Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

30 ago. 2012

Uno o Dos Nombres


Hace unos años - mas de una década, menos de dos, quién va a andar precisando, no sea chusma - mi número de teléfono llegó a manos de un chico, sobrino de una compañera de laburo de mi vieja, que me llamó un jueves a la noche para salir un viernes.

Perfecto.

Me pasó a buscar en auto propio - josha, normalmente los flacos con los que yo salía andaban en 60 - y me llevó a cenar a un restaurante en San Isidro, re lindo, en medio de un jardín, al que nunca jamás volví porque no hubiera tenido ni idea como encontrarlo.
Era una noche agradable, recuerdo que había velitas en el restaurante. La única pega, el chico este - que tenía un acento paquetíiisimo, con sólo escucharlo podías ver la sombra de todos sus parientes jugando al polo en la estancia - de apellido Saravia, y no me pregunten el nombre porque ya es pedir mucho, tenía el tic de nombrar gente que yo no conocía.
No, no estoy loca, no pretendo conocer a todo el mundo, todo bien con hablar de gente que yo no conozco, es normal que no conozcamos la misma gente, no me miren con ese tono de voz, pero una cosa es contar una cosa onda:
"mi hermana y yo fuimos a..."
y otra cosa es:
"Sí, porque estábamos con Nacho Chamorro - ¿lo conocés? - y nos metimos por la puerta de atrás del club, aprovechando que no estaba ninguno de los chicos de la pandilla, esquivamos a Ernesto Ibañez - ¿ubicás a Ernesto Ibañez? ¿Teto? estaba en el equipo de rugby con Juancho Rizzo - que estaba con Lara Fitz - iba al colegio con Titi Mororo, ¿conocés a Titi? - y logramos entrar al torneo sin que se dieran cuenta los organizadores - ese año era Pepe Herbert, tenés que conocer a Pepe Herbert, es amigo de Coco Gattoni - que nos habíamos olvidado las entradas."
¿Quién carajo es toda esa gente?
No, en serio, ¿a alguien le importa?
Pero la cena estaba buena, una chica tiene que comer, y yo estaba en esa edad en la que un viernes afuera es mejor que un viernes adentro, por lo que traté de ignorarlo y la noche terminó.

A la semana siguiente volvió a llamarme - cosa que me sorprendió, porque él y yo cero -, pero el tal Saravia no tenía nada que hacer, tenía un amigo en banda y si yo tenía alguna amiga que se prestara, podíamos ir a dar una vuelta.
Como yo tampoco tenía nada que hacer y una siempre tiene alguna amiga que se presta, ignoré el recuerdo de todos esos nombres, acepté la invitación y nos fuimos a dar una vuelta nomás.
La pasamos bien, el amigo resultó simpático, fuimos a tomar algo a un bar y con la conversación entre cuatro, esa necesidad casi patológica de tirar nombres en la conversación se diluyó un poco, por lo que pensé que debía haber sido mi imaginación, unos nombres los tira cualquiera, y no lo pensé mas. Cuando nos dejaron en casa, después de una noche sin nada que recordar, supuse que ese sería el final.

Pero no.
En ninguno de los frentes.

Tiempo después, mucho tiempo después, me atrevería a decir que un año después o quizás más, recibí una tardecita un llamado - "¡Es para vos, no sé quién, un tal Saravia!" - y el acento de jugador de polo me golpeó.
"¿Cómo andás?"
"Bien, bien. ¿Vos?"
Y el resto de su conversación fue mas o menos así,
"Estaba acá con los chicos, con Nacho Chamorro, Carlitos Ovejero, las mellizas Alcorta, y algunos más y pensé en llamarte."
"¿?"
"Sí, porque le contaba acá a Mili - la ubicás a Mili Cañas, no - que eras una chica divina y estaba el otro día con los chicos del club - el Teto, te hablé del Teto Ibañez, Pacho Cañadas y Luli Guinsburg, que iba al colegio con Vivi O´Connor - y Sofi Lopez B me dijo que... "
No me acuerdo mas. Tengo un blanco. Lo recuerdo y es estática y sudor frío. Mi mente se fugó ante tanta huevada y simplemente dejé que terminara de hablar - mas de quince minutos por reloj de él tirando nombres, yo mirando el vacío y mi hermano mirándome preocupado -, me despedí, gracias por pensar en mí al hablar con toda esa gente que no tengo ni puta idea quien mierda es y corté.

