Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

31 may. 2010

Desvío



Hoy que es lunes yo venía lista para escribir un posto sobre fantasmas. En serio. De verdad. Tomé el té con una amiga y tiene la casa llena de historias... Por una vez no son lloriqueos o gritos en mi pasillo o cajas que se mueven la biblioteca...

Pero bueno, decía yo entonces, resulta que llegué a mi blog - porque en casa casi no lo puedo mirar entre los Mamá!!s constantes y la Vida Real en movimiento - y me encontré con que Alex y Marina, dos mujeres grossas, me habían dejado un premio. A mí! - a ver, allá al fondo, el de las carcajadas...
Este premio, acá abajo, muy monono



y vamos a ser honestas, un premio siempre le gana a una historia de fantásmas... Al menos hoy lunes a la mañana, que ando medio dormida. Mañana pienso postear la historia del pianito, para que nadie me se quede con la intriga.

El premio, por cierto, viene con instrucciones - porque nada es gratis en esta vida, lo sabemos todos - y lo que yo tengo que hacer es postearlo (hecho), ponerlos acá al costado (hecho) y luego pasárselo a siete bloggeras - no necesariamente bloggeras, pero al ser una chambomba hay muchachos que podrían no tomárselo a bien, ustedes sabrán a quien se lo dan - a quienes uno admire (hecho)

Dejenme ver, porque a Alex y a Marina ahora no se los puedo pasar - se cierra mucho el círculo, vio - y hay que repasar la lista para sacar sólo siete ...

LadyMarian - porque siempre admiro a las mujeres que leen
Flor - porque me vino a visitar al blog un día y se quedó, trayendo a Menorca con ella
Dosto - porque me gustan los retazos de su vida y ella también :)
Tita - porque es la única vampira que conozco y temo que venga a por mi si no la nombro
Jime - que escribe muchísimo y nunca llego a leer todo pero lo que leo siempre me gusta
Chiru - que la noto seria estos días, a ver si un premio la hace sonreír hoy
eMe - porque las bibliotecarias tenemos que mantenernos unidas

y esas son siete. Hay mas a las que pondría en la lista, pero quiero seguir las reglas porque soy una chica que hace las cosas bien... ¿Cómo dice?... ¿Qué está queriendo usted insinuar?... A ver si se retira, Bebilacqua, siempre diciendo burradas usted, habrase visto, hablar así de mí, que acabo de recibir un premio... Y no crea que no me di cuenta que era uste´el que se estaba riendo allá arriba, cuando anuncié que me habían premiado...
Oiga, Bebilacqua, groserías no, eh?

28 may. 2010

Continuará.


Me molestan los To Be Continued.
Sip.
A mi me gustan las historias completas, caramba, detesto que me dejen con un "Eh?! Cómo?! Pero...! Noooo!"
Y viendo y considerando que hace tiempo que no veo series en televisión y no estoy sujeta al "mañana a la misma bati hora por el mismo baticanal", ¿cómo puede ser que en esta semana haya caído en el To Be Continued tres veces sin siquiera una advertencia? ¿Cómo nadie me avisó así bajaba la primera parte, me aguantaba las ganas, bajaba la segunda y hacía cartón lleno de una tirada?
¿Eh?
¿EH?
¿EH?

Fringe. Episodio doble. La primera parte terminó con Peter en el universo paralelo y Olivia, Walter y los otros dos Chicos del Clorixapan - o como sea que se llame la droga con la que estuvieron experimentando con esta gente - cruzando al otro lado para traerlo de vuelta.
Maldito cliffhanger. ¿Cómo cruzaron? ¿Quién es esa gente? ¿Por qué viajó Walter? ¿Cómo demonios me dejé enredar por esta serie delirante que se toma en serio? Por suerte ya vi la resolución, pero aún así, muy molesto.

Stargate Universe. Episodio doble. La primera parte terminó con el Dr Rush en manos de la Conspiración Lucian mientras el traidor - Lou Diamond Phillips, porque ni idea su personaje como se llama - está a punto de ser asfixiado en uno de los camarotes de la Destiny porque Young ordenó que le cortaran el soporte vital si no les decía a donde lo habían llevado.
Otro cliffhanger. ¿El Dr Rush podrá hacer lo que quieren los malos? ¿Será Young capaz de matar a Lou Diamond Phillips a sangre fría? ¿Tendrá CJ su bebé en la nave? ¿Engañará Scott a Chloe con la tetona? ¿Cómo fue que una serie de aventuras se convirtió en una telenovela en el espacio exterior?
De este todavía no bajo el final, así que no tengo respuestas para eso.

Dr Who. Episodio doble. La primera parte terminó con el Doctor descubriendo una civilización bajo tierra, acompañado por una geóloga de ascendencia hindú - los británicos siempre tan cosmopolitas - mientras Amy estaba por ser viviseccionada por un Hombre Lagarto y Rory espera en una iglesia en medio de la Nada, Inglaterra, a ver si los Hombre Lagarto que viven bajo tierra nos declaran la guerra o no. ¿Viviseccionarán a Amy? ¿La geóloga sobrevivirá al paseo bajo tierra? ¿Aprenderá a leer le pendejo con dislexia? ¿Cómo puede ser que una serie con premisas tan pavas sea tan terriblemente entretenida y esté tan bien lograda? El sábado dan la segunda parte. Y yo tamborileo los dedos en la mesa.

Como podrán notar, toda mi lista es ciencia ficción. Parece ser que la ciencia ficción estos días quiere crear expectativa. Escritores hinchapelotas. Las demás series que veo - dos, porque las otras están en hiatus - tienen el buen tino de no hacer este tipo de tonteras y mantienen una línea completa. Al menos por el momento, no vamos a andar cantando victoria todavía, siempre se pueden salir de control cuando uno menos lo espera.

27 may. 2010

En Otra Parte...


Salimos para Neuquén el viernes a la nuit, pertrechados con las famosas tortafritas y demases tonteras para hacer el viaje mas ameno.
Fue un viaje perfectamente tranquilo, no pasó absolutamente nada memorable - vimos ciervos, así de reojo, iluminados por los faros al pasar, ahora los ves ahora no - y llegamos a la cabaña provisional de Parques que nos había conseguido mi cuñada para pasar la noche.
No vayan a la cabaña de Parques. No es mala. No. Es modesta pero está bien cuidada... Pero no es el lugar al que querés llegar a la una de la mañana con los niños cansados para encontrarte que si bien tiene loza radiante ha estado apagada todo el día y que las camas sólo tienen una colcha y ninguna frazada.
Apilamos camperas, nos tomamos todos un nesquick caliente, la Ro se desmayó donde le tocaba, Zeke necesito un poco mas de trabajo y finalmente logramos descansar.

