Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

30 oct. 2010

Información Básica


"Bueno, vos sentate ahí."
breve acomodo del traste sobre el borde de la cama, lucha contra un peluche mal ubicado
"Sabes, ma, que hoy estuve adelante porque hoy hablamos del espacio y yo sé mucho sobre el espacio..."
mueca hacia un costado, mirada pensativa, refocalización en su público de uno
"¿Querès que te cuente? Plutón no es mas un planeta, porque es demasiado chiquitito... Y es todo blanco y mas o menos, porque está muy muy lejos."
pausa, recuento interno de información, movimiento explicativo con las manos.
"Y el sol es una estrella. Una estrella muy grande. Y esta hecha de fuego."
mueca hacia el otro lado, mordisqueo de labio inferior, parpadeo en busca de algo mas que contar "Y los anillos de ese planeta... ese... Saturno están hechos de roca."
encogimiento de hombros, mueca consumada, manos abiertas en gesto de rendición, sonrisa sonrojada.
"Y eso es todo lo que sé del espacio."
sonrisa mas segura
"Viste que se mucho?"
Algún día va a saltarme algo adentro de lo mucho que quiero a esa nena, yo.

28 oct. 2010

Música Funcional



A la vuelta de mi casa, será cuadra y media, hay una casa de ladrillo donde hay un hombre que toca el piano.
Esto en sí no tiene ningún tipo de valor anecdotario, como no fuera que el hombre saliera a tocarlo desnudo a la calle, o prendiera fuego el instrumento a la Jerry Lee Lewis, o lo tirara por la ventana cual dibujito animado, o hiciera cualquier otra cosa extra además de tocar el piano.
Pero no, tan sólo eso, a la vuelta de mi cuadra, a cuadra y media, hay una casa de ladrillos donde hay un hombre que toca el piano.
Y a veces, algunas mañanas, cuando paso caminando y está la mucama baldeando la vereda con la puerta abierta, se lo escucha tocar, y las mañanas son, por un breve pero muy agradable momento, un lugar mejor.

25 oct. 2010

Así es Mejor


Se murió un personaje en una serie que me gusta.
No era un personaje muy importante, no estaba en los créditos principales, aparecía recién después del título, pero tampoco era un camisa roja, uno de esos que aparecen de la nada - hay cincuenta personas en total en la nave/el hotel/el barco/la isla y nunca antes lo vimos, pero todos tenemos que creer que siempre estuvo ahí, tan sólo que cada vez que hacían un paneo general él estaba en el baño - sólo para morir en los primeros minutos. De hecho tenía un nombre y todo el soldadito rubio, y a estas alturas, después de haber sobrevivido a través de toda la primer temporada, - y bien que le costó, casi fue boleta en tres distintas oportunidades - creí que iba a durar un poco mas. Le tenía fé al soldadito yo.

Pero no.

¿A quién se le ocurre quedar atrapado debajo de una consola y desangrarse de a poquito al chocar la nave contra el planeta desconocido? ¿Quién muere de esa manera?
Eso es ciencia ficción para ustedes
Por el otro lado, tengo que darles crédito y lo dejaron morir a gusto, cómodo, a lo largo de todo el episodio. Después de haberle tomado cariño - uno de los pocos personajes con sentido común en todo el asunto, la ciencia ficción no tiene muchos de esos - me hubiera dado pena que se estrolase y ya. “Lo perdimos, señor”, todos movemos la cabeza con pena y acá no pasó nada.
En cambio, de esta manera tuvimos tiempo para las lacrimógenas "Conversaciones Sentidas", los cursis "Debates Sobre el Mas Allá", las emotivas "Últimas Frases para mi Familia", los heróicos pedidos de "Sálvense, Déjenme Morir Solo", seguidos por los igualmente heróicos "No Voy a Dejarlo Morir Solo", y el siempre trágico pero aún así gran favorito del público "Máteme Comandante, Usted y Yo Sabemos Que Es Lo Mejor", que por supuesto me tuvo lagrimeando los últimos minutos del estúpido episodio.

No fue uno de los mejores episodios que he visto, aun cuando el comandante dándole a la botella al final, después de haber asfixiado al soldadito, - porque no daba volarle la cabeza, el resto del contingente se lo iba a tomar a mal, - me partió el alma, pero viendo y considerando lo mal que pueden escribir a veces la muerte de un personaje apreciado - Russell T Davis y la PMQTRP - estoy bastante satisfecha.
De a poco puede que termine gustándome y todo esta serie...

23 oct. 2010

Cheesecake


El otro día hice cheesecake, para una juntada de amigos que hicimos en casa.
Me salió realmente muy bien, saqué la receta de internet y la ajusté un poco, y mientras comíamos comenté que era la receta de la cheesecake del Cheesecake Factory en Nueva York - porque eso es lo que era. Como podría haber comentado que era la receta del cualquier otro cheesecake en cualquier otro lado del mundo - hay mil variedad de cheesecakes - tan sólo para marcar la diferencia entre una y otra, de la misma manera que admito cuando hago cheesecake de cajita...
Mi comentario fue recibido por un coro de comentarios burlones y tomaduras de pelo varias que en otro momento quizás hubieran pasado desapercibidas, pero que por alguna razón me hicieron sentir a la defensiva.

Me sentí incómoda.
No es que sea algo importante, pero me sentí en evidencia. Con mis amigos en casa mi comentario hubiera sido recibido con un "mirá vos?" o un "y en que se diferencia de la de XXX?" o quizás tan sólo ignorado, como manía de la cocinera... Pero acá no, y me di cuenta de que pese a los años que hace que vivo acá, todavía no termino de encontrarme. Que pese a que les tengo muchísimo cariño - y a que me han bancado muchísimas cosas - la mayoría de los amigos que tengo ahora son en realidad herencia de mi legítimo.
Y no puedo evitar pensar lo mucho que todavía extraño a los míos.

Sí, es una tontera preocuparse porque la gente no entienda que tu decir que es la Cheesecake de Nueva York no significa que te estás mandando la parte si no que estás queriendo decir que no es la Cheesecake de Eslovenia, donde la hacen congelada, o la Cheesecake de Mongrovia, donde la ponen leche de cabra. Pero me hicieron sentir fuera de lugar, y considerando lo mucho que me cuesta encajar, es la última vez que les hago cheesecake a todos esos desagradecidos.
He dicho.

22 oct. 2010

La Rubia Clichè


Volvía a casa anoche, tipo ocho y media, y me paré a acomodar el mp3, frenando de manera circunstancial frente a una inmobiliaria a la que no voy a nombrar - porque no me acuerdo, no por ahorrarles la propaganda.

