Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

31 dic. 2011

Torero


* Situación de riesgo nº1.
Conversaba yo con mi cuñada, los críos zumbaban alrededor como moscas con speed. Acabábamos de llegar a su casa, Navidad - 4 horas y contando, y la excitación no los dejaba aterrizar . La Ro vino y preguntó - por enésima vez - cuanto faltaba para que llegara Papa Noel con los regalos. Y mi sobrino - que la escuchaba por primera vez -, la miró un tanto confundido, y aseveró: Pero los regalos los fui a comprar yo con mi mamá.
La Rorro lo ignoró olímpicamente - la Ro tiene oído selectivo.
Zeke ni se enteró - Zeke todavía está en una edad en la que no se entera de nada.
Yo cambié de tema, quién quiere Coca, y mi cuñada se llevó a su cachorro a buscar los juguetes.

(Mi cuñada me comentó mas tarde, que había aleccionado a Juan para que no dijera nada sobre la inexistencia de Papa Noel, pero el pobre, con sus cinco años incapaces de guardar silencio, no sabía cómo cargar con su alma. Sobre todo porque esa misma tarde, en el desfile de la avenida central, había visto a Papa Noel saludando desde el carro de bomberos ¿y no era que no existía? Pobre crío andaba con una confusión encima.)

* Situación de Riesgo nº2
Avanzada la noche - el chivo en el patio estaba casi listo, ya nadie quería seguir siendo engañado con chorizos, yo ya me había servido las ensaladas, los críos se habían ido todos al piso de arriba a jugar a la habitación de los primos - tuve que subir a buscar algo al cuarto de mi cuñada.
Entré, dejé la puerta abierta - error error error - y rodeé la cama, para buscar del otro lado. Atrás mío, con un silencio de ninja, se coló Zeke y no lo noté hasta que su vocecita de pan flauta me preguntó "¡¿Qué hacen toos esos regalos sobre la cama?!" Giro veloz, arreo de crío hacia la puerta como arriando gallinas
"¡¿Qué regalos?! Esos no son regalos, son cosas de tu tía. Vamos para el cuarto."
"¡Pero yo quiero abrir un paquete!"
"Que no son paquetes, hombre, son cosas del trabajo de tu tía."
Y cerré la puerta.


* Situación de Riesgo nº3
Llegó finalmente la medianoche.
Los críos seguían encerrados jugando en el cuarto, así que mi cuñada y yo subimos a buscar todo. Mientras ella juntaba, uno de los críos amagó a salir - las puertas de los cuartos están enfrentadas en un pasillo muy angosto - así que rápida y veloz, me metí en el cuarto y los llevé hasta la ventana, de donde podían verse los fuegos artificiales que la gente estaba tirando - contraviniendo las normas de San Martín que prohibe tirar fuegos artificiales por miedo a los incendios... eran de bonitos... Y mi maniobra funcionó por un par de minutos. ¡Mirá ese! Hasta que la Ro gritó "¡Desde el patio se van a ver mejor!" y antes de que pudiera detenerlos, el malón salió del cuarto y corrió por las escaleras.
Atrás salí yo a los gritos, "¡Al patio! ¡Vayan para el patio!" sintiéndome no sé por qué, como una de esas niñeras en las películas a las que nadie le da bola.
Porque Dios es grande y los fuegos artificiales llaman, ninguno de los críos miró para el living - dónde todos los adultos hacían malabarismos para esconder los distintos paquetes - y salieron directo por la puerta al patio de atrás, dónde ahí sí, merced a la actividad ilegal de los vecinos de la zona y al primo mayor, que custodiaba la puerta de entrada, logré mantenerlos distraídos tiempo suficiente como para que vinieran a buscarnos al grito de "¡pasó Papa Noel!", momento en el cual los fuegos artificiales perdieron todo su encanto y todos corrieron para adentro otra vez.


* Situación de Riesgo nº4
Zeke abrió un camión de bomberos, chocho.
Su primo Juan, feliz de que le hubiera gustado le dijo muy contento "lo compramos con mi mamá".
A Zeke la implicación le pasó por arriba.
Era un camión de bomberos - y mirá, la escalera se levanta -, honestamente, ¿que importa quién lo compró?


* Situación de Riesgo nº5
Esta situación no fue navideña, pero viene al caso por que mantiene la línea.
A la Ro se le aflojaron las paletas. Una se cayó, la otra no. Quedó atorada. Se torció de manera impresionante y ahí quedó. Finalmente saqué turno con la dentista, que me dijo que volviera en dos semanas que la íbamos a sacar. Ayer fueron dos semanas.
La Ro lloró, pateó y mordió cuando la médica la pinchó.
En serio.
Le puso la anestesia, le prometió que no le iba a doler - promesa que cumplió, pese a todo - y aún así, la Ro se tapó la boca con las manos y se negó a dejar que le sacáramos el diente. Finalmente, después de quince minutos de hacerle la psicológica yo le agarré los brazos y la cara, la doc la sostuvo con un brazo y en quince segundos, pese a los gritos y las sacudidas, sacó el diente de un solo tirón. "¿Te dolió?" el gruñido de respuesta fue una chinchuda negativa.
Esa noche, la Ro puso el diente abajo de la almohada, con una carta para el Ratón Perez, pidiéndole que no se llevara el ratoncito de plástico donde había metido el diente porque había sido un regalo de la doctora y muchas gracias.
Esta mañana, me estaba arreglando para ir a trabajar, la Ro se levantó temprano y ahí me di cuenta, como una tarada, que me había olvidado de poner la plata abajo de la almohada - sí, sí, lo sé, soy una pava, no se aproveche de la situación, Bebilacqua, que uste´no tiene altura moral. La Ro llorando le mostraba a Juani, la chica que limpia, que el ratóncito de plástico todavía tenía el diente y yo pensando frenética como mierda solucionar el problema.
"¡Mamaaaaaaaa!" la tragedia griega.
"¿Sabés lo que pasó, Ro? Vos estás de vacaciones, así que seguro Perez contaba con que vos te ibas a levantar mas tarde y te debe haber dejado para lo último. Volvé a dejarlo abajo de la almohada, que seguro en un rato se lo va a llevar."
"¿Vos decís?"
"Sí. Andá a lavarte los dientes y hacer todo."
No muy convencida, se metió en el baño y yo corrí a hacer el cambiazo. Y justo a tiempo, porque dos segundos después salió corriendo del baño a buscar su diente de la almohada, porque ya que estaba le iba a dar una cepillada también, para que estuviera limpio para el ratón.
Que felicidad la suya - y que alivio el mío - cuando encontró que el diente y la carta se habían ido, el ratón de plástico no y la plata había llegado. Me fui a trabajar mucho mas tranquila, mientras ella le contaba a Juani, feliz, que ¡el ratón había pasado cuando ella estaba en el baño!

Mantener la magia es estressante.

23 dic. 2011

La Verdad Sobre el Viejo


Las fiestas.
Otra vez.
Suelen suceder por estas fechas. Es una de esas cosas invitables. 365 días después, pumba, acá están otra vez.

No que me vaya yo a quejar, no, a mí me gustan las fiestas. Me gustan las luces, y la expectativa, y las cartas a papanuel, y esperar a que lleguen las doce, y planear la comida, y comprar los regalos, y saludar a la gente, y los días feriados, y armar el arbolito, y luchar con Ro para que no cambie de lugar todas las figuritas del pesebre todos los días, y tratar de explicar qué se supone que es el cumpleaños del niño Jesús, y las cenas en familia, y que no, no hay nieve porque vivimos en otro país, y escuchar una y mil veces todo lo que Zeke quiere que le traigan, y ver el arbolito brillar en la oscuridad, y recordar navidades pasadas, y comer turrón de jijona, y pensar en la gente que ya no está, y que sé yo. Yo sé que hay gente cínica por ahí que habla de consumismo y de hipocresía y bla bla bla, y sí, yo entiendo que a no todo el mundo le gusten las fiestas. Pero a mí me gustan y así como yo me banco a los cínicos, que los cínicos me banquen a mí. Hay lugar para todos. He dicho.

Pero esta Navidad me preocupa un poco.

Bah, me preocupa es un decir, no voy a perder el sueño por esto, mas se perdió en la guerra y todo eso que les gusta decir a los viejos, pero este año vamos a pasarla con mi cuñado.
No, no es eso lo que me preocupa, cómo se le ocurre, no. Lo que me preocupa son los hijos de mi cuñado. Que no, no es pasarla con ellos el problema tampoco, usted realmente quiere hablar mal de la familia de mi marido, que cosa, eh. Seguro que usted es de los cínicos de los que hablaba antes.

No, el tema es el siguiente. Los hijos de mi cuñado no creen en Papa Noel. Y los míos sí.
No veo cómo esa mezcla puede terminar bien.
Para los míos, digo, porque los suyos van a salir igual que como entraron, son los míos los que probablemente vayan a salir de estas fiestas desasnados. Y en lo que a mí respecta, preferiría que siguieran creyendo un poco mas, si a nadie le molesta, gracias.

Así que ahí estamos. No hay mucho que nadie pueda hacer. En algún momento, el mas chico de los primos - el mayor tiene catorce, dudo honestamente que le interese desmistificar al viejito pascuero, él lo único que debe querer es el regalo que pidió a la eminencia gris detrás del mito - que tiene cinco años y medio y un espíritu beligerante de un kilómetro de largo, va a lanzar su bomba de "Papanuel no´siste" y se va a armar el tole tole.
"Sí existe, ¿no es cierto, mamá?" puedo imaginar a la Ro preguntándomelo como si ya hubiera sucedido, mireloqueledigo. ¿Y qué hago yo ahí? Porque una cosa es seguir una idea preconcebida y ambigua, al cabo que decir "Papa Noel te va a traer los juguetes", siempre puede ser un código. ¿Pero mentir de manera descarada a una pregunta directa? A mí me cuesta. Ya veo que esto salta en los años de terapia por venir y mi hija se muda a otra ciudad sólo porque "¡vos me mentiste!"
Los adolescentes pueden llegar a ser muy emocionales.

En fin, supongo que cruzaré el puente cuando llegue. Al cabo que anticiparme a las mentiras que puedo o no llegar a contar, sólo trae dolores de cabeza.
Yo no me acuerdo cuando dejé de creer. Primero creía, después no creía, y la vida continuó sin traumas ni bajas materiales que lamentar. Estoy bastante segura que llegado el caso, eso es lo que va a pasar en mi casa y eso será todo.
Pero tengo que admitir, aún cuando ya hayamos establecido que usted es un cínico y probablemente no me entienda, que me va a dar una cierta penita, si todo esto que me temo llega a suceder.

20 dic. 2011

Una Vueltita Mas


Y una vez más, el planeta y yo completamos otra vuelta alrededor del sol.

Señoras y señores, el domingo fue mi cumpleaños - no, Bebilacqua, no le voy a decir cuantos años cumplo, y no, no quiero escuchar el chiste de la vieja y la cadera de plástico, ¿dónde se piensa usted que está, eh?

