Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

17 ago 2011

Sonrisa Celeste

Y porque promedia la semana, y está lloviendo, y es 17 de Agosto y a mí San Martín siempre me cayó en gracia, y porque siempre es lindo sonreír a mitad de semana, y cuando está lloviendo, y cuando un prócer nos cae en gracia - que ya cada vez quedan menos - les dejo acá subida una sonrisa de las mas bonitas que he visto en estos días.

Señoras y señores, mi sobrina Minnie, a la que finalmente tuve el placer y el agrado de conocer cuando viajé a Buenos Aires en las vacaciones de invierno...

Venga, ¿a que es una cosa terriblemente bonita?


Listo, ya pueden continuar con su programación habitual.
Mi trabajo aquí está hecho...

16 ago 2011

El Hilito


Yo la peino a la chica todas las mañanas.
Cuesta un pedazo peinar a la chica todas las mañanas.
Las razones son simples:

A) ella detesta que la peine, grita y protesta la mitad del tiempo y la otra mitad trata de correr la cabeza y alejarla del peine, por lo que todo se convierte en un frustrante ejercicio que termina, casi de manera indefectible, en nosotras corriendo para no atrasarnos.

B) tiene el pelo finito finito - como el cordel que sostenía la luna, según Perciavalle - lo que hace que por las mañanas sea un nido de caranchos, lo que nos lleva al punto A de esta breve protesta.

C) tiene dos remolinos en la cabeza, a falta de uno, bien arriba, por lo que cuando finalmente logro desenredarlo todo, y hay que armarle un peinado, hay que laburar para que quede prolijo... Y yo no soy buena en esto. Una colita tiende a llenarse de globitos, dos colitas parece que tuviera un camino de hormigas donde hice la raya para separar el pelo, dos trenzas lo mismo - alguien debe pensar a estas alturas que tengo algún tipo de problema, alguna forma de Parkinson leve, con esas rayas mitad para un lado mitad para el otro que siempre lleva - y una trenza tiene el pelo muy corto, por lo que no duran lo que dura una misa.

D) no importa lo que haga, mi suegra siempre va a protestar que el flequillo se le cae en la cara - cosa que es cierto, pero que ni a Ro ni a mi nos molesta en lo mas mínimo, pero hay que bancarla a mi suegra y su "ay, esta nena, siempre tan despeinada..."

Ahora, si yo la peino a la chica todas las mañanas. Me tomo el trabajo de hacerlo, para que vaya prolija - o lo mas que yo pueda -, para que se sienta querida - pese a los gritos, sé que le importa que yo me preocupe -, para que cubra con los requerimientos del colegio, etc.
¿Por qué hoy, que se fue con dos trenzas, volvió con una sola colita mal armada?

"No sé..." no termina de cubrir la respuesta que una quisiera al
"¿Qué pasó con las demás gomitas?"

A veces...

11 ago 2011

La Luz al Fondo del Pasillo


Como sé que a todo el mundo le gustan las historias de fantasmas - no, Bebilacqua, no tiene zombies esta historia, fantasmas dije - voy a pasar a relatar los últimos sucesos sucedidos - ¿acontecimientos acontecidos? - en mi lugar de trabajo, que cualquiera que siga este blog con una cierta continuidad, sabe a estas alturas, es un lugar donde cosas raras parecen suceder con mas frecuencia que en otros lugares.

