Han sido unas semanas de lo mas movidas.
El primer fin de semana largo, nos fuimos hasta Bariloche.
Como al hombre de mi casa le había agarrado un estressaso la semana anterior y se le había paralizado media cara - sí, un susto, pero descartamos enseguida cualquier causa neurológica y quedó archivado como un estressaso, si fue otra cosa nunca lo sabremos - y no podía manejar, mi suegro, que está al pedo, se ofreció a acompañarnos y manejar.
Sí, no, ya sé, otro hubiera suspendido todo el asunto, pero H tenía un seminario de no sé qué cosa y ya estaba pagado y anotado - amén de estar pagada y anotada la cabaña - por lo que aceptamos la graciosa oferta y nos piramos de la ciudad.
El viaje estuvo muy agradable.
La cabaña era simple, pero cómoda, y tenía un jardín con juegos, por lo que mientras el hombre de la casa estaba estudiando y mi suegro durmiendo, nosotros tres nos pasamos las tardes al sol.
Además, aprovechando la presencia de mi suegro, pudimos ir H y yo a la cena despedida del seminario, a la que yo no hubiera podido ir si el abuelo de las criaturas no hubiera estado en la zona para cuidarlos.
Redondo redondo, resultó todo el asunto.
El fin de semana siguiente, los cachorros de mi casa partieron a San Martín al cumpleaños de su primo que vive por allá. Como a mis suegros les habían prestado una cabaña donde trabaja mi cuñada, daba igual si iban dos o si iban cuatro, por lo que sin mirar hacia atrás - estoy criando dos criaturas de lo mas independientes... esto va a volver a morderme en el tujes, estoy segura - allá partieron los dos.
Fue un fin de semana pacíiiiiiiifico, sin "mamamamamammamamamamamamamma" constante.
Tuvimos gente a comer en casa, salimos a pasear, descansamos, recordamos que hubo una vez en la que eramos sólo dos... Fa, que recuerdos aquellos...
Y el domingo a la tarde llegaron mis querubines de vuelta y volví a estar entera.
El fin de semana después de ese - este que pasó - me fuí yo sola a Buenos Aires - el pasaje esta carísimo, la Ro me detestó cuando se enteró que no la iba a llevar - a visitar a mi hermana - que está embarazada de vuelta, sí sí, gracias por las felicitaciones, se las paso -, a mis amigas, y todos los parientes que me entraran en dos días.
Muy pocos días, mucha gente, pero lo logré bastante bien.
Mi madre se ofendió porque en las corridas a ella no la fui a ver, y tiene razón, pero ella no vive en la Capital y yo tenía medio sábado, un domingo y medio lunes, y no iba a pasarme todo el domingo viajando en el 57 sólo para ir a verla, lo lamento, pero no.
Sí, suena mal, pero bueno. Es lo que es.
Ya me perdonó.
La pasé muy pero que muy bien.
Dormí todo el viaje de ida - hubo un error burocrático a mi favor, que no suelen haber muchos de esos, y me tocó viajar en coche super cama, por lo que viajé acostada las catorce horas - y casi todo el viaje de vuelta - no hubo error burocrático, pero los coches ejecutivos no están tan mal.
Traté de ver la película a la vuelta, pero pude apreciar realmente lo poco que veo de lejos cuando no sólo no pude leer las letras de los títulos si no que estuve un rato tratando de descifrar los rostros de los protagonistas.
"Esa es... ¿Esa es Jennifer Lopez? ¡Sí! Yo vi esta película... ¿O no? ¿Quién es él?"
En mi defensa, yo estaba en el tercer asiento y el televisor estaba adelante del primero. Así no se puede, no me jodan. No, no voy a admitir que si hubiera estado en el segundo tampoco hubiera podido leer los créditos, Bebilacqua, así que callesé.
Me enamoré de una saga de libros en estos días también, por lo que estuve pegada a las páginas, otra cosa que tuvo ocupados mis días. Monster Hunter International, de Larry Correia. Cualquiera al que le guste leer libros de acción, humor, fantasía, aventuras y explosiones por todos lados, tiene que leer estos libros. Es el equivalente literario a una película pochoclera. Una vez que se empieza a leer no se puede soltar hasta que se termina. Hacía mucho que no leía un libro que me hacía moverme en el asiento, o exclamar en voz alta, o llevarme una mano a la boca de la impresión frente a lo sucedido.
Esos son los mejores libros.
Y ya que estoy promoviendo cosas y contando donde he estado metida estos días, tengo que recomendar una serie española con la que me enganché. Pulseras Rojas. Es sobre un grupo de chicos que viven en un hospital. Sí, es triste, están todos enfermos, obviamente, si no no vivirían en un hospital, pero la raíz de la historia es que enfermos o no, son chicos, y hacen cosas de chicos.
Es muy entretenida, y me veo venir que voy a llorar como una tarada para cuando termine con los 13 episodios que me conseguí.
Así que así han estado mis días. Sin prisa, sin pausa.
Mis niños además están teniendo una semana de receso, sólo por que sí, porque su colegio decidió, así que estoy aprovechando para dormir un poco más. Levantarme a las ocho en vez de las seis y media es un lujo.
Ya detesto la semana que viene. Toda responsable y seria ella.
Estúpida.
No sé ustedes, pero mi nave, gracias a Dios, Buda, Alá y cualquiera que quiera darse por aludido, va.
Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación
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12 oct 2012
19 jun 2012
El León bajo la Nieve
Nevó el sábado.
Lo estuvieron anunciando durante días.
¿Cómo iba yo a saber?
Nunca le embocan las personas del pronóstico.
Hace años que vienen anunciando nieve, dejándonos a todos con las ganas en la boca.
Este año, que yo organizo una salida al zoológico con mi niña y sus amigas... nieva.
Yo sé que no es nada personal, que el universo no me tiene entre ceja y ceja, que el universo no tiene ningún tipo de interés en mí. Pero a veces pareciera.
¿Qué dije yo? Vamos al zoologíco el sábado a festejar tu cumple. ¿Qué dijo el clima? Vamos a nevar como no nevamos desde hace siete años. ¿Cuándo? El sábado. ¿Qué tal el domingo? No, no, el domingo vamos a hacer sol. Tengo ganas de nevar el sábado.
Y nevó.
Contra toda mi tozudez - "pero estás segura que querés ir al zoológico, mirá que dicen que va a nevar..." "¡Hasta que yo no vea los copitos, el plan se mantiene!" - la mañana del sábado estuvo punteada de copitos blancos.
Viste el copito, ahí está el copito.
Ufa.
El Plan B entró en vigencia, las ruedas de la organización giraron y convertimos una salida al zoológico en una salida al cine a ver Madagascar 3.
Sí. Quiero mover el bote.
Me gusta.
Las seis niñitas llegaron a las 14 horas como habían sido invitadas, ninguna se atrasó. Salimos de casa, llegamos a los Village - donde no había nadie, cosa muy curiosa -, retiramos las entradas de la máquina express - porque las compramos por internet, já, que previsora que me siento cuando hago esas cosas -, compramos pochoclos y caramelos - again, no había nadie, así que no molestamos a nadie cuando corrieron en malón contra el mostrador -, y nos sentamos en un costado a esperar a que nos dejaran entrar.
Pese a que eran en total ocho niños, tengo que admitir que se portaron re bien. Mi stress -"¿Están todos? Undostrescuatrocincoseissieteocho... están todos... ¿Están todos? Undostrescuatrocinosesisietecho... están todos..." - era todo mío, ellos apenas si se alejaban un poco. Entre H, mi suegro y yo, como quien arrea gallinas, los tuvimos a todos encaminados.
Vimos la película con sólo una interrupción - "tenemos que ir al baño..." "¡¿Ahora?!" -, nos reímos a carcajadas - mucho mejor que Madagascar 2, totalmente -, y salimos, ahora sí lleno de gente, como debe ser, para volver a casa a la hora del té.
La fiesta en casa fue ruidosa pero sin pérdidas que lamentar. Música - era para filmarlas, dos enanas de siete años, discutiendo sobre qué videítos elegir en youtube -, pintura - las paredes sin pintar quedaron llenas de manitos y carteles de feliz cumpleaños -, jueguitos - "¿me toca a mí ya? ¡No me deja jugar!" -, comida, globos, sorpresita, gracias por venir.
Para cuando se fueron mis amigos, que habían pasado a soplar las velitas y comer torta, eran las nueve y media y yo estaba destruida.
Es impresionante lo mucho que puede cansar una tarde de películas.
Seguro que el zoológico no me hubiera cansado tanto.
Lo estuvieron anunciando durante días.
¿Cómo iba yo a saber?
Nunca le embocan las personas del pronóstico.
Hace años que vienen anunciando nieve, dejándonos a todos con las ganas en la boca.
Este año, que yo organizo una salida al zoológico con mi niña y sus amigas... nieva.
Yo sé que no es nada personal, que el universo no me tiene entre ceja y ceja, que el universo no tiene ningún tipo de interés en mí. Pero a veces pareciera.
¿Qué dije yo? Vamos al zoologíco el sábado a festejar tu cumple. ¿Qué dijo el clima? Vamos a nevar como no nevamos desde hace siete años. ¿Cuándo? El sábado. ¿Qué tal el domingo? No, no, el domingo vamos a hacer sol. Tengo ganas de nevar el sábado.
Y nevó.
Contra toda mi tozudez - "pero estás segura que querés ir al zoológico, mirá que dicen que va a nevar..." "¡Hasta que yo no vea los copitos, el plan se mantiene!" - la mañana del sábado estuvo punteada de copitos blancos.
Viste el copito, ahí está el copito.
Ufa.
El Plan B entró en vigencia, las ruedas de la organización giraron y convertimos una salida al zoológico en una salida al cine a ver Madagascar 3.
Sí. Quiero mover el bote.
Me gusta.
Las seis niñitas llegaron a las 14 horas como habían sido invitadas, ninguna se atrasó. Salimos de casa, llegamos a los Village - donde no había nadie, cosa muy curiosa -, retiramos las entradas de la máquina express - porque las compramos por internet, já, que previsora que me siento cuando hago esas cosas -, compramos pochoclos y caramelos - again, no había nadie, así que no molestamos a nadie cuando corrieron en malón contra el mostrador -, y nos sentamos en un costado a esperar a que nos dejaran entrar.
Pese a que eran en total ocho niños, tengo que admitir que se portaron re bien. Mi stress -"¿Están todos? Undostrescuatrocincoseissieteocho... están todos... ¿Están todos? Undostrescuatrocinosesisietecho... están todos..." - era todo mío, ellos apenas si se alejaban un poco. Entre H, mi suegro y yo, como quien arrea gallinas, los tuvimos a todos encaminados.
Vimos la película con sólo una interrupción - "tenemos que ir al baño..." "¡¿Ahora?!" -, nos reímos a carcajadas - mucho mejor que Madagascar 2, totalmente -, y salimos, ahora sí lleno de gente, como debe ser, para volver a casa a la hora del té.
La fiesta en casa fue ruidosa pero sin pérdidas que lamentar. Música - era para filmarlas, dos enanas de siete años, discutiendo sobre qué videítos elegir en youtube -, pintura - las paredes sin pintar quedaron llenas de manitos y carteles de feliz cumpleaños -, jueguitos - "¿me toca a mí ya? ¡No me deja jugar!" -, comida, globos, sorpresita, gracias por venir.
Para cuando se fueron mis amigos, que habían pasado a soplar las velitas y comer torta, eran las nueve y media y yo estaba destruida.
Es impresionante lo mucho que puede cansar una tarde de películas.
Seguro que el zoológico no me hubiera cansado tanto.
13 jun 2012
Lucha Anual
Está llegando la fecha.
El mundo giró y volvió a girar y ya estamos llegando al cumpleaños de Rorro una vez más. Siete. Ya son siete.
Y parece que fue ayer que estaba sufriendo con los souvenirs de su cumpleaños de cinco. Y con los de seis. Y una vez mas acá estoy, sufriendo con los de siete.
La vida no es nada si no es una constante repetición.
Este año no vamos a hacer pelotero. Ya está. Gracias a Dios parece ser que terminamos con esa etapa - un huevo y la mitad del otro sale alquilar un pelotero en estos días, nomejodan - y la Ro prefirió hacer un listado de VIPs - no, Bebilacqua, uste´no está invitado - y nos vamos todos al zoológico/lógico/lógico, a ver animales, cuales/cuales/cuales, a ver animales, cualesqueséyo...
Perdón, me dejé llevar.
El zoológico no me preocupa en demasía. No van a ser mucho chicos, y vamos a ser tres adultos, yo creo - estoy bastante segura, diría que en un 98- 95 - 91 por ciento - que podemos manejarlo. Incluso la gente pesímista del pronóstico, que andan diciendo que el sábado va a ser el día mas frío del año, no me asustan. ¿Saben qué? Saco la lengua, soplo y hago sonidos obscenos en su dirección, gente pesimista del pronóstico. Eso hago. A ver Bebilacqua, ayudemé que a usted le sale mejor que a a mí. Eso, sonidos obscenos para todos.
Como si un poco de frío fuera a detener a ocho pibes de correr en un parque rodeados de animales.
Esta gente no sabe nada.
Lo que me preocupa, una vez mas entonces, es el tema de los souvenirs.
Porque después del zoo todos los pibitos van a venir a casa, y en casa va a haber que darles el té - que no me preocupa tampoco, las papas fritas de bolsa llegan lejos - y soplar la torta - que la voy a hacer bien temprano a la mañana... bien temprano... bien bien temprano... y ya me estoy empezando a deprimir de lo temprano que voy a hacer esa torta -, y cuando se vayan va a haber que darles un recuerdo de Constantinopla. ¿Cómo dice Bebilacqua? ¿Cómo es el chis-
Uh, no, de Constantinopla entonces no. No los van a volver a dejar volver a casa después de una cosa así.
La Ro ha decidido que la temática de su cumpleaños - temática, lo que se dice temática... no... pero bueno, el adorno de la torta y sus contrapartidas, pongamoslé - vendría a girar en torno al dibujito Kid vs Kat. Que lo dan en Disney XD.
Ese sobre un gato extraterrestre que vive con una familia y el chico de la casa que vive cohartando sus planes de conquistar el mundo. Sí, ese. Y no saben ustedes lo difícil que es encontrar cotillón referido a este dibujito en particular .Aparentemente sólo mi hija quiere un gato extraterrestre y un nene heroico en su torta de cumpleaños.
La sugerencia de Hello Kitty, después de una fingida consideración, recibió una amable pero firme negativa.
A final nos hemos puesto de acuerdo y el souvenir va a consistir en un sendo DVD, con dibujitos de Kid vs Kat, con una carátula con el niño y el gato y un cartel que dice, feliz cumpleaños Rorro.
¿A que es bonito todo el asunto?
¿A que no saben la computadora de quién no está funcionando bien estos días?
Sí, era fácil adivinar esa pregunta.
Así que aquí estoy, con diez carátulas que imprimir, diez DVDs que grabar, diez capítulos de Kid vs Kat que bajar, un adorno de torta que manufacturar a mano de un pedazo de telgopor y una imagen impresa sacada de la internet, y una computadora retobada que noquierenoquierenoquiere hacer lo que le pido en tiempo y en forma.
Tal vez no parezca mucho, pero el tiempo se acaba y ya estamos a martes.
Tic tic tic, dice la cancion de Metallica.
Frantic tic tic.
De esa lista ya conseguí los dibujitos - Rorro tiene que ver si son lo que ella quiere que sus amigos vean... y esperemos que sí, porque otra vez pedirle a mi pc que cabecee va a ser difícil - y la imagen para el adorno - sólo falta entelgoporgarla.
Me quedan sólo tres días para imprimir, grabar y ensamblar todo el resto, y no tengo tiempo para trasladarme a ningún lado porque estoy - como tanta otra gente los días de semana - trabajando.
Este es el momento en que necesito que entre Tom Cruise, y mientras Limp Bizkit hace la música de Misión Imposible, dejo todo en manos de Ethan Hunt y me voy al carajo.
Por cierto, mi suegra compró un cartel para poner en la entrada de casa que dice FELIZ CUMPLEAÑOS, y tiene un Hello Kitty precioso.
No sé qué va a opinar la Ro de eso.
El mundo giró y volvió a girar y ya estamos llegando al cumpleaños de Rorro una vez más. Siete. Ya son siete.
Y parece que fue ayer que estaba sufriendo con los souvenirs de su cumpleaños de cinco. Y con los de seis. Y una vez mas acá estoy, sufriendo con los de siete.
La vida no es nada si no es una constante repetición.
Este año no vamos a hacer pelotero. Ya está. Gracias a Dios parece ser que terminamos con esa etapa - un huevo y la mitad del otro sale alquilar un pelotero en estos días, nomejodan - y la Ro prefirió hacer un listado de VIPs - no, Bebilacqua, uste´no está invitado - y nos vamos todos al zoológico/lógico/lógico, a ver animales, cuales/cuales/cuales, a ver animales, cualesqueséyo...
Perdón, me dejé llevar.
El zoológico no me preocupa en demasía. No van a ser mucho chicos, y vamos a ser tres adultos, yo creo - estoy bastante segura, diría que en un 98- 95 - 91 por ciento - que podemos manejarlo. Incluso la gente pesímista del pronóstico, que andan diciendo que el sábado va a ser el día mas frío del año, no me asustan. ¿Saben qué? Saco la lengua, soplo y hago sonidos obscenos en su dirección, gente pesimista del pronóstico. Eso hago. A ver Bebilacqua, ayudemé que a usted le sale mejor que a a mí. Eso, sonidos obscenos para todos.
Como si un poco de frío fuera a detener a ocho pibes de correr en un parque rodeados de animales.
Esta gente no sabe nada.
Lo que me preocupa, una vez mas entonces, es el tema de los souvenirs.
Porque después del zoo todos los pibitos van a venir a casa, y en casa va a haber que darles el té - que no me preocupa tampoco, las papas fritas de bolsa llegan lejos - y soplar la torta - que la voy a hacer bien temprano a la mañana... bien temprano... bien bien temprano... y ya me estoy empezando a deprimir de lo temprano que voy a hacer esa torta -, y cuando se vayan va a haber que darles un recuerdo de Constantinopla. ¿Cómo dice Bebilacqua? ¿Cómo es el chis-
Uh, no, de Constantinopla entonces no. No los van a volver a dejar volver a casa después de una cosa así.
La Ro ha decidido que la temática de su cumpleaños - temática, lo que se dice temática... no... pero bueno, el adorno de la torta y sus contrapartidas, pongamoslé - vendría a girar en torno al dibujito Kid vs Kat. Que lo dan en Disney XD.
Ese sobre un gato extraterrestre que vive con una familia y el chico de la casa que vive cohartando sus planes de conquistar el mundo. Sí, ese. Y no saben ustedes lo difícil que es encontrar cotillón referido a este dibujito en particular .Aparentemente sólo mi hija quiere un gato extraterrestre y un nene heroico en su torta de cumpleaños.
La sugerencia de Hello Kitty, después de una fingida consideración, recibió una amable pero firme negativa.
A final nos hemos puesto de acuerdo y el souvenir va a consistir en un sendo DVD, con dibujitos de Kid vs Kat, con una carátula con el niño y el gato y un cartel que dice, feliz cumpleaños Rorro.
¿A que es bonito todo el asunto?
¿A que no saben la computadora de quién no está funcionando bien estos días?
Sí, era fácil adivinar esa pregunta.
Así que aquí estoy, con diez carátulas que imprimir, diez DVDs que grabar, diez capítulos de Kid vs Kat que bajar, un adorno de torta que manufacturar a mano de un pedazo de telgopor y una imagen impresa sacada de la internet, y una computadora retobada que noquierenoquierenoquiere hacer lo que le pido en tiempo y en forma.
Tal vez no parezca mucho, pero el tiempo se acaba y ya estamos a martes.
Tic tic tic, dice la cancion de Metallica.
Frantic tic tic.
De esa lista ya conseguí los dibujitos - Rorro tiene que ver si son lo que ella quiere que sus amigos vean... y esperemos que sí, porque otra vez pedirle a mi pc que cabecee va a ser difícil - y la imagen para el adorno - sólo falta entelgoporgarla.
Me quedan sólo tres días para imprimir, grabar y ensamblar todo el resto, y no tengo tiempo para trasladarme a ningún lado porque estoy - como tanta otra gente los días de semana - trabajando.
Este es el momento en que necesito que entre Tom Cruise, y mientras Limp Bizkit hace la música de Misión Imposible, dejo todo en manos de Ethan Hunt y me voy al carajo.
Por cierto, mi suegra compró un cartel para poner en la entrada de casa que dice FELIZ CUMPLEAÑOS, y tiene un Hello Kitty precioso.
No sé qué va a opinar la Ro de eso.
10 abr 2012
Chocolate