Todavía no sé por qué me llamó. No hubo ninguna razón para su llamada excepto, al parecer, contarme sobre todas esas personas. No hubo ninguna invitación, no hubo ninguna invitación para mi amiga que se prestaba, no hubo nada, nada más que esa larga retahíla de nombres con los que estaba pasando la tarde.
Quiero creer que estaba en pedo.

Volvía del laburo anoche y bordeando la plazoleta, me crucé con un par de personas - ella, de joggins, paseando al perro, él de traje casual, la corbata floja, morral al hombro, volviendo de laburar - conversando en la esquina. Era obvio que se acababan de encontrar por casualidad, y al irme acercando a ellos, para cruzar la calle, escucho la voz del flaco, con un tono de cancherito importante que aspira a tener parientes jugadores de polo, que decía,
"Sí, porque estábamos con Nico Strauss, que se quedó en el hotel - ¿te acordás de Nico Strauss? - conversando con Juanita Balboa - tenés que acordarte de Juanita -, mientras los chicos y yo nos íbamos con las tablas a..."

La ficha del tal Saravia me saltó a la cabeza como si hubiera sido ayer. Pude sentir el recuerdo del sudor frío y el ruido blanco. Miré para atrás y reconocí en los ojos vidriosos de la chica del perrito la fuga mental que tanta huevada produce.
Pensé en decir algo, pensé en rescatarla, pensé...
Mejor vos que yo, hermana.
Y escapé lo más rápido que pude.

28 ago. 2012

Festejos Arbitrarios

¡Bievenidos!
Pasen, pasen, tengo torta, bizcochitos, chizitos, papas fritas, y demás para festejar este, mi post 401. Sí, sí, 401. No, no 400, 401. Así soy yo. ¿Por qué vamos a ser víctimas y prisioneros de la redondización de las cosas, eh? ¿Por qué vamos a conformarnos? ¿Existe la palabra redondización? ¿Nos importa realmente? ¡No, porque no somos esclavos de ella!
Y después de la arenga viene la realidad en la cual admito que no estoy festejando el posto número 400 simplemente porque recién me di cuenta que era el posto 400 una vez que ya había publicado mis aventuras en la medicina moderna.
Soy una víctima de la distracción - pero no de la redondización, ojo al piojo.
Así que pasen, pasen, apropingüensé.
Sí, Bebilacqua, uste´también - no, no se coma las galletitas de queso, que son para la tía Olga, ya empezamos mal.

¿Están todos cómodos? ¿Todos tienen una copa de champagne? Es rosa, sí, no me gusta el amarillo, a mí me gustan las cosas dulces - como yo, sí Bebilacqua, ya está uste´empezando a caerme gordo, siga así que lo voy a mandar a vicedirección.

Bueno, a ver, posto 401... qué les puedo decir que no les haya dicho ya... este... Soy malísima para los discursos improvisados, me emociono toda y no sé qué decir.
¿Ve? ¿Ve? Ya me salta el lagrimón...
Hablemos de otra cosa.

¿Qué tal el fin de semana?