Ahí estaba yo, ajustando la playlist - esta canción sí, esta no, esta no, esta sí -, cuando, apagando las luces del boliche, salieron a la calle la rubia alta y bien vestida que trabaja ahí - o su compañera, también rubia alta y bien vestida, porque tengo que decir que para mí son basicamente intercambiables - acompañada de un tipo castaño alto y bien vestido al que yo nunca antes había visto.
Ella venía hablando de sabe Dios qué, pero no pude evitar notar que cada dos frases - mas o menos - la muletilla “sí, porque mi novio” se colaba en lo que fuera que estaba intentando decir, mientras que él mantenía lo que sólo puede describirse como una sonrisa educada y un tanto tensa.

Les presté atención distraída... esta canción sí, esta no, esta sí, esta no.

Ella siguió con su perorata, alejándose del local en mi dirección, sin notar que él se había quedado en la puerta, tratando de manotear una palabra de ahogado en su mar de palabras.
Finalmente la rubia tuvo que frenar y giró para mirarlo interrogante, silenciada por una fracción de momento, y él, se metió en la grieta y le preguntó si no tenían que cerrar con llave,
- Ay sí, - respondió ella, con cara de ja-ja-ja-que-pavota.

- ¿Querés que cierre yo? - preguntó él amable… tengo que darle que era un tipo muy educado, cualquier otro ya hubiera cerrado y cuando ella no miraba se hubiera ido al joraca.
- Dale, gracias. - dijo ella, y mientras él cerraba volvió al ataque con el tema que la concernía, algo sobre un viaje que iba a hacer con “sí, por que mi novio” a no entendí donde.

El terminó de cerrar y dudó un momento. En mi interior le conminé “corré!”. La rubia caminó otro par de pasos, pasando ya de mí, alejándose del local, e hizo un gesto con la cabeza para que él la siguiera, gesto que él resistió. Y cuando yo ya veía que iba a haber que resignarse, que no había salvación posible, que el pobre castaño iba a tener que seguir a la rubia, ella lanzó una risa ensayadamente musical, y dijo,
- Ay, pero que tarada, si mi auto está estacionado justo acá. - y desanduvo los pasos dados, con cara de ja-ja-ja-que-vas-a-pensar-de-mí, frenando junto a un autito rojo, imposible de ignorar, estacionado justo justo enfrente de la inmobiliaria.
- No sé en qué estaba pensando - “realmente no querés que te conteste” estuve tentada de acotar. - ¿Querés que te lleve? - le preguntó al castaño alto y bien vestido, pero él, notando finalmente la libertad en el aire, sacudió la cabeza y sonrió, ya mas sincero,
- No, dejá, prefiero caminar. - y sin darle tiempo a mas, agregó un veloz - Hasta mañana, - y escapó.
La rubia, tengo que decirlo, pareció por un momento un tanto cortada. Sus ojos se fijaron en mi por un segundo. Yo sostuve su mirada con la mayor inexpresividad de la que soy capaz, me puse los auriculares y me fui.

No quiero ser prejuiciosa.
En serio que no.
Pero cuesta mucho no pensar que a veces lo que dicen de las rubias es cierto...

20 oct. 2010

Cuando los Elefantes Llegaron 1/3


"Alonso estaba nervioso.
Una sensación por demás molesta considerando que Alonso no era del tipo de ponerse nervioso.
Serio y por demás circunspecto, Alonso Johanssen, estudiante de Matemáticas Avanzadas y el empleado mas prometedor de la Financiera Groban, no era alguien que se pusiera nervioso.
No en circunstancias normales al menos.
Pero esta no era una circunstancia normal, y por ende, Alonso estaba nervioso.

Sacó del bolsillo del sobretodo un llavero, rebuscó en el manojo de llaves una que no usaba tan a menudo como antes y abrió la puerta de calle de la casa de su vieja.
El sonido lo envolvió, lo aplastó, lo sofocó como una manta de lana. Risas, cristales, conversaciones, y allá en el fondo, el dejo de una música que podría haber sido jazz pero que bien podría haber sido cualquier otra cosa.
Sonrió reflejo, sintiéndose bienvenido, dejándo que la calidez lo invadiera. El cumpleños de Nennia estaba en pleno apogeo. No se cumplen 70 años todo el tiempo - ni para el caso ninguna otra edad - y para festejar este magnífico evento todo el clan se había reunido bajo el techo de su hija Ana, o, para los entendidos en la materia, la mamá de Alonso.
El hombre, aunque muchos argumentarían que a sus recién cumplidos veintidós todavía era un nene, cerró la puerta detrás suyo y el ruido atrajo la atención que su mera presencia no había conseguido.

- ¡Alonso!- exclamó Ana, llegándose hasta él con una sonrisa, un abrazo y un beso. -Ya creíamos que no venías. ¿Qué pasó?- él movió la cabeza, desmereciendo su preocupación, sacándose el sobretodo y aflojándose la corbata. Trabajo, mucho mucho trabajo, ¿qué otra cosa podía haber pasado?
- Entre el laburo y la facultad, vieja, no sé porque siquiera te molestás en preguntar que pasó.- sonrió una sonrisa general, besó obediente los cachetes de sus hermanas (Laura la mayor, Rinni la menor), estrechó las manos de Lucas (su hermanastro) y de Francisco (el marido de Ana) e hizo un gesto en dirección a Martina (la hermana menor de Francisco), que ubicada un par de metros mas atrás, con una copa en la mano, le devolvió el gesto, la mano libre en el bolsillo trasero de su pantalón de jean.
- Viejos son los trapos, mi vida.- replicó Ana, una chispa dorada en sus ojos castaños, feliz de tener a todos sus patitos cerca por una vez. - Pero pasá, dale, que los demás están adentro.- sacó al sobretodo de sus brazos y lo empujó en dirección a la multitud.

La siguiente hora fue una caótica mezcla de saludos, de preguntas sobre temas en común, de bromas respecto a estar todavía de traje cuando ya pasaban de las 8, de anécdotas sobre Nennia, de puestas al día con las distintas historias de todos los distintos primos y parientes. La abuela Nennia, viuda desde los 57, tenía seis hijos, lo que daba un total básico de diez tíos, lo que llevaba a veintitrés primos, que iban desde los 12 años hasta los 29, y eso sin contar maridos, mujeres, novios, amantes, amigos y parientes honorarios.
Alonso sonrió a través de todo, disfrutando el momento, jugando con el contenido de sus bolsillos en un gesto nervioso que despreciaba pero que no podía evitar. Despeinó una cabeza morena, tiró de una trenza rubia, preguntó muy seriamente los planes a futuro de Diego y su banda de rock, bromeó con Clara sobre cuanto faltaría para que esa panza reventara y el bebé saliera expulsado, explicó con paciencia la teoría de los números irreales a un confundido Gus tratando de aprobar la maldita materia.