Caso en punta uno, el lunes a la noche yo fui la última en irme del sector nuevo. Es decir, cerré la biblioteca, fui al piso de arriba, chequee las aulas, apagué las luces, bajé, apagué las luces del pasillo y de las aulas en mi camino, las del baño de señoritas y marché para secretaría.
Sí, nada agradable ir dejando un tendal de oscuridad y silencio detrás mío, pero bueno, alguien tiene que hacerlo.
Dos pasos mas adelante iba una de las teachers, que había sido la última en terminar de dar clases y a la que yo había tenido que esperar antes de cerrar todo por esa noche. Es decir que tengo testigos, no estoy acá pretendiendo que crean solamente en mi palabra.
Las dos apuramos el tranco, ya que como dije antes, da una cierta inquietud el darle la espalda a toda esa noche concentrada, y nos apuramos a juntarnos con el resto de la muchachada.
Taza, taza, terminamos de ensillar, salimos todos, la última cerró con llave, puso la alarma con sensor de movimiento y cada uno a su casa.
A la mañana siguiente, llegué, saludé y fui la primera en ir para el lado de la biblioteca. Nadie estuvo en el edificio en toda la noche. Y la luz del baño de señoritas estaba prendida.
Tan tranquila ella, prendida en todo su esplendor, iluminando todo el pasillo gris mañanita.
Volví a la secretaría, hice una encuesta, a ver si quizas alguien había ido antes de que yo llegara o después de que yo apagara todo la noche antes, pero nop. Yo había sido la última en irme y la primera en llegar.
Por lo que no puedo evitar preguntarme...
¿Quién carajo prendió esa luz?
Y no tiene un interruptor flojo, que podría haber saltado solo, no. Es un interruptor a presión. Y estaba presionado en encendido.
No fue algo... feliz de encontrar.
Me tuvo inquieta toda la condenada mañana.
Porque uno puede explicar una silla fuera de lugar - no la ordené antes de irme -, una birome donde no tiene que estar - idem -, las cajas que María dijo que dejó abajo de mi escritorio y amanecieron debajo de la ventana - no, no sé cómo explicar eso, pero seguro que si me un par de meses mas lo explico -, pero ¿la luz prendida sola? No, la verdad que todavía no le encuentro la explicación lógica.
Y no me gusta nada.

Caso en punta dos. Este no me pasó a mí de manera tan marcada como la puñetera luz del baño, pero sí le sucede a alguien a quién tengo en alta estima - ella y sus facultades mentales - así que voy a creerle... además, a estas alturas, ¿quién soy yo para descreer algo en este bendito lugar?
La coordinadora, mas de una vez, ha dejado la carpeta de asistencias cerrada sobre su escritorio, en su oficina cerrada, para volver y encontrarla abierta. La primera vez pensó que había sido ella - sí, a mí también me ha pasado - pero para las dos o tres veces que pasó después, ya no lo cree mas.

Así que ya ven, el fantasma de este lugar está haciendo contacto.
En lo personal, preferiría que dejara de hacerlo.

9 ago 2011

Soluciones


Nos juntamos con mis amigas por el Día del Amigo.
Reunión de chicas solas, por lo que llevé conmigo a Rorro... No porque califique como chica - bueno, sí califica, pero no tiene la altura suficiente todavía como para pasear en la montaña rusa en este caso - si no porque nos juntábamos en lo de mi amiga Dani, cuya hija Vir tiene la edad de la Ro.

El plan era - plan que se concretó muy bien, gracias, el coronel Smith hubiera estado de parabienes - pedir empanadas y que todas lleváramos algo dulce para después.
Como mujeres respetuosas - y dulceras - todas cumplimos la consigna y nos ocupamos del postre.
Una vez que terminamos las empanadas y retiramos los platos - las servilletas de papel, bah - todas vacíamos los bolsillos sobre la mesa donde se juntó un agradable botín de chocolates varios, almendras confitadas y medio lemon pie - sí, medio... menos averigua Dios...
Dos segundos después del recuento, aparecieron las niñas, criaturitas del Señor, atraídas por el incremento de olor a azúcar en el aire - tienen un sexto sentido, lo juro, son tiburones oliendo sangre en el agua. Rodearon la mesa un par de veces y la veo a la Ro que estudia la situación antes de decidirse, agarrar uno de los chocolates mas grandes, dar la vuelta y alcanzárselo a Virgi con un
- Tomá, es para vos. Feliz día del amigo.
- ¡Gracias, Rorro! - infinitamente sentido, y un abrazo, cosas que dejan una sonrisa de oreja a oreja en la boca de mi hija, a la que siempre le ha gustado regalar cosas... y que se las agradezcan.