Nos fuimos por el fin de semana largo.
Porque hay que aprovechar, ¿vio? Los fines de semana no se dan muy a men- ¿cómo dice? No, sí, tiene razón, últimamente parece que crecieran en los árboles los fines de semana largos, así que vamos a dejar eso ahí.
En fín, decía, nos fuimos de viaje.
Aprovechamos e hicimos peregrinación a visitar a mi viejo al campo en la provincia de Buenos Aires.
Una vez mas, manejé yo a través del desierto. Esta vez no hiperventilé al pasar los dos camiones que tuve que pasar. Grossa yo, gracias, gracias. Esta vez H casi hiperventila cuando tomé una curva muy rápido y casi tenemos un problema familiar... En mi opinión yo iba bien - si no nos fuimos a la cuneta, es un tilde en mi libro -, pero vaya uno a discutirle a él.
El plan, una vez llegamos allá, viendo que iba a ir toda mi flia y el lugar bajo techo iba a escasear, era pasar las noches en un hotel en el pueblo y pasar los días en el campo. Una vez visto el hotel - se le habían acabado las cocheras, la ventana de atrás daba a un baldío lleno de cajones de cerveza, una señora muy muy mayor me pidió permiso para tomar mate en la recepción y otra le preguntó a H si podía ajustarle la puerta que estaba rota, la heladerita hacía un ruido terrible, la ducha estaba torcida, la pileta estaba llena de gente y el colchón era durísimo - y una vez que nos enteramos que mis hermanos se habían bajado del plan, por lo que sobraba un poco de espacio en la casa, la primera noche le dijimos a la gente del front desk que muchas gracias, pero que nos había salido un asunto familiar y que mañana íbamos a hacer el check out, no se vayan a ofender, su hotel es diviiiiiiino, pero nos vamos.
Jugamos un par de juegos de mesa, y perdí en una partida de Carioca - no juego a la Carioca desde hace doce años, así que no veo el mérito de que me hayan ganado, pero bueno, no voy a andar desmereciéndo...
Fuimos al sábado a la mañana a la zapatería Carlitos - donde siempre compro zapatillas para los críos cuando estoy de paso porque nunca hay que subestimar los precios cuando uno está lejos de una ciudad capital - y le compré zapas a la Ro.
Una con brillitos.
No, no me están entendiendo, no con un par de brillitos sobre los costados, no. Unas que eran todos brillitos. Toda la zapatilla brilla. Es una bola de espejos hecha zapatillas. Pero su tía Fe se las avaló - "sí, Ro, me encantan, son re lindas, las podés usar en todas partes" - así que no hubo como escapar. Por suerte, y como decía al principio, no eran caras, así que usaremos anteojos de sol para mirarlas y listo.
H hizo asado a la parrilla, la mujer de papá hizo pizzas a la parrilla, y Santi, el marido de mi hermana Fe, hizo pollo a la parrilla, así que hay que decir que la parrilla la aprovechamos bien.
Mis niños, junto a su mini tía Z, aprovecharon el espacio de la pampa chata para jugar, correr, saltar, trepar y ensuciarse bien, y el último día, a la tardecita, cuando nadie miraba - porque estábamos todos adentro jugando a la Carioca a la que me ganaron porque hace doce años que no jugaba a la Carioca... digo... - se metieron los tres con ropa y todo adentro del tanque australiano a medio llenar.
"Lo que pasa es que queríamos meter los pies, así que nos sacamos los zapatos y nos arremangámos los pantalones, pero había tierrita en el fondo, así que Zeke se resbaló y cuando Ro lo quiso ayudar, Rorro se resbaló y yo la quise levantar a ella y me patiné... y ya estábamos todos mojados así que nos pusimos a jugar... ", me explicó mi hermana Z, mientras temblaban los tres y los envolvíamos con toallas.
Qué bárbaro.
Les tendría que haber sacado una foto, ratas pasadas por agua, hechos una sopa, que sólo avisaron lo que pasó porque no podían salir del tanque y hubo que ir a pescarlos, que si no hubieran tratado de secarse afuera y hoy tendríamos tres pulmonías y no sólo una laringítis - sí, la Ro, porque yo tengo ese tipo de suerte.
Hicimos una búsqueda del tesoro con los huevos de Pascua - todo gracias a mi hermana Fe, que es mejor que yo a la hora de pensar en eso, yo los hubiera escondido a mi espalda, hubiera preguntado en qué manos están y ya, no me jodan - y los críos la pasaron bomba, corriendo de acá para allá en busca de las pistas. Hubo un par de quejas cuando las pistas estaban muy lejos - mi niña bufó cuando la pista número seis los mandó hasta la tranquera del potrero de al lado - pero fuera de ese detalle, dio gusto verlos correr de acá para allá.
Mi sobrina, Rosita, dio sus primeros pasos, para beneficio de la muchachada que sólo la ve un par de veces al año - "¡Ro-si-ta! ¡Ro-si-ta! ¡Ro-si-ta!" y se carcajeó de todo. Excepto cuando me la dejaron a mí un minuto para que la mirara y se fue de cabeza tratando de agarrar una botellita de plástico. Así no me la van a prestar mas a esa nena, no importa que yo tenga pruebas de que tengo dos que sobrevivieron a esa edad.
Yo aproveché para hacer tiempo con mi familia, que no la veo muy seguido - esto de vivir lejos, que lo tiro´e las patas.
Y nos volvimos - una vez mas crucé el desierto y esta vuelta me cuidé de no hacer maniobras bruscas para que el hombre de mi casa no tuviera problemas cardíacos antes de los cuarenta. Frené como una lady y no mecí el auto mas de una vez.
Llegamos a casa el domingo a la hora del té, como para sacarme los zapatos y disfrutar del final de la tarde.
En total, una excelente Pascua de Resurrección.
3 feb 2012
Jugo

