Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

30 ago. 2010

Un Incidente Diplomático


Ayer domingo me fui a tomar el té a lo de los Danis.
Afortunadamente esta vez no hubo cuentos de fantasmas - o al menos yo no pregunté.
Entre medialunas y pastafrola nos pusimos al día con las noticias, los parientes, los amigos. En definitiva una de esas tardes donde uno está cómodo con la gente con la que está y las horas se vuelan.

Rorro en el fondo jugaba con Vir.

Entre medialuna y medialuna, chisme y chisme, la escucho a la petisa que me llama llorosa. Abandono medialuna - y chisme -, parto detrás del sonido, y me la encuentro sentada en mitad del pasillo, maquillada como si un payaso hubiese explotado en su cercanía, con su vestido azul de Cenicienta y los ojos llenos de lágrimas,
Me armo de paciencia para lo que vendrá y
- ¿Qué pasó?
La información se desborda,
- ¡Virginia quiere ser la reina y yo no quiero ser una princesa y dice que no podemos ser reinas las dos!
La miro a la otra enana, en su vestido rosa de Barbie, parada a su lado, los brazos cruzados, también pintada como si hubiese sido alcanzada por la onda expansiva del mismo payaso,
- ¿Por qué no?
La Reina Rosa levanta la nariz, altanera,
- Porque no puede haber dos reinas.
- Seguro que sí. - contesto yo - Pueden ser de reinos vecinos. Vos sos la reina de España y ella la de Inglaterra.
Pero la Reina Rosa sacude la cabeza, negada totalmente a compartir su corona y la Ro, con un indignado "¿¡Ves?!", se me aferra al cuello.

Partimos para la sala de té, en busca de apoyo logístico, y sumamos a Daniela al dilema aristocrático en el que nos encontrábamos.
- Pero sean las dos reinas. - insiste ella, apoyando mi moción, cuando su intento de argüir de que la reina de la casa era ella fue rechazado de plano. Pero la moción de los reinos vecinos vuelve a ser vetada por Vir, mientras la Rorro sentada en mis rodillas amenaza con tormenta.
- ¿Y si juegan a la mamá? - pregunta Daniela entonces. - Son dos mamás que se juntan a tomar el té.
Vir duda un momento,
- ¿Pero quien cuida a los chicos? - mostrando su gran conocimiento de la realidad cotidiana, y la mira a Rorro - ¿Ro, y si yo soy la mamá y vos la niñera?
La tormenta amenazante se vuele inminente, viendo como sus aspiraciones al trono son destruidas y es lanzada a la plebeyez mas acérrima.
- ¡No, no quiero ser la niñera!
- Pero ser la niñera es lindo. - trata de vendérselo Virginia, zalamera.
Viendo que Rorro está a dos pasos de explicarle de manera gráfica a Vir lo que puede hacer con su trabajo de niñera y con el resto de los juguetes ya que estamos en esto, intercedo,
- Ya sé - que se ve que soy una diplomática nata - ¿Por qué Rorro no sos vos la reina, y vos Virginia no sos la mamá? Y todos contentos.

Rorro me mira levantando una metafórica ceja pintada de azul.
Mi idea era muy buena.
-Y la reina puede invitar a la mamá a tomar el té. - empujo un poco más.
Vir a mi lado guarda silencio por unos segundos. Puedo escuchar los engranajes en su cabeza girar, sopesando rangos, y cayendo finalmente en la cuenta de que lo mejor iba a ser que
- No, seamos las dos mamás y tomemos el té.
Rorro sonríe y abdica a su fugaz trono en haras de una tarde democrática, y las dos partieron al fondo a seguir jugando, la paz restaurada.

Dani y yo continuamos con las medialunas y los chismes, y yo no puedo evitar pensar que es una cagada que la mayoría de las discusiones no puedan solucionarse simplemente con un poco de buena voluntad, un buen diplomático y una invitación a tomar el té.

27 ago. 2010

Crimen Pasional



Soy yo o no es este uno de los Titulares mas absurdos que han leído en mucho tiempo?

Mujer disfrazada de luchador de sumo asaltó a su ex-novia en un pub gay después de que esta saludara a un hombre disfrazado como barra de Snickers.

La imagen me supera.
Totalmente.
Se le tiró encima de panza? Atacó al hombre/chocolate después?
Alguien sacó fotos?!
Qué pasó?!!

26 ago. 2010

Cuidado con las Tijeras.


El asunto del pelo empezó hará cosa de mes y medio, cuando volviendo de la calle una noche helada, tiré de mi bufanda y me encontré con un nudo gordiano compuesto de bufanda, pelo y auriculares.
Sip.
Fue muy frustrante.
Mientras desataba el enredo no pude evitar razonar que era probable que este tipo de cosas fueran a suceder como mínimo dos o tres veces mas en mi futuro. Como la bufanda no la iba a cortar y los auriculares eran nuevos, fue ahí, y sin siquiera parpadear, que tomé la decisión de que ya era hora de que el pelo se fuera.
En ese momento que nos compete, el pelo me estaba llegando a la cintura - unos meses mas y llegaba hasta donde la espalda pierde el nombre, como decía mi abuela - y, hablando mal y pronto, ya me tenía los huevos llenos.

Tengo que admitir que esto no es nuevo. A mi cada tanto me agarran ese tipo de locas - no, no me refiero a ninguna señorita, Bebilacqua, saque la mente de la cloaca y a ver si presta atención, sera´e´Dios - y decido que es hora de que es hora de cambiar. Y voy y cambio.

La primera vez lo hice en septimo grado. No tengo un recuerdo muy claro de por qué lo hice, tenía doce años, a saber que pasaba por mi cabeza, pero lo que sí se es que terminé con un precioso corte cepillito, fabuloso para salir de la pileta, y que conspiraba para que algunas personas no muy amables me dijeran que parecía un varoncito.
Volví a caer en el tema alrededor de cuarto año del secundario. Una vez mas pasé por las tijeras, esta vez para un corte muy corto, pero ya no tan militarizado y sí mas femenino.
El tiempo pasó, el pelo creció como tiende a hacer, y volví a pasar por el tijeretazo a eso de los 25, ya no de manera tan drástica como las anteriores, probablemente porque los años pasan y uno tiende a perder un poco el coraje.

Flashfoward unos años y hete aquí entonces, que el Asunto del Pelo, el Auricular y la Bufanda, vino a suceder justo durante la comezón del Septimo Año, por lo que una vez que la idea entró no hubo forma de sacarla. Llamé al peluquero que me había teñido de rubio la vez anterior - no sé si notan que hay un cierto patrón en esto del pelo - y saqué turno para el siguiente sábado.
La Ro me acompañó, después de haberle prometido que podía quedarse con la trenza para poder jugar, y después de que Carlos - que nombre tan poco exótico para un peluquero - me dijera por tercera vez "¿estás segura?", de un sólo tijeretazo, siete años de pelo largo se convirtieron en una apendice independiente.