Hubo cena el sábado con el hombre de mi casa, y aproveché la falta de prole alrededor para tomar algo de vino - sí, me puse alegre, y a mucha honra, no todos los días se cumplen años y mas aún, no todos los días salgo a comer sin mi séquito.
Hubo desayuno en la cama - me despertaron, como siempre, los gritos y reclamos de la muchachada, pero H se hizo cargo y aunó esfuerzos con los hunos y los otros y entre todos me hicieron el desayuno... Para qué vamos a hablar de la cocina que hubo que manguerear después, todos sabemos que a caballo regalado... ¡Miren! ¡Qué lindo! ¡Hay flores frescas en la bandeja!
Hubo almuerzo con mis suegros - mi suegro hizo una carne al horno que estaba de buena... No sé qué le puso, pero estaba para hacerle un monumento al hombre, a la carne, a las papas, a las batatas, a las manzanas y a la ensalada. Casi que no le pude hacer justicia, con el desayuno que me habían traído unas horas antes... Sí, sí, casi, tampoco íbamos a andar desperdiciando.
Hubo tarde con pelopincho y dibujitos, esperando a mis amigas para tomar el té con facturas.
Hubo té y facturas con amigas.
Hubo torta y velitas.
Hubo muchísimo cariño, regalos, muchos niños, algo de viento, muchas risas, agua, montón de juguetes, sonrisas, bastante calor, mucho sol, máscaras con brillantina, cantidad de abrazos y besos, mucha comida, historias divertidas, montón de fotos, varios llamados, muchísimos mensajes, y al final del día hubo sopa.

Fue un día excelente.

Con suerte, en un año tengo otro igual.

18 dic. 2011

Un Clásico


Bueno, finalmente sucedió.
Es mi culpa, yo lo traje a colación.
Cualquiera que sabe como funciona esto del multiverso - porque yo me suscribo a la teoría cuántica de que este no es único universo probable - sabe que al hablar de Roma, el burro se asoma.
Es así, no sé por qué la gente no puede verlo.

Por otra parte, todo el asunto es un cliché, así que no debería sorprenderme que hubiese sucedido, al cabo que los clichés son clichés por una razón. Nadie llama cliché a algo que no sucede nunca. No es así como los clichés se ganan su reputación. Y sí bien es cierto que a estas alturas es más bien un cliché cómico, un comentario que ha hecho historia pero que no tiene mucha base, la cosa no quita que siga siendo un cliché.

Aún así, sabiendo todo esto y con todas las pistas sobre la mesa, voy a tener que admitirlo, me tomó por sorpresa. Realmente no me lo vi venir. Es decir, quizás hubiera podido advinarlo, al cabo que todas las piezas estaban ahí, sobre la mesa, pero ya he admitido antes que soy una persona más bien distraída, por lo que para que yo adivine algo las piezas no sólo tienen que estar sobre la mesa, si no que tienen que estar numeradas y en orden ascendente.

Estaba viendo yo el otro día una historia de misterio - no, no voy a decir cual para no arruinarle el final a nadie, Bebilacqua, no insista -, y finalmente, después de un juego de gemelas, un accidente con una sierra de mesa, una carta de despedida, un cambio de identidad, una hija estafadora, un marido sordo en silla de ruedas, un espejo escondiendo una ventana, un suicidio temprano, un asesinato tardío, un hombre rengueando de la pierna equivocada y un ascensor pequeñito, el asesino resultó ser, redoble de tambores por favor...

EL MAYORDOMO.

Sí, no pude evitarlo.
Tuve que reírme.

16 dic. 2011

La Lámpara y la Llama


Me encanta esta canción.
La música me gusta mucho, pero lo que a mí me gusta en particular de esta canción es la letra.
¿Y por qué me gusta la letra?
Porque me siento identificada con ella.
Así de adolescente como suena.
Considerando que otra vez me han asaltado los granitos como si mi adolescencia no fuera ya una señora casada y con dos críos, voy a aprovechar la volteada y caer en otra adolescentada - que linda palabra, como me gusta innovar en el lenguaje - y decir que esta canción me gusta porque pareciera que la letra hablara de mí. O me representara. O alguna huevada de ese estilo que tanto les gusta decir a los adolescentes.
En fin, que les dejo la canción, la letra original y la traducción y cualquiera que se quiera sentir identificado - de manera adolescente o de manera madura y sofisticada, es perfectamente opcional, acá dejamos que la gente se identifique a gusto - me deja un comentario abajo y levantamos juntos los encendedores, que creo que no lo hago desde que era adolescente...



Someone To Fall Back On (*)
Aly Michalka - Bandslam Soundtrack

I'll never be
A knight in armor
With a sword in hand,
Or a kamikaze fighter;
Dont count on me
To storm the barricades
And take a stand,
Or hold my ground;
Youll never see
Any scars or wounds -
I dont walk on coals,
I wont walk on water:
I am no prince,
I am no saint,
I am not anyones wildest dream,
But I will stand behind
And be someone to fall back on.

Some comedy -
Youre bruised and beaten down
And Im the one
Whos looking for a favor.
Still, honestly,
You dont believe me
But the things I have
Are the things you need.
You look at me
Like I dont make sense,
Like a waste of time,
Like it serves no purpose -
I am no prince,
I am no saint,
And if thats what you believe you need,
Youre wrong - you dont need much,
You need someone to fall back on...

And Ill be that:
Ill take your side.
If Im the only one,
Im used to that.
Ive been alone,
Id rather be
The half of us,
The least of you,
The best of me.
And I will be
i'll be Your prince,
Ill be your saint,
I will go crashing through fences
In your name. I will, I swear -
Ill be someone to fall back on!
Ill be the one who waits,
And for as long as youll let me,
I will be the one you need.
Ill be someone to fall back on
ill be someone to fall back on
one to fall back on...

(*) técnicamente, sería mas bien, alguien sobre quién replegarse, pero me pareció que alguien en quién apoyarse también daba la nota.

Alguien en Quien Apoyarse

Yo nunca seré
Un caballero en armadura
Con una espada en la mano
O un soldado kamikaze;
No cuentes conmigo
Para asaltar las barricadas
Y presentar batalla,
O defender mi terreno;
Nunca verás
Cicatrices o heridas -
No camino sobre carbones,
No caminaré sobre el agua:
No soy un príncipe,
No soy un santo,
No soy el sueño mas salvaje de nadie,
Pero me pararé detrás tuyo
Y seré alguien en quién apoyarse.

Que comedia -
Estás golpeado y vencido
Y soy yo
Quién pide un favor.
Aún así, honestamente,
Tu no me crees
Pero las cosas que yo tengo
Son las cosas que necesitas.
Me miras
Como si no tuviera sentido,
Como una pérdida de tiempo,
Como algo sin propósito -
No soy un príncipe,
No soy un santo,
Y si eso crees que necesitas,
Estás equivocado - no necesitas mucho,
Necesitas alguien en quién apoyarte...

Y yo seré eso:
Estaré de tu lado.
Y si soy el único,
Estoy acostumbrado.
He estado solo,
Prefiero ser
La mitad de nosotros,
Lo menor de tí,
Lo mejor de mí.
Y así seré,
Seré tu príncipe,
Seré tu santo,
Derribaré las cercas
En tu nombre. Lo haré, lo juro -
Seré alguien en quién apoyarse.
Seré el que espera;
Por el tiempo que me lo permitas;
Seré el que necesitas.
Seré alguien en quien apoyarse.
Seré alguien en quien apoyarse.
Alguien en quien apoyarse.

13 dic. 2011

Segundas Partes...


Yo tenía algo para publicar el miércoles.
Posta lo tenía.
Pero algo muy gracioso sucedió camino a la computadora.

Me fui de viaje.

Sí, sí.
Al hombre de mi casa le prestaron una cabaña en Villa Pehuenia, y nosotros decidimos, como cualquier hijo de vecino, irnos el jueves a la mañana para aprovechar el fin de semana largo. Pero resultó ser que un grupo de insurrectos - otro más - decidió - otra vez - que su derecho a protestar es mayor que mi derecho a transitar - quién lo duda - y organizó un corte de ruta - como siempre - para las siete de la mañana del jueves, en medio del camino que teníamos - por supuesto - que transitar.
De ahí que el hombre de mi casa me dijera, a las diez y media de la noche, los bolsos a medio hacer, agotada de un día eterno de cuidar exámenes, que mejor nos fuéramos esa noche.

Bolsos armados velozmente, comidas y conservas empacadas, niños arreglados, computadoras de viaje embaladas - la cabaña no tenía televisión, por lo que sin las computadoras de viaje íbamos a tener un problema - partimos de mi casa a eso de las doce, escapando en la noche como un grupo de refugiados. Nuestro plan, llegar hasta Zapala y encontrar un hotel, para hacer el último tramo - el difícil - a primera hora.

Llegamos a Zapala a las dos de la mañana. Los críos hacía rato que dormían, y los padres de los niños hacía rato que querían dormir. Ahí nos encontramos con el problema de encontrar un hotel.
Gracias a Dios por los teléfonos con internet y los GPSs - aún cuando no son tan fáciles de interpretar como uno quisiera -, hay momentos - y lugares - por los que uno realmente no quiere pasear.
En el primer hotel que preguntamos nos quisieron cobrar 600 dolares la noche... Y estaba vacío... Lo que me hace pensar a mí que hay alguien lavando guita en la ciudad de Zapala... Pero no digamos nombres, a ver si ese alguien lee este blog. En el segundo, nos cobraron en pesos una cantidad significativamente menor, y bajando del auto lo básico - sí, los chicos cuentan como básico - nos desmayamos en la habitación del hotel, y al día siguiente, luego de desayunar el buffet incluido en el precio significativamente menor, partimos.

Tendríamos que habernos dado cuenta de que el tenor del viaje estaba siendo marcado por su comienzo.

La estadía en Villa Pehuenia, a diferencia de la vez anterior, no fue algo para recordar.
La cabaña era linda, chiquita, de dos pisos, un tanto fría y con un terrible olor a humedad en el piso de abajo, donde estában los cuartos, por lo que finalmente trasladamos los colchones al living, donde acampamos relativamente cómodos.
El lugar para almorzar donde habíamos ido la vez anterior estaba atendiendo a un grupo de turistas gerontes, por lo que si bien la comida seguía siendo fabulosa, la atención fue bastante más lenta, por lo que para el momento en que mis niños se empezaban a trepar por las paredes, todavía no habíamos terminado de comer... Por el lado positivo, los viejos hacían tanta bulla, que nadie escuchó el quilombo que hicieron los míos.
Nunca logramos prender el termotanque. Era eléctrico, y uno creería que algo que tiene UN SOLO BOTÓN debería ser simple. Bueno, no. Hicimos caso de las indicaciones del dueño. Nada. No hicimos caso de las indicaciones del dueño. Nada. He llegado a la conclusión de que el maldito botón estaba roto.
La casa de té donde fuimos a... bueno, tomar el té, era muy triste. Lo único que pude rescatar fue el tostado de jamón y queso. Y es triste cuando lo mejor de una casa de tortas son sus sandwiches.
Cuando volvimos a la cabaña, los críos cansados y hartos del agua y del sol y las orillas del lago y pasear por el bosque - sí, la gente se cansa del agua y de sol y las orillas del lago, somos gente de ciudad - nos encontramos que el tema del termotanque era anecdótico, porque no había electricidad. Corte general en toda la zona. Los críos se sentaron a jugar con la netbook y a ver dibujitos y yo confié en que las baterías alcanzaran hasta que volviera la luz.
El hombre de mi casa y yo, no habiendo nada más que hacer, dormitamos en un par de colchones.
La luz volvió para la hora de cenar.
Después de la cena mis niños armaron un fuerte con los colchones, se pasaron de rosca, al padre casi le agarra un ataque cuando casi rompen un par de adornos, y a la Ro se le cayó una silla en la frente - sí, suena extraño, pero cooperen - que le dejó un chichonazo.
Una peli de Tom y Jerry después, se fueron a dormir.
El día siguiente fue básicamente igual, sans el corte de luz, plus H quemado hasta las pestañas por no ponerse protector y el chichón se lo hizo Zeke, cuando jugando con la Ro, se tiró de espaldas en la playa y se pegó con una piedra. El lago helado nos vino de lo más bien para lavar el corte.
Para la hora del té, - esta vez en la cabaña, porque uno aprende de los errores -, ya todos estábamos cansados, golpeados, ardidos, nos queríamos bañar, y así no íbamos a seguir por dos días más, sepan ustedes disculpar.

