Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

31 dic. 2011

Torero


* Situación de riesgo nº1.
Conversaba yo con mi cuñada, los críos zumbaban alrededor como moscas con speed. Acabábamos de llegar a su casa, Navidad - 4 horas y contando, y la excitación no los dejaba aterrizar . La Ro vino y preguntó - por enésima vez - cuanto faltaba para que llegara Papa Noel con los regalos. Y mi sobrino - que la escuchaba por primera vez -, la miró un tanto confundido, y aseveró: Pero los regalos los fui a comprar yo con mi mamá.
La Rorro lo ignoró olímpicamente - la Ro tiene oído selectivo.
Zeke ni se enteró - Zeke todavía está en una edad en la que no se entera de nada.
Yo cambié de tema, quién quiere Coca, y mi cuñada se llevó a su cachorro a buscar los juguetes.

(Mi cuñada me comentó mas tarde, que había aleccionado a Juan para que no dijera nada sobre la inexistencia de Papa Noel, pero el pobre, con sus cinco años incapaces de guardar silencio, no sabía cómo cargar con su alma. Sobre todo porque esa misma tarde, en el desfile de la avenida central, había visto a Papa Noel saludando desde el carro de bomberos ¿y no era que no existía? Pobre crío andaba con una confusión encima.)

* Situación de Riesgo nº2
Avanzada la noche - el chivo en el patio estaba casi listo, ya nadie quería seguir siendo engañado con chorizos, yo ya me había servido las ensaladas, los críos se habían ido todos al piso de arriba a jugar a la habitación de los primos - tuve que subir a buscar algo al cuarto de mi cuñada.
Entré, dejé la puerta abierta - error error error - y rodeé la cama, para buscar del otro lado. Atrás mío, con un silencio de ninja, se coló Zeke y no lo noté hasta que su vocecita de pan flauta me preguntó "¡¿Qué hacen toos esos regalos sobre la cama?!" Giro veloz, arreo de crío hacia la puerta como arriando gallinas
"¡¿Qué regalos?! Esos no son regalos, son cosas de tu tía. Vamos para el cuarto."
"¡Pero yo quiero abrir un paquete!"
"Que no son paquetes, hombre, son cosas del trabajo de tu tía."
Y cerré la puerta.


* Situación de Riesgo nº3
Llegó finalmente la medianoche.
Los críos seguían encerrados jugando en el cuarto, así que mi cuñada y yo subimos a buscar todo. Mientras ella juntaba, uno de los críos amagó a salir - las puertas de los cuartos están enfrentadas en un pasillo muy angosto - así que rápida y veloz, me metí en el cuarto y los llevé hasta la ventana, de donde podían verse los fuegos artificiales que la gente estaba tirando - contraviniendo las normas de San Martín que prohibe tirar fuegos artificiales por miedo a los incendios... eran de bonitos... Y mi maniobra funcionó por un par de minutos. ¡Mirá ese! Hasta que la Ro gritó "¡Desde el patio se van a ver mejor!" y antes de que pudiera detenerlos, el malón salió del cuarto y corrió por las escaleras.
Atrás salí yo a los gritos, "¡Al patio! ¡Vayan para el patio!" sintiéndome no sé por qué, como una de esas niñeras en las películas a las que nadie le da bola.
Porque Dios es grande y los fuegos artificiales llaman, ninguno de los críos miró para el living - dónde todos los adultos hacían malabarismos para esconder los distintos paquetes - y salieron directo por la puerta al patio de atrás, dónde ahí sí, merced a la actividad ilegal de los vecinos de la zona y al primo mayor, que custodiaba la puerta de entrada, logré mantenerlos distraídos tiempo suficiente como para que vinieran a buscarnos al grito de "¡pasó Papa Noel!", momento en el cual los fuegos artificiales perdieron todo su encanto y todos corrieron para adentro otra vez.