Ahí es cuando la historia de valor y coraje se ensucia un poco, porque lo que yo quería, que era cortarlo cortito, casi a lo cepillito, no era la idea que Carlos consideraba que me iba a quedar mejor, y como yo suelo dejarme avasallar por los peluqueros - y los médicos, no sé cual es la relación - lo dejé hacer, y salí con un corte que no era feo, tenía su onda, pero no era lo que yo quería. No realmente. Era bien corto, apenas si tapaba la nuca y las orejas, pero había que levantarlo todo el tiempo con los dedos, al riesgo de que pareciera un casquito... o Margaret Thatcher. Sólo me faltaba el traje sastre.

Lo dejé asentarse.

Pasó casi un mes, pero eventualmente me rendí.
No hay en mi espíritu nada de Margaret Thatcher. No lo hay.
Así que saqué turno en otra peluquería - estoy segura de que Carlos iba a tratar de convencerme de alguna otra cosa - y ayer a la hora de la siesta, desmintiendo mi anterior comentario sobre los años y el coraje, le dije a la chica que quería "ese corte"
"¿La cresta?"
"Sí, ese de la foto."
"Buenísimo, te va a quedar divino."
Y para cuando me quise acordar ya había agarrado la maquinita y me la había pasado por la nuca y los costados de la cabeza, dejándome el pelo de arriba mas largo, como para poder peinarlo para el costado/arriba/atrás o como me viniera en gana...
Todavía estoy impresionada.
Me gusta, es muchísimo menos clásico que el anterior. Que cualquiera de los anteriores. En toda mi vida. Y después de un par de falsos comienzos, creo que el escribano en casa va a aprender a apreciarlo...
Pero tengo que acostumbrarme.
Sí o sí, porque si no me jodo, ya no hay mas pelo que cortar.

24 ago. 2010

Conversación en Do Menor


Conversación entre la Rorro y mi amiga/niñera esporádica Aylín, que se quedó cuidándo a los crios el viernes a la tarde que mi suegra estuvo de viaje...

A: No, Rorro, ya jugamos a la Wii hoy, ni ahí vamos a jugar a la computadora ahora.
R: PERO YO QUIERO!! QUIERO JUGAR A LA COMPUTADORA CON VOS!!
Ataque de llanto.
Mirada de odio de Zeke "¡dejala jugar, niñera del demonio!"
A: Nop.

Quince minutos mas tarde...

R: No voy a dejarte que vengas a cuidarme nunca mas si no me dejás jugar.
A: No vamos a jugar a la computadora.
R: Pero yo QUIERO...!!!

Otros quince minutos...

R: Y fuimos a Villa la Angostura, y había nieve y...
A: Te divertiste?
R: Sí. Podemos jugar a la computadora ahora?
A: No.
R: Pero es Barbie...!!

Diez minutos mas...

R: Y me gusta ese juguete. Y Zeke está jugando con sus autitos. Y hace mucho calor acá, ¿podemos jugar con Magenta? ¿Podemos tirar su pelota por la escalera? Tengo hambre, ¿puedo comer algo? ¡Quiero jugo! ¡En mi vaso! ¡Y después pienso que deberíamos ir y jugar a la computadora juntas!
A: No podemos jugar a la computadora.
R: ...`ta bien...
A: Igual, todo eso de "tratar de distraerme" te va a llevar lejos... Hay gente con la que funciona.
R: ... Si, lo sé... ¿Puedo tomar el jugo entonces?

Es persistente, de eso seguro...

21 ago. 2010

La Traición del Cangrejo 1/3


El guión huerfanito, traducido al idioma literario. Mi hermano decidió que por el momento no le podía encontrar la vuelta, así que aquí está.

Cualquier opinión es bienvenida.

Las críticas destructivas serán inmoladas.



"La galería está llena.

La inauguración es un éxito.

Helena mira a su alrededor con aire satisfecho, la copa de champagne un accesorio en su mano, mientras con ojo profesional calcula si falta alguna de las personas a las que mandó una invitación.

No cree que este sea el caso. Cuando ella pone su cabeza en algo, las cosas suelen salir como ella quiere. No es arrogancia, es conocimiento de causa. Por eso fue que su amiga Vivi la llamó para organizar este evento. Si hay alguien que puede arrastrar a la alta sociedad a una galería relativamente nueva para el vernissage de un pintor portugués ignoto es Helena Sanchez Orondo.

Un brazo rodea su cintura, enfundada en un entallado vestido rojo, calzado como un guante, y un hombre de aspecto distinguido la besa en la mejilla,

- ¿Contenta?

- Sí. - toma un trago de su copa y se aleja unos pasos, liberándose del abrazo, - Todos vinieron.

- ¿Pensaste que no iban a hacerlo?

Ella gira para enfrentar a su esposo, tan elegante y alto en su esmoquin hecho a medida, el pelo oscuro apenas salpicado de canas, los ojos claros mirándola sonrientes,

- Nunca. - su mirada se desliza por sobre el hombro del saco, un poco mas allá, y se enfoca casi sin querer en la figura, bastante mas desprolija, de un hombre unos años menor, conversando con dos mujeres - una de púrpura, la otra de naranja, contrastando terriblemente la una con la otra.

Los ojos grises del hombre desprolijo encuentran su mirada y la saludan con un guiño a través del salón. Helena vuelve a mirar su marido, que no parece haber notado su desliz,

- Tengo que ir a hablar con alguien Javier, ¿vas a estar bien sólo? - esto último es una frase armada, una frase agregada para parecer una esposa solícita, una frase a la que un hombre grande, CEO de una gran compañía, sólo puede responder con un

- Obviamente. Andá, ocupate de tu pequeño proyecto, estoy seguro de que en algún lugar lo vi a Charlie y tenemos que organizar nuestra próxima partida de golf.

- Bien. No te agotes.

- Voy a extrañarte.

Ella sonríe, sin comprometerse, y desaparece entre la gente.



Helena busca, en la cartera que dejara debajo del escritorio cuando llegara horas antes, un cepillo con el que tratar de acomodar su melena rubia - mitad natural, mitad obra y milagro de su estilista - enrededa por los últimos acontecimientos.

Al otro lado del escritorio, abrochándose la camisa, el hombre desprolijo sonríe divertido,

- Espero que hayas traido algo con lo que atarlo, porque con un cepillo sólo no sé si vas a lograrlo.

Ella hace un gesto frustrado, sabiendo que él tiene razón. Se acomoda el vestido, pasándose las manos por la cintura y las caderas, asegurándose que no queden arrugas, manchas o marcas que indiquen lo que acaba de hacer.