Salimos de Pehuenia a eso de las seis y media. Para las diez y media estábamos en casa, felices, contentos y limpios.

Estoy segura de que muchos leen esto y piensan que estoy loca, que no supe aprovechar la situación, que bla bla bla. Seguro. Piensen lo que quieran. Yo la próxima vez voy a un lugar supervisado, con gente que me haga la cama, que cuide que no haya humedad, que tenga televisión y luz a la que volver cuando la naturaleza sea mucha y que mantenga el agua del termotanque caliente... Al cabo que la diferencia la pagué en el hotel del camino.
Quizás sola con H me lo hubiera bancado, he viajado en condiciones peores, ¿pero con dos críos aburridos hasta el hartazgo? Nop, hay cosas para las que ya no tengo paciencia, gracias.

El post que iba a hacer el miércoles, cuando fui rudamente interrumpida por todo esto - está bien, está bien, saqué un bronceado del asunto, no me quejo más - , voy a ver de publicarlo en algún momento de la semana.

3 dic. 2011

Nunca es el Mayordomo


Me encantan las historias de misterio.
Las historias de misterio del tipo inglés - Arthur Conan Doyle, Agatha Christie - y sus seguidores, no las de psicópatas y asesinos con hachas y mucha sangre...
Las que yo digo son las de asesinatos sutiles. Las del muerto en el cuarto vacío, del que nadie pudo entrar y nadie pudo salir.

Nunca las adivino.

Honestamente.

No me esfuerzo mucho tampoco, en realidad.
Voy saltando, de pista en pista, feliz e ignorante, esperando ese gran momento en el que Hércules Poirot - o Miss Marple, o Sherlock Holmes, o Remington Steele, o el Padre Brown, o quien sea - junta a todos los sospechosos y les dice "se preguntarán por qué los he reunido aquí esta noche..." y procede a relatar paso por paso cómo fue que el asesino asesinó a quien sea que haya asesinado.

Me encanta.

Más las películas que los libros, tengo que admitir con cierta vergüenza - mal ahí, la bibliotecaria.
Disfruto muchísimo ese momento en el cual van mostrando cómo fue exactamente que lo hizo, mientras el detective va relatando como juntó todas las pistas. Me encanta aún más cuando lo relata varias veces, de distintas maneras, y uno ve las escenas pasar, y después las descarta, cuando ya te tenía convencido de que así había sucedido.
Lo disfruto muchísimo.

Los otros días enganché una serie británica que entre el 97 y el 2010 sacó cuatro temporadas y tres especiales de Navidad - los británicos son medio erráticos a la hora de armar su programación...
Mi amor por el género "Quién lo Hizo" anda feliz y contento por la vida.

Jonathan Creek, se llama, y trabaja Alan Davies - que además es un comediante que siempre siempre me ha gustado - como el Jonathan Creek del título, que se dedica a crear trucos de magia para grandes espectáculos, y en su tiempo libre, obligado por una periodista, se dedica a resolver misterios imposibles.
¿Cómo puede no gustarle a uno este tipo de cosas?

En el primero asesinan a un hombre, y todos aseguran que fue la mujer, pero esta nunca salió de su oficina en el piso catorce.
En el segundo, matan a un comediante en un bunker, y cuando llegan hasta él, el lugar está sellado por dentro y obviamente no hay nadie, sólo el cadaver.
En el tercero, la periodista compra un armario. En la planta baja lo chequea, está vacío, lo suben cuatro pisos por la escalera, y al llegar a la casa, hay un cadaver adentro.
En el cuarto, una chica cruza una puerta, y el hombre que está del otro lado, jamás la ve llegar.
Y así.
No pueden decirme que no es terriblemente entretenido.

Me quedan tres temporadas - son 24 episodios en total - y tengo planeado sorprenderme al final de todos y cada uno.



- Por cierto, en un apartado postal, si alguien quiere ver algún episodio, me avisa y le mando un link para bajarlo en megaupload... pero no tengo subtítulos en castellano. Sé donde se consiguen en inglés, pero no en español. Por el momento al menos.

30 nov. 2011

Martes de Descanso


Aprovechamos el fin de semana largo y nos fuimos a Villa Pehuenia, a orillas del lago Moquehue y el Aluminé - uno de cada lado.
No vamos a hacer todo el racconto porque tampoco es cuestión de embolar a las masas con el minuto a minuto, así que voy a dividir el relato en partes.

Las highlights del viaje fueron, a saber:

El viaje de ida. No sé quienes de ustedes han hecho caminos de cornisa y de ripio en su vida, pero tienen su encanto. Una mezcla de "Uy, nos vamos a caer nos vamos a caer nos vamos a caer", ya que ni siquiera tienen guardarrail, y "uy, que lindo, mirá el paisaje, el arroyito allá abaaaaaajo, los árbolitos, las cabritas, las ovejitas," y así...

La cabaña. Re linda. Chiquita, pero bien puesta. Llena de ventanales, y con un balcón terraza sobre el lago. Es decir, la cabaña, ni idea, pero con un balcón terraza sobre el lago. Me costó un pedazo volver a casa y no robarme la vista y traérmela en la mochila.

El restaurante La Posta del Pescador - sí, sí, les estoy haciendo propaganda porque fueron muy amables. Fuimos a almorzar el sábado Y el domingo - no había mucho abierto tampoco, Villa Pehuenia es chiquito, das dos pasos y ya te saliste. La tabla de fiambres, los ravioles de ciervo, la milanesa de trucha, las empanadas de ciervo Y las empanadas de trucha, y los postres estaban buenísimos. Me quedé con ganas de mas empanadas de trucha... Digan que no era el lugar mas barato, - no daba para "dame una docena" pero bueno, para darse un gusto cuando uno se va de viaje. Y además les trajeron juegos y lápices a los críos, lo que los tuvo entretenido por un gran total de cinco minutos... que es una eternidad cuando uno tiene seis años.

Momentos para recordar:

Llegamos el sábado al mediodía. Dejamos todo en la cabaña - Puerto Malén, por si alguien quiere ir - y nos fuimos a almorzar - el restaurante ya lo nombré. Terminamos de almorzar y bajamos a la playa que estaba cerca, con la intención de volar el barrilete. Estaba bastante ventoso, por lo que no había planes de meterse al agua.
Como siempre sucede con los mejores plantes, mientras el barrilete se rompía por culpa del viento, mis niños se metieron al agua. Empezamos con un "¿me arremangás los pantalones así puedo meter los pies?", seguimos con un "¿me puedo sacar los pantalones que están todos mojados?", continuamos con un "Se me mojó la remera", y terminamos con dos críos en ropa interior, empapados, haciéndo ángeles de arena, sucios hasta la nariz.

Sábado por la tarde. Después de bañar a los críos con agua caliente y mucha espuma - es una tradición, cuando vamos de viaje siempre hay un baño con mucha espuma en algún momento del viaje - a eso de las cuatro y media, H decidió bajar con la Ro a la playa a hacer un castillo de arena. Zeke quería en cambio ir a los juegos cerca de la recepción. H se llevó la llave, yo salí sin el celular. Cuando Zeke se cansó de los juegos, decidimos ir a buscar al padre y a la hermana.
La idea.
Villa Pehuenia, como cualquier aldea de montaña, no es una ciudad chata. Zeke se cansó de caminar a los dos minutos y medio y hubo que hacerle caballito. Mis piernas empezaron a protestar enseguida. El chico pesa mas de veinte kilos y yo no estoy en forma, no no.
Bajamos - subimos la colina de al lado y volvimos a bajar - hasta la playa.
El hombre de mi casa no estaba. Subimos - bajamos la colina, volvimos a subir y volvimos a bajar - hasta la playa de al lado. Nadie conocido. Hicimos todo el camino a la inversa hasta la recepción. Me di cuenta de que no tenía mi celular para preguntarle donde estaban Y que no tenía la llave de la cabaña para entrar a buscarlo.
Le dijimos al señor de la recepción si nos podía abrir.
El nos dijo que nos mandaba a la chica.
Subí a la cabaña - sí, subí, estaba en la punta del puto cerro - con Zeke a la espalda. A estas alturas tenía un calambre en el muslo. Salimos al balcón terraza. Y allá abajo, a pico justo desde el balcón, los vimos H y a Ro en la playa, tan tranquilos haciendo su castillo de arena. Casi les tiro con algo.
Saludamos a los gritos. Nos saludaron de vuelta y nos dijeron por donde habían bajado.
Volvimos a bajar - Zeke a cuestas como un bebé chimpance. Le dije al señor que ya estábamos, que gracias. El nos dijo de un atajo - bendito bendito señor - para llegar a la playa, y finalmente - mi muslo derecho era un espasmo esperando por ocurrir - llegamos a la playa.
Obviamente, el no se va a bañar nadie terminó nuevamente con dos críos adentro del agua en ropa interior. Sí, yo tenía los trajes de baño en la mochila, pero ninguno quiso esperar a cambiarse.
Yo estaba muerta de frío, por lo que no, ni siquiera metí un dedo.
Lo que sí, me quemé los hombros y los brazos, por lo que, entre la piel ardida y las piernas temblorosas, dormir fue... un asunto...

El domingo sí hizo frío - posta, no ese frío de "no, no nos vamos a meter mamá, no te preocupes", que terminó con todos en el agua, si no frío de verdad, - así que paseamos, dormimos la siesta y paseamos un poco mas. Trepamos por las rocas - me hice un tajo en la canilla a través del pantalón, para combinar con los hombros ardidos y las piernas doloridas - y nos encontramos con un par de conocidos. Volvimos a la cabaña. Ro se trepó a la baranda y yo que estaba adentro salí corriendo a retarla. No vi la alfombra de bienvenidos junto a la puerta, resbalé por el aire tipo dibujito y caí como bolsa de papas sobre mi celular, en el bolsillo de atrás de jean. Al celular no le pasó nada, mi traste tiene un moretón espectalular, y no había nadie mirando. Un desperdicio de caída, una pena. Si al menos alguien hubiese sacado una carcajada del tema...

