Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

13 nov. 2009

Crónicas Bancarias


El asunto empezó el mes pasado.
Fui al Banelco, metí la tarjeta en la ranura como dice la machine - la Cultu cambió de banco así que es una tarjeta nueva - y seguí las opciones, hasta llegar a la pantalla donde te permite cambiar el PIN, porque ¿quién demonios se acuerda el PIN original que ellos que te mandan? Introduza la Clave Nueva ordenó y yo introduje la clave. Introduzca Nuevamente la Clave Nueva y yo idem, para que después no se diga que no sé seguir instrucciones básicas. Y ahí es cuando se jodió el estofado porque la siguiente pantalla me increpó Esa No Es La Clave Nueva y no aceptó que yo le gritara a viva voz que sí lo era. Lo intenté una vez mas - vamos, quien no ha metido un dedazo alguna vez - y ya la máquina empezándose a mosquear, me miró mal y me amenazó con retenerme la tarjeta. Yo, como cualquier cristiano ante semejante amenaza reculé - a las máquinas no parece gustarle que les griten - y recuperé mi plastiquito. El aparato me anuló la operación - lo tengo por escrito - y yo volví a meter la tarjeta para sacar plata antes de irme. Por supuesto, ese fue el momento en que la machine - que ya me tenía entre ceja y ceja - decidió que la clave vieja tampoco le caía en gracia y furiosa conmigo por seguir insistiendo, me deshabilitó la tarjeta y me indicó burlona que hablara con mi banco y solucionara todos mis problemas existenciales.
Con paciencia extrema, llamé al 0800 y habilité la tarjeta again. Sin pensar a futuro continué usándola para hacer compras en los comercios y precavida me mantuve alejada de los cajeros automáticos. Pero la necesidad de cash finalmente me alcanzó - como a todos - y juntando coraje lo intenté una vez mas. Para que, nuevamente, el bendito aparato me la deshabilitara. Siendo yo una persona tozuda, llamé al 0800, dejé pasar un par de días mas y volví al ataque - alguna de las dos claves tenía que ser. Pero el triunfo no estaba en mi sino y fui vencida otra vez por la tecnología y todos sus achaques.
Cansada de todo eso, finalmente acepté el consejo del papelito y fui a mi banco, hablé con la señorita pertinente al caso que me dijo "eso es una tontera, yo te lo soluciono" - previo paso por su propio cajero mascota, para chequear que yo no estaba loca y que realmente las maquinas me la tenían jurada. Así que Estela - porque así se presentó - apretó dos teclas, me indicó que me estaba haciendo un blanqueo total y que entre las 24 y las 48 horas yo tenía que volver a enfrentar al aparato - ¿en serio tengo que hacerlo? - y poner una clave nueva y que esta iba a quedar fija. Después me anotó los datos de mi cuenta en la parte de atrás de su tarjeta y amablemente - se ve que se dio cuenta de mi estado de ánimo frente a tanto molino de viento - me dijo que pasara por caja si necesitaba efectivo.
Hice la cola, cautamente optimista ante mi situación, y le expliquémi predicamento a la buena mujer que me atendió. Ella - esta no se presentó - me dió la mitad de mi plata - como yo le indiqué - y cuando ya estaba yo juntando todo para irme, me mira y me dice "Pero acá no me aparece nada." Le expliqué nuevamente lo del PIN y lo del blanqueo, un tanto nerviosa ante su súbito interés, y volvió a mirar el monitor de su pc "Bueno, pero no te olvides de hacerlo, eh. ¿Ves?" me muestra la pantalla, como si yo fuera a entender, y pude ver que debajo de mi nombre no había nada mas que un montón de recuadros en sospechoso blanco "Porque si no lo hacés," continuó con tono muy serio "se cierran tus cuentas, se paraliza el sistema y SE CAE EL MUNDO!" esto último obviamente no lo dijo, pero su tono lo implicaba, lo que tengo que decir que me freakeo un pedazo y voló a la miércoles el cauto optimismo que había logrado juntar.
"Pero la chica me dijo que lo hiciera mañana" y mi voz fue la de un ratoncito con asma.
"Sí, bueno, pero NO TE OLVIDES, PORQUE SI NO TU MUNDO SE ACABA!" cosa que bien mirado podría habérmelo dicho antes de que sacara sólo la mitad de mi sueldo. El fin del mundo definitivamente amerita el sueldo completo.
Así que acá estoy, la maldición que me echó encima el primer cajero cuando cometí el error de gritarle continua y yo, con los pelos de punta y la tarjeta en la mano, espero que llegue el día de mañana para correr a ajustar mis asuntos financieros, porque de acuerdo a la señora de la caja, si no lo hago, la existencia como la conocemos va a terminar.

2 comentarios:

zorgin dijo...

mañana sábado????!!!!
tictactictactictac...
como logra estar tan tranquila?

Guada G Narbaitz dijo...

Por cierto, lo logré. Fui al banco y en un terriblmente anticlimático momento - no había ningun reloj contando hacia atrás, no había ningún tipo de luz parpadeando, no había nada - puse mi clave nueva y el mundo se salvó de la destrucción total :)