Nosotros fuimos a ver Tinker Bell y el Secreto de las Hadas (en 3D) con Rorro, Zeke y el hombre de mi casa, que hay que darle se banca cada cosa por esos nenes. Me quise matar (en 3D) pero los niños la pasaron bomba, así que el saldo fue positivo.
Anduvimos en bicicleta, en el playón de la plaza chiquita. Rorro piensa que jamás de los jamases va a dejar las rueditas. Zeke piensa que la bicicleta de Rorro es mejor que la de él. Cada uno tiene problemas propios, obviamente.
Mis hijos invitaron gente - se me llenó la casa de pibes, en un momento eran seis en mi casa chiquita y sin clima para ir al patio. Casi mato yo a alguien en 3D.
Hice lemon pie - me quemé los nudillos con el horno, pero no se notó en el resultado final.
Jugamos al Adivina Quién Soy Yo - la vinchita esa que hay que ponerse para sostener la tarjeta tiene un coso de plástico que se clava en la frente dejando una indentación importante, por lo que es un juego Y un instrumento de tortura a la vez; esa gente sí que sabe amortizar costos.
La Ro y Fiona durmieron largas siestas en el sillón del living.
Vimos tres episodios de Doctor Who, y con eso estamos terminando la segunda temporada. La Ro está enganchadísima con la bendita serie, aún cuando la mitad de los episodios le dan miedito. La estamos pasando bomba, a pesar del doblaje al gallego que tenemos que aguantar.
Fiona y Sasha han descubierto que pueden ser amigas a pesar de sus diferencias naturales. A veces se ve correr al perro atrás del gato, a veces se ve correr al gato atrás del perro. Lo suyo es una relación perfectamente igualitaria, en esta casa nadie discrimina por especie.
Vi Total Recall, la versión nueva, con Colin Farrel y Kate Beckinsale y voy a decir mi gran problema con ella. No, no es la falta de Arnoldo, no. Arnoldo no me va ni me viene. Mi problema es que NO SUCEDE EN MARTE. ¿Cual es el punto de toda la historia si no sucede en Marte? ¿Para qué la estoy mirando si no sucede en Marte? Una gran estafa - aún cuando es entretenida. Pasó bastante rápido.
Y ese fue mi fin de semana.

Como posto 401 es un posto bastante simple, podría haberme esmerado mas, pero es lunes y me agarró desprevenida. ¿O uste´piensa que yo siempre ando con estas mechas?
Bebilacqua, se acabó, no sé quien es su amiga, pero sueltan las galletitas de queso y se me retiran los dos del establecimiento.

23 ago. 2012

La Inconsciencia.


El día de la endoscopía llegó y pasó, como es costumbre de los días.
Yo tenía turno a las nueve de la mañana, por lo que me apersoné, un tanto nerviosa, a las ocho y cuarenta y cinco al lugar, acompañada de mi suegro, ya que mi marido no había podido acompañarme por culpa de una emergencia laboral. No, no, nada grave, gracias por preguntar, la secretaria había faltado por no sé qué cosa y él había tenido que ir sí o sí, por eso de que si no laburamos, no comemos. Y mi suegro me acompañó finalmente, porque es un hombre muy amable y porque alguien tenía que venir, ya que la recepcionista - Soledad, para mas detalles - me había insistido hasta el hartazgo que yo tenía que ir acompañada por eso de la bendita anestesia total.

"¿No puede ser anestesia local?" le pregunté el día que saqué el turno.
" Mirá, hay doctores que trabajan con anestesia local, y hay doctores que trabajan con anestesia general. Este trabaja así." y se notaba en toda la cara de Soledad, que ASI SON LAS COSAS, que venís a joder con las cosas, vos.

Bueno, ocho y cuarenta y cinco, decía entonces, me apersoné al lugar y volví a intentar un diálogo constructivo respecto a la anestesia local. Nop, nosotros somos así y punto, me dijo Soledad, bajándome de un hondazo, y me pasó una serie de papeles que llenar con mis datos y un último donde me hacían firmar un papel en el que yo autorizaba que me pusieran anestesia general.
No, ¿ven? En serio. Si me hacen firmar un papel para que otra persona pueda levantar las manos y decir, llegado el caso "ella me dio permiso, yo no sé de donde salió ese paracaídas" ya me empiezo a poner de malas.
"Este si querés lo podés firmar después de que hables con el anestesista, así te sacás las dudas, ¿sí?" claro, Soledad, total ya me habías mirado con cara de bruja, bien podías ahora tirarme un hueso.

