Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

28 oct. 2011

Me Quieren Volver Loca


Me puse a hojear el cuaderno de clases de la Rorro.
Mi niña ha mejorado muchísimo.
Empezó con una letra que no era una letra si no un jeroglífico estampado en los muros del cuadernos y ahora podría decirse que tiene una letra con caracter propio.
Una maravisha el cuaderno de lengua, mirevea. Un orgusho pa´la madre de la criatura.

Pasé al cuaderno de matemáticas.
Familias de números, cuadrados completos, todo como tiene que estar.
Y llegué entonces al último ejercicio del cuaderno de matemáticas.

"Vamos a trabajar con Objetos Concretos."

Me parece bien que trabajen con objetos.
Es decir, es mucho mas fácil contar cosas materiales que contar abstractos, cualquiera puede darse cuenta.
Considerando que muchos adultos todavía cuentan con los dedos - no, lo estoy mirando a uste´, no sé por qué miró para otro lado, cola de paja - es perfectamente razonable que un nene de seis años necesite un ejemplo sólido para comprender la complejidad inherente en 2 + 2.

La primera suma decía:
15 corazones (imaginen ustedes que en vez de la palabra hay un dibujito de un corazón, no me hagan trabajar al cuete) + 8 flores (idem, pero dibujito de flor) + 6 caramelos (estoy segura que saben qué hacer) = ?

No no no no...
Eso no está bien.
Sí, soy una pesada, pero todo eso sumado es... es... igual a 15 corazones, 8 flores y 6 caramelos.
¡Vamos, son cosas distintas! ¡No podes sumar esas cosas! ¿Qué tipo de persona hace eso?
Es completamente tirado de los pelos. Si vamos a sumar Objetos Concretos ¿por que no sumamos objetos concretos que sean todos iguales?
¿Todas manzanas? ¿O todas naranjas? ¿O todos zombies - por qué abusar de la fruta?

Pero bueno.
Está bien. Es primer grado y yo estoy loca.
No metamos la realidad en esto. Digamos por el bien de la discusión que sumamos todo eso y tenemos como resultado un variopinto montón de 29 cosas distintas, compuesta en parte por corazones, flores y caramelos.
Está bien. Puede pasar. No soy un ser humano irracional.
Puedo dejar lugar para la flexibilidad.

Terminé con las sumas.

Pasé a las restas:
40 autitos (sí, sí, un dibujo de un autito) - 12 pelotas = ?

...

No, no, ¿ven?, ahí ya no puedo.
En serio.
Me hace mal.
Ni con la mejor buena voluntad podés sacar doce pelotas de cuarenta autitos.
No puedo. No se puede.
Necesitarías un contenedor para poder derretir los autitos, y un molde, y un calentador y... y...

AHAHHAHAHAHAHAHHAHAAAAAAAA.

La maestra de primer grado de Rorro es diabólica...

26 oct. 2011

Una Cuestión de Fe.


Estoy en mi última semana en la Academia de Manejo.
Finalmente junté coraje - y un par de pesos - y me mandé.
... Academia... Bueh, escuelita diría yo, pero, si ellos quieren decirle Academia de Manejo, quien soy yo para pincharles la burbuja, al cabo que todos necesitamos nuestra dosis de autoestima.
Decía entonces, después de cuatro semanas de manejar - y sí, no lo publiqué en este blog hasta no estar segura que iba a lograrlo - ya me siento capacitada como para ir a dar el examen de manejo.

Si, sí.

Hinchada como galleta en el agua, está ella.

Superé la primer semana de frenar y arrancar el auto - el auto se me paró dos veces en toda la semana, y en mi defensa, fue cuando el profe me llevó a andar por primera vez entre la gente... Hay muchísima gente hostil en las zonas supuestamente menos concurridas de Neuquén...

