración venía a que anoche volví a cambiar el color del pelaje. El invierno me tira a los oscuros y esta vez elegí el color Ambar - el número 57 de los rojos de Nutrisse -, y se ve que es cierto eso que dicen de las castañas, porque esta vez SI - ojo al piojo - me acordé de comprar dos cajitas.

31 mar 2010

Tormentas Guardadas


Estábamos las dos encerradas en su cuarto - "No quiero que entre Zeke!! No, decile que salga!!" - armando un zoológico. Bah, ella lo armaba, yo, acodada en la cama la miraba hacer, acotando el comentario correcto en el momento pertinente.
Rorro, muy concentrada, "leía" su diario, donde estaban anotadas las instrucciones que indicaban donde iba que animal y cuanta cantidad podíamos tener de cada uno. No sea cosa que nos pasáramos o algo así...

Por allá iban los perros - junto a la estantería violeta; mas allá el "ososario" - en el borde de la cama; por aquella zona - junto a la botellita llena de goma eva - el acuario con los peces y los delfines; la "zorrería" - una cajita roja sobre una pila de almohadones; el "mariposario" - toda la vista desde el acantilado; y a un costado el único tigre - originariamente un león, porque los tigres tradicionales no supimos donde estaban.

Ella entonces pasó al siguiente item su diario y me señaló otra esquina de la cama,
"Y por allá vamos a poner los huracanes."
"...", parpadee. Ya había comentado algo antes respecto a los huracanes, pero yo no le había prestado mucha atención, ocupada como estaba en montar la "zorrería" encima de su montaña de almohadas. Ahora, sin embargo, tuve que comentar.
"No podemos guardar huracanes, Ro."

Me miró molesta, llena de fastidio ante mi obvio intento de joder con sus planes administrativos,
"Sí podemos. Ahí los vamos a poner."
El díal de mi confusión subió un punto,
"¿Cómo vas a ponerlos ahí? Los huracanes son... Rorro, los huracanes son tormentas."
Su molestia pasó a incredulidad,
"No son tormentas. ¿Cómo van a ser tormentas los huracanes?" y se sonrió ante mi ignorancia, a veces las madres son tan tontas.
"Sí, son..." frené en seco y cambié de táctica "¿Qué son los huracanes?"
"Son pájaros, mamá," obvio. Hizo un gesto frente a su nariz, "Con el pico grand..."
"Tucanes, Ro. Esos son tucanes."
"Oh..." un latido, dos... "Bueno," levantó su diario y sin perder el compás me señaló una vez mas el ángulo de la cama "y ahí vamos a poner los tucanes."

26 mar 2010

Con Un Poco de Vapor...


Caminando para acá doblé una esquina, y caminando enfrente mío quedaron una chica joven, medio gordita, que iba con el padre - bah, supongo que era el padre, hoy día sabe Dios.
Hasta ahí, nada. La chica iba con un jean, una remera blanca y arriba una remera rosa. Y he aquí el quid de la cuestión: arriba de la remera rosa llevaba una camperita de cuero violeta de manga larga. Y la camperita de cuero en cuestión, quién sabe por qué, tenía toda la espalda arrugada, de tal manera que al caminar se le retrepaba por el costado de la espalda, como remarcando un rollo, produciendo una imagen muy incómoda, incentivando su imagen algo regordeta.

Ahora, yo no soy una mina prolija. Pese a años de madre y abuelas insistiendo, no lo soy. Soy limpia - honrada y trabajadora, gracia´Dio - pero prolija, nop. Mi suegra insiste, levantando la posta que dejó caer mi madre cuando me mudé a la patagonia, pero pese a todos sus reclamos, mis niños, en el fin de semana - en la semana hago un esfuerzo, tampoco es cuestión de que la gente piense que a una no le importa, que no es el caso - andan con los pelos como les guste y si los pantalones tienen agujeros en las rodillas, mientras estén limpios no me hace mucha mella.

