Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

29 jun. 2011

A Veces Sí...


Zeke, con sus tres años, insiste en estos días en afirmar que él es grande.
Haciéndose cargo de su afirmación, cada vez que hace algo que uno le dice que es de chiquito, se esfuerza por no hacerlo mas.
Por ejemplo, a él todavía le gusta que yo le de de comer a veces, pero como "soy g´ande", ya casi no lo pide.
La Ro, por supuesto, lo corre con el "sí, pero yo soy mas grande", y él busca confirmación en mí con un "¡yo tamien soy g´ande!"

Anoche, decidí que era un buen momento para probar la convicción detrás de la afirmación y ver de sacarle el chupete. Acostados en su cama, cara a cara, me pidió el pepe y yo, con mi mejor tono pedagógico - ese tono horrible en el que uno no puede evitar caer cuando está tratando de enseñarle algo a un chico... maestra ciruela... - le dije,
"Pero los nenes grandes no usan pepe..."

Me miró muy serio, atrapado de golpe por sus propias palabras.

Yo presioné la ventaja,
"Tomás Camarotta no usa chupete..." cosa que en realidad es una invención grande como una casa, porque honestamente no tengo ni idea lo que hace Tomas Camarotta, compañerito de jardín infatigable, cuando llega a su casa.
"¿y Donatto?" preguntó él con vocecita preocupada.
"Donatto tampoco," confiando en que Donatto tampoco usara chupete y no estuviera haciéndome quedar como una mentirosa.
"¿Melina?"
"No."
"¿La seño?"
"Tampoco." esa al menos era una apuesta segura... creería...

Le tembló un poco el labio y finalmente me dio la espalda con movimientos enojados.

Esperé un poco.

"¿Querés el pepe?" sí, ya sé, soy mala, tendría que haber cambiado de tema y ya, pero no pude evitarlo, al cabo que estaba yo tratando de que él dejara el pepe, no de robárselo y salir corriendo en la noche entre carcajadas.
El se quedó callado.
No dije nada yo tampoco.
Esperamos otro rato.
"¿Y? ¿Qué hacemos?" porque tampoco era cuestión de que yo tomara su decisión a pie juntillas y tirara el coso para que treinta segundos después se desatara el huracán Zeke en mi casa.
Silencio en la torre.
"¿Vamos a dormir?"
Y finalmente la vocecita, esta vez llena de lágrimas suprimidas,
"No te´o nada en la boca..."
Me partió el alma. Tan grande queriendo ser, tan chiquito todavía.
"¿Querés ser chiquito un rato mas y mañana probamos ser grandes otra vez?"
"Si..."
Le pasé el chupete y nos fuimos a dormir.

22 jun. 2011

Médico Infantil


Fui el sábado a ver Piratas del Caribe. La última. Lamentablemente la vi en castellano, porque en esta ciudad, cualquier película de aventuras, dirigida a la platea mas joven del espectro, no llega en idioma original. Una molestia mayúscula en mi opinión, que he tenido que ver a Harry Potter en castellano, a Nicholas Cage en castellano, a Indiana Jones en castellano y así.
En fín.
La película me gustó. No tanto como la primera - ninguna es como la primera - pero se deja ver. Tiene un par de cosas divertida - Jack Sparrow, incluso con el doblaje, es un lujo - y un par de cosas que no tienen razón de ser - ¿el predicador y la sirena? ¿en serio? - pero uno pasa un rato entretenido. Las películas de piratas, del Capitán Blood para acá, en mi opinión, siempre pagan.

Volvimos del cine, empachados de mani con chocolate, a la hora del té, para encontrar que mi niño menor tenía temperatura alta y tos de perro.
Empezamos con el baile del Ibupirac, el baño, la nebulización y los paños fríos.
La fiebre bajó, subió, bajó.
37,4 - 38,3 - 39,5 - 37,3 y vuelta a empezar...
Para el domingo seguía igual.
Agregamos al baile a la Novalgina, que a mi mucho no me gusta como baila, pero con lo otro parecía que no terminábamos de llegar a ninguna parte.

