Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

30 sept. 2009

La física nos gobierna


Fui a la cocina de la Cultu, llené la pava de agua, prendí la hornalla, puse el saquito de té en la taza, le agregué azúcar. Fui amable y prepararé mas café para las teachers ya que a mí el café no me va. Aproveché para ir al baño mientras hacía tiempo. Di una vuelta. Conversé un minuto con las chicas en secretaría. Volví a la cocina para prepararme finalmente el té y me encontré con las leyes inmutables de la física en acción.
El agua no se calienta si no la ponés sobre el fuego.

29 sept. 2009

Momentos de pasillo


Saqué a Zeke de la bañadera primero, y lo fui a vestir mientras la Ro jugaba en el agua. Terminé de ponerle el pijama al crío y saqué a la chica. La envolví con la toalla, la paré en el pasillo seco, me di vuelta para apagar todo y la chica escapó en bolas al grito de “¡¡¡No me quiero vestir!!!” Considerando que no hacía frío, la dejé en paz un rato. Levanté la toalla y la miré llegar corriendo hasta el final del pasillo, muerta de risa, rebotar contra la pared, girar y volver corriendo, cruzar frente a mí - que la miré pasar como uno mira una pelota de tenis - , llegar hasta el otro extremo del pasillo, rebotar contra la pared, girar y volver corriendo, cruzar frente a mi, llegar hasta el final del pasillo y en fín, así.
Zeke se sumó al asunto en la tercera pasada.
De una punta del pasillo a la otra, a carcajada pelada, rebotando contra la pared para girar y correr hasta el otro extremo. Ida y vuelta. Rorro acelerada, Zeke tratando de alcanzarla. Ida y vuelta. Como el conejito Duracell. Yo me apoyé en el marco de la puerta y los miré pasar frente a mí una y otra y otra vez, pensando filosóficamente que era una suerte que nadie mas los viera porque el mundo podría llegar a pensar que están loquísimos y, paradójicamente deseando que mi cámara tuviera baterías, porque hay momentos que ameritan ser filmados y compartidos.

26 sept. 2009

La Musa 1/2


"Abrió los ojos y la vió. Como un truco en un espectáculo. Nada por aquí, nada por allá, decimos unas palabras mágicas, y voilá, hay una chica de pie frente al atríl en el centro del estudio, donde cuando él cerrara los ojos - tres segundos atrás - no había nada mas que luz de sol.
Sobresaltado se puso de pie. Torpe y sin gracia. Estaba cansado. Con el cansancio en los huesos de noches sin dormir y días sin estar despierto.
Vivir de café no es vida.
La miró unos momentos, sin estar muy seguro de si ella estaba ahí realmente, y si estaba, cómo reaccionar ante ese hecho.
Parpadeó y se decidió por tomar la realidad como venía. La gente que vive del arte sabe que no hay absolutos. Carraspeó y buscó su voz, practicando un tono amable. Nunca está de mas ser amable. Más si el objeto de nuestra amabilidad es una posible psicótica. Regla de supervivencia 101: nunca hagas enojar al intruso potencialmente armado.
-Hola.- saludó, tratando de no sonar amenazador, solo curioso. El hecho de que una chica irrumpa en el estudio en el que estamos encerrados hace días, tratando de terminar los últimos lienzos para una gran exposición es razón suficiente como para sentirse curioso… ¿no…?
Ella saltó ante el sonido, como si no lo hubiera visto - algo no tan raro ya que él se había pasado los últimos minutos sentado en el suelo contra la pared, escondido entre una mesa volcada y un macetón vacío.
-Hola.- repitió él, levantando las manos en el gesto universal de vengo en son de paz, confiando en no estarlo confundiendo con el gesto de a la primera señal de amenaza te surto un schiaffo.
Ella tragó saliva y lo estudió, sus ojos brillando claros a la luz del sol de otoño,
-Hola. - respondió tentativa. Los ojos luminosos lo recorrieron de pies a cabeza, tomando aparente nota de su aspecto desprolijo y agotado, de los pantalones de jogging manchados de pintura y a punto de caerse por sus caderas demasiado delgadas, de la musculosa que alguna vez había sido blanca y ahora costaría creerlo, de sus pies descalzos, de sus ojos inyectados en sangre, de su rostro sin afeitar. Podía adivinar que no tenía el mejor de los aspectos, - aun cuando sabía que si le daban un par de horas y una bañadera podía llegar a fingir ser un hombre atractivo -, no la culparía si ella misma decidiera entregarse a la policia.
Pero la mujer al sol no retrocedió ante su aspecto. De hecho, no parecía asustada, mas bien intrigada. Lo cual para alguien aparentemente involucrado en un delito tal como allanamiento de morada era una postura un tanto ilógica.
El bajó las manos de golpe al dar con la causa. Buenísimo, era una groupie. Que molesto. Lo último que necesitaba en este momento era una groupie. No que no apreciara el que mujeres bonitas se arrojaran a sus pies para ofrecerle sexo sólo por admiración, pero en este momento, cuando todavía le faltaban dos lienzos y tenía menos de una semana, no tenía tiempo para groupies.
Volvió a mirarla, un estudio de arte en sí misma. Por otra parte..., de pie donde la luz de la tarde entraba a raudales, vestida con una simple camisa blanca y unos pantalones de jean gastados, una groupie llena de adoración y energía quizás no fuera tan mala idea…
- Soy Benja. - se presentó, porque pese a lo que dijeran de la inmoralidad de los artistas él siempre había tomado como algo importante el hecho de que la gente con la que dormía supiera su nombre. Por lo menos. Algo que evitaba confusiones en mitad de la noche si había mas de un acompañante.
Ella asintió, y él supuso de manera acertada que si ella lo había estado buscando por fuerza debía de saber quien era él.
-Carola.- se presentó a su vez, y él asintió reflejo, como si él también hubiera sabido de antes quien era ella, quizás porque una vez que ella dijera su nombre el lugar pareció amoldarse a su figura, como si la hubiese estado esperando.
Benja respiró hondo, atrapado en el momento y el surrealismo. La mujer lo imitó. La luz del sol jugó con los pliegues de su camisa blanca, reformulando su geografía, insinuando la piel debajo. Su sangre, diluida por innumerables tazas de café, fluyó al sur con una fuerza que lo aturdió. Ella, Carola susurró su interior, se mordió el labio inferior, donde un pellejo traicionaba un mal hábito, y Benja tuvo el urgente deseo - la absoluta necesidad - de hacer lo mismo.
Avanzó unos pasos y se detuvo. La situación se le estaba escapando de las manos. Una mujer desconocida se colaba en su estudio cerrado, en el último piso de un edificio con seguridad las 24 horas, y él, en vez de estar llamando a alguien para que la removiera, estaba empezando a entretener nociones vagamente pornográficas respecto a ella… bueno, no, vagas no, muy, muy pornográficas. Muy pero que muy.
Intentó una vez mas - pero de verdad de verdad de verdad que lo intentó - seguir el procedimiento lógico y correcto ante una situación así. Hacer lo que haría un miembro productivo de la sociedad y no lo que haría un hombre que llevaba encerrado casi tres semanas, sólo saliendo para caminar hasta el mercadito cuando se acababa el café y cuyo único contacto humano era su agente cuando venía a apurarlo o le traía comida decente para que no viviera de pizza y congelados.
Buscó su voz, perdida en el suelo entre los restos de sus obsesiones,
-¿Qué es lo que estás buscando?
Los ojos claros estaban fijos en su boca,
-Inspiración.- por supuesto, que otra cosa si no, y satisfecho por haber cumplido con su deber cívico, la besó.

