Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

26 sept. 2009

La Musa 2/2


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"Pepe dudó un segundo antes de entrar al estudio. Esto era algo raro en él, no era un hombre que soliera dudar frente a las cosas. Las cosas se hacían o no se hacían, no había espacio para medias tintas. Si uno duda uno pierde, y él era demasiado bueno en lo que hacía como para dejarse perder.
Pero aún así, el agente dudó frente a la puerta de madera. No estaba muy seguro de cómo estaban las cosas ahí dentro. Es decir, en lo que a él concernía las cosas estaban bien, podía ver como los cuadros avanzaban, eso era obvio. Y agradecía a los dioses de los artistas y los mercaderes, porque la semana pasada a estas alturas ya se veía que iba a tener que hablar con Goya Vergara respecto a como la muestra iba a tener que reducirse un tanto porque “si, bueno, nuestro pajarito pintor, ¿te acordás? ¿Ese que nos iba a llenar de plata a todos? Bueno, está teniendo una especie de bache y, bueno, no puede pintar…” Goya se hubiera hecho un par de tiradores con sus intestinos y después hubiera reclamado hasta el último centavo que había invertido en esto… Y Pepe Lagos Marmol no estaba del todo seguro cual de las dos cosas le hubiese dolido mas.
Pero ahora que los cuadros estaban hechos o casi, que el tiempo les había sobrado por todos lados… Tal vez, y sólo tal vez, - porque en lo que concernía a Pepe Lagos la salud mental es un lujo prescindible que cualquiera puede comprar con pastillas - , hubiera sido mejor que el pajarito pintor no hubiese vuelto a pintar.
Risas llegaron hasta él a través de la puerta cerrada y una voz divertida preguntando,
- ¿Sí? ¿Qué te hace pensar eso? - una espera implicando una respuesta que nadie dio y luego - Ja, ya quisieras. - y luego el silencio… Un silencio cargado que le dio a Pepe el pie para retirarse. En estos últimos días sus entradas de improvisto habían sido castigadas - o recompensadas, todo está en el ojo del que mira - con distintos grados de desnudez, desnudez que, a fuerza de mirarla, había caido en la cuenta que era la desnudez de alguien que acaba de tener sexo del bueno… Aun cuando no había nadie mas en la habitación que Pepe pudiera ver.
¿Acaso no había dicho él desde un principio que la idea de encerrarse a pintar era pésima? ¿Acaso no había sido él quien dijera que todo esto iba a terminar en lágrimas - y un buen porcentaje, pero quien estaba contando? Pero no importaba los argumentos que utilizara, la respuesta había sido la misma,
-Sin distracciones voy a terminar antes. No te preocupes, Pepito, todo va a estar bien.- pero Pepito se había preocupado y ahora Pepito se sentía reivindicado en su preocupación. La soledad finalmente había hecho saltar la térmica. Esta visto, ninguna persona sociable puede encerrarse tres semanas con pinturas como única compañía. Tarde o temprano las pinturas van a empezar a contestar.
Las risas volvieron a resonar en el pasillo…
Y pareciera que contestar no era lo único que hacían.
Con un suspiro dio media vuelta. Ya habría tiempo para llamar al batallón de psiquiatras cuando la exposición estuviera en marcha. Hasta entonces…
Una pena. Haber sabido que la soledad era el quid de la cuestión hubiera ofrecido sus servicios antes de que las pinturas ocuparan la vacante.

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El acelerón de una moto despertó a Benjamín de un sueño intranquilo.
Sobresaltado miró a su alrededor.
La luna, cuarto menguante, colgaba sobre el edificio de enfrente, permitiendo que su luz iluminara el estudio. Despacio se pasó las manos por la cabeza, si poder recordar lo que había estado soñando, y sus ojos recorrieron el lugar, notando con ojos de pintor las diferencias monocromáticas que sólo la noche otorga.
Miró el atril con la tercera pintura - ayer había terminado la segunda y sus dedos todavía quemaban la necesidad de pintar que Carola había traido con ella. De espaldas a él, el atril escondía en las sombras lo que estaba pintando, pero no era necesario verlo para saberlo, podía recordar perfectamente la curva elegante de los colores, la calidez del trazo, la profundidad del... parpadeó... Algo se le escapaba de la imagen... Algo que la oscuridad que la luna no podía prevenir trataba de hacerle entender...
Las manos de Carola le acariciaron el hueso de la cadera y serpentearon sobre su vientre,
- No me dejás dormir. - protestó infantil.
- Perdón. - respondió él contrito y se estiró nuevamente sobre la cama deshecha. Ella se movió hasta envolverlo, sin siquiera abrir los ojos, y él se dejó arrastrar nuevamente bajo el agua.