No me puedo quejar, voy a ser honesta, a este mes le saqué el jugo.
La primer semana pintamos el living. Nosotros. Con nuestras cuatro manitos. Del mismo color que estaba - de pedo logramos mezclar el mismo amarillo anaranjado - lo que valió que después de que estuvieramos laburando como negros todo el día, llegara mi hijo el menor, cruzara la puerta, mirara a su alrededor y preguntara con carita de confusión "¿Dónde pintaron?"
Criaturita de Dios.
Después de mi cara de no-te-estrangulo-porque-te-quiero-que-sí-no, cada dos por tres, salta de la nada, en medio de lo que sea, y me dice "quedó muy linda la pintura, mamá" y me sonríe con gracia, a ver si así lo arregla.
Después nos fuimos a visitar a mi viejo al campo.
Manejé en la ruta. Ja.
YO.
YO MANEJE EN LA RUTA.
Y pasé tres camiones. Claro que pasé el primer camión y casi hiperventilo. El hombre de mi casa me miraba de lo mas preocupado - ¡pulmotor, alguien que me alcance un pulmotor! - y lo único que me impidió parar en la banquina a tomar aire fue pensar que si frenaba el puto camión iba a pasarme a mí otra vez y ni en pedo iba a darle esa satisfacción.
De lo de mi viejo fuimos para Mercedes, que nos queda cerca de la ciudad, como para poder visitar amigos, parientes y shoppings.
Hicimos pileta, paseos, parientes, asados, mas pileta, mas paseos, mas parientes, mas asados. Hubo días de mucho calor, días de lluvia, días de fresco. En la casa al otro lado del lote, con la que compartíamos el parque había una flia con tres niños, por lo que los míos - que eran menos, y todos sabemos que el ejército mas grande suele ser el que gana -, fueron absorvidos. Esto me liberó las tardes de entretenerlos - bendita sea mi niña sol y su habilidad para hacer sociales y arrastrar a su hermano - , por lo que las siestas me las pasé leyendo perezosa en la hamaca paraguaya mientras todos los críos jugaban en el arenero y los juegos.
Un desparramo memorable todo el asunto, estoy pensando seriamente en mudarme al Mes de Enero en Mercedes y no salir nunca.
Pero todo lo bueno termina, así que volvimos al campo de mi viejo - que es parada voluntaria y a la vez obligatoria, porque está a mitad de camino entre mi casa y Mercedes, lo que corta un viaje imposible de mas de doce horas en dos viajes manejables de seis y pico - descansamos un rato, respiremos hondo, y volvimos a salir para acá.
Crucé el desierto al mando del auto y tengo que decir que manejé maravillosamente a través del atardecer y la tormenta veraniega que nos tocó, cantando a todo trapo mientras los otros tres viajeros, asomados a la ventana, a los gritos señalaban los relámpagos.
Desde Chacharramendi hasta el cartel de Zona de Riego, donde entregué el auto porque ya era de noche y tampoco es que una sea una loca del volante y de noche no se si ustedes sabe, pero está oscuro.
Los niños empezaron la colonia pisando los últimos días, por lo que me quedaron dos tardes libres para descansar de todo lo hecho hasta entonces, por lo que el hombre de mi casa - que también estaba de vacaciones hasta febrero - y yo, aprovechamos para ponernos al día con todas las series que nos faltaban - maratón de Fringe, Grimm, Castle, Leverage, Person of Interest y The Mentalist.
Y el martes fui a la masajista, como para cerrar todo el asunto.
Estoy cansada, bronceada, descansada, y mi casa está pintada.
No sé ustedes, pero mi enero fue placenteramente largo.
20 dic 2011
Una Vueltita Mas

Y una vez más, el planeta y yo completamos otra vuelta alrededor del sol.
Señoras y señores, el domingo fue mi cumpleaños - no, Bebilacqua, no le voy a decir cuantos años cumplo, y no, no quiero escuchar el chiste de la vieja y la cadera de plástico, ¿dónde se piensa usted que está, eh?
Hubo cena el sábado con el hombre de mi casa, y aproveché la falta de prole alrededor para tomar algo de vino - sí, me puse alegre, y a mucha honra, no todos los días se cumplen años y mas aún, no todos los días salgo a comer sin mi séquito.
Hubo desayuno en la cama - me despertaron, como siempre, los gritos y reclamos de la muchachada, pero H se hizo cargo y aunó esfuerzos con los hunos y los otros y entre todos me hicieron el desayuno... Para qué vamos a hablar de la cocina que hubo que manguerear después, todos sabemos que a caballo regalado... ¡Miren! ¡Qué lindo! ¡Hay flores frescas en la bandeja!
Hubo almuerzo con mis suegros - mi suegro hizo una carne al horno que estaba de buena... No sé qué le puso, pero estaba para hacerle un monumento al hombre, a la carne, a las papas, a las batatas, a las manzanas y a la ensalada. Casi que no le pude hacer justicia, con el desayuno que me habían traído unas horas antes... Sí, sí, casi, tampoco íbamos a andar desperdiciando.
Hubo tarde con pelopincho y dibujitos, esperando a mis amigas para tomar el té con facturas.
Hubo té y facturas con amigas.
Hubo torta y velitas.
Hubo muchísimo cariño, regalos, muchos niños, algo de viento, muchas risas, agua, montón de juguetes, sonrisas, bastante calor, mucho sol, máscaras con brillantina, cantidad de abrazos y besos, mucha comida, historias divertidas, montón de fotos, varios llamados, muchísimos mensajes, y al final del día hubo sopa.
Fue un día excelente.
Con suerte, en un año tengo otro igual.
30 nov 2011
Martes de Descanso