- - - * * * - - -

Se pasaron el resto de la tarde enredados el uno en el otro, aprovechando cada superficie horizontal despejada y un par de las verticales también. Para cuando cayó el sol, escondiéndose en la línea fracturada de los edificios que rodeaban sus ventanales, Benja estaba desparramado en una de las tantas lonas que había tiradas por el lugar - para qué tenía tantas lonas, de donde las había sacado - y Carola se acurrucaba medio dormida contra su costado. Así daba gusto el exilio autoimpuesto. Si lograba convencerla para que se quedara con él hasta que terminara los cuadros - y no pensó en lo extraño de pedirle a una mujer desconocida que se quedara a vivir con él el resto del mes - estaba seguro de que lograría salir del bache donde había caído.
Ya podía sentirlo, los colores, silenciosos desde que terminara la última tela hacía mas de una semana, estaban empezando a susurrar otra vez. Respiró hondo, tragando el aire como otros tragan agua, disfrutando del murmullo, dándose cuenta ahora que volvía a escucharlo lo mucho que le había faltado, lo cerca del borde que se había dejado llevar.
Se acomodó mejor contra la tibieza a su lado. Tal vez ahora, finalmente, pudiera dormir.
La llave en la cerradura resonó en el inmenso lugar, dolorosa en el silencio, y antes de que Benja pudiera hacer un movimiento para cubrirse a él o a su compañera, la puerta se abrió y traidora dejó entrar la silueta alta y bien trajeada de Pepe Lagos Marmol.
-No molesto. No hablo. No estoy acá.- gritó como era su costumbre cuando caía de manera inesperada, - Sólo vine a dejarte los nuevos programas que mandó hacer la galería para la exposición. Recién salidos de la imprenta. - caminó por el lugar con pasos largos y seguros y tiró un fajo de papeles sobre una de las mesas.
-Te dejé un mensaje en el voice mail. - Benja recordó vagamente el sonido del timbre en algún momento de la tarde, pero había tenido las manos ocupadas en otra cosa, y que cosa mas agradable había sido esa. -Pero se ve que no... - la voz de Pepe murió despacito frente a la lona donde ellos estaban, sus cejas trepando por su frente, y luego, como un pensamiento tardío, se tapó los ojos en un gesto infantil y les dio la espalda. Carola a su lado se había sentado y la lona a su alrededor, si bien escondía sus formas, no era algo que nadie pudiera llamar decente.
-¿Por qué la falta de ropa? - había un elemento forzado en la voz del agente, el elemento que uno usa cuando trata de mantener algo bajo control, aun cuando Benja fue capaz de leer un dejo de diversión detrás de la obvia consternación. - ¿El pintar medio en bolas no alcanza y ahora hemos progresado a la desnudez total? - Benja miró a Carola, Carola le devolvió la mirada. De donde él venía, las circunstancias volvían la razón de su desnudez algo mas que obvia... Tal vez Pepe había crecido en otro lado.
Pero antes de que pudiera decir nada, el agente ya se dirigía a la puerta con pasos largos,
-Sabés qué, no quiero saber. Si estás en plena orgía masturbatoria para ver si así fluyen los jugos de la creación, allá vos. Lo que sí, advertile a un hombre por favor, así la próxima vez… No sé, - giró y le echó una última mirada apreciativa, - traigo la cámara al menos. - recuperó el aplomo con una mueca. - No te olvides de mirar los folletos. Quieren tu opinión. - y la puerta se cerró, dejando detrás a un confundido Benjamín.
Miró a la chica a su lado, a medias escondida por la oscuridad creciente, a medias revelada por las luces varias que entraban por las grandes ventanas, haciéndolo pensar por un momento en el espectáculo que debían de haber dado un rato antes a cualquier inocente que simplemente hubiese pretendido salir a tomar un poco de aire al balcón.
A la escasa luz los ojos que antes fueran claros ahora resultaban oscuros.
Dejó que el silencio se estirara. ¿Qué…? ¿Por qué…? Y finalmente cayó en la cuenta de por qué el estudio se rendía ante su presencia, por qué su nombre era una llave, por qué no había corrido a llamar a la policía, a los bomberos, a los psiquiatras cuando la había visto aparecer en el centro de su vida. Porque él ya la conocía. Porque una vez, tiempo atrás, cuando los colores empezaran a cantar en su mente ella había sido lo primero que habían pintado.
Ella había sido su primer musa, su primera inspiración, su …
- Un figmento de la imaginación.- comentó, como quien comenta el clima.
- Un delirio. - contrarrestó ella, subiendo la apuesta.
- Un viaje al manicomio.
- Una certificación de insania.
- Un brote de psicosis.
- El primer síntoma de esquizofrenia. - él no pudo evitar reir frente a esto y tomándola en sus brazos, se dejó recordar nuevamente lo que había sido una vez.

- - - * * * - - -

Los días pasaron velozmente después de eso. Donde antes se habían arrastrado, burlándose de él, varado en su mediocridad, ahora volaban, llenos de risas y colores. Benjamín desenterró el aparato de música de debajo de un montón de deshechos de movidas anteriores y la música, que hacía tiempo había sido desterrada, resonó por los rincones de madera del amplio lugar. La comida, que antes había sido sólo un medio para alcanzar un fin se volvió un arte también; cuando Pepe volviera al día siguiente a buscar su opinión sobre los folletos - porque nadie atendía el celular - encontró una lista de compras pegada a la puerta. Las tardes pasaban durmiendo al sol, descansando finalmente después de siglos de actividad. Y entre todo eso las pinturas parecían crearse a sí mismas, naciendo sobre el atril casi como si Benjamín no las tocara.
Tumbado boca abajo en el único sillón, mirando el primer lienzo terminado y cubierto con una tela, el segundo sobre el atril, a medio acabar, Carolina acostada sobre él, sus pechos desnudos presionando contra su espalda, Benjamín no pudo evitar pensar que si así era como se sentía la locura, alguien iba a tener que venir a medirle el chaleco blanco con manga larga opcional porque iba a resultarle imposible bajar por su cuenta después de semejante subidón."

Continúa...

La Musa 2/2


- - - * * * - - -

"Pepe dudó un segundo antes de entrar al estudio. Esto era algo raro en él, no era un hombre que soliera dudar frente a las cosas. Las cosas se hacían o no se hacían, no había espacio para medias tintas. Si uno duda uno pierde, y él era demasiado bueno en lo que hacía como para dejarse perder.
Pero aún así, el agente dudó frente a la puerta de madera. No estaba muy seguro de cómo estaban las cosas ahí dentro. Es decir, en lo que a él concernía las cosas estaban bien, podía ver como los cuadros avanzaban, eso era obvio. Y agradecía a los dioses de los artistas y los mercaderes, porque la semana pasada a estas alturas ya se veía que iba a tener que hablar con Goya Vergara respecto a como la muestra iba a tener que reducirse un tanto porque “si, bueno, nuestro pajarito pintor, ¿te acordás? ¿Ese que nos iba a llenar de plata a todos? Bueno, está teniendo una especie de bache y, bueno, no puede pintar…” Goya se hubiera hecho un par de tiradores con sus intestinos y después hubiera reclamado hasta el último centavo que había invertido en esto… Y Pepe Lagos Marmol no estaba del todo seguro cual de las dos cosas le hubiese dolido mas.
Pero ahora que los cuadros estaban hechos o casi, que el tiempo les había sobrado por todos lados… Tal vez, y sólo tal vez, - porque en lo que concernía a Pepe Lagos la salud mental es un lujo prescindible que cualquiera puede comprar con pastillas - , hubiera sido mejor que el pajarito pintor no hubiese vuelto a pintar.
Risas llegaron hasta él a través de la puerta cerrada y una voz divertida preguntando,
- ¿Sí? ¿Qué te hace pensar eso? - una espera implicando una respuesta que nadie dio y luego - Ja, ya quisieras. - y luego el silencio… Un silencio cargado que le dio a Pepe el pie para retirarse. En estos últimos días sus entradas de improvisto habían sido castigadas - o recompensadas, todo está en el ojo del que mira - con distintos grados de desnudez, desnudez que, a fuerza de mirarla, había caido en la cuenta que era la desnudez de alguien que acaba de tener sexo del bueno… Aun cuando no había nadie mas en la habitación que Pepe pudiera ver.
¿Acaso no había dicho él desde un principio que la idea de encerrarse a pintar era pésima? ¿Acaso no había sido él quien dijera que todo esto iba a terminar en lágrimas - y un buen porcentaje, pero quien estaba contando? Pero no importaba los argumentos que utilizara, la respuesta había sido la misma,
-Sin distracciones voy a terminar antes. No te preocupes, Pepito, todo va a estar bien.- pero Pepito se había preocupado y ahora Pepito se sentía reivindicado en su preocupación. La soledad finalmente había hecho saltar la térmica. Esta visto, ninguna persona sociable puede encerrarse tres semanas con pinturas como única compañía. Tarde o temprano las pinturas van a empezar a contestar.
Las risas volvieron a resonar en el pasillo…
Y pareciera que contestar no era lo único que hacían.
Con un suspiro dio media vuelta. Ya habría tiempo para llamar al batallón de psiquiatras cuando la exposición estuviera en marcha. Hasta entonces…
Una pena. Haber sabido que la soledad era el quid de la cuestión hubiera ofrecido sus servicios antes de que las pinturas ocuparan la vacante.