Llegada la medianoche, la bolsa otra vez en alza, decidí llamar a la guardia ambulatoria, que por regla general tiene buenos médicos y me han ayudado mucho.
Cuarenta minutos después, cuando habíamos logrado bajar la fiebre y mirábamos Shrek 4 - algún día la voy a terminar de ver - llegó la ambulancia y fui a abrir. De la ambulancia se bajó el enfermero de siempre - por lo menos tres veces ha venido a mi casa en los últimos años - y un médico nuevo. Muy nuevo. Tan nuevo que creo que la tinta en su diploma estaba todavía mojada. Merda me hizo sentir vieja. Y cínica, porque lo primero que pensé fue "puta, me mandaron un nene."

Subimos, el niño revisó a mi niño - que como siempre se dejó revisar lo mas bien, lo suyo una paciencia casi zen - no me dijo nada nuevo, y después de hacer todos los sonidos correctos en los momentos indicados, probó que mi cinismo en su caso era correcto cuando me dijo que él no era pediatra, que mejor lo llevara a la guardia de pediatría.

No le dije que lo habíamos llamado a él para NO TENER que ir a la guardia de pediatría a la medianoche. No le dije que lo mas probable que tuviera mi niño era una angina, una laringitis y/o similar, ya que la tos no era de pecho, asi que por favor dame un antibiótico y ya. No le dije nada de todo esto, porque una es una chica bien educada, y él es el médico y si bien él estaba sobrerreaccionando - y lavándose las manos cual Poncio - quién era yo para decírselo. Al cabo que si a mi niño le pasaba algo porque yo creía tener mas experiencia que el médico, el mundo iba a tener un problema.

Despedí al médico - muchas gracias por venir - ubicamos a la Ro con su abuela y cargamos al niño - que nos continuó soportando con su paciencia Zen, y no, no febril, ya la fiebre había bajado, él es del tipo buenazo - en dirección a la guardia.
En la guardia esperamos media hora que nos atendieran - ¿qué tendrá esa nena? Uy que cara, para mí que se desmaya... Ese nene con esa tos tendría que estar mas abrigado... ¿Ese es el padre? Pues no se parecen en nada... - y nos recibió otra doctora nuevita, pero esta ya con aspecto de saber a qué jugaba.
En treinta segundos nos dijo que era laringitis, que siguiera haciendo lo que estaba haciendo, me dio una órden para mas remedios y me dijo en la semana que hablara con su doctora para que le diera una ojeada por las dudas.
Llegamos a casa y todos a dormir, que lindo el paseo nocturno que dimos, que vigorizante, buenas noches.
La fiebre continuó un poco mas, la doctora vino a verlo, etc etc, el cuento no es ese. Lo que yo quiero saber es por qué ponen a cargo de una ambulancia/dejan salir a la calle a tratar gente enferma/le dan un título y una posición asertiva a chicos que no parecen saber mas de medicina de lo que yo tengo de sentido común.
Sí, ya sé, él tiene años de estudio y de esto y de aquello y de mas allá. Ya sé que es mejor errar para el lado de la precaución. No, no estoy desprestigiando a la rama médica.
...
Pero cual es el punto de tenerlo en la ambulancia paseando si su diagnóstico frente a una laringitis va a ser ¿por qué no vas a ver a otro médico? ¿Qué hace frente a algo verdaderamente grave?

¿Corre?

17 jun. 2011

La Ventana en mi Cocina



Llevé a Zeke a dormir anoche.

Como siempre me acosté con él hasta que se durmiera.
Mientras dormitaba, la casa a oscuras, todos los demás habitantes durmiendo, mi imaginación, de la que ya he hablado en este blog, se puso a pelotudear y me trajo a la memoria un capítulo de la Dimensión Desconocida - o podría haber sido de Outer Limits, o cualquiera de esas series unitarias que jodían con lo extraño, no voy a ponerme en exquisita, fue hace años.
En este episodio contactaban al protagonista - que no me acuerdo quien era ni qué hacía ni por qué era que lo contactaban a él en particular - para que fuera a chequear un fenómeno, en donde el ejército había encontrado una ventana a otra dimensión - de eso sí me acuerdo bien.