El lunes nos volvimos temprano. Una vez entregada la cabaña no nos gusta vagar sin puerto y tampoco nos gusta volver con el malón de la tardecita, por lo que a las diez estábamos en la ruta. Por si alguien no le tiene respeto a los caminitos de cornisa y ripio, nos cruzamos con una camioneta recién volcada a un costado del camino. La policía ya había llegado y el conductor estaba sentado a un costado. Estaban esperando a la ambulancia y todos debían estar agradeciendo no haber volcado un poco mas allá, donde empezaba el camino de cornisa propiamente dicho porque la ambulancia no hubiera servido para nada.

Llegamos a casa a eso de las dos de la tarde, sin mas daños que lamentar.

Un excelente - y tengo todas las marcas para mostrarlo - fin de semana largo.


23 nov. 2011

Etiqueta de Supermercado


Ayer estaba en la cola del super y vi a una persona conocida dos colas más allá.

Uy, como odio cuando esto pasa.

Lo de encontrarme con gente conocida en las colas del supermercado, no lo de estar en la cola del supermercado... Bueno, esto último también, algunas colas duran la vida, parecen el embotellamiento de Cortazar, pero es un mal necesario, por ende hay que hacerlo.
Mi odio principal en este caso son los conocidos en el supermercado. Los conocidos que no son amigos, vamos. Un amigo no me hace problema, venime a hacer compañía que esto es un embole, pero ¿un conocido?
Puff.
Detesto saludar conocidos.
¿A ver si uno los saluda, de cola a cola, y lo toman como algún tipo de señal y traen su changuito y sus cosas y se ponen en la cola con uno y, horror, quieren conversar?
Y no es porque me caigan mal, no. Son conocidos, por regla general no me caen nada. Es porque no tenemos temas de conversación. Somos, como dije antes, esencialmente conocidos, no amigos. Así es como viene a pasar que, si uno no tiene cuidado, una vez agotado el tema de los parientes, amigos, compañeros de trabajo en común, el clima y las fiestas, uno se encuentra en mitad de la cola del super, detrás de tres changuitos cargados hasta las manijas, parado junto a una persona a la que ya no tenés nada más que decirle.

Así que decido no saludarla nada.

Bajo la cabeza abrúptamente, pero que no se note que fue abrúpto, no sea cosa que me vea haciéndole un desaire, y me pongo a leer con suma atención los componentes químicos del envase de caldo de pollo Knorr. Las cosas de las que uno se entera cuando está esquivando gente en el super...
Pero los caldos Knorr no resisten mucho escrutinio tampoco, y a riesgo de parecer un tanto oligofrénico, llega un momento en que uno tiene que soltar la cajita y arriesgar una mirada en dirección opuesta, a ver si con suerte la cola de la persona conocida ya avanzó lo suficiente como para esconderla...
Pero no.
Paso entonces a las sopas, que no tienen mucha carga literaria tampoco, y mi mejor cara de mirá vos, que de cosas se pueden inventar con una sopa crema de choclo, sólo puede llevarme hasta ahí...
Pongo entonces cara de circunstancias, cara de aburrimiento, giro despacio en dirección opuesta a mi conocida, y me pongo a estudiar la fauna humana que me rodea en la parte inofensiva del supermercado. Nada que comentar en este frente, cualquiera que va al supermercado sabe que la gente en el super es la misma gente que hay en todos lados - excepto por la gente que va a Walmart en la madrugada... pero esa es otra especie de la que hablaremos en otro momento.

El carrito de adelante mío se mueve y todos avanzamos. Un carrito mas y voy a poder esconderme entre las mini góndolas de golosinas que franquean la caja. El refugio está cerca, después ya es sólo cuestión de ver para que lado sale y salir para el otro, ninguna ciencia se va en eso.
Miro a mi alrededor con cuidado, con un interés distraído, como quién quiere ver para la parte de los vinos, a ver si con mi vista de águila decido qué voy a llevar, ya confiada en que este mal momento va a pasar pronto... Y ´ta que lo parió, nuestras miradas se cruzan a través de las filas.

Nos miramos un segundo, dos, admitiendo la conexión que nos une... Yo hago un gesto mínimo con la cabeza, un gesto que no compromete a nada... Ella imita mi gesto, un esbozo de sonrisa educada, y sin prisa, gira la cabeza y mira para otro lado...

Bueh, que mina grosera, mirá que ignorarme de esa manera...

19 nov. 2011

Una Rosa con Otro Nombre...


He decidido entrar al anonimato.
No se lo digan a nadie.
Después de mucho deliberar con parientes, bloggeros y amigos imaginarios, todos juntos arribamos a la decisión de que mi nombre en la cara del disco no garpa y que si de pronto quiero ponerme a hablar mal de la tía Porota y mi prima la Coqui se entera y le pasa el dato, no tengo forma de esconderme... Porque la tía Porota es terrible... Y no me haga hablar de la Coqui... Esa sí que es una loca de aquellas. Imagínese que el otro día la vieron... Bueno, ¿vé lo que le digo? Con eso que todavía está mi nombre - o al menos la sugerencia de que hasta ayer yo me llamaba de otra manera - no le puedo contar las cosas que vieron haciendo a la Coqui el otro día con el hijo del carnicero de acá a media cuadra porque viene la Coqui y me despelleja...
Así que ya ve. Porque a mí me gusta hablar mal de la Coqui, pero me gusta tener el pellejo en su lugar, es que he decidido cambiar nombres para protejer inocentes... El mío, bah, la Coqui de inocente tiene poco y nada.

Así que eso, nada. Si ven mi avatar, pero ven otro nombre - a partir de ahora va a ser Damaduende... y no quiero comentarios, Bebilacqua, que le digo a la Coqui que fue uste´el que la buchoneó y quiero verlo hablar su camino fuera de esa - sigo siendo yo. Pero protegida por el anonimato... Mas o menos...

En unos días cambio las fotos de arriba, por supuesto, porque es muy difícil mantener un anonimato decente si la cara de uno sigue apareciendo en todos los carteles de Se Busca. Vamos a ver que tal me va con eso, soy malísima haciéndo banners... Pero bueno, hay cosas que uno tiene que hacer si quiere mantener a la familia unida... Y al pellejo también, que es tanto o mas importante...

17 nov. 2011

Un Tema Cavernoso



El baño de mi casa está atascado.
El baño de los chicos, el mío no, gracias a Dios y al arquitecto que diseñó el lugar, tenemos dos.
Hace un tiempo ya... que está tapado el baño, digo, no que tenemos dos baños... los dos baños los tenemos desde el principio...

En fin.

El baño.
De los chicos.
Hace un tiempo está atascado, decía, y esto se traduce en que se tapa, lo destapamos, se vuelve a tapar y así, en un desagradable y escatológico círculo vicioso... Bebilacqua, cualquier chiste que esté usted pensando hacer, sírvase hacerlo afuera del aula.
Decía, entonces, que salta a la vista - o no, depende del ángulo desde donde se lo mire - que algo de caracter no transitorio está tapando el inodoro en algún vericueto al que no puedo llegar yo con mi alambrecito ni la sopapa negra de mango larguísimo - y aún así uno nunca es lo suficientemente larga - con todo su poder de succión. No se ustedes, pero yo voy a poner mis fichas sobre la casilla "Juguete/La Segunda Curva del Caño/Zeke", y ver si paga.
Y es obvio a estas alturas que para saber si paga o no paga, hay que llamar a un plomero.

Sí, sí.

Tengo que llamar a un señor ajeno a mi hogar, para que venga cual cliché con sus pantalones caídos sin cinturón y desarme todo el chisme, porque tener a dos críos, en la edad de los chistes de pedos - edad de la que algunos nunca salen, y sí, lo estoy mirando a usted, Bebilacqua -, corriendo de un baño al otro al grito de "¡voy a hacer caca a tu baño!", no es el mejor de los ambientes cuando uno está cansado.
Aun cuando no se puede decir que en mi casa mis hijos me guardan secretos. De la etapa de la modestia en mi casa ni la sombra todavía.

Lamentablemente para mi paz mental - y para el baño de los chicos - , no puedo yo llamar al plomero de los hipotéticos y clichescos pantalones caídos, porque para recibir a un plomero - "estén preparados, porque no saben ni el día ni la hora" - yo tengo que estar en mi casa. Y para poder estar yo en mi casa, yo tendría que tener otro trabajo que no tengo con unas horas que no son. O no tener un trabajo. Como básicamente me gusta el trabajo que tengo - las horas no, pero uno no puede tener todo en esta vida - voy a tener que apechugar con el tema de la falta de plomero, seguir sopapeando a través del tiempo, y esperar a las vacaciones para poder llamarlo por teléfono, prender una vela y hacerle la vigilia al buen hombre, a ver cuando él y sus pantalones se dignan a aparecer.

En una de esas vueltas de la vida, ayer se tapó el baño de mi trabajo. Lo destaparon a sopapa y esta mañana volvió a atascarse.
En este caso no sé quien habrá puesto el juguete, pero por suerte, no soy yo la que tiene que esperar al plomero...
Irónico sería.

16 nov. 2011

Orror



Iba a escribir. Posta, tengo todo el post listo...
Pero tuve que compartir esto con el mundo.
Hay cosas que uno no puede guardárselas...

¡¿Por qué tiene que ser uno el único al que le sangran los ojos?!



Pero estoy siendo mala, tal vez Cupelo es sólo un adelantado y simplemente se está anticipando a las nuevas reglas ortográficas - denominadas "Bajemos el Común Denominador, Total..." - que la Real Academia está queriendo implementar...

Si ese día llega creo que voy a llorar...

8 nov. 2011

Muy Poco Bárbaro...


Anoche vi la nueva película de Conan, el Bárbaro.

Ok.

A mí me gustan los héroes musculosos, las chicas bonitas, los villanos malísimos, las brujas locas, las batallas épicas entre el bien y el mal.
Me gustan las escenas de acción bien coreografiadas, y me tapo los ojos cuando descuartizan a alguien.
No tengo ningún tipo de lealtad hacia Arnold Schwarze... Schwarznn... Sczhwartze... El ex gobernador de California, por lo que Jason Momoa haciendo de Conan me resulta de lo mas agradable - es mejor actor, tiene muchísima mas movilidad y tiene hoyuelos cuando sonríe, estoy hecha.
No me preocupa que le hayan sido fieles a la película de los ochenta porque a diferencia de muchos, sé que la historia está basada en una serie de libros, así que de la misma manera que Batman, Superman, Spider Man y James Bond pueden tener varias versiones, pienso que Conan es libre de tener tantas versiones como los productores quieran pagar.
De chiquita que me gusta la fantasía medieval y creo que las historias de hechiceros y guerreros son lo mas.
Tenía pochoclo, tenía marido, tenía niños dormidos.

Estaba lista para pasarla bomba...

Habiendo dicho todo eso...
Conan me pareció un bodrio.
Aburridisima.
Una pena, porque le tenía ganas desde que empezó el rumor de que la iban a filmar y todos los foros de cines se llenaron de gente discutiendo sobre la memoria de Arnoldo.
Pero, honesta y lamentáblemente, se me hizo eterna. Y eso que no dura ni dos horas.
Los personajes están mal dibujados, son totalmente bidimensionales - como les gusta decir a los que saben - y llega un punto en que a uno no puede interesarle menos si logran llevar a cabo su cometido o no. Para el final uno no ve la hora en que el malo consiga traer el fin del mundo, a ver si así la película termina de una puñetera vez.

