Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

29 dic. 2009

A Medida


No sucedió así: Los cielos se abrieron y resonaron las trompetas. Los ángeles batieron sus alas perfumadas. Ríos de champagne corrieron libres para festejar la gloria del nacimiento de Cristo. Luces brillaron en todas las puertas y coros se alzaron para celebrar la gloria de Dios. Las naciones depusieron las armas y la tranquilidad se hizo carne. La Estrella de Belén surcó el firmamento y hubo paz en la tierra para los hombres de buena voluntad.

Tampoco sucedió así: La música resonó en el inmenso salón, canciones de Navidad remixadas haciendo temblar los muebles. Guirnaldas de hojas verdes y flores rojas colgaban de los marcos y ángeles de alambre y lino decoraban las puertas. Una mutitud de invitados, distribuidos en varias mesas, disfrutaba de una copiosa comida compuesta de varios platos, disfrutando el momento, sin preocuparse por la hora. Boles de postres y canastas con frutas se alineaban sobre los mostradores, decorados en plateado y blanco. Botellas de champagne descansaban en las heladeras, esperando que dieran las doce para ser abiertas. Docenas de paquetes reflejaban las luces del gigantesco árbol, en rítmico parpadeo, encendiendo y apagando la noche.

O de esta manera: La numerosa familia, vestida con su mejor ropa, cruzó la calle en dirección a la Iglesia, donde ya un buen número de feligreses se había reunido para escuchar la misa de Gallo antes de volver a casa, para disfrutar de la cena Navideña. La pequeña Iglesia, sus puertas abiertas de par en par, estaba llena a rebosar de flores de distintos colores y el perfume impregnaba todo lugar, mezclándose con el calor del verano, cargando la atmosfera, ya pesada de humedad e incienso. La niña mas pequeña se soltó de su padre y corrió hacia el altar, maravillada ante el misterio, seguida por su hermana mayor, que agarrándola firme de la mano la llevó de vuelta al seno familiar. El sacerdote se asomó por la puerta de la sacristía, para ver la cantidad de atendentes y sonrió feliz antes de volver adentro para terminar de arreglarse.

Sucedió así: La cena casera terminó temprano, merced a las insistencias y los ruegos de la niña mayor de la casa, que desesperada por la inminente llegada de Papá Noel, no había querido comer nada. Un rato antes, tanto ella como su hermano menor habían seguido las pistas de la busqueda del tesoro que organizara su abuelo y habían encontrado la cajita llena de monedas de chocolate, cosa que no había ayudado en nada al caso de la carne con verduras. Despues de la comida se encendieron las estrellitas y los cohetes, lo que llevó a las risas y los sustos, mientras la cheesecake hacía una aparición momentanea. Una vez terminada la pirotecnia -y la cheesecake - los padres de los críos, cansados finalmente de tanto ruego intermitente adelantaron la llegada del Viejito Pascuero. Los minutos hasta las doce se fueron entre exclamaciones de alegría infantil y ruido de papel rasgado. A las medianoche se descorchó un champagne y un anana fizz - para los que no gustan del champagne... - y la familia salió, copa en mano, a la mitad de la calle a ver los fuegos artificiales. A eso de la una y media, después de los últimos gritos histéricos y agotados por que nadie quería rescindir de sus jueguetes nuevos, los cachorros se fueron a dormir, y después de ordenar un poco, yo me fui a dormir también, con esa agradable sensación de contento que tiene uno en el pecho cuando el mundo es como tiene que ser.

1 comentario:

Alex dijo...

a pleno opción 4!

Besososos