* Situación de Riesgo nº4
Zeke abrió un camión de bomberos, chocho.
Su primo Juan, feliz de que le hubiera gustado le dijo muy contento "lo compramos con mi mamá".
A Zeke la implicación le pasó por arriba.
Era un camión de bomberos - y mirá, la escalera se levanta -, honestamente, ¿que importa quién lo compró?


* Situación de Riesgo nº5
Esta situación no fue navideña, pero viene al caso por que mantiene la línea.
A la Ro se le aflojaron las paletas. Una se cayó, la otra no. Quedó atorada. Se torció de manera impresionante y ahí quedó. Finalmente saqué turno con la dentista, que me dijo que volviera en dos semanas que la íbamos a sacar. Ayer fueron dos semanas.
La Ro lloró, pateó y mordió cuando la médica la pinchó.
En serio.
Le puso la anestesia, le prometió que no le iba a doler - promesa que cumplió, pese a todo - y aún así, la Ro se tapó la boca con las manos y se negó a dejar que le sacáramos el diente. Finalmente, después de quince minutos de hacerle la psicológica yo le agarré los brazos y la cara, la doc la sostuvo con un brazo y en quince segundos, pese a los gritos y las sacudidas, sacó el diente de un solo tirón. "¿Te dolió?" el gruñido de respuesta fue una chinchuda negativa.
Esa noche, la Ro puso el diente abajo de la almohada, con una carta para el Ratón Perez, pidiéndole que no se llevara el ratoncito de plástico donde había metido el diente porque había sido un regalo de la doctora y muchas gracias.
Esta mañana, me estaba arreglando para ir a trabajar, la Ro se levantó temprano y ahí me di cuenta, como una tarada, que me había olvidado de poner la plata abajo de la almohada - sí, sí, lo sé, soy una pava, no se aproveche de la situación, Bebilacqua, que uste´no tiene altura moral. La Ro llorando le mostraba a Juani, la chica que limpia, que el ratóncito de plástico todavía tenía el diente y yo pensando frenética como mierda solucionar el problema.
"¡Mamaaaaaaaa!" la tragedia griega.
"¿Sabés lo que pasó, Ro? Vos estás de vacaciones, así que seguro Perez contaba con que vos te ibas a levantar mas tarde y te debe haber dejado para lo último. Volvé a dejarlo abajo de la almohada, que seguro en un rato se lo va a llevar."
"¿Vos decís?"
"Sí. Andá a lavarte los dientes y hacer todo."
No muy convencida, se metió en el baño y yo corrí a hacer el cambiazo. Y justo a tiempo, porque dos segundos después salió corriendo del baño a buscar su diente de la almohada, porque ya que estaba le iba a dar una cepillada también, para que estuviera limpio para el ratón.
Que felicidad la suya - y que alivio el mío - cuando encontró que el diente y la carta se habían ido, el ratón de plástico no y la plata había llegado. Me fui a trabajar mucho mas tranquila, mientras ella le contaba a Juani, feliz, que ¡el ratón había pasado cuando ella estaba en el baño!

Mantener la magia es estressante.

23 dic. 2011

La Verdad Sobre el Viejo


Las fiestas.
Otra vez.
Suelen suceder por estas fechas. Es una de esas cosas invitables. 365 días después, pumba, acá están otra vez.

No que me vaya yo a quejar, no, a mí me gustan las fiestas. Me gustan las luces, y la expectativa, y las cartas a papanuel, y esperar a que lleguen las doce, y planear la comida, y comprar los regalos, y saludar a la gente, y los días feriados, y armar el arbolito, y luchar con Ro para que no cambie de lugar todas las figuritas del pesebre todos los días, y tratar de explicar qué se supone que es el cumpleaños del niño Jesús, y las cenas en familia, y que no, no hay nieve porque vivimos en otro país, y escuchar una y mil veces todo lo que Zeke quiere que le traigan, y ver el arbolito brillar en la oscuridad, y recordar navidades pasadas, y comer turrón de jijona, y pensar en la gente que ya no está, y que sé yo. Yo sé que hay gente cínica por ahí que habla de consumismo y de hipocresía y bla bla bla, y sí, yo entiendo que a no todo el mundo le gusten las fiestas. Pero a mí me gustan y así como yo me banco a los cínicos, que los cínicos me banquen a mí. Hay lugar para todos. He dicho.