No es culpa de los efectos - los hombres de arena me encantaron - , no es culpa realmente de los actores - Stephen Lang, que hace del malísimo, es muy bueno... y Jason Momoa, creo que ya lo dije, tiene hoyuelos - y las escenas de acción están bien filmadas. Pero el guión... el guión es terrible. ¿Cómo pueden cagar algo tan simple como la historia de un flaco buscando venganza por el padre muerto y cohartando el Apocalipsis en el proceso? Es la historia mas básica del manual.
No lo sé, pero lo hacen.

La escena mas entretenida es al principio, cuando la versión adolescente de Conan está en medio una competencia/prueba/iniciación/broma estudiantil en la que tiene que llegar hasta la cima de una colina con un huevo de codorniz metido en la boca sin que se le rompa. Con el corren todos los proto-guerreros de la tribu, de empujón en empujón - ah, los adolescentes. A mitad de camino son emboscados por un grupo de gente salida de una fiesta rave temática de indios norteamericanos que les saltan encima. Todos los proto-guerreros corren de vuelta a casa, a la mierda con los huevos, y Conan queda rodeado de gente que le quiere hacer daño. Obviamente que el mini Conan pasa a cuchillo a todos los indios y vuelve a casa con las cabezas de los flacos colgando de las manos. Y el huevo de codorniz entero.
Una escena fabulosa - cabezas decapitadas el margen.

Pena que después de eso, todo va cuesta abajo.

Así que nada.
Si alguno de ustedes estaba planeando verla, ya sabe, lo hace en contra de mi mejor consejo.
Vayan a ver a los Muppets.

4 nov. 2011

Señal de Ocupado


La historia empezó con mi celular sonando y yo atendiendo.

Es algo que suele pasar, no sé a ustedes, pero cuando mi celular suena, yo tiendo a atender. Es una de esas cosas.

Decía entonces. Celular. Atender.
- Hola?
- Si, buenas tardes, mi nombre es Mario, lo llamamos de Movistar. - y a
continuación me preguntó si este era el celular de H.
- No. Está a su nombre, sí, pero lo uso yo.
- Ah, muy bien. - y como si eso fuera algún tipo de permiso, continuó hablando sin darme tiempo a decir nada, aludiendo animadamente a la última oferta que tenían que iba a cambiar mi forma de ver el universo.
- ¿Con quién tengo el gusto de hablar?
- Preferiría no decirte mi nombre. - porque vamos, ¿que te importa? y trastabilló un segundo; pero se recuperó bien y continuó la carrera, porque hay que darle que era un tipo deportista.

Como yo estaba sentada en la biblio en uno de esos ratos en los que no hay nadie, lo dejé hablar. Tiendo a hacer eso, me dan pena, al cabo que les pagan por hablar, que me cuesta dejarlo.
Lo dejé hablar pero no lo escuché, ese fue mi primer error, pero bueno, no podemos estar en guardia todo el tiempo.

- ¿Le interesaría? - caí en la cuenta de que había dejado de hablar en algún momento mientras yo terminaba de hacer algo en la computadora y este era el instante decisivo en que se suponía que yo tenía que aceptar o negar lo que fuera que fuese que me estaba proponiendo.

No dije que no enseguida. Ese fue mi segundo error.

No recuerdo exactamente el tenor de la conversación que siguió. Lo admito, me mareó, soy muy mala para las conversaciones - prácticamente monólogo en este caso - telefónicas, pero sí recuerdo que treinta segundos después lo escuché decir,
- Muy bien, muchas gracias. - y cortó.
Yo me quedé mirando el celular sin estar muy segura que había pasado y por qué era que acababan de agradecerme... pero bueno, ya me enteraría, eso era mas que obvio.

Al mes siguiente, llegó en la factura que habíamos cambiado el abono y que habíamos aceptado no sé qué cosa y que en definitivamente nos iba a salir todo mas caro por básicamente lo mismo.
Maldita la gracia que le hizo al hombre de mi casa.
Mi defensa - un tanto endeble, lo admito, pero bueno, esas cosas pasan - de que en realidad nunca le dije que sí - porque no lo hice... el problema obviamente fue que nunca le dije que no tampoco - no le resultó muy convincente, pero me quiere, por eso se casó conmigo, y una vez que se le pasó el enojo, se dedicó a ver como podía yo deshacer el asunto.

El asunto, resultó ser, que yo no podía deshacerlo, porque al cabo que el teléfono no estaba a mi nombre - que cosa mas curiosa, ¿no?, que yo pueda hacer cosas a nombre de otro pero no pueda deshacerlas después... ¿no es maravilloso? - así que tenía que ir él y hacer toda la bendita cola para ver cómo podían solucionarlo en Ayuda al Cliente, ya que la señorita del 0800 le había dicho que era un trámite personal.

El hombre de mi casa, al que le da por el quinto forro que lo tomen para la chacota, se puso su mejor traje, puso su mejor cara de abogado, se fue hasta Movistar y pidió de una hablar con el gerente. La chica se resistió. El se subió a todos sus años de estudio y la miró desde arriba. La chica finalmente claudicó y llamó al gerente. El gerente lo atendió. H le explicó, muy comedido, muy serio y muy molesto, que acababan de echar a una empleada de la escribanía porque la habían pescado robando, que tenía una causa pendiente, y que cuando recuperaron el celular resultó ser que habían encontrado que había cambiado el abono y que como podía ser eso si el celular estaba a nombre de la escribanía y bla bla bla policía, bla bla bla jueces, bla bla bla cómplices...
Al gerente no le gustó nada verse de pronto envuelto en medio de un asunto tan poco feliz -"no, no, tiene usted razón, no sé cómo pudo suceder" -, cuando lo único a lo que él había apuntado era a una pequeña estafa corporativa, por lo que en tres clicks del mouse, todo volvió a como estaba un mes antes de que yo tuviera la fatídica conversación con el caballero de la palábra rápida.

El hombre de mi casa se lo agradeció educadamente y se fue silbando bajito.

Ni que decir al mes siguiente nos dimos de baja de Movistar, y yo aprendí que ni bien empiezan a hablar no tengo que dejarme llevar por los buenos modales, tengo que decir que el teléfono no es mío y que no, no acepto nada de nada de nada, muchas gracias por llamar.

2 nov. 2011

12 Meses Después


Empezó Noviembre.
Sí, otra vez.
Sí, ya sé que pasa todos los años por esta época, Bebilacqua, no se me pase de vivo.

Noviembre, decía entonces.
En Noviembre empieza, una vez mas, el NaNoWriMo.

Para el que no estuvo acá el año pasado - sí, Bebilacqua, uste´siempre está acá - lo pongo al día.
El NaNoWriMo es el National November Writing Month, que es un concurso en el cual uno está obligado - o al menos sugestionado - para escribir una novela de 50 mil palabras.

No es una competencia, no es una carrera, no es que el primero que termina gana, no. Es un sitio de internet, donde un montón de gente se junta para hacer lo mismo, dando apoyo moral donde hace falta, como para que al final del mes, uno - y sólo por el placer de saberse un escritor - haya escrito una novela de 50 mil palabras.

Satisfacción personal, que le dicen...

Hace años que lo hago y lo terminé dos veces.
No es tan fácil - ni tan difícil en realidad - como suena.
Es cuestión de paciencia y de tipeo rápido.
Y de una idea clara. Si la idea no es clara y hace agua a mitad del camino, olvídalo, no vas a llegar.

Aún así, este año, no me voy a anotar.
Tengo una idea clara - y bastante buena, en mi opinión... fantasía urbana, lo mismo que el año pasado, donde he encontrado claramente mi nicho - pero la verdad, no estoy de humor para correr una carrera.
No estoy segura de tener en mi, 50 mil palabras en 30 días.

No es derrotismo, no es tirar la toalla, no es nada de eso.
Tan sólo no estoy de humor.

Una pena, porque la idea es linda... así que voy a dejar la llamita prendida, la voy a mantener a resguardo, la voy a soplar un poco para que no se apague, le voy a tirar un par de ramitas...
Y en un par de meses me organizo un NaNoWriMo unipersonal en el mes que me tire en ganas, los arreo a todos ustedes amables lectores para que me hagan de Barra Brava y saco una novela entera como quien saca pan caliente, mirenloquelesdigo...

... Obviamente me reservo el derecho a cambiar de opinión y lanzarme a la carrera a mitad de mes...

28 oct. 2011

Me Quieren Volver Loca


Me puse a hojear el cuaderno de clases de la Rorro.
Mi niña ha mejorado muchísimo.
Empezó con una letra que no era una letra si no un jeroglífico estampado en los muros del cuadernos y ahora podría decirse que tiene una letra con caracter propio.
Una maravisha el cuaderno de lengua, mirevea. Un orgusho pa´la madre de la criatura.

Pasé al cuaderno de matemáticas.
Familias de números, cuadrados completos, todo como tiene que estar.
Y llegué entonces al último ejercicio del cuaderno de matemáticas.

"Vamos a trabajar con Objetos Concretos."

Me parece bien que trabajen con objetos.
Es decir, es mucho mas fácil contar cosas materiales que contar abstractos, cualquiera puede darse cuenta.
Considerando que muchos adultos todavía cuentan con los dedos - no, lo estoy mirando a uste´, no sé por qué miró para otro lado, cola de paja - es perfectamente razonable que un nene de seis años necesite un ejemplo sólido para comprender la complejidad inherente en 2 + 2.

La primera suma decía:
15 corazones (imaginen ustedes que en vez de la palabra hay un dibujito de un corazón, no me hagan trabajar al cuete) + 8 flores (idem, pero dibujito de flor) + 6 caramelos (estoy segura que saben qué hacer) = ?

No no no no...
Eso no está bien.
Sí, soy una pesada, pero todo eso sumado es... es... igual a 15 corazones, 8 flores y 6 caramelos.
¡Vamos, son cosas distintas! ¡No podes sumar esas cosas! ¿Qué tipo de persona hace eso?
Es completamente tirado de los pelos. Si vamos a sumar Objetos Concretos ¿por que no sumamos objetos concretos que sean todos iguales?
¿Todas manzanas? ¿O todas naranjas? ¿O todos zombies - por qué abusar de la fruta?

Pero bueno.
Está bien. Es primer grado y yo estoy loca.
No metamos la realidad en esto. Digamos por el bien de la discusión que sumamos todo eso y tenemos como resultado un variopinto montón de 29 cosas distintas, compuesta en parte por corazones, flores y caramelos.
Está bien. Puede pasar. No soy un ser humano irracional.
Puedo dejar lugar para la flexibilidad.

Terminé con las sumas.

Pasé a las restas:
40 autitos (sí, sí, un dibujo de un autito) - 12 pelotas = ?

...

No, no, ¿ven?, ahí ya no puedo.
En serio.
Me hace mal.
Ni con la mejor buena voluntad podés sacar doce pelotas de cuarenta autitos.
No puedo. No se puede.
Necesitarías un contenedor para poder derretir los autitos, y un molde, y un calentador y... y...