- - - * * * - - -

El acelerón de una moto despertó a Benjamín de un sueño intranquilo.
Sobresaltado miró a su alrededor.
La luna, cuarto menguante, colgaba sobre el edificio de enfrente, permitiendo que su luz iluminara el estudio. Despacio se pasó las manos por la cabeza, si poder recordar lo que había estado soñando, y sus ojos recorrieron el lugar, notando con ojos de pintor las diferencias monocromáticas que sólo la noche otorga.
Miró el atril con la tercera pintura - ayer había terminado la segunda y sus dedos todavía quemaban la necesidad de pintar que Carola había traido con ella. De espaldas a él, el atril escondía en las sombras lo que estaba pintando, pero no era necesario verlo para saberlo, podía recordar perfectamente la curva elegante de los colores, la calidez del trazo, la profundidad del... parpadeó... Algo se le escapaba de la imagen... Algo que la oscuridad que la luna no podía prevenir trataba de hacerle entender...
Las manos de Carola le acariciaron el hueso de la cadera y serpentearon sobre su vientre,
- No me dejás dormir. - protestó infantil.
- Perdón. - respondió él contrito y se estiró nuevamente sobre la cama deshecha. Ella se movió hasta envolverlo, sin siquiera abrir los ojos, y él se dejó arrastrar nuevamente bajo el agua.

- - - * * * - - -

Bueno, las pinturas estaban terminadas.
Prolijas y envueltas, tres a falta de dos, listas para que Pepe mandara a los muchachos a buscarlas y las llevara a la exposición.
Benja, de pie en el centro del estudio las observó, envueltas en papel madera, atadas con hilo sisal, y rememoró el acrílico, áspero contra la tela, lleno de relieves y texturas, la espátula con la que había pintado, el olor en el aire, los dedos manchados de color, las imágenes plasmadas…
Los brazos de Carola rodearon su torso desnudo antes de que atrapara el recuerdo y sus labios le besaron la nuca.
Un murmullo contento y él retuvo sus manos frías. Siempre tenía las manos frías.
-Se ven bien.- murmuró complacida mirando los tres paquetes a sus pies por sobre su hombro, sosteniéndose de él para poder mirar,
-Sí. - respondió Benjamín satisfecho, -Se ven bien.
-La inauguración va a ser una masa.
El sonrió divertido,
-Sí. Pepe va a estar feliz.
-Su bolsillo va a estar feliz.
-Yo creo que esto amerita un festejo.
-¿Otro? Si seguimos así no voy poder caminar.- él giró en sus brazos y le rodeó la cintura, encontrando ropa donde había creido encontraría piel. Frunció ligeramente el ceño,
-¿Por qué estás vestida? - ¿las musas usan ropa? No tenía mucha idea de lo que usaban las musas, pero en la última semana esta musa en particular lo único que había llevado puesto había sido pintura. Con excepción de la camisa blanca, por supuesto, pero eso era entendible. Una mujer desnuda saltando de la nada hubiera sido demasiado.
Retrocedió un paso, manteniendo manos propietarias sobre ella. Ese sweater verde no era la camisa blanca.
Ella sonrió divertida,
-¿Cómo voy a llevar los cuadros a la galeria si no estoy vestida?
Benja no entendió, la sonrisa se le desdibujó confusa,
- ... No vas a llevar los cuadros.
La sonrisa de Carola se hizo mas amplia,
-Pues si pensás que voy a dejar que Pepe los lleve solo y los cuelgue donde le de la gana estás loco.
Benja parpadeó. ¿Tenía ella el poder para hacer eso? ¿Quería él que lo acompañara? Una cosa era un delirio en un estudio cerrado después de litros de café e insomnio, pero en el mundo real…
¿Cómo corta uno con un delirio?
-Carola, yo preferiría que no fueras.- ¿se puede razonar con un figmento de la propia imaginación?
Ahora fue ella la que parpadeó,
-No seas tonto. Cómo no voy a ir, es mi exposición.
Las cosas empezaban a tornarse un poco molestas.
Soltó su cintura,
-Es mi exposición.
La sonrisa femenina tomó un tinte cauteloso,
-Gracias por todo, Benjamín, pero viendo que yo pinté los cuadros, creo que puedo decir que es mi exposición.
Benjamín retrocedió un paso. ¿De qué estaba hablando?
-Yo pinté esos cuadros…
Carola movió ligeramente la cabeza,
-Si bien puedo decir que fuiste de mucha ayuda, no creo que sea justo que la musa se lleve el crédito por lo que hizo el pintor.
Bien, que bueno que lo entendiera.
-Por eso.- movió las manos marcando el punto, -Vos musa, yo pintor, yo me llevo el crédito.
Ella retrocedió un paso y la luz invadió el espacio entre ellos,
-No. Vos sos la musa. Yo pinté los cuadros.
Benjamín movió la cabeza de manera violenta. No. Él había pintado esos cuadros. El lo había hecho. Si todavía podía sentir… si podía ver… el olor…
Con un gesto veloz fue hasta las pinturas envueltas y rompió el papel que las cubría. Una detrás de la otra, ignorando la protesta asustada de Carola detrás suyo. Las imágenes descubiertas lo hicieron retroceder. Esto no era lo que él había pintado. Esas no eran… Sus recuerdos…
Fragmentos de música y pintura se enredaron en su alma.
Corrió hacia la mesa donde los folletos olvidados de Pepe esperaban una opinión que nadie había dado, y ahí, en blanco sobre fondo verde, la burla saltó sobre él.
“Carola Reyes. El Espejo en el Espejo.”
Los papeles cayeron al suelo de sus dedos sin fuerza.
Giró hacia Carola, que lo miraba consternada.
-Yo… - retrocedió despacio, la voz quebrada, sin saber a donde ir. Esto no podía estar pasando.
-Benjamín. - murmuró ella, llamándolo, despidiéndose...
Él era... Él... Sin saber que estaba haciendo siguió retrocediendo, buscando escapar de la mujer de pie en medio del estudio, bañada en la luz de otoño que entraba por los ventanales, sus ojos claros mirándolos llenos de pena y confusión. Su espalda desnuda chocó contra la pared. Se deslizó por la superficie áspera, hasta quedar escondido en el hueco de una mesa volcada y un macetero vacío. Cerró los ojos, todo su ser un grito ante la injusticia, la angustia de lo que estaba sucediendo y …"

El Fin.

