Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

26 sept. 2009

La Musa 1/2


"Abrió los ojos y la vió. Como un truco en un espectáculo. Nada por aquí, nada por allá, decimos unas palabras mágicas, y voilá, hay una chica de pie frente al atríl en el centro del estudio, donde cuando él cerrara los ojos - tres segundos atrás - no había nada mas que luz de sol.
Sobresaltado se puso de pie. Torpe y sin gracia. Estaba cansado. Con el cansancio en los huesos de noches sin dormir y días sin estar despierto.
Vivir de café no es vida.
La miró unos momentos, sin estar muy seguro de si ella estaba ahí realmente, y si estaba, cómo reaccionar ante ese hecho.
Parpadeó y se decidió por tomar la realidad como venía. La gente que vive del arte sabe que no hay absolutos. Carraspeó y buscó su voz, practicando un tono amable. Nunca está de mas ser amable. Más si el objeto de nuestra amabilidad es una posible psicótica. Regla de supervivencia 101: nunca hagas enojar al intruso potencialmente armado.
-Hola.- saludó, tratando de no sonar amenazador, solo curioso. El hecho de que una chica irrumpa en el estudio en el que estamos encerrados hace días, tratando de terminar los últimos lienzos para una gran exposición es razón suficiente como para sentirse curioso… ¿no…?
Ella saltó ante el sonido, como si no lo hubiera visto - algo no tan raro ya que él se había pasado los últimos minutos sentado en el suelo contra la pared, escondido entre una mesa volcada y un macetón vacío.
-Hola.- repitió él, levantando las manos en el gesto universal de vengo en son de paz, confiando en no estarlo confundiendo con el gesto de a la primera señal de amenaza te surto un schiaffo.
Ella tragó saliva y lo estudió, sus ojos brillando claros a la luz del sol de otoño,
-Hola. - respondió tentativa. Los ojos luminosos lo recorrieron de pies a cabeza, tomando aparente nota de su aspecto desprolijo y agotado, de los pantalones de jogging manchados de pintura y a punto de caerse por sus caderas demasiado delgadas, de la musculosa que alguna vez había sido blanca y ahora costaría creerlo, de sus pies descalzos, de sus ojos inyectados en sangre, de su rostro sin afeitar. Podía adivinar que no tenía el mejor de los aspectos, - aun cuando sabía que si le daban un par de horas y una bañadera podía llegar a fingir ser un hombre atractivo -, no la culparía si ella misma decidiera entregarse a la policia.
Pero la mujer al sol no retrocedió ante su aspecto. De hecho, no parecía asustada, mas bien intrigada. Lo cual para alguien aparentemente involucrado en un delito tal como allanamiento de morada era una postura un tanto ilógica.
El bajó las manos de golpe al dar con la causa. Buenísimo, era una groupie. Que molesto. Lo último que necesitaba en este momento era una groupie. No que no apreciara el que mujeres bonitas se arrojaran a sus pies para ofrecerle sexo sólo por admiración, pero en este momento, cuando todavía le faltaban dos lienzos y tenía menos de una semana, no tenía tiempo para groupies.
Volvió a mirarla, un estudio de arte en sí misma. Por otra parte..., de pie donde la luz de la tarde entraba a raudales, vestida con una simple camisa blanca y unos pantalones de jean gastados, una groupie llena de adoración y energía quizás no fuera tan mala idea…
- Soy Benja. - se presentó, porque pese a lo que dijeran de la inmoralidad de los artistas él siempre había tomado como algo importante el hecho de que la gente con la que dormía supiera su nombre. Por lo menos. Algo que evitaba confusiones en mitad de la noche si había mas de un acompañante.
Ella asintió, y él supuso de manera acertada que si ella lo había estado buscando por fuerza debía de saber quien era él.
-Carola.- se presentó a su vez, y él asintió reflejo, como si él también hubiera sabido de antes quien era ella, quizás porque una vez que ella dijera su nombre el lugar pareció amoldarse a su figura, como si la hubiese estado esperando.
Benja respiró hondo, atrapado en el momento y el surrealismo. La mujer lo imitó. La luz del sol jugó con los pliegues de su camisa blanca, reformulando su geografía, insinuando la piel debajo. Su sangre, diluida por innumerables tazas de café, fluyó al sur con una fuerza que lo aturdió. Ella, Carola susurró su interior, se mordió el labio inferior, donde un pellejo traicionaba un mal hábito, y Benja tuvo el urgente deseo - la absoluta necesidad - de hacer lo mismo.
Avanzó unos pasos y se detuvo. La situación se le estaba escapando de las manos. Una mujer desconocida se colaba en su estudio cerrado, en el último piso de un edificio con seguridad las 24 horas, y él, en vez de estar llamando a alguien para que la removiera, estaba empezando a entretener nociones vagamente pornográficas respecto a ella… bueno, no, vagas no, muy, muy pornográficas. Muy pero que muy.
Intentó una vez mas - pero de verdad de verdad de verdad que lo intentó - seguir el procedimiento lógico y correcto ante una situación así. Hacer lo que haría un miembro productivo de la sociedad y no lo que haría un hombre que llevaba encerrado casi tres semanas, sólo saliendo para caminar hasta el mercadito cuando se acababa el café y cuyo único contacto humano era su agente cuando venía a apurarlo o le traía comida decente para que no viviera de pizza y congelados.
Buscó su voz, perdida en el suelo entre los restos de sus obsesiones,
-¿Qué es lo que estás buscando?
Los ojos claros estaban fijos en su boca,
-Inspiración.- por supuesto, que otra cosa si no, y satisfecho por haber cumplido con su deber cívico, la besó.