AHAHHAHAHAHAHAHHAHAAAAAAAA.

La maestra de primer grado de Rorro es diabólica...

26 oct. 2011

Una Cuestión de Fe.


Estoy en mi última semana en la Academia de Manejo.
Finalmente junté coraje - y un par de pesos - y me mandé.
... Academia... Bueh, escuelita diría yo, pero, si ellos quieren decirle Academia de Manejo, quien soy yo para pincharles la burbuja, al cabo que todos necesitamos nuestra dosis de autoestima.
Decía entonces, después de cuatro semanas de manejar - y sí, no lo publiqué en este blog hasta no estar segura que iba a lograrlo - ya me siento capacitada como para ir a dar el examen de manejo.

Si, sí.

Hinchada como galleta en el agua, está ella.

Superé la primer semana de frenar y arrancar el auto - el auto se me paró dos veces en toda la semana, y en mi defensa, fue cuando el profe me llevó a andar por primera vez entre la gente... Hay muchísima gente hostil en las zonas supuestamente menos concurridas de Neuquén...

Sobreviví la segunda semana de pasear por zonas mas concurridas - la gente está loca y a mí ya no se me paró el auto porque aprendí a ignorar lo que puedan pensar TODOS LOS DEMÁS. Sí, se me paró el auto, ¡¿y qué?! ¡Bajá y decímelo en la cara, la PMQTP!

Sobreviví a la tercer semana de jueguitos con los pedales, para arrancar el auto en las subidas y o bajadas sin que se me fuera el auto para atrás - o para delante, según sea el caso - y sin que se parase el motor. Esto último me resultó un tanto mas complicado que en el llano - de acá a comprarme un auto automático -, pero ya aprendí... y que susto se llevó, señor del auto rojo que estaba atrás mío esperando el semáforo, ¿eh?... Culpa suya por ponerse atrás de un auto con carteles de Auto Escuela por todos lados. Soy inimputable, soy.

Sobreviví a andar en la autopista. Subir y bajar sin cruzarme. Anduvé a 60 kilómetros por hora - velocidad máxima en zona urbana, antes que nadie diga nada, cualquiera de ustedes que esté pensando que era muy despacio debería examinar lo bien que respeta las leyes antes de andar tirando piedras - y debería haberme sacado una foto, mi cara de velocidad al límite.

Sobreviví a subirme a la vereda - sí, lo hice, lo admito. Giré muy cerrado en la avenida, y vigilando a un auto que venía a los pedos, me olvidé de enderezar el volante y ups, ahí subió la rueda a la vereda, y ups, ahí subió la rueda de atrás. Un montón de pibes que tonteaban en la plaza se hicieron la tarde a los gritos, yo enderecé el volante, nos bajamos de la vereda, papam papam, sin daños que lamentar, y el profesor, muy flemático él, continuó con lo que me estaba contando sobre su hija sin perder el hilo.

Esta semana estoy aprendiendo a estacionar. La física del asunto todavía me complica. Es como cuando uno quiere peinarse de espaldas en el espejo. Debería ser simple, todo está ahí, pero alguna razón, todo parece estar torcido. Pero lo voy a lograr. Al menos tengo que aprender a hacerlo bien una vez. En dos movimientos. Una vez tenga el registro, estacionaré en esquinas y lugares con mucho espacio.

El sábado tengo el curso teoríco. Toda la mañana.
Que embole.

El miércoles tengo turno con el oculista.
Es hora de sacar un juego nuevo de anteojos... Los míos los dejé de usar en el 92 y creo que ya debería chequear como va mi miopía, no sea cosa que no me quieran dar el papelito porque no veo las letras de las filas de mas abajo... Cómo si las letras en las señales de tránsito fueran chiquititas...

Y después de eso, ya está.
Me voy a levantar bien temprano, hacer la fila kilométrica y a sacar el registro.
Y una vez que lo tenga, no me jodan, no pienso manejar a menos que sea absolutamente necesario.

20 oct. 2011

Fly Me To The Moon...


Señoras y señores, me compré un sillón.

Estoy mas que segura que esa frase fue recibida con un general gesto de ¿y con eso qué?, algnos gestos mas expresivos que otros - Bebilacqua, le pido por favor que contenga sus expresividades o lo voy a mandar a dirección - pero aguántenme un segundo que les voy a contar.
Decía entonces, después de toda esta charla sobre libertad de expresión - Bebilacqua, tiene un uno, Bebilacqua - que me compré un sillón.
El sillón anterior, de cuerina - o cuero ecológico, o simplemente berreta, cualquiera de las dos opciones es válida en mi opinión - a) se me había rajado en un par de lugares, y b) era amarillo, cosa que a mi me encantaba, pero al hombre de mi casa ya lo tenía molesto, vaya uno a saber por qué tanta animosidad contra el pobre sillón amarillo.

En fín, que era hora de cambiarlo.

Este sillón que tenemos ahora es lindo, mas bien bajito, marrón, de tela - no cuerina, el hombre de mi casa, habiéndolo elegido él, prometió hacerse cargo de las manchas... y yo todavía me río cada vez que lo pienso -, muy cómodo y entra perfectamente en el lugar que le toca - porque no es como que sobra espacio en mi casa.
Sí, ya sé, todavía no aclaro el ¿y con eso qué? del principio de este post.
A eso voy.

Este sillón - elegido por el hombre de mi casa, como dije antes, en un arranque de euforia "¿que lindo sillón, y si lo llevamos?" - lo compramos en WalMart. Sí sí, estábamos comprando detergente y leche y pan y un par de cositas mas y salimos con un sillón abajo del brazo... metafóricamente hablando, no se vayan ustedes a creer, para hacerlo de manera literal uno tendría que ser el Increible Hulk, y no el de Lou Ferrigno, si no el último, el grandot-... pero me voy por las ramas.
Sillón, hipermercado, mi casa.
Y acá es donde viene el meollo de este post.
Porque el sillón es lindo, no sé si les dije. Cómodo. Y de color marrón. Y viene con la promesa de que no voy a tener que limpiarle las manchas, lo que no es para despreciar...
Pero lo que tiene de bueno, señoras y señores, lo que tiene realmente de bueno, es que este sillón llegó a mi casa en una caja.

Una caja enorme.

Vieran ustedes el tamaño de la caja.

Y vieran ustedes la fantástica nave espacial que tienen mis críos instalada en medio del cuarto, con una puerta, dos ventanas, un periscopio y tres antenas.
Honestamente, no sé cuanto nos va a durar el sillón de WalMart. No sé si una vez que se vaya, alguien lo recordará... Pero la nave espacial varada en el cuarto, creanme ustedes a mí, es algo memorable...

14 oct. 2011

Antes de Irte


Para mi estimada eMe y su Normita...

Los nombres han sido cambiados para proteger a inocentes...
Ustedes sabran que hacer con los nombres que se han mantenido iguales.

Esta señora de la que les voy a hablar - bueno, no, de la señora en realidad no voy a hablar, pero aún así, vamos a nombrarla, al cabo que sin ella, esto no hubiera pasado -, murió en Enero. Una señora ya mayor ella, y el Citibank le mandó en Abril el resumen de cuenta, agregando Febrero y Marzo, donde iban los gastos anuales por el servicio de la tarjeta de crédito, además de un recargo por factura vencida, además de los intereses mensuales. Es decir, que el balance, que había empezado en cero, ahora venía cargando un montón de números en contra.

Ni que decir que Pariente de Señora levantó el tubo y llamó al banco.

Pariente de Señora: Llamo para avisar que ella murió en Enero.
Servicio de Atención al Cliente del Citi: Mire, a mí me figura que la cuenta no fue cerrada, por lo que el recargo y los intereses todavía siguen corriendo.
Pariente de Señora: ¿No tendrían que haberlo pasado a Deudores por falta de pago?
Servicio de Atención al Cliente del Citi: Ya fue remitido.
PdS: Bueno, ¿y qué va a pasar cuando descubran que murió?
SAC: Probablemente la reporten a la División de Fraudes.
PdS: ¿Usted cree que Dios se va a enojar?
SAC: ... ¿Cómo dice?
Pariente: ¿No entendió usted que la señora murió?
SAC: ... Señor, va a tener que hablar con mi supervisor.

(Traspaso de nabo a nabo mas importante)

PdS: Estoy llamando para avisar que ella murió en enero.
Supervisor de SAC: Acá nos figura que la cuenta nunca fue cerrada, por lo que el recargo y los intereses todavía corren.
PdS: Ajá... ¿El plan de ustedes es cobrar de la sucesión?
Supervisor de SAC: ... ¿Es usted el abogado de la señora?
PdS: No, soy su sobrino nieto.

(Paso de datos del abogado, por las dudas)

SSAC: ¿Podría pasarnos por fax el certificado de defunción?
PdS: Como no.

(Pasa el fax, llega el fax)

SSAC: Mire, nuestro sistema no está seteado para fallecimientos... No sé qué mas puedo hacer por usted.
PdS (ya a estas alturas completamente superado por la inoperancia de esta gente) : Bueno, si algo se le ocurre, buenísimo. Si no, no sé, siga mandándole las facturas. No creo que realmente le importe.
SSAC: Bueno, el recargo y los intereses todavía siguen corriendo...
PdS: ¿Quiere que le pase su nueva dirección?
SSAC: Si fuera tan amable.
PdS: Parcela 36, Memorial. Panamericana Km. 47, Pilar.
SSAC: ¿Eso no es un cementerio?
PdS: No me joda, ¿en serio?

Y así continua la inoperancia en el mundo...

12 oct. 2011

Girando Hamburguesas


El sábado mi niño cumplió cuatro años.
Cuatro.
Ja. Si parece que fue ayer que estaba yo amenazando a la enfermera para que me diera drogas de las buenas. Qué épocas aquellas...
En fín.
Eso.

Cumplió años.

El plan que habíamos propuesto era ir a Sacoa. El tema es que Sacoa abre al mediodía. Y nosotros - ellos, yo no, yo traté desesperadamente de no - estábamos despiertos desde las ocho y media. ¿Qué hacer hasta entonces?

Después de un par de falsas salidas, logramos organizar la troupe y nos fuimos al shopping que está junto al Jumbo, para aprovechar que yo tenía que comprar un par de regalos. Dimos las vuelta al perro, compramos las cosas pertinentes - además de una bolsa de caramelos de colores en la dulcería del pasillo - , y serían las once y media pasadas, atravesando el patio de comidas, cuando H vio los arcos dorados y propuso comer en Mickey D.
"¡Sí!" gritaron los míos con la inflexión que algunas mujeres hubieran usado si les hubiesen ofrecido las llaves de Tiffany´s.
"Bueno," atemperé yo. "Vamos a Sacoa y después pasamos por el AutoMac."

Con esas palabras partimos entonces del Jumbo y nos mandamos a la Anónima, en cuya parte comercial se encuentra el susodicho local de juegos.
Pero, alas, todavía era demasiado temprano y el cartel de la reja avisaba que hasta la una y media no jodiéramos, que el boliche no se abría.
Recién eran las doce y monedas.
Aprovechamos entonces que ya estábamos ahí y entramos al super a hacer unas compras - huevadas varias, no, soltá eso, no lo voy a comprar, no, eso tampoco - y estiramos el rato hasta la una.