La cabaña propia propia - que lindo que hablo - del día siguiente donde nos esperaban mis suegros, estaba muy linda. Mal cuidada, un poco venida a menos, pero limpia, calefaccionada y grande, como para todos los que éramos. Tenía un perro afuera, con el que Rorro se hicieron fiestas mutuamente durante toda la estadía. Tenía un quincho - mal cuidado, un poco venido a menos, calefaccionado y grande, lo de limpio me lo ahorro - que no se podía reservar si no que tenías que usurparlo, o sea que la primera noche nos trasladamos ahí tempranito, unos a jugar al ping pong - la pobre mesa era viejísima, las patas torcidas bajo el peso de los años -, otros a hacer el asado, y para cuando llegó mi cuñado Christian y su flia a las 8 y media ya teníamos todo casi listo, por lo que comimos tempranito, mientras mis niños y sus primos corrían como locos alrededor de la mesa de ping pong, jugando a "no dejes que te atrape el zombie"... Ah, los niños de hoy en día.

El domingo fuimos a conocer la casa donde se acaban de mudar Chris, Rosy y los chicos, que es mas grande que la que vivían antes, por lo que debo asumir que la casa donde vivían antes debía tener el tamaño de una caja de zapatos, porque la casa donde están ahora no es precisamente espaciosa... Una caja de heladera quizás... Ni está del todo bien puesta, la escalera que lleva al piso de arriba tiene la particularidad de estar torcida, ya que una de las maderas que la sostiene en mas corta que la otra, produciendo un efecto de Casa de las Locuras de parque de diversiones que no debe ser nada gracioso cuando uno tiene que bajar al baño en mitad de la noche con alguna urgencia.
Pero es todo temporal, están ahorrando para construir ya que después de mucho bregar se han comprado un terreno en lo alto del cerro, allá donde Judas perdió el poncho, donde te lleva veinte minutos solamente subir la montaña, si es que lográs subirla y no te quedás empantado por culpa del barro de las últimas lluvias.
Fuimos a verlo el lunes a la mañana y pese a todas mis protestas, tengo que decir que es un lugar precioso. Lleno de bosque y con una vista que corta el aliento. No saben cuando van a empezar a construir - hay años en esa idea - pero el terreno está.

El domingo, decía entonces, almorzamos una tallarinada en la casa mas-grande-que-una-caja-de-zapatos-pero-menos-que-una-caja-de-heladera y después nos fuimos a pasear por la orilla del Lakar, porque a Henry no le resulta ir a San Martín a no hacer nada - comer y caminar por el centro no le parecen algo meritorio - y se la pasa metiéndosela con mi sentido de la aventura. Como si yo tuviera alguno. A veces pienso que se casó conmigo engañado, pensando que yo era alguien mas. Pero le di el gusto y fuimos todos a pasear un ratito por la orilla, donde el viento nos corrió mal y Zeke aprendió a decir "frío", mi pimpollo de sedentario, parado a la orilla del agua, emponchado como un coya, las manos en los bolsillos, mirándome con cara seria, murmurando "`ío, `ío!" Rorro no, por supuesto, corriendo cual india, las perneras todas mojadas, feliz de la vida, su idea de ser princesa olvidada en haras de ser una salvaje cualquiera.
Caminamos hasta el muelle y volvimos. No fue una gran aventura, pero no daba para mucho mas. Quedamos con Henry que cuando volviéramos en épocas mas benignas yo iba a desempolvar mi espíritu de aventura - desenterrar y darle respiración artificial mas bien - y acompañarlo a recorrer la zona... Como si no la hubiéramos recorrido mil veces ya.

El lunes a la tarde, después de ver el terreno, almorzamos nuevamente en familia, esta vez en la cabaña nuestra, donde estábamos mas cómodos, y después de dar las hurras y despedirnos de todos, Henry decidió que nos íbamos a ir temprano. El plan era irnos el lunes a la nochecita, pero al final terminamos partiendo a las 4 30, mas o menos. Nosotros somos de irnos temprano - en este caso todo un día antes - para poder disfrutar de un rato en casa - en este caso todo un día entero - y ahorrarnos a la multitud que suele volver toda junta - en este caso todo un día después... No se si me estoy explicando bien...

El viaje de vuelta fue tan poco eventual como el viaje de ida - y ni siquiera vimos ciervos - con la única pega que yo almorcé con demasiada Coca Cola y tuvimos que frenar dos veces - después de dos embarazos mi vejiga no es lo que era - en mitad de la ruta.
"Ahí Henry, ahí hay un arbolito!"

Fue un lindo viaje, no muy estressante - yo no suelo descansar mucho cuando viajo con los niños, los amo, pero me agota tener que entretenerlos a la ida, a la estadía y a la vuelta, amén de hacerlos dormir en lugares nuevos, y hubbie no es muy ducho en esos menesteres - y all in all la pasé muy bien.

La única cagada fue llegar a casa y encontrar que la película que yo había devuelto el miércoles en realidad no había sido devuelta si no que había pasado el fin de semana largo durmiendo en el aparato de DVD. No me hizo nada feliz la idea de la multa. Pero por alguna razón, cuando fui a devolverla el martes a la tarde, resultó que la chica - miró la pc, miró las cajas vacías, miró la película, estudió la pc de vuelta, apretó un par de teclas, me preguntó si me llamaba António Alvarez, miró las cajitas vacías de vuelta, volvió a mirarme y - al final no me cobró nada porque parece ser que algo habían anotado mal.
Es el karma por lo de las tortafritas creo yo.

Y en alguna parte alguien festejó el Bicentenario, no sabría decir.

22 may. 2010

Lo Ilógico de las Torta Fritas


Como nos vamos de viaje decidí ir a comprar una docena de torta fritas, cuestión de que cuando llegáramos a destino a eso de la medianoche, mis niños, atiborrados de comida pesada - sí, sí, la madre del año me dicen a mí - se fueran derecho a dormir y no anduvieran desvelados por la cabaña.
Avisé en secretaría que salía un minuto y partí hacia mi panadería amiga - a estas alturas conocida por todos - donde suelo comprar mis torta fritas a 0,75 la unidad.

Entré, saludé a la chica del pelo violeta de la tarde, le pedí una docena de torta fritas y mientras las embolsaba sonó mi celular. Me disculpé - porque me revienta la gente que habla frente a uno, pero caigo en ese pecado cuando me llaman de casa por cualquier cosa que pueda pasar con los críos - y atendí a mi suegra, que no tenía nada importante que decir. En el interín, la chica tecleó la caja, agarró mi billete de diez y lo guardó. Yo le dije a Susan que la llamaba después, corté, y le indiqué a la chica que me debía un peso.