Sobreviví la segunda semana de pasear por zonas mas concurridas - la gente está loca y a mí ya no se me paró el auto porque aprendí a ignorar lo que puedan pensar TODOS LOS DEMÁS. Sí, se me paró el auto, ¡¿y qué?! ¡Bajá y decímelo en la cara, la PMQTP!

Sobreviví a la tercer semana de jueguitos con los pedales, para arrancar el auto en las subidas y o bajadas sin que se me fuera el auto para atrás - o para delante, según sea el caso - y sin que se parase el motor. Esto último me resultó un tanto mas complicado que en el llano - de acá a comprarme un auto automático -, pero ya aprendí... y que susto se llevó, señor del auto rojo que estaba atrás mío esperando el semáforo, ¿eh?... Culpa suya por ponerse atrás de un auto con carteles de Auto Escuela por todos lados. Soy inimputable, soy.

Sobreviví a andar en la autopista. Subir y bajar sin cruzarme. Anduvé a 60 kilómetros por hora - velocidad máxima en zona urbana, antes que nadie diga nada, cualquiera de ustedes que esté pensando que era muy despacio debería examinar lo bien que respeta las leyes antes de andar tirando piedras - y debería haberme sacado una foto, mi cara de velocidad al límite.

Sobreviví a subirme a la vereda - sí, lo hice, lo admito. Giré muy cerrado en la avenida, y vigilando a un auto que venía a los pedos, me olvidé de enderezar el volante y ups, ahí subió la rueda a la vereda, y ups, ahí subió la rueda de atrás. Un montón de pibes que tonteaban en la plaza se hicieron la tarde a los gritos, yo enderecé el volante, nos bajamos de la vereda, papam papam, sin daños que lamentar, y el profesor, muy flemático él, continuó con lo que me estaba contando sobre su hija sin perder el hilo.

Esta semana estoy aprendiendo a estacionar. La física del asunto todavía me complica. Es como cuando uno quiere peinarse de espaldas en el espejo. Debería ser simple, todo está ahí, pero alguna razón, todo parece estar torcido. Pero lo voy a lograr. Al menos tengo que aprender a hacerlo bien una vez. En dos movimientos. Una vez tenga el registro, estacionaré en esquinas y lugares con mucho espacio.

El sábado tengo el curso teoríco. Toda la mañana.
Que embole.

El miércoles tengo turno con el oculista.
Es hora de sacar un juego nuevo de anteojos... Los míos los dejé de usar en el 92 y creo que ya debería chequear como va mi miopía, no sea cosa que no me quieran dar el papelito porque no veo las letras de las filas de mas abajo... Cómo si las letras en las señales de tránsito fueran chiquititas...

Y después de eso, ya está.
Me voy a levantar bien temprano, hacer la fila kilométrica y a sacar el registro.
Y una vez que lo tenga, no me jodan, no pienso manejar a menos que sea absolutamente necesario.

20 oct. 2011

Fly Me To The Moon...


Señoras y señores, me compré un sillón.

Estoy mas que segura que esa frase fue recibida con un general gesto de ¿y con eso qué?, algnos gestos mas expresivos que otros - Bebilacqua, le pido por favor que contenga sus expresividades o lo voy a mandar a dirección - pero aguántenme un segundo que les voy a contar.
Decía entonces, después de toda esta charla sobre libertad de expresión - Bebilacqua, tiene un uno, Bebilacqua - que me compré un sillón.
El sillón anterior, de cuerina - o cuero ecológico, o simplemente berreta, cualquiera de las dos opciones es válida en mi opinión - a) se me había rajado en un par de lugares, y b) era amarillo, cosa que a mi me encantaba, pero al hombre de mi casa ya lo tenía molesto, vaya uno a saber por qué tanta animosidad contra el pobre sillón amarillo.

En fín, que era hora de cambiarlo.