Todo lo anterior, entonces, viene a ilustrar que no, las cosas arrugadas no me asustan ni mucho menos, pero ahí estaba ella, caminando frente a mí, con todo ese cuero retrepado sobre su espalda, y de la nada varias generaciones de mujeres GN se asomaron sobre mi hombro y señalaron, con tono desaprobador,
"¿Viste eso?"
"Qué horror. ¿Nadie le dijo nada cuando salió de su casa?"
"Alguien tiene que hacer algo.
"¿Y sí le comentás?"
"Porque no puede andar así por la calle."
"Es muy desprolijo."
"Queda muy feo,"
"¿No tiene una madre?"
Y etc, etc, en un espantoso coro vecinal, erizándome los pelitos de la nuca, cosquilleándome en los dedos, hasta que al final tuve que acelerar el tranco y pasarlos, no fuera cosa que el peso de los años me superara - estaba empezando a transpirar frío - e hiciera algo terrible e imperdonable, como ser estirar la mano y sin decir esta boca es mía, agarrar el borde de cuero violeta y pegarle un tirón a su campera, a ver si con un buen sacudón nos deshacemos de todas esas arrugas, y listo, ¿no te parece que así no estás mucho mas bonita?

25 mar 2010

El Pan y la Leche


Al tiempo de empezar a trabajar en este lugar, empecé a desayunar también acá. Una taza de té bien dulce. Por ende empecé a traer galletitas y/o similar para hacerle compañía. Una vez que me organicé bien, decidí que las galletitas no me resultaban, así que empecé a migrar de panadería en panadería, buscando algo que combinara con mi tacita de té.

A mí el té desde siempre me gustó tomarlo con algo de pan o en la onda salada, por lo menos, so eventualmente mi búsqueda terminó cuando encontré que, en una panadería muy conocida, hacían unos pancitos caseritos que eran una gloria.
Tan buenos eran que mas de una vez tuve que hacer cola y para cuando llegaba hasta el mostrador ya se habían acabado - una vez, ah, furia de las furias, el hombre que estaba adelanto mío se llevó cinco pesos, y con esos cinco pesos limpió la bandeja.
Eran realmente muy ricos. Y como soy un animal de costumbres, una vez que encontré la veta, la mantuve... salvando las excepciones en que no había caseritos - muy frustrante hacer la cola para nada - y llevaba bizcochitos o cuernitos, que también estaban muy bien.

La tradición me duró un tiempo, hasta que una mañana llegué y Angela - la mujer del dueño - me confesó que iban a cerrar, porque el dueño del local iba a vender el terreno para construir un edificio - algo que está muy de moda en esta ciudad.
Me quedé helada. Y mis caseritos? Yo soy una gran amante de las rutinas, me gusta saber que las cosas van a ser como tienen que ser, qué íbamos a hacer?! Pero bueno, una se resigna a todo, cerró la panadería - Dolce Express se llamaba - y empecé una nueva búsqueda, tratando de encontrar el reemplazo perfecto.

Finalmente, recaí en otra panadería muy conocida de la zona - Tentaciones - , con muy buen chipah, bizcochitos hojaldrados decentes, un precio razonable y la señora del mostrador, a fuerza de verme todos los días, si los 100 gramos eran 140 quien estaba mirando.
Así que ahí estaba yo, lista para empezar una nueva tradición, cuando llegué esta mañana y me la encontré cerrada, con un precioso cartel naranja que indicaba que la DGI lo había clausurado. Y mis bizcochitos?!

Arrastrándo los pies fui hasta la nueva panadería, Tiempo de Dulzura, compré bizcochitos - nadie me regaló ningún bizcochito extra - y llegué al laburo, donde conté mi penar.
Vale se rió de mis pesares, me indicó sin preámbulos que soy yeta - cosa que yo ya había empezado a sospechar - y me prohibió directamente que volviera a Tiempo de Dulzura, que es donde compra ella, y no quiere que se la cierren, muchísimas gracias.

Y la búsqueda comienza una vez mas... Lo que sí, me da un poco de miedo cagarle el boliche a algún pobre panadero despistado, pero que va a hacer, una chica tiene que tener sus rutinas.

24 mar 2010

Palabras Inconclusas


Yo siempre he sido una ferviente admiradora de la educación - no necesariamente del sistema educativo, no confundamos chicha con limonada. Admito que si me hubieran agarrado en ciertos días de mi adolescencia, esa afirmación no hubiera sido tan afirmativa, pero all in all, tengo que decir que estoy convencida que la educación es algo mas que necesario para el correcto desarrollo de un ser humano.
Dicho esto, estoy impresionada de lo mucho que le ha servido a mi hijo menor, que en sólo dos semanas pasó de ser un niño que se comunicaba a grito comanche a ser un niño que intenta pronunciar palabras.