"No," me dice ella, "son diez pesos la docena."
Me la quedé mirando,
"No puede ser," contesté yo finalmente "porque la unidad está a 0,75 "
"Sí, bueno " me contesta, ya con cierto tonito " eso es porque la unidad es mas cara."
"No," le explico yo, con toda la paciencia del mundo, tratando de que no se me subiera el tonito a mí " porque 0,75 por doce son nueve."
"Bueno, " ya un tanto molesta " yo no pongo los precios ", escudándose en el yo sólo lo sirvo de los dependientes del mundo.
"Ya lo sé " pequeño burro ilustrado "Te entiendo. Pero ponete de acuerdo conmigo en que es absurdo que me estés cobrando mas caro mayor cantidad."
Se movió detrás del mostrador, molesta e incómoda, pero sin dar el brazo a torcer,
"... Bueno, es que antes vendíamos la docena a 8 pesos, pero ahora aumentó a 10. "
"Pero la unidad sigue a 0,75"
"Si no tendríamos que venderla a 85"
Respiré hondo, enfrentada a la pared del inoperante,
"Puede ser, de otra manera, vos te das cuenta que en este momento me estás estafando."
"... Acá siempre fue así."
¿Una estupidez monumental?
¿Un agujero matemático catastrófico?
¿Una estafa al paso?
Mantuve el tono calmo, ese tono forzado que uno usa cuando las ganas de zamarrear a alguien empiezan a burbujear,
"¿Vos entendés que si yo te pido tres torta fritas, y tres torta fritas, y tres torta fritas, hasta llegar a las 12, me va a salir mas barato que comprarlas todas juntas?" dándome cuenta de que estaba gastando pólvora en chimangos y que ella realmente y con todas las letras NO QUERIA PENSAR.

Nos miramos en silencio, ella belicosa, yo incrédula. Yo jugué con la idea de devolverle las torta fritas, pedirle que me devolviera el billete y después, y sólo por joder, pedírselas de una en una, pero finalmente claudiqué, tenía que volver a la biblioteca y todo el asunto me podía llegar a tomar un rato,
"Está bien, no te preocupes, quedate con el peso," mordiendo los dientes para esconder a mi niña interior que quería agregar, "y te lo dejo porque YO quiero, no porque hayas ganado" y me volví al laburo, pensando en como estupideces como esta hacen que el mundo sea un poquitito pior...

Digan que tengo torta fritas, que si no...

20 may. 2010

La Chica del Abrigo Rojo 1/2


"Caminó por entre las mesas del café, esquivándolas con la facilidad que da la costumbre, hasta llegar a la que se encontraba junto a la ventana. En un gesto automático se quitó el morral del hombro y lo colgó del respaldo de la silla, para luego poner encima su saco de corderoy. Se sentó e hizo un gesto al mozo, que lo saludó desde el otro lado del establecimiento y le indicó que ya lo atendía.
Con un suspiro - cansancio, resignación - movió la cabeza de lado a lado, haciéndo sonar sus vértebras, y se dedicó a mirar a través del vidro la plaza que se extendía al otro lado de la calle.
El reloj de madera de la confitería sonó las cuatro.
En cualquier momento ya.
En cualquier momento ella iba a cruzar el verde del parque, caminando por sobre las losas grises para sentarse compuesta en el banco debajo del gomero. Miraría su reloj pulsera, su boca dibujaría un gesto impaciente - un gesto que desde aquí él no podría ver pero podría adivinar -, y esperaría, su pelo castaño brillando rubio bajo la luz fracturada del sol entre las hojas. Unos momentos después, cuando el reloj confesara las `y cinco`, el hombre llegaría. Apurando el paso desde la calle opuesta, tarde, siempre un poco tarde. Molesto por haberla hecho esperar, ansioso por verla, se desharía en excusas y besos. Y ella lo perdonaría sin mas. Poniéndose de pie se envolvería en sus brazos como otros se envuelven en mantas, y su boca haría un gesto de contento - un gesto que desde aquí él no podría ver pero podría adivinar.
El mozo se llegó hasta su mesa y lo saludó con la familiaridad que da la repetición,
-¿Lo mismo de siempre?
El asintió,
-Y tráigame también un tostado, que no comí nada antes de salir.
El mozo asintió y lo dejó en su contemplación de la plaza.
En cualquier momento ya.
Y así sucedió, invariable como el sol después de la lluvia, ella en su horizonte. La figura envuelta en su abrigo de paño rojo, el paso seguro, esa ligera cadencia al caminar. Indiferente a su entorno, preocupada tan sólo por llegar a tiempo a su cita.
El la miró venir y sintió un familiar tirón en el pecho. En ese lugar exacto donde si uno se concentra puede sentir el devenir del universo.
El mozo dejó las cosas sobre la mesa con un ruido de loza y se marchó a atender a otros clientes. El, sin pensar, tomó un trago del chocolate, escaldándose la lengua con la leche caliente y, con una puteada por lo bajo, observó la representación que tenía lugar al otro lado de la calle.
Ella, como siempre, se sentó en el banco debajo del gomero. La tarde hoy estaba encapotada, la humedad pesada como una frazada, desacostumbradamente cálida para estas fechas, enroscándose a su alrededor, obligándola a desabrigarse un poco. La primavera estaba al caer y el final del invierno la arrastraba con él.
Impaciente, ansiosa, la vio estudiar su reloj pulsera, y él, - como tantas otras veces -, deseó ser la causa de esa ansiedad. Revolvió el líquido en la taza con la cucharita, mezclando la leche con el chocolate, y dudó sobre si ponerle o no azúcar. Cualquier cosa que lo sacara de los detalles de esa mujer esperando a otro hombre.
El susodicho no se hizo esperar mucho más. Un par de minutos, un mordisco al tostado mas tarde, lo descubrió llegando desde su extremo del mundo, con el paso elástico, la silueta enfundada en un impermeable beige, previsor de la lluvia que la mañana había amenazado pero que la tarde no se decidía a cumplir.
Ella lo avistó unos segundos mas tarde y se puso de pie. A la distancia no pudo escuchar, pero toda su postura trasmitía fastidio. Ella siempre se molestaba cuando él se atrasaba, aunque mas no fuera unos minutos. Pero él sonrió y ella no pudo mantener la pose. El cielo se reflejó en los ojos femeninos, prestándoles a la distancia un gris que no era suyo, y se abrazaron, provocándo un dolor sordo en el pecho del testigo al otro lado de la calle.
Tomó otro trago de la taza, como si el chocolate fuera una barrera contra la pena.
La pareja se separó con un beso y un gesto juguetón por parte de ella. El hombre le acarició la cara y un rayo de sol rebelde los iluminó marcharse de la mano, protagonistas de su propia historia.
El chocolate como barrera no tiene ningún mérito.