- - - * * * - - -

Se pasaron el resto de la tarde enredados el uno en el otro, aprovechando cada superficie horizontal despejada y un par de las verticales también. Para cuando cayó el sol, escondiéndose en la línea fracturada de los edificios que rodeaban sus ventanales, Benja estaba desparramado en una de las tantas lonas que había tiradas por el lugar - para qué tenía tantas lonas, de donde las había sacado - y Carola se acurrucaba medio dormida contra su costado. Así daba gusto el exilio autoimpuesto. Si lograba convencerla para que se quedara con él hasta que terminara los cuadros - y no pensó en lo extraño de pedirle a una mujer desconocida que se quedara a vivir con él el resto del mes - estaba seguro de que lograría salir del bache donde había caído.
Ya podía sentirlo, los colores, silenciosos desde que terminara la última tela hacía mas de una semana, estaban empezando a susurrar otra vez. Respiró hondo, tragando el aire como otros tragan agua, disfrutando del murmullo, dándose cuenta ahora que volvía a escucharlo lo mucho que le había faltado, lo cerca del borde que se había dejado llevar.
Se acomodó mejor contra la tibieza a su lado. Tal vez ahora, finalmente, pudiera dormir.
La llave en la cerradura resonó en el inmenso lugar, dolorosa en el silencio, y antes de que Benja pudiera hacer un movimiento para cubrirse a él o a su compañera, la puerta se abrió y traidora dejó entrar la silueta alta y bien trajeada de Pepe Lagos Marmol.
-No molesto. No hablo. No estoy acá.- gritó como era su costumbre cuando caía de manera inesperada, - Sólo vine a dejarte los nuevos programas que mandó hacer la galería para la exposición. Recién salidos de la imprenta. - caminó por el lugar con pasos largos y seguros y tiró un fajo de papeles sobre una de las mesas.
-Te dejé un mensaje en el voice mail. - Benja recordó vagamente el sonido del timbre en algún momento de la tarde, pero había tenido las manos ocupadas en otra cosa, y que cosa mas agradable había sido esa. -Pero se ve que no... - la voz de Pepe murió despacito frente a la lona donde ellos estaban, sus cejas trepando por su frente, y luego, como un pensamiento tardío, se tapó los ojos en un gesto infantil y les dio la espalda. Carola a su lado se había sentado y la lona a su alrededor, si bien escondía sus formas, no era algo que nadie pudiera llamar decente.
-¿Por qué la falta de ropa? - había un elemento forzado en la voz del agente, el elemento que uno usa cuando trata de mantener algo bajo control, aun cuando Benja fue capaz de leer un dejo de diversión detrás de la obvia consternación. - ¿El pintar medio en bolas no alcanza y ahora hemos progresado a la desnudez total? - Benja miró a Carola, Carola le devolvió la mirada. De donde él venía, las circunstancias volvían la razón de su desnudez algo mas que obvia... Tal vez Pepe había crecido en otro lado.
Pero antes de que pudiera decir nada, el agente ya se dirigía a la puerta con pasos largos,