Sip. Así nomas. Eso es lo que me gustaba de estas series. Nadie te explicaba nada. Las cosas eran, las tomabas o las dejabas.

Decía entonces, una ventana a otra realidad, siguiente escena, llevan en un jeepito al flaco a donde esto sucede. El lugar es en medio de un campo, donde está instalado un campamento, rodeando lo que parece ser un pantalla de cine colgada en el aire, pero que en realidad es la anteriormente mentada ventana al otro lado. Del otro lado puede verse un paisaje idílico, sacado directamente de la Familia Ingalls. Todo verde y floreado, una casa a lo lejos, un árbol cerca de la "ventana", y una mujer bonita con un vestido blanco hamacando a un nene, mientras un perro juega con ellos. En cualquier momento uno juraría que va a aparecer Michael Landon.

El generalisimo - o capitanísimo o lo que sea - le explica a nuestro superfluo protagonista que la gente de ese lado no puede ver a la gente que los observa de este lado, y que han descubierto que si bien hay una membrana entre los dos mundos, con una especie de cañón que armaron - siempre con las armas esta gente - han estado tirando cubitos de hielo contra la cosa y han podido descubrir que de tanto en tanto, lo que sea que separa los dos mundos fluctua, y un cubito logra pasar para el otro lado.
Mientras explica todo esto, un soldadito, que hace rato que está fascinado mirando a la chica del vestido vaporoso, toma una decisión, y antes de que nadie pueda gritar nada, Kowalsky - o como sea que se llame - , corre contra la "ventana" y salta al otro lado, aprovechando el viaje del cubo.

Todos, de los dos lados, nos quedamos duros. La chica baja al chico de la hamaca y los dos lo miran. El perro empieza a ladrar pero ella lo calla.
El ejercito contienen el aliento. ¡Han hecho contacto con otra dimensión!
Oh.
La chica le sonríe al soldadito y se le acerca. Este está fascinado.
Y mientras todos miramos espantados, la flaca pela una dentadura digna de Aliens y antes de que el soldadito pueda rajar, ella y el nene se le tiran arriba y se lo comen.

Sí. Un encanto de imagen para recordar a la una de la mañana.

El ejército se horroriza. El nene termina de manducarse al soldado, se acerca despacio a la pila de cubitos de hielo que se derriten al sol y mira para este lado, tratando de ver algo. Estira la mano, y la ventana al otro mundo parpadea y se cierra.

Los soldados - y el protagonista, que sigo sin saber quien era, y se ve que no era un chabón muy importante porque en mi recuerdo no hacía nada - juntan todo, acá no pasó nada, alguien que llame a la mamá de Kowalsky y le diga que su hijo no va a volver a cenar, y se van a la mierda.
Cuando el ejercito termina de armar todo y raja, te muestran el universo del otro lado, y se puede ver que ahora hay de ese lado una ventana colgada de nuestro mundo, donde se puede ver al ejército marcharse, y junto a la ventana está el nene, con un enorme hueso en la mano, golpeando rítmicamente contra la ventana, esperando para poder cruzar.

Sí, re creepy. Las cosas que yo pienso en la trasnoche...

Y mientras estaba ahí acostada, la casa a oscuras, pensando en ese nene, con todos esos dientes, del otro lado de la realidad, mirando invisible para este lado, tratando de cruzar, los pelos de punta, sintiéndome observada desde todos los puntos oscuros del cuarto de Zeke, escucho un ruido en la cocina.
Todos mis pelos, ya de punta, trataron directamente de escapar.
Me enderezo en la cama y miro por la puerta en dirección a la cocina.
Zeke, medio dormido, me pregunta que pasa.
Shhhh, esperá un minuto.
El ruido en la cocina se intensifica, mas que ruido ya es movimiento.
El gato no es porque está acurrucado a mis pies, y...
- H, ¿sos vos?
Silencio absoluto.
En cualquier momento salta la cosa esa y me come.
Ya estoy por ponerme de pie e ir a enfrentarme con los malos del mundo armada con un patito de madera para arrastrar - bien revoleados pueden ser un arma formidable -, cuando mi marido asoma la cabeza por la puerta,
- ¿Me hablaste?