Esa noche llegó a casa un poco mas tarde.
Se había entretenido corrigiendo unos ensayos en la facultad.
Su mujer estaba en la cocina. El pudo oler desde el pasillo el olor acre del pollo quemado. Hizo una mueca. Al cabo que no se había casado con ella por sus dotes culinarias.
-¿Querés que pida una pizza?- fue su saludo ni bien entró.
Ella lo miró desde su posición frente al horno, agachada, el pelo oscuro atado en una cola de caballo para que no le cayera sobre los ojos,
-No sé lo que pasó. La receta decía 40 minutos...- los ojos castaños lo miraron compungidos, la boca una linea triste, y él hizo un gesto con los hombros,
-No te preocupes, dejá que yo llamo a la pizzería.
Treinta minutos mas tarde la cena los encontró sentados a la mesa, una caja de pizza entre los dos y el silencio instalado como una tercera persona.
-¿Cómo te fue hoy?- intentó ella, dolorosamente consciente de que algo andaba mal pero sin saber como empezar siquiera a arreglarlo.
El se encogió de hombros,
-Bien. Hoy faltaron varios alumnos con el tema del paro. La clase estuvo mas tranquila que de costumbre. ¿Vos?
Ella intentó una sonrisa, extrañando al hombre con el que se había casado, ese que la hacía reír con anécdotas de la facultad, con chismes de los alumnos y los profesores.
-Nada. No, bueno, hoy estuvo en el banco ese actor de ... ¿Cómo se llama esa película...? La de Darín... - él no supo de que hablaba. -Dale, hombre. La de la madre con Ahlzeimer...
-¿El Hijo de la Novia?
-Esa. Estuvo el que hace del amigo.
-¿En serio? Mirá vos.
Y el silencio se estiró y se acomodó mejor.
Finalmente ella levantó la mesa. El buscó un libro y se sentó en el sillón del living y, mirándo las páginas sin verlas, trató de adivinar cuando había sido el momento exacto en que todo se fuera al carajo."

Continua.

La Chica del Abrigo Rojo 2/2


"El reloj de madera del bar marcó las cuatro y el mozo dejó frente a él un submarino. Esta vez había optado por las medialunas.
La tarde, que ayer había sido mas bien oscura, hoy bailaba llena de luz. La primavera se había decidido a llegar finalmente y el sol calentaba a pie firme, obligando a los transeuntes a despojarse de sus ropas de abrigo.
Como el clima continuara así iba a tener que cambiar su submarino por alguna otra cosa. Tal vez un licuado… Quizás algo con frutas…
Hizo una mueca, burlándose de sí mismo.
Ella llegó unos minutos después, el abrigo rojo reflejando la luz, un manchón de color contra el fondo verde de la plaza. A la distancia pudo ver que sus labios se movían, pudo imaginar que estaría cantando alguna canción de moda. Llevaba el pelo atado en una gruesa trenza que se balanceaba con sus movimientos.
¿Qué pensaría si supiera de él, a este lado del vidrio, deseando mas que nada en el mundo deshacer esa trenza y ver todo ese pelo desparramado sobre una almohada?
Ella se sentó en el banco y cruzó las piernas, vestidas de gris oscuro. Pese a la temperatura creciente esta vez se dejó el tapado puesto. El supuso que debajo llevaba ropa mas fresca que la del día anterior.
El hombre llegó enseguida, esta vez ella no tuvo de qué quejarse, y los brazos masculinos la rodearon con aire de propietario.
Ella sonrió feliz, devolviendo el abrazo, y esa sonrisa le robó el aire desde el otro lado de la calle. ¿Cómo podía doler tanto algo que no estaba dirigido a él? ¿Cómo podía doler tanto algo que no era suyo?
Miró la medialuna que tenía entre las manos... O lo que un rato antes fuera una medialuna y ahora era tan sólo un triste rejunte de pedazos de masa.
¿Cuánto tiempo mas podía durar esto?


Su mujer lo esperaba con la mesa puesta y la noticia de que había contratado a una chica para que viniera a cocinar tres veces a la semana. El aprobó la moción, comió el guiso de lentejas, que estaba sorprendentemente bueno, y con un murmullo sobre mil exámenes para corregir, fue a sentarse al escritorio.
Ella lo miró marchar sin entender. Que distintas serían las cosas si él le prestara aunque mas no fuera un poco de atención. Se dirigió a la cocina y preparó un té, practicamente lo único que podía hacer sin quemar, le puso leche y azúcar como a él le gustaba y se lo alcanzó.
El le agradeció con una sonrisa sincera, ella le dio un beso en la frente, y odiando el punto donde se encontraban, se instaló a ver televisión.
El, corrigiendo exámenes de manera automática, decidió que esto ya había durado bastante.


Sentado a la mesa donde se había sentado casi todas las tardes por los últimos tres meses y medio, sacó del morral un cuaderno y una birome. El mozo puso frente a él un submarino y un plato de tostadas, y miró el raro despliegue de iniciativa, enarcando una ceja curiosa ante el cambio en la rutina a la que se había ido acostumbrando.
Del otro lado de la ventana la tarde fluía, - ligeramente dulce, ligeramente ácida, como un té con limón. El mordió el cabo de la lapicera, pensando qué escribir, qué decir, qué sentir.
Tantas cosas.
Tan poco tiempo.
Nunca se le habían dado las cartas de amor.
Por el camino la vio llegar, el paso fácil, el abrigo rojo desabrochado, dejando ver una pollera verde militar y una camisa blanca. No pudo evitar parpadear frente a su imagen, sintiéndola tatuarse en su retina, quemándose para siempre en su memoria.
Tanto para decir.
Bajó la cabeza y empezó a escribir, ignorando por primera vez la reunión de los amantes en el parque, ocupado como estaba en volcar sobre el papel todo aquello que hubiese querido decirle a la mujer de rojo pero no había sabido como.
Ya era suficiente.


Esa noche se fue a acostar temprano y para cuando su mujer se metió en la cama, fingió dormir. Tirado sobre su costado, abrazado a la almohada, contó los minutos en cada aliento, esperando a que se quedara dormida.
La noche se enredó en sus extremidades, silenciosa, con ese silencio expectante que augura el sonido.
Finalmente, la respiración acompasada de su compañera de cama le anunció el sueño y giró sobre sí mismo para poder verla. Ella le daba la espalda y a través de la tela de algodón del camisón pudo vislumbrar la forma de sus omóplatos. El estiró la mano y siguió su contorno con la punta de los dedos, ese lugar exacto donde no estaban sus alas.
¿De quién era la culpa?
¿Importaba realmente?
Con cuidado abandonó la cama y se vistió sin hacer ruido. Buscó un bolso en el placard y sin prender la luz, guardó de memoria las pocas cosas que no quería dejar atrás. Una vez cargado sacó del bolsillo del pantalón la carta arrugada que tanto le había costado escribir y la apoyó sobre la almohada, junto a esa cabeza castaña a la que la luz del sol teñía de rubio.
No la besó por no despertarla.
Descolgó su saco de corderoy del perchero, donde esperaba junto al abrigo rojo, y luego, abandonando el departamento, muriéndose con cada paso, la dejó libre.

FIN

19 may. 2010

Premio Consuelo


Rorro estaba molesta por que el edificio que están construyendo junto a mi casa nos va a robar el premio de la casa mas grande de la cuadra.
Apoyada contra el vidrio, mirando la construcción vecina, fruncía el ceño...
Hasta que finalmente, vino a donde estaba yo haciendo las milanesas y muy segura de sí, me dijo,
"No importa, porque nosotros vamos a ganar el premio a la casa mas mediana."
"¿A la casa mas mediana? Que bien," porque yo creo que hay que alentar a los niños en sus viajes mentales, ya les va a llegar la realidad tarde o temprano.

Ella asintió, y después sus ojos se abrieron grandes, cuando otra idea pasó por el cielo de su cabeza,
" Y además, el premio por la casa mas grande es muy chiquito, ¡y el de la casa mas mediana es enorme!"
"¿Enorme?" quise clarificar yo, porque todos sabemos que hay enormes y enormes en esta vida.