Aprovechamos el fin de semana largo y nos fuimos a Villa Pehuenia, a orillas del lago Moquehue y el Aluminé - uno de cada lado.
No vamos a hacer todo el racconto porque tampoco es cuestión de embolar a las masas con el minuto a minuto, así que voy a dividir el relato en partes.
Las highlights del viaje fueron, a saber:
El viaje de ida. No sé quienes de ustedes han hecho caminos de cornisa y de ripio en su vida, pero tienen su encanto. Una mezcla de "Uy, nos vamos a caer nos vamos a caer nos vamos a caer", ya que ni siquiera tienen guardarrail, y "uy, que lindo, mirá el paisaje, el arroyito allá abaaaaaajo, los árbolitos, las cabritas, las ovejitas," y así...
La cabaña. Re linda. Chiquita, pero bien puesta. Llena de ventanales, y con un balcón terraza sobre el lago. Es decir, la cabaña, ni idea, pero con un balcón terraza sobre el lago. Me costó un pedazo volver a casa y no robarme la vista y traérmela en la mochila.
El restaurante La Posta del Pescador - sí, sí, les estoy haciendo propaganda porque fueron muy amables. Fuimos a almorzar el sábado Y el domingo - no había mucho abierto tampoco, Villa Pehuenia es chiquito, das dos pasos y ya te saliste. La tabla de fiambres, los ravioles de ciervo, la milanesa de trucha, las empanadas de ciervo Y las empanadas de trucha, y los postres estaban buenísimos. Me quedé con ganas de mas empanadas de trucha... Digan que no era el lugar mas barato, - no daba para "dame una docena" pero bueno, para darse un gusto cuando uno se va de viaje. Y además les trajeron juegos y lápices a los críos, lo que los tuvo entretenido por un gran total de cinco minutos... que es una eternidad cuando uno tiene seis años.
Momentos para recordar:
Llegamos el sábado al mediodía. Dejamos todo en la cabaña - Puerto Malén, por si alguien quiere ir - y nos fuimos a almorzar - el restaurante ya lo nombré. Terminamos de almorzar y bajamos a la playa que estaba cerca, con la intención de volar el barrilete. Estaba bastante ventoso, por lo que no había planes de meterse al agua.
Como siempre sucede con los mejores plantes, mientras el barrilete se rompía por culpa del viento, mis niños se metieron al agua. Empezamos con un "¿me arremangás los pantalones así puedo meter los pies?", seguimos con un "¿me puedo sacar los pantalones que están todos mojados?", continuamos con un "Se me mojó la remera", y terminamos con dos críos en ropa interior, empapados, haciéndo ángeles de arena, sucios hasta la nariz.
Sábado por la tarde. Después de bañar a los críos con agua caliente y mucha espuma - es una tradición, cuando vamos de viaje siempre hay un baño con mucha espuma en algún momento del viaje - a eso de las cuatro y media, H decidió bajar con la Ro a la playa a hacer un castillo de arena. Zeke quería en cambio ir a los juegos cerca de la recepción. H se llevó la llave, yo salí sin el celular. Cuando Zeke se cansó de los juegos, decidimos ir a buscar al padre y a la hermana.
La idea.
Villa Pehuenia, como cualquier aldea de montaña, no es una ciudad chata. Zeke se cansó de caminar a los dos minutos y medio y hubo que hacerle caballito. Mis piernas empezaron a protestar enseguida. El chico pesa mas de veinte kilos y yo no estoy en forma, no no.
Bajamos - subimos la colina de al lado y volvimos a bajar - hasta la playa.
El hombre de mi casa no estaba. Subimos - bajamos la colina, volvimos a subir y volvimos a bajar - hasta la playa de al lado. Nadie conocido. Hicimos todo el camino a la inversa hasta la recepción. Me di cuenta de que no tenía mi celular para preguntarle donde estaban Y que no tenía la llave de la cabaña para entrar a buscarlo.
Le dijimos al señor de la recepción si nos podía abrir.
El nos dijo que nos mandaba a la chica.
Subí a la cabaña - sí, subí, estaba en la punta del puto cerro - con Zeke a la espalda. A estas alturas tenía un calambre en el muslo. Salimos al balcón terraza. Y allá abajo, a pico justo desde el balcón, los vimos H y a Ro en la playa, tan tranquilos haciendo su castillo de arena. Casi les tiro con algo.
Saludamos a los gritos. Nos saludaron de vuelta y nos dijeron por donde habían bajado.
Volvimos a bajar - Zeke a cuestas como un bebé chimpance. Le dije al señor que ya estábamos, que gracias. El nos dijo de un atajo - bendito bendito señor - para llegar a la playa, y finalmente - mi muslo derecho era un espasmo esperando por ocurrir - llegamos a la playa.
Obviamente, el no se va a bañar nadie terminó nuevamente con dos críos adentro del agua en ropa interior. Sí, yo tenía los trajes de baño en la mochila, pero ninguno quiso esperar a cambiarse.
Yo estaba muerta de frío, por lo que no, ni siquiera metí un dedo.
Lo que sí, me quemé los hombros y los brazos, por lo que, entre la piel ardida y las piernas temblorosas, dormir fue... un asunto...
El domingo sí hizo frío - posta, no ese frío de "no, no nos vamos a meter mamá, no te preocupes", que terminó con todos en el agua, si no frío de verdad, - así que paseamos, dormimos la siesta y paseamos un poco mas. Trepamos por las rocas - me hice un tajo en la canilla a través del pantalón, para combinar con los hombros ardidos y las piernas doloridas - y nos encontramos con un par de conocidos. Volvimos a la cabaña. Ro se trepó a la baranda y yo que estaba adentro salí corriendo a retarla. No vi la alfombra de bienvenidos junto a la puerta, resbalé por el aire tipo dibujito y caí como bolsa de papas sobre mi celular, en el bolsillo de atrás de jean. Al celular no le pasó nada, mi traste tiene un moretón espectalular, y no había nadie mirando. Un desperdicio de caída, una pena. Si al menos alguien hubiese sacado una carcajada del tema...
El lunes nos volvimos temprano. Una vez entregada la cabaña no nos gusta vagar sin puerto y tampoco nos gusta volver con el malón de la tardecita, por lo que a las diez estábamos en la ruta. Por si alguien no le tiene respeto a los caminitos de cornisa y ripio, nos cruzamos con una camioneta recién volcada a un costado del camino. La policía ya había llegado y el conductor estaba sentado a un costado. Estaban esperando a la ambulancia y todos debían estar agradeciendo no haber volcado un poco mas allá, donde empezaba el camino de cornisa propiamente dicho porque la ambulancia no hubiera servido para nada.
Llegamos a casa a eso de las dos de la tarde, sin mas daños que lamentar.
Un excelente - y tengo todas las marcas para mostrarlo - fin de semana largo.
4 nov 2011
Señal de Ocupado

La historia empezó con mi celular sonando y yo atendiendo.
Es algo que suele pasar, no sé a ustedes, pero cuando mi celular suena, yo tiendo a atender. Es una de esas cosas.
Decía entonces. Celular. Atender.
- Hola?
- Si, buenas tardes, mi nombre es Mario, lo llamamos de Movistar. - y a
continuación me preguntó si este era el celular de H.
- No. Está a su nombre, sí, pero lo uso yo.
- Ah, muy bien. - y como si eso fuera algún tipo de permiso, continuó hablando sin darme tiempo a decir nada, aludiendo animadamente a la última oferta que tenían que iba a cambiar mi forma de ver el universo.
- ¿Con quién tengo el gusto de hablar?
- Preferiría no decirte mi nombre. - porque vamos, ¿que te importa? y trastabilló un segundo; pero se recuperó bien y continuó la carrera, porque hay que darle que era un tipo deportista.
Como yo estaba sentada en la biblio en uno de esos ratos en los que no hay nadie, lo dejé hablar. Tiendo a hacer eso, me dan pena, al cabo que les pagan por hablar, que me cuesta dejarlo.
Lo dejé hablar pero no lo escuché, ese fue mi primer error, pero bueno, no podemos estar en guardia todo el tiempo.
- ¿Le interesaría? - caí en la cuenta de que había dejado de hablar en algún momento mientras yo terminaba de hacer algo en la computadora y este era el instante decisivo en que se suponía que yo tenía que aceptar o negar lo que fuera que fuese que me estaba proponiendo.
No dije que no enseguida. Ese fue mi segundo error.
No recuerdo exactamente el tenor de la conversación que siguió. Lo admito, me mareó, soy muy mala para las conversaciones - prácticamente monólogo en este caso - telefónicas, pero sí recuerdo que treinta segundos después lo escuché decir,
- Muy bien, muchas gracias. - y cortó.
Yo me quedé mirando el celular sin estar muy segura que había pasado y por qué era que acababan de agradecerme... pero bueno, ya me enteraría, eso era mas que obvio.
Al mes siguiente, llegó en la factura que habíamos cambiado el abono y que habíamos aceptado no sé qué cosa y que en definitivamente nos iba a salir todo mas caro por básicamente lo mismo.
Maldita la gracia que le hizo al hombre de mi casa.
Mi defensa - un tanto endeble, lo admito, pero bueno, esas cosas pasan - de que en realidad nunca le dije que sí - porque no lo hice... el problema obviamente fue que nunca le dije que no tampoco - no le resultó muy convincente, pero me quiere, por eso se casó conmigo, y una vez que se le pasó el enojo, se dedicó a ver como podía yo deshacer el asunto.
El asunto, resultó ser, que yo no podía deshacerlo, porque al cabo que el teléfono no estaba a mi nombre - que cosa mas curiosa, ¿no?, que yo pueda hacer cosas a nombre de otro pero no pueda deshacerlas después... ¿no es maravilloso? - así que tenía que ir él y hacer toda la bendita cola para ver cómo podían solucionarlo en Ayuda al Cliente, ya que la señorita del 0800 le había dicho que era un trámite personal.
El hombre de mi casa, al que le da por el quinto forro que lo tomen para la chacota, se puso su mejor traje, puso su mejor cara de abogado, se fue hasta Movistar y pidió de una hablar con el gerente. La chica se resistió. El se subió a todos sus años de estudio y la miró desde arriba. La chica finalmente claudicó y llamó al gerente. El gerente lo atendió. H le explicó, muy comedido, muy serio y muy molesto, que acababan de echar a una empleada de la escribanía porque la habían pescado robando, que tenía una causa pendiente, y que cuando recuperaron el celular resultó ser que habían encontrado que había cambiado el abono y que como podía ser eso si el celular estaba a nombre de la escribanía y bla bla bla policía, bla bla bla jueces, bla bla bla cómplices...
Al gerente no le gustó nada verse de pronto envuelto en medio de un asunto tan poco feliz -"no, no, tiene usted razón, no sé cómo pudo suceder" -, cuando lo único a lo que él había apuntado era a una pequeña estafa corporativa, por lo que en tres clicks del mouse, todo volvió a como estaba un mes antes de que yo tuviera la fatídica conversación con el caballero de la palábra rápida.
El hombre de mi casa se lo agradeció educadamente y se fue silbando bajito.
Ni que decir al mes siguiente nos dimos de baja de Movistar, y yo aprendí que ni bien empiezan a hablar no tengo que dejarme llevar por los buenos modales, tengo que decir que el teléfono no es mío y que no, no acepto nada de nada de nada, muchas gracias por llamar.
20 oct 2011
Fly Me To The Moon...

