Otra Mente Brillante Arruinada por la Educación

18 nov 2009

Contar Hasta 10


Viajar me estressa. Preparar un viaje mas bien, una vez que la pelota está en juego ya está. Este estress, normalmente, es de bajo nivel, algo así como la radiación básica que genera un aparato de rayos X. Está ahí, no es saludable, pero si no abusás, se banca.
Cuando era yo sola era una cuestión de llenar la valija el día anterior, ocuparme de que todo estuviera en orden y calcular bien el tiempo como para llegar a la terminal y no perder el colectivo - cosa que me ha pasado, lo cual justifica un tanto el stress que esto me produce.
Ahora que somos mas, el nivel de tensión ha crecido de manera exponencial - les estaré llevando ropa suficiente, les estaré llevando la ropa correcta para el clima, no me olvido lo cosos médicos, tengo los chupetes y los juegutes, etc - pero aún así, el stress sigue siendo un ruido de fondo. Llegado el caso y la necesidad, cualquier cosa puede comprarse allá donde es que vamos, y si llega a haber una emergencia médica - toc toc -, la obra social se ocupará de todo.
Pero tengo que decir que este viaje que nos compete - bendito casamiento - está elevando mis niveles hacia la parte roja del espectro, sin prisa pero sin pausa, y eso está empezando a notarse.
Primero el tema de como llegar hasta allá - que unos en avión porque no soportan el bondi, que unos en bondi porque no soportan el avión -, después el tema de la estadía - y cual es mas barato, y cual es mas cerca, y si nos quedamos con parientes -, siguiendo por el tema del tiempo - a quien ver, cuando verlo, quien entra, quien no entra, quien se ofende si no aparezco -, para terminar en el tema de la ropa - como hay que ir vestido, alcanza para un vestido nuevo, este y aquel necesitan zapatos.
Pero ahora que todo eso finalmente quedó asentado - o al menos acomodado para que no joda tanto - , aparecieron nuevas nubes en el horizonte de esta historia, porque el escribano de H, que cumplió años el sábado y estuvo de joda hasta las tantas - cosa que a los 70 recién cumplidos no es recomendable - está enfermo. Oh, sorpresa. Y que el escribano esté enfermo implica que no se cierra la caja y Henry no cobra. Que felicidad. OOommmmm.... Pero podemos sobrevivir a eso, seguro que sí, tenemos arrestos - no muchos, adiós mis zapatos nuevos - como para pasar el fin de semana sin preocuparnos.
El problema - el verdadero quid de la question - es que, si el viejo de merda está de cama y no va a laburar, ¿quién va a cuidar el viernes la escribanía si Henry está de viaje?
Mmh, que buena pregunta, Mario.
Y la nave - y mi estress - van.

17 nov 2009

El que Tiene y no Convida...


Yo compro bizcochitos para desayunar y tomar el té. Es decir, paso por la panadería a la mañana y estiro la compra todo el día. A veces compro de mas, o compro otra cosa, para compartir en la cocina, pero por regla general las chicas desayunan - y toman el té - en otro momento, asi que yo me manejo con mi bolsita de bizcochitos - o chipah, o lo que sea que haya venido a caer esa mañana que no saliera mas de 2 pesos - en la biblio y trato de hacerlo durar.
Hoy vino un pibito de los que vienen a romper papel, que a fuerza de venir seguido tienden a sentirse parte del plantel. Un pibito agradable, de 7, 8 años, siempre con la mochila de natación al hombro y un olor a humedad que voltea. Nos llevamos bien. Hasta que hoy me pidió un bizcochito. Uno de mis bizcochitos. Esos que tengo contados - 5 a la mañana, 5 a la tarde.
El mundo se congeló a mi alrededor.
"¿Me das uno?" dijo él, con tono comprador.
"Qué cosa?" dije yo, tratando de ganar tiempo, la bolsita al cabo estaba medio escondida detrás del monitor, bien podía estar hablando del paquete de Tic Tac en mi cartera.
"Uno de esos." insistió él, señalando la bolsa asomada, un tanto amedrentado por mi mirada aviesa pero sin dejarse distraer.
Alcancé la bolsita, porque pese a todo mis instintos que me gritaban que defendiera mis bizcochitos - en casa éramos muchos, si uno no se apuraba los bizcochitos eran sólo cuentos de hadas - mi mamá me educó bien, y lo dejé que agarrara uno.
"Gracias." dijo él muy educado.
"Sí." dije yo, con cara de pocos amigos.
El se fue comiéndose el bizcochito muy contento, sin saber lo cerca que había estado de conocer al sapo en mi barriga, y yo me quedé pensando que no sólo se había llevado uno, si no que además, el caradura, se había llevado el mas grande.
Mi té con cuatro bizcochitos no fue lo mismo...