No le revolée el pato de puro susto porque tengo buenos reflejos, que si no...
¿A quién se le ocurre pasear por la casa a oscuras sin hacer algún sonido de advertencia?
No, si a veces parece que algunos vivieran solos, miraloquetedigo...

15 jun. 2011

Media Docena


El sábado festejamos finalmente el cumpleaños de mi hija la mayor.
Después de comprar el vestido - que yo le prometí dejarla elegir a ella y Dios sabe por qué uno lanza ese tipo de promesas, esos cheques en blanco, al vacío -; después de encargar la torta - un corazón rojo, para poder poner a Pucca encima -; después de grabar los souvenirs - este año grabé cds con cuentos... 35 cds con cuentos - y ponerlos en sus cajitas, con sus respectivas tapas - impresas con dibujos sacados de la internet y dedicadas en puño y letra por Rorro -; después de llevarla a la peluquería - una hora y cuarto de espera para que finalmente le hicieran el bendito peinado -; después de rellenar dos piononos - dulce de leche, chocolate, crema y mermelada -, finalmente llegó la hora de ir al pelotero.
A esas alturas del sábado lo único que yo quería era que todo terminara para poder mirar las fotos y recordar lo lindo que había estado...
En fin...

Rorro la pasó maravillosamente.
Recibió a toda la gente que iba llegando, en parte para asegurarse de que vinieran todos en parte para recibir el regalo en mano propia... y me impresiona el hecho de que casi todos los padres saludaron a Rorro como si la conocieran mientras que yo no tenía ni idea a quién pertenecía qué padre.
Si hubiera sido un juego de "Embóquele al Niño" hubiera perdido de manera lamentable.
No es difícil notar que sus habilidades sociales no las heredó de mí.

La fiesta discurrió sin problemas.

No hubo bajas ni daños materiales que lamentar.

Valentina vino a reportar que Matías le había apretado el brazo, así que hubo que ir a retarlo.
Agustina vino a reportar que Matías había tratado de besarla, así que hubo que ir a retarlo.
Y después pude notar que una de las animadoras también retaba a Matías, así que tengo la impresión de que si no tiene cuidado hay frente a Matías una vida delictiva.

Distintos amigos de Rorro en distintos momentos vinieron a quejarse de que la Ro no les estaba prestando atención - eso es lo que pasa cuando uno mezcla gente de distintos ámbitos - así que tuve que ayudar a mi niña a repartir su presencia. Y no puedo evitar repetir que la petisa es una anfitriona nata. Momento en que yo le avisaba que alguien se sentía solo, allá iba ella, lista para mantener a todos sus invitados contentos.

Vinieron casi todos sus amigos invitados mas un par de colados - "¿se puede quedar la hermana?" por dos - y tuvimos teatro lleno.
Hubo juegos, pelotero, baile, comidas, títeres, mas pelotero, mas baile, torta, mas pelotero, mas juegos, piñata y a las nueve de la noche terminó todo.
Ro persiguió a todo el mundo para asegurarse de que nadie se fuera sin su cd.
Hubo un par de rezagados que llegaron a buscar a su prole a las nueve y media - una no me dió ninguna razón y la otra mamá es brasileña, así que vaya uno a saber cual fue la excusa que me dijo mientras me sonreía con toda la boca.

Al llegar a casa, Ro abrió el botín frente a toda la familia - mi vieja vino a la ciudad sólo para este evento -, y todos hicimos los ruidos admirativos pertinentes frente a cada regalo.
Recibió ocho perfumes. Ocho. Es curioso. Y cinco diarios íntimos. Se ve que está de moda. El resto de los regalos eran un surtido variado de pinturitas, ropa y demás. Sólo dos juguetes en toda la pila.
No puedo evitar notar que la gente se está volviendo muy aburrida.

El sábado a la noche caí rendida.
Estas cosas me estressan.
Y fue un cumpleaños de seis años.
Calculo que este tipo de cosas crece de manera exponencial.
El día que se case voy a contratar a alguien para que se encargue de todo.