Las nueve y media, con torta de chocolate y 2 velitas de colores, llegaron enseguida, coronando una sustancial cena de sandwichitos de peceto.
Nennia, sentada en una silla de corte antiguo - a la que mas de un vivo se había referido como trono - se quejó del hecho de que le habían puesto sólo un 7 y un 0.
-Nadie se esfuerza ya en estos días.- comentó áspera, sus desvaídos ojos azules divertidos. -En mi época si había que poner 70 velitas, poníamos 70 velitas.
-Si prendemos 70 velitas, Nennia, las probabilidades de que se queme la casa antes de que las apagues son altísimas.- contestó Alonso.
Su primo Rafa se apoyó en su hombro,
-Y de boca de nuestro matemático residente, Ne, así que tenés que aceptarlo.
-Que bárbaro, tomarme el pelo de esa manera. A mi edad.
-Si vos todavía sos joven, abuelita.- zalamereó Rosa, la menor de las nietas. Nennia gruñó,
-No me des coba, niña, que yo sé muy bien lo que soy.- con el acento que los años suavizaran pero no borraran, y sus ojos brillando satisfechos, mientras Mecha prendía las velas y el Feliz Cumpleaños empezaba despacio, como el zumbido de un avión preparándose para despegar.
Después de la interpretación familiar - con la que nunca ganarían ningún premio coral - Alonso aceptó un pedazo de torta y marchó hasta el living donde se ubicó en uno de los sillones de un solo cuerpo que hacían juego con el enorme sofa donde se encontraba sentada su madre.

-¿Tenés un minuto?- quiso saber, abandonando la torta sobre la mesa ratona sin probarla, decidiendo que este era un buen momento para hablar con ella - tan bueno como cualquier otro - y qué un pedazo de torta en el estómago vacío podría llegar a jugarle en contra.
Un vaso de whisky quizás hubiera sido mejor.
Ella parpadeó, atrapada in fraganti, la boca llena de chocolate, una mujer atractiva de 47 años, con el cabello todavía castaño merced a una buena combinación de genes y tintura. Tragó,
-Seguro.- y sonrió expectante, los ojos alertas, confiando en que lo que tuviera para decir no llevara mucho porque tenía que hablar con Diana y Diana siempre tenía la mala costumbre de abandonar las reuniones familiares temprano. Probablemente para no tener que ayudar a limpiar, pensó, poco caritativa pero muy acertada.

Pero antes de que Alonso pudiera abrir la boca, una sombra pasó sobre ellos y Francisco Setera se dejó caer en el sillón junto a su mujer,
-¿Y?- quiso saber -¿Cómo te está yendo en estos días? Tu mamá se la pasa preocupándose por si comés lo suficiente o no. Me tiene la cabeza llena con el tema de tu dieta.- y su tono divertido combinaba perfectamente con el afecto con que miró a su mujer cuando esta le dio un codazo en el costado, consternada.
-Fran, por favor, que el chico va a pensar que soy una madre pesada y no lo soy.- volvió la mirada a su único hijo varón. -Pero te estás alimentando bien, ¿no? No te olvides que si no comés cada dos horas te mareás.- Alonso le hizo un gesto a mitad de camino entre el cariño y la exasperación, esa delgada línea por la que todos los hijos transitan,
-Es difícil que me olvide de mi hipoglucemia, mamá. Fran, por favor, recordáselo, ¿sí?- el hombre asintió muy serio,
-Tu hijo ya es un hombre, Anita.
Ella hizo una mueca descreída, y apartó la vista, apretando los labios,
-Sí, bueno, ya vamos a hablar sobre eso.
-¿Quién es un hombre?- quiso saber Lucas, el hijo de Francisco, dejándose caer junto a su viejo.
-Tu hermano mayor.- contestó Fran.
El adolescente hizo una mueca escéptica,
-Sí, bueno, si ustedes lo dicen.- y Ana trató de no voltear el resto de su torta con una carcajada.

Alonso trató de volver al tema anterior. Era algo que iba a tener que enfrentar tarde o temprano, y conociendo a su madre, temprano era mejor.
Sin embargo, antes de que pudiera volver encarrilar las cosas, Martina, la rubia hermana de Francisco, se sentó pesada en el otro sillón de un cuerpo, al otro lado de la mesa ratona,
-Che, esta tarta está buenísima.- y para remarcar el punto se llevó a la boca el tenedor cargado con tarta de frutillas. Alonso entrecerró los ojos, presa de un fastidio momentáneo. La tarta de frutillas no había estado en la mesa cuando él se sirviera. Martina sacudió ligeramente la cabeza, el pelo rubio una cortina a su alrededor, -Acida. - murmuró tragando, frunciendo la boca, - pero rica.- y le sonrió burlona a través de la mesita, adivinando lo que estaba pensando.
-Le diremos a Mecha que la haga para tu proximo cumpleaños, - retrucó él con tono zumbón, -¿Cuántos son? ¿40?
Ella levantó el tenedor en una advertencia,
-35, pendejito, asi que no te pases de vivo.
-¿Yo? Nunca.- volvió la cabeza a su anterior conversación con Ana. -¿Puedo hablarte?
-Hablá. ¿Qué pasa?- y Alonso juntó aire para lanzarse a la pileta.

Aire que escapó en una tos cuando Rinni la pelirroja se sentó en el brazo de su sillón y apoyó un coso pesado sobre su hombro,
-¿Y? ¿Cómo te está tratando el mundo de los números y las altas finanzas? Ahora que conseguiste un trabajo con … esa empresa con la que estás trabajando, si una no se arrastra hasta tu departamento no hay forma de verte.
Alonso levantó la mirada. Amaba a su hermana menor, de verdad que sí, ropa extraña y todo, pero a veces pensaba que hubiera sido mejor si no le hubiera prestado tanta atención cuando era chiquita. Ahora se creía que tenía derecho a preocuparse por él, ¿y dónde iba a terminar eso?
Martina lanzó una carcajada seca desde su sillón,
-Tu hermano está tan metido en sus preciosos números que aún si fueras hasta su departamento no podrías encontrarlo.
Alonso no despegó los ojos de su hermana,
- A diferencia de tu tía Martina, que lo único que hace es pasársela metida dentro de su departamento.
-Es lo que una gana trabajando en el mundo de las letras. Puedo llevarme el trabajo a casa."