Señoras y señores, me compré un sillón.
Estoy mas que segura que esa frase fue recibida con un general gesto de ¿y con eso qué?, algnos gestos mas expresivos que otros - Bebilacqua, le pido por favor que contenga sus expresividades o lo voy a mandar a dirección - pero aguántenme un segundo que les voy a contar.
Decía entonces, después de toda esta charla sobre libertad de expresión - Bebilacqua, tiene un uno, Bebilacqua - que me compré un sillón.
El sillón anterior, de cuerina - o cuero ecológico, o simplemente berreta, cualquiera de las dos opciones es válida en mi opinión - a) se me había rajado en un par de lugares, y b) era amarillo, cosa que a mi me encantaba, pero al hombre de mi casa ya lo tenía molesto, vaya uno a saber por qué tanta animosidad contra el pobre sillón amarillo.
En fín, que era hora de cambiarlo.
Este sillón que tenemos ahora es lindo, mas bien bajito, marrón, de tela - no cuerina, el hombre de mi casa, habiéndolo elegido él, prometió hacerse cargo de las manchas... y yo todavía me río cada vez que lo pienso -, muy cómodo y entra perfectamente en el lugar que le toca - porque no es como que sobra espacio en mi casa.
Sí, ya sé, todavía no aclaro el ¿y con eso qué? del principio de este post.
A eso voy.
Este sillón - elegido por el hombre de mi casa, como dije antes, en un arranque de euforia "¿que lindo sillón, y si lo llevamos?" - lo compramos en WalMart. Sí sí, estábamos comprando detergente y leche y pan y un par de cositas mas y salimos con un sillón abajo del brazo... metafóricamente hablando, no se vayan ustedes a creer, para hacerlo de manera literal uno tendría que ser el Increible Hulk, y no el de Lou Ferrigno, si no el último, el grandot-... pero me voy por las ramas.
Sillón, hipermercado, mi casa.
Y acá es donde viene el meollo de este post.
Porque el sillón es lindo, no sé si les dije. Cómodo. Y de color marrón. Y viene con la promesa de que no voy a tener que limpiarle las manchas, lo que no es para despreciar...
Pero lo que tiene de bueno, señoras y señores, lo que tiene realmente de bueno, es que este sillón llegó a mi casa en una caja.
Una caja enorme.
Vieran ustedes el tamaño de la caja.
Y vieran ustedes la fantástica nave espacial que tienen mis críos instalada en medio del cuarto, con una puerta, dos ventanas, un periscopio y tres antenas.
Honestamente, no sé cuanto nos va a durar el sillón de WalMart. No sé si una vez que se vaya, alguien lo recordará... Pero la nave espacial varada en el cuarto, creanme ustedes a mí, es algo memorable...
17 jun 2011
La Ventana en mi Cocina

Llevé a Zeke a dormir anoche.
Como siempre me acosté con él hasta que se durmiera.
Mientras dormitaba, la casa a oscuras, todos los demás habitantes durmiendo, mi imaginación, de la que ya he hablado en este blog, se puso a pelotudear y me trajo a la memoria un capítulo de la Dimensión Desconocida - o podría haber sido de Outer Limits, o cualquiera de esas series unitarias que jodían con lo extraño, no voy a ponerme en exquisita, fue hace años.
En este episodio contactaban al protagonista - que no me acuerdo quien era ni qué hacía ni por qué era que lo contactaban a él en particular - para que fuera a chequear un fenómeno, en donde el ejército había encontrado una ventana a otra dimensión - de eso sí me acuerdo bien.
Sip. Así nomas. Eso es lo que me gustaba de estas series. Nadie te explicaba nada. Las cosas eran, las tomabas o las dejabas.
Decía entonces, una ventana a otra realidad, siguiente escena, llevan en un jeepito al flaco a donde esto sucede. El lugar es en medio de un campo, donde está instalado un campamento, rodeando lo que parece ser un pantalla de cine colgada en el aire, pero que en realidad es la anteriormente mentada ventana al otro lado. Del otro lado puede verse un paisaje idílico, sacado directamente de la Familia Ingalls. Todo verde y floreado, una casa a lo lejos, un árbol cerca de la "ventana", y una mujer bonita con un vestido blanco hamacando a un nene, mientras un perro juega con ellos. En cualquier momento uno juraría que va a aparecer Michael Landon.
El generalisimo - o capitanísimo o lo que sea - le explica a nuestro superfluo protagonista que la gente de ese lado no puede ver a la gente que los observa de este lado, y que han descubierto que si bien hay una membrana entre los dos mundos, con una especie de cañón que armaron - siempre con las armas esta gente - han estado tirando cubitos de hielo contra la cosa y han podido descubrir que de tanto en tanto, lo que sea que separa los dos mundos fluctua, y un cubito logra pasar para el otro lado.
Mientras explica todo esto, un soldadito, que hace rato que está fascinado mirando a la chica del vestido vaporoso, toma una decisión, y antes de que nadie pueda gritar nada, Kowalsky - o como sea que se llame - , corre contra la "ventana" y salta al otro lado, aprovechando el viaje del cubo.
Todos, de los dos lados, nos quedamos duros. La chica baja al chico de la hamaca y los dos lo miran. El perro empieza a ladrar pero ella lo calla.
El ejercito contienen el aliento. ¡Han hecho contacto con otra dimensión!
Oh.
La chica le sonríe al soldadito y se le acerca. Este está fascinado.
Y mientras todos miramos espantados, la flaca pela una dentadura digna de Aliens y antes de que el soldadito pueda rajar, ella y el nene se le tiran arriba y se lo comen.
Sí. Un encanto de imagen para recordar a la una de la mañana.
El ejército se horroriza. El nene termina de manducarse al soldado, se acerca despacio a la pila de cubitos de hielo que se derriten al sol y mira para este lado, tratando de ver algo. Estira la mano, y la ventana al otro mundo parpadea y se cierra.
Los soldados - y el protagonista, que sigo sin saber quien era, y se ve que no era un chabón muy importante porque en mi recuerdo no hacía nada - juntan todo, acá no pasó nada, alguien que llame a la mamá de Kowalsky y le diga que su hijo no va a volver a cenar, y se van a la mierda.
Cuando el ejercito termina de armar todo y raja, te muestran el universo del otro lado, y se puede ver que ahora hay de ese lado una ventana colgada de nuestro mundo, donde se puede ver al ejército marcharse, y junto a la ventana está el nene, con un enorme hueso en la mano, golpeando rítmicamente contra la ventana, esperando para poder cruzar.
Sí, re creepy. Las cosas que yo pienso en la trasnoche...
Y mientras estaba ahí acostada, la casa a oscuras, pensando en ese nene, con todos esos dientes, del otro lado de la realidad, mirando invisible para este lado, tratando de cruzar, los pelos de punta, sintiéndome observada desde todos los puntos oscuros del cuarto de Zeke, escucho un ruido en la cocina.
Todos mis pelos, ya de punta, trataron directamente de escapar.
Me enderezo en la cama y miro por la puerta en dirección a la cocina.
Zeke, medio dormido, me pregunta que pasa.
Shhhh, esperá un minuto.
El ruido en la cocina se intensifica, mas que ruido ya es movimiento.
El gato no es porque está acurrucado a mis pies, y...
- H, ¿sos vos?
Silencio absoluto.
En cualquier momento salta la cosa esa y me come.
Ya estoy por ponerme de pie e ir a enfrentarme con los malos del mundo armada con un patito de madera para arrastrar - bien revoleados pueden ser un arma formidable -, cuando mi marido asoma la cabeza por la puerta,
- ¿Me hablaste?
No le revolée el pato de puro susto porque tengo buenos reflejos, que si no...
¿A quién se le ocurre pasear por la casa a oscuras sin hacer algún sonido de advertencia?
No, si a veces parece que algunos vivieran solos, miraloquetedigo...
3 jun 2011
Lunes Observados

Ahí estaba yo en mi casa, muy tranquila, lunes a la noche, lista para irme a dormir, cuando un retortijón me hizo notar que las cosas estaban por cambiar para peor.
Dos horas mas tarde, las comidas de todo el fin de semana habiendo hecho una segunda aparición en el show - ni ellas ni yo contentas de vernos - me encontré en mi cama tiritando de frío al punto de sacudir el colchón.
En otras circunstancias, siendo como es otoño casi invierno, esto podría a pasar como algo normal, pero en este caso, viendo que mi casa es mas bien calentita, nop. Como el calambraje seguía jodiendo, los tiritones no pasaban y la fiebre empezaba a subir, le dije al hombre de mi casa que llamara a los muchachos de la guardia ambulatoria.
Prestos y prontos, llegaron a los veinte minutos, en su ambulancia naranja. Me tomaron la presión, hicieron todo el show, me dijeron que no tenían ni idea - pero con palabras mas largas - y me preguntaron si no prefería ir a la guardia del policlínico. Como preferir lo que se dice preferir, no, pero viendo que así no iba a poder dormir, acepté graciosamente la oferta - o todo lo gracioso que se puede ser doblado en dos - me vestí y me fui a pasear en la ambulancia naranja - no hay nada de emocionante en eso, ni siquiera prendieron la sirena. H se ocupó de dejar a mi suegro con los chicos y me alcanzó cuando ya los muchachos me habían depositado en el consultorio del médico de guardia.
Los tiritones continuaban, los calambres persistían, pero lo que tenía al médico perplejo - todo el resto podía achacarse a una gastroenteritis - era la fiebre, que encantadora ella, seguía trepando. Por si las moscas me hizo una orden de Diclofenax - las inyecciones intramusculares son mas bien jodidas, mas aún a las dos de la mañana - y me mandó a hacerme unas placas al fondo del edificio. H me acompañó y bien que hizo porque estaba yo llegando a la sala de radiografía cuando la fiebre llegó hasta arriba y mi presión se fue al piso, practicamente volteándome a mí en el proceso.
El hombre de mi casa me atajó, me ayudó a ponerme la bata horrible que te hacen ponerte para las radiografías, y entre él que me sostenía levantada y los comentarios alentadores del radiógrafo - "vamos, señora, son sólo dos placas, párese ahí, usted puede", al que yo no tenía fuerzas para cachetear pero ganas no me faltaban - mientras yo me sentía derretir entre el calor espantoso de la fiebre y la necesidad de tirarme al suelo, logré sacarme las fotos internas y, finalmente, ambos sádicos me dejaron desparramarme en la camilla.
De ahí, de vuelta al médico de guardia, que sin tener ni idea a qué se debía la fiebre - que bendita ella había vuelto a bajar, dejando a mi presión subir - decidió dejarme en observación.
Me llevaron entonces hasta una habitación donde no estás ni adentro ni afuera, sos "de paso", donde despertamos a la chica que dormía en la cama de al lado. Me disculpé - porque yo soy muy educada en cualquier circunstancia y la fiebre no quita lo cortés -, me acosté, me pusieron el suero - parece ser que es una condición sin equa non, si querés quedarte, tenés que dejar que te pinchemos -, me sacaron sangre y me dejaron - tratar - de dormir. Algo difícil de hacer, porque tengo que decir que esta gente cuando te dicen que estás en observación, te observan.
Finalmente, entre dormitando y conversando con la chica de la cama de al lado - bronqueolitis, se lo agarró esperando el colectivo a las cuatro de la mañana volviendo de su trabajo limpiando baños, para poder mantener a cuatro críos, que tres son del primer marido que la fajaba y contra el que tuvo que poner una denuncia porque trató de tirarla por la ventana, no, sí a mi siempre me toca la gente con las mejores historias en la cama de al lado - llegó la mañana, horario en el que estaba programada mi ecografía.
El enfermero me dijo entonces que para la eco tenía yo que esperar a que H trajera el papelito que le había dado el médico. H me dijo por SMS que él no tenía ningún papelito. El enfermero me dijo que él lo tenía que tener. H me dijo que a él no le habían dado ningún papelito, que el médico había dicho de palabra y nada mas que a mí me tenían que hacer una eco.
A las diez de la mañana, sin hablar ni con H ni con el enfermero y sin ver ningún papelito, llegó una silla de ruedas a buscarme para ir a hacerme la eco - no si la burocracia... - y me llevaron al segundo piso. La gente te mira pasar con una cara de circunstancias cuando te llevan en silla de ruedas sosteniendo una botella de suero en la mano. Por suerte estaba de jeans, remera y botas, de otra manera me hubiera sentido realmente muy incómoda.
La ecógrafa se ocupó de revisarme órgano por órgano, y como era nueva - bien por mí, andaba de suerte en suerte - se la pasó pidiendo consejo la chica junto a ella, que le daba las indicaciones pertinentes - "si, ahora agrandá eso, ¿ves? tiene xxxxx justo ahí" - por lo que cada dos minutos yo no podía evitar el mirarlas asustada, y ellas se disculpaban y no, todo es normal. Taradas, como para sustos está uno.
La eco dio fabulosamente - tengo los órganos de una persona diez años mas joven - y esperé veinte minutos a que el camillero me viniera a buscar de vuelta, porque no sé que problema había pasado en el quinto piso. Ya estaba yo lista para pararme con mi bolsita de suero e irme empujando la silla de ruedas yo sola cuando finalmente se dignó a aparecer y me llevó de vuelta para abajo.
En mi habitación de paso - ni puerta tenía - me encontré con que venían a darle el alta a mi compañera de cuarto, pero de mí nadie tenía noticias.
H estaba afuera esperando, pero no lo dejaban pasar. Yo ya me sentía bien - no fiebre, no dolores, no tiritones, no nada - y sentada en mi cama, tenía un embole de aquello - no televisor. El enfermero vino a chequear mi suero - que a estas alturas también me tenía re podrida - y me dijo que tenía que esperar a la médica de turno, la doctora Lorena - no es un nombre serio para una doctora -, y que en el interín tenía que llenar un frasquito para el analisis de orina... que en mi opinión podrían haberse acordado antes pero bueh, a estas alturas...
Me ocupé de eso, entregué el frasco, dejaron pasar a H - sigo sin entender porque lo habían demorado, en la habitación de al lado parecía haber una fiesta la cantidad de visitas que rodeaban a esa señora - y apareció finalmente la doctora Lorena - que tendría que empezar a pedir que la llamen por el apellido -, que me dijo que todos los analisis, todas las placas, todas las ecos, habían dado normales y que no tenían ni idea - pero con palabras mas largas. Me recetó un par de remedios para el dolor de panza - que no tomé porque el dolor nunca volvió - me dijo que hiciera dieta - que hice, pero tampoco lo tomé muy en serio porque la nausea y los retortijones nunca volvieron - y me dijo que si volvía sentirme mal volviera a visitarlos - cosa que no hice porque la fiebre nunca volvió. Me dijo que viniera a la tarde a buscar los resultados del último analisis y que se los llevara a mi médico. El enfermero me sacó el suero - no le hizo nada de gracia mi comentario de "¡libérame!", alguna gente no parece tener sentido del humor - y me dejaron partir, con un papelito que me daba derecho a 48 horas de reposo. Parece ser que si no saben la causa de tu malestar sólo tenes derecho a 48 horas, no pidas mas.
H fue al día siguiente a buscar los analisis que quedaban y no se los quisieron dar, le dijeron que quedaban en la expediente del paciente - para qué nos habrá dicho la doctora Lorena que los fuéramos a buscar entonces... debe ser el nombre el problema. El hombre de mi casa está un tanto indignado, frente a esto, le sale el hombre de leyes de adentro y protesta que cualquier estudio que te hagan es propio y privado y uno tiene todo el derecho del mundo de llevárselo a donde uno quiera. Pero la verdad, me ne frega, no pienso volver al policlínico, así que se lo pueden quedar con mis bendiciones.
Y he ahí el por qué de mi deserción del blog en los últimos días.
Sólo tenía 48 horas de reposo, así que me las tomé en serio y reposé.
PD: Para los parientes que leen esto, no teman, ya saqué turno con los diferentes médicos para hacerme mas analisis así cuando me digan que no tienen ni idea - con palabras mas largas - por lo menos me lo dice alguien mas calificado que la doctora Lorena - ese nombre... ese nombre...
29 mar 2011
Viaje Redondo a Ningún Lado