Esperamos con mi suegro a que saltara mi número. Llenamos el tiempo con el cuento de su colonoscopía... sí, es un hombre muy amable, pero sus temas de conversación a veces dejan algo que desear.
A eso de las nueve y diez, vi venir caminando por el pasillo a un señor de unos cincuenta y pico, vestido de jeans y camisa a cuadros, sosteniendo a una señora rubia de apróximadamente la misma edad, que venía caminando medio grogi, agarrada del señor como si fuera un ancla. El señor, despacito los dos, la acompañó hasta una salita cruzando el pasillo justo enfrente mío, donde la acomodó en una silla de aspecto mullido, tiró la palanca para atrás y la dejó sola.
La recepcionista Soledad lo atajó al salir de la salita - no le cerraron la puerta, pobre señora, desparramada en la silla donde cualquiera que pasaba la podía ver - y lo mandó para mi lado.
"Este es el anestesista." me dijo a mí. "Ella le quiere hacer unas preguntas." le dijo a él.
El me sonrió una sonrisa muy agradable - todos los anestesistas que he conocido tienen sonrisas agradables, se ve que andar por la vida poniendo a la gente a dormir los hace sentir bien consigo mismos - y me dijo,
"Vení por acá y me decís."

Mi suegro quedó atrás, seguí al anestesista por las entrañas del lugar - mucho más grande por dentro de lo que la fachada infiere, parece cosa´e mandinga -, me hizo pasar a un consultorio donde saludó a otro flaco, vestido de verde enfermero, que me indicó donde dejar mis cosas y finalmente me dijo,
"Decime, qué es lo que te preocupa." con tono paternal.
Finalmente. Alguien que escucha.
"No quiero anestesia total. ¿Puede ser local?"
Me miró sorprendido. Sí, ya lo sé, lo mío es masoquista, pero en serio, posta, no me gusta perder el control de mi cabeza, me da más miedo eso que cualquier otra cosa, ¿por qué es tan difícil de entender?
"Este... Sí, ¿pero estás segura?"
"¿Cuánto tarda?"
"Cuatro minutos."
"Estoy segura."
El anestesista de la sonrisa agradable se dio vuelta y habló con otro flaco - estoy grande, el doctor que me atendió no parecía tener mas de veinte - que venía vestido de azul médico con una bata encima y le explicó que yo era una loca que quería estar despierta... pero con mejores palabras, y el doctor me miró con cara de estás loca... pero con mejores palabras, y entre los dos me dijeron,
"Si a vos te parece."
Sí, a mi me parece... Pero igual el anestesista se quedó cerca, porque si bien a mí me parece, ellos no parecían confíar mucho en mi voluntad y ya veían que iban a tener que saltarme encima y doparme de prepo.

Me explicaron donde tenía que ponerme, cómo tenía que ponerme, me echaron una anestesia con gusto a ácido en la garganta, y trajeron el tubo.
ES UNA MANGUERA DE JARDIN, señoras y señores. Una condenada manguera de jardín con una lucecita de Navidad en el extremo.
Hacen cámaras que entran en mini microchips para espiar a los paises vecinos y todavía usan una manguera de jardín para mirar adentro del estómago de las personas. A veces pienso que este mundo no evoluciona correctamente.