- La próxima vez que me agarres así del pelo, Jonás, no volvés a verme. - y dándole la vuelta al escritorio de Vivi, revisa los cajones, confiando en que su amiga guarde en alguna parte algún tipo de broche para el pelo.

Pero la búsqueda es en vano y molesta cierra el último cajón con demasiada fuerza.

Jonás ríe suavemente,

- SShhh, o alguien va a preguntarse quien está trabajando en esta oficina, cuando hay una fiesta detrás de la puerta.

- No puedo salir así. Javier…

- Dame el cepillo. - ella lo rescata de su cartera nuevamente y se lo alcanza violenta. El lo agarra y se acomoda detrás de ella,

- Mi hermana tiene el pelo larguísimo. Cuando era chica necesitaba ayuda todo el tiempo y mi vieja siempre me ponía a mí a peinarla.

Helena lanza un suspiro frustrado. Realmente no le interesa la historia, no está en esto por la intimidad, sólo quiere volver al vernissage, antes de que alguien se de cuenta de que está faltando.

- No te preocupes. Nadie se va a dar cuenta.

- Si Javier se entera…

- ¿No me dijiste que estabas planeando dejarlo?

- Sí, pero no quiero que cuando mi abogado se lance sobre él, su abogado nos destroce por que yo lo engañé.

- ¿No podés averiguar si él fue infiel?

Helena no puede evitar reirse,

- ¿Javier, infiel? Javier me adora. Que yo sepa nunca jamás ha siquiera mirado a otra mujer.

- ¿Por qué vas a dejarlo entonces? - no hay ansiedad en la voz masculina, él tampoco está en esto por el romance,

Ella encoge un hombro, disfrutando a su pesar el pasar del cepillo por su pelo,

- Por plata, ¿por qué mas? Estoy cansada de que él tenga la mayor parte.

- ¿La mayor parte? ¿La empresa no es tuya?

- De papá. Pero papá considera a Javier como al hijo que nunca tuvo, y estos días, que no anda sintiéndose optimo, sé que está pensando en dejarle su parte de las acciones a él. Y realmente no quiero que él se quede con todo… - sus ojos oscuros se entrecierran ante la idea y busca en su cartera hasta encontrar el frasquito con las pildoras de nitroglicerina - Así que mejor me lo saco de encima antes de que el viejo estire la pata.

Jonás hace una mueca,

- Si no fuera por las veces que te he visto tomar esas pastillas para resguardarlo, a veces apostaría a que no tenés corazón.

Ella gira la cabeza ligeramente, mostrándole su perfecto perfil derecho, donde los años, que ya doblaron la esquina de los cuarenta, apenas si han causado estragos,

- No sabía que era tu interés en mi corazón lo que te traía a nuestros pequeños encuentros.

El deja el cepillo sobre la mesa y desliza sus manos por la cintura esbelta, el vientre ligeramente convexo, las caderas generosas,

- No, no realmente.

- ¿Terminaste con el pelo?

- Si.

- Gracias. - y enderezándose se aleja de él. - ¿Me veo bien?

- Perfecta.

- Listo. Salgo yo primera. Vos esperá cinco minutos.

El hace un gesto afirmativo y ella abandona la oficina.

Cuatro minutos, treinta y seis segundos después, Jonás sale detrás y busca a Helena entre la gente, encontrándola nuevamente del brazo de Javier, riendo amablemente algún comentario de la señora de negro con la que están conversando. Javier levanta la mirada y la fija en él, como si lo hubiese estado esperando. Jonás sostiene su mirada por un momento, sin traicionar ninguna expresión, y luego parte en busca de una copa de champagne y algo para comer. Está famélico."


Continua.

La Traición del Cangrejo 2/3


"Javier cruza la puerta del departamento - último piso, edificio antiguo, sobre la calle Alvear, un lugar al que le tiene mucho aprecio - y con un suspiro deja las llaves sobre la mesita junto a la pared del hall de entrada. Detrás de él, Helena cierra la puerta,

- No las dejes ahí, vas a rayar la madera… - y es un comentario dicho mil veces que él va a volver a ignorar. Le gusta dejar las llaves ahí, la madera realmente le importa un quinoto.

Se saca el sobretodo - la noche está helada - y lo cuelga en el perchero, sabiendo que eso sí va a ser aprobado. Helena cuelga su abrigo junto al suyo y levanta la pila de sobres que la empleada dejó sobre la mesita que ya establecimos no es para las llaves.

Distraído la ve revisarlas, mientras avanza por el hall al palier y gira para el living en vez de para las habitaciones. La mira avanzar y no puede evitar pensar que para sus cuarenta y dos años, Helena Sanchez Orondo todavía tiene en ella el poder de girar cabezas.

- ¿No vas a irte a acostar?

Ella ha separado un sobre de los demás y lo estudia pensativa,

- ¿MMmhh?

- Me voy a la cama. ¿Venís?

- En un minuto, quería sentarme un ratito en el living, escuchar música.

- ¿Te acompaño?

- No, estás cansado, en otro momento.

- Quería conversar con vos un minuto.

Ante esto ella sí lo mira, sus ojos oscuros ya no tan perfectamente maquillados como cuando salieran, seis horas antes, el rimmel corrido en uno de de los extremos.

- ¿Sobre?

- Mañana salgo de viaje para Lima.

- ¿Perú?

- ¿Hay otro?

Ella no le ríe la broma,

- ¿Mañana que es?

- Miércoles 3.

- ¿Cuándo volvés?

- El sábado. Te quería preguntar si querés venir. - la mira sugestivo, acercándose unos pasos - Vos, yo, una habitación de hotel… Podría ser divertido.

La mirada de ella es seca, burlona,

- Vos, yo, y un montón de reuniones de trabajo tediosas. MMmmmmhhh… Me parece que voy a pasar.

El compone una expresión desilusionada,

- Podríamos escaparnos…

- ¿El señor responsable, haciéndose la rata? No lo creo. - vuelve su atención al sobre en su mano. - Me pregunto que querrá Valenzuela ahora… - y reanuda su andar en dirección al living. Javier lanza el aire que tenía guardado y enfila para las habitaciones,

- No tardes mucho.

- No, no. Ya voy…



Jonás está tratando de entender el plano frente a él. Es decir, lo entiende, puede ver perfectamente donde está todo ubicado… pero no puede entender por qué es que que está ubicado de esa manera. El celular sonando en su bolsillo lo sobresalta, tan concentrado estaba, y el caller ID marca Oculto.

- ¿Hola?

La voz de Helena llega seductora y compuesta a la vez, pequeña a través del parlante,

- ¿Qué tenés para hacer esta noche?

- ¿Que día es hoy?

- Miércoles.

- Tengo planes.

- No importa.- y realmente no hay desilusión en su voz. - ¿Mañana?

- Mañana estoy libre.

- ¿A la tarde, en mi departamento?

- ¿Después del almuerzo?