No puedo evitar tentarme ante la caradurez de algunos,
- Ro, vení. - mientras Vir va a mostrarle a su mamá lo que le regaló Ro, mi niña se acerca y con una mueca le comento en voz baja - Sabías que ese chocolate no era tuyo para regalar, ¿no? - porque seguro, era para todos, ¿pero de manera tan alevosa?
Ella parpadea, y me pregunta,
- ¿De quién es?
Le señalo a mi amiga Cande, parada en la otra punta de la mesa, conversando muy animada mientras corta el lemon pie.
- De ella.
La Ro la mira un momento, va hasta donde está Virgi, le saca el chocolate de entre las manos con un,
- Esperame un segundo, - se acerca a Cande y le tira del borde de la camisa, los ojos grandes, todas las armas en regla y levanta la barra - ¿Me regalás este chocolate?
Cande se desentiende un segundo de su conversación, y deja de cortar,
- ¿Qué, mi vida?
- Este chocolate. ¿Me lo regalás?
- ... sí, claro.
- Gracias, - y sin mas, se va a devolvérselo a Vir,
- Tomá, - y se van las dos para el fondo, a comerse juntas el regalo del día del amigo.

Esa nena...
Cuando no pierde la calma y piensa, esa nena es terrible.

2 ago 2011

Las Primeras Mentiras


Hace días que la Ro tiene varios dientes flojos.
El año pasado cambió los dos de abajo y este año, pese a varias amenazas, los demás dientes amagan pero no se caen.

Estábamos ayer tomando el té, cuando desde la cocina la escucho gritar y al padre preguntar "¡¿Qué pasó?!"
Ignorando al padre - es una nena de mamá de punta a punta - entra corriendo a la cocina y emitiendo sonidos que harían el orgullo de un delfín abre la boca y se señala los dientes, donde un hilito de sangre mancha el asunto.
Admito que tardé un par de segundos en armar la imagen - ustedes porque vienen advertidos, yo estaba lavando platos - y luego caí en la cuenta,
"¡Se te cayó un diente!"
"¡¡Sí!! ¡Estaba comiendo la medialuna y se salió!"
"¿Dónde está? ¿Te lo tragaste?" el primer diente había corrido esa triste suerte y habíamos tenido que escribir toda una carta al Ratón Perez explicándole el desafortunado incidente y sí no le molestaba dejarnos un poco de plata igual, ya que estábamos, usted que es tan amable y etc etc.
"No, se quedó clavado en la medialuna."

Ah, que imagen edificante.

El diente fue rescatado, limpiado, guardado en una cajita y Rorro lo puso bajo la almohada a esperar a que vinieran a buscarlo.
En la trasnoche - cualquiera que todavía piense que fue el Ratón Perez quién se llevó sus dientes de debajo de la almohada cuando los perdió en la primaria, quizás quiera saltarse esta parte - pasé por el cuarto, saqué el diente de la cajita, puse un billete doblado dentro y me fui a dormir.
A la mañana siguiente, haciendo el desayuno - yo paso mucho tiempo en esa cocina - la escucho a Rorro despertarse sola - algo que no sucede muy a menudo - y diez segundos después llamarme angustiada.
"¡No vino!"
La encontré sentada en su cama, todavía medio dormida, las almohadas revueltas.
"¿Cómo que no vino?"
"¡¡Síiiii!!" las ganas de llorar justo en la comisura del ojo "Busqué en todos lados, no dejó nada..."
Un segundo, dos segundos...
"¿Miraste adentro de la cajita?"
" ... No."
Busco la cajita, rescato el billete y la cara se le ilumina.
"¡¡Pasó el Ratón Perez!!"

Y yo no puedo evitar maravillarme ante su maravilla.

Hay gente que dice que este tipo de cosas están mal, que no hay que mentirle a los chicos, que después crecen sintiéndose engañados y no sé qué mas.
Hay gente que, en mi humilde opinión, está loca.