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Bueno, las pinturas estaban terminadas.
Prolijas y envueltas, tres a falta de dos, listas para que Pepe mandara a los muchachos a buscarlas y las llevara a la exposición.
Benja, de pie en el centro del estudio las observó, envueltas en papel madera, atadas con hilo sisal, y rememoró el acrílico, áspero contra la tela, lleno de relieves y texturas, la espátula con la que había pintado, el olor en el aire, los dedos manchados de color, las imágenes plasmadas…
Los brazos de Carola rodearon su torso desnudo antes de que atrapara el recuerdo y sus labios le besaron la nuca.
Un murmullo contento y él retuvo sus manos frías. Siempre tenía las manos frías.
-Se ven bien.- murmuró complacida mirando los tres paquetes a sus pies por sobre su hombro, sosteniéndose de él para poder mirar,
-Sí. - respondió Benjamín satisfecho, -Se ven bien.
-La inauguración va a ser una masa.
El sonrió divertido,
-Sí. Pepe va a estar feliz.
-Su bolsillo va a estar feliz.
-Yo creo que esto amerita un festejo.
-¿Otro? Si seguimos así no voy poder caminar.- él giró en sus brazos y le rodeó la cintura, encontrando ropa donde había creido encontraría piel. Frunció ligeramente el ceño,
-¿Por qué estás vestida? - ¿las musas usan ropa? No tenía mucha idea de lo que usaban las musas, pero en la última semana esta musa en particular lo único que había llevado puesto había sido pintura. Con excepción de la camisa blanca, por supuesto, pero eso era entendible. Una mujer desnuda saltando de la nada hubiera sido demasiado.
Retrocedió un paso, manteniendo manos propietarias sobre ella. Ese sweater verde no era la camisa blanca.
Ella sonrió divertida,
-¿Cómo voy a llevar los cuadros a la galeria si no estoy vestida?
Benja no entendió, la sonrisa se le desdibujó confusa,
- ... No vas a llevar los cuadros.
La sonrisa de Carola se hizo mas amplia,
-Pues si pensás que voy a dejar que Pepe los lleve solo y los cuelgue donde le de la gana estás loco.
Benja parpadeó. ¿Tenía ella el poder para hacer eso? ¿Quería él que lo acompañara? Una cosa era un delirio en un estudio cerrado después de litros de café e insomnio, pero en el mundo real…
¿Cómo corta uno con un delirio?
-Carola, yo preferiría que no fueras.- ¿se puede razonar con un figmento de la propia imaginación?
Ahora fue ella la que parpadeó,
-No seas tonto. Cómo no voy a ir, es mi exposición.
Las cosas empezaban a tornarse un poco molestas.
Soltó su cintura,
-Es mi exposición.
La sonrisa femenina tomó un tinte cauteloso,
-Gracias por todo, Benjamín, pero viendo que yo pinté los cuadros, creo que puedo decir que es mi exposición.
Benjamín retrocedió un paso. ¿De qué estaba hablando?
-Yo pinté esos cuadros…
Carola movió ligeramente la cabeza,
-Si bien puedo decir que fuiste de mucha ayuda, no creo que sea justo que la musa se lleve el crédito por lo que hizo el pintor.
Bien, que bueno que lo entendiera.
-Por eso.- movió las manos marcando el punto, -Vos musa, yo pintor, yo me llevo el crédito.
Ella retrocedió un paso y la luz invadió el espacio entre ellos,
-No. Vos sos la musa. Yo pinté los cuadros.
Benjamín movió la cabeza de manera violenta. No. Él había pintado esos cuadros. El lo había hecho. Si todavía podía sentir… si podía ver… el olor…
Con un gesto veloz fue hasta las pinturas envueltas y rompió el papel que las cubría. Una detrás de la otra, ignorando la protesta asustada de Carola detrás suyo. Las imágenes descubiertas lo hicieron retroceder. Esto no era lo que él había pintado. Esas no eran… Sus recuerdos…
Fragmentos de música y pintura se enredaron en su alma.
Corrió hacia la mesa donde los folletos olvidados de Pepe esperaban una opinión que nadie había dado, y ahí, en blanco sobre fondo verde, la burla saltó sobre él.
“Carola Reyes. El Espejo en el Espejo.”
Los papeles cayeron al suelo de sus dedos sin fuerza.
Giró hacia Carola, que lo miraba consternada.
-Yo… - retrocedió despacio, la voz quebrada, sin saber a donde ir. Esto no podía estar pasando.
-Benjamín. - murmuró ella, llamándolo, despidiéndose...
Él era... Él... Sin saber que estaba haciendo siguió retrocediendo, buscando escapar de la mujer de pie en medio del estudio, bañada en la luz de otoño que entraba por los ventanales, sus ojos claros mirándolos llenos de pena y confusión. Su espalda desnuda chocó contra la pared. Se deslizó por la superficie áspera, hasta quedar escondido en el hueco de una mesa volcada y un macetero vacío. Cerró los ojos, todo su ser un grito ante la injusticia, la angustia de lo que estaba sucediendo y …"

El Fin.

2 comentarios:

Alex dijo...

Con el cansancio en los huesos de noches sin dormir y días sin estar despierto, así estoy yo, definitivamente.

Me gustó, no sé qué es figmento y a esta hora no me voy a poner a buscar en internet, pero supongo que tendrá que ver con la contrucción delirante de la psicosis, en psicología no escuché jamás el término. Pero me podrás desasnar.

Y lo que me encantó es el nombre de la exposición "Carola Reyes. El Espejo en el Espejo". No hay espejo más terrible que el que no te refleja.

Guada G Narbaitz dijo...

Un figmento, y puede que esté mal pero no tengo la definición exacta, es un fragmento. Solo lo he visto unido a cosas como imaginación, o mente, o cosas así, asi que creería que sí, que tiene que ver con la psiquis.
Y si! a lo de la exposición, por eso se llama así, porque él piensa que es un objeto y ella el reflejo, cuando la verdad es que... no. :)