-Sabés qué, no quiero saber. Si estás en plena orgía masturbatoria para ver si así fluyen los jugos de la creación, allá vos. Lo que sí, advertile a un hombre por favor, así la próxima vez… No sé, - giró y le echó una última mirada apreciativa, - traigo la cámara al menos. - recuperó el aplomo con una mueca. - No te olvides de mirar los folletos. Quieren tu opinión. - y la puerta se cerró, dejando detrás a un confundido Benjamín.
Miró a la chica a su lado, a medias escondida por la oscuridad creciente, a medias revelada por las luces varias que entraban por las grandes ventanas, haciéndolo pensar por un momento en el espectáculo que debían de haber dado un rato antes a cualquier inocente que simplemente hubiese pretendido salir a tomar un poco de aire al balcón.
A la escasa luz los ojos que antes fueran claros ahora resultaban oscuros.
Dejó que el silencio se estirara. ¿Qué…? ¿Por qué…? Y finalmente cayó en la cuenta de por qué el estudio se rendía ante su presencia, por qué su nombre era una llave, por qué no había corrido a llamar a la policía, a los bomberos, a los psiquiatras cuando la había visto aparecer en el centro de su vida. Porque él ya la conocía. Porque una vez, tiempo atrás, cuando los colores empezaran a cantar en su mente ella había sido lo primero que habían pintado.
Ella había sido su primer musa, su primera inspiración, su …
- Un figmento de la imaginación.- comentó, como quien comenta el clima.
- Un delirio. - contrarrestó ella, subiendo la apuesta.
- Un viaje al manicomio.
- Una certificación de insania.
- Un brote de psicosis.
- El primer síntoma de esquizofrenia. - él no pudo evitar reir frente a esto y tomándola en sus brazos, se dejó recordar nuevamente lo que había sido una vez.

- - - * * * - - -

Los días pasaron velozmente después de eso. Donde antes se habían arrastrado, burlándose de él, varado en su mediocridad, ahora volaban, llenos de risas y colores. Benjamín desenterró el aparato de música de debajo de un montón de deshechos de movidas anteriores y la música, que hacía tiempo había sido desterrada, resonó por los rincones de madera del amplio lugar. La comida, que antes había sido sólo un medio para alcanzar un fin se volvió un arte también; cuando Pepe volviera al día siguiente a buscar su opinión sobre los folletos - porque nadie atendía el celular - encontró una lista de compras pegada a la puerta. Las tardes pasaban durmiendo al sol, descansando finalmente después de siglos de actividad. Y entre todo eso las pinturas parecían crearse a sí mismas, naciendo sobre el atril casi como si Benjamín no las tocara.
Tumbado boca abajo en el único sillón, mirando el primer lienzo terminado y cubierto con una tela, el segundo sobre el atril, a medio acabar, Carolina acostada sobre él, sus pechos desnudos presionando contra su espalda, Benjamín no pudo evitar pensar que si así era como se sentía la locura, alguien iba a tener que venir a medirle el chaleco blanco con manga larga opcional porque iba a resultarle imposible bajar por su cuenta después de semejante subidón."

Continúa...

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