Ella abrió los brazos y cuantificó su enorme,
"Así de grande."
"¿Tan grande?"
"Sí."
"¿Ese es por la casa mas mediana de la cuadra?"
"Si."
"¿Y por la casa mas grande?"
Sus brazos se achicaron hasta sostener una naranja.
Fruncí el ceño y estudié la situación, las milanesas en pausa, Rorro esperando,
"Mejor tener entonces la casa mas mediana"
"¡Sí!" como pude yo haber siquiera dudado.
"Que bueno que solucionamos eso."
Mi hija estuvo de acuerdo conmigo en que había sido un momento dificil y se fue a jugar con el hermano.

Yo volví a mis milanesas, contenta que alguien hubiese encontrado una solución satisfactoria al esperpento que nos están construyendo al lado y pensando para mis adentros que, sin importar que el premio a la casa mas grande de la cuadra fuera chiquito, a mi me gustaba.

18 may. 2010

Sólo me Falta el Tutú


Paré el otro día en mi panadería habitual porque andaba antojada de pastelitos de batata. La chica de la tarde - que no es la señora de la mañana que me fía, pero aún así estamos en buenos términos - estaba conversando con un caballero bajito, de camisa celeste, que ahora que lo analizo buscando su descripción, no puedo evitar caer en algo tan básico como decir que se parecía a Ricky Maravilla.
Decía entonces, entré a la panadería, saludé a la muchacha de pelo violeta y piercings - porque ser panadero no implica ser una persona pedestre - y recibí un saludo cortés tanto de ella como de él.

Los pastelitos en esta panadería, por alguna razón, están puestos sobre el estante de arriba del mostrador, a la que no alcanzo a mirar de frente, por ende me puse en puntas de pie - no veo que tiene esto de llamativo - y estudié la bandeja para poder elegir mi pastelito.

Alias Ricky Maravilla me preguntó si era bailarina.

Excuse me?
Sonreí cortés,
"No, ¿por?"
"Digo, porque es raro que te pongas así" como si pararse en puntas de pie fuera algún tipo de arte perdido. La chica del pelo violeta sonrió indulgente, como otros sonreímos frente a esos amigos medio pavos que todos tenemos pero no podemos evitar apreciar. Que no era mi caso en estas circunstancias.
Dije algo vago sobre la altura de los pastelitos y elegí uno. La chica de dedicó a empaquetarlo mientras Ricky Maravilla 2do continuaba su intento de conversación, que avanzó del ballet hasta el tatuaje en mi hombro - porque las musculosas traicionan ese tipo de confidencias, dándo pie a que gente como RM2 se sienta libre para comentar sobre ellos -, para continuar en el terreno de las fiestas y las reuniones, fracasando frente a mi sonrisa fija y mis vagas interjecciones, mientras la chica envolvía y acotaba de manera mas participativa, ya que se ve que a ella el hombrecito sí le resultaba entretenido.

Eventualmente la conversación unilateral terminó en la pregunta qué me gustaba a mi tomar y yo, preocupada por donde iba esto a parar, apuré la envoltura del pastelito con un gesto - sí, se lo estaba tomando con una calma supina - y no le contesté. La chica del pelo violeta - parando una vez mas su envolver - me dijo que él era proveedor de bebidas y yo me tranquilicé un poco, pensando que después de todo quizás el petiso no estaba de levante, estaba simplemente haciendo negocios.
Le sonreí sin comprometerme a nada y él me advirtió que no tenía su tarjeta encima pero que si yo le decía donde trabajaba después me alcanzaba una.
Antes de que pudiera decirle que no, que no era importante, que mi mamá no me dejaba darle mis datos a desconocidos, la chica del pelo violeta había deschavado mi dirección laboral - esto de tener una panadería amiga es, por momentos, una putada - y ya estaba él diciendo que iba a pasar a saludarme después.
Agarré mi pastelito - gracias por nada - y escapé, confiando en que todo terminara ahí.

Llegando a la Cultu, aprovechando que estaba tranquilo, le conté a Vale que si se apersonaba una persona de determinadas características - vamos, que se parecía a Ricky Maravilla - y preguntaba por mí, le dijera que me había mudado al Congo Belga. Y estábamos muy entretenidas inventado excusas, cuando suena el portero y por la cámara vemos a RM2 en persona, parado en la puerta, esperando ser admitido.
Vale me miró, yo la miré,
"Le abro."
"Ni en pedo."
Y las dos nos quedamos mirando la pantalla, como RM2 insistía con el timbre, confiando en que nadie apareciera cona razón válida porque íbamos a tener que abrir y ahí sí se pudría todo. RM2 miró su reloj, miró la puerta, se acercó a ver si podía ver a través de ella, se acomodó el pelo, tocó el portero, miró el reloj, se acercó a la puerta, se acomodó la camisa, y Vale y yo lo miramos a través de la cámara, hacer el mismo circuito una y otra vez durante los quince minutos en que estuvo parado ahí, tratando de entrar para darme su tarjeta.
Eventualmente debe haber llegado a la conclusión de que la chica de pelo violeta le había mentido, o yo le había mentido a la chica de pelo violeta, o que alguien le había mentido a alguien, y abandonó el intento.

Yo me fui para la biblioteca con instrucciones estrictas de que si volvía no lo dejaran pasar para el fondo, y me comí mi pastelito, pensando que no sé por qué me sorprendo, si a mí siempre me confunden con bailarinas.

15 may. 2010

El Hombre Propone...


Yo quería poner un post chiquitito y fácil, porque no tenía muchas ganas de trabajar, y porque es viernes, y mil cosas mas - bueno, no, mil no, la verdad es que no quería laburar, lo admito, para qué esconderme - así que decidí subir el videito de Eddie Izzard que me había quedado en el tintero la vez anterior porque el programa de subs me había traicionado y no había logrado subtitularlo.

Ya habían pasado unos días - varios - y creía tener una idea para solucionar el llamadito de error que me había tirado. Yo y mi gran bocota. Mis ganas de no laburar se me cagaron de risa y me pase las dos horas siguientes bajando y subiendo codecs, instalando boludeces que no llevaban a nada y siguiendo links muertos. Mas aún que la pc de la biblioteca funciona a pedal y debería jubilarse - o al menos así suena, como una vieja asmática en bicicleta - y mientras está pedaleando no le podés pedir que mastique chicle, no sea cosa que se atore, por lo que lo que lo que en una pc razonable te toma un rato en esta Sísifo te miraría con pena.

Eran las siete y media pasadas cuando yo caí finalmente en la cuenta - tarde se prendió la freaking bombita sobre mi cabeza, necesito vitaminas - que lo que yo tenía que haber hecho en un principio era haber bajado el videito de nuevo, al cabo que los demás - traidores - sí se dejaban subtitular.
Mi computadora y su pequeño problema glandular hicieron q la bajada del videito durara casi media hora, cosa que me puso en el rango de las ocho, y yo me voy a las ocho...
Una furia ultravenenosa me agarró - Bruce Banner se hubiera sentido intimidado - cuando finalmente se terminó de bajar, lo abrí con el condenado programa de subtitulos y nadie se quejó de nada... Sin poder hacer nada al respecto - porque subtitular en sí lleva un par de minutos al menos - cargué veloz el video y los subs en el pendrive, apagué todo y me vine para casa.