- Sí.

- Nos vemos entonces.

La comunicación se corta y Jonás vuelve a sus planos, pensando que hubiera detestado cancelar sus planes para esta noche si ella hubiese decidido presionar… Y que la razón por la que los planos no funcionan es porque no han tomado en cuenta el factor de la luz de la mañana…



La luz de oblicua del mediodía invernal llena la habitación cuando el timbre resuena en el enorme apartamento.

Helena chequea una vez mas su aspecto frente al espejo de la entrada - la luz del día no es la mejor aliada, pero una no puede apagar el sol - y se dirige a la puerta. La empleada tiene la tarde libre… de hecho, tiene instrucciones de no volver hasta el día siguiente. No recuerda que explicación le dio y tampoco le importa.

La puerta se abre y Jonás la espera, las manos en los bolsillos, el mismo aspecto desprolijo de siempre, y ella no puede evitar pensar que es un hombre tan bonito, y que tanto mas bonito se vería si se cuidara un poco. Pero el momento pasa, el siguiente se les abalanza encima, la puerta se cierra y, arrastrándolo de la mano hacia el fondo, prefiere no pensar por lo que resta de la tarde."


Continua.

La Traición del Cangrejo 3/3


" La puerta de entrada al cerrarse levanta un eco en la casa y Helena levanta la cabeza, alerta, mientras Jonás a su lado ni se inmuta, ocupado como está en morderle el cuello,

- ¿Escuchaste eso?

- ¿Qué cosa?

- La puerta.

- Tu imaginación.

Ella lo empuja, obligándolo a salirse de encima,

- No. Fue la puerta.

Y esos que se acercan son pasos.

- Helena, ¿estás en casa?

Y esa es la voz de Javier.

Helena no tiene tiempo de saltar de la cama, de solucionar la situación, de controlar los daños, que ya la puerta del cuarto se está abriendo y la figura imponente de su marido está cruzando la vera,

- Al final me escapé. Vos que decías que no podía... Cambié los pasajes y decidí volver antes para - pero la información se trunca, las palabras mueren en su boca al encontrar la pareja sobre la cama, las ropas ligeras, evidenciando lo que hasta ese momento habían estado haciendo,

- ¿Helena?

- Javier. - las palabras se le escapan. - Esto no es… - pero decir que no es lo que parece es un insulto a la inteligencia de cualquiera.

Jonás a su lado, inmóvil, espera tenso la explosión.

Un segundo, dos segundos, tres segundos,

- ¡Me estás jodiendo! ¡¿Esto es lo que hacés cuando yo me voy?! - el bolso cae al suelo con un golpe violento - No puedo creerlo… - pasea a lo largo de la cama, - Soy un pelotudo. Yo que me preocupo para que no estés sola, para que no te sientas abandonada y vos… Vos… - Javier mira a su alrededor frenético - ¡Y en mí casa! ¡En mi cama! Puta de mierda. - se dirige al gran armario a la derecha de la habitación soleada y desaparece dentro de él. Helena se apresura a ponerse de pie y a echarse encima una bata. Se siente mas predispuesta a enfrentarse a la situación con algo mas de ropa encima. De un empujón obliga a Jonás a levantarse. Está segura de que lo que sea que vaya a pasar, ella va a poder controlarlo. ¿Acaso no se ha pasado los últimos quince años controlándo a Javier?

Javier vuelve a la habitación con un arma en la mano y Helena se da cuenta de que la situación se le ha salido de las manos.

Jonás levanta las manos a la defensiva,

- Pará, hombre, no es para tanto, sólo nos estábamos divirtiendo.

El arma apenas tiembla cuando apunta a la pareja de pie frente a la cama revuelta,

- ¿Divirtiendo? Estás hablando de mi mujer, hijo de puta.

- Javier, bajá el arma. - su voz trata de ser autoritaria, pero puede notar como su corazón está acelerando su ritmo, como está empezando de a poco a hiperventilar.

- ¿Vos pensás que ponerme los cuernos está bien? Acaso no te di todo…

- Ella iba a abandonarte de todas maneras, - intercala Jonás, con tono despreciativo, antes de que Helena tenga tiempo de hacerlo callar, y lo siguiente que nadie sabe es el sonido de dos disparos y el hombre de pie a su lado cayendo hacia atrás, rebotando sobre el colchón, desapareciendo por el costado como si fuera el borde del mundo.

Helena puede sentir un grito histérico atorarse en su garganta.

Lo mató.

Puta madre, Javier lo mató.

Mira a su marido frente a ella, a ese extraño que con un arma en la mano la mira con ojos desorbitados.

- Yo… Yo… ¿Viste lo que me hiciste hacer? - el lado equivocado del arma fija en ella su negra mirada, mientras Javier sacude la cabeza… - Esto no puede estar pasando… - un paso hacia un costado, un paso hacia el otro, un pasear abortado, lleno de confusión y pánico.

Helena se sienta en el borde de la cama, sus piernas negándose a sostenerla,

- ¿Cómo lo explico…? - murmura Javier - ¿Cómo…? - una idea parece encenderse en su cabeza, sus ojos claros brillando con maníaca intensidad - Una pelea de amantes. El llegó y trató de matarte, te disparó y vos le disparaste. Todo muy trágico… Y yo fuera del país…

Helena trata de respirar y no puede. Puede sentir el ahogo en su pecho, en su cuello, el dolor trepando por su quijada, sus venas cerrándose, su sangre ralentizándose.

Trata de hablar, de explicar, de rogar, de decir algo, pero no puede. Se lleva el puño al esternon, donde su interior empieza a arder,

- Helena… - la mujer sobre la cama respira cada vez mas ràpido, luchando por el oxígeno, - Helena… - insiste Javier.

- …tabletas… - la escucha susurrar, apenas articulando.

- ¿Dónde están?

Un murmullo ahogado es la respuesta.

- ¿Están en la mesa de luz? - insiste Javier.

- Si…

Javier no se mueve y Helena se deja caer hacia atrás, la lucha por sobrevivir cada vez mas frenética, el sonido de su trabajosa respiración doloroso en el silencio de la media tarde…

Javier baja el arma y la observa, sus ojos claros muy abiertos, llenos de horror, mientras las aspiraciones se vuelven cada vez mas espaciadas hasta convertirse en esporádicas y eventualmente detenerse por completo.

El hombre traga saliva y respira hondo. Se lleva las manos a la cabeza, sus dedos enredándose en su pelo. Esto… Esto… Le da la espalda a la cama, a la escena, por un momento, tratando de organizar sus pensamientos, sus ideas, y se sobresalta con un exclamación cuando una mano pesada se apoya en su hombro.

- ¡Mierda!

Jonás levanta las manos frente a él, palmas hacia fuera, y Javier se lleva una mano al pecho,

- Me asustaste, pelotudo.