Este sillón que tenemos ahora es lindo, mas bien bajito, marrón, de tela - no cuerina, el hombre de mi casa, habiéndolo elegido él, prometió hacerse cargo de las manchas... y yo todavía me río cada vez que lo pienso -, muy cómodo y entra perfectamente en el lugar que le toca - porque no es como que sobra espacio en mi casa.
Sí, ya sé, todavía no aclaro el ¿y con eso qué? del principio de este post.
A eso voy.

Este sillón - elegido por el hombre de mi casa, como dije antes, en un arranque de euforia "¿que lindo sillón, y si lo llevamos?" - lo compramos en WalMart. Sí sí, estábamos comprando detergente y leche y pan y un par de cositas mas y salimos con un sillón abajo del brazo... metafóricamente hablando, no se vayan ustedes a creer, para hacerlo de manera literal uno tendría que ser el Increible Hulk, y no el de Lou Ferrigno, si no el último, el grandot-... pero me voy por las ramas.
Sillón, hipermercado, mi casa.
Y acá es donde viene el meollo de este post.
Porque el sillón es lindo, no sé si les dije. Cómodo. Y de color marrón. Y viene con la promesa de que no voy a tener que limpiarle las manchas, lo que no es para despreciar...
Pero lo que tiene de bueno, señoras y señores, lo que tiene realmente de bueno, es que este sillón llegó a mi casa en una caja.

Una caja enorme.

Vieran ustedes el tamaño de la caja.

Y vieran ustedes la fantástica nave espacial que tienen mis críos instalada en medio del cuarto, con una puerta, dos ventanas, un periscopio y tres antenas.
Honestamente, no sé cuanto nos va a durar el sillón de WalMart. No sé si una vez que se vaya, alguien lo recordará... Pero la nave espacial varada en el cuarto, creanme ustedes a mí, es algo memorable...

14 oct. 2011

Antes de Irte


Para mi estimada eMe y su Normita...

Los nombres han sido cambiados para proteger a inocentes...
Ustedes sabran que hacer con los nombres que se han mantenido iguales.

Esta señora de la que les voy a hablar - bueno, no, de la señora en realidad no voy a hablar, pero aún así, vamos a nombrarla, al cabo que sin ella, esto no hubiera pasado -, murió en Enero. Una señora ya mayor ella, y el Citibank le mandó en Abril el resumen de cuenta, agregando Febrero y Marzo, donde iban los gastos anuales por el servicio de la tarjeta de crédito, además de un recargo por factura vencida, además de los intereses mensuales. Es decir, que el balance, que había empezado en cero, ahora venía cargando un montón de números en contra.

Ni que decir que Pariente de Señora levantó el tubo y llamó al banco.

Pariente de Señora: Llamo para avisar que ella murió en Enero.
Servicio de Atención al Cliente del Citi: Mire, a mí me figura que la cuenta no fue cerrada, por lo que el recargo y los intereses todavía siguen corriendo.
Pariente de Señora: ¿No tendrían que haberlo pasado a Deudores por falta de pago?
Servicio de Atención al Cliente del Citi: Ya fue remitido.
PdS: Bueno, ¿y qué va a pasar cuando descubran que murió?
SAC: Probablemente la reporten a la División de Fraudes.
PdS: ¿Usted cree que Dios se va a enojar?
SAC: ... ¿Cómo dice?
Pariente: ¿No entendió usted que la señora murió?
SAC: ... Señor, va a tener que hablar con mi supervisor.

(Traspaso de nabo a nabo mas importante)

PdS: Estoy llamando para avisar que ella murió en enero.
Supervisor de SAC: Acá nos figura que la cuenta nunca fue cerrada, por lo que el recargo y los intereses todavía corren.
PdS: Ajá... ¿El plan de ustedes es cobrar de la sucesión?
Supervisor de SAC: ... ¿Es usted el abogado de la señora?
PdS: No, soy su sobrino nieto.

(Paso de datos del abogado, por las dudas)

SSAC: ¿Podría pasarnos por fax el certificado de defunción?
PdS: Como no.