28 jul 2011

La Sensibilidad del Espectador


Empecé un libro - The Marbury Lens, de Andrew Smith.
Empieza con un chico, Jack, contando como lo secuestran - un tal Freddie Horvath - y como lo droga y lo ata a una cama y de pedo logra escapar antes de que las cosas se pongan todavía peores.
Le cuenta a su mejor amigo - en pleno Desorden Post Traumático no le quiere contar a nadie mas -, su mejor amigo se pone de los pelos, van a buscar a Freddie Horvath y en una serie de eventos desafortunados, lo matan.
Todo esto sucede en las primeras cuarenta y seis páginas.
A partir de ahí, Jack, que tenía justo un viaje planeado a Londres, empieza a pensar que se está volviendo loco. Piensa que lo siguen, que escucha cosas y demás.

Cómo este es un libro de ciencia ficción/fantasía... o quizás sí se está volviendo loco, uno nunca puede dar nada del todo por sentado en algunos libros, obviamente que sí está escuchando cosas y sí lo están siguiendo.
En Londres se cruza con un chabón, que le dice conocerlo de otro lado, un lugar llamado Marbury, y cuando nuestro protagonista lo niega, le pasa unos anteojos - los del título - y desaparece.
Al día siguiente, después de escuchar ruidos abajo de la cama toda la noche, va finalmente y se pone los anteojos.

Y acá es donde está lo que yo quería comentar.

¡Es horrible el lugar a donde salta!
Quizás mas adelante mejore, pero en el momento en que hace el cambiazo de realidad, termina en plena masacre, arriba de un cadaver - el del pibe que le pasó los lentes, por cierto - junto a una pared donde hay clavadas cabezas y distintas partes de la anatomía humana.
Un asco, mirevea.
El pibe, después de mirar un segundo la pared llena de souvenirs y bichos, se mueve, alejándose de la pared - como haría cualquiera con dos dedos de frente - y la descripción del resto del campo de batalla o lo que sea, no mejora. No, no, en serio no mejora.

Yo estaba tomando el té, señores.

Descripciones de caballos destripados, entre otras cosas, no llevan a que una persona con mi imaginación pueda tomar el té tranquila - igual me comí la torta frita, tampoco es cuestión, pero aún así... Sí, soy impresionable. Sí, la descripción detallada de una masacre me deja el estómago incómodo.
Está bien, considerando el principio de la novela, ya me imaginaba que estábamos ante uno de esos escritores, pero aún así, ¿de golpe y sin anestesia?

Si estás leyendo sobre una batalla, sabés que vas a caer en la descripción de una matanza. Si estás leyendo sobre un asesino serial, alguien va a destripar algo... ¡Pero yo estaba leyendo sobre un chico sentado en su cuarto de hotel poniéndose unos anteojos!
¿Era necesario describirme el bicho comiéndose la carne alrededor del agujero donde estaba el ojo en la cabeza clavada a la pared?
¿En serio?
¿Era necesaria la descripción detallada del tren lleno de cadaveres momificados?
¿No podemos decir están todos muertos y ya?

Voy a seguir leyendo el libro, quiero saber sí es un libro de ciencia ficción/fantasía o si el pibe realmente zarpó... Pero mañana, hasta acá llegué hoy. Y lo voy a hacer con un Uvasal a mano, no me jodan.

26 jul 2011

La Sutileza de un Martillo


Empecé a ver una serie, mas porque la protagonita me cae bien - trabajaba en la serie Life y tiene una sonrisa de lo mas bonita - que por verdadera gana. Es otra serie de abogados y creo que desde Boston Legal - James Spader y sus alegatos en la corte me subían la bilirrubina mal - no ha habido otra serie de abogados que me enganche.

La protagonista de la serie, Kate, solía ser abogada, y por esas cosas de la vida que no vienen al caso, ahora trabaja de mediadora, esos que en las series - supongo que en la vida real también, no sé mucho del tema y estoy lejos del abogado de mi casa como para preguntarle si en este país también existen - se dedican a mediar un asunto entre las partes para llegar a un acuerdo antes de que todo se vaya al carajo... es decir, vaya a juicio.
Hasta ahí, todo bien. Según la solapa del libro, la chica tiene una manera distinta, "refrescante", "natural", "original", bla bla bla de hacer las cosas y ¿por qué no? Siempre es bueno ver algo bueno.