Jonás mira a la mujer sobre la cama, y se muerde el labio,

- ¿Está muerta nomás?

- Eso parece…

Los dos la observan por un momento, una mujer bonita aún en la muerte...

Javier suspira y baja la cabeza. Jonás lo rodea con los brazos y Javier entierra la cara en su cuello. Por un momento el tiempo se estira a su alrededor.

Un beso sentido, una separación y Javier lo aleja suavemente,

- Dale, levantá todo. Vos nunca estuviste acá.

Jonás junta su ropa y se acomoda, mientras Javier le quita los cartuchos de salva al arma, la guarda nuevamente y desarregla su aspecto.

- ¿Tenés todo?

- Sí. - se enfrentan junto a la puerta, Jonás lo retiene del brazo. - ¿Vas a estar bien?

- Sí. - un beso un tanto mas largo y luego Jonás se aleja por el pasillo. - Que nadie te vea salir. - le advierte Javier a la figura que se aleja,

Una sonrisa burlona es la respuesta, brillante a la luz del sol,

- Nadie nunca me ve.

- Te llamo mañana.

- Y no te olvides.

Javier espera a escuchar la puerta de entrada abrirse y cerrarse y le da unos minutos, ignorando abiertamente a la mujer muerta sobre la cama, luego busca su celular, respira hondo un par de veces, y con dedos temblorosos marca el 911

- ¡¿Hola?! ¡Hola!- su voz se quiebra, - Sí, mi mujer tuvo un infarto. ¡No respira! ¡Por favor, una ambulancia!"



20 ago. 2010

Prueba A... y así...


Este es un breve post - porque lo que va a ser largo va a ser el tiempo de carga, la pc está a veces, creo sinceramente, que funciona con una rueda de hamster, y no estoy del todo segura de si el hamster está vivo - para ilustrar, a saber, el post este y el post este.

El famoso lemur, retrocediendo despacito, en espera de la oportunidad para escapar...

El mono Tobías, y mi niña Rorro

Zeke, en el cochecito, con el mapa...

La vista desde la aerosilla - después ya me asusté y usé las dos manos para agarrar al crío.

Rorro y el culipatín...

Bahía Manzano.

El fuego en la chimenea...




Y Zeke contra el inflable - esta escena se repitió varias veces.

(y si, cargar esta entrada me tomó un pedazo de tiempo importante nomás)

19 ago. 2010

De Paseo


De vuelta en la urbe.
Villa la Angostura nos tuvo de paso en este fin de semana largo.
Que cosa agradable salir de la gran - bueno, mediana - ciudad y pasar un rato entre el bosque y la nieve.

Llegamos el viernes a la noche después de viajar toda la tarde. Nos encontramos con el resto de la partida en las cabañas y nos fuimos todos en busca de un restaurante donde cenar.
Los niños - los mìos mas la ajena - se portaron razonablemente bien para ser la primera noche. Corrieron alrededor del local, pero viendo que era bastante tarde ya no quedaba mucha gente y no jodieron en cantidad. Cuando se pusieron pesados fue hora de partir.

El sábado fuimos al cerro. Los que esquiaban de nuestra troupe se fueron a hacer lo suyo y los que no - tres mujeres, un hombre, tres niños - pagamos el pase hasta la parte media de la montaña. "Rorro, si alguien te pregunta vos tenés cuatro" "Pero yo tengo cinco" "Sí, pero nos sale carísimo que tengas cinco, así que vos tenés cuatro, listo?" "Bueno" y la pude escuchar recitar, al mejor estilo Danica Dorada, "tengo cuatro, tengo cuatro, tengo cuatro".
Subimos en la aerosilla.
No me terminan de gustar las aerosillas.
Tengo dos preciosos moretones, uno en cada pierna, por culpa de la aerosilla. Tan preocupada estaba yo porque no se me cayera Zeke - que un poco menos y se me resbalaba por debajo de la barandilla - que todas las veces le calculé mal al sentarme. Se ve que mi cerebro cuando está ocupado en preocuparse no puede perder tiempo en nimiedades tales como velocidad, espacio y trayectoria. Pero no se cayó, así que nada.
Hicimos cuilpatín - tengo que subir el videito del enano deslizándose colina abajo hasta rebotar contra el enorme inflable que adornaba la escuelita de esquí -, con un par de trineos prestados amablemente por la gente de la escuelita - porque un poco mas allá y los teníamos que alquilar, y viendo que estábamos en plan ahorro, tampoco era cuestión.
Paseamos un poco, no nos resbalamos de casualidad, esquivamos un montón de esquiadores mediocres que se las tiraban de olímpicos - y creían que vistiéndose como tales lo iban a conseguir - y volvimos a bajar, muertos de hambre, en busca de un restaurante.

Rorro lo que mas disfrutó fue el paseo en aerosilla. A los gritos, de su silla a la mía, "¡mamá, te quiero mucho!" resonando por la montaña.

Al día siguiente, los esquiadores se fueron nuevamente a la montaña y el mismo grupo peatón del día anterior, nos fuimos a Bahía Manzano, recorrimos un poco, sacamos unas fotos - quién ha visto un bosque los ha visto todos - y después nos fuimos en busca de otro lindo restaurante donde almorzar.
Turismo gastronómico que le dice Henry.

El domingo a la noche nevó finalmente en la ciudad, prendimos la chimenea - YO la prendí, ja, y vieran todos que bonito fuego -, hicimos hamburguesas a la parrilla - ese fuego lo prendió alguien mas, no me importa quien - y el lunes a la mattina, pese al camino nevado, la lluvia intermitente y la fiaca generalizada, emprendimos la vuelta.
Fue un viaje con gusto a poco. El lugar era lindo, la cabaña era acogedora, la compañía era agradable.
Aunque, honestamente, dos días mas y me hubiera muerto del embole.

13 ago. 2010

Un Ramo de Rosas


Acabo de leer en un blog amigo que su dueña anda de aniversario de casada. La felicité cordialmente - siempre es lindo ver que la gente se quiere - y me quedé pensando en mi propio aniversario, que fue el mes pasado, y del que - ejem, ejem - no me acordé.
Henry tampoco se acordó, pero de un hombre está mas esperado, las mujeres ya vienen predispuestas a pensar que él no se va a acordar y se supone que lo anotan en todas partes para que él lo recuerde y haga un enorme gesto al respecto so pena de caer en desgracia. O al menos así va el chiste y la tradición, no es tampoco cuestión de andar haciendo una realidad de un clichè - aun cuando siendo honestos, los clichès son clichès por esa tendencia que tienen a repetirse.

Entonces, yo decía, yo no me acordé, y de no haber sido por una amiga mía que me mandó un sms felicitándome, el día hubiera pasado sin pena ni gloria.
Tengo que decir que su mensajito me descolocó un poco.
Es decir. Ahí estaba yo, tan tranquila, y de golpe, sobre mí, todo este tema.
Era mi aniversario y yo no había organizado nada.
Súbitamente, la crisis existencial y yo nos miramos las caras.