Pero esta Navidad me preocupa un poco.

Bah, me preocupa es un decir, no voy a perder el sueño por esto, mas se perdió en la guerra y todo eso que les gusta decir a los viejos, pero este año vamos a pasarla con mi cuñado.
No, no es eso lo que me preocupa, cómo se le ocurre, no. Lo que me preocupa son los hijos de mi cuñado. Que no, no es pasarla con ellos el problema tampoco, usted realmente quiere hablar mal de la familia de mi marido, que cosa, eh. Seguro que usted es de los cínicos de los que hablaba antes.

No, el tema es el siguiente. Los hijos de mi cuñado no creen en Papa Noel. Y los míos sí.
No veo cómo esa mezcla puede terminar bien.
Para los míos, digo, porque los suyos van a salir igual que como entraron, son los míos los que probablemente vayan a salir de estas fiestas desasnados. Y en lo que a mí respecta, preferiría que siguieran creyendo un poco mas, si a nadie le molesta, gracias.

Así que ahí estamos. No hay mucho que nadie pueda hacer. En algún momento, el mas chico de los primos - el mayor tiene catorce, dudo honestamente que le interese desmistificar al viejito pascuero, él lo único que debe querer es el regalo que pidió a la eminencia gris detrás del mito - que tiene cinco años y medio y un espíritu beligerante de un kilómetro de largo, va a lanzar su bomba de "Papanuel no´siste" y se va a armar el tole tole.
"Sí existe, ¿no es cierto, mamá?" puedo imaginar a la Ro preguntándomelo como si ya hubiera sucedido, mireloqueledigo. ¿Y qué hago yo ahí? Porque una cosa es seguir una idea preconcebida y ambigua, al cabo que decir "Papa Noel te va a traer los juguetes", siempre puede ser un código. ¿Pero mentir de manera descarada a una pregunta directa? A mí me cuesta. Ya veo que esto salta en los años de terapia por venir y mi hija se muda a otra ciudad sólo porque "¡vos me mentiste!"
Los adolescentes pueden llegar a ser muy emocionales.

En fin, supongo que cruzaré el puente cuando llegue. Al cabo que anticiparme a las mentiras que puedo o no llegar a contar, sólo trae dolores de cabeza.
Yo no me acuerdo cuando dejé de creer. Primero creía, después no creía, y la vida continuó sin traumas ni bajas materiales que lamentar. Estoy bastante segura que llegado el caso, eso es lo que va a pasar en mi casa y eso será todo.
Pero tengo que admitir, aún cuando ya hayamos establecido que usted es un cínico y probablemente no me entienda, que me va a dar una cierta penita, si todo esto que me temo llega a suceder.

20 dic. 2011

Una Vueltita Mas


Y una vez más, el planeta y yo completamos otra vuelta alrededor del sol.

Señoras y señores, el domingo fue mi cumpleaños - no, Bebilacqua, no le voy a decir cuantos años cumplo, y no, no quiero escuchar el chiste de la vieja y la cadera de plástico, ¿dónde se piensa usted que está, eh?

Hubo cena el sábado con el hombre de mi casa, y aproveché la falta de prole alrededor para tomar algo de vino - sí, me puse alegre, y a mucha honra, no todos los días se cumplen años y mas aún, no todos los días salgo a comer sin mi séquito.
Hubo desayuno en la cama - me despertaron, como siempre, los gritos y reclamos de la muchachada, pero H se hizo cargo y aunó esfuerzos con los hunos y los otros y entre todos me hicieron el desayuno... Para qué vamos a hablar de la cocina que hubo que manguerear después, todos sabemos que a caballo regalado... ¡Miren! ¡Qué lindo! ¡Hay flores frescas en la bandeja!
Hubo almuerzo con mis suegros - mi suegro hizo una carne al horno que estaba de buena... No sé qué le puso, pero estaba para hacerle un monumento al hombre, a la carne, a las papas, a las batatas, a las manzanas y a la ensalada. Casi que no le pude hacer justicia, con el desayuno que me habían traído unas horas antes... Sí, sí, casi, tampoco íbamos a andar desperdiciando.
Hubo tarde con pelopincho y dibujitos, esperando a mis amigas para tomar el té con facturas.
Hubo té y facturas con amigas.
Hubo torta y velitas.
Hubo muchísimo cariño, regalos, muchos niños, algo de viento, muchas risas, agua, montón de juguetes, sonrisas, bastante calor, mucho sol, máscaras con brillantina, cantidad de abrazos y besos, mucha comida, historias divertidas, montón de fotos, varios llamados, muchísimos mensajes, y al final del día hubo sopa.