En el primer episodio, ella sale de su bote - porque vive en un bote en la bahía de San Francisco... ¿los de Muelle 56 también vivían en San Francisco? - y se va a trabajar. Para a comprar un café en un lugar muy cheto, y mientras está en eso, entra un ladrón con un arma y le apunta al cajero.
Ok, yo entiendo que es una serie de televisión, y que uno tiene que suspender su descreimiento por un momento, pero ¿en serio? ¿Nueve de la mañana, un día de semana, en medio de una calle principal, en Estados Unidos? ¿Con un ventanal de vidrio enorme? ¿Después del 11 de Septiembre?
El ladrón mas descolgado de la semana.
Pero bueno, nada, sigamos.
Acto seguido, ella, la protagonista, Kate si no lo leyeron antes, que estaba justo en la cola para pagar, media entre el ladrón y el dueño del local. El ladrón no les pega un tiro a todos y el dueño, en vez de sacar el bate de baseball que tiene abajo de la caja registradora y tratar de partirle el marote, provocando así que les pegue un tiro a todos, lo deja llevarse mercancía por el valor de la mitad de lo que tiene en la caja, que después de todo no era mucho para empezar, al cabo que es lunes, una mañana lenta, todos sabemos como es eso.
El ladrón se va con sus cosas, ella compra su café y su galletita - que el dueño le cobra, obviamente, porque el efecto cómico quedaría arruinado si se lo diera gratis - y se va...

El show acaba de empezar y yo ya me siento tratada como una tarada.

Sí, la chica trabaja de mediadora, lo dicen las reseñas, pero por las dudas golpeemos al televidente con esta escena completamente ridícula sólo para recalcar bien la idea, no sea que no se vayan a dar cuenta cuando llegue a su oficina y haga su trabajo.
Los escritores, en menos de diez minutos, ya la cagaron.

Pero bueno, ella sigue teniendo una sonrisa muy bonita, el protagonista tiene lo suyo, por momentos los diálogos son divertidos, y todos saben que a las series hay que darles dos o tres capítulos antes de rendirse, en el primero todavía se están ubicando en la palmera.

En el segundo episodio, ella está yendo a no sé donde en taxi. Su taxista viene tomando café y casi atropella a un ciclista por no mirar por donde anda. El ciclista lo putea, el taxista se baja, y atrás se baja la protagonista, que en vez de irse a la merda como haría cualquier hijo de vecino, se acerca a ver en qué puede interceder... Porque no olvidemos que ella es una Super Mediadora.
Nos enteramos entonces que el ciclista tampoco estaba mirando por donde iba por estar tomando café.
¿Qué hace nuestra intrépida protagonista?
Los reta como si fuera una maestra de primer grado - "vamos, vamos, que día tan bonito y ustedes peleándose por un autito" - los dos hombres se miran los pies y arrastran la punta del zapato por el suelo y acá no pasó nada. Todos felices, cada cafetero sigue su vida, y yo pienso con un revoleo de ojos que estos escritores y la sutileza nunca han estado en la misma habitación.

He visto un par de capítulos mas - porque así soy yo, generosa... y porque la mayoría de mis series habituales están en hiatus - pero la verdad verdadera, la sonrisa de ella y la pinta de él, no terminan de salvarla, no se si decirles que se molesten.

Ah, sí, perdón, Fairly Legal. Creo que la estaban dando en algún canal de cable, pero no estoy segura cual.

22 jul 2011

El Problema con la Fruta Fina


Cuando estuve en Buenos Aires fuimos a desayunar afuera.
Es algo que hacemos seguido - a decir de Obelix, los romanos y los desayunos siempre saben mejor fuera de casa - y ya que estábamos en otra ciudad, ¿por qué no visitar lugares nuevos y probar otros roma-, digo, desayunos, mh?

