Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

11 sept. 2009


Ok, el día sucedió así.
No fui con Henry a las 7am como estaba planeado porque alguien tenia que llevar a la Rorro al colegio - y la madre obviamente es la carta por default - y llegué al Policlínico a las 8.30. Ya instalado el chico miramos TV, él muy cómodo en su cama, yo retorcida en mi silla negra. Hablamos de las ventajas de la anestesia local sobre la total, de las Obras Sociales que siempre te garcan, del paisaje al otro lado dela ventana. A las 11 lo vinieron a buscar, se lo llevó el camillero envuelto como un panqueque, y yo me senté a esperar con las facturas que pasara a dejar mi suegra.
Disfruté la la lectura - elegí un buen libro, nunca puede uno equivocarse con Terry Pratchett - hasta las 12.30 que llegó mi suegra again, a hacerme compañía, hablando hasta por los codos mientras yo queria escuchar los Top20 de MuchMusic y continuar con mi libro... Finalmente se fue a la 2, previo paso ponerme nerviosa porque no lo traían a Enriquito. Ataqué de vuelta el paquete de facturas - y con esa ya iban cinco.
A eso de las 2.30 de la tarde - ya llevabamos mas de 3 horas esperando - fue cuando sucedió the highlight de mi día:
Sentada muy tranquila - o al menos aparentando estar tranquila - escucho a las enfermeras pasar por la puerta, llendo a la habitación de al lado, y una le comenta algo a la otra y me llega el apellido de Henry. Paré la oreja: murmullo, murmullo, Dr Noguera, murmullo, murmullo, lo perdimos, hay que llamar a Buenos Aires...
¿Cómo que lo perdieron? ¿Qué perdieron? ¿Un papel? ¿Una carpeta? ¿El control remoto? ¿El Imperio Otomano? ¿¡Qué?¡
Cabe decir que no salí corriendo a preguntarles qué mierda era lo que habían perdido en parte porque se me cayó el alma al piso, en parte porque estaba hecha un bollo en el sillón y creo que mi columna después de 4 horas ahí sentada no respondía con tanta premura como en otras circunstancias.
Me calmé, me atuve a la primera regla de las noticias - pas de nouvelle, bon nouvelle -, me puse las botas y fui a preguntar a la estación de enfermeras si tenían noticias. Me miraron mal, creo que porque las interrumpí en su té, y traté de adivinar si me estaban ocultando algo cuando me dijeron que no... el espionaje se me da fatal, por cierto.
Cuando llegó mi suegro ya había logrado yo superar mayormente la charla de las enfermeras - estúpidas chismosas, mi corazón nunca recuperó su ritmo normal - y no le comenté nada al pobre hombre porque me sentía una alarmista... aun cuando por supuesto estuve alarmada hasta que llegó Henry a las 3 30, dolorido pero entero y perfectamente no perdido.
Espero por mi parte - y con rencor plenamente justificado - que esas enfermeras nunca encuentren lo que sea que se les haya traspapelado.

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