Fue un día excelente.

Con suerte, en un año tengo otro igual.

18 dic. 2011

Un Clásico


Bueno, finalmente sucedió.
Es mi culpa, yo lo traje a colación.
Cualquiera que sabe como funciona esto del multiverso - porque yo me suscribo a la teoría cuántica de que este no es único universo probable - sabe que al hablar de Roma, el burro se asoma.
Es así, no sé por qué la gente no puede verlo.

Por otra parte, todo el asunto es un cliché, así que no debería sorprenderme que hubiese sucedido, al cabo que los clichés son clichés por una razón. Nadie llama cliché a algo que no sucede nunca. No es así como los clichés se ganan su reputación. Y sí bien es cierto que a estas alturas es más bien un cliché cómico, un comentario que ha hecho historia pero que no tiene mucha base, la cosa no quita que siga siendo un cliché.

Aún así, sabiendo todo esto y con todas las pistas sobre la mesa, voy a tener que admitirlo, me tomó por sorpresa. Realmente no me lo vi venir. Es decir, quizás hubiera podido advinarlo, al cabo que todas las piezas estaban ahí, sobre la mesa, pero ya he admitido antes que soy una persona más bien distraída, por lo que para que yo adivine algo las piezas no sólo tienen que estar sobre la mesa, si no que tienen que estar numeradas y en orden ascendente.

Estaba viendo yo el otro día una historia de misterio - no, no voy a decir cual para no arruinarle el final a nadie, Bebilacqua, no insista -, y finalmente, después de un juego de gemelas, un accidente con una sierra de mesa, una carta de despedida, un cambio de identidad, una hija estafadora, un marido sordo en silla de ruedas, un espejo escondiendo una ventana, un suicidio temprano, un asesinato tardío, un hombre rengueando de la pierna equivocada y un ascensor pequeñito, el asesino resultó ser, redoble de tambores por favor...

EL MAYORDOMO.

Sí, no pude evitarlo.
Tuve que reírme.

16 dic. 2011

La Lámpara y la Llama


Me encanta esta canción.
La música me gusta mucho, pero lo que a mí me gusta en particular de esta canción es la letra.
¿Y por qué me gusta la letra?
Porque me siento identificada con ella.
Así de adolescente como suena.
Considerando que otra vez me han asaltado los granitos como si mi adolescencia no fuera ya una señora casada y con dos críos, voy a aprovechar la volteada y caer en otra adolescentada - que linda palabra, como me gusta innovar en el lenguaje - y decir que esta canción me gusta porque pareciera que la letra hablara de mí. O me representara. O alguna huevada de ese estilo que tanto les gusta decir a los adolescentes.
En fin, que les dejo la canción, la letra original y la traducción y cualquiera que se quiera sentir identificado - de manera adolescente o de manera madura y sofisticada, es perfectamente opcional, acá dejamos que la gente se identifique a gusto - me deja un comentario abajo y levantamos juntos los encendedores, que creo que no lo hago desde que era adolescente...



Someone To Fall Back On (*)
Aly Michalka - Bandslam Soundtrack

I'll never be
A knight in armor
With a sword in hand,
Or a kamikaze fighter;
Dont count on me
To storm the barricades
And take a stand,
Or hold my ground;
Youll never see
Any scars or wounds -
I dont walk on coals,
I wont walk on water:
I am no prince,
I am no saint,
I am not anyones wildest dream,
But I will stand behind
And be someone to fall back on.