13 nov 2009

Crónicas Bancarias


El asunto empezó el mes pasado.
Fui al Banelco, metí la tarjeta en la ranura como dice la machine - la Cultu cambió de banco así que es una tarjeta nueva - y seguí las opciones, hasta llegar a la pantalla donde te permite cambiar el PIN, porque ¿quién demonios se acuerda el PIN original que ellos que te mandan? Introduza la Clave Nueva ordenó y yo introduje la clave. Introduzca Nuevamente la Clave Nueva y yo idem, para que después no se diga que no sé seguir instrucciones básicas. Y ahí es cuando se jodió el estofado porque la siguiente pantalla me increpó Esa No Es La Clave Nueva y no aceptó que yo le gritara a viva voz que sí lo era. Lo intenté una vez mas - vamos, quien no ha metido un dedazo alguna vez - y ya la máquina empezándose a mosquear, me miró mal y me amenazó con retenerme la tarjeta. Yo, como cualquier cristiano ante semejante amenaza reculé - a las máquinas no parece gustarle que les griten - y recuperé mi plastiquito. El aparato me anuló la operación - lo tengo por escrito - y yo volví a meter la tarjeta para sacar plata antes de irme. Por supuesto, ese fue el momento en que la machine - que ya me tenía entre ceja y ceja - decidió que la clave vieja tampoco le caía en gracia y furiosa conmigo por seguir insistiendo, me deshabilitó la tarjeta y me indicó burlona que hablara con mi banco y solucionara todos mis problemas existenciales.
Con paciencia extrema, llamé al 0800 y habilité la tarjeta again. Sin pensar a futuro continué usándola para hacer compras en los comercios y precavida me mantuve alejada de los cajeros automáticos. Pero la necesidad de cash finalmente me alcanzó - como a todos - y juntando coraje lo intenté una vez mas. Para que, nuevamente, el bendito aparato me la deshabilitara. Siendo yo una persona tozuda, llamé al 0800, dejé pasar un par de días mas y volví al ataque - alguna de las dos claves tenía que ser. Pero el triunfo no estaba en mi sino y fui vencida otra vez por la tecnología y todos sus achaques.
Cansada de todo eso, finalmente acepté el consejo del papelito y fui a mi banco, hablé con la señorita pertinente al caso que me dijo "eso es una tontera, yo te lo soluciono" - previo paso por su propio cajero mascota, para chequear que yo no estaba loca y que realmente las maquinas me la tenían jurada. Así que Estela - porque así se presentó - apretó dos teclas, me indicó que me estaba haciendo un blanqueo total y que entre las 24 y las 48 horas yo tenía que volver a enfrentar al aparato - ¿en serio tengo que hacerlo? - y poner una clave nueva y que esta iba a quedar fija. Después me anotó los datos de mi cuenta en la parte de atrás de su tarjeta y amablemente - se ve que se dio cuenta de mi estado de ánimo frente a tanto molino de viento - me dijo que pasara por caja si necesitaba efectivo.
Hice la cola, cautamente optimista ante mi situación, y le expliquémi predicamento a la buena mujer que me atendió. Ella - esta no se presentó - me dió la mitad de mi plata - como yo le indiqué - y cuando ya estaba yo juntando todo para irme, me mira y me dice "Pero acá no me aparece nada." Le expliqué nuevamente lo del PIN y lo del blanqueo, un tanto nerviosa ante su súbito interés, y volvió a mirar el monitor de su pc "Bueno, pero no te olvides de hacerlo, eh. ¿Ves?" me muestra la pantalla, como si yo fuera a entender, y pude ver que debajo de mi nombre no había nada mas que un montón de recuadros en sospechoso blanco "Porque si no lo hacés," continuó con tono muy serio "se cierran tus cuentas, se paraliza el sistema y SE CAE EL MUNDO!" esto último obviamente no lo dijo, pero su tono lo implicaba, lo que tengo que decir que me freakeo un pedazo y voló a la miércoles el cauto optimismo que había logrado juntar.
"Pero la chica me dijo que lo hiciera mañana" y mi voz fue la de un ratoncito con asma.
"Sí, bueno, pero NO TE OLVIDES, PORQUE SI NO TU MUNDO SE ACABA!" cosa que bien mirado podría habérmelo dicho antes de que sacara sólo la mitad de mi sueldo. El fin del mundo definitivamente amerita el sueldo completo.
Así que acá estoy, la maldición que me echó encima el primer cajero cuando cometí el error de gritarle continua y yo, con los pelos de punta y la tarjeta en la mano, espero que llegue el día de mañana para correr a ajustar mis asuntos financieros, porque de acuerdo a la señora de la caja, si no lo hago, la existencia como la conocemos va a terminar.