24 sept. 2009

Y sacudo la caja y nada...


Qué molesto es el síndrome de la hoja en blanco.
Tengo una historia fabulosa en la cabeza, sobre titanes queriendo volver al mundo desde donde los desterraron los dioses, sobre unos descendientes directos que esperan el momento correcto para abrir el portal, sobre una grieta en un glaciar y una botella de whisky, sobre una chica embarazada y furiosa que es la clave de todo el asunto, sobre una sociedad secreta en extinción que sólo existe para impedir que esto suceda… Y tengo imágenes, una chica corriendo con un vestido blanco y un arma en la mano; los buenos - uno insiste en parecerse a Anton Yeltsin, no sé por qué - mal organizados, reducidos en número, peleando en mitad de la calle, espalda con espalda, bajo el balcón y los faroles; el malísimo, heredero de una fortuna, caminando por los glaciares en la Patagonia, todo envuelto en una campera marrón forrada en piel, con un mapa en una mano y un bastón en la otra; la mejor amiga comprando ropa de maternidad a las corridas, armando un bolso para el viaje que las espera; el escape por los pelos en la estación de trén; todos acurrucados en la caja de una camioneta rumbo al sur... Y los romances entrecruzados, las amistades, las traiciones y las alianzas... Y la heroína, nada preparada para el lío en el que se metió; el héroe, listo para cumplir con el deber que prometió que iba a cumplir pesara a quien pesara; el mejor amigo, dividido entre lo que quiere y lo que no puede tener; el nuevo, llegando de casualidad, listo para probar que sabe lo que hace aun cuando todo es una mentira; el malo, que está haciendo todo porque para esto lo criaron cuando en realidad él quería ser bailarín; la mejor amiga, que está con ellos solamente porque la noche en que todo salió mal no podían dejarla atrás, a merced de la furia, y por sobre todos ellos, los titanes, mandando mensajes a través de la grieta, rugiendo por reclamar un lugar al sol…
Tengo todo… me queman los dedos de empezar a escribirla…
Pero por alguna razón que escapa a mi control, ninguna de estas personas parece tener el mas mínimo interés en conocer a las demás, lo cual por supuesto impide totalmente la realización de esta historia.

23 sept. 2009

El compás moral de los demás


Como me molestan las discusiones en las que realmente fallo en ver el punto que trata de hacer la otra persona. Seriously. Las discusiones en las que yo creo tener la razón y que el otro está equivocado las entiendo - "obviamente nos llevamos mal, yo soy sagitario y vos sos imbécil" - pero las discusiones en las cuales la otra persona está tratando de explicar algo y yo realmente no lo sigo, me superan.
Me precio de ser una persona objetiva. Lo soy - a ver, la gente del fondo, si se deja de reir, por favor... No, de verdad. Soy el tipo de persona que trata sinceramente de hacer un esfuerzo y entender el punto de vista de los demás para ver si quizás soy yo la que está en falta. A veces lo soy, no tiene nada de malo, nunca me ha costado pedir perdón.
Pero me enferma cuando entre nosotros que discutimos se alza literalmente una barrera de total incompresión. Cuando por mas que trato sinceramente no entiendo a qué se aferran con tanta saña. Ni siquiera puedo decir que realmente me enoje, lo que me hace es sentir otra vez en esa farmacia de París, tratando de comprar un Siempre Libre, sin saber siquiera por donde empezar mi juego de digalo con mímica. Con un hueco en el estómago, una confusión creciente, completamente perdida y sin referencias.
Es curioso darse cuenta de que si bien las nociones básicas del bien y el mal las tenemos todos - no matarás y toda la banda - las sombras del gris son mas grises para unos que para otros.
Y es ahí cuando uno descubre realmente que pese a lo que digan por ahí, no a todos nos crió la misma televisión.

21 sept. 2009

Cómo dice...?

i
Es impresionante el manejo que la gente tiene del lenguaje. O cree tener.
El otro día en una rotiseria, por la que yo pasaba seguido, uno de los dueños, que se había salido del mostrador para hacer algo, trató de darme charla para pasar el rato. En otras ocasiones ya habíamos conversado el punto de que él y su familia venían de España, que los gallegos y los vascos algo que no me acuerdo y que la mar en coche.
Supongo que queriendo continuar en esta vena, el buen señor me preguntó,
-¿Y tus descendientes cuales son?
Tengo que admitir que por un momento me dejó dura. ¿Mis descendientes? ¿Qué tenían que ver mis hijos con nada?
Lo miré un segundo, dudando ante su pregunta y tantée una vaga respuesta sobre un varón y una nena. El me devolvió la mirada en blanco y yo caí en la cuenta finalmente de lo que me estaba queriendo decir.
-Ah, mis ascendientes.- y sí, ahí sí, le hablé de las ramas de mi familia. Pero ya el flow de la conversación se había atorado, él se excusó y se fue, yo recibí mi comida y partí. Se ve que no le gustó nada mi corrección… que por otra parte, ¿por qué no habría yo de hacerla? Si va a hablar de algo, ¿por qué no puede hablar con propiedad? O hubiera dicho antepasados, qué es mas fácil, todos la conocemos, y no es neceario estrenarla en una conversación como se vé que él estaba haciendo.
Algunas cosas a veces…
Por suerte abrió otra rotiseria cerca del Cultu y ahora compro ahí, porque obviamente el tema de los ancestros se agotó y vaya uno a saber con qué otra cosa podría haberme llegado a salir el buen hombre.

19 sept. 2009

Y ahí estaba...


Pusieron una oficina en uno de los edificios nuevos que hay entre mi casa y el laburo. Diciendo oficina estoy siendo un tanto generosa, el lugar es apenas una habitación alfombrada con una puerta y un ventanal que da a la calle, pero se lo vamos a dejar. Adentro puede verse por el ventanal un escritorio, ubicado contra la pared del fondo, una estantería en la pared opuesta a la puerta, frente al ventanal dos silloncitos y entre los dos silloncitos una mesa ratona. Hay un bol con caramelos sobre la mesita.
Nunca jamás, en los meses desde que abrió, vi a nadie dentro de esa oficina. Los caramelos en el bol, a simple vista, no parecen haber disminuido.
Yo paso cuatro veces frente a ese edificio, en horarios centrales, y una vez me crucé con dos personas que conversaban en la entrada, pero la oficina estaba cerrada y las luces apagadas, así que no pude precisar si habían estado dentro, si esperaban para entrar o si simplemente se habían ubicado en la vera del lugar porque estaban al reparo del viento.
En el vidrio del ventanal rezaba, con letras muy bonitas, en azul, con un vago aire militar: “XXX Obra Social de Pilotos”, todo ubicado alrededor de un escudo con toques dorados.
La falta de movimiento me llevó a la conclusión de que los pilotos son gente muy sana o son gente que cuando su salud se ve comprometida es algo terminal.
Hace unos días, caminando frente al ventanal, me di cuenta que la inscripción en la ventana había cambiado y ahora rezaba, con letras más bien grises, ligeramente inclinadas como dando la impresión de velocidad: “XXX Obra Social de los Ferroviarios”.
En el tiempo transcurrido desde el momento en que noté el cambio hasta hoy, sigo sin haber visto a nadie que entrara, prendiera una luz o siquiera moviera los caramelos… y eso que por alguna razón a mí los ferroviarios no me suenan tan resistentes como los pilotos - sí, es un prejuicio, ¿y qué?
En fin.
Todo el asunto me ha puesto en mente esas tiendas de los cuentos fantásticos, que aparecen sólo cuando el héroe necesita algo desesperadamente, y para cuando el héroe ha descubierto la trampa y quiere devolverlo, la tienda desapareció y sólo queda una pared vacía.
Antes vendían instrumentos de música que robaban almas, perfumes que capturaban voluntades, espejos que robaban imágenes… ahora parece ser que venden salud. Es razonable. Los tiempos cambian, la competencia crece y la magia negra no quiere quedarse atrás.