Some comedy -
Youre bruised and beaten down
And Im the one
Whos looking for a favor.
Still, honestly,
You dont believe me
But the things I have
Are the things you need.
You look at me
Like I dont make sense,
Like a waste of time,
Like it serves no purpose -
I am no prince,
I am no saint,
And if thats what you believe you need,
Youre wrong - you dont need much,
You need someone to fall back on...

And Ill be that:
Ill take your side.
If Im the only one,
Im used to that.
Ive been alone,
Id rather be
The half of us,
The least of you,
The best of me.
And I will be
i'll be Your prince,
Ill be your saint,
I will go crashing through fences
In your name. I will, I swear -
Ill be someone to fall back on!
Ill be the one who waits,
And for as long as youll let me,
I will be the one you need.
Ill be someone to fall back on
ill be someone to fall back on
one to fall back on...

(*) técnicamente, sería mas bien, alguien sobre quién replegarse, pero me pareció que alguien en quién apoyarse también daba la nota.

Alguien en Quien Apoyarse

Yo nunca seré
Un caballero en armadura
Con una espada en la mano
O un soldado kamikaze;
No cuentes conmigo
Para asaltar las barricadas
Y presentar batalla,
O defender mi terreno;
Nunca verás
Cicatrices o heridas -
No camino sobre carbones,
No caminaré sobre el agua:
No soy un príncipe,
No soy un santo,
No soy el sueño mas salvaje de nadie,
Pero me pararé detrás tuyo
Y seré alguien en quién apoyarse.

Que comedia -
Estás golpeado y vencido
Y soy yo
Quién pide un favor.
Aún así, honestamente,
Tu no me crees
Pero las cosas que yo tengo
Son las cosas que necesitas.
Me miras
Como si no tuviera sentido,
Como una pérdida de tiempo,
Como algo sin propósito -
No soy un príncipe,
No soy un santo,
Y si eso crees que necesitas,
Estás equivocado - no necesitas mucho,
Necesitas alguien en quién apoyarte...

Y yo seré eso:
Estaré de tu lado.
Y si soy el único,
Estoy acostumbrado.
He estado solo,
Prefiero ser
La mitad de nosotros,
Lo menor de tí,
Lo mejor de mí.
Y así seré,
Seré tu príncipe,
Seré tu santo,
Derribaré las cercas
En tu nombre. Lo haré, lo juro -
Seré alguien en quién apoyarse.
Seré el que espera;
Por el tiempo que me lo permitas;
Seré el que necesitas.
Seré alguien en quien apoyarse.
Seré alguien en quien apoyarse.
Alguien en quien apoyarse.

13 dic. 2011

Segundas Partes...


Yo tenía algo para publicar el miércoles.
Posta lo tenía.
Pero algo muy gracioso sucedió camino a la computadora.

Me fui de viaje.

Sí, sí.
Al hombre de mi casa le prestaron una cabaña en Villa Pehuenia, y nosotros decidimos, como cualquier hijo de vecino, irnos el jueves a la mañana para aprovechar el fin de semana largo. Pero resultó ser que un grupo de insurrectos - otro más - decidió - otra vez - que su derecho a protestar es mayor que mi derecho a transitar - quién lo duda - y organizó un corte de ruta - como siempre - para las siete de la mañana del jueves, en medio del camino que teníamos - por supuesto - que transitar.
De ahí que el hombre de mi casa me dijera, a las diez y media de la noche, los bolsos a medio hacer, agotada de un día eterno de cuidar exámenes, que mejor nos fuéramos esa noche.

Bolsos armados velozmente, comidas y conservas empacadas, niños arreglados, computadoras de viaje embaladas - la cabaña no tenía televisión, por lo que sin las computadoras de viaje íbamos a tener un problema - partimos de mi casa a eso de las doce, escapando en la noche como un grupo de refugiados. Nuestro plan, llegar hasta Zapala y encontrar un hotel, para hacer el último tramo - el difícil - a primera hora.