(Pasa el fax, llega el fax)

SSAC: Mire, nuestro sistema no está seteado para fallecimientos... No sé qué mas puedo hacer por usted.
PdS (ya a estas alturas completamente superado por la inoperancia de esta gente) : Bueno, si algo se le ocurre, buenísimo. Si no, no sé, siga mandándole las facturas. No creo que realmente le importe.
SSAC: Bueno, el recargo y los intereses todavía siguen corriendo...
PdS: ¿Quiere que le pase su nueva dirección?
SSAC: Si fuera tan amable.
PdS: Parcela 36, Memorial. Panamericana Km. 47, Pilar.
SSAC: ¿Eso no es un cementerio?
PdS: No me joda, ¿en serio?

Y así continua la inoperancia en el mundo...

12 oct. 2011

Girando Hamburguesas


El sábado mi niño cumplió cuatro años.
Cuatro.
Ja. Si parece que fue ayer que estaba yo amenazando a la enfermera para que me diera drogas de las buenas. Qué épocas aquellas...
En fín.
Eso.

Cumplió años.

El plan que habíamos propuesto era ir a Sacoa. El tema es que Sacoa abre al mediodía. Y nosotros - ellos, yo no, yo traté desesperadamente de no - estábamos despiertos desde las ocho y media. ¿Qué hacer hasta entonces?

Después de un par de falsas salidas, logramos organizar la troupe y nos fuimos al shopping que está junto al Jumbo, para aprovechar que yo tenía que comprar un par de regalos. Dimos las vuelta al perro, compramos las cosas pertinentes - además de una bolsa de caramelos de colores en la dulcería del pasillo - , y serían las once y media pasadas, atravesando el patio de comidas, cuando H vio los arcos dorados y propuso comer en Mickey D.
"¡Sí!" gritaron los míos con la inflexión que algunas mujeres hubieran usado si les hubiesen ofrecido las llaves de Tiffany´s.
"Bueno," atemperé yo. "Vamos a Sacoa y después pasamos por el AutoMac."

Con esas palabras partimos entonces del Jumbo y nos mandamos a la Anónima, en cuya parte comercial se encuentra el susodicho local de juegos.
Pero, alas, todavía era demasiado temprano y el cartel de la reja avisaba que hasta la una y media no jodiéramos, que el boliche no se abría.
Recién eran las doce y monedas.
Aprovechamos entonces que ya estábamos ahí y entramos al super a hacer unas compras - huevadas varias, no, soltá eso, no lo voy a comprar, no, eso tampoco - y estiramos el rato hasta la una.

La gente de Sacoa, superada por la cantidad de niñitos que querían entrar ya había abierto su reja cuando salimos, por lo que dejamos todo en el auto y fuimos a jugar a los fichines.
Doscientos catorce tickets mas tarde - cambiados en la casilla por un tarro de Miki Moko, un burbujero y algunos caramelos - decidimos que ya era hora de terminar con las vueltas, pasar por McD e irnos a casa... por favor.

Pasamos frente al MacDonalds de la ruta y la cola que había frente a él, ostensiblemente para entrar al AutoMac, era kilométrica, por lo que H decidió ir al McD que hay en el patio de comidas de Walmart - el tercer hipermercado en lo que iba de la mañana. Estacionó, me bajé y corrí adentro.
La cola dentro del patio de comidas era kilométrica también, amen que no quedaban ya juguetes para la Cajita Feliz y ¿cual es el punto de comprar una Cajita Feliz si no tiene juguetes?
Salí del McDonalds, avisé de esta circunstancia y decidimos capear la cola kilométrica del AutoMac.
Llegamos hasta allá para que nos dijera el guardia de seguridad que habían cerrado y que no iban a abrir hasta dentro de cuarenta minutos.
Mi paciencia, que había mermado de manera considerable - consideren ustedes que estábamos paseando desde las nueve y ya pasaban de las dos de la tarde - llegó al fondo y dijo que a la merda, nos vamos a casa.
Los dos habitantes del asiento trasero empezaron a chillar como si el mundo se acabara.
El hombre de mi casa, que se ve que todavía tenía resabios de paciencia en el fondo del barril, resistió mi embate y decidió darle una última oportunidad,
"Vamos al McDonalds del Jumbo, a ver cómo está," y una vez mas recorrimos el camino hasta la otra punta de la ciudad.