Pongamos un manto de piedad sobre los siguientes cuatro minutos. Uno creería que se me hubieran hecho eternos, con lo desagradable de todo asunto, entre fluidos y movimientos involuntarios, pero nop, pasaron volando. Me concentré en respirar, adentro y afuera, alrededor del tubo, y en no golpear al doctor cada vez que movía la manguera de arriba hacia abajo - en un momento el anestesista me agarró la mano, quiero creer que fue por apoyo moral, porque se la sostuve fuerte, pero me parece que fue para evitar que yo le sacudiera un bollo al buen hombre que sostenía la cámara...
Cuatro minutos después me sacaron el tubo de la garganta, me senté, me adecenté un poco, sonreí porque ya había pasado lo peor, me dijeron que lo había hecho muy bien - y ni siquiera un chupetín, cuando yo era chica los médicos eran mejores -, les agradecí - no los iba a putear, fue mi decisión el no estar dormida para todo el circo -, el médico me dijo que en cinco me alcanzaban los resultados y me fui. El anestesista de la sonrisa amable trató de agarrarme del brazo y ayudarme a caminar, acostumbrado a gente en peor estado, pero no, gracias, estoy bien.
Sin dolor, sin mareos, sin ningún tipo de trauma psicológico, con la garganta dormida y una sensación de aire en el estómago que hubiera tenido tanto con anestesia general como sin anestesia general, me fui hasta donde mi suegro y me senté a esperar.

La señora rubia seguía estúpida en su silla y todavía nadie le había cerrado la puerta.

La recepcionista Soledad vino a alcanzarme el formulario a firmar, sobre la anestesia que me iban a poner y le dije que no, que ya estaba.
Me miró sorprendida,
"¿Ya terminaste?"
"Sí."
"¿Te pusieron anestesia local?"
"Sí." tomá, já, señorita Así Hacemos Las Cosas Nosotros.
"Oh, bueno... entonces nada." y se fue con sus papeles sin firmary un vago aire de desaprobación.

Cinco minutos tardó el doctor en traerme mis fotos - son ángulos míos que nunca había visto, definitivamente no es mi mejor perfil, no las voy a andar poniéndo en curriculums. Me dijo que todo estaba casi como tenía que estar. Una gastritis simple, una hernia de hiato - que parece ser que es terriblemente común, pese a su nombre feíto - y paremos de contar.
"Muchas gracias." etc etc, y nos fuimos.
Todo el asunto no duró más de quince minutos.

Y la señora rubia seguía despatarrada en su silla.

18 ago. 2012

Un Centímetro

No sé si las brujas existen, pero que vuelan de noche, vuelan de noche, decía mi abuela...

Considerando el cuento que escuché, a veces uno haría bien en escuchar a mi abuelita.

La historia, que dicho así parece que no fuera cierta pero lo es, me la contó una de las chicas del laburo, y no, no le pasó a un amigo de un amigo de un amigo, le pasó a la señora que cuida a su hija, por lo que si bien al llegar hasta mí ya es sólo una historia, por lo menos puedo decir que las personas involucradas tienen nombre y apellido, que es más de lo que se puede decir cuando uno habla del amigo de un amigo de un amigo.
Esta señora, que tiene nombre y apellido pero no lo voy a decir, tiene una hija de veintipocos años. Esta hija de veintipocos años tiene un hijo y un novio cama afuera. Esta hija de veintipocos empezó un día con calambres en el estómago. CALAMBRES en el estómago. Así, con todas las letras. Pasó un par de días, pasó varios remedios y eventualmente fue a la guardia, a ver si era apendicitis o alguna de las otras itis que siempre pueden saltar cuando uno menos lo espera.
En la guardia le hicieron estudios, no encontraron nada. La mandaron a su casa con drogas recetadas, que suelen estar un escalafón mas arriba que las que uno toma por su cuenta, y quedó así.

Pasó el día, pasó la noche.
La chica se doblaba de dolor.

A la mañana siguiente la volvieron a llevar a la guardia. Mas estudios, mas cosas, se rascaron las cabezas en conjunto, no encontraron nada.
El novio cama afuera, que había estado con ella el día anterior, pero hoy se había ido a trabajar, llegó corriendo cuando lo llamaron porque la cosa empeoraba. Traía en su celular varios mensajes de texto que había recibido esa mañana, desde un número desconocido donde decían que iban a matar a su novia - lo decían de manera más grosera y con mas signos de exclamación, pero yo voy a dejarlo así.

¿Cómo termina la historia?