Este fin de semana largo aprovechamos y huimos para San Martín.
El sábado, no teniendo nada mejor que hacer - quién ha visto un lago los ha visto todos - decidimos ir hasta el Parque Nacional Lanin, a ver el manto petrificado de lava del volcán, - sí, yo también pensé en Dante´s Peak, Bebilacqua, pero que quiere que le diga… - y serían las diez de la mañana cuando partimos hacia allá.
Levantamos al pasar a mis dos sobrinos, compramos algo para desayunar en el ACA y partimos naturaleza adentro.
El viaje empezó con el pie izquierdo. La Ro de entrada no quería salir de la cabaña y se pasó un buen rato - hasta que se quedó dormida - diciéndoselo a quien quisiera escucharla - nadie, cosa no detuvo en absoluto sus cinco años entrados a catorce.
La llegada hasta el Parque Lanin nos llevó la mayor parte de una hora y pico, por caminos de tierra y rutas transversales...
“Pasando el lago Lolog. Un poco después,” nos habían dicho... Sí... Un poco.
En la entrada del parque, junto al cartel que decía 50km Frontera con Chile, salió un gendarme a alzarnos la barrera para que pasara la farolera y le preguntamos si era por acá y a cuanto estábamos del bendito lugar.
"Por acá derecho, sí. Doblen a la izquierda en el cartel de Currhué Chico y son 30 kilómetros."
Treinta kilómetros no sonaba mucho.
La Rorro guardaba silencio finalmente y los otros tres jugaban. Teníamos sandwiches, y si bien todavía lloviznaba, mientras el volcán no estallara, el plan era llegar hasta allá y almorzar.
Ahora, es difícil explicarle a alguien que no ha subido caminos de montaña, lo empinados que pueden llegar a ser y lo nervioso que uno se puede llegar a poner cuando de un lado está la pared y del otro la caída a pico... sin barandilla, porque uno está en un parque nacional.
Bueno, no tan difícil de explicar como difícil de transmitir lo tenso que uno se puede llegar a poner.
En realidad, el camino de montaña en sí no sería mucho problema, porque estamos todos acostumbrados, uno trata de no mirar hacia abajo y de no acercarse demasiado al borde y acá no pasa nada. El problema, señoras y señores, era que a la tensión natural de trepar como una cabra con cuatro chicos en el asiento de atrás, era que desde el jueves que venía lloviendo de manera intermitente... y el camino, ya de por si mal cuidado, era un barrial.
En principio veníamos bien, nada que no pudiéramos manejar, unos charcos acá y allá. Encontramos un claro, obviamente utilizado como camping, cerca de un arroyo, nos quedamos un rato tirando piedras al agua y comunando con la naturaleza - es decir, vaciando vejigas - y eventualmente seguimos camino.
De este lado es que se empezó a poner jodido el asunto.
Acá es donde yo le dije a H, seriamente, porque ya lo había comentado un par de veces antes, que quizás fuera mejor que abandonáramos la idea del volcán y pegáramos la vuelta.
Hubbie y mi sobrino mayor se negaron de plano. Uno porque estaba al mando del volante y no iba a haber hecho todos esos kilómetros para no ir a ningún lado y el otro porque tiene trece años y hacer rally en la montaña siempre es divertido.
Avanzamos un buen trecho, casi cuarenta minutos, manibrando con cuidado. En un momento nos encontramos detrás de un par de autos y con una camioneta en la retaguardia - un tráfico terrible, considerando las condiciones - cosa que preocupó un poco al hombre de mi casa, "se resbala uno nos tira a todos", por lo que freno en un ancho y los dejó alejarse.
Pero, finalmente y pese a todos nuestros esfuerzos, como quién vislumbra su destino, vimos desde debajo de una curva empinada, allá en lo alto del camino, un auto blanco atorado en el barro, del que se estaban bajando cinco monos, estudiando como salir.
Hubbie juntó aire, pasó el cambio, tomó envión, aceleró la camioneta y trató de pasar, pero nop, la realmente empinada curva, cubierta de barro enhuellado nos detuvo, haciendo girar las ruedas en falso, por lo que finalmente mi marido tuvo que rendirse.
Despacio y dando marcha atrás, tratando de no pisar a ninguno de los cinco monos del auto blanco que lo estaba empujando colina arriba, y a la vez de no tirarnos por el barranco, llevó a la camioneta hasta un punto mas llano, la hizo recular contra la montaña - por dos espantosos segundos quedamos apuntando al barranco, las ruedas resbalaron y pensé que nos íbamos de cabeza al lago, cuarenta metros mas abajo -, giró el volante y apuntamos en dirección a casa. Creo que nunca digo lo mucho que aprecio el talento de H al volante.
La vuelta hasta la entrada del parque fue un tanto callada. Por parte de los adultos, digo, los críos continuaban sus juegos - la Rorro estaba despierta y de mejor humor - como si nada.
A la llegada a la entrada del parque, el gendarme miró la camioneta embarrada hasta arriba y nos preguntó si habíamos llegado. Tuvimos que admitir nuestra derrota... sólo la nuestra, estoy plenamente convencida de que los cinco monos del auto blanco lo subieron a pulso hasta el volcán y mas allá.
"Sí," nos contestó él, "por eso yo le aviso a la gente que no le conviene subir, que el camino está muy malo."
¡¿A quién le avisó?!
Caradura.
Comimos los sandwiches en el auto y llegamos de vuelta a la cabaña cuando estaban abriendo la pileta climatizada. No sé ustedes, pero yo mantengo mi opinión que la naturaleza es muy bonita, mas aún si es de la ventana para afuera.
15 mar 2011
Conan
10 mar 2011
El Monstruo

Este fin de semana largo, ntre otras cosas, fuimos al zoológico.
No voy a contarles todo el paseo, no, no en esta oportunidad al menos, mi posto esta vuelta es sobre los regadores del lugar.
Que estaban prendidos cuando llegamos.
Y no son unos regadores pequeñitos de jardín, no. Son unos regadores gigantescos, de cancha de golf, de futbol, de chacras de frutas, de esos que parecen el primo sin talento de las fuentes del Bellagio.
Entramos al enorme parque, cruzando la puerta doble, listos para nuestro paseo, y nos detuvimos al notar el detalle de los regadores. En un silencio impresionado observamos como esta monstruosa cantidad de agua hacia su recorrido giratorio, empapando todo a su paso.... incluyendo el camino por el que teníamos que avanzar.
El hombre de mi casa protestó ante la falta de organización de esta gente, que a media mañana de un día de fin de semana largo tenían los regadores andando, y yo estuve de acuerdo con él de manera enfática. Luego nos miramos un momento y sin mas aleccionamos a los críos - dos y uno prestado, tres,
- Cuando yo les diga tienen que correrr, lo mas rápido que puedan hasta allá, la parte donde el camino esta seco, que no llega el chorro, ¿si? - la parte "hasta allá", donde no llegaba el chorro estaba a poco menos de cien metros y el coso ese realmente daba la vuelta muy rápido. No estaba del todo segura que fuéramos a lograrlo, pero había que intentarlo, -¿Listos?- estudié el chorro, calculé el movimiento y -¡Ya!
Fue una carrera enloquecida, los dos mas grandes corriendo adelante mío, hubbie corriendo con Zeke de la mano atrás, yo vigilando al monstruo con el rabillo del ojo, viéndolo moverse veloz.
- ¡Rápido!
Podíamos escuchar el agua, dándo la vuelta completa y empezando a golpear nuevamente el camino de tierra atrás nuestro, engañosamente rápida,
- ¡Vamos que nos alcanza! - grité yo, Rorro y JC acelerando el paso aún mas, el ruido atronador del agua al caer cada vez mas cerca.
Escuché a H putear, alcanzado de lleno por el chorro, en el momento en que JC cruzaba a la parte seca con Rorro atrás. Yo no llegué, el agua me agarró en el último segundo, salpicándome la remera y la mochila.
H llegó con Zeke dos segundos después, los dos empapados....
El resto del paseo también estuvo entretenido. Hacía calor, pero estaba nublado, asi que se bancaba bien
... ¿Usted dice que podría haber ido a pedir que cortaran los regadores?
¿Le parece?
¿Dónde está la gracia en eso?
23 feb 2011
360 grados