Eventualmente, después de pasear un rato y comprar algunas cosas, terminamos en un Freddo - sí, digo el nombre, porque voy a hablar mal y quiero que todos lo sepan, fueron ellos - y ubicándonos en una mesa pequeñita, le hicimos un gesto a la moza - que tenía un acento indefinible de algún lugar cerca del mar caribe - y le pedimos amablemente que nos trajera cosas ricas.
Zeke pidió - le encargué - un muffin de chocolate, H se pidió un capuccino, yo me pedí un chocolate caliente - Hot Chocolate, como decía el menú - y después de mirar un rato la vitrina con las tortas, nos pedimos dos pedazos de cheesecake, que se la veía muy bonita y pintoresca, en su tartera de porcelana blanca, con su bol de salsa de frutos rojos a un costado haciendo juego.
Trajeron el muffin, el capuccino, el Hot Chocolate - un submarino cualquiera, ni siquiera con dos barritas como te lo dan en Bonafide, que a menos se viene todo - y dos pedazos de cheesecake, de muy buen ver.

Pero de la salsa que la acompañaba en la vidriera, ni rastros.

El hombre de mi casa y yo esperamos un minuto y finalmente le hice otro gesto - Bebilacqua, no sea grosero - a la chica del acento, que se acercó veloz.
- Te faltó la salsa, - le comenté con mi mejor sonrisa, un poco tirante en las comisuras, porque estaba empezando a tener una sensación de...
- No, lo que pasa es que la salsa se cobra aparte.
Y ahí estaba.

Aparte.

La miré por un largo segundo, y cuan notoria debe haber sido mi incredulidad que la chica se removió un tanto inquieta.
- ¿Cómo aparte?
Digo yo, cualquiera que sabe de cocina, sabe que una cheesecake es una cosa completa: Torta de Queso con salsa de... lo que usted guste mandar, ya sea arriba o a un costado, pero parte del conjunto llamado Cheesecake.
Es así, es lo que es, Cheesecake, así es por convención.
- Sí, va aparte...
- Pero la cheesecake va con la salsa incluida.
Dónde se ha visto. Es como vender un sandwich de jamón y queso y cobrar aparte el jamón.
Un absurdo.
La chica del acento tuvo el buen gusto de sentirse incómoda.
- Sí, ya lo sé... - casi creería que Venezuela, pero no -Pero acá la venden así. Tendría que habérselo dicho antes.
¿Te parece?
- ¿Les traigo la salsa?
- No, gracias. - ah, que indignación la mía, a mí no me iban a cobrar aparte una parte íntegra del asunto - Dejá.
El hombre de mi casa, que ya sabía de entrada que toda la joda le iba a salir cara, sin perder la calma le aceptó un pote y la chica se apuró a traerle uno lleno hasta arriba.

Sí, lo admito, una vez que lo trajo, me lo comí.
Estaba buenísimo.
Lleno de frutos rojos fuera de estación. Lo suficiente como para los dos pedazos de tarta y tostadas si hubiese tenido. Pero que estuviera bueno no es excusa, lo que hace esa gente está mal. Y si lo van a vender aparte, por lo menos tendrían que tener el buen gusto de no ponerlo todo junto en la vidriera, es publicidad engañosa.
Han perdido un cliente.
No creo que el señor Freddo llore por mi culpa, pero bueno... así se empieza.

13 jul 2011

El rulo y los anteojos


Anoche vi Linterna Verde.
Mas allá de que Ryan Reynolds está un kilo y dos pancitos - uy, paren que se me cayó el documento - la película ni fu ni fa.
Hay un bueno, un malo, una chica bonita amiga de toda la vida, un malísimo, una gran batalla y una lección moral. Son todas prácticamente iguales - salvando el detalle del traje -, sólo que algunas están mejor contadas que otras.

Lo que en mi opinión amerita un posto es lo siguiente.