¡¿Me estaría convirtiendo en un hombre?!

¿Mi lado masculino estaría avanzando sobre mi lado femenino y empezaría a olvidar los aniversarios, las toallas mojadas en el piso del baño, las botellas de shampoo sin cerrar?
¿Empezaría a comprar las verduras incorrectas en el supermercado, a pensar que las comedias románticas son un sinsentido, a pensar que colores como el salmón y el turquesa sólo les suceden a otras personas?
¿Me volvería monosilábica cada vez que me hablasen de sentimientos ajenos, ignoraría sistemáticamente que el rollo de papel del baño no se cambia solo, empezaría a buscar porno en internet?
¿Empezaría a ver futbol, a pensar que Sean Connery es el mejor James Bond, a hacer zapping cada vez mas rápido hasta que no pudiese captar nada de lo que está sucediendo en la televisión llevada simplemente por la inercia?

El horror. ¡El horror!

Mirando el sms de mi amiga Lore dudé sobre cual debía ser mi curso a seguir.
¿Debía llamar al escribano y reprocharle que no se hubiera acordado, reclamar a gritos un regalo monstruoso, una prueba de amor, un anillo de brillantes, lo que fuera como para recuperar mi condición de mujer ante el embate del machismo en mi psiquis?
Pero luego caí en la cuenta de que era miércoles por la mañana, y que estaba en plenas vacaciones de invierno, y que mis niños habían salido con su abuela, y que yo todavía estaba metida en la cama. ¿Realmente quería ponerme a discutir?

Le mandé un mensaje de texto a hubbie diciéndole que éramos dos quesos, feliz aniversario, me di vuelta y seguí haciendo fiaca. Al cabo que yo ya busco porno en internet y Sean Connery es el mejor James Bond.

11 ago. 2010

Tres de Tres



El sábado hice lemon pie.
La idea original eran brownies, pero a hubbie le gusta el limón, yo estaba de buen humor y decidí que lo importante era que hubiera algo dulce y lo divertido era cocinar.

Ja.

Como no quería hacer lemon pie de cajita y como nunca antes hice lemon pie casero hice lo que hago siempre frente a este tipo de situaciones. Me senté frente a la compu y le pedí ayuda a San Google. Este, por supuesto, cumplió, y así fue como, asimilando dos recetas, conseguí algo que se ajustaba a mis planes y mis propósitos.

Empecé por la masa. Una masa bastante simple. Mezclé la harina, el azúcar, la manteca y los huevos. Amasé, estiré, enmantequé y enhariné - no, mentira, rocié con spray Mazzola - y obedeciendo las instrucciones, la coloqué muy bonita en el fondo de una tartera.
Aquí fue donde sucedió el primero de los imprevistos.
Quince minutos después la masa estaba doradita, preciosa, fragante... E hinchada por sobre el borde de la tartera, lo que la convertía mas bien en una torta chatita, una enorme galleta, un delgado bizcocho, y para nada en una base para tarta...
No dejé que esto me alterara mas allá del primer "pero... y ahora?", porque yo soy una mujer práctica a la que los imprevistos no la asustan. Di vuelta un molde de torta sobre la tartera, recorté los sobrantes, la enderecé, la ajusté a su nuevo espacio y repartí los pedazos de torta extra fina por la casa como si fueran galletitas.
Realmente estaba muy rica.

Una vez solucionada esta crisis pasé al relleno. Esto me tenía un poco mas ansiosa, las masas, proporción mas, tartera menos, son todas iguales y he hecho bastantes. Sin amedrentarme entonces, las probabilidades de algo saliendo mal ya cubiertas, puse manos a a la obra. Yemas, jugo de limón, agua, azúcar y maicena. Todo al bol. Todo al baño maría - para quien no sepa de cocina, esto es, adentro de una olla con agua sobre el fuego.
Según los que saben de estas cosas, al menjunje le toma entre 7 y 10 minutos cuajar y convertirse en una crema espesa.
Aquí fue donde sucedió el segundo de los imprevistos.
Porque la crema no cuajó entre los 7 y los 10 minutos. Ni en los minutos que siguieron a estos.
Empecé revolviéndola, preocupándome de que el huevo se cocinara y todo se arruinara... Pero nop, nada sucedía, ya fuera que la revolviera o no, la cosa se mantenía obstinadamente líquida.
Eventualmente la dejé tranquila, me fui a hacer otras cosas, continué con mi vida, leí un libro, jugué con los chicos, y ella flotando tranquila en su baño maría, pensando sabe Dios en lo que sea que piensen las cremas de limón que no cuajan.
Le tomó hora y media cuajar.
Por reloj.
Mi madre se sorprendió muchísimo cuando se lo comenté.
Las leyes de la física parecen no funcionar en mi cocina.

A esas alturas ya era de noche y nosotros nos teníamos que ir a comer afuera, por lo que dejé que se enfriara un poco, la eché sobre la masa y metí todo en la heladera. El merengue iba a tener que esperar hasta el día siguiente.

El domingo a la tarde retomé el lemon pie - ya mirándolo con cierto recelo - como para tener algo rico para el té. Pese a los curiosos imprevistos, el asunto a medio terminar se veía bien, por lo que sólo me faltaba hacerle el merengue suizo y estábamos.
El merengue suizo, para el que no sabe, se hace batiendo las claras a baño maría, como para que se cocinen un poco, lo que las hace mas firmes.
Sé hacer merengue suizo.
He hecho merengue suizo anteriormente.
Me encanta como queda el merengue suizo.
Por lo que cuando sucedió el tercer imprevisto, realmente no lo vi venir.
Cuandoel chisme tenía que quedar cremoso me di cuenta de que no estaba sucediendo lo que tenía que suceder. El huevo se había inflado, el azúcar se había derretido, todo estaba como tenía que suceder... pero la consistencia no era la correcta. Después de un rato de batir me di cuenta finalmente de lo que había pasado. El estúpido huevo se había cocinado antes de tiempo, y lo que yo tenía era una enorme omelette blanca con azúcar.
Una porquería, vamos...

Tiré todo el asunto, respiré hondo, me rehusé a pensar en males de ojo ni en nada sobrenatural, busqué mas huevos y lo intenté de nuevo - entre las puteadas de los chicos que trataban de ver televisión mientras la maníaca de su madre le gritaba a la batidora.
Esta vez sí, el merengue aceptó su destino, brilló orondo en su olla, lo pasé sobre el resto de la tarta y el lemon pie, después de dos días, quedó hecho.

Henry dijo que estaba muy bueno, yo la verdad recién pude probarlo hoy, porque a esas alturas le tenía un veneno a la cosa esa que si la probaba me iba a caer mal...