9 jun. 2011

Todavía la Honestidad


Martes al mediodía.

Converso con Rorro y le pregunto qué se compró en el kiosko del colegio - de tanto en tanto en vez de mandarle galletitas le doy plata para que compre algo en el kiosko del colegio y aprenda como funciona esto de estar a cargo de la plata propia... o ajena, viendo que es mía, pero bueno, no vamos a andar hilando fino, tampoco es cuestión, que tipo de persona pijotera puedo llegar a ser que me preocupan un par de pesos que le doy a l... perdón, decía, entonces, le pregunto a la Ro qué se compró.

Ella me mira y
"Uh, pará que me olvidé de darte tu regalo..." y sale corriendo.
Dos segundos después vuelve con dos paquetitos de gomitas unipersonales - es decir, dos sobrecitos con 1 gomita cada uno - y me dice,
"Te compré algo" levanta los sobres y pregunta "¿Cuál querés, la hormiga o la mosca?"
Como decirle que en realidad los bichos de gomita no son lo mío está fuera de la cuestión, elijo la hormiga.
"Tomá, " me la alcanza, "el otro es para papá."
"Gracias." miro mi regalo y Ro me sonríe contenta.
"Son re ricas, en serio " me asegura, y después, como un pensamiento tardío, una conciencia un tanto hinchapelota, se siente impelida a agregar "Bueno, yo la mía la escupí en el colegio, pero porque a MI no me gustan, pero en realidad son re ricas. En serio... " y asiente, proyectando convicción.

Se hace difícil no sonreír frente a tamaña caradurez, pero lo logro.
"Bueno, la guardo para después, " ella asiente, contenta de haberse deshecho de las gomitas y haber quedado bien, y se va a jugar.

Yo dejo la gomita en la mesada y pienso que lo hace bien, pero que va a tener que mejorar su discurso de venta...

7 jun. 2011

La Pared


La petisa cumple años.
Sí, otra vez. Sí, ya pasó toooodo un año desde la última vez... Quién lo diría, ¿no?
En fín.

Iba yo a escribir sobre otra cosa, pero ahora estoy frustrada con algo y como estoy frustrada con algo voy a ventilar mi frustración acá. Sí, porque es mi blog y cuando me frustro escribo... a ver si así me frustra menos, cosa que no creo, pero...

La Ro, que el año pasado compartía su salita verde con 20 pibes, este año comparte su primer grado B con 24, mientras que en primero A, hay otros 26 . Entre estos dos primeros se encuentran repartidos los 20 de la salita verde, sumándole los de la salita azúl y la salita de la tarde que sabe Dios que color era.

El año pasado invitamos a su cumpleaños en el pelotero a los 20 pibes y todos contentos. Este año, al estar sus compañeritos originales repartidos Y al compartir los recreos con el otro curso, ahora sus compañeritos suman 50.
No entran 50 en el pelotero.
O tal vez sí, pero a mí no me los dejan llevar - amén de que tengo que pagar una fortuna por los 20 pibitos extra sobre los 30 que me habilitan de una.
Entonces que hacemos, mandamos invitaciones para los 27 mas amigos, y las mandamos en sobre cerrado para que las seños las pongan en los cuadernos de los 27 chicos, sin que los demás se enteren, porque yo sé que es muy feo que a uno no lo inviten a un cumpleaños. A todos nos ha pasado alguna vez.
En lo personal me pareció una solución bastante práctica.

Hace media hora me llama la seño Meli del colegio para explicarme con tono superior de maestra ciruela que ellos no hacen esas cosas. Como abren los cuadernos comunicaciones y ponen las notas cuando los chicos están desayunando - caraduras, se quedan con los cuadernos de comunicaciones todo el día, la Ro siempre llega a almorzar con la mochila vacía -, ellas no hacen eso para que ningún chicos se sienta mal al no recibir invitación en su cuaderno.
Perfecto - bueno, no perfecto, pero lo entiendo, yo no sabía que lo hacían enfrente de todos los chicos... cof cof mentirosa cof cof... - me ocupo yo de hacer llegar las 27 invitaciones.