12 nov 2009

La Cerca de Blanco



En la Cultu se rompe muchísimo papel. Con esto me refiero a que los manuales, los exámenes que sobran, los booklets, las instrucciones para los invigilators, y cualquier otra cosa impresa que mande la gente de Cambridge tiene que ser sí o sí destruida... No sea cosa que caigan en malas manos y los usen para conquistar el mundo o algo así - la paranoia galopante de alguna gente es llamativa. Y on top of todo lo de Cambridge están todos los papeles propios de la Cultu, como ser exámenes viejos, boletas, resúmenes de cuentas, etc, etc, etc.
Este tipo de destrucción masiva de papel - los árboles gritan horrorizados, aun cuando todas las bolsas se las lleva un señor que las recicla - lo hacemos entre varias. Todo aquel que tenga tiempo, bah. Como la biblio suele ser el lugar menos urgente, la mayor parte de las veces la responsabilidad recae en mí, así que me han instalado en la biblio - aunque esto es darle mucho renombre, la máquina es mínima, casi podría decirse que se la olvidaron - una de esas cosas que cortan el papel en tiritas. De esas que usan los malos para destruir pasaportes en las películas. Así que ahí está ella, ubicada como una tortuga beige sobre un enorme balde, esperando que yo termine con lo que siempre tengo que hacer y le de de comer.
Lo curioso de esta historia - porque toda historia tiene que tener un lado curioso, si no cual es el punto -, es que lo chicos mas chicos, y algunos de los no tan chicos, encuentran este chisme fascinante. Y al principio eran uno o dos, que me pedían permiso para pasar una hoja por la destrozadora, pero de un tiempo a esta parte se está empezando a llenar de pibitos con ansias de papel picado. Hoy, ya en una exageración, se formó un corro de muchachitos de 8 a 10 años alrededor de la máquina y tuve que organizarlos en fila - algo no tan fácil de hacer como suena, tuve que amenazarlos con que o se formaban o no los dejaba usarla - para que no me atosigaran a la cosa, que a veces se pone temperamental y se atora. Era una imagen de lo mas curiosa, todos formados detrás mío, esperando su turno, cada uno con su fajito de papeles en la mano...
O sea que de a poco, sin prisa pero sin pausa, la pila de papel que tengo que romper baja mientras yo le doy la espalda y me dedico a otra cosa. Dios bendiga la infancia. Aunque debo decir que hay momentos en que me siento Tom Sawyer, convenciendo a los chicos del pueblo que pintar la cerca de la Tía Polly es lo máximo.