La gente de Sacoa, superada por la cantidad de niñitos que querían entrar ya había abierto su reja cuando salimos, por lo que dejamos todo en el auto y fuimos a jugar a los fichines.
Doscientos catorce tickets mas tarde - cambiados en la casilla por un tarro de Miki Moko, un burbujero y algunos caramelos - decidimos que ya era hora de terminar con las vueltas, pasar por McD e irnos a casa... por favor.

Pasamos frente al MacDonalds de la ruta y la cola que había frente a él, ostensiblemente para entrar al AutoMac, era kilométrica, por lo que H decidió ir al McD que hay en el patio de comidas de Walmart - el tercer hipermercado en lo que iba de la mañana. Estacionó, me bajé y corrí adentro.
La cola dentro del patio de comidas era kilométrica también, amen que no quedaban ya juguetes para la Cajita Feliz y ¿cual es el punto de comprar una Cajita Feliz si no tiene juguetes?
Salí del McDonalds, avisé de esta circunstancia y decidimos capear la cola kilométrica del AutoMac.
Llegamos hasta allá para que nos dijera el guardia de seguridad que habían cerrado y que no iban a abrir hasta dentro de cuarenta minutos.
Mi paciencia, que había mermado de manera considerable - consideren ustedes que estábamos paseando desde las nueve y ya pasaban de las dos de la tarde - llegó al fondo y dijo que a la merda, nos vamos a casa.
Los dos habitantes del asiento trasero empezaron a chillar como si el mundo se acabara.
El hombre de mi casa, que se ve que todavía tenía resabios de paciencia en el fondo del barril, resistió mi embate y decidió darle una última oportunidad,
"Vamos al McDonalds del Jumbo, a ver cómo está," y una vez mas recorrimos el camino hasta la otra punta de la ciudad.

Estacionó, me bajé, entré, crucé el shopping otra vez, fui hasta el patio de comidas, al local de McDonalds, hice la cola - no tan kilométrica pero igual... -, llegué hasta la caja donde la muchachada hacía malabarismos - "nos estamos quedando sin cosas, vino un montón de gente" "Debe ser porque está cerrado el de la ruta" "¡¿Está cerrado?!", se ve que hay un problema de comunicación - conseguí las cajitas felices con sus juguetes, las hamburguesas del escribano, algo para mí - el pollo estaba entre lo que se había acabado - y finalmente, a las tres y veinte, logramos terminar con la mañana.
Después de eso, el resto del día - cocinar torta, jugar con los chicos en el patio, tomar el té con amigos, soplar las velitas, jugar con los regalos, ordenar el quilombo, bañar a la muchachada, etc - transcurrido dentro de casa, se pasó volando, y para la noche, cuando finalmente llegó la paz, el hombre de mi casa me invitó a ver el último dvd de Les Luthier y yo me desmayé frente al televisor.

Basta.
No me jodan hasta el próximo cumpleaños...

4 oct. 2011

Camino a Ninguna Parte


Estoy leyendo un libro que no va a ninguna parte.

Es decir, es interesante, está razonablemente bien escrito - hay un par de cosas que si yo hubiera sido el editor le hubiera explicado a la escritora que no suenan bien... no podés empezar varios parrafos medianamente seguidos con un "Esta mañana fui..." ¿cuantás "éstas mañanas" hay? - y es ameno, por lo que yo lo sigo leyendo.
Pero honestamente, no va a ninguna parte.

Está ésta chica, que acaba de poner un negocio de ropa vintage en Londres.
Es decir que vende vestidos antiguos - es muy entretenido leer las descripciones y los nombres de diseñadores y después buscarlos en google para tener una idea de qué demonios es que me está hablando - en una tienda fashion en un barrio de Londres donde todos mas o menos se conocen. Tiene un pasado triste - una amiga que murió hace poco, cosa por la que ella se culpa por no haber ido a chequearla un par de horas antes de su muerte como había prometido - y un ex novio al que plantó en el altar - consecuencia de la muerte de la amiga anteriormente mencionada.
Y a partir de ahí, no pasa nada.

Es decir, pasan cosas, ella conoce gente, sigue comprando vestidos, sigue vendiendo vestidos, sale con un flaco, corta con el flaco, y la vida continua. Es entretenido, seguro. Pero me siento viendo a un personaje de los Sims. ¿Va esto a alguna parte? ¿Hay un destino en mente? ¿Un final romantico, el descubrimiento del asesino, la explosión del edificio, un avance psicológico, un gran robo, un desprendimiento emotivo, algo?
Porque me da la impresión de que nada avanza, nada sucede, el personaje no cambia, no crece, no se desarrolla, no nada.
Puedo seguir leyendo, seguro, es como mirar una pecera, es entretenido y el rato se pasa... Pero no me da la impresión de que sea muy constructivo en realidad.

El próximo libro qe voy a leer va a ser un thriller psicológico durante una carrera de naves espaciales donde una bomba está por detonar y destruir dos tercios de una galaxia, mientras el joven detective/cazarrecompensas - que en sus ratos libres hace origami - tiene un triágulo amoroso con una alienígena que anda montada en un león azul a rayas - llamado Artax - y un prisionero escapado de las minas de carbón de Pax Tarkas, dónde fue llevado por un crimen que casi no cometió...

No sé si sería mejor, pero que tendría mucho mas crecimiento personal, seguro.

27 sept. 2011

El Filo de la Tijera


Detesto no tener internet en el laburo.
Por alguna razón que no termino de entender, la internet llega justo hasta la puerta. Posta. Una vez cruzada la puerta, no hay ningún tipo de señal. Traje el pituto para la computadora de la biblioteca. Nada. Traje mi netbook. Nada. De la puerta para acá, soy un punto negro en las comunicaciones.
Muy molesto.

La falta de internet entonces no me deja updatear esta cosa tanto como quisiera porque los niños en mi casa son todavía mas difíciles de superar que la señal truncada y mi jefa y sus paranoias. Aún así, yo lo sigo intentado. No puedo fallarle al señor de Tai Pei que visitó este blog esta mañana.
Saluden todos al señor de Tai Pei.
Hola, señor de Tai Pei.

El cuento de hoy tiene a la Ro como protagonista.
La Ro tenía flequillo cuando gurrumina. Hoy día estamos tratando de que crezca, por una cuestión tanto estética como práctica. El tema es que al llegar a cierto largo - cuando se escapa de los peinados y le hace cosquillas en la nariz - la poca paciencia que la caracteriza, la lleva a que - en el momento en que yo me distraigo - le pegue un tijeretazo.
Llevamos con este jueguito de la tijera y el pelo y dale que va ya casi dos años.
Ha habido varios retos, por supuesto, y varias explicaciones - Ro, si no lo dejás que crezca, ¡NUNCA VA A SALIR DE FRENTE A TU NARIZ! - pero no ha habido caso.
"Me molesta."
Pero una sigue en la lucha.

La semana pasada, la tijera atacó de nuevo.
Pero, esta vez hubo una variación en el tema.

"¡Yo no fui, Pancho Chasarreta me lo cortó! ¡Yo tenía lo ojos cerrados, no sé lo que pasó!"
No hubo forma de que soltara prenda.
"No seas ridícula, ¿cómo pensas que voy a creerme que alguien vino y te cortó el pelo de la frente Y VOS NO TE DISTE CUENTA?"
"¡¡NO SE!!"

Esta es mi historia y a ella me atengo.
Yo no fui, yo no estaba y no pueden probarlo.

Un par de días después, le relataba yo al padre este sucedido sucedido - "¿cómo vas a dejar que alguien te corte el pelo sin que te des cuenta?" fue el leit motiv de la tarde - a lo que yo agregué, perfectamente en el rango auditivo de mi niña la mayor.
"Obviamente lo que ella hizo fue manipular al chico, como para no mentir y que la culpa sea de alguien mas." la miré directamente con una mueca "Por que no te creas que me estás engañando..."
Y fue ahí cuando la pesqué. Hubo una sonrisa renuente, un gesto en los ojos, un admisión tácita, y si bien yo sé lo que hizo, mas preocupante es saber que ella también lo sabe.

Seis años.

No, si esa chica es terrible.
Espero que cuando crezca use sus poderes para el bien.

20 sept. 2011

La Llave Inquieta


A estas alturas, cualquiera que siga esta blog está mas que familiarizado con las extrañezas que suceden en mi rinconcito del mundo laboral.
Hoy lunes, y porque a quien no le gusta empezar los lunes con historias de fantasmas - o al menos con historias de cosas que seguramente alguien puede explicar de manera lógica, pero esa persona no está en este momento en la habitación por lo que sólo quedo yo para contarles el cuento - voy a ponerlos al día con el último suceso en la ya larga y curiosa lista de sucesos.

En mi biblioteca hay una salida de emergencia que da al jardín de atrás. Pintada del mismo color que la pared, es una linda puerta de seguridad, con un cartelito arriba que avisa que si hay un incendio, ese es el camino a la salvación y un ganchito en la pared a su lado, de donde cuelga la llave que franquea la salvación prometida. La distancia entre mi escritorio y la puerta en cuestión será de nueve metros - a ojo de buen cubero - y yo, por regla general, le doy la espalda.
La semana pasada, María, la chica que limpia, salió por esa puerta a regar.
Al volver, la cerró y me advirtió que iba a volver mas tarde a mover el sapito de lugar, para que no se inundara y nadie nos dijera nada - mi jefa tiene una fea tendencia a decir cosas.

"Dejo la llave en la cerradura para acordarme," me avisó cuando se iba de la biblioteca.

Yo miré ante su aviso - la llave efectivamente en la cerradura - y María se fue.
Continué haciendo lo mío en la computadora, de espaldas a la biblioteca, ya que los jueves a la mañana no hay clases en el instituto, lo que suele significar que no hay nadie para romperme la paz y yo puedo tomarme la vida con mas calma.
Cuarenta minutos mas tarde, María volvió como había prometido. Paré lo que estaba haciendo y la seguí con los ojos hasta la puerta, la miré descolgar la llave del ganchito que hay junto al marco y salir al jardín.
Y ahí fue cuando mi tren de pensamientos descarriló un poco.

¿Por qué la descolgó del ganchito que hay junto al marco si al irse un ratito antes la había dejado en la cerradura?

María volvió a entrar.
"¿No la habías dejado en la cerradura vos a la llave?"
" Sí."
La miré un segundo.
"¿Por qué entonces la descolgaste del ganchito recién cuando llegaste?"
Ella miró la llave, miró el ganchito, me miró a mí y las dos sonreímos nerviosas.

Analizamos el asunto un par de minutos mas, pensamos en si ella había venido antes y la había movido y yo no le había prestado atención, o un elefante rosa pigmeo se había arrastrado por debajo de las mesas y lo había hecho a mis espaldas, pero honestamente, no tenemos ni idea cómo fue que la llave se teletransportó de la cerradura al ganchito.

Sí, yo también estoy esperando a la persona lógica que salió de la habitación para que vuelva y me lo explique, pero se está tomando su tiempo la muy guacha.