Continua

Cuando los Elefantes Llegaron 2/3


"-Hablando de eso.- y junto a Martina, obligándo a su tía política a correr la cola hasta hacerle un lugar, se sentó Laura, - Si yo te alcanzo un manuscrito que escribió un amigo, ¿vos me harías la gauchada de leerlo?
Martina limpió el plato con el tenedor, dando cuenta del último pedazo de tarta y asintió, sacando una miga del escote redondo de su sweater verde militar,
-Seguro. Mientras no sea un bodrio, veo si puedo darle una ojeada. Che, me encantan tus aros.
Laura se corrió el largo pelo oscuro para mostrarlos mejor,
-¿Viste que lindos? Los compré en María Rivolta.
- Ah, el otro día vi unos divinos ahí, de bronce y
Ana apoyó una mano sobre la rodilla de su hijo, llamando su atención, y Alonso apartó la mirada de las dos mujeres con un escalofrío. Era el equivalente conversacional de espejitos de colores, si no tenías cuidado podían llegar a hipnotizarte.

-¿De qué querías hablarme?
El parpadeó, intentó una sonrisa y finalmente dijo,
-Estoy saliendo con alguien.
Las elegantes cejas se arquearon sobre los ojos almendrados, tan parecidos a los de su hijo, y una sonrisa estiró su boca,
-¡Pero eso es bueno! ¡Ya estaba empezando a preocuparme! Siempre tan opcupado no sabía cuando ibas a tener tiempo de conseguir una buena chica.

La sonrisa de Alonso se amplió un poco y bajó la cabeza un tanto avergonzado,
-Sí, bueno, me las arreglé bastante bien.
-O sea que estás de novio.- Rinni acotó desde su percha, metiéndo baza en la conversación como si hubiese estado invitada a ella desde el principio.

-¿Estás de novio?- preguntó Laura sorprendida, desde el otro sillón, arrastrando hacia ella el pedazo de torta de chocolate que su hermano abandonara minutos antes.
-Algo así.
-¿Cómo algo así?- quiso saber Francisco. -¿Estás en esa etapa en la que no le querés poner etiquetas a las cosas?

Su mujer lo codeó nuevamente,
-Dejalo tranquilo. Si recién está empezando a salir con esta chica a lo mejor no está seguro.- Alonso y Lucas revolearon los ojos, gemelos ante la costumbre maternal de hablar como si uno no estuviera dentro del rango auditivo, probando que si bien algunas cosas no están en los genes, sí están en la crianza -¿Quién es? - quiso saber Ana -¿Cómo se llama? Tenés que traerla.- y luego movió la cabeza. -Sabés que no te quiero presionar, pero desde Carla que no te escucho hablar de ninguna chica y… - su madre le sonrió, madre sobreprotectora y romántica incurable todo en uno, mientras Alonso recordaba por un momento a su última novia de la secundaria, en lo enamorado que había creído estar, en como cambian las cosas.

-¿Y?- preguntó Laura, a la que obviamente presionar no le molestaba en lo mas mínimo -Contanos algo.

Alonso miró a las personas a su alrededor. Al grupo original se habían sumado un par de primos, Diego con el brazo alrededor de la cintura de su novia Lucía, su tía Mecha con sus grandes ojos azules llenos de curiosidad. Tragó saliva,
-Voy a pedirle que se case conmigo.

El silencio engulló sus palabras, las tragó como si fueran caramelos, haciéndolas desaparecer, sin dejar ningún rastro dulce detrás. Alonso tuvo la extraña impresión de que la radio misma había hecho una pausa en la trasmisión.

Desde la otra sala les llegó la voz de Maura, relatando a Nennia en tiempo real lo que estaba aconteciendo a este lado de la habitación,
-Bueno, menos mal.- la respuesta de Nennia voló sobre el silencio y cayó en picada sobre ellos, -Estaba empezando a pensar que ese chico era puto.- Lucas se quebró bajo ese impío ataque y su risa sobresaltada sacó a todos del trance, llenando el espacio de sonido con la misma fuerza bruta con la que la marea llena la hoya.
-¿Cómo que vas a pedirle matrimonio?- la voz aturdida de Ana se escuchó sobre la cacofonía de parientes preguntando cosas tales como Cuándo, Por Qué, Cómo, Dónde, y especificamente Quién.

Alonso resistió los embates, esperando a que pasara el primer hervor, sabiendo que todavía faltaban un par de noticias que probablemente volcaran la cacerola. Los mas chicos lo miraban entretenidos, los mas grandes consternados y sus contemporáneos todavía no estaban del todo seguros a cual de los dos grupos unirse.

-¿Está embarazada o algo así?- la voz de Laura siguió a la de Ana y Alonso nunca antes se había dado cuenta de lo parecidas que podían sonar. Lanzó una mirada hostil en dirección a su hermana mayor. Junto a ella Martina se concentraba en la fascinante efigie de su plato vacío. No pudo adivinar que estaría pensando.

-No, no está embarazada.
-¿Entonces por qué?- quiso saber Ana, en la estela del comentario de su hija mayor. -¿Por qué vas a proponerle matrimonio a una chica a la que recién conocés y que nunca nos presentaste?
Alonso se mordió el labio inferior. Tiempo de lanzar la segunda granada y confiar en que quedara algo en pie para cuando fuera tiempo de lanzar la tercera,
-Cuatro años.- y su voz fue tan baja que por un segundo pensó que había pasado desapercibida.

Pero no contaba con Rinni, todavía posada sobre su hombro como un gigantesco periquito pelirrojo,
-¿Cuatro años qué?
Alonso resopló. Suficiente. Nunca mas iba a responder a sus llamadas de urgencia para que fuera a buscarla al último boliche de moda en plena madrugada,
-Hace cuatro años que estamos juntos. Y nos conocemos hace mas de diez.
-¿Cuatro años?- el sonido estalló una vez mas a su alrededor. Pudo escuchar la risa gastada de Nennia en el comedor, donde Maura le llevaba los detalles. Su abuela siempre había sabido apreciar un buen escándalo. Pudo ver como Martina sacaba el plato de torta de chocolate de los dedos pasmados de Laura y lo alejaba del área de riesgo. Cuando Ana volviera a pensar probablemente le agradecería que salvara su vajilla.

Alonso arriesgo una mirada en dirección a su madre.