Es llamativo.

Puse un posto al respecto, cuando Zeke empezó el jardín, que mi mayor aspiración para este ciclo lectivo - ay, que bonito que hablo yo a veces - era que aprendiera a hablar, porque a estas alturas ya nos estábamos empezando, si no a desesperar, a cansar un poco del AAAHHH, UUUUGGGHHH, y demás exclamaciones vagamente onomatopéyicas.

Desde que empezó el jardín somos ahora recipientes de una serie de palabras nuevas, que si bien no están del todo moduladas - las consonantes aun parecen ser una suerte de barrera lingüística - son perfectamente comprensibles.
Así tenemos un "AAUUUUHHH" acompañado por una manito que se sacude, cuando alguien se despide.
Tenemos un "ROHO" y un "UL" y un "EDE" a la hora de hablar de colores - el amarillo por el momento es algo que sucede en otros hogares.
Un "GOGO" al hablar de su hermana y un "KEKE" al hablar de si mismo.
Hay una larga serie de sonidos similares al número correspondiente cuando contamos todos hasta diez - el "OCO" con tono ascendente es mi preferido -, hay un "MINI", acentuado en la segunda I, cuando te agarrá de la mano para llevarte y un imperioso "ACA" cuando necesita que uno deje algo en un lugar pertinente.
Asi que hay que convenir en que esto del jardín fue, definitivamente, una sabia decisión, no cabe duda

Y a mí no me alcanzan las manos para apapacharlo y hacerle cosquillas cada vez que dice algo nuevo y me vuela la cabeza.

22 mar 2010

Sábados de Dinosaurios


El sábado fuimos al museo del Chocón. Nombre oficial: Museo Paleontológico Ernesto Bachmann. Ni idea quien es Ernesto Bachmann ni por qué le pusieron su nombre al museo.

Nos levantamos temprano - no para ir al museo, si no por la maldita costumbre - desayunamos, nos vestimos y ya estaba yo lista para pasar una mañana tranquila y al pedo, como cualquier sábado que se precie, quizás llevar a los chicos y al perro a la plaza, cuando Henry le preguntó a la Ro si quería ir al museo a ver los dinosaurios.
Es una pregunta tramposa, si quieren mi opinión. ¿Qué chico de cuatro años va a contestar que no? Pero él la hizo igual y pese a mi "mmfpfmmmhmh que lo parió, yo no quiero ir a ningún lado..." interno, allá partimos los cuatro, un poco después de las once.

La Ro, emocionada como estaba ante el viaje, no preguntó ni una vez "cuando llegamos". A los diez minutos en tránsito se quedó dormida. Zeke, no preguntó nada y muy tranquilo se dedicó todo el viaje a mirar por la ventana. Mis niños tienen modos de viajar muy definidos.
El viaje hasta el Chocón lleva una hora - mas o menos - y considerando que están remodelando la ruta a la altura del desvio para Zapala, esa hora - mas o menos - se alargó quince minutos - mas o menos - lo que hizo que llegáramos casi doce y media - mas o menos.

Estacionamos lejos del museo, porque la verdad no estábamos seguros de donde está ubicado en el pueblo. Fuimos una vez antes, cuatro años atrás, y si bien no creíamos que lo hubieran movido, hay que admitir que en cuatro años lo que se mueven son las memorias. Por suerte para todos los involucrados, Villa El Chocón no ha cambiado nada - en los últimos veinte años - y caminando por los senderos entre las casas - creo que tiene solo cuatro calles para rodados y me lleva a comentar, es impresionante el silencio, que demuestra que la mayor parte del sonido que contamina el mundo pertenece a los autos - llegamos a lo alto del lugar, junto al paseo comercial, que está junto a la escuela, que está junto a la plaza, que está junto al museo.
Es un lindo lugar. Rosario y Zeke fascinados por las huellas impresas en el suelo de la entrada se pasaron un rato midiendo sus zapatillas con la pata de pintura amarilla y otro par de minutos tratando de convencerme de que comprara alguna de las tantas huevadas que hay en el puesto de Recuerdos del Chocón.