Pero ahí entra el otro problema. Este colegio, por alguna razón que no preciso, no da los números de teléfonos de los alumnos. Es decir, todos los colegios que yo conozco mandan a principio de año una lista con los nombres, los apellidos y los números de teléfonos de todos los alumnos. Algo perfectamente razonable si uno quiere hacer una reunión, hacer una cadena, organizar un pool, etc etc. Un número para ubicar a la madre/padre o tutor de la criaturita de Dios. Pero no, este colegio no lo hace. Ni idea por qué, alguna tontera sobre la privacidad o algo así.

Así que entonces, acá estoy yo, con 27 invitaciones que entregar. La maestra no las quiere entregar porque no quiere que ningún chico se ofenda - hacelo cuando nadie mira, mami... en fín - y la maestra tampoco me quiere dar los números de teléfono como para que yo me ocupe de hacer llegar esas invitaciones sin que ningún chico se ofenda.

Es una situación que me va a llevar un tiempo solucionar...
Y no tengo mucho tiempo para empezar...

5 jun. 2011

La Culpa la Tiene Harry Potter


Hace un tiempo compartí con el público presente el relato de como un alumno no me devolvió nunca el tercer libro de Harry Potter. Si no lo leyeron - no, el tercer libro de Harry Potter no, Bebilacqua, mi anécdota - la cosa iba mas o menos así.
Hará unos años ya, un alumno se llevó el tercer libro de Harry Potter. Pasó un tiempo, no lo trajo, llamé a la casa, dejé mensaje. Pasó otro tiempo, nada de nada, llamé a la casa, dejé mensaje. Mas tiempo después - ya pasado un año entre esto y aquello - me entero que el fulano no viene mas. Llamo a la casa y en esta oportunidad me atiende la madre. Le explico mi problema y ella me contesta, textualmente, "pero él no va mas a la Cultural..."
Tengo que admitir que me dejó muda por un instante.
La estupidez supína de su aseveración me descolocó totalmente.
Finalmente, habiendo recuperado mis facultades, le contesté, amablemente, que el hecho de que él no fuera mas alumno del lugar no le transfería automáticamente la propiedad de mi libro y corté.
Obviamente el libro nunca volvió.
Así que yo compré otra copia de Harry Potter - el tercero, no se si les dije.

Después de compartir esta anécdota, agregué otra, en la cual hablaba de un caso similar, esta vez acontecida por la séptima novela de Harry Potter. Si no la leyó - Bebilacqua, shhh - la cuestión era que una chica había venido con una amiga, se habían llevado el último tomo de las simpáticas andanzas de este simpatico mago y sus amigos ja ja ja y un par de meses después, al reclamárselo yo, ella me aseguró muy seria que no lo tenía.
Pero... Pero... Si ella... Y su amiga... Y tengo la ficha acá mismo...
Pero nada, se mantuvo en sus trece. Hablé con la madre, nadie hizo nada y un año después compré otro volumen de Harry Potter - el ter- no, el séptimo, perdón.

Adelantámos la película - sí, el botoncito ese con los triangulitos de costado - y hoy resulta que tengo prestados el primero y el cuarto de la bendita saga . Desde mediados del 2010. ¡Y NO LOGRO QUE ME LOS DEVUELVAN!
Y tengo vigilados dos mas, que se acaban de ir así que estamos bien, pero con su historial no me extrañaría nada que decidieran desertar también.

Yo sigo insistiendo con el proyecto de mandar un chabón enorme a la casa de esta gente a buscar mis libros - "permiso, como le va, sí, trabajo para la biblioteca" y entra el flaco de dos metros y cara de pocos amigos, vestido de negro y con anteojos de sol - pero por alguna razón la comisión sigue sin aprobármelo.

No, si me tienen re podrida me tienen.