-¿Cómo cuatro años?- repitió Ana, su voz elevándose una octava.
Por otra parte, quizás no. No parecía que fuera a haber agradecimientos para nadie en el futuro cercano.
El alma ferozmente matemática de Alonso lo llevó a aclarar,
-Tres años, diez meses y nueve días, en realidad… - un par del grupo de indecisos desertó al grupo de los divertidos y Alonso se sintió enrojecer, -No es que esté contando.
-Tres años, diez meses y nueve días, claro. Ahora me siento mucho mejor.- el sarcasmo definitivamente no le sentaba a su madre, pero podía entender que se refugiara en él. -Y nunca pensaste en presentármela.
-Sí lo pensé.- trató de defenderse Alonso. -Pero…
-¿Pero?- acicateó Laura. Su hermano se pasó la mano por la cabeza, despeinando su pelo oscuro de normal perfectamente atildado,
-Es complicado.
-¿Es casada?- acotó Diego.
-Mierda, ¿alguien te invitó a esta conversación?
-Dios mío, es casada.- Ana se llevó las manos a la boca. -Estás saliendo con una mujer casada.- miró a Francisco. -Mi bebé esta saliendo con una mujer casada. Francisco, decí algo, no te quedés ahí callado.- pero Francisco, probando una vez mas ser el hombre sabio que Alonso sabía que era, puso cara de circunstancias y mantuvo su silencio estoico.

-No está casada, mamá.- la tranquilizó, cansado ya de esto. Aunque, en haras de la justicia - a medias por ser honesto a medias por ser molesto - , agregó, -Pero estuvo casada una vez.
El corro a su alrededor, que había aumentado conforme la conversación se filtraba a todos los rincones, contuvo el aliento ante este pedazo de información.

Ana no se hizo esperar,
-Pues no voy a dejar que te cases con una mujer divorciada.- la romántica incurable en ella espantada por completo por la madre sobreprotectora. - Lo único que faltaba en esta familia.
Alonso apretó los dientes, desde el living llegó la voz de Nennia comentándole a Maura que prohibirle algo a los hombres nunca sirve de nada.

-No te estoy pidiendo permiso, mamá. Simplemente te estoy contando lo que va a pasar, para que no te tome por sorpresa.
Los demás contuvieron el aliento, esperando el rebote, como espectadores en un partido de tenis. En sus rostros podía leerse el hecho de que sabían que era una conversación privada y poco y nada les importaba,
-¿Por qué ahora?- fue Rinni la que llenó el bache.

Su hermano la miró sin entender,
-¿Perdón?
-¿Por qué ahora? Decís que hace cuatro años que están juntos, ¿por qué ahora decidiste proponerle matrimonio?- Laura asintió, haciéndose eco de esa pregunta,
-Sí, eso. ¿Por qué no esperaste a traerla a casa, a que la conozcamos, en vez de tirarnos todo encima de una sola vez?

Alonso los miró a todos: a las mujeres de su familia, que esperaban su respuesta; a Francisco, que con la mano en la rodilla de Ana, prestaba apoyo moral; a Lucas, que retrepado en al sillón y con las piernas cruzadas disfrutaba del espectaculo; a todos los demás, que a pesar de estarse divirtiéndo con su incomodidad, demostraban en mayor o menor medida el hecho de que se sentían heridos por su silencio.

Tener una familia grande era definitivamente un incordio.

Volvió a Rinni,
-Discutimos. Dijimos cosas feas, y al final ella me dijo que estaba cansada de ser un secreto, y se fue dando un portazo. Nos arreglamos, pero me quedé pensando en eso, y me di cuenta de que tiene razón, de que no es justo.
-O sea que te dio un ultimatum. -la voz de Ana sonó áspera. -Es el tipo de mujer que dice “saltá” y vos decís “que tan alto”."

Continua

Cuando los Elefantes Llegaron 3/3


"Un ruido de porcelana cayendo al piso les hizo notar que Martina no había logrado alejar al plato del peligro de forma exitosa. Lucas, que lo había golpeado con una rodilla al girar en el sillón, lanzó una breve sonrisa de disculpa, tanto por el plato como por interrumpir el momento.
Francisco decidió que era hora de dejar de parecer estoico - sabía que a veces su estoicismo lo hacía parecer constipado - , y se puso de parte de Ana,
-Alonso, ese tipo de mujeres no son buenas…

Alonso lo interrumpió con una risa cansada,
-No están escuchando. Ella no dijo nada, esto fue mi idea.
-Bueno, seguro que parece así ahora, pero
-Quiero casarme con ella porque la quiero, mamá.- concentró su atención en Ana. - Quiero casarme con ella porque me aterra pensar que un día quizás se vaya. No quiero que ella se vaya. Ella es mi amiga, mi enemiga, el impulso cuando no puedo moverme, la calma cuando no puedo parar. - Ana se mordió los labios, Alonso trató desesperadamente de hacerle entender. -Sin ella soy sólo números, mamá. Ella es las palabras. Quiero casarme con ella porque no me gusta la persona que soy cuando no está… - se encogió de hombros, cansado de tener que explicarse frente a las persona equivocadas. - Ella sonríe y mi mundo es un lugar mejor, mamá.- tragó el nudo en su garganta. - Sin ultimatums.

Y eso era todo, no había mas dentro de la caja. Si con eso no entendían, acá terminaba el viaje.
Rinni le codeó el hombro, brusca, sorbiendo por la nariz de manera poco elegante,
-Andá a cagar.- y Alonso lanzó una breve carcajada ante la nota espesa en la voz de su hermana menor,
-Sí, bueno, tengo mis momentos.- miró a su público, que finalmente se había unificado bajo una expresión que podría denominarse contemplativa. Quizás no estuvieran de acuerdo con el método, pero si Alonso estaba tan seguro, podían llegar a pensarlo.

Ana era un punto y aparte.

Suspiró,
-Alonso… - y todos pudieron escuchar el tácito “no sabés lo que hacés” que siguió a ese suspiro.
Su hijo sacó del bolsillo del traje una cajita de joyería, y la estudió. Recién comprada, la pequeña caja de cuero verde relucía perfectamente lustrada,
-Si bien voy a detestar el hecho de que no estés de acuerdo con esto, mamá, eso no va a impedir que lo haga. Lo único que vas a lograr es que no vuelva a visitarte.
-No puedo evitarlo, ¿no?
-No. Voy a pedirle que se case conmigo, y eso es todo.- jugó con la caja en el silencio que siguió a sus palabras, y luego Diego exclamó,
-Bueno, esto fue divertido, ¿Qué opinan si lo hacemos otra vez en Navidad?

Alguien le respondió con un ruido obsceno, y el grupo de personas se disolvió, cada uno yendo en busca de alguien con quien comentar lo sucedido o empezar alguna historia nueva.
Ana se puso en pie despacio, organizando su expresión vencida en una de resignación,
-Bueno, esto definitivamente amerita otro pedazo de torta.- y pasando junto a la silla de Alonso, descansó un momento la mano en su cabeza morena antes de seguir camino hacia el comedor. Francisco se puso de pie,
-No te preocupes, ya se le va a pasar.- y la siguió.