Alimenté niños, jugué un rato y me instalé en mi pc en casa para incrustar los subs. ¿Cuánto me podía tardar? Ja. Yo y mi gran bocota 2. Porque ahora me faltaban OTRA serie de cosas - máquina nueva, problemas nuevos -, por lo que el circuito de la angustia empezó otra vez, esta vez matizado por "Mamá!" "Vení!" y demases etcéteras que me llevaron otras dos horas y monedas, hasta que finalmente, descargado el codec correcto, el manual mas explicativo y todos los plugins y plugouts y no me jodan mas, con Zeke encima mío mirando Art Attack, logré terminar de incrustar los malditos subtítulos...

Con lo que se prueba una vez mas que el universo tiene un retorcido sentido del humor y que yo no sé por qué sigo intentando planear este tipo de cosas...
Sin mas que agregar, les dejo a Eddie Izzard... espero que les guste... y si no que me mientan con arte, después del laburo que me tomó, la PMQLRMP...


13 may. 2010

Es el Zumbido el Problema


Lunes, 18 35 hrs.
La plaga de moscas en Neuquén continúa.
Me tienen re podrida.
Hay una rondando mi cabeza. Le calculo la trayectoria y con un movimiento digno de Daniel San, la aplasto entre mis manos y cae al suelo, donde, aturdida, trata aún de moverse y yo, vengativa, la piso con la bota y la pateo contra la pared.
"Ja!" murmuro por lo bajo, satisfecha.

Lunes, 18 37 hrs.
Otra mosca se acerca y comienza a rondar mi cabeza.
La miro con expresión belicosa, los ojos entrecerrados.
"¡Acabo de matar una de ustedes!" la increpo en voz alta, "¿Acaso no aprenden con el ejemplo? ¿De dónde saliste vos?" y sigo su vuelo con los ojos, girando la silla, hasta cruzarme con la mirada de la única otra persona en la biblioteca, que desde su mesa, sus libros esparcidos a su alrededor, me está mirando.
"Hablaba con la mosca" le aclaro sin pensar, y sonrío, porque, vamos, quien no ha hablado nunca con una mosca, je je je.
Ella me devuelve una sonrisa mas bien forzada, del estilo "no hagamos enojar a la crazy lady", y en cuanto suena el timbre, practicamente escapa de la biblioteca.

12 may. 2010

Las Primeras Señales


Rorro fue la otra semana a un curso de seguridad vial. Estuvo toda la semana jodiendo que la iban a llevar a manejar, y yo la dejé tranquila con su ilusión, al cabo que ya se iba a enterar que la iban a llevar a ver cartelitos y nada mas.
Cuando volvió el día en cuestión se ve que los cartelitos no le hicieron mucha mella porque mi "¿cómo te fue?" no tuvo una gran repercusión, mas allá de un "bien" sin mucho salero, y el asunto pasó.

Lo que sí trajo del cursito fue un conjunto de cartoncitos con las distintas señales, como para jugar al Memotest y empezar a aprendérselas... Yo me sé mas de uno al que le hubieran venido bien los cartoncitos antes de sacar el registro, pero ese es otro tema.
Nos sentamos entonces, madre frente a hija, una de esas tardes, a jugar al Memotest.
Mezclamos las tarjetas, las ubicamos en un cuadrado y en la primera ronda mamá arrasó con todo, cosa que a hija no le hizo gracia - si ustedes piensan que hay que dejar ganar siempre a los críos este post no es para ustedes.

Las siguientes rondas fueron un tanto mas parejas porque Ro empezó a entender la idea. Para la quinta/sexta ronda, mi niña me hizo mirar por sobre mi hombro -"mirá para allá" sin siquiera una excusa onda "oia, un Yeti" - y empezó a ordenar las fichas de a pares antes de darlas vuelta, cosa que me hizo mirarla con expresión cómicamente incrédula y explicarle que así no valía.

"Es que yo quiero ganar."
"Sí, pero si hacés trampa yo no juego."

Ella hizo una mueca sufrida, me repitió que mirara para allá y poco mas agregó que me dejara de joder. Yo la dejé hacer y cuando volví a la partida ella me sonrió excitada,
"Listo, empiezo yo" y dio vuelta una ficha, me miró superada, dio vuelta la siguiente y ante mi eterno regocijo, nop, no eran coincidencia. Sus ojos se entrecerraron, dio vuelta las dos fichas boca abajo, y
"Dejame probar de nuevo."
"Dale."
Giró una, giró otra, y nuevamente, no coincidieron.
No pude evitar el comentario,
"Che, tus trampas no sirven."
Ella sacudió la cabeza, levantó la manos, a medias exasperada a medias teatral y se lamentó,
"¡Soy un fraude!"

Tengo que admitir que me resulta muy cómico que lamente mas que hacer trampa no le salga que el hecho de ser un queso jugando al Memotest.

10 may. 2010

La Fábula de la Perra Gris y la Perra Blanca


El sábado fuimos a la plaza, todos y Magenta.
Magenta no sale mucho durante la semana, quedándose en el jardín, porque yo no tengo tiempo de sobra - si lo tuviera habría muchos mas libros en mi vida - y el resto del plantel no lo hace. Cuando la perra sea mas grande - de edad, porque ya tiene el tamaño de un ternero gris - voy a tener que conseguirle un paseador. Un gasto mas en una interminable lista de gastos... y no voy a seguir por ese camino, por ese camino yace la locura, como dicen en los libros.

Decía yo entonces, plaza, niños, marido, perro... por este camino no yace la locura exactamente, pero admitamos que a veces se le asemeja un poco.

Magenta, con esto de que no sale mucho cuando sale hay que decir que se emociona muchísimo. Al punto de que trata de arrancarme el brazo de cuajo - se esfuerza con ganas la guacha - durante todo el camino, porque no la puedo soltar al principio de la salida ya que es tanta su emoción al verse fuera que cruza la calle - los patios ajenos, las veredas, las puerta, los negocios y a otra gente - sin prestar ningún tipo de atención, y si bien se solucionarían un par de problemas si la pisa un auto, no es esa la idea tampoco.

Llegamos finalmente a la plaza - mi muñeca a medio dislocar - y solté a la perra y a los niños para que jugaran.
Zeke hizo su habitual circuito de tobogán, tobogán, hamacas y "´quí, mamá" para que me sentara con él a jugar en las piedritas - no hay arena en las plazas de Neuquén, al tercer día de viento sólo te queda el pozo.
Rosario es un poco menos predecible y si bien lo suyo suele ser las hamacas y la trepadora, esta vez decidió que quería jugar a las escondidas y lo convenció al padre de que aportara. Henry se quedaba quieto y contaba y yo desde donde estaba sentada entre las piedras la miraba a la Ro correr hasta ubicarse detrás de este o aquel árbol con Magenta pegada a los talones.
Es muy difícil esconderse con un perro que siempre botonea tu posición, corriendo alrededor de tu escondite como un poseso... porque cabe aclarar que Magenta tarda muchísimo en calmarse... si es que alguna vez lo hace.