11 nov 2009

El Chupetín por el Palito


¿Por qué demonios está uno sujeto a los vaivenes de otras personas?
Si yo me quiero ir de vacaciones - si nosotros nos queremos ir de vacaciones - y uno va y pregunta a las personas pertinentes si les molestaría que uno se tomara los días que le corresponden en determinada fecha, ¿no es acaso cortés, una cuestión de civismo básico, contestar a esa pregunta con una respuesta clara? ¿Con una respuesta alrededor de la cual uno pueda trabajar? ¿Con un sí o con un no?
¿No con un ambiguo y evasivo "es muy temprano para decidirlo"?
Noviembre. ¿Qué tiene de temprano Noviembre para andar decidiendo si en Enero uno se puede ir o no? Después de todo, es en el bendito Noviembre cuando los dueños de las casas en los lugares a donde uno quiere ir abren la temporada y barajan los números. Y si uno quiere conseguir lo que uno quiere conseguir al precio en que uno quiere conseguirlo, sería bueno poder hacerlo ahora, cuando todavía todo está vacante, y no cuando las personas pertinentes decidan que ya no es "temprano" - ¿cuando será esto? ¿en Navidad? - y puedan finalmente confirmar si en Enero van a precisar de uno o no...
... Viejo choto.

10 nov 2009

Trapecistas Eléctricos


Sentada en la biblioteca tengo enfrente un ventanal. Del otro lado del ventanal hay una esquina del patio de atrás. Es decir, a mi derecha tengo otro ventanal que da a la mayor parte del enorme jardín venido a menos/baldío, y frente a mi está otra parte mas pequeña, como en ele en relación al resto. En mi ele del patio está el costado de la Cultu, la pared blanca que llega hasta arriba. Y arriba del lugar, sobre el techo del segundo piso, están los muchachos de la electricidad cambiando todo el cableado.
En algún momento alguno se va a caer y a mi me va a dar un soponcio.
El viento sopla que da calambre y estos tipos se asoman para mirar hacia abajo paraditos en el borde, como si la gravedad no tuviera nada que ver con ellos. Y tiran cosas hacia abajo, o el de abajo tira cosas hacia arriba, y suben y bajan la larga escalera roja, sosteniéndose de la pared de ladrillo del edificio vecino, con los anteojos negros puestos como si estuvieran de joda. No sé si alguno de ellos piensa en su seguridad, pero espero sinceramente por mi salud que a ninguno le pase nada, porque yo me voy a tener que tomar un par de días de descanso si a alguno se le da por hacer un clavado.
Ok, buenísimo, ahora corrieron la escalera y la pusieron directamente frente mi ventana. Como si antes no estuvieran lo suficientemente cerca ahora si alguno se llega a caer va a poder golpear contra mis rejas en su camino hacia abajo. Muchísimas gracias.
Si esto sigue así yo me voy a ir a tomar el té.