Llegamos a Zapala a las dos de la mañana. Los críos hacía rato que dormían, y los padres de los niños hacía rato que querían dormir. Ahí nos encontramos con el problema de encontrar un hotel.
Gracias a Dios por los teléfonos con internet y los GPSs - aún cuando no son tan fáciles de interpretar como uno quisiera -, hay momentos - y lugares - por los que uno realmente no quiere pasear.
En el primer hotel que preguntamos nos quisieron cobrar 600 dolares la noche... Y estaba vacío... Lo que me hace pensar a mí que hay alguien lavando guita en la ciudad de Zapala... Pero no digamos nombres, a ver si ese alguien lee este blog. En el segundo, nos cobraron en pesos una cantidad significativamente menor, y bajando del auto lo básico - sí, los chicos cuentan como básico - nos desmayamos en la habitación del hotel, y al día siguiente, luego de desayunar el buffet incluido en el precio significativamente menor, partimos.

Tendríamos que habernos dado cuenta de que el tenor del viaje estaba siendo marcado por su comienzo.

La estadía en Villa Pehuenia, a diferencia de la vez anterior, no fue algo para recordar.
La cabaña era linda, chiquita, de dos pisos, un tanto fría y con un terrible olor a humedad en el piso de abajo, donde estában los cuartos, por lo que finalmente trasladamos los colchones al living, donde acampamos relativamente cómodos.
El lugar para almorzar donde habíamos ido la vez anterior estaba atendiendo a un grupo de turistas gerontes, por lo que si bien la comida seguía siendo fabulosa, la atención fue bastante más lenta, por lo que para el momento en que mis niños se empezaban a trepar por las paredes, todavía no habíamos terminado de comer... Por el lado positivo, los viejos hacían tanta bulla, que nadie escuchó el quilombo que hicieron los míos.
Nunca logramos prender el termotanque. Era eléctrico, y uno creería que algo que tiene UN SOLO BOTÓN debería ser simple. Bueno, no. Hicimos caso de las indicaciones del dueño. Nada. No hicimos caso de las indicaciones del dueño. Nada. He llegado a la conclusión de que el maldito botón estaba roto.
La casa de té donde fuimos a... bueno, tomar el té, era muy triste. Lo único que pude rescatar fue el tostado de jamón y queso. Y es triste cuando lo mejor de una casa de tortas son sus sandwiches.
Cuando volvimos a la cabaña, los críos cansados y hartos del agua y del sol y las orillas del lago y pasear por el bosque - sí, la gente se cansa del agua y de sol y las orillas del lago, somos gente de ciudad - nos encontramos que el tema del termotanque era anecdótico, porque no había electricidad. Corte general en toda la zona. Los críos se sentaron a jugar con la netbook y a ver dibujitos y yo confié en que las baterías alcanzaran hasta que volviera la luz.
El hombre de mi casa y yo, no habiendo nada más que hacer, dormitamos en un par de colchones.
La luz volvió para la hora de cenar.
Después de la cena mis niños armaron un fuerte con los colchones, se pasaron de rosca, al padre casi le agarra un ataque cuando casi rompen un par de adornos, y a la Ro se le cayó una silla en la frente - sí, suena extraño, pero cooperen - que le dejó un chichonazo.
Una peli de Tom y Jerry después, se fueron a dormir.
El día siguiente fue básicamente igual, sans el corte de luz, plus H quemado hasta las pestañas por no ponerse protector y el chichón se lo hizo Zeke, cuando jugando con la Ro, se tiró de espaldas en la playa y se pegó con una piedra. El lago helado nos vino de lo más bien para lavar el corte.
Para la hora del té, - esta vez en la cabaña, porque uno aprende de los errores -, ya todos estábamos cansados, golpeados, ardidos, nos queríamos bañar, y así no íbamos a seguir por dos días más, sepan ustedes disculpar.