Mientras nosotros nos dedicábamos a esto, pasaron diferente personas con diferentes perros a los cuales Magenta saludaba, alrededor de los cuales corría un poco y luego volvía para saltarme encima, esperando mimos. Estábamos todos pasando un buen rato. Y ahí fue cuando una chica, vestida de negro elegante, entró a la plaza. A sus pies, sin correa y caminando veloz, una perra blanca tamaño bolsillo, a la que Magenta enseguida le saltó encima, igual a como le había hecho a todos los perros anteriores. El probema fue que a la perra blanca, a diferencia de todos los demás perros, no le hizo nada de gracia la avalancha y retrocedió, mas que sobresaltada.

Yo llamé a Magenta, que obviamente me ignoró olímpicamente, habiendo encontrado algo mucho mas divertido para hacer que escucharme a mí. La chica de negro llamó a su perra, su "¡Gigi!" angustiado resonando en la plaza, pero ya era tarde. La perra de bolsillo, asustada por nuestra bruta gris había echado a correr, y nuestra tarada, fascinada por la joda, le había salido corriendo detrás.
Yo no estaba preocupada, no por nuestro bicho, mal que mal Magenta siempre vuelve, pero se ve que la chica elegante no le tenía tanta fe a su perra, porque sus gritos levantaban un eco en los árboles, completamente ignorada tanto por la aterrorizada perra blanca como por la perra gris pasándoselo bomba, mientras todos los demás mirábamos a los animales correr cada vez mas rápido alrededor del lugar.
Eventualmente, dándole la razón a la falta de fe de su dueña, la perra blanca dejó de correr en círculos y enfiló a todo tren fuera de la plaza, sus patas un borrón sobre el suelo, seguramente en dirección a su casa, y atrás de ella salió corriendo la chica de negro ya no tan elegante.

Magenta las siguió la primera cuadra y después frenó, muerta de risa - porque juro por Dios que esa perra se estaba riendo - y volvió a donde estábamos nosotros parados. Henry, Rosarito y yo - Zeke ni bola - nos quedamos quietos, mirando a la chica de negro correr detrás de su perrita, cada vez mas lejos, hasta que desapareció en el horizonte.
Sin mucho mas que agregar le pusimos la correa a la perra risueña, agarramos a los chicos y nos fuimos a la mierda.

Moraleja, los perros blancos y pequeñitos son unos cagones.

8 may. 2010

Planeando una Princesa Amarilla


Se acerca el cumpleaños de la petisa.
Con se acerca, quiero decir, es el mes que viene, y haciéndo los cáculos matemáticos correspondientes, considerando fechas y tangentes, falta como un mes y medio, pero aún así, una es una madre responsable que sabe que las cosas salen mejor cuando uno las planea con antelación. Cuando se trata de mis hijos. En lo que respecta a mí soy mas del tipo improvisada.
Vamos y vemos, que le dicen.

¡Pero jamás con mis hijos!, dice ella echándose la chalina sobre el hombro y poniéndo expresión de película antigua.

Decía entonces, volviendo del delirio de viernes en el que todos patinamos... los viernes... llega la preparación del cumpleaños de la Ro que, como en la mayoría de estos casos, empieza varios meses antes que el cumpleaños de la Ro.

Lo primero y principal fue reservar el lugar - porque yo vigilar a 30 pibitos subiéndose a las arañas en mi casa no voy a tener.
yo:"¿Y ustedes tienen animadoras suficientes, no?"
la coordinadora del lugar:"sí, no te preocupés."
yo, insistente:"animadoras suficientes como para que se los lleven a todos para adentro y yo no tenga que volver a verlos por un rato largo, quiero decir."
ella, un tanto descolocada:"... sí."
Con lo que cobran espero que a cada pibito le toque su propia araña, como mínimo.

Lo segundo entonces, es el tema de la torta, y acá es donde me aprieta el zapato y me pongo a escribir.
El primer cumpleaños que festejamos a lo grande - con inflables, animadoras y treinta pibitos - la torta se la encargamos a una señora en Plottier. Rorro pidió una torta de princesas - Rorro pide todo de princesas - y una torta de princesas tuvimos. La señora nos trajo una torta rosa, para mayor detalles.
El año pasado - sin inflables pero sí con animadoras y treinta pibitos - le encargamos la torta a la misma señora. Rorro pidio una torta de princesas - no sé por qué alguien se sorprende - y una torta de princesas tuvimos. Esta vez la señora, supongo que para no repetir, hizo una torta azul.
Este año, - inflables nuevamente, las animadoras y los treinta pibitos ya son parte del elenco estable - mi suegra quiere volver a encargarle la torta a la señora - supongo que esta vuelta la princesa toca amarilla - y sin embargo yo estoy pensando en hacerla en casa.

Al ver el del fondo, sí, ustéd, por favor no se ría que esto es serio.

Susan desmereció mi oferta - considerando que ella paga la torta yo no lo desmerecería tan rápido, pero whatever - con "no tenés un molde tan grande", "te va a llevar mucho tiempo" y distintas razones que me hacen pensar que si bien me tiene mucho cariño, lo que no me tiene es mucha fé. Cada día se parece mas a mi madre...

Pero la verdad verdadera, la cuestión de la cuestión, el punto de la i, es que tengo ganas de hacer esa torta. Se me ha metido entre ceja y ceja la idea y ahora no la puedo desalojar. Y si bien es cierto que no tengo un molde de torta tan grande - esa excusa se la doy por válida -, sí tengo una fuente redonda muy grande, y también tengo una amiga con una idea sobre como superponer porciones de arrollados de dulce de leche y demases por adentro hasta que al desmoldarlo todo quede como una enorme tortuga, forrada de espirales de dulce de leche y chocolate.

Porque, si yo a esa tortuga la tapo con cobertura rosa - o amarilla, que habíamos quedado en no repetir - ¿no quedaría como la falda de un vestido? Vamos, que de ahí a tener una princesa completa hay un sólo paso...

6 may. 2010

El Soundtrack del Caramelo


A la vuelta de Bs As saqué pasaje en la fila de asientos simples del piso de abajo.
Por esas cosas de los días en los que nadie viaja y somos pocos los elegidos, le pregunté al sobrecargo si podía cambiarme de asiento - porque yo soy muy educada y no me gusta jugar a las sillas musicales sin autorización - y él contestó que sí - "una vez que pasemos Moreno sentate donde te de la gana".