Llegamos a BsAs a las cinco de la tarde del viernes bajo una lluvia torrencial, habiendo salido de casa a las cuatro y media de la madrugada. Por el lado positivo, difícil que hubiera ningún asaltante debajo de ese chaparrón, esperando para emboscarnos en la autopista - cosa que nos tenía a todos en el auto un poco nerviosos después de los cuentos de terror de mi madre. Por el lado negativo, difícil ver los carteles que anuncian las salidas hasta que los tenés enfrente de la nariz y luego hay que gritar "¡Acá! ¡Acá! ¡Esta!" y maniobrar bajo la lluvia como si uno estuviera en el rally.
Pero no nos perdimos, punto a favor.
Mi vieja feliz de recibirnos en su casa a la Rorro y a mí, donde nos dejó mi suegro - que nos había alcanzado amablemente ya que él tenía que hacer otros trámites en la ciudad también - después de un viaje de mas de doce horas con el expreso propósito de estar en la zona cuando naciera mi sobrina, que estaba al caer.
El sábado a la madrugada, exactamente como yo anticipara antes de salir de casa - y tendría que haber apostado plata, nunca había estado yo tan segura de algo - mi hermana llamó que estaba con contracciones y para las once la criatura del señor había llegado al mundo, arruinando el almuerzo familiar que habíamos organizado, cosa que a nadie le importó realmente.
Llegamos al sanatorio a la hora del té - mi vieja vive en los suburbios, por lo que para llegar al centro hay que organizarse - pero lamentablemente no pudimos conocer al nuevo integrante de la familia porque la petisa nació con fatiga de canal de parto - o qué se yo - y está en observación por un tiempo. Por las fotos del neófito padre puedo decir que es una niña preciosa, grandota, rosa y sanita, con veinte dedos en total y una expresión de perpetua confusión... de esas que con los años uno aprende a enmascarar, pero que cuando uno se distrae vuelve a aflorar, como un lsetting por default.
Viendo que a mi hermana no la iba a ver mucho porque estaba ocupada con su nueva niña y demás visitas, aproveché para comprar algo de ropa - un jean, la Ro escapando para bailar frente a los espejos gigantes no conduce a mucho gasto - y un par de libros - para la Ro y Zeke, Dios sabe lo que hubiera llegado a pasar si yo trataba de ir a la sección de adultos con una Rorro aburrida.
Vi a mis hermanos un ratito - hombres de vidas ocupadas -, no llegué a ver a mis amigas porque no me alcanzó el tiempo - entre compra y compra volvía a la clínica, pero nunca conseguí ver a mi sobrina -, invadí la casa de Alex - dejé un montón de series a cambio -, comí Burger King - que acá no hay -, y el domingo a la noche partimos de vuelta al sur, esta vez en colectivo.
La Rorro se quedó dormida a las once de la noche y no mosqueó hasta que nos trajeron el desayuno a las nueve de la mañana. Así da gusto viajar.
En casa esperaba Zeke, al que yo había extrañado un pedazo, y la operación anunciada de mi hubbie - para arreglar la hernia, que se había corrido la malla por culpa del incidente de la rodilla del año pasado... sí, bueno, todo está conectado, - y tenía turno para cirugía a las siete de la mañana - me costó un huevo dormirme en el bondi pensando en eso. Por suerte, para las once y media, que entrábamos a casa bolsos en mano, me llamó mi suegra que ya estaba despierto, tranquilo y que a las cinco le daban el alta - alabadas sean las laparoscopías.
Me fui a dormir anoche a las doce y media, en mi casa finalmente después de unas 86 horas moviditas, y la verdad, me apagué como una vela.
Es una paz estar de vuelta en la biblioteca...
3 feb 2011
El Año de Las Batallas
Habiendo vuelto de mis vacaciones - y ay, como me duele decir eso - paso a relatar lo que yo he quedado en llamar la Guerra del Perro, cuyas últimas instancias sucedieron en los últimos días de las anteriormente mentadas - y lamentadas - vacaciones.
La Guerra del Perro comenzó hará cosa de un año y medio... bueno, no, en realidad comenzó varios años e implicó una sala de parto, un par de enfermeras, un médico, un marido nervioso y por supuesto una loca gritando.
Sí, sí, una escena dantesca.
El punto es que cuando me dieron finalmente a Rorro, uno de los tantos pensamientos perdidos que pasó por mi cabeza fue la firme convicción de que yo quería que mis hijos crecieran con un perro.
Adelantamos la cinta un poco y nos encontramos finalmente a mediados del 2009 y en el comienzo de la Primer Batalla. Yo tiré la idea de conseguir un perro, el hombre de mi casa dijo que no. Yo insistí, él no quiso ceder. Yo saqué las armas mas pesadas, él ajustó su posición. Yo lancé las armas de destrucción masiva - puse a Rorro en el caso - y él finalmente se rindió y presentó sus condiciones.
En estas indicaba que él elegía el perro -"no quiero un perro puto" "mamá, ¿qué es un perro puto?" - y pagaba las cuentas, pero no pensaba limpiar nada que dejara el perro detrás.
Acepté las condiciones, Hubbie eligió un weinmaraner y así fue como Magenta llegó a nuestras vidas en enero del 2010.
Magenta, para el que no sigue este blog desde sus comienzos, era una perra preciosa. Gris paloma, de líneas elegantes, ojos celestes, alegre, juguetona e hiperactiva. El problema, porque desde el vamos todos sabíamos que iba a haber un problema, era que era demasiado grande para mi casa, que está del lado mediano chico del espectro. Demasiado grande para mis niños, que están del lado chico mediano del espectro. Demasiado grande en general, vamos.
Eso sumado al hecho de que nunca se quedaba quieta, cada vez que jugaba con los críos me los abollaba, se comía los muebles y destrozaba el jardín, hizo que, después de mucho cavilar, tomáramos la decisión de conseguirle un mejor hogar.
Eventualmente y sin mucho ruido, se fue a vivir a Allen, con un caballero que tiene una chacra y una fábrica de comida para perros. Cada tanto mandan saludos. Tienen un romance que va viento en popa y me alegro mucho por ella, porque era un excelente animal.
El hombre de mi casa, que había protestado a través de todos los destrozos, haciendose cargo marginalmente del hecho de que él había elegido el bendito animal, respiró aliviado ante el traslado y creyó que con eso el asunto había terminado.
Esto nos lleva entonces a la Segunda Batalla.
Yo volví al ruedo con la idea primigenia de un perro para los niños. Hubbie, ya escarmentado de la primera vuelta, mantuvo una resistencia mas bien simbólica y finalmente claudicó. Todos ignoramos sus protestas frente a la propuesta de comprar un perro chico - parte de la idea primigenia - y conseguimos a Blue, un caniche toy color arena despeinado que parecía haber salido de un dibujo de Sarah Kay.
Ese fue amor a primera vista entre niños y perro y ya nadie los pudo separar. El tamaño era perfecto y críos y cachorro corrían de acá para allá como si fueran... bueno, niños y cachorro.
Marido aceptó al animal - incluso le tomó algo de cariño, dificil no hacerlo, bicho simpático con ojitos de botones a través del flequillo desordenado - pero me hizo firmar una clausula que este era el último perro que teníamos. No viendo por qué no, acepté el trato y me desentendí del tema.
Estábamos de viaje a mediados de enero, cuando mi suegra me llama para decirme que Blue había tenido algo - un ataque al bobo, o sabe Dios - y estaba muerto.
Sí, una penita terrible.
Guardé la noticia, se las di a los niños al llegar a casa y después de llorar un poco Rorro preguntó cuando podíamos comprar otro animal... Porque mi niña no es nada si no es práctica, y a rey muerto rey puesto.
Hubbie sacó a relucir su clausula de No Mas Perros, pero yo contraataqué con que su cláusula sólo era válida si el perro hubiera estado con nosotros al menos tres o cuatro años. El animal no había vivido ni cinco meses en casa.
El hombre de mi casa se mantuvo en sus trece y así comenzo a cocinarse la Tercer Batalla, batalla que en sí duró poco y nada, ya que mi suegra, sintiéndose terriblemente culpable por que la muerte de Blue hubiese sucedido durante su guardia, averiguó y compró otro caniche en menos de lo que tarda uno en deshacer las valijas.
Eso nos lleva a Tomy, otro caniche toy color arena, y hasta ahí llegaban sus semejanzas con Blue. Este sí era lo que uno - si uno fuera políticamente incorrecto - quedaría en llamar, un perro puto.
La dueña lo tenía todo esponjado y esquilado, parecía salido de una caricatura de caniches y Rorro me preguntó si yo estaba segura que era un nene y no una nena.
Hubbie, que detestó al animal ni bien llegó - cosa mutua, el perrito se la pasaba gruñéndole - y además estaba molesto por haber sido superado en la votación una vez mas, mantuvo un silencio helado sobre el asunto, lo que denominaremos la Guerra Fría, y nos dejó hacer.
Tomy en seguida nos hizo notar que mi suegra había cometido un error. Haciéndole honor a su aspecto de perro de cartera, se pasaba los días mirando a los chicos jugar sin intervenir ni moverse. El perro mas aburrido del planeta. Y yo tomé la veloz decisión de que pasarnos una vida comparándolo con el otro y bancando el malhumor de H, no valía la pena, por lo que así como llegó lo pusimos en venta, y un par de días después, sin lamentos de ningún tipo, Tomy se fue de casa para no volver.
En el interín, en los últimos días de la paz armada y mientras yo no miraba, el hombre de mi casa aprovechó el caos y cambió a la Rorro de bando, prometiéndole en vez de un perro, un gato.
La Rorro, que bendita su alma lo único que quiere es una mascota, agarró viaje, y antes de que yo me embarcara una vez mas en la lucha, me subieron al auto, me llevaron a la veterinaria y volvimos con un animalito flaco, esmirriado y naranja que el primer día rasguño a todo el mundo y el segundo se ubicó a los pies de la cama de Zeke y decidió que ese era su lugar en el mundo. La bautizamos Sasha - que es un nombre ambiguo, ya que al ser todavía tan chico el veterinario, que se ha reído toneladas a través de todo el asunto, no puede asegurarnos 100% que sea gato o gata - y esta vez parece que el animal nos va a durar.
En mi casa, después de un año largo, hubo finalmente un total cese de hostilidades, todas las armas fueron depuestas, y no sé ustedes, pero yo no puedo evitar notar lo irónico que es que la Guerra del Perro haya sido finalmente ganada por un gato.
27 sept 2010
Culpa de la Nieve.