Finalmente entramos, pagamos los 20 pesos de la entrada y procedimos a recorrer el largo pasillo donde funciona el museo. Tengo que decir que el viaje en auto es infinitamente mas largo que lo que toma recorrer el museo. Es interesante, no vamos a ser el malo de la película, pero la verdad verdadera... diez pesos por persona y una hora de auto es mucho.

A la entrada a nuestra derecha hay una exposición donde está armada una excavación, y en cuyo centro hay un enorme esqueleto a medio desenterrar y el boogie con el que recorrieron la patagonia - me encantaría tener un boogie de esos - , además de un par de vitrinas con dientes y demás souvenires que los dinosaurios fueron dejando.
Seguimos caminando por el pasillo.
A nuestra izquierda se abre un salón donde hay ensamblados dos esqueletos de algo que si hoy en día existiera sería el equivalente a dos tipos diferentes de vacas - en versión reptil y no mamífero. La recorrimos, nos impresionamos con su tamaño, la Rorro me explicó que tenían los dientes chiquitos porque no comían personas, Zeke jugó a resbalar con la cola por la bajada en la entrada del salón.
Seguimos caminando por el pasillo.
A nuestra derecha se abre toda una habitación destinada a las represas. Te cuentan sobre las que hay en el mundo, como funcionan, cuales existen en nuestro pais, como están construidas, y miles de datos mas sobre represas que nunca quise saber en realidad y por eso nunca me tomé el trabajo de preguntar, pero ahí estaban, todos juntos. Y no, no tiene nada que ver con los dinosaurios, pero bueno, el Chocón es una represa y... hay que amortizar la entrada...
Seguimos.
A la izquierda, otro salón, en esta hay armados dos esqueletos mas grandes que los anteriores y que, si los otros eran la respuesta a las vacas, vendrían a ser la respuesta a los osos, tigres y leones, oh my. Estos sí daban impresión, con todos esos dientes y Sam Neill escapando de los velociraptores y el recuerdo ancestral de que uno alguna vez fue muy pequeñito y estas cosas tendían a cenarnos sin siquiera pensar. Zeke se impresionó, la Ro estaba chocha y yo recuerdo que uno se llamaba gigantosauro y el otro ni idea.
Seguimos caminando, llegamos al fondo - el baño finalmente, yo tenía que ir desde hacía por lo menos una hora - miramos las muestras de puntas de flechas y demás recuerdos que los indios hicieron, desandamos el pasillo, nos despedimos de todos los dinosaurios, sacamos un par de fotos y nos fuimos. Tiempo total, media hora.

Salimos - "sí, tu pie es muy chiquitito al lado de el dinosaurio, no, no vamos a comprar nada, Zeke soltá ese collar"- y decidimos ir a almorzar a alguno - el único restaurante/bar/confitería/pizzería/tienda de regalos - de los lugares en el paseo comercial.
Andábamos cortos de efectivo así que pedimos sandwiches para los chicos - Ro quiso un sanguche de miga, que decidió que no le gustó, y a Zeke le pedí un tostado de jamón y queso y se comió la mitad de los cuatro pedazos, dejando las otras mitades todas aplastadas - y Heny y yo comimos pizza. Muy buena la pizza. Si alguna vez van al Chocón, la pizza de cuatro quesos del restaurante/bar/confitería/pizzería/tienda de regalos es recomendable.

De ahí volvimos a caminar hasta el auto. En el camino pasamos por una casa en cuyo jardín cuando pasáramos de ida había una familia haciendo un asado - uno los podía ver a través de las maderas de la cerca - y donde ahora había un señor solo en traje de baño afinando una guitarra. Cuando nos alejábamos empezó a tocar y cantar algo por lo bajo. No sé qué cantaba, pero era de lo mas bonito, y nos acompañó todo el camino hasta el auto.

20 mar 2010

Regateando




Para todos los que están siguiendo los progresos de mi hija y su interés por el ballet, paso a mostrar, este es el famoso rodete, que tanto me costara la primera vez,


y ahora, cada vez que lo hago, curiosamente, me sale cada vez peor. En serio. Parece algún tipo de chiste. El primero, ahí lo pueden ver, quedó de lujo. Aguantó toda la tarde. A partir de ahí, nunca mas. El siguiente quedó con pelo disparando para los cuatro vientos. El siguiente a ese agregó los puntos cardinales que faltaban. Y así, en sucesiva progresión.
Pero yo me tengo fe... cierta fe... y pienso que con la práctica, y con el crecer del pelo, eventualmente voy a conseguir que parezca realmente un chignon prolijo, digno de una prima ballerina.