17 sept. 2009

El problema de la evolución



Veía el otro día un documental sobre los colores.
Interesante.
Nunca había prestado realmente atención a como la luz se refleja en las cosas, a la forma en que el ojo traduce la información y la convierte en imágenes dentro de nuestro cerebro, al hecho de que hay colores que no entran en nuestro espectro, a que algunos animales ven colores que para nosotros sólo existen bajo la luz negra.
Lo que me dio pena aprender fue que lo estamos perdiendo. La capacidad de distinguir colores. No que vaya a pasar de un día para el otro, pero ya está empezando. La raza humana, como cualquier especie, evoluciona, y algo que antes era una cuestión de vida o muerte, - como reconocer la diferencia entre el color de una fruta verde o el color de una fruta madura, o si ese animal es venenoso o no, - ya no es tal. La mayor parte de nuestra comida ya no la recolectamos nosotros, la buscamos en los mercados, donde cualquier duda que uno tenga lo soluciona mediante el simple hecho de leer el envase, y con respecto a animales venenosos, ya no quedan tantos. Otras cosas amenazan nuestra existencia, seguro, pero muy pocas de estas dependen de los colores, y de a poco, gradualmente, la proporción de daltónicos - en este momento se calcula que una de cada diez personas tiene problemas para diferenciar algunos colores - va aumentando.
Es todo un tema la evolución. Primero se van los colores, después el apéndice - que antes se usaba para filtrar cosas que ahora ni siquiera sabemos qué eran -, las uñas de los pies - porque hay que admitir ya nadie se defiende usando las uñas de los pies -, y así partes y pedazos que se han vuelto obsoletos, de a poco van a convertirse en partes y pedazos acordes al mundo en el que vivan esos seres humanos, adaptados a su entorno.
Qué bárbaro…
Lo que es yo, no veo la hora que la humanidad evolucione y así pierda las putas muelas del puto juicio de una puta vez, porque la mía en este momento está haciendo de mi boca un infierno.

16 sept. 2009

Un ratito mas...



Me estoy durmiendo.
Literalmente.
Esto lamentablemente no es un eufemismo ni una exageración, es la pura verdad. El día se mueve a mi alrededor como barro y me está costando un huevo nadar en él. Se ve que la tensión de la semana pasada me alcanzó finalmente y el hecho de que H esté haciendo reposo obligado y no pueda ayudar con los chicos me gasta mas de lo que pensaba.
Uno diría por qué no duermo mas entonces, y ese sería un fantástico consejo, pero con los horarios que yo manejo en el laburo y el hecho de que mis días terminan re tarde, para cuando finalmente bañé, alimenté y acosté al último crío (sin olvidar jugar un poco, leer un poco, mirar dibujitos un poco) y tengo tiempo para cenar y bañarme y poder leer alguna historia o ver algún programa en el cual no haya personajes animados tratando de enseñarme algo que ya aprendí, pasan de las 10.30 pm, mas bien llegando a las 11.
De ahí que no sorprenda el hecho de que esta mañana en la biblio - entre el silencio de que los martes no hay clases, el murmullo de la computadora, lo tibio de la estufa, el vago dolor de garganta y su consecuente analgésico, el solcito que entraba por la ventana, mi ida a dormir a la 1, mi paseo trasnochado porque Zeke lloriqueó a eso de las 3 y el despertador a las 7.15 - en cuanto apoyé la cabeza en el respaldo de la silla, aburrida de ingresar libros, y pensé Cierro los ojos un minuto, para cuando me quise acordar ya había pasado media hora.
Sinceramente cabe agradecer que los martes no pase nadie por ahí en la mañana… Porque miré a mi alrededor, me ajuste en una posición menos conspicua - lease apoyé mi cabeza en mi mano, el codo en el apoyabrazos, cuestión de poder decir sinceramente sólo estaba descansando los ojos - y dormité un par de minutos mas.

15 sept. 2009

Dios bendiga la maravilla


Henry le hizo un truco de magia a Rorro mientras almorzábamos. Pusieron una moneda en un vaso colorado, H lo tapó con la mano, hizo que Ro soplara y voila, al levantar el vaso, la moneda estaba debajo. Mi niña y sus ojos como platos. Henry apoyó el vaso sobre la moneda, hubo otro soplido involucrado y al volcar el vaso, oh, la moneda estaba dentro. La desconfianza natural de Rosarito se llenó de maravilla. Henry enderezó el vaso, le alcanzó la moneda, y el truco sucedió de vuelta con Rorro preguntando: "¿Cómo lo hiciste?", feliz de la vida.
Después llegó Zeke y desbarató todo el asunto, escondiendo sin darse cuenta las dos monedas - sí, era un truco, lo lamento, Henry no hace magia realmente - , salvando el momento.
Un par de minutos después Rorro llevó su plato a la cocina para lavarlo y pude verla girando sobre si misma, dos o tres veces, murmurando: ¡Abracadabra, abra de pata, que desaparezca lo sucio!" y luego mirando el plato y - casi casi - sorprendida cuando lo sució no desapareció.
Como dijo Henry, Dios bendiga a las nenas de 4 años, porque cuando tenga 5 no creo que funcione.

12 sept. 2009

Microliteratura


Hay un concurso en la red de microliteratura. Cuentos completos de 100 palabras o menos. No sé si voy a participar o no, pero quería opiniones... si alguien le interesa opinar...
Por supuesto, sean tan amable de no robárselos, porque tarde o temprano la banshee que lanzaré sobre ustedes va a alcanzárlos - bicho tozudo las banshee si las hay..:
  • Subterraneo
Él tomó el subte como todos los días.
Cruzando el vagón descubrió a una chica que, morena y preciosa, nueva en su paisaje habitual, leía un libro.
La estudió a través de las estaciones, queriendo hablarle, hipnotizado en silencio por su clásica figura.
Las estaciones pasaron, Palermo, Plaza Italia, Scalabrini Ortiz, y en Bulnes ella guardó el libro, se puso de pie y se ubicó frente a la puerta junto adonde él se apoyaba.
Él se mojó los labios, este era el momento. La puerta se abrió, él no supo que decir, y cuando ya se estaba bajando, ella lo miró con cierta pena y le dijo,
-Con un hola hubiera bastado.- y desapareció entre la gente.
  • El Zorro y La Liebre
El zorro finalmente acorraló a la liebre contra un cerco y acercándose para quebrarle el cuello de un mordisco se detuvo en seco cuando ella gritó,
-¡No me mates!
-¿Por qué no habría de hacerlo?
-Porque yo soñé este exacto momento, pero yo era el zorro y vos la liebre, y si me matás esta historia volverá a repetirse nuevamente, hasta que alguno de nosotros rompa el círculo.
El zorro parpadeó,
-Yo también tuve ese sueño.
-... ¿Y?
-Vos tampoco me creiste.- y la degolló.
  • Los Extraterrestres.
Los vio por primera vez un martes de mayo. Al principio ni siquiera se percató, uno mas en la multitud, pero despacio fue cayendo en la cuenta de que cada vez eran mas, vigilándolo en las esquinas, en los portales, fingiendo ser porteros, diarieros, kiosqueros, gente de todos los días, cuando él sabía sin dudas que venían por él.
-¡No es paranoia!- defendía su postura.
Se lo llevaron un martes de agosto, disfrazados de hombres de blanco. No los reconoció de entre los miles de perfiles dibujados en sus paredes. Sus gritos resonaron mientras su mujer terminaba de firmar los papeles.
-¡Miren! ¡Ven! ¡No es paranoia! ¡¡No es paranoia si vienen a buscarte!!
  • El Sapo Principe.
-Una hechicera me convirtió en rana, sólo necesito el beso de una princesa para liberarme.
La chica miró al batracio a sus pies, todos los cuentos de hadas de su infancia apilándose en su mente.
Levantó a la criatura y conteniéndo una mueca de asco le dio un beso en la piel verde moteada.
El hombre desnudo se enderezó, libre al fin del hechizo y miró a la flamante rana que croaba confundida a sus pies,
-Harías bien en no creer en cuentos de hadas.- y se marchó a buscar un par de pantalones.
  • Eso del Destino No Existe*
La gitana le devolvió su mano y moviéndo la cabeza con pesar predijo,
-Tu vida terminará un martes.
A partir de ese día, Molina los miércoles respiraba tranquilo, los jueves, sábados y domingos los disfrutaba, los lunes eran un infierno y los martes los pasaba metido en su cama. Eventualmente los domingos también se volvieron infernales. Pasados dos meses, también el sábado. Luego el viernes, y continuó así hasta que llegó el día en que ya no pudo salir de su casa…
Finalmente Molina no pudo soportarlo mas y se pegó un tiro un jueves.