Estacionó, me bajé, entré, crucé el shopping otra vez, fui hasta el patio de comidas, al local de McDonalds, hice la cola - no tan kilométrica pero igual... -, llegué hasta la caja donde la muchachada hacía malabarismos - "nos estamos quedando sin cosas, vino un montón de gente" "Debe ser porque está cerrado el de la ruta" "¡¿Está cerrado?!", se ve que hay un problema de comunicación - conseguí las cajitas felices con sus juguetes, las hamburguesas del escribano, algo para mí - el pollo estaba entre lo que se había acabado - y finalmente, a las tres y veinte, logramos terminar con la mañana.
Después de eso, el resto del día - cocinar torta, jugar con los chicos en el patio, tomar el té con amigos, soplar las velitas, jugar con los regalos, ordenar el quilombo, bañar a la muchachada, etc - transcurrido dentro de casa, se pasó volando, y para la noche, cuando finalmente llegó la paz, el hombre de mi casa me invitó a ver el último dvd de Les Luthier y yo me desmayé frente al televisor.

Basta.
No me jodan hasta el próximo cumpleaños...

4 oct. 2011

Camino a Ninguna Parte


Estoy leyendo un libro que no va a ninguna parte.

Es decir, es interesante, está razonablemente bien escrito - hay un par de cosas que si yo hubiera sido el editor le hubiera explicado a la escritora que no suenan bien... no podés empezar varios parrafos medianamente seguidos con un "Esta mañana fui..." ¿cuantás "éstas mañanas" hay? - y es ameno, por lo que yo lo sigo leyendo.
Pero honestamente, no va a ninguna parte.

Está ésta chica, que acaba de poner un negocio de ropa vintage en Londres.
Es decir que vende vestidos antiguos - es muy entretenido leer las descripciones y los nombres de diseñadores y después buscarlos en google para tener una idea de qué demonios es que me está hablando - en una tienda fashion en un barrio de Londres donde todos mas o menos se conocen. Tiene un pasado triste - una amiga que murió hace poco, cosa por la que ella se culpa por no haber ido a chequearla un par de horas antes de su muerte como había prometido - y un ex novio al que plantó en el altar - consecuencia de la muerte de la amiga anteriormente mencionada.
Y a partir de ahí, no pasa nada.

Es decir, pasan cosas, ella conoce gente, sigue comprando vestidos, sigue vendiendo vestidos, sale con un flaco, corta con el flaco, y la vida continua. Es entretenido, seguro. Pero me siento viendo a un personaje de los Sims. ¿Va esto a alguna parte? ¿Hay un destino en mente? ¿Un final romantico, el descubrimiento del asesino, la explosión del edificio, un avance psicológico, un gran robo, un desprendimiento emotivo, algo?
Porque me da la impresión de que nada avanza, nada sucede, el personaje no cambia, no crece, no se desarrolla, no nada.
Puedo seguir leyendo, seguro, es como mirar una pecera, es entretenido y el rato se pasa... Pero no me da la impresión de que sea muy constructivo en realidad.

El próximo libro qe voy a leer va a ser un thriller psicológico durante una carrera de naves espaciales donde una bomba está por detonar y destruir dos tercios de una galaxia, mientras el joven detective/cazarrecompensas - que en sus ratos libres hace origami - tiene un triágulo amoroso con una alienígena que anda montada en un león azul a rayas - llamado Artax - y un prisionero escapado de las minas de carbón de Pax Tarkas, dónde fue llevado por un crimen que casi no cometió...

No sé si sería mejor, pero que tendría mucho mas crecimiento personal, seguro.