Entonces, una vez que pasamos Moreno - donde subió un flaco de barba y pelo largo que se sentó delante del asiento que por ley me correspondía - yo agarré mis pertrechos y me pasé al asiento doble, donde procedí a desparramarme a gusto y piaccere del consumidor. O sea yo. Casi que pude escuchar el soundtrack de mi vida, puesto en una cancioncita de fondo, de esas que marcan momentos en los que el tiempo transcurre y nadie jode...
Cené, me ahorré la película - La Pantera Rosa 2... nunca nadie como Peter Sellers -, me hice un nido con las dos mantas y las dos almohadas, y me quedé frita.

El viaje continuó pacíficamente, sin bajas ni daños materiales que lamentar.

A las ocho y media me desperté sola y sin ayuda. Desayuné mis dos medialunas con manteca y mi tecito, y para cuando me quise acordar pasaban de las nueve y media y ya estábamos llegando a la terminal de Cippolletti, la parada anterior a la mía, desde donde le mandé un mensaje a mi suegra para que me fuera a esperar a la terminal de Neuquén.

Cual no sería mi molestia, el rayón en el CD de fondo sobre el que venía navegando mi viaje, cuando el conductor anunció que debíamos bajar del omnibus porque tenían que cargar nafta.
Diez minutos, prometió el hombre, antes de largarse con todas nuestras cosas y dejarnos varados en la dársena. Haber sabido, pensé yo un tanto fastidiada, saltando de pie en pie porque la mañana estaba bastante fría. Al cabo que la terminal de Cippo queda a diez minutos - quince a lo mas - de mi casa, cruzando el puente. Me hubiera tomado un taxi y ya. Pero la unidad 8016 se había fugado con mi mochila y sólo me restaba esperar.
Decidí aprovechar entonces para ir al baño, ya que a estas alturas si hay algo que no necesito es comprar souvenirs, y enfilé hasta el baño de damas al fondo del pasillo. Pasé junto a la gente de la limpieza, que tenían momentaneamente cerrado el baño de caballeros, y entré al de damas. Una de mis compañeras de viaje, una chica que viajaba con un nene de 4 años, al que tengo que admirar porque no lo escuché en toda la noche, estaba lavándole las manos al chico y intercambiamos "buenos días".

Me acerqué a los cubículos, el segundo tenía la puerta entreabierta una rendija, la vi a la chica hacerme un gesto que ignoré, y cuando manoteé para abrirlo, me encontré con un señor, los pantalones bajos, sentado en el inodoro. Nos miramos horrorizados. La música de fondo de mi viaje se detuvo con el chillido de una uña contra un pizarrón, el soundtrack irrevocablemente dañado. Cerré la puerta de golpe. Lo escuché intentar trabarla sin éxito. Me hice cargo de mis asuntos y abandoné el lugar velozmente. Al salir volví a cruzarme con la chica y su hijo, que iban hacia el kiosco, y alcanzé a escuchar al muchachito, que le preguntaba a su madre qué por qué estaba ese hombre ahí, y a ella contestar que se ve que no había podido aguantar, pero vení, vamos a comprar caramelos.

No sé cuantos caramelos habrá necesitado ese chico para pensar en otra cosa y si ese era el interés de su madre, al cabo que el chico sólo había visto al hombre entrar y es probable que hasta les pidiera permiso, pero no creo que haya caramelos suficientes en el mundo para borrarme a mí esa imagen de mi cabeza.

Y ni hablar del efecto que tuvo sobre la música de mi inconsciente.

5 may. 2010

Muppets y Palitos


Hace unos años ya - muchos - cuando todavía viajar en tren no era una aventura de proporciones épicas en las cuales podías dejarte la vida, me acuerdo que viajamos en familia rumbo a Miramar.

Debía ser cerca de las 5 de la tarde, y yo, en los principios de mi adolescencia, recuerdo que mareada había bajado mi libro - yo me mareo muy muy fácil... no pude terminar nunca de ver The Blair Witch Project no por el miedo si no por la nausea que me dio tanto movimiento de cámara - y aburrida miraba mis alrededores en busca de distracción.
En el asiento delante nuestro, no dándonos el frente, si no la espalda, había dos señoras. Desde donde yo estaba medio acurrucada podía ver la parte de arriba de sus cabezas, una castaña, la otra blanca, y después de un rato de escucharlas conversar pude inferir que eran madre muy mayor, hija de mediana edad, y que estaban volviendo a casa después de haber pasado unos días en Buenos Aires con nietos/sobrinos.

Despacio me empecé a amodorrar - chucu chucu chucu chucu -, y entrecerrando los ojos dejé de prestar atención al mundo circundante, hasta que la conversación de adelante reclamó mi atención, cuando Cabeza Castaña dijo algo, Cabeza Blanca no contestó y CC empezó a insistir.
- Mamá.
La vieja ni pío.
- ¡Mamá!
Cero al As.
- ¡Mamá!
Y yo me desvelé.

Desde mi lugar pude ver la coronilla de la cabeza castaña inclinarse, levantarse y empezar a sacudir a la otra coronilla, manteniéndo una letanía de "mamás" en sostenido crecendo. Desde mi asiento la cabeza blanca se sacudía de lado a lado, haciéndome recordar por alguna razón a los Muppets, y pude sentir una risa un tanto histérica cosquillearme la garganta.

Listo, se pudrió todo, pensé. Se murió la vieja y hasta acá llegó el viaje.
-¡Mamá!- insistía la señora, casi a los gritos, llamando la atención de todo el vagón.

Mi mente se llenó de imágenes en las cuales paraban el tren, me llamaban de testigo, no llegábamos nunca a Miramar y mis vacaciones quedaban totalmente arruinadas por una señora que no había tenido la decencia de esperar a llegar a su casa para dar el último adiós.

Pero luego, oh milagro, la vieja tosió, se sacó de encima a Cabeza Castaña y la escuché renegar con algo tipo,
- Estaba durmiendo, Estela, ¿estás bien? ¿Por qué me despertás? ¿Ya llegamos?

Y su hija, Estela supongo, aunque podría haber sido otra persona, yo en la señora de la cabeza blanca no hubiera confiado mucho, en vez de putearla de arriba a abajo como yo hubiera hecho, contestó que no, que todavía faltaba, que todo estaba bien, y el viaje continuó sin mas contratiempos.

Cuando venía caminando para el laburo, a eso de las tres y media, crucé la plaza, y en uno de los bancos había un señor de mediana edad, cuarenta largos, quizás mas, medio sentado, medio caído, con un brazo cruzado sobre el respaldo, enganchado en uno de los travesaños de madera, como sostenido o colgado, y el otro apoyado sobre la falda. Tenía los ojos cerrados y la cabeza caída hacia adelante, en clara actitud de "o está muerto o está profundamente dormido".

En seguida pensé en la señora de la cabeza blanca y en su hija Estela.

Dudé un momento. Tal vez acercarme y ... no sé, llamarle la atención... pincharlo con un palito... algo...
Pero después cambié de opinión y continué mi camino sin mas, porque, pensé, ¿qué hago si se mueve y me mira? ¿Eh? ¿Qué le digo? ¿Perdone que lo esté pinchando con este palito pero no estaba segura de si respiraba?

O mucho peor aún.

¿Qué hago si no?