Salimos de Pehuenia a eso de las seis y media. Para las diez y media estábamos en casa, felices, contentos y limpios.

Estoy segura de que muchos leen esto y piensan que estoy loca, que no supe aprovechar la situación, que bla bla bla. Seguro. Piensen lo que quieran. Yo la próxima vez voy a un lugar supervisado, con gente que me haga la cama, que cuide que no haya humedad, que tenga televisión y luz a la que volver cuando la naturaleza sea mucha y que mantenga el agua del termotanque caliente... Al cabo que la diferencia la pagué en el hotel del camino.
Quizás sola con H me lo hubiera bancado, he viajado en condiciones peores, ¿pero con dos críos aburridos hasta el hartazgo? Nop, hay cosas para las que ya no tengo paciencia, gracias.

El post que iba a hacer el miércoles, cuando fui rudamente interrumpida por todo esto - está bien, está bien, saqué un bronceado del asunto, no me quejo más - , voy a ver de publicarlo en algún momento de la semana.

3 dic. 2011

Nunca es el Mayordomo


Me encantan las historias de misterio.
Las historias de misterio del tipo inglés - Arthur Conan Doyle, Agatha Christie - y sus seguidores, no las de psicópatas y asesinos con hachas y mucha sangre...
Las que yo digo son las de asesinatos sutiles. Las del muerto en el cuarto vacío, del que nadie pudo entrar y nadie pudo salir.

Nunca las adivino.

Honestamente.

No me esfuerzo mucho tampoco, en realidad.
Voy saltando, de pista en pista, feliz e ignorante, esperando ese gran momento en el que Hércules Poirot - o Miss Marple, o Sherlock Holmes, o Remington Steele, o el Padre Brown, o quien sea - junta a todos los sospechosos y les dice "se preguntarán por qué los he reunido aquí esta noche..." y procede a relatar paso por paso cómo fue que el asesino asesinó a quien sea que haya asesinado.

Me encanta.

Más las películas que los libros, tengo que admitir con cierta vergüenza - mal ahí, la bibliotecaria.
Disfruto muchísimo ese momento en el cual van mostrando cómo fue exactamente que lo hizo, mientras el detective va relatando como juntó todas las pistas. Me encanta aún más cuando lo relata varias veces, de distintas maneras, y uno ve las escenas pasar, y después las descarta, cuando ya te tenía convencido de que así había sucedido.
Lo disfruto muchísimo.

Los otros días enganché una serie británica que entre el 97 y el 2010 sacó cuatro temporadas y tres especiales de Navidad - los británicos son medio erráticos a la hora de armar su programación...
Mi amor por el género "Quién lo Hizo" anda feliz y contento por la vida.

Jonathan Creek, se llama, y trabaja Alan Davies - que además es un comediante que siempre siempre me ha gustado - como el Jonathan Creek del título, que se dedica a crear trucos de magia para grandes espectáculos, y en su tiempo libre, obligado por una periodista, se dedica a resolver misterios imposibles.
¿Cómo puede no gustarle a uno este tipo de cosas?

En el primero asesinan a un hombre, y todos aseguran que fue la mujer, pero esta nunca salió de su oficina en el piso catorce.
En el segundo, matan a un comediante en un bunker, y cuando llegan hasta él, el lugar está sellado por dentro y obviamente no hay nadie, sólo el cadaver.
En el tercero, la periodista compra un armario. En la planta baja lo chequea, está vacío, lo suben cuatro pisos por la escalera, y al llegar a la casa, hay un cadaver adentro.
En el cuarto, una chica cruza una puerta, y el hombre que está del otro lado, jamás la ve llegar.
Y así.
No pueden decirme que no es terriblemente entretenido.

Me quedan tres temporadas - son 24 episodios en total - y tengo planeado sorprenderme al final de todos y cada uno.



- Por cierto, en un apartado postal, si alguien quiere ver algún episodio, me avisa y le mando un link para bajarlo en megaupload... pero no tengo subtítulos en castellano. Sé donde se consiguen en inglés, pero no en español. Por el momento al menos.