El padre de la chica encuentra un sobre lleno de gusanos en el buzón de la casa. Una de las enfermeras de la guardia les dice que por qué no van a ver a un curandero muy conocido que hay en Plottier. Cargan a la chica en el auto y corren hasta allá. Entran al lugar, plena sala de espera, llena de gente, sale el curandero como si los estuviera esperando, les dice que pasen rápido, que la chica está en las últimas. Entran, con el sobre lleno de gusanos en la mano y lo dejan sobre una mesa. El curandero hace algo - no sé qué hace, lo lamento, los detalles de la señora son medio vagos en este punto - y enseguida la chica está mejor.
Según palabras del curandero de Plottier, si hubieran tardado mas, la hija de veintipocos se moría.
Para rematar el asunto con música de fondo, la señora dice que cuando el curandero terminó con todo, el sobre con gusanos estaba vacío, todos habían desaparecido... aún cuando para mí la señora ya estaba mirando lo que quería mirar porque seguro todos los gusanitos se habían caído al piso... no, si alguna gente...

Nunca supieron que tuvo la hija de veintipocos.
Le hicieron algunos estudios mas, pero no saltó nada.
Ninguna enfermedad, ninguna intoxicación, ningún veneno.
Y qué se yo.

No deja de ser curioso todo el asunto, mas allá de que uno crea en esas cosas o no; le crea a las señoras con nombre y apellido que ven gusanitos evaporarse o no; se crea que alguien se tomó una licencia literaria para emprolijar y abrillantar los detalles o no - ella, eh, a mí no me miren, el cuento es así como me lo contaron a mí.


¿Cómo dice? ¿Que por qué le estoy contando todo esto a uste´que es una persona de ciencia y no cree en los gualichos ni en nada que se le parezca?

Bueno, mi niño el menor, hace una semana que está jodido de la barriga. Va y viene la cosa, y se va por el caño en líquido. Vino la doctora, nos dio una dieta y la cosa no mejoró en demasía. La doctora me dijo entonces que le fuera a curar el empacho.
La señora Emilia, de acá a tres cuadras, amablemente se ocupó del tema.
Mi niño y su barriga son felices de vuelta, gracias a una señora y su cinta de medir.

No sé qué decirles.
Las brujas no existen, pero que vuelan de noche, vuelan.

16 ago. 2012

Cinco Semanas en Globo

Y estamos de vuelta al aire.
Después de dos semanas de vacaciones de invierno, una semana sin pc - Pelu cumplió su amenaza de llevársela -, y dos semanas de estudios médicos por una probable - por el momento, faltan un par de estudios más - gastritis, y una laringitis, una vez mas prendemos la lucecita verde que dice On Air y subimos a la internet.
Mi hermana, but of course, ya me levantó en peso por mi largo silencio así que acá estoy, dando señales de vida.

No voy a pasar a relato todo lo que pasó en estas semanas - mi vida no es un carrousel de emociones, pero cinco semanas son cinco semanas y si a usted no les pasa nada en cinco semanas voy a sugerirle que preste atención a lo que está haciendo y haga otra cosa... no Bebilacqua, eso no fue una invitación a que me relate lo que hizo este fin de semana, paso, no quiero saberlo, probablemente fue ilegal y después viene la policía a hablar con el director y con qué cara le digo que yo no sé nada sobre las mellizas, la botella de vodka, el burro y el sombre- Ve? Ya me está complicando la vida.
Decía entonces, cinco semanas.
Qué es lo mas importante para contar.
A ver...