(*este tengo ciertas dudas, por que tengo el vago recuerdo de alguien contándomelo, pero de todas maneras está muy bueno)

11 sept. 2009


Ok, el día sucedió así.
No fui con Henry a las 7am como estaba planeado porque alguien tenia que llevar a la Rorro al colegio - y la madre obviamente es la carta por default - y llegué al Policlínico a las 8.30. Ya instalado el chico miramos TV, él muy cómodo en su cama, yo retorcida en mi silla negra. Hablamos de las ventajas de la anestesia local sobre la total, de las Obras Sociales que siempre te garcan, del paisaje al otro lado dela ventana. A las 11 lo vinieron a buscar, se lo llevó el camillero envuelto como un panqueque, y yo me senté a esperar con las facturas que pasara a dejar mi suegra.
Disfruté la la lectura - elegí un buen libro, nunca puede uno equivocarse con Terry Pratchett - hasta las 12.30 que llegó mi suegra again, a hacerme compañía, hablando hasta por los codos mientras yo queria escuchar los Top20 de MuchMusic y continuar con mi libro... Finalmente se fue a la 2, previo paso ponerme nerviosa porque no lo traían a Enriquito. Ataqué de vuelta el paquete de facturas - y con esa ya iban cinco.
A eso de las 2.30 de la tarde - ya llevabamos mas de 3 horas esperando - fue cuando sucedió the highlight de mi día:
Sentada muy tranquila - o al menos aparentando estar tranquila - escucho a las enfermeras pasar por la puerta, llendo a la habitación de al lado, y una le comenta algo a la otra y me llega el apellido de Henry. Paré la oreja: murmullo, murmullo, Dr Noguera, murmullo, murmullo, lo perdimos, hay que llamar a Buenos Aires...
¿Cómo que lo perdieron? ¿Qué perdieron? ¿Un papel? ¿Una carpeta? ¿El control remoto? ¿El Imperio Otomano? ¿¡Qué?¡
Cabe decir que no salí corriendo a preguntarles qué mierda era lo que habían perdido en parte porque se me cayó el alma al piso, en parte porque estaba hecha un bollo en el sillón y creo que mi columna después de 4 horas ahí sentada no respondía con tanta premura como en otras circunstancias.
Me calmé, me atuve a la primera regla de las noticias - pas de nouvelle, bon nouvelle -, me puse las botas y fui a preguntar a la estación de enfermeras si tenían noticias. Me miraron mal, creo que porque las interrumpí en su té, y traté de adivinar si me estaban ocultando algo cuando me dijeron que no... el espionaje se me da fatal, por cierto.
Cuando llegó mi suegro ya había logrado yo superar mayormente la charla de las enfermeras - estúpidas chismosas, mi corazón nunca recuperó su ritmo normal - y no le comenté nada al pobre hombre porque me sentía una alarmista... aun cuando por supuesto estuve alarmada hasta que llegó Henry a las 3 30, dolorido pero entero y perfectamente no perdido.
Espero por mi parte - y con rencor plenamente justificado - que esas enfermeras nunca encuentren lo que sea que se les haya traspapelado.

10 sept. 2009


Mañana lo operan a Henry de una hernia.
No me gusta nada.
No me gusta que tenga una hernia; no me gusta que lo operen; no me gusta que todos me digan que una hernia no es nada - me siento mollycoddled, la anestesia sigue siendo algo jodido; no me gusta tener que levantarme a las 6 am para acompañarlo a las 7 am - voy a andar medio dormida todo el día; no me gusta el hospital al que tengo que acompañarlo a las 7 am - hubiera preferido otro; no me gusta no saber exactamente a qué hora lo operan; no me gusta el tener que esperar a que todo esté bien; no me gusta no conocer al médico; no me gusta tener que elegir qué libro llevar para leer en la sala de espera - si no elijo bien capaz que me aburro enseguida; no me gusta tener que avisar que voy a faltar al laburo - aun cuando obviamente todos me dijeron que no había ningún problema ; no me gusta la comida de la cafetería en los hospitales; no me gusta saber que no hay internet en el area y no puedo llevar mi netbook; no me gusta no saber que decirle a Rorro al respecto - no le hemos dicho nada; no me gusta pensar que tengo que cargar música extra en el mp3; no me gusta que quizás no llegue a ver a los chicos hasta la tarde; no me gusta pensar en el post operatorio - en mi casa hay escaleras, va a ser una joda; no me gusta pensar que voy a tener que quedarme toda la noche; no me gusta la idea de tener que hacer un bolso para pasar toda la noche - nunca sé exactamente que poner.
Pero lo que realmente, definitivamente, absolutamente no me gusta es cuando me distraigo y dejo de pensar en todas esas boludeces y pienso en las cosas que pueden salir mal.

El otro día en la reunión de padres de Rosarito conocí al padre de Lara, una de las amigas de Ro. Un tipo simpático, normal, mas bien bajito, morocho, con un cierto parecido a Armando Manzaneros. Cruzamos un par de palabras en la reunión, y a la salida, cuando me puse a pedir números de teléfonos como para hacer una lista de compañeritos mas o menos completa, no alcancé a pedirle el suyo.
No me preocupó mucho, Rorro no es muy amiga de Lara, y eso fue todo.
Ayer entró a la biblioteca un tipo del curso de adultos a pedir un libro. Ya había venido antes, yo no lo había registrado mucho, un tipo simpático, normal, mas bien bajito, morocho, con un cierto parecido a Armando Manzaneros…
Y yo pensé, “¿este no es el padre de Lara?”
El no dio ninguna señal de que nos hubiéramos visto en alguna otra parte, pero obviamente eso no es prueba contundente de nada, el caballero puede tener una pésima memoria - como yo -, o simplemente pensar que soy una grosera. Y si bien yo conozco su apellido como alumno de la Cultu, vaya uno a saber si es el mismo que el apellido de esta chica. Con la política que tiene el colegio de la Ro de no dar ningún tipo de información a través del colegio - una paranoia galopante si me preguntan a mí - no tengo forma de constantarlo discretamente.
Así que lo dejé pasar, él se fue con su libro y el día continuó.
Supongo que el misterio me seguirá hasta la próxima reunión de padres, donde cuando vea a este señor probablemente vuelva a pensar “qué parecido que es a Armando Manzaneros” y así reafirmaré mi aparente - y apostaría que errónea - apreciación de que todos los hombres que se parecen a Armando Manzaneros son el padre de Lara.

