Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

30 nov. 2009

Expediciones a los Hielos...


Hicimos el sábado asado en casa.
Aprovechamos que estaba lindo - aun cuando después se levantó viento y tuvimos que comer adentro - y Henry puso carne a la parrilla. Quedó realmente muy rica - pese a la falta de fé de la muchachada, poco acostumbrada a que mi hubbie cocine.
Pero el tema no es el asado ni la comida, ni que nos divertimos mucho - en un momento me fui a acostar a Rorro y cuando volví se habían sacado todos los zapatos y estaban comparando pies... si eso no es amistad, no sé... El tema es que sobró muchísima carne sin cocinar y a mí no me quedó otra que meterla en el freezer.
Ahora, el freezer. Yo tengo una relación curiosa con mi freezer. Como cualquier mujer moderna, sé que todo lo que uno no consume ahora lo manda al freezer para ser consumido mas adelante. Carne, al freezer. Pastas, al freezer. Pan, verduras, comida de ayer, pum, tupper, freezer. Todos concordamos en que el hielo es el mejor amigo de una mina que labura.
El tema conmigo es que congelo, pero, alas, nunca descongelo. Entrar a mi congelador es una sentencia a entrar a la historia. Estoy segura de que perdido en algún rincon debe haber un hombre de las cavernas, de esos que siempre están encontrando en los Himalayas. Tengo una Sibarita en el estante de arriba que estoy segura de que ya está por cumplir dos años, lo mismo una lasagna de Matarazzo, que si no tiene la misma edad, pega en el poste. Una espinaca que no sé si es de este año y montones indistintos de carne a la que tengo miedo de mirarles la fecha. Hace poco tiré un roast beef que había pasado su fecha de vencimiento congelado hacía por lo menos seis meses.
Pero lo que realmente me hizo darme que tengo un problema - bienvenida a Congeladores Anónimos, al fondo está el café, ¿querés un sanguchito? - fue el pernil que sobró del bautismo de la Ro. Que fue en el 2006. Y el pernil, amarillo, deshauciado, mal predispuesto, congelado, recién volvió a ver la luz del día - brevemente, en un glorioso arco hasta el tacho de la basura - a fines del 2008.
Es por eso que, cuando el domingo a la noche envolví toda esa carne rosa en papel film y la puse en el estante, entre la bolsa de espinaca y algo envuelto en amarillo, fue con una triste sensación de finalidad.
Sinceramente dudo que nadie vuelva a verla nunca.

2 comentarios:

zorgin dijo...

regalelá, quién le dice, por ahí encuentra algún lavaautos que quisiera comer a su yeti...
y tal vez se va a sentir mejor. ;)

Marina dijo...

1) quisiera tener tu freezer con todo su contenido (el mío tiene hielo)
2) cuando tenga dudas acerca de si algo se congela o no (nunca se sabe, hasta a mí me puede tocar hacerlo...) ya sé a quién preguntarle
3) esa carne llegará en condiciones hasta montevideo? te paso mi dir (por favor, mandámela asada, grax!!)