Habemus canis.
Yep.
Después de tres perros en dos años y el gato que cerró el desfile, nos hemos arriesgado una vez mas y hemos traído a casa a una muchachita pequeñita, blanca y con manchas vacunas, a la que le faltan cinco pesos para ser fox terrier. Un señor muy amable de la ciudad vecina nos la regaló y una señora muy amable nos la alcanzó hasta acá. Es decir que nos conocimos por foto y dimos un salto de fé.
De eso ya pasan tres semanas y andamos todos mas que contentos. Excepto el hombre de mi casa, que si bien le tiene muchísimo cariño, no supera todavía el hecho de que al ser tan chiquita de edad, eso del control de esfínteres no se le da. Viera usted las puteadas que se escuchan en mi casa cada vez que se encuentra un regalito... Por suerte para todos, los encuentro yo primero, reto al perro, limpio y eso fue todo. Si los encuentra él primero, hay que oírlo...
Pero bueno, paciencia. Al perro y al hombre. Los dos eventualmente van a aprender.
La Rorro la bautizó Fiona, en una veloz decisión - "¿Cómo se llama?" nos preguntó el veterinario, llenando la ficha para su vacuna y desparasitaje... La Ro y yo nos miramos. La foto, la decisión, y la llegada de la perra nos había tomado a todos por sorpresa, en menos de dos horas habíamos pasado de nada a perro, o sea que nombre no teníamos, y el bichito ese en brazos de la Rorro, asustado y minúsculo, no tenía cara de nada. ¿Qué hacemos? Ro encogió un hombro, "¿Fiona te gusta?" Perfecto, Fiona será... aún cuando no tenía cara de Fiona, aquí entre nos. Y ahora, dos kilos mas tarde, graduada de raton de laboratorio a rata de sótano, Fiona corre por la casa, feliz de la vida, persiguiéndo a la gata - que le saca fácil tres kilos - como si tuviera el tamaño de por lo menos un cocker. Caracter le sobra por todos lados, y no se rinde, aún cuando Sasha la cachetee sistemáticamente. Ella sabe que eventualmente la gata se va a rendir. Está segura. No importa que Sasha se suba arriba de la mesita y cada vez que Fiona se estire para jugar la otra la baje de un empujón y un bufido. ELLA TIENE FE.
Zeke la levanta en brazos, me mira lleno de amor, y me dice, con vocecita de cuatro años "Es bonita Fiona."
Y sí, es bonita Fiona.

La otra cosa entretenida que hay para contar, el sábado me hacen una endoscopía.
No sé qué tiene esto de entretenido en realidad, es tan sólo algo para contar, porque nunca antes me hicieron nada similar y la novedad hay que contarla. Me van a poner anestesia. Nunca me anestesiaron para nada. El dentista no cuenta. Me pregunto si será anestesia total o local. Mi vieja dice que es total. Yo leí que era local. Ahora tengo que pasar por el lugar, para que la chica me de las instrucciones y no sé qué cosa y me va a sacar la duda. Supongo que es total para que uno no se mueva... Considerando que yo nunca me muevo - la vez que me sacaron las muelas fui un modelo de paciente... practicamente me quedé dormida, lo poco que me molesta ir al médico en general - tal vez la pueda convencer que sea local. Me da como miedito la total. Es esto de la falta de conocimiento. Tengo una amiga que la han operado un par de veces y ya va como si nada. Supongo que todos tenemos que probar todo alguna vez. Aunque mas no sea para poder ser de esos superados - como mi amiga - que dicen "no pasa nada, vos tranquila..."
Si hay que elegir, siempre es mejor ser de los superados que de los asustados.

Dejen ver si hay algo mas para contar de estos días pasados...

Fuimos a ver Valiente. Muy linda. Los rulos rojos de esa chica, poesía en movimiento. Algunos dibujos animados son obras de arte, no hay vuelta que darle.
Fuimos al zoo. No nevó, gracias por preguntar. La pasamos maravillosamente bien, as usual, y llevamos a mi sobrino, que vino de visita y nunca había ido. Una mañana larga excelentemente aprovechada.

Y eso es todo lo que hay para contar en estos días.
Cinco semanas es mucho tiempo, lo sé, lo admito, no me reten mas, no lo voy a volver a hacer - sí, sí, te estoy hablando, no me mires con ese tono de voz. Y sí, el título se lo robé a Julio Verne, lo confieso, no hubo ningún tipo de globo en estas semanas, ni siquiera uno de cumpleaños... pero no me pude resistir.