Alonso levantó los ojos de la caja, y miró al otro lado de la mesita ratona,
-¿Vos crees que aceptará?
Laura hizo una mueca,
-Y si no lo hace es una tonta.
Alonso sonrió,
-Aprecio el voto de confianza, pero no te estaba preguntando a vos.- Martina dejó en paz el plato que había soportado el peso de su mirada durante la mayor parte de la conversación. Los ojos azules esquivaron los castaños escondiéndose bajo la cortina del pelo rubio mientras trataba de componerse, el canto de su mano intentando limpiar cualquier huella de lágrimas,
-Es probable.

Alonso se deslizó del sillón al piso y se acercó hasta ella, ante la mirada desconcertada de los otros tres,
-Después de semejante escena, me gustaría una respuesta mas concreta que esa.
La mujer rubia, sabiéndo que no estaba compuesta todavía, pero sin importarle realmente, miró finalmente al muchacho moreno arrodillado frente a ella,
- Pendejo, en los problemas en los que nos vas a meter…
El levantó la caja con el anillo y la abrió,
-¿Te casarías conmigo? ¿Por favor? Prefiero problemas con vos que calma con cualquier otra persona.
Ella curvó la espalda, hasta que su frente se apoyó en la de él,
-¿Estás seguro?- escondiendo en un susurro el hecho de que su voz se quebraba.
-Completamente.
-¿Miedo?
-Pánico.
-No se me ocurre nada mejor que casarme con vos.- Alonso, empujando el anillo en las manos laxas de Laura, abrazó a Martina y la arrastró a su regazo, besándola con fuerza, sintiéndose en paz finalmente.
La voz de Diego resonó en el silencio atronador que siguió a ese beso,
-Joder... Definitivamente tenemos que repetir esto para Navidad. "


18 oct. 2010

Es Así...


Yo trato de evitarlo, pero es practicamente imposible. El Día de la Madre amerita al menos una pequeña dosis de cursilería.
Así que acá está, mi granito de arena.
Feliz día, mamases!

video


Baby mine, don't you cry
Baby mine, Dry your eyes
Rest your head close to my heart
Never to part, baby of mine

Little one, when you play
Don't you mind what they say
Let those eyes sparkle and shine
Never a tear, baby of mine

If they knew sweet little you
They'd end up loving you too
All those same people who scold you
What they'd give just for the
right to hold you

From your head down to your toes
You're not much, goodness knows
But you're so precious to me
Sweet as can be, baby of mine

All of those people who scold you
What they'd give just for the
right to hold you

From your head down to your toes
You're not much, goodness knows
But you're so precious to me
Sweet as can be, baby of mine
Baby of mine

- Bebé mío, no llores/Bebé mío, seca tus ojos/Apoya tu cabeza, cerca de mi corazón/Para nunca separarnos, bebé mío//Pequeñito, cuando juegas/No escuches lo que dicen/Deja que tus ojos brillen/Nunca una lágrima, bebe mío.// Si conocieran lo dulce que eres/También te amarían/Esa misma gente que te retó/Que no darían sólo/Por el derecho a abrazarte//Desde tu cabeza hasta tus pies/No eres gran cosa, el Cielo sabe/Pero eres tan precioso para mi/Mas dulce imposible, bebé mío. -

15 oct. 2010

Un Poco Mas


En estos días, con el tema del perro, me encuentro soltándole filípicas a Rorro mas seguido que de costumbre, por la maldita manía que tiene de olvidarse que el bicho está vivo y no es un muñeco. Pobre animal, lo lleva de acá para allá, y en su afán de jugar con el coso, se pasa de rosca y termina a un paso de torturarlo, que es cuando entro yo cual contrera caballero andante para liberar al pobre animal de la terrible doncella.
El tema es que cada vez que me acerco a rescatar al bicho, la Ro levanta los brazos frente a su cara, a medias histriónica, a medias defensiva, como si yo fuera a calzarle un revés - de esos que salen desde acá -, cosa que me molesta muchísimo, ya que los reveses no son algo que acostumbre yo a andar repartiendo gratis.
Mas de una vez no he podido evitar el preguntarle - un tanto dolida -,
- Che, ¿yo te pego mucho que te atajás tanto…?
Y ella baja los brazos y murmura que no.
- ¿Y entonces…?
Lo que me gana un encogimiento de hombros y una mirada avergonzada, que solamente dura hasta la siguiente vez y la siguiente barricada de brazos.



El lunes feriado, disfrutando del día peronista que nos tocó, nos fuimos a pasar la tarde al club con los críos y una amiga. Nos acomodamos en el pasto, con los bartulos propios de un té al aire libre, y enseguida partieron los niños a los juegos.

La tarde continuó, entre "mi´á"s de Zeke y "¿dónde se metió esa nena ahora?", y eventualmente volvió la Ro, a descansar un minuto, reclamando un vaso de jugo. Solucionado eso, se instaló en una de las lonas a comerse una vainilla y se puso a escuchar nuestra conversación.

Avanzaba la conversación sobre la inmortalidad del cangrejo, cuando mi niña interrumpió con un
- ¿Qué es esa palabra?
- ¿Cuál?
- Esa que dijeron antes…
Retrocedí en mi mente la conversación y entre mi amiga y yo tratamos de adivinar cual era la bendita palabreja que le había llamado la atención,
- ¿Paranoia? - finalmente arriesgué.
- Sí, esa.
Armé una definición básica y la lancé al mar,
- Paranoia es cuando una persona piensa que los demás le quieren hacer algo cuando en realidad no es así.
Rorro asintió, y después me lanzó una sonrisa un tanto corta,
- Eso que hago yo.
- ¿Qué cosa?
- Cuando vos me venís a retar y yo levanto las manos como si me fueras a pegar, cuando vos en realidad no me pegás…
La miré en silencio un par de segundos, ajustando los engranajes de mi cerebro ante el cambio de marchas y luego asentí,
- Sí, basicamente así. - le devolví la sonrisa - Vos, vida mía, sos una paranoica.
Ella repitió,
- Paranoica. - y se fue a seguir jugando.

Me impresiona muchísimo el hecho de que mi hija no sólo sepa la palabra paranoia, si no que además pueda relacionarlo con algo que ella hace, a la vez que se hace cargo de su propia paranoia…
Con sólo cinco años.

14 oct. 2010

Logística


Tenemos un problema con Blue.
Un problema terriblemente tonto.
Un problema pequeño pequeño…
Pero problema al fin.
No le puedo enseñar a hacer pis donde debe hacer pis.
Y por qué no, se preguntarán ustedes, que saben que enseñarle a hacer pis a un perro donde debe no es algo tan complejo, sólo se necesita paciencia y mucho papel de diario.
Bueno, les contestaré yo, por la sencilla razón que no lo pesco nunca meando.
Así de simple.
Es un bicho tan chiquito que me entero que hizo pis porque lo levanto y está mojado, y ¿dónde hizo pis, eh? ¿Dónde merda está el charquito? Vaya uno a encontrarlo, parece una salpicadura al pasar…
Se está volviendo un tema, voy a tener que ofrecer una recompensa para el que lo pesque…
Si ustedes lo ven se llevan una tostadora que habla.