Sabrán entender entonces porque mi reacción fue esta


ante el comentario lleno de desparpajo de mi hija del lunes pasado donde me anunció, así como quien no quiere la cosa, que ya no quiere ir mas a baile.

"¡¿Por qué no?!" acaso no me había rogado todo el verano - y todo el año pasado, convengamos - que quería bailar?
"Porque me canso..."
No voy a trascribir acá toda la conversación de ese día - ni las de los días subsiguientes - porque sería largo y tedioso. Cabe decir que oscilé entre el "¡Vas a ir igual! ¡Yo no voy a haber comprado todo y pagado todo como una pelotuda para que vos TE CANSES a los diez días!" menos pedagógico que se puedan imaginar, y el "Pero, Rorro, ¿por qué no querés ir? Si a vos te encanta bailar" con el tono mas conciliador que pude rasquetear del fondo del barril de mi paciencia, nunca muy lleno, y que en momentos como estos se vuelca y se vacía con una facilidad que da calambre.

Pero ella no aflojó, no cedió, no dio mas razones que esas. Lloró, pateó y mordió, al mejor estilo Brujito de Gulubu... - bueno, no mordió, no - y finalmente concedió que va a ir hasta que termine marzo, porque la zángana de su vieja - palabras mías, no suyas, todavía no - ya pagó todo el mes y es lo menos que podemos hacer por ella.

Así que, nada, todos mis sueños de tener una hija bailarina se fueron por el drenaje. Porque ella me jura y me promete que el "otro año" va a ir. Pero el año que viene, primer grado y doble escolaridad a cuestas, si ahora está cansada - esto de que haya dejado de dormir siesta no fue la idea mas brillante del arbolito - no quiero ni imaginar el resto de su vida.
Tampoco eran grandes sueños, en realidad. Ni siquiera chiquitos. A mi una hija bailarina la verdad que me ne frega. Lo que yo quería era darle algo que la hiciera feliz. Y a ella, hay que decirlo, le gusta mucho bailar...
Lo que me hace pensar que quizás ese sea un poco el problema. A la Ro le gusta bailar. No le gusta que le digan cómo. A Ro no le gusta mucho que le digan cómo nada, para ser exactos.

Tener personalidad, gustos propios y una total falta de aprecio por la disciplina a los 4 años y medio suena entretenido en la teoría, en la práctica nos va a resultar, a hubbie y a mí, un problema marca cañon.