9 ago. 2010

A Ver Animales...


Fuimos al zoológico el sabado, porque supusimos que la mayoría de la gente llevaría a sus niños de paseo el domingo del niño propiamente dicho y el sábado no habría nadie.
Y, efectivamente, punto para nosotros, no había nadie.

Las highlights del asunto - porque me conozco y si empiezo a detallar para cuando me quiero acordar me escribí el Quijote y anexos - fueron:

- Henry en la boletería, pidió dos entradas mayores y dos menores, "Sí, uno de cuatro y uno de dos por favor", y la Rorro gritó a voz en cuello, justo al ladito "¡Pero yo ya tengo cinco, papá!" dejando a su padre en la terrible postura de o se estaba haciendo el vivo para no pagar una entrada extra - porque cada entrada de mayores está 50 mangos - o es un padre de mierda que no tiene ni idea cuando cumple años su hija... Mis carcajadas - porque yo le había advertido cuando me contara en el auto de sus planes que la niña no se iba a dejar bajar de sus cinco años tan duramente ganados - resonaron por el parque.

- Esta vez sí agarramos un cochecito para que viajara Zeke, porque las últimas veces que vinimos tratamos de que el crío caminara toda la vuelta y ni caso... Por otra parte hay que ser justos, la vuelta completa al parque te toma por lo menos 3 horas. El cochecito, bendita sea el alma generosa de la gente de Bubalcó, no te lo cobran como en otros lugares.

- Habiendo decidido saltearnos todo el sector de los pájaros - ver loros enjaulados se hace viejo enseguida - enfilamos desde la entrada directamente para el otro lado, y mientras caminabamos tan tranquilos por la huella, un auto destartalado, que venía desde la otra punta del parque, frenó frente a nosotros en el cruce de caminos. Un señor mayor se bajó, caminó los 10 metros que lo separaban de nosotros y amablemente nos indicó que si íbamos para este lado nos ibamos a perder los pájaros y que cuando volviéramos íbamos a tener que retroceder. Le agradecimos por habernos iluminado, él nos sonrió, feliz de haberlo hecho, retornó a su auto y continuó su camino, su único propósito para frenar el avisarnos de nuestro error. "Que amable," comentamos con Henry, viéndolo desaparecer, y después seguimos por donde íbamos sin mirar atrás.

- Hay otro tigre blanco haciéndole compañía al primero, y es impresionante lo grande que es y lo cerca - esas mallas de red realmente son finitas - que está uno del animal.

- El día estaba soleado y pese al frío daba gusto estar afuera. El río bajaba cargado y por momento parecía turquesa.

- En el vivero - donde tampoco había nadie, me pregunto donde estarían los cuidadores y los guías, - hacía 37 grados, palabra de termómetro, muy molesto, pero la falta de gente nos permitió cruzarnos con un par de lemures que dormitaban en la escalera y que se dejaron mimar un rato por nosotros, tanto los 2 grandres como los 2 chicos, que nunca en nuestras vida habíamos tenido la posibilidad de mimar a un lemur. Rorro y Zeke se turnaron en ir a buscar pedacitos de frutas de los platos. Rorro se los alcanzaba con muchísimo cuidado, Zeke se los tiraba, rebotándoselos en la nariz.

- Almorzamos en una mesa de picnic abajo de los árboles, cerca del aviario, que es una enorme estructura de malla de red, donde tienen un bosque lleno de pajaros y animales sueltos. Entre el murmullo del río y el ruido de los pájaros la tarde daba gusto.

- Entramos al aviario donde el mono Tobías - al que Rorro había acariciado la última vez que viniera con mis suegros - bajó desde la percha donde estaba - allá leeeejos - y se acercó para dejarse rascar la espalda por la Ro. "¡Se acuerda de mí!" comentó emocionada la petisa, y no la saqué de su ilusión porque quien sabe, a lo mejor sí lo hacía. Cuando salimos nosotros, nos cruzamos con otro grupo de gente con chicos que entraba y Tobías se mandó a mudar sin siquiera mirarlos, así que ¿por qué no creer que mi hija es memorable?

- Jugamos un rato en los juegos a la salida, donde Ro se trepó al tobogan mas alto y tuvo miedo de tirarse - era uno de esos tipo tubo en espiral - y Zeke, que subía detrás, poco mas que la obligó - digan que no habla, porque estoy segura que en sus gestos había un "no seas boluda, tirate querés" - y se tiró detrás de ella.

- Volvimos tranquilos, la ruta de vuelta estaba vacía, y llegamos para la hora del té.

Un excelente sábado pre día del niño.
El recuento del día del niño per se lo dejo para mañana porque si no me quedo sin cosas que contar.

6 ago. 2010

Yo Te Avisé...


Frente a la Cultu está demarcada una zona, de mas o menos 4 autos de largo, en la cual un par de señales de tránsito advierten muy educadamente que está prohibido estacionar y un cartelito muy monono aclara que es sólo para el "Apeaje de Pasajeros" - por cierto, que bonita palabra, apeaje... creo que en mi vida la usé.
Estos carteles están ahí desde que la Cultu abrió sus puerta a mediados del siglo pasado y creo que desde alrededor de esa época aproximadamente - quitemos o agreguemos una década o dos - que han sido sistemáticamente ignorados.

Esto por supuesto ha provocado mas de una galleta en las horas pico, entre padres que llegan a dejar niños, autos estacionados donde no deben, tránsito tratando de pasar, manifestaciones latentes, etc, lo que ha traido como cola quejas y reclamos, que básicamente no pasaron a mayores porque la directora anterior no se preocupaba mucho por esos menesteres.
No al menos durante el tiempo que yo compartí con ella antes de que se jubilara.

La nueva directora - que técnicamente ya no es nueva, viendo que ya lleva casi dos años en el cargo... caramba como pasa el tiempo, si yo la conocí cuando todavía... - creo que ya lo he dicho antes, es una mujer bastante mas joven y muchísimo mas de armas tomar.

Y así fue como, en un arranque de "estoesunescándalo, estoesunabuso", mandó a repintar los carteles y las señalizaciones del piso, puso el número de la grua al alcance de la mano y dijo a cualquiera que quiso escuchar que al primer auto estacionado fuera de lugar llamaba a la grua y sanseacabó. Así van a aprender, que tanto ni tanto...

Esto fue hace un año y monedas...

Cuando uno es dueño de un auto - o amigo del dueño de un auto, o conocido del dueño de un auto, o cualquiera de sus variantes - impugnado por la grua, toda la cuestión es una verdadera hijaputez. He tenido que ir a rescatar autos a la perrera - o como sea que se llame - y no es ninguna joda.
No es bueno, ni bonito, ni barato.
Pero tengo que admitir, así sin vergüenza, que ser el guacho que mira por la ventana cuando llega la grua para llevarse un auto mal estacionado - el cartel es ASÍ de grande -, no tiene precio...