13 oct. 2010

Líneas Borrosas


Un amigo mío tuvo un sueño cinematográfico el otro día.
En su película - un drama de productora independiente, no pochoclera de terror como las mías - él era un veterano de guerra que conocía y tenía un romance con un espía nazi, interpretado por Russel Tovey - por que obviamente tenía que ser británico.
Una mezcla de Brokeback Mountain y la Lista de Schindler, según ese pequeño crítico de cine que todos llevamos dentro.

- Pero me desperté antes de que terminara.
- Bueno, - contesté yo, llena de optimismo - Andá a dormir con la idea en la cabeza y fijate de conseguir un final feliz. Y no mates a nadie.
- Nah - me dijo él - Eso sería el único final. No hay final feliz para los veteranos de guerra y los espías nazis. Te dije que era un dramón.
- `jate de joder, soñá un final feliz. Escapen a la Argentina, los nazis florecieron acá por años.
- No estaría bien. Algunas historias no pueden tener finales felices.
- Entonces qué, ¿los matan a los dos?
- No sé. Supongo que a él le pegan un tiro por ser espía. O quizás me fusilen por traidor. Hay mil cosas que pueden ir mal, y cualquiera de ellas sería un excelente final.

Uh, que frustrante.

Sólo un hombre, no importa el equipo para el que juegue, puede pensar que pegarle un tiro a alguien es un excelente final para una película romántica.

8 oct. 2010

Cosas que Importan




Iba a poner un posto terriblemente cursi y bonito respecto a la maternidad y a como cambió mi vida.

Después pensé que a mí escribir cursi por definición me da urticaria - y se me acabó el Caladryl - así que pensé mejor en subir un posto rabiosamente sarcástico respecto a la maternidad y a como cambió mi vida.
Pero acabo de comer helado y son las 12 30 de la noche y tanto una cosa como la otra desaceleran las conexiones neuronales, y cualquiera sabe que para ser rabiósamente sarcástico las conexiones neuronales tienen que estar on fire, de otra manera uno apenas si consigo un sarcasmo que ladra pero no muerde.

Decidí entonces contar una anécdota respecto a la maternidad y a como cambió mi vida, al cabo que a mí las anécdotas se me dan - razonablemente - bien y alguien me dijo una vez que tenía un vago talento - es decir un talento que ni siquiera se molesta en levantarse para buscar mas gaseosa y la pide a gritos desde el sillón - para contar los momentos cotidianos.
Pero después pensé que por mucho talento que uno tenga, no todo el mundo aprecia la anécdota de una tarde de parto y de un grupo de estudiantes de enfermería jugando a Quién le Emboca a la Vena con mi brazo y la aguja del suero - por no hablar de la enfermera que se negó a darme calmantes - así que también decidí que mejor no.

Habiéndome quedado entonces sin mas opciones - probablemente las haya, pero mi talento se quedó dormido enfrente de una peli y no puedo despertarlo - sólo me queda la salida fácil, pero aún así sentida - y un tanto lacrimógena, pero bueno, es la hora -, de decir: tres años ya, q´lo parió.


¡Feliz Cumpleaños, Zeke!

6 oct. 2010

La Razón de Ser del Número 6



Habiendo alquilado una vez una quinta en Mercedes con la familia, decidimos ir a pasar el día a la Capital, donde entre otras cosas - visitar parientes, visitar parientes, visitar parientes - el escribano se compró un GPS.

A la hora de volver, ya meguando la tarde, como ninguno de los dos conocía realmente el camino de vuelta a Mercedes y estábamos un poco a la buena de Dios, decidimos estrenar el GPS.
Introdujimos las coordenadas y esperamos a que la señorita, con su acento gallego tan simpático, nos dijera por donde era que teníamos que ir.
Siguiendo sus indicaciones - siga, doble, continúe, mantenga - nos dimos cuenta finalmente que nos estaba llevando en dirección equivocada, por lo que giramos el auto y emprendimos la vuelta, confiando en que ahora que estábamos apuntando hacia el otro lado, la señorita se avivara y nos indicara el camino correcto.
Recalculando, advirtió ella. Y trató de hacernos volver atrás, cosa que resistimos.
Recalculando, insitió ella, y una vez mas trató de hacernos volver atrás, cosa que volvimos a resistir.
Recalculando, repitió la señorita, y ahora sí, nos señaló una nueva ruta, esta vez en la dirección que nosotros sabíamos correcta.

Anduvimos unos kilómetros, los chicos atrás dormían, y eventualmente nos indicó que nos bajáramos de la autopista y dobláramos a la derecha.
Hubbie y yo miramos a donde bajaba la autopista, no reconocimos la zona y dijimos, bueno, por qué no...

El GPS continuó arrastrándonos de manera inexorable territorio adentro, y de a poco el escribano y yo empezamos a notar un cierto desarreglo en el paisaje. Una cierta dejadez en la zona... Unas caripelas...
- Guada, estamos en una villa - murmuró mi legítimo, con un dejo de preocupación en la voz, y mirando el paisaje urbano a mi alrededor, no pude evitar el estar de acuerdo con él.
Doble a la derecha, nos dijo la voz de la tarada del GPS, y mirando a la derecha tengo que decir que, entre las fábricas y el descampado, doblar a la derecha no hubiera sido la mejor de las ideas.
Continuamos hacia adelante, por el camino mas ancho, detrás de un colectivo, siguiendo la línea del tránsito.
Recalculando, se mosqueó la gallega, y en la siguiente esquina insistió, Doble a la derecha, cosa que le dije al hombre al volante que no hiciera bajo ninguna circunstancia.

Agradeciendo que los críos durmieran, empezamos a preguntarnos, con un nerviosismo creciente, como merda íbamos a salir del laberinto en que nos habíamos metido, no ya digo enteros, viendo que el sol se deslizaba hacia abajo y en veinte minutos a lo mas iba a ser noche cerrada.
Escaneando el mundo circundante en busca de alguna señal - de tránsito o divina, a esas alturas no estaba yo muy selectiva -, entre los autos frente a nosotros, divisé y reconocí una combi de línea, de las que hacen el cabotaje entre ciudad y ciudad, y sin pensarlo dos veces le indiqué a H que la siguiera,
- Dudo sinceramente que el chofer de esa combi vaya a quedarse acá adentro. - acoté, y mi legítimo, por una vez haciéndome caso, se pegó al parachoques de la combi.
Con el avanzar de las rueda, vimos como a nuestro alrededor las viviendas se hacían cada vez mas humildes, intercaladas cada tanto por alguna casita venida a mas con un auto carísimo detrás de la reja, lo que no tranquilizaba en absoluto, no no.

