Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

20 oct. 2010

Cuando los Elefantes Llegaron 1/3


"Alonso estaba nervioso.
Una sensación por demás molesta considerando que Alonso no era del tipo de ponerse nervioso.
Serio y por demás circunspecto, Alonso Johanssen, estudiante de Matemáticas Avanzadas y el empleado mas prometedor de la Financiera Groban, no era alguien que se pusiera nervioso.
No en circunstancias normales al menos.
Pero esta no era una circunstancia normal, y por ende, Alonso estaba nervioso.

Sacó del bolsillo del sobretodo un llavero, rebuscó en el manojo de llaves una que no usaba tan a menudo como antes y abrió la puerta de calle de la casa de su vieja.
El sonido lo envolvió, lo aplastó, lo sofocó como una manta de lana. Risas, cristales, conversaciones, y allá en el fondo, el dejo de una música que podría haber sido jazz pero que bien podría haber sido cualquier otra cosa.
Sonrió reflejo, sintiéndose bienvenido, dejándo que la calidez lo invadiera. El cumpleños de Nennia estaba en pleno apogeo. No se cumplen 70 años todo el tiempo - ni para el caso ninguna otra edad - y para festejar este magnífico evento todo el clan se había reunido bajo el techo de su hija Ana, o, para los entendidos en la materia, la mamá de Alonso.
El hombre, aunque muchos argumentarían que a sus recién cumplidos veintidós todavía era un nene, cerró la puerta detrás suyo y el ruido atrajo la atención que su mera presencia no había conseguido.

- ¡Alonso!- exclamó Ana, llegándose hasta él con una sonrisa, un abrazo y un beso. -Ya creíamos que no venías. ¿Qué pasó?- él movió la cabeza, desmereciendo su preocupación, sacándose el sobretodo y aflojándose la corbata. Trabajo, mucho mucho trabajo, ¿qué otra cosa podía haber pasado?
- Entre el laburo y la facultad, vieja, no sé porque siquiera te molestás en preguntar que pasó.- sonrió una sonrisa general, besó obediente los cachetes de sus hermanas (Laura la mayor, Rinni la menor), estrechó las manos de Lucas (su hermanastro) y de Francisco (el marido de Ana) e hizo un gesto en dirección a Martina (la hermana menor de Francisco), que ubicada un par de metros mas atrás, con una copa en la mano, le devolvió el gesto, la mano libre en el bolsillo trasero de su pantalón de jean.
- Viejos son los trapos, mi vida.- replicó Ana, una chispa dorada en sus ojos castaños, feliz de tener a todos sus patitos cerca por una vez. - Pero pasá, dale, que los demás están adentro.- sacó al sobretodo de sus brazos y lo empujó en dirección a la multitud.

La siguiente hora fue una caótica mezcla de saludos, de preguntas sobre temas en común, de bromas respecto a estar todavía de traje cuando ya pasaban de las 8, de anécdotas sobre Nennia, de puestas al día con las distintas historias de todos los distintos primos y parientes. La abuela Nennia, viuda desde los 57, tenía seis hijos, lo que daba un total básico de diez tíos, lo que llevaba a veintitrés primos, que iban desde los 12 años hasta los 29, y eso sin contar maridos, mujeres, novios, amantes, amigos y parientes honorarios.
Alonso sonrió a través de todo, disfrutando el momento, jugando con el contenido de sus bolsillos en un gesto nervioso que despreciaba pero que no podía evitar. Despeinó una cabeza morena, tiró de una trenza rubia, preguntó muy seriamente los planes a futuro de Diego y su banda de rock, bromeó con Clara sobre cuanto faltaría para que esa panza reventara y el bebé saliera expulsado, explicó con paciencia la teoría de los números irreales a un confundido Gus tratando de aprobar la maldita materia.

Las nueve y media, con torta de chocolate y 2 velitas de colores, llegaron enseguida, coronando una sustancial cena de sandwichitos de peceto.
Nennia, sentada en una silla de corte antiguo - a la que mas de un vivo se había referido como trono - se quejó del hecho de que le habían puesto sólo un 7 y un 0.
-Nadie se esfuerza ya en estos días.- comentó áspera, sus desvaídos ojos azules divertidos. -En mi época si había que poner 70 velitas, poníamos 70 velitas.
-Si prendemos 70 velitas, Nennia, las probabilidades de que se queme la casa antes de que las apagues son altísimas.- contestó Alonso.
Su primo Rafa se apoyó en su hombro,
-Y de boca de nuestro matemático residente, Ne, así que tenés que aceptarlo.
-Que bárbaro, tomarme el pelo de esa manera. A mi edad.
-Si vos todavía sos joven, abuelita.- zalamereó Rosa, la menor de las nietas. Nennia gruñó,
-No me des coba, niña, que yo sé muy bien lo que soy.- con el acento que los años suavizaran pero no borraran, y sus ojos brillando satisfechos, mientras Mecha prendía las velas y el Feliz Cumpleaños empezaba despacio, como el zumbido de un avión preparándose para despegar.
Después de la interpretación familiar - con la que nunca ganarían ningún premio coral - Alonso aceptó un pedazo de torta y marchó hasta el living donde se ubicó en uno de los sillones de un solo cuerpo que hacían juego con el enorme sofa donde se encontraba sentada su madre.

