Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

7 oct. 2009

Arrítmico


Cuando venía para casa me llamó la atención el traste de una chica.
Sé que esa frase va a dar que pensar a algunos, porque qué razón podría yo tener para andar mirándole el traste a una chica - como si uno en realidad necesitara una excusa para andar mirándole el traste a alguien - pero no, en realidad hay una razón, y por eso es que ando admitiendo así como así que durante mas de dos cuadras no pude evitar el ser distraída de mi entorno por el susodicho trasero.
Todos los que alguna vez le miraron el derriere a una señorita o a un caballero - y todos lo hemos hecho, no sean tímidos - saben que, por regla general, los traseros se mueven en un ritmo de dos por dos. Se mueve la pierna, se mueve el gluteo, uno, se mueve la otra pierna, se mueve el otro gluteo, dos. Uno, dos, uno, dos. Va y viene. Algunos con un balanceo capaz de sacarle un ojo a alguien, algunos con tan poca gracia que pareciera tienen miedo que alguien los acuse de querer ser la proxima reina del carnaval, es indistinto, pero como sea, va a ritmo de dos. Va y viene. Es una cuestión de ingenieria biomecánica.
Esta chica que nos compete, por alguna de esas cosas que tiene la naturaleza, movía el traste a un ritmo de cuatro. Era algo muy curioso. Se movía la pierna, se movía el cachete de la cola y después, como si se hubiera retrasado y tuviera que alcanzar al resto del equipo, se movía la parte mas baja del cachete, de forma extráñamente espástica, haciendo de algo que tendría que ser un movimiento fluido en un tiempo, algo ligeramente fracturado, como un veloz staccato. Y luego la contraparte. O sea que el balanceo, que en otra persona sería un agradable meneo en uno, ida, dos, vuelta, en ella era un curioso uno, ida, dos, ida, tres, vuelta, cuatro, vuelta.
Y lo que llamaba la atención - o al menos mi atención, que puede notarse que cuando ando por la calle no soy de las personas que miran el tránsito - es que no era un traste enorme, un traste que no sorprendería a nadie que tuviera varios ritmos, una subcultura y su propia gravedad ya que estamos en ello, no, era un traste razonable, de chica sana y bien alimentada, nada que bien vestido y en otras circunstancias - el jogging blanco no era la mejor elección - no se dejaría admirar.
Me pregunto si ella sabe las cosas que hace su trasero a sus espaldas. No creo, estoy bastante segura de que ninguno de todos los que la han mirado pasar - yo por lo menos no lo hice - se ha tomado el trabajo de ir hasta ella y decirle… ¿qué?… : “disculpe, señorita, pero ¿sabía usted que su culo se mueve a cuatro tiempos?”
Dudo sinceramente que lo fuera a tomar a bien.

3 comentarios:

zorgin dijo...

tal vez habría que recomendarle alguno de esos adminículos que ofrecen en shamesha!
hay de todo tipo, mecánicos, tela, ropa, faja... que sé yo! y seguro que si es de las primeras 137 y medio que shama le regalan una paleta de pingpong para golpearse la nalga...

Alex dijo...

:lol: :lol: :lol:

Dalailama dijo...

Lo primero que pensé ni bien leí el primer párrafo fue "Get your mind out of the gutter, Dali..." XD

Pero posta, yo a veces me entretengo mirándole el traste a la gente también, no me avergüenzo de admitirlo u.u

De hecho un ex compañero de facultad tiene un traste que realmente da gusto mirarlo. Es muy redondito y lindo :P

Qué impresión, de todos modos. Yo que vos iba y le decía lo que su culo hace (??)