El traje de superhéroe de Ryan Reynolds - que se lo pone estirándo los brazos y nada mas, ni siquiera tiene que dar vueltas y pegarse el mareo de una vida como la Mujer Maravilla. En la onda de Johnny Storm cuando grita "Llamas a mí", el traje verde se le pinta sobre la piel, justito justito... Lo útil que me resultaría el truquito a las seis de la mañana... Lo del traje automático, no lo de ajustado, porque tampoco es cuestión, una trabaja en una biblioteca y después empiezan los chistes de las bibliotecarias sobre las escaleras y ... En fín, disgrego, decía, entonces, el traje verde ajustado viene con máscara incorporada.
Aparece el traje, aparece el antifaz pedorro que apenas si le remarca los ojos y parece Jack Sparrow en verde.
Primera escena, post adquisición de poderes, Ryan Reynolds, alias Hal Jordan, alias Linterna Verde, salva al millonario - por cierto, siempre hay un millonario también- y a la chica frente a un montón de personas, y desaparece en el horizonte entre los "oh"s y los "ah"s admirados de los extras que también fueron salvados.
Todos decimos "¿quién es él?" y nos admiramos ante su presencia.
Horas después, Ryan Reynolds, alias Hal Jordan, alias Linterna Verde, reaparece en el departamento de la mina - aparece en el balcón, porque estas chicas nunca viven en un monoambiente con un aire y luz y nada mas - y la trata de usted y de señorita y dice que vino a ver si estaba bien porque bla bla bla y trata de hacer su mejor imitación de Superman.
La mina se sonríe, tartamudea, le hace de Luisa Lane por treinta segundos, y después lo mira fijo, frunce el ceño pensativa y finalmente exclama terriblemente impresionada "¡¡¡Hal!!!"

GRACIAS.

En el momento que lo vi llegar con su mascarita pedorra y tratar de hacerle creer a la mina que no la conocía, me asusté. Por un momento me vi ante otro rulo de Superman/anteojos de Clark Kent y me deprimí. Vamos a ser honesto, uno se cree que nadie lo reconoce porque uno... no sé, porque a uno le dicen que es así, pero yo a Ryan Reynolds lo reconozco enseguida, esa mascarita pedorra no esconde nada. Mas, si como contesta la chica en cuestión ante su pregunta "¿cómo sabías que era yo?", lo hemos visto desnudo - en los primeros minutos de la película, señoras, presten atención.

Yo entiendo que piensen que entre el susto y la confusión - "oh, no, casi me aplasta un meteorito en pleno ataque de un supervillano gigante, no vi bien la cara del superhéroe que vino volando, me tomó en sus brazos y me llevó a lugar seguro" - uno no capta nada, pero, vamos, uno tendría que estar en shock Y ser medio pelotudo para no notar que Superman y Clark Kent son iguales... si no fuera por los anteojos, yo diría que son la misma persona, pero no, cómo se me ocurre, todos sabemos que los anteojos son PARTE INAMOVIBLE DEL CUERPO HUMANO.

*suspiro*
En fin...

6 jul 2011

Una Cuestión Geométrica


Detesto los cambios de planes.
Detesto los bruscos cambios de planes.
Detesto tener durante casi un mes una idea armada y organizada, estructurada mentalmente, haber superado y alisado las dudas, haberme entusiasmado con los subplanes, estar prácticamente lista... para que a una semana del bendito asunto venga alguien a decirme "¿Y si mejor...?" y me desbalancee todo el balance.
Mas porque es un "¿y si mejor...?" al que basicamente no puedo contestar "mejor no" sin traerme encima una mar de temas que mejor no.
No soy una obse, ni me acabo de caer del carro de zapallos, sé que las cosas cambian y que uno tiene que adaptarse. Sé que en un par de días voy a cambiar las estructuras mentales - que había tardado un rato mas de un par de días en armar, pero bueh... - y todo va a estar bien. Ya lo sé. El plan nuevo no es malo, sólo... distinto. Y hay que dejar ir unas cosas, aprovechar otras, rebalancear lo balanceado, reestructurar lo estructurado.
Ya lo sé.
Pero eso no quita que, de malas a primeras, yo deteste los cambios de planes.
En este caso al igual que en cualquier otro.
Me molestan y me dejan incómoda conmigo misma.
Ufa.
En fin.
Ya lo solucionaré.
Pero que quede en actas.
Detesto los bruscos cambios de planes.