4 ago. 2010

Prejuicio


Hace un tiempo ya se hizo socio de la biblioteca un hombre joven, rubio, bastante pintón, con un acento al hablar que lo deschavaba como europeo del este a mas de 20 pasos.
Se llamaba de nombre Alexander y el apellido se los debo.
Era estudiante del curso de adultos de los martes y jueves, pasaba cada tanto, y una tarde se llevó una novela y no volvió mas.
Dejé pasar un tiempo y finalmente llamé al número de celular que tenía, para descubrir que estaba desconectado. Me resigné a la pérdida del libro - los bibliotecarios tenemos que aceptar que a veces hay que dejarlos ir - y la vida continuó.

El mundo giró, y volvió a girar, como decía Galadriel, y esta mañana entró a la biblioteca un hombre joven, rubio, bastante pintón, con un acento al hablar que lo deschavaba como europeo del este a mas de 20 pasos y yo pensé "¡Alexander de regreso!"

"Hola, como andás," feliz de la vida, lista para recuperar mi libro.
"Hola, " contestó él, medio envarado, su español correcto y a la vez fuera de foco, "¿Quería saber como hacer para hacerme socio?"
Parpadee, un tanto descolocada,
"¿Vos no eras socio ya?"
El me devolvió la mirada, un tanto descolocado también,
"No."
Pensé por un momento que se estaba haciendo el pelma para no tener que admitir que mi libro había cruzado la frontera y pedido asilo político a otro gobierno,
"Decime tu apellido," insistí, como si hubiese podido hacerse socio accidentalmente, sin su propio conocimiento.
"Alfaro," contestó, para darme el gusto, pensando probablemente y con toda razón, que, si yo soy ejemplo, el argentino promedio debe tener un problema mental importante.
Yo, sin querer dar el brazo a torcer, aún cuando Alfaro no me sonaba de nada, busqué entre las fichas, llegando finalmente a la conclusión de que el chico debía tener razón, no era Alexander disfrazado y su membresía accidental sólo estaba en mi cabeza.

"No, " dijo con mi mejor cara de oops. "Te debo haber confundido con alguien mas," y acto seguido, tratando de volver la cuestión a sus cauces normales, procedí a darle las instrucciones pertinentes para cualquiera que quiera pasar a formar parte de nuestra augusta institución.
Llenó la ficha - su nombre es Olviz -, me sonrió tentativo cuando me pasó la plata, confiando en que los nativos, pese a sus obvios problemas, fueran inofensivos, y se fue a chusmear entre las estanterías.

Yo revisé la ficha antes de guardarla y ahí fue cuando... bueno, me cayó la ficha.
En Lugar de Nacimiento había puesto San Petersburgo, Rusia.
Alexander Ausente también era ruso.
Es obvio.
No sé ustedes, pero para mí los rusos son todos iguales.

3 ago. 2010

Somos de Nosotros, Somos...


Llegué del laburo con la intención de hacer tarta de pollo.
Para esto tenía todos los ingredientes pertinentes en casa - y los que no los había comprado a la pasada - y el tiempo contado.
Empecé con la tarea de picar la cebolla.
Zeke se trajo un "`quito" y se paró a ayudar. Le chifla apretar el botón de la multiprocesadora. Magenta se dedicó a escurrirse entre nosotros en busca de cualquier cosa que pudiera caer.

Rorro empezó desde el living su protesta de bajo impacto respecto a que tenía hambre y quería comer algo.
La cebolla atacó mis lagrimales - Zeke impertérrito, maravilloso su sistema ocular - y yo, los ojos ardiendo, le pregunté - todavía - amablemente que si quería un pedazo de queso.
Ella contraatacó con que quería un rollito de jamón y queso.
Cómo soy una persona razonable le enchufé un rollito de jamón y queso a cada uno y continué con lo mío.

El silencio del jamón y queso no duró tanto como hubiese querido y la cantinela empezó de vuelta.
Con toda la paciencia del mundo - que en mi es bastante poca, estoy trabajando en ello - reiteré la oferta del queso solo - porque la mayor parte del jamón se acababa de ir en el relleno y el resto quedaba para la noche. La Ro rechazó de plano el queso e insistió con el jamón. Dije que no. Que tanto ni tanto. Al cabo que yo estaba haciendo toda una tarta, bien podía esperar.

Rorro levantó el tono. Seguía con hambre y quería mas jamón. Y lo quería ahora.
Mi turno de decirle que se dejara de joder y que esperara la comida.
"¡¡¡Pero tengo HAMBRE!!!!!" con ese tono quejumbroso y plañidero que hace que a uno le piquen los dedos de sacárselo de un cachetazo.
"Pues te esperás, mi vida", sabiendo que no iba a conseguir nada, ya empezando a perder esa paciencia casi inexistente de la que hablara hace un segundo.

Al tono se sumó la lágrima,
"¡PERO QUIERO COMER ALGO!"
"Acabás de comerte un pedazo de jamón y queso," y además cosa que me eriza a contrapelo que empiecen con las demandas. Mi niña todavía no entiende que la gente aprecia mas las zalamerías que los gritos.
"¡¡¡PERO TENGO HAMBRE!!!" y sin decir agua va, se lanzó a llorar como las fuentes del Bellagio.

Yo, parada en la cocina, haciendo malabarismos entre el perro, el crío y el repulgue de la tarta, guardé un frágil y momentáneo silencio, mientras su Tengo Hambre inicial escalaba a los gritos sobre los "¡Yo quiero!" los "¡Dame algo!" y la sempiterna promesa "¡Y después me como toda la comida!" que ya había escuchado yo mil veces antes y que por supuesto nunca había sido mantenida.
Finalmente, cansada - tanto del perro, del crío, del repulgue de la tarta y de los gritos - la levanté del sillón y en volandas las llevé hasta su cuarto donde la senté en su cama, le indiqué que si quería llorar que llorara ahí adentro porque yo no la quería escuchar mas y le cerré la puerta, dejándola en pleno berrinche y probablemente pensando pestes de mí y de todos mis antepasados.

Dos pasos mas allá, volví al living para encontrármelo a Zeke, que indignado ante mi tratamiento de su hermana mayor, había abandonado la cocina y me esperaba furioso. Me pegó un rugido cachorro de león furibundo, los puños apretados a los lados del cuerpo, me agarró de la muñeca con fuerza y me arrastró hasta el cuarto de la Ro, donde pateó la puerta hasta que lo dejé entrar y una vez adentro, se quedó paradito en la entrada, mirando a la Rorro llorar con cara compungida, haciéndole el aguante.

Es difícil mantener el enojo frente a semejante muestra de lealtad.

La tarta estaba muy buena, por si alguien se quedó con la curiosidad.