3 jun. 2011

Lunes Observados



Ahí estaba yo en mi casa, muy tranquila, lunes a la noche, lista para irme a dormir, cuando un retortijón me hizo notar que las cosas estaban por cambiar para peor.
Dos horas mas tarde, las comidas de todo el fin de semana habiendo hecho una segunda aparición en el show - ni ellas ni yo contentas de vernos - me encontré en mi cama tiritando de frío al punto de sacudir el colchón.
En otras circunstancias, siendo como es otoño casi invierno, esto podría a pasar como algo normal, pero en este caso, viendo que mi casa es mas bien calentita, nop. Como el calambraje seguía jodiendo, los tiritones no pasaban y la fiebre empezaba a subir, le dije al hombre de mi casa que llamara a los muchachos de la guardia ambulatoria.
Prestos y prontos, llegaron a los veinte minutos, en su ambulancia naranja. Me tomaron la presión, hicieron todo el show, me dijeron que no tenían ni idea - pero con palabras mas largas - y me preguntaron si no prefería ir a la guardia del policlínico. Como preferir lo que se dice preferir, no, pero viendo que así no iba a poder dormir, acepté graciosamente la oferta - o todo lo gracioso que se puede ser doblado en dos - me vestí y me fui a pasear en la ambulancia naranja - no hay nada de emocionante en eso, ni siquiera prendieron la sirena. H se ocupó de dejar a mi suegro con los chicos y me alcanzó cuando ya los muchachos me habían depositado en el consultorio del médico de guardia.

Los tiritones continuaban, los calambres persistían, pero lo que tenía al médico perplejo - todo el resto podía achacarse a una gastroenteritis - era la fiebre, que encantadora ella, seguía trepando. Por si las moscas me hizo una orden de Diclofenax - las inyecciones intramusculares son mas bien jodidas, mas aún a las dos de la mañana - y me mandó a hacerme unas placas al fondo del edificio. H me acompañó y bien que hizo porque estaba yo llegando a la sala de radiografía cuando la fiebre llegó hasta arriba y mi presión se fue al piso, practicamente volteándome a mí en el proceso.
El hombre de mi casa me atajó, me ayudó a ponerme la bata horrible que te hacen ponerte para las radiografías, y entre él que me sostenía levantada y los comentarios alentadores del radiógrafo - "vamos, señora, son sólo dos placas, párese ahí, usted puede", al que yo no tenía fuerzas para cachetear pero ganas no me faltaban - mientras yo me sentía derretir entre el calor espantoso de la fiebre y la necesidad de tirarme al suelo, logré sacarme las fotos internas y, finalmente, ambos sádicos me dejaron desparramarme en la camilla.
De ahí, de vuelta al médico de guardia, que sin tener ni idea a qué se debía la fiebre - que bendita ella había vuelto a bajar, dejando a mi presión subir - decidió dejarme en observación.

Me llevaron entonces hasta una habitación donde no estás ni adentro ni afuera, sos "de paso", donde despertamos a la chica que dormía en la cama de al lado. Me disculpé - porque yo soy muy educada en cualquier circunstancia y la fiebre no quita lo cortés -, me acosté, me pusieron el suero - parece ser que es una condición sin equa non, si querés quedarte, tenés que dejar que te pinchemos -, me sacaron sangre y me dejaron - tratar - de dormir. Algo difícil de hacer, porque tengo que decir que esta gente cuando te dicen que estás en observación, te observan.

Finalmente, entre dormitando y conversando con la chica de la cama de al lado - bronqueolitis, se lo agarró esperando el colectivo a las cuatro de la mañana volviendo de su trabajo limpiando baños, para poder mantener a cuatro críos, que tres son del primer marido que la fajaba y contra el que tuvo que poner una denuncia porque trató de tirarla por la ventana, no, sí a mi siempre me toca la gente con las mejores historias en la cama de al lado - llegó la mañana, horario en el que estaba programada mi ecografía.
El enfermero me dijo entonces que para la eco tenía yo que esperar a que H trajera el papelito que le había dado el médico. H me dijo por SMS que él no tenía ningún papelito. El enfermero me dijo que él lo tenía que tener. H me dijo que a él no le habían dado ningún papelito, que el médico había dicho de palabra y nada mas que a mí me tenían que hacer una eco.