19 mar 2010

De Lunes a Lunes 1/2


" -Realmente lo lamento, señor.- y con estas palabras, a las que la fuerza de la repetición todavía no habían restado sinceridad, el cirujano se sacó el barbijo que llevaba alrededor del cuello con gesto cansado y se marchó por el pasillo pintado de blanco.
Tomás parpadeó, acusando recibo, y miró la figura alejarse. Respiró hondo, tragando aire como quien traga agua. El hombre de pie a su lado, ignorando al cirujano, fijó la mirada en él, obviamente preocupado ante su falta de reacción.
Tomás se sentó despacio, pesado, mas una caída que un aterrizaje controlado, sobre la superficie gastada del sillón verde de la sala de espera. No estaba seguro de cómo reaccionar.
Nunca antes le había pasado una cosa así.
Tendría que haber un manual de etiqueta para estos momentos.
Alguien iba a escuchar sus quejas… En algún momento…
Flexionó los dedos, abstraído, notando costras de sangre seca en ellos.
-Hey. - Javier se sentó a su lado - Hiciste lo que pudiste. - la voz lo sacó de su contemplación. -No fue tu culpa.
Tomás giró la cabeza despacio y, con la misma abstracción con que estudiara sus manos, trató de centrarse en la mirada negra de Javier.
¿De qué le estaba hablando? ¿Culpa? ¿Quién sentía culpa?
En ese instante él… no sentía nada.
Renunció al vago intento y volvió la cabeza a su posición original. Sus dedos, sus manos, continuaban llamando su atención. Iba a tener que lavárselas, no podía salir a la calle con las manos así.
-Esto no tendría que haber pasado.- y su voz sonó normal, estable, como si estuvieran conversando sobre un documental en televisión, el partido de anoche, el último capítulo de una serie.
Javier suspiró, llenándose los pulmones, y se echó hacia atrás, apoyando la cabeza oscura contra la superficie clara de la pared blanca,
-No, no tendría que haber pasado.- la voz de Javier, en contraste, sonó terriblemente cansada. -Pero aun así, tenés que saber que no fue tu culpa.
Tomás encogió un hombro, indiferente. Seguro, él sabía que no había sido su culpa. Los cursos de las enfermedades no responden ante nadie... Y sin embargo...
-Tendría que haber hecho… tratado algo más.- se felicitó a sí mismo por su tono compuesto, muy bien, muy bien, Dios sabía lo mucho que le estaba costando entender lo que estaba pasando.
-¿Como qué?
Algo tembló en el interior de Tomás, algo púrpura y estriado, que se sostuvo a fuerza de ignorarlo.
-No sé, algo.- estudió las manchas en sus dedos como si pertenecieran a otra persona y no fueran los mismos que él había usado hacía escasos minutos, tratando de detener esa monstruosa hemorragia nasal en que eventualmente se le había ido la vida.
-Llamaste a la ambulancia.- ofreció su acompañante.
Un chasquido de lengua,
-Para lo que sirvió.
-Tenía un cáncer galopante. Era cuestión de tiempo, todos lo sabíamos.
-Si, bueno, eso no lo hace mas fácil.
-No, quizás no, pero así es como tenía que ser.
-¡No digas eso!- y el exabrupto les ganó una mirada de reproche de la enfermera del turno noche.
Murmurando una disculpa, Tomás se puso de pie. Realmente necesitaba lavarse las manos. Las puertas dobles que separaban el pasillo del mundo se abrieron y dieron paso a Virginia, su hermana mayor, llegando como respuesta a la llamada de auxilio que había lanzado a la noche apenas media hora antes. Y aun así, llegando tarde.
El rostro sofocado, la expresión urgente, buscándolo en el vasto espacio de la pequeña sala de espera,
-Tomás.- murmuró cuando sus ojos azules por fin lo encontraron, y se lanzó contra su pecho con la fuerza de un pequeño búfalo, haciéndolo trastabillar.
La mirada ligeramente divertida de Javier encontró la suya por encima de la cabeza rubia que se acurrucaba contra él.
-Vine en cuanto pude.- cinco años mayor, quince centímetros menor, Virginia se alejó unos pasos y lo agarró de las manos con fuerza. -¿Cómo estás? ¿Vos estás bien?
El asintió.
No era él en el quirófano.
No era él el…
-¿Qué pasó?
Tomás movió la cabeza, haciendo un gesto vago, retrocediendo del abismo a sus pies, ocultándose de los recuerdos, protegiéndose del futuro que se le venía encima.
-Una hemorragia. No sé muy bien.
-¿Sigue en cirugía?
Respiró hondo. Nunca había sido bueno para dar malas noticias. ¿Dónde estaba el cirujano cuando uno lo necesitaba? Podía notarse enseguida que ese hombre sí sabía lo que hacía.
Buscó a Javier, pidiendo socorro, pero este se había alejado unos pasos para darles un símil de privacidad. Volvió a mirar a Virginia, hasta que finalmente su falta de respuesta se volvió una respuesta en sí misma. Con cuidado, tanteando sus brazos como si fueran el camino, su hermana volvió a abrazarlo.
El le palmeó la espalda ligero, incómodo, presa del deseo de poder consolarla, consciente de que era ella la que estaba tratando de consolarlo a él, sintiéndose incapaz de necesitarlo.
-Shhh...- susurró, en un gesto automático. -Shhh....
Pero Virginia se recuperó enseguida, siempre había sido una chica fuerte, y enderezando el espinazo le apretó el antebrazo,
-Vos nos te preocupes por nada, Ginny está acá y se va a hacer cargo de todo. - y con gesto decidido marchó hacia la enfermera.
Javier desanduvo el camino hasta detenerse a su lado, los brazos cruzados frente a su pecho, los dos observando a la mujer pequeña enfrentar a la enfermera enorme. Tomás no tuvo ni que mirarlo para conocer la expresión en sus ojos como pozos.
-¿Qué?- dijo, mas a la defensiva de lo que le hubiera gustado. -Ella siempre te ignoró, ¿en serio pensaste que las circunstancias cambiarían algo?
Javier hizo un gesto con el hombro,
-Podría al menos haber dicho mi nombre.
Tomás sonrió por primera vez desde que todo empezara. Una sonrisa breve, triste, pero una sonrisa al fin,
-Con todo lo que la hicimos pasar, gracias que dice MI nombre.- frotó incómodo las manos contra el suave corderoy de sus pantalones. -En serio, tengo que lavarme las manos.
Javier hizo una mueca,
-Dale, vamos. El baño está por acá.