6 nov 2009

Agotador


Estaba yo en la biblioteca muy tranquila cuidando un examen - varios en realidad, todos los pibitos que no llegan a rendir en tiempo y forma terminan rindiendo en la biblio por orden de llegada - cuando una chica de adultos se me acercó a preguntarme algo sobre su test,
"Este ejercicio no lo entiendo. Lo hice hasta acá, pero la verdad que después de esto ya no sé como escribir oraciones que tengan la palabra "Given"."
La miré un momento, sin saber bien de qué me hablaba.
Me mostró la hoja y leí la consigna:
Write These Sentences Again Using the Word Given. Lo que en cristiano sería Reescriba Estas Oraciones Utilizando la Palabra Dada - y ella había marcado un círculo alrededor de la palabra "Dada" y todo. Bajo este título tan prometedor el ejercicio estaba compuesto de varias oraciones, debajo de las cuales había un renglón donde reescribirlas y una palabra muy oronda esperando sea utilizada. Y lo que esta mujer - ay esta mujer - había hecho había sido reescribir todas las oraciones insertando en ellas, de alguna manera, como quien arma un rompecabezas a la fuerza, la palabra Given/Dada. Parpadeé impresionada. Hay que tener talento. Todo el asunto era un accidente de trén idiomático sembrado de cadaveres.
Me mordí el labio para no dejar escapar una mueca - algo terriblemente difícil de hacer - y le expliqué que no era que tenía que poner la palabra "Dada" en cada oración si no que tenía que utilizar la palabra que le "había sido dada" en cada oración. Ahora fue ella la que por un momento no pareció saber bien de que le hablaba yo. Se lo simplifiqué aún mas - algo ya a nivel primaria - y pude ver como la luz amanecía en su cara. Con la luz llegó la vergüenza,
"Ay, pero que estúpida" cosa que no negué ni confirmé, y se fue a solucionarlo.
Yo volví a mi computadora y creo que me esguincé algo conteniéndo la carcajada.

5 nov 2009

Carlos Alfredo y Cía


Que cosa mas molesta que me resulta la falta de comunicación.
Me indigna en las novelas, me indigna en la vida real, me indigna con el pie derecho aquí, el pie derecho allá, el pie derecho aquí y sacudiéndo sin parar.
Odio la frase “No quiero escucharte” frente a un “Dejá que te explique.”O una salida precipitada antes de escuchar todo el cuento. La vida - la de todos - sería tanto mas fácil si los protagonistas de las historias tuvieran un cuarto mas de paciencia antes de tirar todo por la borda frente a una situación de la cual sólo conocen la tercera parte.
Frustrante, muy frustrante.
Es por eso que dejé de ver telenovelas - entre otras cosas. Me cansé de la abundancia de momentos de ese estilo que me tenían gritando a la pantalla cosas embarazosas para cualquiera que me escuchara.
“Pero es sólo una novela.”
“Sí, pero esa no es excusa para ser tan idiota.”
“… Sí, sí lo es.”
“… Bueno, los escritores podrían esforzarse mas.”
Y así.
Ya la vida está tan llena de esos momentos...
Leí una vez, en alguna historia hace tiempo, una escena en que la chica le hacía prometer al novio, y a cambio le prometía, que no importaba la situación, iban a darse cinco minutos de gracia para explicarla. Si después la explicación no cuadraba, o era inexacta, o simplemente no corría, era otra historia, pero que si todo se iba a ir al carajo, no iba a ser por un momento telenovelesco en el cual uno iba a estar gritando “¡No quiero escucharte!” mientras el otro trataba de explicar que realmente no era lo que parecía y podía probarlo.
Se ve que el escritor de esa historia estaba tan podrido como yo de la falta de comunicación y trató de que al menos sus personajes tuvieran una oportunidad.
Pena que Henry se me cagaría de risa si yo le dijera algo así y después, encima, me acusaría de telenovelera.