A las diez de la mañana, sin hablar ni con H ni con el enfermero y sin ver ningún papelito, llegó una silla de ruedas a buscarme para ir a hacerme la eco - no si la burocracia... - y me llevaron al segundo piso. La gente te mira pasar con una cara de circunstancias cuando te llevan en silla de ruedas sosteniendo una botella de suero en la mano. Por suerte estaba de jeans, remera y botas, de otra manera me hubiera sentido realmente muy incómoda.

La ecógrafa se ocupó de revisarme órgano por órgano, y como era nueva - bien por mí, andaba de suerte en suerte - se la pasó pidiendo consejo la chica junto a ella, que le daba las indicaciones pertinentes - "si, ahora agrandá eso, ¿ves? tiene xxxxx justo ahí" - por lo que cada dos minutos yo no podía evitar el mirarlas asustada, y ellas se disculpaban y no, todo es normal. Taradas, como para sustos está uno.
La eco dio fabulosamente - tengo los órganos de una persona diez años mas joven - y esperé veinte minutos a que el camillero me viniera a buscar de vuelta, porque no sé que problema había pasado en el quinto piso. Ya estaba yo lista para pararme con mi bolsita de suero e irme empujando la silla de ruedas yo sola cuando finalmente se dignó a aparecer y me llevó de vuelta para abajo.
En mi habitación de paso - ni puerta tenía - me encontré con que venían a darle el alta a mi compañera de cuarto, pero de mí nadie tenía noticias.

H estaba afuera esperando, pero no lo dejaban pasar. Yo ya me sentía bien - no fiebre, no dolores, no tiritones, no nada - y sentada en mi cama, tenía un embole de aquello - no televisor. El enfermero vino a chequear mi suero - que a estas alturas también me tenía re podrida - y me dijo que tenía que esperar a la médica de turno, la doctora Lorena - no es un nombre serio para una doctora -, y que en el interín tenía que llenar un frasquito para el analisis de orina... que en mi opinión podrían haberse acordado antes pero bueh, a estas alturas...
Me ocupé de eso, entregué el frasco, dejaron pasar a H - sigo sin entender porque lo habían demorado, en la habitación de al lado parecía haber una fiesta la cantidad de visitas que rodeaban a esa señora - y apareció finalmente la doctora Lorena - que tendría que empezar a pedir que la llamen por el apellido -, que me dijo que todos los analisis, todas las placas, todas las ecos, habían dado normales y que no tenían ni idea - pero con palabras mas largas. Me recetó un par de remedios para el dolor de panza - que no tomé porque el dolor nunca volvió - me dijo que hiciera dieta - que hice, pero tampoco lo tomé muy en serio porque la nausea y los retortijones nunca volvieron - y me dijo que si volvía sentirme mal volviera a visitarlos - cosa que no hice porque la fiebre nunca volvió. Me dijo que viniera a la tarde a buscar los resultados del último analisis y que se los llevara a mi médico. El enfermero me sacó el suero - no le hizo nada de gracia mi comentario de "¡libérame!", alguna gente no parece tener sentido del humor - y me dejaron partir, con un papelito que me daba derecho a 48 horas de reposo. Parece ser que si no saben la causa de tu malestar sólo tenes derecho a 48 horas, no pidas mas.

H fue al día siguiente a buscar los analisis que quedaban y no se los quisieron dar, le dijeron que quedaban en la expediente del paciente - para qué nos habrá dicho la doctora Lorena que los fuéramos a buscar entonces... debe ser el nombre el problema. El hombre de mi casa está un tanto indignado, frente a esto, le sale el hombre de leyes de adentro y protesta que cualquier estudio que te hagan es propio y privado y uno tiene todo el derecho del mundo de llevárselo a donde uno quiera. Pero la verdad, me ne frega, no pienso volver al policlínico, así que se lo pueden quedar con mis bendiciones.
Y he ahí el por qué de mi deserción del blog en los últimos días.
Sólo tenía 48 horas de reposo, así que me las tomé en serio y reposé.

PD: Para los parientes que leen esto, no teman, ya saqué turno con los diferentes médicos para hacerme mas analisis así cuando me digan que no tienen ni idea - con palabras mas largas - por lo menos me lo dice alguien mas calificado que la doctora Lorena - ese nombre... ese nombre...