8 sept. 2009


Reunión de padres en el colegio de Rorro.
Detesto las reuniones de padres en el colegio de Rorro.
Temo finalmente que toda esa gente se de cuenta de que no soy un adulto, que todavía soy una adolescente de 18 años, que estoy bailando tan rápido como puedo y que hace años que los estoy engañando.
Así que cada vez que hay una reunión de padres me preparo mentalmente para parecer un adulto competente - a ver si logro preservar el engaño un tiempo mas - y pienso en preguntas que hacerle a las maestras, como para probar que soy una madre responsable y que tengo una cierta idea de lo que estamos hablando.
Así que me pido el tiempo en el trabajo, voy hasta el jardín, saludo a los que conozco, pongo mi mejor cara, me siento en una de las sillitas, escucho el discurso sobre como van nuestros hijos - esa parte sí me gusta - y luego empieza la ronda del :“¿Alguien tiene algo que agregar? y yo junto coraje, pienso “este es el momento”, me mojo los labios, voy a preguntar… y para mi inmenso alivio, un padre, dos sillas mas allá, levanta la voz y se me adelanta. Yo asiento veloz, lo señalo y digo: “eso” y confío en que el resto de la reunión pase rápido porque ya me agoté.

7 sept. 2009


Estoy pensando en hacerme otro tatuaje.
De hecho lo estoy pensando hace tiempo ya. No sólo porque me han dicho que tener un número par de tatuajes traen mala suerte - me pregunto que tan buenos hubieran sido estos últimos años si hubiese tenido tres tatuajes en vez de dos, porque la verdad, sin quejas - si no porque quiero algo que me recuerde a mis niños. Al cabo que los tatuajes - al menos los míos - conmemoran momentos que en su momento resultaron lo suficientemente importantes como para llevarlos en la piel, ¿cómo no ponerlos a ellos ahí?
Pero se me hace terriblemente difìcil definir a mis cachorros con un par de dibujos. Al cabo que mis hijos - supongo que todos los hijos deben serlo - son una amalgama perfecta de todo lo que hay de bueno, mágico, aterrador, fantástico, exasperante e inolvidable en este mundo. Y no sé muy bien como resumir eso.
Primero pensé en poner sus nombres, pero se me hizo muy graffiti. Mas me valiera poner un corazón y escribirlo en la pared de mi casa. Después me puse a buscar cómo se traducen sus nombres a otros idiomas, otros alfabetos. El arábigo, el cirílico, el hebreo, cualquier cosa que me sacara del occidental. Pero no luck. ¿Un dibujo que tradujera su etimología? Rosario es fácil, Ezequiel… no tanto.
Finalmente, leyendo una historia en alguna parte - una historia muy mala, muy larga, llena de detalles sobre personajes obtusos a la que sin embargo no puedo evitar volver cada tanto para ver si la persona que la está escribiendo ya subió la siguiente parte - uno de los personajes - uno de los obtusos, sí - tenía en el tobillo tatuada la fecha de nacimiento de su hijo con número romanos. Una larga seguidilla de ies, equises, emes y v cortas… Y me gustó la idea. Hay algo seguro y reconfortante en los números romanos. Algo estable. Los relojes lo atestiguan. Así que me parece que con eso voy a quedarme. Una coordenada ilegible arriba de la otra, la de Zeke mas larga que la de Rorro, un testamento marcando el momento exacto - perfecto y delirante, ¿qué mujer en su sano juicio pasa voluntariamente por eso? - en que irrumpieron en mi mundo.
Ahora, y abriendo todo un nuevo debate interno, sólo tengo que pensar donde mierda lo voy a poner.

5 sept. 2009


Me quedé colgada con mi post anterior y mi total apreciación de los finales felices.
Hace un tiempo, discutiendo con alguien en un foro respecto a una serie, yo argumentaba que no me gustaba la dirección que esta serie había tomado porque se alejaba completamente de todo lo que yo - y muchísimos fans mas - apreciabamos en ella. Es decir, la serie - de ciencia ficción - había empezado como algo bastante divertido, no siempre bien escrito, que no se tomaba muy en serio pero que siempre te dejaba un sabor de boca agradable. Donde si bien cosas muy malas podían pasar, para cuando terminaban los 48 minutos, los buenos estaban en pie, los malos habían sido contenidos y uno estaba listo para esperar el próximo episodio.
La nueva dirección que los productores de la serie tomaron no es así. Para el final del último episodio, cosas muy malas habían pasados, los malos habían sido contenidos a duras penas y de los buenos solo quedaban 2.
No hay que andar aclarando que esto me dejó re triste.
En fin. Yo discutía con esta persona que cual era la necesidad - súbita y sin aviso - de hacer eso con una serie que hasta entonces había sido famosa por su espíritu mas bien festivo. El argumentaba que ahora la serie era mas realista - como si fuera realismo lo que uno busca en la ciencia ficción -, mas seria, y que si yo no era lo suficiente madura como para soportarlo, que fuera a mirar a los CareBears…
Es ahí donde me perdió. Quiero decir, ¿cuál es la definición de madurez para este tipo - o esta chica, no quiero discriminar? ¿No basta con tener que vivir en el mundo todos los días, ver el noticiero y saber que las cosas no mejoran y probablemente nunca lo hagan, pagar las cuentas, alimentar a los chicos, trabajar todo el día, tratar con los mal humores ajenos y luchar para llegar a fin de mes, que además tengo que ver series “realistas” para probar que soy una persona madura? Que cosa mas absurda. No digo que uno tenga que ver siempre cosas con finales felices, que uno pretenda el engaño total, que uno tape el sol con la punta del dedo y se meta los dedos en los oídos para no escuchar el incendio. Hay muchos dramas por ahí muy bien escritos que disfrutar. Pero, ¿por qué tengo que sentarme frente a una tragedia griega y asentir y no protestar y decir: “Sí, por supuesto, que obra de arte” sólo para probar que soy una persona madura? ¿Por qué no puedo ser una persona madura frente a los muppets?
No me molesta que la serie esta siga el camino que le cante - bueno, sí me molesta, pero shhh, voy a hacer como que no - pero me molesta mucho que la gente asienta y diga pomposa “sí, mucho mejor, antes, cuando nadie moría, uno no podía tomárselo en serio.”
A veces la gente madura se pasa de rosca.

4 sept. 2009

Yo creo en los finales felices...



Anoche vi Leverage.
Tengo que decirlo, Christian Kane haciendo de “músculo”... está terrible.
Hay algo eminentemente sexy en un hombre que puede dejar desparramados en el piso a cinco de los malos en un episodio, en otro pelear con una agente israelí - que por cierto, también estaba terrible - y en otro hacer de profesor de gimnasia y dejarse tumbar por un grupo de nenas muertas de risa. Le hace bien a mi alma... entre otras cosas.
Quizás sería bueno que alguien le sugiriera que dejase de usar el gorrito de lana calado hasta los ojos, porque si bien tiene unos ojos azules realmente bonitos, no da. Pero no vamos a usarlo en su contra, simplemente pensaremos que es un error de la gente de vestuario.
Por suerte, el resto de la serie me resulta igual de atractiva, porque si bien Kane es lindo, bancarme toda una serie por un hombre bonito no me resulta. El pibe que hace de Clark Kent en Smallville creo que es uno de los hombres mejores plantados que he visto nunca… y no logré pasar de la primer temporada.
En Leverage la historia está bien escrita, no tiene demasiados plot holes que uno no pueda obviar sin mayores problemas, suele ser divertida, los personajes están bien delineados y los romances subterráneos están bien llevados.
Pero lo que a mí me gusta de Leverage, lo que realmente me gusta - además de mi ya confesada debilidad por el personaje de Elliot -, es el hecho de que siempre ganan. No es que solucionan el crimen o resuelven el problema. No. Esta es una serie de acción. De buenos contra malos y los buenos ganan. Nunca hay dudas al respecto. Ja, amo eso. Mi niña interna, siempre dispuesta a creer lo mejor de los demás, sonríe feliz.
Es decir, son un grupo de estafadores del lado de la justicia - oximorón como pueda sonar eso - y al mejor estilo Brigada A - todos los que nacieron en los 90 vayan y chequen IMDB -, su motivación es salvar a un sujeto pobre de las maquinaciones de un sujeto rico… ¿cómo pueden perder? Obviamente, siempre hay un momento en que uno piensa: “¡No, los van a pescar!”, que tipo de historia sería si no los tuviera, pero el momento pasa, los malos reciben su merecido, nuestros héroes salvan el día, todo termina y yo me quedo con la sensación de que el mundo, en algun lugar - completamente ficticio, pero bueno, uno tiene que tomar sus dosis de donde pueda - las cosas son mejores que en este.

