Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

18 dic. 2009

El Agua Cuando La Miras...


Bueno, pasaban de las nueve de la noche y ahí estaba ella, llena de malicia, desparramada sobre el borde del mundo, haciéndose la distraída. Negra y alborotadora, la tormenta dividía al cielo en dos. De este lado, azúl aguamarina, tornasolado, azul francia, ese azul donde el sol ya se fue pero todavía queda el eco. De ese lado, baja y amenazante, ella, ocultando el atardecer, extendiéndose gris plomo, gris carbón, gris laja.
Rosarito y yo, arrodilladas en el sillón amarillo, apoyadas con las manos y la frente contra la ventana, la teníamos observada, adivinando sus intenciones.
Ella, indolente, como quien no quiere la cosa, se estiraba sobre el horizonte, desde el edificio alto allá lejos hasta la pared de la casa que nos corta el paisaje al otro lado de la calle. Cada tanto uno que otro relampago interrumpía su desperezar, iluminando su interior burbujeante, desmintiendo su inmovilidad, haciéndonos saber que andaba buscando roña.
"Viste ese?"
"Sí, fue re largo!"
"Y ese otro!!"
"Fabuloso."
"Mirá!!"
"Ahí!"
Y así nos pasamos un buen rato, deseándola llegar, viéndola moverse por el borde de la ciudad, cargada de electricidad, agua y alivio...
Pero se ve que se dio cuenta de que la estábamos vigilando, porque rodeó los edificios, nos hizo un gesto grosero y se fue a hacer maldades a otra parte.
No, si ya no quedan tormentas educadas.

1 comentario:

zorgin dijo...

tormentas eran las de ántes..., aterradoras o no, pero confiables, las de ahora van a donde les pagan mejor o donde trabajan menos...
y a veces ni eso, solo les gusta hacerse desear...