4 nov 2009

La Matemática en la Medicina Moderna


Llevé a Zeke a vacunarse hoy. No las vacunas de la campaña - que ya están, tengo el album completo - si no otra, que me dijo su pediatra que le pusiera. Mi pediatra es de esos que, una vez que se asegura que la vacuna sirve, insiste en que se la pongas, aún cuando no esté en ningún plan - cosa que me pareció bien. 27 tipos de neumococos, entre cocos varios, me prometió el médico que esta vacuna cubría. 27 me sonó lindo, número gordito.
Desperté y levanté al crío - que como cualquier otro crío, cuando no tiene que levantarse, está up and about, y cuando sí, no hay forma, no quiere no quiere no quiere. Lo vestí entre protestas y lágrimas, y la única manera de calmar esas lágrimas fue darle su almohada para que la llevara. Porque allá donde otros nenes tienen ositos o mantitas, Zeke tiene toda una almohada. Y no una almohada de avión, no no, una almohada de plaza y media, tan alta como él. Aun cuando cabe agregar que está tan viejita la almohada que si la abrazás se dobla sobre si misma. Así que allá partí, cargada con el crío, la almohada, la cartera, la carpeta con la libreta y el carnet, mi saco y la chiva que no quiere salir de ahí.
Susan nos llevó hasta allá, nos dejó en la puerta del vacunatorio y una vez en el mostrador - después de convencer a Zeke de que se parara y sostuviera la bendita almohada - le paso los papeles a la señorita y esta amablemente me indica que tiene que cobrarme 68 pesos. “¿68 pesos?” digo yo. “68 pesos” confirma ella. “¿ Y cuánto sale sin la Obra Social?” “113 pesos” “Ok” Sin quebrarme y llorar a sus pies, mostrándole mi billetera vacía - bueno, con 50 pesos, pero aún así no lo suficiente -, la llamo a Susan, que suponía estacionando el auto y le pregunto muy muy amable si tiene algo de plata porque a mi no me alcanzaba. Ella contestó que sí, seguro, pero que estaba en doble fila, así que tenía yo que ir a buscarla. Con un suspiro interno cargué nuevamente al crío, la almohada, la cartera, el saco, la carpeta con las cosas y la chiva y marché hasta la camioneta estacionada en doble fila, lejos, muy muy lejos de donde estaba yo.
La señorita de la recepción ya había pasado nuestro nombre así que volver por suerte sólo fue llegar, entregarle la plata y entrar al consultorio. Esa parte al menos fue rápida e indolora, a diferencia de nuestra llegada. Zeke se abrazó a la almohada - que para algo habíamos traído el condenado chisme - le saqué las mangas, la enfermera, con años de cancha, lo pichicateó y salimos en minutos. Susan se llevó a Zeke para casa - y a la almohada - y yo con los dos pesos de vuelto de los 20 que Susan me prestara me di el gusto y pasé por la panadería.
Haciendo un rápido cálculo mental - a quién engaño, usando la calculadora mientras como bizcochitos - dividiendo 68 entre 27, cada coco me salió poco mas de 2 pesos con cincuenta. Supongo que los años me dirán si fue una inversión acertada.

2 nov 2009

Fiebre de Lunes AM


Tuve una fiesta el sábado.
La mamá de un amigo cumplió 60 e hizo un fiestón en un salón, con todo lo que eso implica.
Yo aproveché para arreglarme, cosa que no hacía hace bastante, así que lo disfruté muchísimo. Iba a ponerme un vestido, pero Henry lo vetó diciéndo que iba a tener frío - considerando el fresco que estaba haciendo escucharlo fue una sabia decisión - así que terminé poniendome una musculosa - sí, ya sé, pero el vestido era strapless, así que había un poco mas de tela - y unos pantalones negros. El conjunto me valió que un par de señoras a las que no veía hacía tiempo me dijeran que estaba “muy bonita, muy flaquita”, lo cual hay que admitir, siempre es agradable escuchar.
El resto de la fiesta estuvo muy entretenida. Mis niños se quedaron con los abuelos, así que no hubo nadie detrás de quien correr o que interrumpiera mi comida. Hubo cena, música con disc jockey, una presentación power point, música con una banda en vivo - compuesta por amigos de Henry, incluido el hijo de la homenajeada - más comida, más música, mesa de dulces, cotillón y souvenir. No hubo muchísima gente, suficiente como para hacer de la fiesta un éxito, pero no tanta como para abrumar. Aproveché el espacio y me saqué las ganas de bailar, porque no son muchas las noches en las que esto sucede - por cierto, otra señora me comentó cuando me estaba yendo que fui la mejor bailarina de la pista, lo cual demuestra que en las encuestas yo tengo un éxito bárbaro con el grupo demográfico femenino de 60 en adelante.
Fue, en general, una muy buena noche...
Lo único que me quedó picando y no puedo sacudirme fue, si ahora estoy tan flaquita, ¡¿QUE TAN GORDA ESTABA ANTES?!