3 sept. 2009

El Inicio del Sarcasmo



Rorro fue a pasar la tarde a lo de una amiga.
La pasaron a buscar al mediodía y la fuimos a buscar a la tardecita, lo que implicó un oasis de paz para todos los habituales damnificados por el huracán Rosario.
Cuando volvió traía las uñas pintadas de rosa, feliz de la vida, su alma de princesa satisfecha ante el coqueto detalle,
-Que bonitas.- aprobé, y ella sonrió chocha.
-Me las pintó Valentina.- explicó, y la cosa quedó ahí.
Un par de horas después, la estaba cambiando para irse a dormir, y al sacarle las medias me encuentro que también tenía pintadas las uñas de los pies, aunque esta vez de amarillo.
-También te pintaste la de los pies.- dije yo, con ese talento para remarcar lo obvio que algunas personas tenemos.
Rorro me miró sin expresión por un segundo, y finalmente contestó, muy seria,
-No, mamá, se me están pudriendo los dedos…
Obviamente yo largué la carcajada y dos segundos mas tarde ella me acompañó. Pero aún así no deja de sorprenderme el manejo que tiene del sarcasmo mi niña de sólo cuatro años.

2 sept. 2009


Tengo miedo de volar.
Esto, lamentablemente, es un evento reciente. La maternidad me jodió algo en las conexiones del cerebro - una dendrita se sobrecargó y se ve que saltó la térmica - y algo que antes no me producía nada mas que una ligera molestia... una cierta inquietud... ahora me provoca un pánico cerval.
Una cagada, resumiendo.
Cuatro veces crucé el charco - dos de ida, dos de vuelta, por si las matemáticas fallan -, lo que hace un total de 48 horas de vuelo, y nada. Vi las películas, leí el libro de bolsillo de turno, comí la comida - ¿polo o pesce? preguntaba el aeromozo de Alitalia, con su mejor sonrisa -, escuché música hasta decir basta, y apenas si hubo un par de temblores en mi sistema nervioso...
Después de que naciera la Rorro viajé a Buenos Aires, y de la hora y media que estuve en el bendito avión mi asiento todavía tiene las marcas en los apoyabrazos. Mi cuerpo inmóvil se aferraba al aparato, como si hubiese hecho alguna diferencia en el caso de que todo el armatoste se fuera al carajo, y mi mente, en forma de un tipito histérico retorciéndose las manos, corría arriba y abajo por el pasillo gritando:"¡Vamos a morir! ¡Todos vamos a morir!"... Por suerte esto último sólo sucedía dentro de mi cabeza, porque hubiera sido terriblemente embarazoso para Henry.
El punto es que ahora, además de la Rorro, existe Zeke, asi que olvídenlo. La sola idea de acercarme al avión me dobla las rodillas.
Cabe agregar, en un veloz aparte, que el mundo se ha encargado de hacerme notar de todas las maneras posibles lo absurdo de mi postura, pero no veo la salida del laberinto. Si el avión no se cae, mi postura absurda se mantiene; si el avión se cae... bueno, no creo que sea el momento adecuado para decir TE LO DIJE.
En fin.
El problema, porque obviamente atrás de todo este soliloquio hay un problema, es que se acerca el casamiento de mi hermana... Obviamente hay que viajar. Y no quiero - no puedo, me rehuso, me aterra - viajar en avión. Si fuera yo sola la que viajo, todo bien, viajo en bondi, todos felices y contentos, la imagen se cierra, ruedan los créditos. Pero por una cuestion de parentesco - mi hermana quiere que estemos todos en su casamiento, donde se ha visto - viajo con hubbie e hijos... lo que basicamente me obliga a redefinir mis planes y tener que considerar la idea del avión. 14 horas de omnibus con dos críos a cuestas no es moco de pavo...
Así que acá estoy, pobrecita yo y mi psicopatía, barajando posibilidades. Tengo un ratito para decidir, ya que antes saque los pasajes, mayor el descuento que consigo, pero sinceramente no... Porque consideré la idea de doparme hasta las cejas y que me suban en una carretilla y me bajen en tobogán, pero la tuve que descartar practicamente enseguida. Henry no puede con los dos chicos Y conmigo en estado alfa.
Me parece que la mejor va a ser to split la familia, tirar una moneda y viajar con el que pierda en bondi, mientras que mando al ganador con Henry en la avioneta... Y que conste que esa opción, tampoco me deja tranquila.

1 sept. 2009


No llueve.
En Buenos Aires tengo entendido que está lloviendo a cantaros, mientras que acá en Neuquén las nubes nos tapan desde hace un par de días y nada.
Es lo que suele pasar, tampoco puedo quejarme mucho. Gracias por lo menos que hay nubes. La mayoría de las veces el clima de esta ciudad es tipo desierto, con cielos bien celestes y soles que lastiman los ojos. Haber sabido que era así la mayor parte del año y lo hubiera pensado dos veces antes de hacer el traslado. Meses y meses de corrido sin ver una nube es algo terrible.
No me gustan los días de sol. Me molestan. No que no aprecie el desparramarme en una reposera junto a una pileta, o las tardes de invierno, abrigada leyendo al lado de una ventana. Puedo apreciar los detalles. Pero, por regla general, me molestan. Desde siempre. Me hacen sentir expuesta. Algo bastante tonto, en qué afecta mi exposición el que haya nubes o no -como no sea el riesgo a un cáncer galopante-, pero me pasa. Los días de sol me siento vulnerable. Hay demasiado aire, demasiado cielo sobre mi cabeza. Las nubes me hacen sentir contenida, me atajan e impiden que caiga hacia arriba.
Me pasa lo mismo en el campo, cuando voy a visitar a mi viejo. Pararme en un potrero y mirar el horizonte, allá a lo lejos, entre nosotros sólo kilómetros y kilómetros de tierra, me pone nerviosa, inquieta, como un caballo frente al fuego. Necesito algo para distraer la vista. Necesito montañas que corten el paisaje. Necesito nubes que corten la expansión de cielo.
Terry Pratchet dice que las religiones y las filosofías nacen en los desiertos y en la soledad, porque el hombre expande su espíritu para llenar el vacío. Es probablemente por eso por lo que a mí me molesta todo ese espacio. No alcanzo. No es una cuestión de ego, no es una cuestión de amor propio, es una mera cuestión de energía. Me da miedo estirarme… y perderme. Puedo sentirlo dentro, empezando, buscando algo en la distancia... Hay gente que sabe manejarlo. Hay gente que puede vivir en la expansión - de cielo, de tierra, de mar - y conoce su lugar. Yo no me sé encontrar…
Si sigo así voy a tener que empezar una nueva religión.