Tomás refregó sus manos bajo el chorro de agua caliente hasta asegurarse de que no quedaban rastros de nada. De haber podido hubiera seguido frotando hasta borrar sus huellas digitales.
Tenía la incipiente sensación de que nunca volvería a estar limpio del todo.
Javier lo miraba hacer, apoyado el hombro en el marco de uno de los cuatro cubículos.
-¿Estás un poco mejor?
-Estoy bien.
-¿Seguro?
-Seguro.
-Porque el mundo no se va a acabar si puteas un poco.
Tomás sonrió, cansado pero compuesto.
No tenía ganas de putear. Verdaderamente no tenía ganas de nada.
Aun no estaba del todo seguro de lo que había pasado.
Cerró la canilla.
-Estoy bien.
Javier asintió, no muy convencido,
-Si vos lo decís... ¿Qué hacemos con Pulgarcita?
Los ojos azules, iguales a los de su hermana mayor, fueron burlones en el reflejo,
-¿Sabés que son frases como esa las que hacen que ella no te trague?
Javier sonrió impenitente,
-Sí, lo sé.
Tomás se apoyó en la mesada de granito negra,
-¿Lo tomará muy mal si nos vamos un rato y la dejamos sola?
-No podemos dejarla sola. No sería justo. Hay demasiados trámites, demasiados parientes que tratar que no son de ella.
-¿Justo?- los ojos del espejo se decantaron incrédulos. -Acabo de perder al amor de mi vida, ¿qué tan justo te parece eso a vos? - pero a su voz le faltaba expresión, alguien probándose en la piel unas palabras que no reconocía como propias.
Javier se cruzó de brazos en lo que su interlocutor pudo reconocer como su expresión tozuda,
-No podés hacerle eso a tu hermana.
Tomás abandonó la lucha, volvió a abrir la canilla y se refregó las manos hasta dejarlas rojas una vez mas.
-¿Sabías que eso puede derivar en una psicosis?- la voz de Javier le llegó a través del sonido del agua.
-Descansá. Nunca terminaste la puta carrera.
-Me faltaron ocho materias.
-Son ocho materias.
Javier se encogió de hombros,
-¿Qué puedo decir?- la voz displicente. -Lo mío es la música.
Tomás se secó las manos, hizo un bollo con la toalla de papel y la tiró en dirección al cesto, desafiándola a que no entrara,
-No quiero ver a nadie. Van a llorar, y tratar de consolarme, y estoy bien, no necesito nada.
-¿Seguro?
-Puta, flaco, ¿querés un dibujo con crayones?
-Si vos lo decís.- repitió, pero su tono expresaba sus reservas al respecto.
El hombre junto al lavatorio respiró hondo, armándose de paciencia ante la buena intención de los demás,
-¿Qué sugerís que haga?
-Lavate la cara en vez de las manos, salgamos de acá, y bajemos a la cafetería, a ver si te componés un poco.
Tomás enfrentó su imagen. Javier tenía razón, su cara dejaba mucho mas que desear que sus manos. Noches en vela, observando el sueño intranquilo de la persona que guarda la llave de tu existencia no pueden menos que cobrar su precio,
-Qué haría yo sin vos.- comentó, tan agradecido como mordaz, antes de echarse agua fría sobre la piel caliente.
-Pfff, montones de cosas.
Tomás carraspeó y se frotó los ojos,
-Dale, vamos. Necesito café.
La puerta del baño se abrió con un chasquido, sobresaltándolos. Un hombre entró y se dirigió a los mingitorios sin mirarlos.
-´Nas noches.- saludó Javier.
El hombre no se dio por aludido.
-El mundo está lleno de gente maleducada.- murmuró Tomás, lo que sí le ganó una mirada, y los dos, presurosos, abandonaron el lugar."

Continua-