Escucho que suena mi celular en el living a las tres de la tarde.
Estaba yo acostada en mi cama viendo una peli - Letters to Juliet, linda - y la paré para ir a buscarlo. Al abrirlo me encuentro con dos llamadas perdidas de mi hubbie, que se había ido el día anterior con unos amigos a esquiar a Caviahue por el fin de semana.
Marco el número y me atiende el contestador - nunca voy a entender eso. ¿Es que la gente te llama y como no atendés tira el teléfono y sale corriendo?
Le dejo un mensaje y sigo con mi película.
A los 3 minutos me llama y me saluda con un "si yo me estoy muriendo con la velocidad que atendés el teléfono ya estoy muerto."
Considerando que siempre dice ese tipo de cosas - él piensa que tener un celular implica tenerlo encima todo el tiempo - no le presto mucha atención y le pregunto cómo la está pasando.
- No muy bien - contesta él - Me caí en medio de la montaña. Estoy sentado en la nieve, creo que me corté los ligamentos de la rodilla y no tengo pulsos para llamar a ninguno de los chicos como para que sepan donde estoy.
Mierda.
- ¿Me estás llamando desde el medio de la montaña?
- Sì.
- Que buena señal que tenés.
- ¿Podés llamarlo a Nico, que nadie sabe donde estoy?
Esto es mas díficil de hacer de lo que parece, porque una vez que corté la comunicación caí en la cuenta de que yo no tengo el número de Nico.
Me dispuse entonces a llamar a la mujer de Nico. Que no me contestó.
Llamé entonces a Daniela - de previa aparición en este blog - para que llamara a Daniel, que también estaba en la misma montaña.
La conversación de Daniela con su marido fue así,
- ¿Vos estás con Henry, Daniel?
- Sí.
- No, digo si vos estás con Henry ahora.
- Si, mujer. Estamos en Caviahue.
- A ver, Daniel. Yo te estoy preguntando, VOS LO VES A HENRY EN ESTE PRECISO INSTANTE.
- Ah, no. Está en el hotel.
- No, no está en el hotel. Está en mitad de la montaña porque se pegó un palo, así que llamalo a ver si lo pueden encontrar.
Y allá fue Daniel en busca de Henry.
La confusión de Daniel es comprensible, técnicamente mi legítimo no iba a ir a esquiar porque había comido algo que le había caído mal y se había quedado durmiendo. Al despertar, sintiéndose mejor, se había ido al cerro y al no encontrar a nadie se había mandado a esquiar solo, culminando en la situación relatada anteriormente.
Eventualmente lo encontraron, lo bajaron de la montaña en una camilla - "y vieras las gente rodeándome, como si nunca hubieran visto un accidentado" - lo llevaron a la guardia donde lo semi diagnosticaron y de ahí en volandas al hotel, donde se pasaron la noche jugando al truco los cuatro esquiadores.
Yo, por cierto, una vez que todo estuvo bien - yo soy del tipo de persona que cae cuando las cosas ya se calmaron - tardé una vida en poder dormirme.
Me faltaban jugadores de truco.
Hoy tiene que ir a la guardia de traumatología y vemos que hay en nuestras cartas.
9 sept 2010
Pongamoslé...

Pongamoslé que Persona A es dueña de una tarjeta USB para Wi-Fi y la usa para conectar la máquina a pedal de su laburo... la "videoteca", por decirle de alguna manera, a la Internet todos los días, porque nadie a tenido a bien instalarle un modem como la gente y se las tuvo que rebuscar sola.
Pongamoslé que Persona A - a partir de ahora simplemente A - le presta la tarjeta USB para Wi-Fi - a partir de ahora simplemente el pituto - a Persona B - a partir de ahora simplemente B - que justo lo necesita porque su computadora no sé qué cosa y tiene que chequear algo.
Pongamoslé que A se levanta esta mañana, sobrevive a todo el despelote que conlleva vestir, alimentar y aprestar para salir al mundo exterior a tres personas, se va a trabajar medio dormida y al llegar descubre, con desmayo, que el pituto se quedó en casa. Manda un SMS a B, indicándole que la próxima vez por favor se acuerde de volver a guardarlo en donde lo encontró.
B contesta en segundos que la culpa es de A, por no habérselo pedido a tiempo.
La mañana transcurre sin mayores problemas, pese a su adicción a la Internet A sobrevive y al llegar a casa, le reitera amablemente a B que preste mas atención.
Durante el almuerzo hay un acalorado - si bien breve - intercambio de opiniones en el cual A sostiene que si uno presta algo es responsabilidad de la persona a la que ese algo le fue prestado el recordar devolverlo, mientras que B sostiene que la persona que hace el préstamo es la que debe recordar pedirlo nuevamente, al cabo que es la que sale perdiendo en todo el asunto y debería velar por sus propios intereses.
Ahora, yo pregunto - y cuidado con la respuesta - ¿es culpa de A?
¿O de Henry?
19 ago 2010
De Paseo

De vuelta en la urbe.
Villa la Angostura nos tuvo de paso en este fin de semana largo.
Que cosa agradable salir de la gran - bueno, mediana - ciudad y pasar un rato entre el bosque y la nieve.
Llegamos el viernes a la noche después de viajar toda la tarde. Nos encontramos con el resto de la partida en las cabañas y nos fuimos todos en busca de un restaurante donde cenar.
Los niños - los mìos mas la ajena - se portaron razonablemente bien para ser la primera noche. Corrieron alrededor del local, pero viendo que era bastante tarde ya no quedaba mucha gente y no jodieron en cantidad. Cuando se pusieron pesados fue hora de partir.
El sábado fuimos al cerro. Los que esquiaban de nuestra troupe se fueron a hacer lo suyo y los que no - tres mujeres, un hombre, tres niños - pagamos el pase hasta la parte media de la montaña. "Rorro, si alguien te pregunta vos tenés cuatro" "Pero yo tengo cinco" "Sí, pero nos sale carísimo que tengas cinco, así que vos tenés cuatro, listo?" "Bueno" y la pude escuchar recitar, al mejor estilo Danica Dorada, "tengo cuatro, tengo cuatro, tengo cuatro".
Subimos en la aerosilla.
No me terminan de gustar las aerosillas.
Tengo dos preciosos moretones, uno en cada pierna, por culpa de la aerosilla. Tan preocupada estaba yo porque no se me cayera Zeke - que un poco menos y se me resbalaba por debajo de la barandilla - que todas las veces le calculé mal al sentarme. Se ve que mi cerebro cuando está ocupado en preocuparse no puede perder tiempo en nimiedades tales como velocidad, espacio y trayectoria. Pero no se cayó, así que nada.
Hicimos cuilpatín - tengo que subir el videito del enano deslizándose colina abajo hasta rebotar contra el enorme inflable que adornaba la escuelita de esquí -, con un par de trineos prestados amablemente por la gente de la escuelita - porque un poco mas allá y los teníamos que alquilar, y viendo que estábamos en plan ahorro, tampoco era cuestión.
Paseamos un poco, no nos resbalamos de casualidad, esquivamos un montón de esquiadores mediocres que se las tiraban de olímpicos - y creían que vistiéndose como tales lo iban a conseguir - y volvimos a bajar, muertos de hambre, en busca de un restaurante.
Rorro lo que mas disfrutó fue el paseo en aerosilla. A los gritos, de su silla a la mía, "¡mamá, te quiero mucho!" resonando por la montaña.
Al día siguiente, los esquiadores se fueron nuevamente a la montaña y el mismo grupo peatón del día anterior, nos fuimos a Bahía Manzano, recorrimos un poco, sacamos unas fotos - quién ha visto un bosque los ha visto todos - y después nos fuimos en busca de otro lindo restaurante donde almorzar.
Turismo gastronómico que le dice Henry.
El domingo a la noche nevó finalmente en la ciudad, prendimos la chimenea - YO la prendí, ja, y vieran todos que bonito fuego -, hicimos hamburguesas a la parrilla - ese fuego lo prendió alguien mas, no me importa quien - y el lunes a la mattina, pese al camino nevado, la lluvia intermitente y la fiaca generalizada, emprendimos la vuelta.
Fue un viaje con gusto a poco. El lugar era lindo, la cabaña era acogedora, la compañía era agradable.
Aunque, honestamente, dos días mas y me hubiera muerto del embole.
13 ago 2010
Un Ramo de Rosas

Acabo de leer en un blog amigo que su dueña anda de aniversario de casada. La felicité cordialmente - siempre es lindo ver que la gente se quiere - y me quedé pensando en mi propio aniversario, que fue el mes pasado, y del que - ejem, ejem - no me acordé.
Henry tampoco se acordó, pero de un hombre está mas esperado, las mujeres ya vienen predispuestas a pensar que él no se va a acordar y se supone que lo anotan en todas partes para que él lo recuerde y haga un enorme gesto al respecto so pena de caer en desgracia. O al menos así va el chiste y la tradición, no es tampoco cuestión de andar haciendo una realidad de un clichè - aun cuando siendo honestos, los clichès son clichès por esa tendencia que tienen a repetirse.
Entonces, yo decía, yo no me acordé, y de no haber sido por una amiga mía que me mandó un sms felicitándome, el día hubiera pasado sin pena ni gloria.
Tengo que decir que su mensajito me descolocó un poco.
Es decir. Ahí estaba yo, tan tranquila, y de golpe, sobre mí, todo este tema.
Era mi aniversario y yo no había organizado nada.
Súbitamente, la crisis existencial y yo nos miramos las caras.
¡¿Me estaría convirtiendo en un hombre?!
¿Mi lado masculino estaría avanzando sobre mi lado femenino y empezaría a olvidar los aniversarios, las toallas mojadas en el piso del baño, las botellas de shampoo sin cerrar?
¿Empezaría a comprar las verduras incorrectas en el supermercado, a pensar que las comedias románticas son un sinsentido, a pensar que colores como el salmón y el turquesa sólo les suceden a otras personas?
¿Me volvería monosilábica cada vez que me hablasen de sentimientos ajenos, ignoraría sistemáticamente que el rollo de papel del baño no se cambia solo, empezaría a buscar porno en internet?
¿Empezaría a ver futbol, a pensar que Sean Connery es el mejor James Bond, a hacer zapping cada vez mas rápido hasta que no pudiese captar nada de lo que está sucediendo en la televisión llevada simplemente por la inercia?
El horror. ¡El horror!
Mirando el sms de mi amiga Lore dudé sobre cual debía ser mi curso a seguir.
¿Debía llamar al escribano y reprocharle que no se hubiera acordado, reclamar a gritos un regalo monstruoso, una prueba de amor, un anillo de brillantes, lo que fuera como para recuperar mi condición de mujer ante el embate del machismo en mi psiquis?
Pero luego caí en la cuenta de que era miércoles por la mañana, y que estaba en plenas vacaciones de invierno, y que mis niños habían salido con su abuela, y que yo todavía estaba metida en la cama. ¿Realmente quería ponerme a discutir?
Le mandé un mensaje de texto a hubbie diciéndole que éramos dos quesos, feliz aniversario, me di vuelta y seguí haciendo fiaca. Al cabo que yo ya busco porno en internet y Sean Connery es el mejor James Bond.
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