La chica del GPS, que seguía insistiendo con su insensatez de doblar a la derecha, fue silenciada y escondida en la guantera, y en un tenso silencio, esperamos a ver donde - y como terminaba - todo el asunto.

Eventualmente mi idea de seguir la combi garpó, las casuchas comenzaron a clarear, el camino desembocó en un barrio humilde pero honrado y la combi nos depositó - eternamente agradecidos - sanos y salvos sobre un camino de cintura, de donde, usando el GPS como mapa y sin dejar que la señorita nos diera ningún consejo mas, logramos finalmente encontrar el camino hacia Mercedes, donde llegamos una hora mas tarde de lo previsto.

Y aprendimos la valiosa lección de que cuando uno le dice al GPS que quiere el camino mas corto entre A y B, el GPS no discrimina a través de donde es que cruza el camino mas corto entre A y B.

1 oct. 2010

Datos Inconexos de Viernes por la Mañana


- Pocas cosas me resultan tan molestas como ese segundo, durante una discusión, en que me doy cuenta finalmente que estoy equivocada.

- ¿Alguna vez se encontraron caminando por la calle y se dieron cuenta de que estaban yendo en dirección completamente opuesta a la dirección a donde tenían que ir? Y en vez de girar y sólo volver por donde vinieron, primero tienen que mirar el reloj, o el celular, o hacer algún tipo de gran gesto con el brazo y murmurar por lo bajo para estar seguros de que a nadie en el area circundante se le ocurra pensar que están completamente locos por cambiar de dirección porque sí en mitad de la vereda.

- ¿Cómo es que la señal de internet puede llegar hasta el pasillo, pero desaparecer en cuanto cruzo la puerta? ¿Acaso la pared está hecha de plomo revestido de kriptonita?

- Retiro todas esas veces en las que no quise dormir la siesta cuando era chica.

- Cuando uno juega a las escondidas, esconderse con un chico que tiene tos, es una forma segura de que te encuentren primero.

- ¿Por qué el GPS no tiene una opción "Rodear Villas"?... Cuando me quede sin nada que contar voy a contar ESE cuento.

- Algunas veces miro una película que había visto cuando era mas chica y de pronto y sin pensarlo, me doy cuenta de que realmente no tenía ni idea de lo que estaba pasando la primera vez que la vi.

- El rosa y el rojo NO COMBINAN no me importa lo que la gente a cargo de la moda me quiera vender.

- Me gusta toda la música en mi MP3. Excepto cuando está en Aleatorio. Cuando está en Aleatorio me gusta una canción en quince.

- ¿Sabían ustedes que el pelo del oso polar no es blanco, es transparente, pero parece blanco por la luz? Ro lo aprendió hace poco y se lo repite a cualquiera que quiera escucharla.

- Creo que todos tenemos una película que nos gusta tanto que se vuelve estressante verla con otras personas. Termino desperdiciando 90 minutos mirando a los demás subrepticiamente para confirmar que todos se están riendo en los momentos correctos.

- ¿Cómo mierda se dobla una sábana colchonera?

- Si alguna vez se cumple mi destino de ser una científica loca y millonaria tratando de dominar al mundo, definitivamente voy a hacer que los conductos de ventilación de mi mansión/fortaleza sean muchos mas estrechos.

- Me cuesta muchísimo descifrar la fina línea entre el aburrimiento y el hambre.

- ¿Cuántas veces se puede decir "¿Qué?" antes de simplemente asentir con la cabeza y sonreir porque todavía seguís sin escuchar que fue lo que te dijeron?

- Los obituarios serían muchísimo mas interesantes si te dijeran de qué murió la persona.

- No creo realmente que exista gente que primero se meta a la ducha y DESPUES abra la canilla.

- Las remeras se ensucian. La ropa interior se ensucia. ¿Los jeans? Los jeans nunca se ensucian y pueden usarse eternamente.

- Curiosamente, pese al postulado anterior, la ropa sucia nunca se acaba y no sólo eso, si no que crece hasta abarcar todo el espacio disponible.

- No puedo recordar la última vez en que no estuve al menos un poco cansada.

- ¿Por qué es que los médicos te dan turno para dentro de dos semanas? ¿No es mejor que te deriven a alguien que sí tenga tiempo para verte? Dentro de dos semanas, lo que a mí me duele es probable que o se haya curado o me haya matado.

- Las malas decisiones son buenas anécdotas.

- ¿Soy yo a las chicas de secundaria vienen cada vez mas atorrantas?

- ¿Por qué es que en las reuniones, cuando todo el cuarto tiene que decir su nombre o de quien son padre, me pongo tan nerviosa? Sé mi nombre, sé de quién soy la madre, no debería ser un problema...

- Uno nunca sabe cuando será, pero siempre hay un momento en el trabajo cuando uno decide que a partir de ahora ya no va a hacer nada productivo por lo que queda del día.

- Mas de una vez me he encontrado, cuando alguien me está contando una historia, pensando que no puedo esperar a que terminen así puedo contar mi historia, que no sólo es mejor, si no que además me incluye a mí.

- ¿Podemos ponernos todos de acuerdo e ignorar lo que sea que venga después de los DVDs? No quiero tener que empezar mi colección otra vez.

- No hay peor sensación que ese milisegundo en cual te das cuenta de que vas a morir, después de haber inclinado demasiado hacia atrás tu silla.

- Siempre me asusta cuando estoy por cerrar el Word y me pregunta si quiero guardar los cambios en el escrito de 10 páginas en el cual yo juraría que no hice ningún cambio.

- "No lavar a Máquina" significa que probablemente nunca lo lave.

- Odio ser la persona con el control remoto en un cuarto lleno de gente viendo la televisión. Es demasiada presión. "Me gusta este programa, pero ¿me van a mirar mal si lo dejo? Apuesto que todos están deseando ver otra cosa. Es sólo cuestión de tiempo hasta que todos se paren y abandonen el cuarto. ¿Seguiremos siendo amigos después de esto?"

- Odio perder una llamada en el último ring - ¿Hola? ¿Hola? ¡Mierda! - y que cuando llamo inmediatamente suene nueve veces y me atienda el contestador. ¿Qué hiciste después de que no atendí, eh? ¿Tiraste el teléfono y saliste corriendo?

- A veces miro mi reloj 3 veces seguidas y aún así no sé que hora es.

- Detesto cuando quiero leer una noticia en Internet y el link me deriva a un video en vez de a un texto.