16 sept. 2011

La Esquiva Moraleja


El otro día decidí hacer tortilla de papas. Que cosa que me gusta la tortilla de papas...
Mi abuela hacía las mejores tortillas del mundo. Incluso tenía un plato especial para dar vuelta tortillas que le regalamos con mi hermana - todo el camino desde Sevilla, envuelto en ropa adentro de la mochila -, esmaltado con flores y con una encantadora inscripción que anunciaba en una caligrafía muy bonita Pa´Voltear Tortillas...

Entonces, con mis planes de hacer tortilla bajo el brazo, llegué a casa, corté las cebollas, corté las papas, batí los huevos en el bol de metal, freí las cebollas, freí las papas, puse las cebollas en el huevo, puse las papas en el huevo y me preparé psicológicamente para el reto de hacer una tortilla de papas cocida por fuera y jugosa por dentro, lo mas parecida posible a las que hacía mi abuela.

"¿Qué vamos a comer?" la voz de mi niño, el menor.
"Tortilla de papa."
"A mí no gu´ta tortilla."
"Pero si son papas fritas con huevo."
"No gu´ta", pues tu te lo pierdes, cariño, y eso fue todo en ese frente, esto no es un restaurante, no te gusta, no comés.
A la Ro en cambio, hubo que atajarla para que no se robara todas las papas fritas de adentro del huevo crudo, en un claro caso de que lo que se hereda no se hurta, ya que mi abuela y yo hacíamos el mismo baile cuando la visitaba para almorzar.

Qué cosa los recuerdos...

Cuando llegó finalmente el momento, agarré la sartén grande, la calenté con una mínima - no, menos... no no, menos todavía... no... te pasaste - cantidad de aceite y con un floreo le eché el menjunje de papas, huevo y cebolla.
Todo el asunto siseó y crepitó de manera muy satisfactoria.
Lo dejé un par de momentos y cuando agarré la sartén por el mango, la levanté para sacudirla un poco, en una de esas cosas inesperadas que tiene la vida, el mango se partió con un chasquido que resonó como un petardo, haciéndo que la sartén cayera violenta contra la hornalla y que por un segundo - un eterno segundo - todo el asunto amenazara con caerse al piso y arruinar todo mi trabajo.
La atajé veloz - soy rapidísima cuando me amenazan con la ruina. Tiré a la merda el pedazo roto y me agarré del muñon que quedaba. Las papas se habían impresionado un poco - ¿qué fue eso? que horror, ¿lo sentiste? - y habían tratado de escapar por el borde de la sartén, por lo que la tortilla se había roto de manera irremediable, mientras que los pedazos que no se habían movido, con el tiempo perdido en cualquier momento iban a pasar de castaño a oscuro.
Manoteé rápido la fuente redonda - que no dice Pa´Voltear Tortillas, pero era de mi otra abuela y tiene un sellito que atestigua que vino de Inglaterra, así que tomá - la puse arriba y como pude - el muñón de mango no se quería prestar - giré el enchastre de papa, cebolla y huevo, los dejé tostarse medio minuto y lo repartí entre los que sí queríamos tortilla.

Estaba buenísima igual, no me voy a andar quejando...

Pero mientras comía descubrí además que la sartén traidora no sólo me había desarmado la tortilla sino que también me había hecho un tajo larguísimo en el dedo gordo, que en el fragor de la batalla yo no había notado y ahora sangraba por todos lados.

Ahora, mirando la curita de Batman que envuelve mi dedo - las de princesas son para los días impares -, no puedo evitar sospechar que en algún lugar de todo esto hay una moraleja. Estoy segura. Algo sobre la gente que piensa que tiene la sartén por el mango...

Pero no termino de poder armarla.

14 sept. 2011

Círculos de Brillantina


Hace unos años - sí, muchos, Bebilacqua, llámese a silencio quiere o lo echo del aula - estaba yo en septimo grado y tuve que hacer un trabajo sobre la República Argentína. Algo. No me acuerdo qué. A la distancia puedo notar la importancia totalmente relativa del tema, pero en su momento, y con mis doce años, obviamente era algo monumental. Lo que no quita que me haya olvidado de terminar los mapas a tiempo y encontrarme llorando el día anterior en pleno ataque de histeria porque tenía miles de mapas que colorear y yo como siempre había perdido los días en Uh, caramelos...
Desde el principio que soy una mina despelotada.
Ahí es cuando entra mi viejo en escena y al rescate se pasa toda la tarde pintando y coloreando mapas, cuestión de que el día de la entrega, yo tenía todo al día. Ni siquiera recuerdo que me haya retado, sólo me acuerdo de verlo sentado a la mesa verde de felpa, sombreando mapa tras mapa, siempre listo para sacarme las papas del fuego.

Mi papá.

No me acuerdo de mi mamá ayudándome con cosas de colegio.
Tal vez lo haya hecho, al cabo que todos sabemos que la memoria es perversa y selectiva, pero si lo hizo no lo recuerdo.
Mi vieja se ocupaba de rescatarme de otras cosas - y de comprar los libros escolares, merda la de horas que habremos perdido ella y yo haciendo la cola en las librerías a principio de año... - , pero cuando pienso en tareas atrasadas o trabajos prácticos o todas esas mil cosas que hacen las delicias del mundo escolar, me acuerdo de mi papá.
Es curioso.

Rorro tiene una Exposición de Mandalas la semana que viene.
Sí, escuchó bien Bebilacqua, una exposición de mandalas. No, ni idea a quién se le ocurren estas cosas. Sí, yo también lo golpearía en la cabeza si tuviera la oportunidad. No, no voy a ir al colegio a preguntar quién fue.
En fín. Llegó la notita la semana pasada, y si queremos participar - Sí quiero, mamá, sí sí sí... - , hay que entregar una mandala de 20 centímetros de diámetro antes del 16 de Septiembre. A gusto y piaccere del consumidor. La nuestra es con brillantinas.
La bajamos de la internet, la imprimimos, la pegamos en un cartón y todas las noches, cuando llego de trabajar, le pongo uno o dos colores nuevos, para darle tiempo a la plasticola a secar y que no se mezclen las brillantinas.
Y yo me pregunto si a Ro le quedara en algún lugar de la memoria mi imagen sentada a la mesa del comedor, rodeada de brillantina, trabajando en el coso ese para hacerla feliz o si su memoria, en los años por venir, será también perversa y selectiva, y también ella dirá "Es curioso, pero no me acuerdo de mi mamá ayudándome con las cosas del colegio..."

Voy a tener que sacarle una foto a esa bendita mandala.


8 sept. 2011

Nada por Aquí...


La Ro tiene un nuevo truco de magia.
Un truco de magia tan pero tan bueno que ni ella sabe como lo hace.

El lunes llegó del colegio, se puso el uniforme de gimnasia, nos sentamos a comer a la mesa.
"No te manches la remera."
"No, mamá."
Terminamos de comer, milanesas de pescado con arroz - junto a un pequeño lago de salsa golf - y soné el clarín que era hora de irnos. Una vez mas a la brecha, mis amigos...
Zeke no le dio ni pelota al clarín, al cabo que no suena por él, y siguió muy tranquilo con lo suyo - no suele terminar hasta por lo menos veinte minutos después que los demás hayamos limpiado el asunto así que ahí no iba a apurarse nadie.
Juntamos todo, pasó por el baño, dejamos al padre con el niño, "Vamos que estamos justo", bajamos la escalera y al llegar a la reja del jardín, descubro con horror una enorme mancha de salsa golf en la remera blanca.
Desde los botones hasta donde el estómago se empieza a curvar.
"Pero... pero... Rorro, estaba limpia, ¿cuándo te manchaste?"
Ella miró su remera y se encogió de hombros,
"No sé."
Suspiré, ya era tarde para ir a cambiarla, el abuelo estaba esperando en la camioneta.
"Bueno, nada,” saqué el buzo de la mochila “vas con el buzo puesto y no te lo saques,"
La Ro intentó protestar que no quería ponérselo, cosa que ignoré, y allá marchó, la mancha escondida bajo el buzo, en la tarde que al cabo que no estaba tampoco tan tibia.

El martes a la hora del almuerzo le puse un delantal de cocina - ya tenemos seis, los baberos son denigrantes - y comimos los mostacholes con salsa sin un solo traspiés,
"Mirá," orgullosa. La ayudé a sacarse el delantal. "No me manché nada."
"Muy bien," y al igual que el día anterior, juntamos todo, se lavó los dientes, dejamos a Zeke comiendo con el padre y marchamos a buscar su transporte.
Y al igual que el día anterior, al llegar abajo y mirarla para acomodarle el cuello de la remera, descubro con sorpresa, que el frente de su remera blanca tiene un largo churrete de salsa, justo en la curvatura de la barriga.
"¡Rorro!"
"¿Qué?"
"¿Cómo hiciste? ¡Estabas limpia!"
Se mira la remera, y me mira a mi con los ojos grandes y un tanto llorosos.
"¡Pero no me manché!"
Y ahí está el misterio, señoras y señores, porque puedo asegurar que de la mesa se levantó limpia.
Protesté escaleras arriba, buscando quorum, y desde arriba llegó la voz del hombre de mi casa, igual de sorprendida.
"De la mesa se levantó limpia."
"¡Argh, Rosarito!" le pasé el buzo por la cabeza, "Nada, irás con el buzo de vuelta." la subí a la camioneta, “Y no te lo saques.”

Hoy al mediodía comimos cerdo con puré. Solomillo para mas detalle. A un costado del cerdo en el plato de mi niña, un charquito de salsa golf. Arriba de la niña, un delantal. A los costados de la niña, los padres vigilando que no se manche.
Llegó la hora de partir, sacamos el delantal con cuidado - no fuera cosa que fuera el delantal el perpetrador, con alguna mancha escondida del lado de adentro... cosas mas raras han pasado... - no encontramos mancha alguna y aliviados nos dispusimos a partir.
"Hoy vas a poder ir sin el buzo," acoté bajando las escaleras. Al cabo que la tarde estaba tibia, no había manchas, y la Ro detesta abrigarse de manera innecesaria.
Ah, sí... Yo y mi gran bocota.
Ni bien llegamos a la puerta y se estira para agarrar su mochila, descubro a la mancha en la parte de abajo de su manga, justo encima del pulso.
"Me estás tomando el pelo."
"¡Yo no hice nada!"
No le dije nada. A estas alturas ya no sé que mas decir. Al cabo que yo la vi esforzarse en la mesa para no mancharse. No es su culpa que por alguna razón que no podemos entender las manchas parezcan aparecer después de que las fuentes de manchas se hayan alejado.
Moví su brazo y enfrenté la prueba. La mancha incluso estaba reseca, lo cual probaba que debía habérsela hecho hacía un buen rato... ¿En qué momento si nadie vio nada?
Man, que frustrante.
Le saqué el exceso, la rasqué hasta que salió la mayoría y sólo quedó la silueta en rosa.
"No me quiero poner el buzo," la Ro me miró suplicante.
Un segundo, dos segundos, tres segundos.
Al carajo.
Le di vuelta la manga y la mandé así nomás.

Mañana hay tarta. Sin salsas ni jugos.
Estoy re podrida de jugar a la mancha.