-¿Tenés un minuto?- quiso saber, abandonando la torta sobre la mesa ratona sin probarla, decidiendo que este era un buen momento para hablar con ella - tan bueno como cualquier otro - y qué un pedazo de torta en el estómago vacío podría llegar a jugarle en contra.
Un vaso de whisky quizás hubiera sido mejor.
Ella parpadeó, atrapada in fraganti, la boca llena de chocolate, una mujer atractiva de 47 años, con el cabello todavía castaño merced a una buena combinación de genes y tintura. Tragó,
-Seguro.- y sonrió expectante, los ojos alertas, confiando en que lo que tuviera para decir no llevara mucho porque tenía que hablar con Diana y Diana siempre tenía la mala costumbre de abandonar las reuniones familiares temprano. Probablemente para no tener que ayudar a limpiar, pensó, poco caritativa pero muy acertada.

Pero antes de que Alonso pudiera abrir la boca, una sombra pasó sobre ellos y Francisco Setera se dejó caer en el sillón junto a su mujer,
-¿Y?- quiso saber -¿Cómo te está yendo en estos días? Tu mamá se la pasa preocupándose por si comés lo suficiente o no. Me tiene la cabeza llena con el tema de tu dieta.- y su tono divertido combinaba perfectamente con el afecto con que miró a su mujer cuando esta le dio un codazo en el costado, consternada.
-Fran, por favor, que el chico va a pensar que soy una madre pesada y no lo soy.- volvió la mirada a su único hijo varón. -Pero te estás alimentando bien, ¿no? No te olvides que si no comés cada dos horas te mareás.- Alonso le hizo un gesto a mitad de camino entre el cariño y la exasperación, esa delgada línea por la que todos los hijos transitan,
-Es difícil que me olvide de mi hipoglucemia, mamá. Fran, por favor, recordáselo, ¿sí?- el hombre asintió muy serio,
-Tu hijo ya es un hombre, Anita.
Ella hizo una mueca descreída, y apartó la vista, apretando los labios,
-Sí, bueno, ya vamos a hablar sobre eso.
-¿Quién es un hombre?- quiso saber Lucas, el hijo de Francisco, dejándose caer junto a su viejo.
-Tu hermano mayor.- contestó Fran.
El adolescente hizo una mueca escéptica,
-Sí, bueno, si ustedes lo dicen.- y Ana trató de no voltear el resto de su torta con una carcajada.

Alonso trató de volver al tema anterior. Era algo que iba a tener que enfrentar tarde o temprano, y conociendo a su madre, temprano era mejor.
Sin embargo, antes de que pudiera volver encarrilar las cosas, Martina, la rubia hermana de Francisco, se sentó pesada en el otro sillón de un cuerpo, al otro lado de la mesa ratona,
-Che, esta tarta está buenísima.- y para remarcar el punto se llevó a la boca el tenedor cargado con tarta de frutillas. Alonso entrecerró los ojos, presa de un fastidio momentáneo. La tarta de frutillas no había estado en la mesa cuando él se sirviera. Martina sacudió ligeramente la cabeza, el pelo rubio una cortina a su alrededor, -Acida. - murmuró tragando, frunciendo la boca, - pero rica.- y le sonrió burlona a través de la mesita, adivinando lo que estaba pensando.
-Le diremos a Mecha que la haga para tu proximo cumpleaños, - retrucó él con tono zumbón, -¿Cuántos son? ¿40?
Ella levantó el tenedor en una advertencia,
-35, pendejito, asi que no te pases de vivo.
-¿Yo? Nunca.- volvió la cabeza a su anterior conversación con Ana. -¿Puedo hablarte?
-Hablá. ¿Qué pasa?- y Alonso juntó aire para lanzarse a la pileta.

Aire que escapó en una tos cuando Rinni la pelirroja se sentó en el brazo de su sillón y apoyó un coso pesado sobre su hombro,
-¿Y? ¿Cómo te está tratando el mundo de los números y las altas finanzas? Ahora que conseguiste un trabajo con … esa empresa con la que estás trabajando, si una no se arrastra hasta tu departamento no hay forma de verte.
Alonso levantó la mirada. Amaba a su hermana menor, de verdad que sí, ropa extraña y todo, pero a veces pensaba que hubiera sido mejor si no le hubiera prestado tanta atención cuando era chiquita. Ahora se creía que tenía derecho a preocuparse por él, ¿y dónde iba a terminar eso?
Martina lanzó una carcajada seca desde su sillón,
-Tu hermano está tan metido en sus preciosos números que aún si fueras hasta su departamento no podrías encontrarlo.
Alonso no despegó los ojos de su hermana,
- A diferencia de tu tía Martina, que lo único que hace es pasársela metida dentro de su departamento.
-Es lo que una gana trabajando en el mundo de las letras. Puedo llevarme el trabajo a casa."

Continua

5 comentarios:

Jazmin dijo...

Si mi jefe me echa, porque sigo con la parte 2, ud me defiende.

No lo puedo dejar.

:)

El Gaucho Santillán dijo...

Pobre vago! no lo dejan hablar!

yo agarro el lanzallamas.

Bien relatado. amerita una continuaciòn.

Un abrazo.

Mona Loca dijo...

A ver, Alonso...un evento familiar, con 40 personas revoloteando NO ES un buen momento para plantear nada complicado...y menos a la anfitriona, que tiene que estar atenta a todo.


Estos chicos!

=D

Jazmin dijo...

Es que los jóvenes son así... vertiginosos.


Me han dicho.



Y reitero a la autora: muy buenas escenas.
Cuando uno visualiza y no se pierde en el laberinto de la historia, sino que lo sigue con ojos ávidos, ahí hay un talento.

Ahí, sí. Donde está ud, justamente.

:)

Guada GN dijo...

Vio, don Gaucho, algunas familias son así...
Un lanzallamas? Yo usaría una granada de humo...

Y bueno, Mona, que le va a hacer... Es joven, está enamorado... No se le puede pedir mucho :P

Jazmin... considerando lo mucho que me gusta lo que uste´escribe, se lo agradezco de todo corazón :)